X-Men – Fénix Oscura: Mutantes y sin ganas

El cine de superhéroes actual le debe mucho a la Patrulla-X. Se puede decir que junto al Spider-Man de Sam Raimi, X-Men (2000) inauguró la época moderna del género, llevando a los personajes del cómic a la cultura mainstream con blockbusters cada vez más grandes y de mayor éxito. Con el auge del Universo Cinematográfico Marvel a partir de 2008, los mutantes quedaron desplazados a un segundo plano, y aunque lucharon por mantenerse vigentes con propuestas renovadoras e incluso rompedoras (X-Men: Días del futuro pasadoDeadpoolLogan), acabaron desvaneciéndose poco a poco.

La compra de Fox por parte de Disney clavaba el último clavo en el ataúd de los X-Men actuales. Si el pobre recibimiento de X-Men: Apocalipsis ya había hecho mella en la Patrulla-X, saber que los mutantes “volverían a casa” y tendrían un reinicio dentro del MCU (similar a lo que ocurrió con Spider-Man), hacía que la actual iteración de los X-Men perdiera interés para la audiencia. La nueva (y con toda seguridad última) entrega de la franquicia, X-Men: Fénix Oscura (Dark Phoenix), en la que el productor Simon Kinberg salta a la dirección sustituyendo al denostado Bryan Singer, llega precedida de los ya clásicos problemas tras las cámaras: rumores de dificultades creativas, reshoots, retrasos en el estreno…

Y teniendo esto en cuenta, Fénix Oscura no es un desastre (no estamos hablando de la vapuleada X-Men orígenes: Lobezno o la debacle de Cuatro Fantásticos). De hecho, es una película aceptable. Sin embargo, cuesta involucrarse con ella, y no nos da muchos motivos para hacerlo. Para empezar, porque nos cuenta una historia que la misma saga ya nos había contado en X-Men: La decisión final con Famke Janssen: la de Jean Grey yéndose al lado oscuro al ser incapaz de controlar sus enormes poderes. En esta ocasión, es Sophie Turner (nuestra reina del Norte Sansa Stark en Juego de Tronos) la que se vuelve a poner en la piel de Fénix después de debutar en Apocalipsis. Y bueno, a estas alturas, lo de cuestionar la línea temporal de la saga que comenzó hace 19 años ya no tiene sentido.

La película gira en torno a su transformación en Fénix Oscura, pero también lidia con el estado de la Patrulla-X en los 90, durante una época de tregua con los humanos en la que Magneto (Michael Fassbender) se encuentra exiliado y los mutantes de Charles Xavier (James McAvoy) trabajan codo con codo con el gobierno. Pero como suele ocurrir en X-Men, la línea entre héroe y villano es muy delgada, y Xavier debe esforzarse por que sus pupilos controlen sus “dones” y sigan las normas, aunque provoque más de un cisma en sus filas. La llegada de una villana alienígena llamada Vuk (Jessica Chastain), interesada en los poderes de Jean Grey, provocará una guerra entre especies y pondrá a prueba los vínculos entre los mutantes de Xavier.

Fénix Oscura es una película de superhéroes correcta, pero su principal problema es que no aporta nada. Después de casi dos décadas, Kinberg no tiene nada nuevo que decir sobre los mutantes, así que se limita a repetir las mismas reflexiones sobre el miedo a la diferencia, la naturaleza del héroe y el villano o la idea de la Patrulla-X como una familia creada. Los diálogos son más bien genéricos, los efectos y el maquillaje bajan el listón y la trama tarda bastante en arrancar, desperdiciando el potencial de muchos mutantes mientras se centra en los mismos de siempre. Turner, por su parte, es una actriz competente, pero llevar casi todo el peso de la película le viene muy grande y no logra transmitir la gravedad y profundidad de la icónica saga de Marvel.

En cuanto a los demás, James McAvoy y Michael Fassbender siguen empleándose a fondo como intérpretes (más de lo que la franquicia les exige en este punto), mientras que Jennifer Lawrence continúa poniéndose a sí misma por encima de la película, haciendo que el devenir de su personaje quede supeditado a sus deseos como actriz (el arco de Raven/Mística indignará a los fans, y con razón). Por otro lado, Jessica Chastain hace todo lo que puede con su personaje, pero se convierte en otro talentazo de Hollywood malgastado en una villana poco desarrollada.

Finalmente, personajes como Cíclope (Ty Sheridan), Tormenta (Alexandra Shipp), Nightcrawler (Kodi Smit-McPhee) o Quicksilver (Evan Peters) quedan muy en segundo plano y aportan más bien poco a la historia, desaprovechando el potencial cómico de la generación mutante más joven. Por lo general, Fénix Oscura es una película casi totalmente desprovista de humor (de hecho, no parece que ningún actor se lo pasara bien haciéndola). No es que le pidamos que sea una comedia como la mayoría de Marvel Studios, pero le habría venido bien para respirar un poco.

En su tercer acto la película mejora considerablemente (y paradójicamente, porque en teoría es el que dio más quebraderos de cabeza). La trama, llena de momentos sobreexplicativos y conflictos que provocan déjà vu, da paso a una impresionante secuencia en tren que nada tiene que ver con los combates pobremente ejecutados que hemos visto hasta ese momento (Kinberg falla como director de acción, y siendo los X-Men, tiene delito). El intenso clímax unifica una película de ritmo irregular, pero narrativamente más coherente y centrada de lo que se esperaba, haciendo que esta termine en lo alto. Sin embargo, no se puede decir lo mismo de la saga, que merecía mayor reconocimiento del que le dejan sus dos últimas entregas. Fénix Oscura no fue concebida como un final, sino como un nuevo comienzo, por lo que este desenlace a 19 años de X-Men resulta inevitablemente anticlimático para una franquicia que quería seguir a pesar de no tener nada más que decir.

Pedro J. García

Nota: ★★★

La favorita: Nido de víboras

Ana y Sarah son BFFs. Llevan siendo amigas desde hace ya unos cuantos años y se compenetran a la perfección. S es la única persona capaz de apaciguar los arrebatos coléricos de A y S el único amor puro (y algo sexual) que ha sentido A en toda su vida. Puede que haya cierta sumisión por parte de S hacia A, pero ambas disfrutan y sacan partido de ese rollo Ama-Sirviente que tienen entre ellas. Tanto que en ocasiones cambian los roles y S se convierte en la Ama y viceversa, hasta que A se cansa de todo, pega un par de gritos y hace lo que le viene en gana. S es la persona de confianza, la única en la que puede apoyarse en ese nido de víboras en que viven las dos. Mrs. Morley y Mrs. Freeman, así se llama la una a la otra. Ellas son para siempre y eso no va a cambiar nunca… o puede que sí. Yorgos Lanthimos, creador de pesadillas como Canino o El sacrificio de un ciervo sagrado, da un pequeño salto en el tiempo para volver a golpear nuestras consciencias con La favorita, su nuevo comecocos de época con Olivia Colman, Rachel Weisz y Emma Stone.

En los albores del siglo XVIII, la situación política europea existente convierte los tejemanejes de Poniente en un mero juego de niños. Borbónicos y austracistas pelean por la Corona Española y tanto Francia como la pérfida Albión tercian para sacar tajada. ¿Qué pintan dos amigas como A y S en dicha contienda? Simplemente, A es Ana de Gran Bretaña, monarca de las islas británicas, y S es Sarah Churchill, Duquesa de Marlborough y una de las mentes políticas más privilegiadas y aviesas de su tiempo, además de antecesora de Winston Churchill y Lady Di. A es la reina y S su favorita. No había decisión política en Gran Bretaña que no pasase por S, aunque en más de una ocasión A terminase haciendo lo que le apeteciese, que para eso ella era el tejón más poderoso de Inglaterra.

Todo era felicidad y podofilia hasta que una mujer hizo acto de presencia en la corte, la otra A. Abigail Masham llegó con un vestido cubierto de mierda y barro y con supuesto parentesco familiar con S, carta que le valió para entrar a trabajar como sirvienta. De todos es sabido que por la caridad entra la peste, y a S le llegó por su prima. Sin tiempo para remediarlo, S ve cómo el fulgurante ascenso de la otra A de fregona a nueva consejera de A pone en peligro su status como favorita de la monarca. ¿Es la otra A el revulsivo que necesitaba A o una mera herramienta de los enemigos políticos de S?

La favorita es una sesuda disección sobre las artes políticas y la erótica del poder disfrazada de comedia alocada y absurda. Yorgos Lanthimos construye sus amistades peligrosas en clave de sororidad con el santo surrealismo de Luis Buñuel como patrón. Pocos cineastas actuales son capaces de llevar a cabo ciertas locuras en la gran pantalla sin parecer ridículos y él es uno de ellos. Nos lo demostró con creces su distopía animalista de Langosta y en cierta manera con la discordancia que sufren las protagonistas de Canino y ahora lo hace en la Europa del siglo XVIII. El humor de La favorita es extremadamente burdo y estúpido, algo que suele ser inaceptable en este tipo de películas, pero que justamente es el tono más acertado y necesario para retratar el disparate que eran (son) las monarquías de rancio abolengo del viejo continente. Todo en esta película es tan ridículo que provoca tanto carcajadas como escalofríos, especialmente cuando recordamos que hay miles de vidas y el destino de varios países en juego.

Puede que la premisa de La favorita sea la más canónica hasta la fecha dentro de la filmografía del director griego (curiosamente es la primera ocasión en que Lanthimos no trabaja sobre un guion propio), pero no por ello deja de ser tan perturbadora y marciana como sus obras anteriores. La tóxica sororidad triangular del film no es sino la enésima demostración de que el ser humano es un lobo para el ser humano, especialmente cuando hay intereses de por medio. Aunque haya cariño de por medio, A no deja de tratar a S como si de su esclava personal se tratase, así como S no deja de aprovecharse de A para medrar socialmente un poco más.  De igual manera, que la recién llegada es capaz de hundir a S sin miramiento únicamente por ser pato más poderoso del reino.

Esta contemplativa película se ve beneficiada por una de las mejores elecciones de casting de la temporada: Olivia Colman (Redención y nueva Isabel II en The Crown) como Ana de Bretaña, Rachel Weisz (El jardinero fiel) como Sarah Churchill y Emma Stone (La La Land) como Abigail Masham. Aunque se haya optado por Colman como protagonista para la temporada de premios, las tres intérpretes resultan igualmente arrolladoras y poseen el mismo peso e importancia en pantalla. La labor interpretativa de Colman como la pueril monarca es descomunal y extremadamente valiente. Suyos son los mejores gags cómicos y sus aires de Reina de Corazones son tan ridículos como aterradores. Su Ana de Bretaña es uno de esos papeles por los que una actriz hace historia, no obstante, se ha hecho con el premio a mejor actriz en los pasados Globos de Oro. Su tez mortecina, su mirada vacía y su gesto compungido perpetuo recuerda al feísmo profesado por Francisco de Goya en sus retratos de la corte española. Lanthimos apuesta por exhibir la fealdad y las taras físicas y psicológicas de años y años de endogamia, rechazando categóricamente la estúpida tradición de los films históricos de mostrar a los monarcas como seres bellos y mucho más delgados que sus referentes reales.

Tampoco se corta nada Emma Stone con su Abigail Mashaw. La ganadora del Oscar vuelve a hacer méritos por ser considerada como la mayor payasa del siglo XXI. Stone es una maestra en el arte de la comedia física y en La favorita no se queda corta. Su amor hacia la caricatura y su arrojo a no tener miedo al ridículo es algo inusual en el star system hollywoodiense y por ello debemos celebrar la existencia de la estrella de Rumores y mentiras como lo que es, una verdadera bendición de las diosas. Aunque mucho menos vistosa que sus dos compañeras de reparto, Rachel Weisz realiza la interpretación más loable de las tres. La increíble capacidad de la otra oscarizada actriz del reparto por hacer liviano un personaje tan complejo como el de Sarah Churchill es encomiable. Ella resulta excelente como gran dama de la corte británica que ve cómo su estatus como valido de su majestad corre peligro. Weisz es la entereza y la honestidad (con reservas) de La favorita y sabe transmitirnos a la perfección esa mezcla de amor, interés y cierta frustración intelectual que sufre en su relación con la monarca. Puede que la chica Langosta se vaya de vacío en la temporada de premios, pero ella es la favorita en mi corazón.

La favorita es la última delicia envenenada de la factoría Lanthimos. Preciosa en su envoltorio, aterradora y enfermizamente divertida en su corazón.

David Lastra

Nota: ★★★★

Crítica: Kill Your Friends

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Elige la vida. Elige un empleo. Elige un grupo musical. Elige un artista. Elige un festival grande que te cagas. Elige un emepetrés, un iPod, un iPhone y un Pono. Elige tu disco, tus canciones y un guilty pleasure. Elige pagar entradas en la reventa virtual. Elige una demo. Elige a tus amigos. Elige tu camiseta y tus zapas a juego. Elige pagar a plazos una chupa en una amplia gama de putos tejidos. Elige un rompepistas y preguntarte quién coño eres los domingos por la mañana. Elige sentarte en el sofá a ver tele-concursos musicales que embotan la mente y aplastan el espíritu mientras llenas tu boca de puta comida basura. Elige pudrirte de viejo en la primera fila de un concierto miserable, siendo una carga para los niñatos egoístas y hechos polvo que han engendrado para reemplazarte. Elige tu futuro. Elige la vida… ¿pero por qué iba yo a querer hacer algo así? Yo elegí no elegir la vida: yo elegí otra cosa. ¿Y las razones? No hay razones. ¿Quién necesita razones cuando tienes música?

Año 1997. El mundo ha sobrevivido a ‘La Macarena’ y al grunge. El britpop es el nuevo mainstream y el acid revienta las pistas de baile… y las cabezas de los que lo toman. La industria musical está en plena etapa de bonanza y el pirateo no es ni la sombra de la epidemia que pondrá todo patas arriba en los años venideros. Eran los tiempos en los que las compañías discográficas creaban grupos de usar y tirar con el fin de crear el hit de la temporada, sin pensar en ningún momento en el futuro del artista. Década gloriosa de one hit wonders y juguetes rotos. Año glorioso en que se enfrentaron el ‘Blur’ con el ‘Be Here Now’, cuando The Verve intentó chulear a los Rolling con ‘Bitter Sweet Symphony’, el año del seminal ‘OK Computer’ y de las girl bands que cantaban aquello de ‘Spice Up Your Life’ y ‘ Never Ever’… y de ‘Barbie Girl’. Sí, la del I’m a Barbie girl in the Barbie world. Life in plastic, it’s fantastic! Canción elegida como peor single del año por la revista NME pero que vendió más de ocho millones de copias en el mundo (casi dos solo en Reino Unido). Kill Your Friends nos muestra las entrañas de la industria musical y (nos) deja bien clarito a los sabiondos la verdadera clave del negocio musical: habiendo vendido millones de copias, ¿a quién cojones le importa una mala crítica?

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Owen Harris, director del icónico ‘San Junipero’ de Black Mirror y de algún que otro episodio de Misfits, debuta en el largo con la historia de Steven Stelfox, uno de los responsables de A&R (Artists and Repertoire, a.k.a. cazatalentos) en una compañía discográfica británica a finales de los noventa. Él es una de las mentes maquiavélicas que crea y manipula las necesidades musicales del gran público de la era pre-MySpace. Con la consiguiente (falsa) democratización que supuso la llegada de esa red social y el big-bang de la blogosfera musical, la figura de personas como Stelfox perderían (algo de) su poder… pero eso es cosa del futuro y este es el año 1997. Él es el hombre que decide cuáles van a ser los cuatro discos que compra anualmente el inglés medio. El hombre que decide qué canción venderá millones… o por lo menos aspira a serlo. Ya que por ahora es un cazatalentos más que busca hacer méritos para convertirse en el jefe de todo. Pero hallar una Whigfield (la del ‘Saturday Night’ y el consiguiente bailecito) es casi tan difícil como encontrar en Santo Grial, Stelfox decide optar por una vía más rápida, pero también más drástica e ilegal: el asesinato.

Stelfox se convierte de esa manera en una suerte de Patrick Bateman (más cercano al de la sobrevalorada adaptación de Mary Harron con Christian Bale que al original de Brett Easton Ellis) que hará todo lo posible por llegar a lo más alto, aunque se tenga que cargar a todos sus colegas de profesión. Nicholas Hoult (SkinsMad Max: Fury Road) retrata de manera intachable y desquiciada a este Stelfox, que más que un Bateman en potencia es un Tony Stonem más crecidito, en un universo paralelo donde no le hubiese atropellado un autobúsHoult se apropia de la pantalla desde el primer minuto y se engrandece con cada uno de sus monólogos interiores a lo Trainspotting sobre la industria musical y la inexistente libertad de decisión del consumidor. Una fórmula que igualmente remite a los soliloquios shakesperianos de uno de los mayores villanos catódicos de la última década: Frank Underwood de House of Cards. Como si de su Hank McCoy de la saga X-Men se tratase, Hoult sabe cómo y cuándo sacar su Bestia si la ocasión lo requiere o no. Puede que sobre el papel (y por sus acciones) el personaje de Stelfox sea un capullo integral, pero sabe cómo tocarnos en sus momentos de bajona (impagable catarsis con el videoclip de ‘Karma Police’) y nos alegremos en cierta manera con sus momentos de victoria, ya que, ¿a quién no le va a gustar un hijo de puta con el arte (y cuerpo) de Nicholas Hoult?

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Aunque la presencia de Hoult lo eclipse todo, cabe destacar el encasillamiento indie de Craig Roberts (Submarine) como el ayudante de Stelfox, tan encantador y poca cosa como siempre, Georgia King (The New Normal), como Rebecca, una secretaria que sabe más de música que todos sus superiores juntos, un pasado y anecdótico James Corden (Into the Woods y famoso por su carpool karaoke), un espídico Moritz Bleibtreu (Corre, Lola, corre) como dj/productor de pura mierda y una simpática y reivindicativa Rosanna Arquette (Pulp Fiction). Pero si alguien está a la altura de Hoult, esa es la selección musical de la película. Blur, Oasis, The Chemical Brothers, Primal Scream, Radiohead, The Prodigy… el impecable soundscape de una era. Kill Your Friends es una dulce mixtape para todo aquel amante de la música de los noventa, que se partirá de risa con las referencias de la búsqueda del nuevo pelotazo indie, la mercantilización del girl power, de lo ridículo y poco genuino que era lo experimental, de la cultura rave y, especialmente, con el hilarante y políticamente incorrecto name dropping.

Aunque a Stelfox y compañía les podría parecer una mierda. Kill Your Friends tiene todas las papeletas para terminar en el saco de películas de culto de esta década, como Lost RiverGreen RoomGod Help the GirlMemorias de un zombie adolescente (que también protagonizó Hoult). Cintas que no han roto la taquilla en ningún país pero que han tenido alguna buena crítica, como la que acabas de leer. Puede que al gran público no le interese lo más mínimo, pero a nosotros sí.

David Lastra

Nota: ★★★★½

Crítica: Dark Places

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Gilles Paquet-Brenner (La llave de Sarah) nos invita a adentrarnos una vez más en ese macabro escenario cinematográfico que puede ser la América profunda con Dark Places, adaptación de la novela homónima de Gillian Flynn, la autora responsable de Gone Girl

Libby Day (Charlize Theron) es la única superviviente de la masacre que acabó con la vida de su madre y sus hermanos en una pequeña localidad del estado de Kansas. La niña tenía 8 años cuando ocurrió la tragedia y, presionada por la prensa, acabó testificando en contra de su hermano Ben (Corey Stoll), adolescente problemático ligado en su día al culto satánico que cuando da comienzo la historia sigue cumpliendo condena en prisión.

El caso de Libby Day se convirtió en uno de los crímenes más conocidos de Norteamérica, y la huérfana recibió la ayuda económica de cientos de desconocidos que se solidarizaron con ella. Treinta años más tarde, cuando la “popularidad” de su historia se ha desvanecido, Libby es una mujer que sobrevive a duras penas, rascando dinero de donde puede, sin carrera, sin familia o amigos. Sin embargo, el caso de la familia Day sigue interesando a unos pocos. Concretamente, al “Kill Club“, sociedad secreta encabezada por Lyle Wirth (Nicholas Hoult), un joven aficionado a la criminología que se dedica en su tiempo libre a resolver misteriosos asesinatos junto a otros fans de lo macabro.

Desesperada por su situación económica, Libby acepta acudir al Kill Club como invitada de honor a cambio de un poco de calderilla (tal y como asistiría una vieja gloria televisiva a una convención de fans de segunda), y allí descubre que Lyle y su grupo están interesados en desenterrar las contradicctorias pruebas del caso para ajusticiar a su hermano, el cual creen que es inocente. De esta manera (mediante una narración salpicada de flashbacks), Libby revivirá los días cercanos al fatídico día, se enfrentará a sus fantasmas y reconstruirá el misterio para encontrarse a sí misma en las “zonas oscuras” de su pasado y descubrir la horrible verdad sobre su familia.

Esta truculenta historia en clave de thriller whodunit contiene los ingredientes que cabe esperar de un misterio ideado por la autora de Perdida, sin embargo, Paquet-Brenner se queda muy lejos de lo que David Fincher consiguió hacer con su material, introduciéndose de lleno en el terreno TV movie de sobremesa que siempre suelen rondar este tipo de historias. Dark Places no es lo suficientemente oscura y no termina de sacar provecho del elemento tétrico que recorre el relato, como si le diera miedo a ponerse demasiado desagradable o excesiva (algo que está claro que no preocupó a Fincher).

Dark Places pósterNo obstante, la falta de riesgo y visión se ve compensada por la relativa buena mano del director para ir desgajando el relato y medir con acierto los momentos en los que se presentan al espectador las revelaciones que irán dando forma a la película. Los enigmas que difuminan el pasado de Libby Day conforman una trama que capta el interés hasta que el sorprendente (o no) giro final da paso al intenso clímax en el sótano que es el subconsciente de Libby. Pero es el estupendo reparto lo que acaban salvando la función, aunque en el fondo no sea más que un telefilm con estrellas en el que las circunstancias no están a su altura. Sin obviar a los eficaces Nicholas Hoult (qué bien está evolucionando su carrera), Tye Sheridan (una de las mayores promesas actuales de Hollywood) y Corey Stoll (de los actores más ubicuos del momento), son las mujeres las que sostienen la película.

Charlize Theron compone un personaje que puede resultar excesivamente antipático y huraño, pero la actriz lo aborda desde la perspectiva adecuada, con una intensidad contenida que encaja perfectamente con la psicología y la traumática historia de Libby (ella sigue siendo una niña, una niña perdida). Y desde los flashbacks al pasado refuerzan el film las intensas interpretaciones de Christina Hendricks, que da vida a otra madre coraje ahogada en deudas muy en la línea de su personaje en Lost River, y Chloë Grace Moretz, más convincente que de costumbre en un papel poco complaciente que le permite explorar otros registros interpretativos. Este trío de ases es sin duda lo mejor de Dark Places, un film que extraña no ver en la cartelera de cine aprovechando el tirón de la exitosa Perdida.

Por último, un consejo: ya que Dark Places se estrena en vídeo en Internet, haceos el favor de verla en V.O.S., porque su terrible doblaje en castellano puede enterrar su mayor (quizá único) punto fuerte, las interpretaciones.

Crítica: X-Men – Días del futuro pasado

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Se dice pronto, pero hace ya 14 años que arrancó la saga cinematográfica de X-Men. Allá por el lejano año 2000 (técnica, estética y espiritualmente todavía en la década de los 90), Bryan Singer realizaba una de las películas clave para entender el actual fenómeno imparable del cine de superhéroes. Le sucedía una secuela, X-Men 2 (2003) -también dirigida por él-, que a día de hoy conserva su reputación como una de las mejores películas basadas en un cómic. La licencia de 20th Century Fox perdió tracción con la generalmente vapuleada X-Men: La decisión final (2006), de Brett Ratner, y cedió el protagonismo a Lobezno en un infame spin-off, X-Men orígenes: Lobezno (2009) y una no tan mala pero igualmente olvidable secuela, Lobezno Inmortal (2013). Pero antes de reencontrarnos en Japón con el personaje de Hugh Jackman -que ha servido indudablemente como el pegamento de X-Men-, la franquicia ya se encontraba en proceso de transformación y relanzamiento.

En 2011, Matthew Vaughn (Kick-Ass) se hacía con las riendas para dirigir la notable X-Men: Primera generación, una suerte de reboot en forma de precuela que introducía nuevos personajes y nos presentaba a las versiones jóvenes de los mutantes que ya conocíamos. Reclutando a lo más granado del Hollywood actual, la película de Vaughn insuflaba nueva vida a la saga, sin por ello coartar en ningún momento las posibilidades de continuación de la anterior trilogía. En el tiempo transcurrido desde las primeras aventuras de los mutantes de Marvel en el cine, hemos visto tres encarnaciones de Hulk, un reboot de Spider-Man, y nos preparamos para conocer a los nuevos 4 Fantásticos. Sin embargo, la saga X ha mantenido prácticamente intacta su continuidad y ha conservado a su numeroso reparto, esquivando el reset que sí han tenido que practicar otros. Con la ambiciosa y abarrotada X-Men: Días del futuro pasado, basada en el arco homónimo publicado durante 1981 en Uncanny X-Men, la X vuelve a manos de Singer, que subsana los errores de las anteriores entregas. Este une pasado, presente y futuro en un impresionante ejercicio de funambulismo, una película vibrante, divertida y colosal que no es sino el mayor acontecimiento de la cultura popular de este año.

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Durante la larga (y taladrante, por qué no decirlo) campaña promocional de la película, una de nuestras preocupaciones más frecuentes era si Singer, y su guionista, Simon Kinberg, iban a ser capaces de contar una historia con tantas ramificaciones, con tantos frentes abiertos, entre dos tiempos (con sus paradojas incluidas), y sobre todo, con una cantidad tan peligrosa de personajes. Durante la tremenda secuencia inicial de Días del futuro pasado, una masacre mutante que pone el listón bien alto para el resto de la película, nos damos cuenta de que Singer y Kinberg lo han conseguido. Lo que viene a continuación es una imparable sucesión de escenas excelentemente calibradas, tanto en lo que respecta a la acción (set pieces para aplaudir), como al desarrollo de los personajes, la carga dramática y sobre todo el humor, el más inspirado que hemos visto en la saga. Si bien todos los personajes principales tienen su momento de gloria, Días del futuro pasado no es exactamente una película coral. Los que mueven la trama hacia delante (y hacia atrás) son Lobezno, Mística, y los jóvenes Magneto y Xavier, obligando a dejar a algunos personajes de lado. Aún así, teniendo en cuenta que esto era de esperar, es un alivio comprobar que Singer y Kinberg han sabido construir la historia de manera que esta fluya orgánicamente, como si no hubiera supuesto dificultad alguna.

Después de ver Días del futuro pasado, y aunque no hacía falta para saberlo, confirmamos que Hugh Jackman es el corazón (y el culo) de las películas de X-Men. Él, con su (supuesta) eterna juventud, y su carisma infinito, es quien ejerce de enlace entre los mutantes de la trilogía original y los de la primera generación, y él es quien sirve de conductor de esta historia en concreto, viajando desde el futuro a la década de los 70, donde transcurre la mayor parte del relato. Jackman sigue habitando en la venosa piel de Lobezno, y continúa demostrando que no hay otro Logan posible. Pero esto no quiere decir que estemos ante otra película de Wolverine, nada más lejos de la realidad. Él no es el único actor que ha asimilado por completo a su personaje, y Singer sabe exactamente cómo emplear debidamente a cada uno de los excelentes actores que tiene a su disposición. Por eso, la niña mimada de Internet Jennifer Lawrence obtiene más tiempo en pantalla y más peso en la trama que en Primera generación, y por eso la relación entre los Magneto y Xavier jóvenes echa más chispas que nunca. Es especialmente emocionante ver cómo hoy en día ya no se subestima la importancia del talento dramático en el cine de superhéroes. Más que los efectos digitales (algo más descuidados que en otros blockbusters), o la acción (siempre de primera), la verdadera pirotecnia de Días del futuro pasado es su inigualable reparto de estrellas.

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Y aunque Michael Fassbender, Peter DinklageEllen Page o los veteranos Ian McKellen y Patrick Stewart demuestran que un blockbuster como este es tan buena oportunidad como otra para demostrar lo que valen, es James McAvoy quien se lleva el gato al agua con su encendida interpretación como Charles Xavier. McAvoy es uno de los mejores actores de su generación, y que lo esté demostrando en una saga “de palomitas” como esta dice mucho del camino que ha recorrido el género, y hacia dónde se dirige. Los demás protagonistas están a la altura de las circunstancias, y la química y sensación de familiaridad que se respira entre ellos contribuye a la cohesión de este amplio universo y su mitología en constante transformación y expansión. Aunque es cierto que el protagonismo de los mutantes jóvenes relega a los de la trilogía original a un segundo plano. Estos permanecen aguantando el fuerte futuro mientras los demás tratan de cambiar el curso del destino, evitando que el Dr. Bolivar Trask se haga con el ADN de Raven para evolucionar a los Centinelas que llevarán a la especie mutante a la extinción. Pero sería un error considerar desaprovechados a Tormenta, Magneto, el Profesor X, Kitty Pryde o Coloso. Su función en la película es esencial, y sus escenas de acción, tanto al principio como en el adrenalínico y sorprendentemente emotivo clímax, bien justifican su presencia –¿Se puede llorar en una de superhéroes? Sí, se puede. Lo más importante de Días del futuro pasado es que comprendamos el vínculo que une a todos estos personajes contra la intolerancia y el miedo a su raza, la unión ante la amenaza del fin, y la esperanza por la salvación de su especie. En este sentido, y a pesar de que algunos mutantes no dicen apenas ni una palabra, no hay un solo personaje que nos sobre, o que no queramos que esté ahí.

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No, ni siquiera Quicksilver. Es más, contra todo pronóstico, el personaje de Evan Peters (perfecto en el papel de adolescente canalla) es una de las grandes sorpresas de la película. En un film que destaca por su afinado sentido del humor, Mercurio es el personaje que nos regala la escena más descacharrante, la de la liberación de Magneto de la prisión del Pentágono. Una secuencia que además supone uno de los pasajes más satisfactorios visualmente en una película que, salvo algún que otro chirriante croma, hace honor al estilo de Marvel con una desbordante fantasía pop que se opone a la tendencia habitual de sobresaturar digitalmente y oscurecer todos los planos. Ya sea porque transcurre en los 70, o porque los poderes de los mutantes ofrecen un gran abanico de posibilidades que se aprovechan al máximo, Días del futuro pasado es un trabajo tremendamente luminoso y colorista, todo un sueño húmedo para fanboys (de Marvel, de las películas de súper héroes, de las anatomías de Jackman y Law, de McBender…). Pero también es una obra cinematográfica sobresaliente, y faltaría más, épica, un producto de masas cuidado con el cariño y la atención (y el buen ojo para los negocios) que ya esperamos siempre de la Casa de las Ideas. Por todo ello, y por ahora, X-Men: Días del futuro pasado puede compartir título con Los Vengadores como la película de superhéroes definitiva.

Valoración: ★★★★½

Sorteo: Consigue un combo Blu-ray+DVD+copia digital de ‘Jack, el Caza Gigantes’

Este sorteo ya ha finalizado. Atentos a fuertecito no ve la tele para futuros sorteos.

Warner Bros se complace en anunciar el lanzamiento de Jack el Caza Gigantes en DVD y Blu-Ray y Copia Digital el 16 de julio. Con motivo del lanzamiento de la película al mercado doméstico, y para agradeceros vuestra fidelidad, fuertecito no ve la tele y Warner Bros os dan la oportunidad de conseguir gratis un combo Blu-ray+DVD+copia digital de Jack, el Caza Gigantes.

¿Cómo participar? Muy sencillo. Leed atentamente:

A continuación tenéis la Aplicación Blog de Jack el Caza Gigantes, con nuevos contenidos exclusivos. En ella podéis controlar las imágenes GIF y manejar la acción de la película con el movimiento del ratón. Los sonidos de gigantes te permitirán componer tu propia combinación de sonidos de Jack el Caza Gigantes. Pon a prueba tu coraje y completa el cuestionario “¿Eres valiente?” para ver si eres tan audaz como Jack, el héroe de la película.

Una vez hayáis completado el cuestionario, lo único que tenéis que hacer es publicar vuestros resultados en la sección de comentarios de esta entrada del blog o bien en la página de Facebook de fuertecito no ve la tele. De esta manera entraréis automáticamente en el sorteo. No olvidéis incluir vuestra dirección de correo electrónico (solo si participáis en el blog, en Facebook no hace falta) para ponernos en contacto con el ganador (no os preocupéis, no será visible para el resto).

Aquí tenéis la Aplicación Blog de Jack el Caza Gigantes. Adelante, ¿eres lo suficientemente valiente como para rescatar a la princesa? ¿Eres tan valiente como Jack? ¡Completa el cuestionario para averiguarlo y entrar en el sorteo de la película!

El sorteo comienza hoy viernes 12 de julio de 2013 finalizará el próximo jueves 18 de julio de 2013 a las 23:59. El ganador será escogido al azar y anunciado a lo largo del viernes 19. Importante: sorteo exclusivo para residentes en territorio español. Disculpad las molestias.

¡Mucha suerte!

Sobre Jack el Caza Gigantes:

Libres en la Tierra por primera vez en siglos, los gigantes tratan de reclamar la tierra que perdieron en su día, obligando al joven Jack (Nicholas Hoult) a entrar la batalla de su vida para detenerlos. Luchando por un reino y sus habitantes, y por el amor de una valiente princesa, se enfrenta cara a cara con los imparables guerreros que pensaba que sólo existían en las leyendas… y tiene la oportunidad de convertirse en una leyenda él mismo.  Dirigida por Brian Singer (X-Men, Superman Returns)

Reparto: Nicholas Hoult (Skins, X-Men: Primera generación), Ewan McGregor (Star Wars, Moulin Rouge!), y Stanley Tucci (Capitán América: El primer vengador).

Memorias de un zombie adolescente: las ventajas de ser un muerto viviente

Memorias de un zombie adolescente (Warm Bodies, Jonathan Levine, 2013)

¿Quién iba a decirnos que en 2013 llegaría a nuestras carteleras una adaptación del éxito de 1989 “Mi novio es un zombi”? Jonathan Levine (50/50) se ha basado en la exitosa novela de Isaac Marion, Warm Bodies, para su cinta Memorias de un zombie adolescente, pero el realizador no engaña a nadie. El germen del proyecto es evidentemente la canción de Alaska y Dinarama (previamente de Los Vegetales): “A veces pienso que no puede ser / pero yo sé que nadie me separará de él / está muerto, aunque lo niegue / él es un zombi pero me quiere”.

Fuera de bromas, tanto la canción como la película se apoyan en la misma premisa: el amor imposible entre dos seres que pertenecen a mundos diametralmente opuestos. En este sentido, Warm Bodies no oculta su inspiración en la historia de amor prohibido por excelencia: Romeo y Julieta de William Shakespeare. Memorias de un zombie adolescente está ambientada en un escenario postapocalíptico regido por leyes marciales, en el que un gran muro hace las veces de torreón del castillo donde una princesa permanece enclaustrada -figuradamente- a la espera de su príncipe azul.

Y en este caso, lo de “azul” es prácticamente literal, porque el Romeo de esta historia es un muerto viviente. Los zombies invaden la Tierra mientras la resistencia humana se atrinchera con la esperanza de hacer que la especie perviva, y con el objetivo principal de disparar a todo aquel que esté infectado con el virus de origen desconocido (no esperéis explicaciones, tampoco las vais a necesitar). R (interpretado por nuestro Nicholas Hoult de Skins) es un zombie adolescente, o un adolescente a secas: se comunica con gruñidos y monosílabos, es tremendamente autoconsciente de su aspecto físico, camina desgarbado y sin rumbo definido, y se pasa las horas muertas en su cuarto (en este caso cabina de avión) escuchando música. Su no-vida cambia cuando en ella irrumpe Julie Grigio (Teresa Palmer, un cruce exacto entre Kristen Stewart y Hayden Panettiere), de la que se enamora perdidamente, y a través de la que intentará demostrar que es posible revertir el proceso de putrefacción y degeneración mental que acaba convirtiendo a los zombies en esqueletos asesinos.

Memorias de un zombie adolescente viene de la mano de la productora de La Saga Crepúsculo, Summit Entertainment, pero no debemos dejarnos llevar por este preocupante dato. La película propone una vuelta de tuerca amable, teen y romanticona que ha sentado de maravilla a un género que ya empezaba a agonizar. El humor gamberro made in Britain que perfeccionó Shaun of the Dead (éxito cuyo patrón ha generado innumerables sucedáneos, unos más afortunados que otros) comienza a agotarse, por lo que se agradece un punto de vista alternativo y original. Memorias de un zombie adolescente adapta al género Z la muy recurrente metáfora de la adolescencia como etapa de monstruosos cambios físicos y psicológicos. Los previos acercamientos vampíricos y licántropos a este tema no han servido precisamente para dignificar el género, sino más bien todo lo contrario. Memorias de un zombie adolescente se deshace de la seriedad con la que se toma a sí misma La Saga Crepúsculo, y hace gala de un sentido del humor relajado, buenrrollista y eficaz que la convierte en una feel-good movie en toda regla.

Ya sea como película de zombies o comedia romántica, Memorias de un zombie adolescente es una propuesta fresca e inusual. El mayor acierto de la cinta es plantear la historia desde el punto de vista del zombie -de uno embellecido y adorkable, para más inri-, que a través de sus pensamientos en off nos involucra en su entrañable tormento existencial, pero sobre todo, nos hace cómplices de su enamoramiento. Al fin y al cabo, Memorias de un zombie adolescente no es más que la historia de un chaval introvertido que no sabe cómo hablar con la chica de la que se ha colgado. Y es en esa universalidad donde reside el principal encanto de una película que se niega a ser constringida por las normas del género y abre los ojos ante un mundo lleno de posibilidades. Si consigues decirle dos palabras seguidas sin tartamudear, todo es posible.