Crónica: 16ª Muestra SYFY de cine fantástico (2019)

Dieciséis años, y contando. La Muestra SYFY de cine fantástico de Madrid ha celebrado este año su “sweet sixteen”, y lo ha hecho por todo lo alto, con una de sus mejores programaciones hasta la fecha. Del 7 al 11 de marzo, los asistentes a la Muestra hemos podido disfrutar de una cuidada selección de cine fantástico y de ciencia ficción organizada por la cadena SYFY España, que como suele ser habitual, ha compilado una selección de títulos de lo más variopinto y extravagante.

La Muestra 2019 marcaba también la reaparición de Leticia Dolera como anfitriona, después de la polémica de su serie para Movistar+. La actriz, escritora y directora aprovechó la ocasión para volver a la normalidad, y a las redes sociales, después de tres meses de ausencia (casi) total. Su trabajo fue el de siempre, presentaciones divertidas, espontáneas y sí, feministas. Coincidiendo la Muestra con el Día de la Mujer, no podía ser de otra manera.

Controversias aparte, centrémonos en lo que nos importa de la Muestra. El cine, y la experiencia de verlo acompañado de aficionados al género fantástico. El público de la Muestra es de los más entusiastas que se conocen. Es por ello que se ha convertido en tradición desde hace años comentar las películas y hacer chistes en voz alta durante las proyecciones. Esto forma parte de la experiencia, pero afortunadamente, desde hace poco, la organización ha duplicado (o triplicado) las sesiones para diferenciar entre “Sala Mandanga” y “Sala del Silencio”. En la primera, el público es libre de armar todo el jaleo que quiera, en la otra se va a ver las películas en silencio.

Y sin más dilación, paso a comentaros las películas que he visto este año en la Muestra SYFY. Desafortunadamente no me ha sido posible verlas todas como otros años, pero de lo que he visto, me llevo un par de peliculones para la posteridad. Y alguno de ellos se estrena en salas comerciales pronto, así que tomad nota.

Capitana Marvel (Anna Boden, Ryan Fleck, 2019) – Inauguración

La Muestra SYFY comenzó el jueves con la premiere de Capitana Marvel en Madrid, película de apertura con la que empezamos esta edición “más alto, más lejos, más rápido”. La primera entrega de Marvel protagonizada enteramente por una mujer llegaba ensombrecida por una campaña de odio en Internet y un boicot por parte de los trolls que no les salió como esperaban: 455 millones de dólares recaudados en su primer fin de semana, convirtiéndola en el estreno mundial más taquillero protagonizado por una mujer y el segundo de superhéroes detrás de Vengadores: Infinity War. El público de la Muestra se entregó por completo a la historia de origen de Carol Danvers (estupenda Brie Larson), una película con todas las señas de identidad de Marvel y muchas conexiones con el resto de su Universo, concretamente con Vengadores: Endgame. La película se ha confirmado como un nuevo triunfo para el estudio, y así se sintió en la premiere. Risas, emoción con el cameo de Stan Lee, aplausos al final y un gran revuelo generalizado con las escenas post-créditos. Ah, y como era de esperar, la gata Goose conquistó a todo el mundo. Chupaos esa, troll. Si queréis saber más, os cuento mis impresiones sobre la película (que disfruté mucho más la segunda vez, conociendo de antemano los giros del argumento) aquí.

Elizabeth Harvest (Sebastián Gutiérrez, 2018)

La primera jornada propiamente dicha arrancaba para mí con Elizabeth Harvest, fábula de ciencia ficción dirigida por el venezolano Sebastián Gutiérrez. A medio camino entre Cincuenta sombras de Grey y un capítulo de La dimensión desconocidaElizabeth Harvest se desarrolla como una historia de clones con (sospechosos) ecos a Ex Machina (tienen muchos elementos en común y el final es calcado) y mucha comedia involuntaria. Protagonizan Abbey Lee (Mad Max: Furia en la carretera), Ciarán Hinds (que no sabemos cómo ha ido a parar ahí) y Carla Gugino, que le hace un favor al director (su marido) agraciando la película con su presencia. Pero ninguno de ellos (ni Dylan Baker, que también se pasa por ahí) es capaz de salvar la película. Su historia promete, pero una trama enrevesada y llena de pseudociencia acaba haciéndola cada vez más tediosa, confusa y absurda. Cuesta mucho tomársela en serio, pero claro, para eso estamos en la Muestra, cuyo público se encarga de que ninguna película aburra.

Upgrade (Leigh Whannell, 2018)

Primera gran sorpresa de la Muestra. Incomprensiblemente, esta curiosa cinta de ciencia ficción de la factoría Blumhouse no ha llegado a estrenarse en cines españoles, por lo que agradecemos a SYFY que la haya recuperado para el disfrute de su público objetivo. Leigh Whannell (guionista de Saw Insidious, y director de Insidious 3) se pasa al sci-fi con un oscuro thriller futurista a medio camino entre el policíaco, el noir y la acción pura que tiene mimbres de película de culto. En ella, un hombre tetrapléjico vuelve a andar gracias a la implantación de un chip llamado Stem, que toma el mando de sus funciones motoras y lo lleva al límite de sus capacidades, tras lo cual irá en busca de los hombres que mataron a su mujer, aprovechando sus nuevas habilidades. Logan Marshall-Green (el Tom Hardy de Hacendado) realiza una fantástica interpretación física en una película que casualmente también va de un hombre que habla con una voz en su cabeza que controla su cuerpo. Aunque recuerda a muchas películas anteriores (Minority ReportHerCrank, Lucy, Venom), Upgrade logra ser original. Engancha, tiene escenas de acción brutales y madera para saga. Muy disfrutable.

Gintama (Yûichi Fukuda, 2017)

Incorporación de última hora, Gintama se proyectaba en la Muestra a la vez que El año de la plaga, para gozo de fans del anime y el cine fantástico japonés. Se trata del largometraje en acción real del popular manga de Hideaki Sorachi, que ya ha tenido múltiples adaptaciones en diferentes formatos, incluida una longeva serie de animación. La película opta por la adaptación literal, conservando el estilo anime con un aspecto visual colorista, ritmo frenético, un “argumento” en el que todo vale e hilarantes efectos digitales de tercera. Lo mejor de la película son los chistes meta y las referencias a otros títulos de la cultura pop japonesa (el cameo de Nausicaä es genial), pero más allá de eso, cualquiera que no esté acostumbrado a este tipo de productos, puede salir completamente espantado por su estridencia y su absurdo sin fin. Sin ir más lejos, a mí me dejó el cerebro frito y mató las pocas neuronas que me quedaban. No apta para todos los públicos.

Prospect (Christopher Caldwell, Zeek Earl, 2018)

Christopher Caldwell y Zeek Earl dirigen esta personal propuesta de ciencia ficción que comienza como un drama paternofilial ambientado en el espacio (con el referente indie Jay Duplass) y acaba convirtiéndose en un competente thriller de supervivencia que se vuelve más y más extraño e intenso conforme avanza. Con un simple escenario principal (un bosque) y mediante diálogos que dan mucha información sin sobreexplicar demasiado, la película da forma a un detallado universo ficticio, demostrando que no hace falta un gran despliegue de efectos para crear mundos fantásticos creíbles en el cine. En el centro de la historia, una relación muy interesante y muy bien interpretada por la prometedora Sophie Thatcher y un genial Pedro Pascal. Una de las sorpresas más gratas de este año.

Dragged Across Concrete (S. Craig Zahler, 2018)

El sábado nos encontrábamos con un viejo conocido, S. Craig Zahler. Sus dos películas anteriores, Bone TomahawkBrawl in Cell Block 99 se habían proyectado en la Muestra con gran éxito de público, por lo que su tercer largo como director no podía faltar en la programación de este año. Para su nuevo trabajo ha vuelto a contar con Vince Vaughn, que esta vez está acompañado nada más y nada menos que de Mel Gibson, con el que lidera un gran reparto. Dragged Across Concrete (qué gran título) es un thriller policíaco sórdido y ultraviolento en la tradición de Zahler, que sigue insistiendo en hacer un tipo de cine que recuerda inevitablemente al de Tarantino. Con leves pero constantes pinceladas de humor y dos horas y media de duración, el director casa el exceso de sus imágenes con una narración y una realización muy calculadas que, afortunadamente, no aburre a pesar de su metraje gracias a su buen pulso. Lo malo es que en su tercera película ya se le empiezan a ver las costuras. Zahler peca de pretencioso, repite esquemas y su discurso atufa a rancio, con personajes femeninos que son el paradigma del sexismo en el cine y Gibson interpretando a un personaje a su medida: un poli corrupto anticuado, racista, machista y homófobo. Dragged Across Concrete es de esas películas que te hace simpatizar tanto con ese tipo de personajes que te acabas preguntando si es solo el personaje o la película también defiende esas ideas tan primitivas.

Nación Salvaje (Sam Levinson, 2018)

Y tras la saturación machirula de Dragged Across Concrete llegaba un film diametralmente opuesto, Assassination Nation, incendiaria sátira feminista sobre cuatro chicas adolescentes que se convierten en el blanco de la ira de su instituto y una pequeña comunidad idílicamente suburbana que ha sido víctima de un escandaloso hackeo masivo. Una reflexión hiperbólica pero afiladísima sobre el papel de Internet en nuestras vidas, el linchamiento social, la hipocresía y la doble moral, y el juicio de una comunidad conservadora ante la liberación de la mujer y la expresión de su sexualidad (es de todo menos casual que transcurra en Salem). Es decir, una historia completamente actual y oportuna que se propone provocar y lo consigue. Es como si Sofia Coppola, David Robert Mitchell y Harmony Korine se hubieran unido para hacer una película. Moderna, pop, autoconsciente, violenta, visual y estéticamente gloriosa, y con una recta final demencial, Assassination Nation es una de esas propuestas radicales que dividen fuertemente a la audiencia. Los varios egos masculinos que salieron heridos de la proyección demostraron que la película logra su propósito de remover conciencias e incomodar a aquellos que se sienten amenazados por el feminismo y el poder de la mujer.

Escape Room (Adam Robitel, 2019) – Clausura

La Muestra SYFY concluía el domingo con Escape Room, película de clausura que esta semana llega a las salas comerciales de toda España. Adam Robitel (The Taking of Deborah LoganInsidious. La última llave) dirige la nueva vuelta de tuerca de las sagas de terror juvenil que ya se ha convertido en todo un éxito en Estados Unidos. Escape Room es como una fusión entre Cube, Saw La cabaña en el bosque, un juego retorcido en el que seis desconocidos se enfrentan a una escape room de la que deberán salir con vida usando su ingenio. Aunque no es original y requiere suspender la incredulidad considerablemente, es una película muy efectiva en lo que se propone, además de tremendamente entretenida. Destaca por su creatividad a la hora de diseñar los puzles y por lo bien que maneja la tensión. Una nota positiva para terminar la Muestra y dejarnos con ganas de más el año que viene.

Crónica de la Muestra Syfy 2016

Leticia Dolera Syfy

El 13 es un número especial, históricamente asociado a la mala suerte, y con el tiempo justo lo contrario, un símbolo de buena suerte para los que gustan de llevar la contra. Para los fans del cine fantástico, el 13 ha significado algo muy especial este fin de semana: una de las mejores ediciones de la Muestra Syfy. Nuestro mini-festival favorito se ha mudado de residencia, pero sigue viviendo en el mismo barrio. De los Cines Callao al Cine de la Prensa de Gran Vía, sin perder en la mudanza ni un ápice del entusiasmo que lo caracteriza.

Como todos los años, nos damos cita con la Muestra Syfy, organizada por el canal de televisión Syfy España, para ver cine de género (fantástico, ciencia ficción, terror, animación) durante cuatro días (este año del jueves 3 al domingo 6 de marzo). Una veintena de películas que han conformado una programación en la que, como de costumbre, han tenido cabida las ideas más disparatadas y las propuestas más curiosas. Muertos vivientes, fantasmas, zombies, demonios, extraterrestres y caníbales (por partida doble, que este año ha sido el de los antropófagos), todos se han reunido un año más para la gran fiesta del cine fantástico en Madrid.

Y como decía, aunque hayamos cambiado de emplazamiento, el espíritu de la Muestra sigue intacto. Por un lado gracias a la organización, que ha llevado a cabo el cambio de la forma más fluida (esperábamos que al cambiar de una sala grande a tres más pequeñas hubiera un caos mayor, y para nada), por otro a los seguidores (bautizados “mandanguers” -o mandangers- durante la última sesión del domingo), incansables, “motivados” y con ganas de darlo todo en las proyecciones, y por último, pero no por ello menos importante, gracias a la gran Leticia Dolera, que un año más se corona como la reina geek (Mandanga Queen) de nuestro país. Parece mentira, pero Dolera se supera cada año. El nivel de complicidad que ha alcanzado con los asistentes a la Muestra es increíble (para entender los chistes internos o la importancia de las palabras “mandanga” y “Canino” hay que haber estado allí), y se ha notado especialmente en esta edición, en la que, entre otras muchas cosas, ha recordado a sus compañeros de Al salir de clase con velas en la mano (in memoriam?), ha demostrado su amor por Buffy, ha llamado por teléfono a Raúl Arévalo, al que dejamos un mensaje de voz porque no lo cogió (y al que esperamos ver en la próxima edición, no nos falles, Raúl), ha cantado los precios de la cantina, ha reivindicado a Chicho Ibáñez Serrador (Goya honorífico ya), ha criticado (de bromi) a los actores españoles por no vocalizar, y por supuesto, ha repartido Huesitos entre el público. Todo del mejor rollo posible. Gracias, Leticia. Sin ti la Muestra no sería lo que es.

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Dicho esto, pasemos a hablar de las películas que hemos podido ver este año. Muchas de las que, por cierto, tienen distribución en España, así que anotad las recomendaciones. La Muestra dio el pistoletazo de salida el jueves 3 con el preestreno de La invitación, de Karyn Kusama, uno de los grandes éxitos de la pasada edición del Festival de Sitges, donde se alzó con el premio a la mejor película del certamen. Con un reparto de caras conocidas, sobre todo para el seriéfilo (Logan Marshall-Green, Michiel Huisman o John Carroll Lynch), La invitación es una cinta malrollera que recuerda a Coherence en sus ambientes y a La cena de los idiotas por su mala baba. Kusama sabe dosificar la información como si de un menú degustación se tratase y nos embriaga de tal manera que seguimos pidiendo más a pesar de que sintamos ya los ardores de las horas posteriores. Menos mal que tiene el detalle de ofrecernos un chupito digestivo para pasar el (mal) trago.

El viernes 4 nos deparaba más de una sorpresa. El primer día propiamente dicho de la Muestra arrancaba con la noruega Villmark Asylum, secuela de uno de los mayores éxitos cinematográficos del país nórdico que nos proponía de nuevo (“nos” es un decir, porque de los cientos que estábamos en la sala solo cuatro fans aplicados habían visto la primera) una historia de terror ambientada junto a un lago remoto, concretamente en un hospital abandonado donde se trataba a los enfermos de tuberculosis muchos años Imagen 2atrás. Como podéis imaginar por la descripción, Villmark Asylum es la típica película de “manicomio encantado”, y recurre a los tópicos y la imaginería habitual del género (fantasmas de pacientes y enfermeras deambulando entre pasillos, experimentos inmorales), donde por desgracia se queda completamente estancada sin saber qué contar. Un rollazo.

Las dos siguientes películas de la tarde sirvieron para arreglar el mal sabor de boca de Villmark 2 (su título original) y despertarnos de la siesta. En primer lugar, la británica Nina Forever nos planteaba una premisa sencilla a la par que interesante, con una historia romántica sobre un chico que perdió a su novia en un accidente y, cuando intenta iniciar una nueva relación (concretamente cuando practica el sexo con su nueva pareja), la novia se le aparece tal y como quedó tras el accidente para atormentarle a él y a la chica. Una metáfora sobre las relaciones y la pérdida que, a pesar de resultar demasiado evidente, da para muy buenos momentos, aunque al final se pierda por no saber cómo ni cuándo concluir la historia. Nos quedamos con la primera hora de la película, rebosante de sentido del humor, emotividad y erotismo, y con las interpretaciones de su trío protagonista, en especial las femeninas, Fiona O’Shaughnessy y Abigail Hardingham. En segundo lugar, llegó la esperadísima (y apaleadísima) nueva película de Eli Roth, The Green Inferno, y resultó ser uno de los mayores éxitos entre el público de la Muestra. Roth ha orquestado una película repugnante, nauseabunda, con los peores actores del mundo y autoconscientemente mala que se reveló como la oferta perfecta para la Muestra, como demostraron las continuas carcajadas y aplausos de la sala. Una cinta idónea para este tipo de ocasiones, en las que a veces es mejor no pesar demasiado lo que se está viendo y dejarse llevar. Eso sí, vais sobre aviso si decidís verla: al igual que su día Holocausto caníbal (de la que evidentemente bebe, y come, mucho) sus imágenes gore pueden provocar más de un mareo.

Las sesiones nocturnas del viernes nos dejaron otra sorpesa. Desafortunadamente no fue la española Vulcania, que fue recibida con indiferencia y aburrimiento generalizado (quizá si los responsables del film no hubieran estado en la sala presentándolo el público se habría ensañado más). El debut de José Skaf en la dirección de largometrajes es una oportunidad perdida, una película que recuerda demasiado a El bosque (aunque Skaf asegurase que todo parecido es coincidencia) y que, a pesar de su excelente factura y buen reparto, nos deja completamente a medias (aquí podéis leer una crítica completa de la película, que ya está en cines). A continuación , la primera sesión golfa de la Muestra 2016 nos presentaba la primera parte de la japonesa Parasyte, de Takashi Yamazaki, film que fue recibido cálidamente por el público del Cine de la Prensa. Parasyte, Part I  es la hilarante visión japonesa de la Nueva Carne de Cronenberg (se trata de la adaptación live action del manga del mismo nombre), con momentos cómicos muy conseguidos y una épica tan ridícula como convincente. Por una noche, Migi destronó a Huevón como rey de la madrugada Syfy.

BONE TOMAHAWK

El sábado por la mañana tenía lugar la primera sesión Syfy Kids, con la proyección de una de las nominadas al Oscar a Mejor Película de Animación este año, The Boy and the World, distribuida en España por Rita & Luca Films. La tarde comenzaba con la surcoreana The Piper, adaptación libre de El flautista de Hamelín que tiene lugar en una pequeña aldea azotada por una plaga de ratas, donde un hombre y su hijo hacen una parada para ayudar a los habitantes. La película de Kim Kwang-tae comienza como una comedia amable con toques de realismo mágico y en su tramo final se transforma en una historia oscura, trágica y macabra. Una película peculiar de la que se pueden destacar bastantes virtudes, entre las cuales por desgracia no se encuentra la consistencia. A continuación se proyectaba la caboyano-americana Listening, que juega con la idea de la manipulación de la mente y la creación de la telepatía, y que fue con diferencia una de las peores películas de la muestra. Llamarla amateur sería quedarse muy cortos. Una primera parte que copia descaradamente a Primer da lugar a una segunda mitad que adquiere tono épico-conspiranoico y se hunde en el mayor de los ridículos. Y lo peor de todo, el asqueroso machismo que recorre toda la cinta. Lamentable. Pero es que esa misma noche pudimos ver otro desastre de proporciones épicas, Generación Z (título español para The Rezort), una Parque jurásico con zombies en lugar de dinosaurios que, por muy atractiva que suene la idea, no podría haber dado lugar a una película más terrible. Y lo peor no es el planteamiento completamente absurdo (eso no es un problema en la Muestra), sino que ¡se toma en serio! y contiene un mensaje político que no podría estar hilado de forma más patética. Menos mal que justo antes habíamos disfrutado del plato fuerte del día, Bone Tomahawkwestern atípico cargado de humor, violencia extrema (condensada en su magnífica recta final, donde podemos ver una de las muertes más despiadadamente brutales y gráficas de la historia del cine) y grandes interpretaciones, en especial la de Richard Jenkins, que conquistó a la sala al completo. Una gozada.

Foto de Mara

El sábado muchos hicimos un paréntesis para asistir a la proyección del musical de Buffy, cazavampiros, “Once More, With Feeling” (6×07), una ocasión de lujo para poder ver en pantalla de cine uno de los capítulos más emblemáticos de esta serie de culto. El ambiente seriéfilo era inmejorable y nuestra anfitriona, Leticia, nos preparó una presentación genial. En primer lugar nos hizo un recorrido por la serie, resumiendo las temporadas y hablando sobre la experiencia que supone ser espectador de Buffy, en especial si se vio por primera vez durante la adolescencia (o post-adolescencia). A continuación recomendó el libro sobre Joss Whedon De la Estaca al Martillo, que como muchos sabéis, coordiné el año pasado junto a mi colega, amiga y admirada Cazadora Irene Raya. Aunque ya lo hice en persona, desde aquí quiero agradecer de todo corazón una vez más a Leticia por hablar del libro en la proyección (en dos proyecciones distintas, de hecho), fue un detalle precioso que convirtió lo que ya estaba siendo una gran Muestra en mi mejor Muestra. Por último, Dolera orquestó un gran momento fan junto a los fans de Buffy, haciéndonos ensayar un fragmento de la canción “Walk Through the Fire“. ¿El resultado? Juzgad vosotros mismos:

Y llegó el último día. El domingo suele ser una jornada de mayor relax en la Muestra, y este año ha cumplido esa norma. El día arrancaba con la polaca Demon, adaptación moderna de la leyenda del dybbuk judío que transcurre durante una boda tradicional en el campo. Una película divertida, surrealista e inteligente que acercaba el cine de autor europeo a la Muestra, demostrando que cualquier tipo de propuesta fantástica tiene cabida en ella. Demon resultó ser una de las películas más interesantes de este año, un relato impregnado de vodka e historia (la de unas ruinas que no se pueden o no se quieren reconstruir), de un humor absurdo y filosófico exquisito y una memorable interpretación protagonista, la de Itay Tiran. Su director, Marcin Wrona, se suicidó en 2015, dejándonos una excelente obra póstuma. Una pena no saber hasta dónde podía haber llegado su talento.

La tarde del domingo continuó con Jeruzalem, un found footage ambientado en la capital israelí y protagonizado por dos turistas americanas cuyas vacaciones se ven interrumpidas por el día del Juicio Final. The Paz Brothers abordan el hastiado género del metraje encontrado intentando revitalizarlo con un nuevo gadget: las Google Glass. De esta manera salen airosos del engorro que suelen tener todos los directores para justificar el hecho de que sus protagonistas no dejen de grabar. Pero más allá de eso, no hay nada verdaderamente destacable de Jeruzalem, además de su bello y original emplazamiento. Una película que sigue los dictados del género (y demuestra algo más que admiración por [REC], como advirtió después Dolera, o Cloverfield) y al menos entretiene y cumple su función a pesar de caer en el despropósito continuamente. Y después de Jeruzalem, dimos un giro de 180º grados en el tono para disfrutar de la (muy) británica Absolutamente todo, dirigida por Terry Jones (miembro de Monty Python, guionista de Dentro del Laberinto, que también se pudo ver en una sesión especial en homenaje a David Bowie), una comedia directamente salida de los 90 que recuerda demasiado a Como Dios, pero que resultó ser un soplo de aire fresco gracias a sus divertidos diálogos y al buen hacer de su protagonista, un carismático Simon Pegg demostrando que puede ser un gran leading manAbsolutamente todo también destaca por ser la última película de Robin Williams (en ella dobla al perro Dennis y nos deja algunos de los mejores momentos de la cinta) y por contar con las voces de lo Monty Python dando vida a los extraterrestres que otorgan los poderes al personaje de Pegg.

hiddleston high rise

La Muestra 2016 tocaba a su fin con la esperadísima High-Risepelícula dirigida por Ben Wheatley y escrita por él junto a Amy JumP a partir de la novela de J. G. BallardHigh-Rise venía precedida de mucha expectación, aunque acabó siendo una gran decepción (y no es que no nos lo hubieran advertido desde Sitges y otros festivales). High-Rise es una cinta post-apocalíptica retro-futurista que podría describirse (muy superficialmente) como una fusión de BrazilSnowpiercer. La película tiene un planteamiento muy interesante y suficientes elementos atractivos por separado (la estética, la música, la percha de Tom Hiddleston, el sorprendente talento de Luke Evans), pero en conjunto resulta fallida, sobre todo por un empeño, casi exhibicionista y provocador, en el estilo por encima de la sustancia, y la locura y el absurdo porque sí, lo que juega en detrimento de la historia. High-Rise se pierde en la no-narratividad hacia la mitad de su metraje y no se recupera, rematando su “relato” con una conclusión sobre-explicativa que subraya demasiado el mensaje y parece que ya va con recochineo. Probablemente estemos ante una obra incomprendida que será reivindicada como película de culto. Quizá solo sea una pretenciosa paja mental que acabaremos olvidando. El tiempo lo dirá.

Y hasta aquí otra Muestra Syfy llena de buen rollo, amistad y celebración de la cultura fan y el cine (y la tele) de género. Me despido con una de las frases más bonitas de Leticia Dolera, pronunciada (con toda sinceridad y convencimiento) durante una de sus encantadoras presentaciones:

“Axioma: Te gusta el cine fantástico y de terror, eres buena persona. Te gusta Buffy, eres buena persona”.

¡Hasta el año que viene, Mandangers!

Texto de Pedro J. García y David Lastra

Crítica: Vulcania

Vulcania 1

Vulcania es el primer largometraje de José Skaf, experimentado director de cortometrajes, videoclips o spots de televisión, que ha elegido el género fantástico para su ópera prima. La película se podría adscribir a ese sub-género del cine de misterio sobre pequeñas y endogámicas comunidades que esconden mil y un secretos. Vulcania transcurre en un pequeño pueblo de montaña, un lugar aislado del resto del mundo cuyos habitantes viven divididos en dos bandos y dedican su vida a la fundición, industria que mantiene a flote el pueblo y dispone sus estratos sociales. Los líderes forman un gobierno de élite que se encarga de mantener a toda costa el statu quo del lugar y prevenir que los vecinos desarrollen la curiosidad por el exterior. Jonás (Miquel Fernández), un joven con extraños poderes que le permiten manipular el metal, decide investigar lo que ocultan los líderes y se propone salir del pueblo en busca de “la ciudad“, con la ayuda de Marta (Aura Garrido), una muchacha del bando contrario que también guarda un secreto.

Si el argumento os suena a El bosque, es porque Vulcania bebe mucho del cine de M. Night Shyamalan, y en concreto de su (incomprendida) película de 2004. La premisa del film no es precisamente original, pero cuenta con potencial de sobra para llevar a cabo un relato interesante. Desafortunadamente, Vulcania es una oportunidad perdida, una promesa que nunca llega a hacerse realidad. La primera mitad de la película transcurre como si fuera un trailer, con retales de información y tópicos del género (cumple con todos los preceptos del relato distópico) que se van acumulando vulcaniasin apenas cohesión o solidez narrativa, que ponen la miel en los labios para luego no ofrecer el tarro. El problema es que Skaf no sabe muy bien cómo estructurar la historia, ni cómo dosificar o desvelar la información. Quizá con la idea en mente de que es mejor sugerir que mostrar o sobre-explicar, el director cae en el error opuesto: quedarse corto. Vulcania parece que va a mejorar en cada escena, pero nunca llega a hacerlo, y termina de la forma más anticlimática, dejándonos a medias, con las ganas de ver lo que podía haber dado de sí la historia y su universo de ficción.

Lo mejor de Vulcania es su excelente factura técnica y su sólido reparto (formado por Miquel Fernández, Aura Garrido, Ginés García Millán, Jose Sacristán, Ana Wagener, Silvia Abril, Jaime Olías, Rubén Ochandiano y Jordi Gràcia). Sin embargo, en ambos departamentos ocurre lo mismo, las piezas por separado brillan (a excepción de Sacristán, que ni siquiera se molesta en actuar), pero juntas no forman el todo que deberían, resultando así en inevitable decepción. La película nunca alcanza su verdadero potencial por culpa de un guion sin pies ni cabeza y un sentido atrofiado del suspense, y se pierde en deus ex machina absurdos (atención al punzón durante el desenlace) y una mitología derivada y sin gancho. Por todo esto, Vulcania acaba siendo una obra monótona y acartonada que no cumple las expectativas, lo cual es una auténtica pena teniendo en cuenta el juego que podría haber dado.

Valoración: ★★½

12ª Muestra Syfy de Cine Fantástico de Madrid: Tercera jornada (Domingo)

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Los ojos escuecen, pero las ganas no se desvanecen. Ese podría ser uno de los lemas de La Muestra Syfy. Sobre todo aplicable al domingo, último día de proyecciones. Para el Día de la Mujer, La Muestra nos tenía reservada una interesante sesión doble final: A Girl Walks Home Alone At NightUnder the Skin, la primera dirigida por una mujer, Ana Lily Amirpour, y protagonizada por una vampira con hijab, y la segunda con Scarlett Johansson enseñándonos qué es eso de ser mujer en este incomprensible planeta. Ambas películas son de lo mejor que hemos visto este año y en cualquier edición del Syfy.

Pero antes nos esperaban otras dos cintas, una desconcertante y en última instancia chiflada comedia sueca, y un drama sobrenatural indie que parecía rescatado de las sobras de Sundance. Y también, cómo no, Huesitos. Porque como ya viene siendo tradición todos los años, Leticia Dolera se subió al escenario de los cines Callao para lanzarnos chocolatinas, una de las muchas actividades extra-oficiales de La Muestra que tanto irritan a algunos (Dolera se lo pasa genial leyendo para todos las críticas de los detractores de este tipo de distracciones entre películas). A cambio de los Huesitos, Dolera pidió que prometiéramos ver en el cine su primera película como directora, Requisitos para ser una persona normal. Y como ella es tan maja y tan cachonda, se ha ganado que le hagamos publicidad. La película se estrena en julio y se va a ver antes en el Festival de Málaga, y si refleja de alguna manera la personalidad de la actriz (que también escribe y protagoniza), no deberíamos perdérnosla.

Después de este mensaje de nuestros patrocinadores, paso a reseñaros las cuatro películas que vimos el último día en La 12ª Muestra Syfy. Inventores locos, fantasmas víctimas de bullying, vampiros iraníes y… bueno, Scarlett Johansson. Dejémoslo ahí.

 

LFO (Antonio Tublen, Suecia)

LFO_Poster27x40.inddCuando empieza LFO (acrónimo de Low Frequency Oscillation), sabes que estás ante una de esas películas que pueden acabar siendo cualquier cosa. Y por suerte, así es. El segundo film del sueco Antonio Tublen nos presenta a Robert (Patrik Karlson), un hombre que descubre la manera de hipnotizar a las personas utilizando bajas frecuencias del sonido. Con una máquina instalada en su casa empieza a hacer experimentos con sus vecinos, un matrimonio recién llegado al barrio. Al principio, Robert utiliza los tests para ganarse la confianza y la admiración de la pareja, y con la máquina corrige los errores que van resultando de los experimentos. Pero como no puede ser de otra manera, “la cosa” se le va de las manos y se le sube a la cabeza, abusando de su poder para cualquier situación y convirtiendo a los vecinos en marionetas a su merced. LFO posee una cualidad muy inquietante, con una primera parte caracterizada por la incertidumbre y la tensión contenida. Parece que vamos a presenciar un drama de ciencia ficción realista en la línea de Prime, pero Tublen acaba llevando la historia por otros derroteros, y LFO se convierte en una comedia satírica que cada vez se toma menos en serio. En su recta final, LFO se entrega por completo a la pantomima y culmina en un desenlace muy guasón con el que celebramos haber sido sometidos al experimento.

 

Jamie Marks Is Dead (Carter Smith, Estados Unidos)

Jamie Marks is Dead - Poster 01Programar Jamie Marks Is Dead en un festival de cine como la Muestra Syfy es pura provocación. La película de Carter Smith es el blanco perfecto para las mofas, una copia mala de Donnie Darko que se aproxima a temas muy serios como el bullying y sus consecuencias desde un prisma fantástico y con un desafortunado aire de auto-importancia made in Sundance. La historia arranca cuando el chico que da nombre a la película es encontrado muerto. Nadie se acuerda muy bien de Jamie Marks, más allá de su apodo, “Lunático Marks“. Era un chico introvertido, víctima del acoso de algunos de sus compañeros y totalmente invisible para el resto (a pesar de lucir un cuerpazo de atleta que debería ser suficiente para navegar con éxito los pasillos de una high school yanqui). El misterio de su muerte afecta particularmente a otro chaval socialmente inadaptado, Adam (nuestro Cameron Monaghan de Shameless), lo que le une a una chica tan súper-única-y-alernativa-y-especial que colecciona rocas (Morgan Saylor, superando en irritante a su detestada Dana Brody de Homeland), junto a la que ve al fantasma de su compañero muerto.

Jamie Marks Is Dead es una tosca alegoría de la diferencia y la dificultad para encajar de algunos adolescentes, y en concreto de la homosexualidad en el instituto, pero toda la trascendencia de estos temas se desvanece entre diálogos de una cursilería insoportable, una falsa capa de profundidad psicológica y una sarta de tópicos (el prota lee El guardián entre el centeno, por favor…) y metáforas dolorosamente obvias y predecibles. Al final, todo queda en bochornoso fan fiction gay de Harry Potter (por el innegable parecido del chico muerto con el mago de J.K. Rowling) con ínfulas de libro de autoayuda para teenagers.

 

A Girl Walks Home Alone At Night (Ana Lily Amirpour, Estados Unidos)

GIRL_POSTER_V9_outlined_0915La ópera prima de Ana Lily Amirpour después de su multipremiada trayectoria en el mundo del cortometraje es una de las sensaciones festivaleras de la pasada temporada. La directora estadounidense de origen iraní toma la arriesgada decisión de adentrarse en el sobre-explotado universo de los vampiros para demostrar que, a pesar de lo hastiado del género, aún quedan formas de innovar en él. A Girl Walks Home Alone At Night es un soberbio ejercicio de estilo y minimalismo narrativo en el que Amirpour demuestra una sensibilidad estética muy particular. Se trata de una historia clásica (chico conoce vampira) con ecos a Jim Jarmusch (que recientemente se aproximó al mismo género desde un prisma alternativo con Only Lovers Left Alive) y clara voluntad pop, en la que destacan la sensualidad e iconoclastia de sus imágenes (en esplendoroso blanco y negro) y la magnética presencia de sus protagonistas, una vampira hipster/skater con hijab (la revelación Sheila Vand, imposible no enamorarse de ella) y un joven narcotraficante con aires de James Dean, Marlon Brando y James Franco (todos reencarnados en Arash Marandi). A Girl está repleta de secuencias para el recuerdo (el primer encuentro de Arash, disfrazado de Drácula, con la Chica; su primera visita a la casa de ésta; cualquier aparición espectral de la Chica en las oscuras calles de Bad City), pero el film de Amirpour es mucho más que un festín visual para paladares modernosos, se trata además de una lección de economía narrativaA Girl nos cuenta mucho con poco, y logra pasar como si nada por los tópicos del género, contándonos con dos recursos visuales inteligentemente empleados y sin apenas palabras lo que otras cuentan con 60 minutos de exposición. Una auténtica maravilla.

 

Under the Skin (Jonathan Glazer, Reino Unido/EE.UU./Suiza)

Under the Skin - Poster 02Ya se ha escrito todo sobre Under the Skin, así que seré breve. La película de Jonathan Glazer fue una de las más aclamadas del año pasado, hasta el punto de que se llegó a pensar que tendría presencia en la última edición de los Oscar, a pesar de su carácter altamente experimental y arriesgado. No fue así (su increíble banda sonora, sin la que no se entendería la película, sí se llevó premios para llenar un estadio), pero mientras nos olvidamos de la mayoría de películas de 2014, Under the Skin tiene la capacidad para quedarse dentro y no salir de ahí nunca (no voy a hacer el juego de palabras con el título, porque ya no hace falta). Under the Skin no es una película propiamente dicha, es una experiencia, un trance visual y sonoro en el que nos sumimos desde su hipnótico comienzo hasta su desgarrador final, y del que cuesta despertar una vez empiezan los créditos finales. Pero al igual que con A Girl Walks Home Alone At Night, no podemos dejar que su impresionante factura estética y el arrebatador poder de sus imágenes nos distraiga de la maestría con la que se nos cuenta la historia de su protagonista. Porque es muy fácil pasar por alto el sutil trabajo de Glazer construyendo la minimalista trama o la desarmante interpretación de Scarlett Johansson completando sus huecos a base de delicados matices, pero no debería ser así. La actriz, cuyo 2014 será recordado como uno de los más importantes de su carrera, deslumbra y atrapa con uno de los personajes más fascinantes del cine reciente. Under the Skin fue el broche de oro para la Muestra, y desde aquí quiero dar personalmente las gracias a sus organizadores por darnos la oportunidad de ver esta obra de arte en pantalla de cine.

12ª Muestra Syfy de Cine Fantástico de Madrid: Segunda jornada (Sábado)

song of the sea

Después de una primera jornada caracterizada por la comedia (las cinco películas de ayer pertenecían a este género, además de al fantástico, claro), el sábado de La Muestra nos ofreció un cartel más ecléctico, en el que hubo cabida para dramasslashersanimación. En general, el nivel de las películas descendió considerablemente con respecto al viernes, pero al menos estas demostraron la riqueza de propuestas que suele caracterizar al cine “de género”, y en concreto al que vemos todos los años en el Syfy.

En cuanto a lo que ocurre fuera de las películas durante La Muestra, es necesario llamar la atención sobre un problema. Como todos los años, llegados al segundo día tenemos que recordar a algunos espectadores de los cines Callao que no todas las películas son una invitación a la jarana y los comentarios a gritos para toda la sala. Algunos queremos ver las películas, algunos queremos al menos la posibilidad de tomárnoslas en serio. Puede que una película sea mala, incluso ridícula, y que por eso se convierta en una comedia involuntaria. En este caso se entienden las risas, se entiende que nos unamos para decir a esta película que no se debe tomar tan en serio, pero una cosa es eso y otra es autoproclamarse “comentador oficial de La Muestra” y darnos en cada sesión un “espectáculo” cómico que no hemos pedido. Qué ansia de protagonismo y qué poco respeto. Al que suele gritar comentarios jocosos a la pantalla, a todos aquellos que le siguen el paso (porque hace falta un gracioso para que se apunten 10 más), a los que se pasan la película comentando en voz alta con el de al lado: CALLAOS UN RATO, POR FAVOR.

Dicho esto (sé que no servirá para nada, pero me tenía que desahogar), paso a reseñaros las cinco películas que vimos ayer en La Muestra, un drama austríaco, una de boy scouts y hombres lobo (más o menos), una preciosidad animada, un romance sobrenatural y un slasher con menos sangre que Conchita.

 

Song of the Sea (Tomm Moore, coproducción europea)

Song of the Sea - PosterUna de las películas más esperadas de La Muestra era también una de las propuestas más diferentes de este año. Como siempre, recibimos el cine de animación con los brazos abiertos, porque por regla general nos proporciona un respiro entre tanta sangre, risa y tensión. Song of the Sea es una de las películas nominadas este año a Mejor Película de Animación en los Oscar, y ayer pudimos comprobar por qué es una de las que desbancó a La LEGO Película en la lista de candidatas finales. La película de Tomm Moore es una absoluta preciosidad, un trabajo de animación artesanal en dos dimensiones diseñado como si fueran las páginas de un cuento infantil en movimiento, con una enorme capacidad para emocionar. Al igual que en su anterior película, El secreto del libro de Kells, Moore nos cuenta en Song of the Sea una hermosa leyenda de magia y folklore fantástico (inspirado en el irlandés) protagonizada por niños. En esta ocasión, el director británico reitera el estilo de Kells pero acercándose un poco más, tanto visual como conceptualmente, al cine de Hayao Miyazaki, cuyas películas Ponyo en el acantiladoEl viaje de Chihiro parecen haber inspirado esta arrebatadora “canción marina”. Nos alegramos de que Moore siga apostando por la animación tradicional y lo haga con cosas tan bonitas como esta. El que no llore con el final está muerto por dentro.

 

Goodnight Mommy (Severin Fiala, Veronika Franz, Austria)

Goodnight Mommy - PosterLeticia Dolera acertó de lleno al describir Goodnight Mommy como una fusión entre Funny Games, el cine de Cronenberg, ¿Quién puede matar a un niño?Canino. Pero la película, ópera prima de Severin Fiala, con una de las responsables de la trilogía Paraíso en la co-dirección, Veronika Franz, se queda muy por debajo de todos estos referentes. Goodnight Mommy nos invita a pasar unos días de verano en una lujosa casa aislada en medio del bosque, donde dos gemelos idénticos de 9 años pasan el tiempo mientras su madre se recupera de una operación de cirugía plástica. Los niños sospechan que la mujer que se oculta tras las vendas no es su madre, ya que esta se comporta de forma extraña. Entre juegos violentos y sesiones de entomología (cucarachas gigantes, qué asco, por Dios), los hermanos indagan en el misterio, lo que les lleva a concluir que una extraña se ha colado en su casa para sustituir a su madre. Goodnight Mommy es un thriller extraño, uno que se esfuerza demasiado en ser sórdido y perturbador, pero que descuida por completo lo esencial: la historia. Durante su desconcertante primera parte, la película está llena de posibilidades, pero todas se van al traste en su recta final, cuando decide volverse vulgar (y no hablo solo de la imaginería macabra, ramplona como ella sola), y sobre todo durante su desenlace, en el que uno de los giros finales más trillados y predecibles de la historia del cine termina por estropear del todo el experimento.

 

Spring (Justin Benson, Aaron Moorhead, Estados Unidos)

SpringSpring es una propuesta cuanto menos original. Se trata de un romance sobrenatural en el que un joven estadounidense, Evan (Lou Taylor Pucci), viaja a un pequeño pueblo italiano junto al mar y se enamora de una misteriosa mujer, Louise (Nadia Hilker), que resulta ser un ser inmortal que se convierte en diferentes monstruos mitológicos -en realidad es más complicado que eso, pero no queremos destripar el argumento, y además, a ver quién es el valiente que se atreve a explicarlo. Como si se tratase de una Antes del amanecer sobrenatural (aunque la chica de la película se empeñe en que ella no es un ser mitológico, sino que todo tiene su explicación biológica), Spring acierta al introducir los elementos fantásticos con cuentagotas en la clásica historia de “chico conoce chica” (además, chico y chica tienen buena química), pero se pierde por completo en su interminable última media hora, en la que los repetitivos diálogos y confusas sobre-explicaciones acerca de la naturaleza de Louise acaban desesperando al más dispuesto. Spring tiene ínfulas de ensayo existencialista, y nos ofrece reflexiones sobre la inmortalidad, el amor y el destino que parecen estar emulando los fascinantes diálogos de Jesse y Céline en la trilogía de Richard Linklater, pero que palidecen por la inevitable comparación. Spring es una oportunidad perdida, una película atractiva (tanto su ambientación como sus protagonistas no hacen daño a la vista) que habría funcionado mejor con un tono más definido (se queda a medias como comedia y como drama) y que pide a gritos que alguien sensato le diga cuándo terminar.

 

Cub (Jonas Govaerts, Bélgica)

Cub posterOtro de los (supuestos) platos fuertes de La Muestra, y ganadora del premio a la mejor dirección en el pasado festival de SitgesCubs llegó rodeada de expectación, y decepcionó al resultar ser un telefilm cutre sin ningún sentido del suspense y con una historia sin pies ni cabeza. ¿Cómo una película con boy scouts y niños lobo puede ser tan fallida? En primer lugar, por sus personajes, concretamente los irritantes monitores de campamento al cargo de los “lobatos”, una tropa de boy scouts que emprende su excursión anual a los bosques de la frontera entre Bélgica y Francia. Y en segundo lugar, por su nulo sentido del terror. Cubs transcurre entre relatos de fogata de campamento y aburridas incursiones en el bosque, para transformarse durante su última parte en un slasher con ecos a La matanza de Texas y clímax macabro que parece despegado del resto del film. Si los analizamos por separado, los ingredientes de Cubs suenan muy apetecibles: chavales indefensos en el bosque, un asesino suelto, una banda sonora con sintetizadores muy giallo, más gore del que se espera, un niño víctima de bullying desatando su yo violento a lo Carrie, pero con lodo en lugar de sangre… Sin embargo, en conjunto, Cubs es una película incapaz de ir más allá de esos clichés, de construir una historia que se diferencie del resto de slashers del montón, por mucho que aquí tengamos a un Mowgli rabioso que come comida de perro. El póster es mejor que la propia película.

 

Crazy Bitches (Jane Clark, Estados Unidos)

CrazyBitchesPosterPasada la medianoche, ya estábamos oficialmente en el Día de la Mujer, por lo que nos venía de perlas (nunca mejor dicho) una película dirigida y protagonizada por mujeres, Crazy BitchesProgramada para la sesión golfa de La Muestra seguramente por su título (y sin ver ni leer nada sobre ella antes), la cinta de Jane Clark, es un flagrante caso de publicidad engañosa. Sencillamente no puedes titular así un slasher de cabañas en el bosque, ponerlo de madrugada para los que quedamos con ganas de desbarre y tripas, y que resulte ser una versión descafeinada, ridícula y sin sangre (tanto literal como figuradamente) de Mujeres desesperadas (quizás no signifique nada, pero la directora ha salido en Ally McBeal, Anatomía de Grey Sin cita previa, ahí lo dejo). Y la comparación no hace justicia a la debacle sin sal que es la película (que me perdonen Susan, Bree & co. por mentarlas junto a esto). La propuesta de un slasher de mirada femenina (con carnaza masculina en lugar de los clásicos boob-flash) es interesante, pero completamente desperdiciada, y el resultado es un desastre (la prueba: la escena lésbica más incómoda, larga y peor ejecutada de la historia). El 90% de Crazy Bitches consiste en diálogos asquerosamente ridículos sobre la amistad y el pasado en común de estas “zorras locas” (con flashbacks salidos de una novela rosa), clave para entender la motivación del asesino: infidelidades, traiciones por culpa de un hombre, puñaladas traperas entre señoritas, vanidad y cirugía estética. Vamos, flaco favor le hace Clark a la mujer con esta película. Pero lo peor de Crazy Bitches es que es de esas películas tan malas que no valen ni para reírse de ellas (ayer en la sala no hubo apenas risas, sino protestas en plan “¡venga ya” o “callaos y mataos ya, por favor”). En definitiva, una experiencia desesperante y cortarrollos que solo sirve para rematarnos y empañar el buen nombre del slasher.

11ª Muestra SyFy de Cine Fantástico: Segunda jornada (Sábado)

Coherence

A las 16:00 del sábado 8 de marzo comienza un nuevo día en la Muestra SyFy de Cine Fantástico de Madrid. O más bien un par de horas antes, que es cuando los asistentes empiezan a formar cola delante de los cines Callao. Además de las películas, el cachondeo y la luna llena, las colas son el otro ingrediente imprescindible de este festival. Eso y las carreras después de cada proyección para volver a entrar y no perder el sitio que teníamos. Tiene su punto de emoción, y no nos viene mal el aire “fresco” de Callao City Lights entre proyección y proyección, pero no estaría mal que La Muestra idease un método para que aquellos que tienen bono y van a ver las cinco películas seguidas no tengan que hacer cola cinco veces para entrar a la misma sala. Este es el único aspecto en el que la organización del SyFy no se lleva un 10. Pero bueno, tampoco es muy grave, y como he dicho, ya forma parte del encanto de estos días.

Durante el sábado pudimos ver cinco películas, y aunque el balance general es más negativo que el del día anterior, la exitosa proyección de Coherence (la cuarta película del día) equilibró la balanza. Hagamos un repaso por el cine fantástico que nos trajo La Muestra en el día de ayer:

IN-FEAR-PosterIn Fear (Jeremy Lovering, Reino Unido, 2013)

Con tan solo tres personajes, interpretados por nuestro Iain De Caestecker (SHIELD, The Fades), Alice Englert (Hermosas criaturas) y Allen Leech (Downton Abbey), In Fear es una cinta de terror que hace de la economía de medios su mayor baza. La película de Jeremy Lovering sigue en un principio la estructura clásica del subgénero wrong turn y aunque parece que en algún momento va a evolucionar a película de cabaña en el bosque o slasher de familia de psicópatas, nada más lejos de la realidad. In Fear es la historia de las dos personas más estúpidas de la Tierra, una pareja que se dirige a un hotel en medio de un bosque irlandés y que cumple la regla de “en peli de terror haz todo lo que no harías en la realidad”. El film consiste básicamente en un continuo dar vueltas en círculo, repitiendo sustos y conversaciones una y otra vez, buscando el terror en la desesperación de los personajes y la audiencia. Lo cierto es que si lo pensamos bien la idea de Lovering no es mala, y funciona sobre todo al principio. Juega con las expectativas de este tipo de cine y logra crear una atmósfera de incertidumbre a base de primeros planos, desarrollando la acción casi íntegramente dentro de un coche y haciendo un buen manejo de los puntos muertos y la oscuridad. Sin embargo, todo esto se va al traste por un alargamiento sin sentido, una torpeza muy grande a la hora de dar verosimilitud a lo que ocurre y una sobreexplicación para tontitos que nos revela el sentido de este experimento cinematográfico: La violencia proviene del miedo.

almost human posterAlmost Human (Joe Begos, Estados Unidos, 2013)

Film de terror low-low-cost hecho por cuatro amiguetes con ganas de jugar con látex y una gran pasión por el fantaterror ochentero. Almost Human es la historia de Mark Fisher, un corpulento oso pelirrojo con un aire a Joss Whedon que es abducido por extraterrestres en su casa. Dos años después, su mejor amigo y su novia, las dos últimas personas que lo vieron vivo, siguen con sus vidas, cuando Mark regresa completamente cambiado. El osito que conocían ya no existe, ahora Mark está poseído por una extraña criatura alienígena y se ha convertido en una suerte de Terminator Leñador que deja un rastro de muerte y destrucción allá por donde pasa y cuya misión es usar a la raza humana como recipiente para propagar su especie. Nada en Almost Human resulta destacable, para bien o para mal. La escasez de medios se debe contrarrestar con creatividad y originalidad, pero Joe Begos se conforma con imitar el cine de Carpenter, Cronenberg, o La invasión de los ultracuerpos de Philip Kaufman. Su película está hecha con dos duros, sin un atisbo de ambición ni pretensión, pero con cierto halo de seriedad que le impide desatar toda la locura y el exceso que se necesita para que este tipo de proyectos amateur diviertan como es debido.

rigor-mortis-posterRigor Mortis (Goeng si, Juno Mak, Hong Kong, 2013)

Rigor Mortis es la ópera prima del ex popstar Juno Mak, que dirige bajo el auspicio de Takashi Shimizu en la producción. Sí, estamos hablando de ese cineasta japonés que se ha labrado una carrera (por llamarla de alguna manera) haciendo la misma película una y otra vez. La de Mak contiene algunos de los elementos que popularizaron Shimizu y Hideo Nakata (Ringu) a finales de los 90, sobre todo el niño creepy y la imprescindible figura de la mujer pálida de cabellos largos procedente de los cuentos de fantasmas chinos. Pero va mucho más allá, proponiendo un universo sobrenatural más extenso (y caótico), en el que se fusionan espíritus y vampiros, y cuya confusa mitología es expuesta con un sentido del ritmo exasperante y una ineptitud absoluta para narrar. Rigor Mortis es una película técnicamente notable, una especie de pesadilla hiperestilizada con terror de diseño art house. Pero más allá de su atmósfera de videoclip caro, está completamente hueca y no aporta absolutamente nada un género que murió hace una década.

Antes de la película vimos el original corto El juego inconsciente (Subconscious Password), de Chris Landreth, mezcla de acción real y animación por ordenador sobre un tipo que no recuerda el nombre de un amigo con el que se ha encontrado, lo cual desata un programa concurso de “password” en su subconsciente, plagado de personajes populares de la cultura. Una gozada surrealista.

Coherence PosterCoherence (James Ward Byrkit, Estados Unidos, 2013)

Y después de lo que estaba siendo un día más bien flojo, llega Coherence, la gran sorpresa del festival (aunque fuera esperada, por su recepción en Sitges), la película de insta-culto que recordaremos durante años venideros como uno de los momentos más destacados de La Muestra. Coherence es toda una revelación, una obra original y provocativa de esas que pasan cada año bisiesto y nos proporcionan tema de conversación para mucho tiempo. La ópera prima de James Ward Byrkit es un rompecabezas fascinante, un enigma metafísico excelentemente escrito que logra la gran hazaña de crear ciencia ficción pura y dura y auténtico terror psicológico solo con palabras. Algo comparable a lo que hizo Primer hace ya una década. El escenario es una casa de Los Ángeles, la ocasión una “dinner party” para ocho amigos (entre ellos Nicholas Brendon, nuestro Xander Harris), y lo que ocurre durante esta inquietante velada desafía nuestros nervios, nos hace un mindfuck de los buenos… y es mejor descubrirlo al compás de los protagonistas. No digo más, si tenéis la oportunidad de ver Coherence, no la dejéis escapar. Y si podéis, haced ruido en las redes sociales a ver si conseguimos que distribuyan esta joyita en España.

piranha3dd-posterPiraña 3DD (Piranha 3DD, John Gulager, Estados Unidos, 2012)

Telefílmica secuela de Piraña 3D, de Alexandre Aja, que repite (y según su slogan, duplica) los ingredientes de la original: horrendos efectos CGI, humor paródico, tetas como balones de baloncesto saliéndose de la pantalla, rostros conocidos y mucha caspa (perfecta para dejar la mente en blanco después de llevarla al límite con Coherence). Piraña 3DD está ambientada en un parque acuático durante el famoso Spring Break estadounidense, y bueno, no hace falta contar el argumento, ¿no? Solo necesitáis saber que repiten Christopher Lloyd y Ving Rhames, y que David Hasselhoff se apunta a la fiesta para reírse de sí mismo (y el hombre ya está dispuesto a cualquier cosa, en slow-motion y como sea). Piraña 3DD desprende ese aroma a Scary Movie (no en vano, también es de Dimension Films y los Weinstein) y aunque su autoconsciencia sea a ratos demasiado machacona y aburrida, es inevitable dejarse llevar por un par de momentos de desmadre absoluto (como esa “mordaz” escena de sexo). Lo peor: unas tomas falsas sin gracia que duran casi tanto como la propia película.

Antes de Piraña 3DD se proyectó el cortometraje Secuencia (Sequence), del catalán Carles Torrens, sobre un hombre que se despierta una mañana y descubre que todo el planeta ha tenido un sueño indescriptiblemente horrible con él. Un corto redondo (nunca mejor dicho), inspirado en una escena de Society de Brian Yuzna.

11ª Muestra SyFy de Cine Fantástico: Inauguración – 300: El origen de un imperio (crítica)
11ª Muestra SyFy de Cine Fantástico: Primera jornada (Viernes)
Crítica extendida de Maniac por David Lastra
11ª Muestra SyFy de Cine Fantástico: Segunda jornada (Sábado)

11ª Muestra SyFy de Cine Fantástico: Primera jornada (Viernes)

11-muestra-syfy-de-cine-fantastico-427x600“Once años ya. Esto no habría sido posible sin vosotros”, decía anoche Leticia Dolera antes de presentar la primera película del día en La Muestra SyFy de Cine Fantástico, en los cines Callao de Madrid. Parece una afirmación demasiado obvia, pero no se debe pasar por alto. Como se lleva demostrando ya más de una década, lo más importante de La Muestra es su público. El perfil está claro, y Dolera se encarga cada dos por tres de recordarlo: ¡frikis! En este ambiente de comunidad y refugio sí podemos usar ese término sin ningún tinte despectivo, (re)apropiándonos de él. La Muestra es una celebración continua, del friki, del cine maldito, del fantástico, del terror y la ciencia ficción, de cineastas arriesgados y dementes, también de primerizos, una fiesta de vísceras, monstruos y tetas a la que se va a pasárselo bien (algunos demasiado bien) y a vivir las películas de otra manera, como si uno estuviera en el salón de su casa con 900 amigos.

El pasado jueves 6 por la noche tuvo lugar en Callao el preestreno de la película 300: El origen de un imperio -podéis leer mi crítica aquí-, que sirvió como inauguración de La Muestra, y que fue precedido de un vídeo-saludo personal de Eva Green. Pero antes de la proyección recibíamos como siempre a nuestra anfitriona colega Leticia Dolera, la imagen de marca del festival, una cachonda como pocas que en su “discurso” spoileó Gravity a traición y soltó perlas como que Maniac podría ser española porque sale Elijah Wood o que Eduardo Noriega (que estará en La Muestra) es famoso por Tesis, Abre los ojos… y un anuncio. También hubo hueco para los clásicos. No podía faltar la rima favorita de Leticia: “Canino” “Pa tu culo mi pepino”, que yo creo que podríamos patentar ya como el slogan oficial de La Muestra.

Una cosa que ha quedado clara en lo que llevamos de 11ª Muestra es la huella que dejó en el público la edición del año pasado. No han faltado menciones a Huevón (nuestro personaje favorito de Dead Sushi) ni tampoco los aplausos a la luna, práctica ya arraigada que viene de la absurda y enloquecida proyección de Boneboys, película con un incontable número de planos de transición que mostraban la luna llena, y que nos hizo percatarnos después de la enorme cantidad de veces que se recurre al mismo plano en el cine fantástico. Porque la gente que va a La Muestra va con ganas de vivir una experiencia interactiva, de hablar con Leticia, por Twitter o a grito pelao, de hacer reír al resto de la sala con sus comentarios (aunque algunos se podían callar un rato, la verdad), de expresar su pasión incontenida por Nicolas Cage cada vez que aparece en la cortinilla del canal SyFy, de celebrar lo que les gusta y abuchear lo que no. Por eso cuando Dolera mencionó Snowpiercer, Callao se vino abajo, porque era la película más esperada de La Muestra, y una de las cintas de ciencia ficción más deseadas por los aficionados al género.

Tras la primera noche daban comienzo, el viernes 7 a las 15:45, las jornadas maratonianas de La Muestra. El primer día pudimos ver cinco películas, diez horas seguidas de cine fantástico que dieron para mucho. A continuación os cuento lo que vimos:

Maniac-2012-PosterManiac (Franck Khalfoun, Estados Unidos, Francia, 2012)

Mucha expectación había alrededor de Maniac, remake de la película de 1980 dirigida por William Lustig, que además ejerce como productor en la nueva versión, y protagonizada por el abogado de la causa fantástica Elijah Wood. Maniac es un cuento perturbado, con un aire inconfundible a giallo y a grindhouse, narrado en primera persona, y protagonizado por un asesino en serie con mommy issues que haría tener sueños húmedos a Freud. Lo más llamativo de Maniac es que está rodada casi íntegramente desde el punto de vista del asesino -solo vemos a Wood cuando este se ve reflejado en un espejo u otra superficie, o un par de veces que Khalfoun decide saltarse la regla aleatoriamente. Esto refuerza el realismo de las imágenes, haciendo que los asesinatos resulten más crudos, casi documentales, pero sobre todo obliga al espectador a ponerse literalmente en la piel del asesino, que es de lo que se trata. Obviando agujeros en la historia y diálogos acartonados (o quizás gracias a ellos), Maniac es por lo general una experiencia satisfactoriamente inquietante y desconcertante, co-escrita, por cierto, por Alexandre Aja (Alta tensión, Las colinas tienen ojos). [Podéis leer la crítica de Maniac por David Lastra aquí]

Frankensteins-ArmyFrankenstein’s Army (Richard Raaphorst, Países Bajos, EEUU, República Checa, 2013)

Desbarrada cinta bélico-fantástica rodada al estilo de las found-footage tipo Bruja de Blair, sobre un grupo de soldados de la Unión Soviética que se adentran en la Alemania nazi cerca del final de la Segunda Guerra Mundial. Allí encuentran una antigua fábrica llena de grotescas criaturas mitad cadáver, mitad robot (según los créditos “zombots”), diseñadas para la batalla por un tal Doctor Frankenstein. Frankenstein’s Army supone todo un despliegue de imaginación, sobre todo en lo que respecta a los alocados diseños de los zombots, a medio camino entre el steampunk y los enemigos de los Power Rangers, y al igual que Maniac, propone una experiencia en primera persona, que en esta ocasión se asemeja más a un videojuego survival horror/shoot’em up. Acompañamos a los soldados por los macabros pasillos y recovecos ocultos de la fábrica (excelente ambientación de pesadilla), donde nos vamos topando con los enemigos a la vuelta de cada esquina, hasta que llegamos al jefe final, un Doctor Frankenstein que nos da un par de grandes momentos (ese cerebro mitad nazi, mitad rojo), pero que también da paso a un desenlace alargado y pesado hasta la extenuación.

We-Are-What-We-Are-PosterWe Are What We Are (Jim Mickle, Estados Unidos, 2013)

Melodrama de terror del director de Vampiros del hampa, sobre una reservada familia que se reafirma en la práctica de su fe y sus costumbres ancestrales tras la muerte de la madre. Ante la ausencia de la figura materna, son las hermanas mayores, Iris y Rose, las que asumen las responsabilidades del hogar de los Parker. Y estas responsabilidades van mucho más allá del cuidado de su hermano pequeño o atender a las necesidades de su desequilibrado padre. Se extienden hacia el sótano, donde guardan el secreto sobre su familia. El extraño comportamiento de los Parker llama la atención de la policía local, que inicia una investigación al respecto, y que, por supuesto, nos destapa la horrible verdad sobre la familia. We Are What We Are es un cuento de terror gótico, según el propio director inspirado en el cine de Michael Haneke y el terror japonés. Efectivamente, el ritmo pausado y la tensión psicológica dominan casi todo el metraje, hasta que llegamos al psicótico clímax. El secreto sale a la luz (mucho más tarde de lo que debería), los Parker revelan su verdadero rostro y la película concluye con un frenético baño de sangre que ayer desató las carcajadas más fuertes de La Muestra.

snowpiercer-international-posterSnowpiercer (Joon-ho Bong, Corea del Sur, EEUU, Francia, República Checa, 2013)

Como decía, Snowpiercer era la película más esperada de La Muestra de este año. Y no decepcionó. Quizás puede echársele en cara una excesiva duración (no, si al final los Weinstein van a tener razón en lo de querer cercenarla un poco), que hace que se resienta sobre todo en su excesivamente alargado clímax. Por muy necesarias que sean todas esas reflexiones para dotar de sentido completo a la película, acaban lastrando el ritmo. En fin, algo perdonable en cualquier caso, porque Snowpiercer es una obra magna, increíblemente ambiciosa y arriesgada, llena de aciertos. El film, deudor del Terry Gilliam de Brazil y 12 monos, propone un fascinante microcosmos sociopolítico condensado y estratificado en los vagones de un tren permanentemente en marcha que contiene a los únicos supervivientes de la raza humana tras una glaciación provocada por el hombre. Joon-ho Bong, aclamado director de The Host y Memories of Murder, levanta a partir del cómic de Jacques Lob, Jean-Marc Rochette y Benjamin Legrand un universo increíblemente rico en detalles, y dispone las capas de la sociedad de clases como Metrópolis de Fritz Lang, pero de manera horizontal en lugar de vertical. El levantamiento de la tripulación de la cola, la capa más baja de la sociedad del Rompenieves, liderados por Chris Evans, nos conduce a lo largo del tren, vagón a vagón, a base de acción de primera, afiladísima sátira y sentido del humor, en una apasionante lucha de clases y hacia el declive de la raza humana. Snowpiercer es por tanto ciencia ficción distópica en su forma más perfecta.

11ª Muestra SyFy de Cine Fantástico: Inauguración – 300: El origen de un imperio (crítica)
11ª Muestra SyFy de Cine Fantástico: Primera jornada (Viernes)
Crítica extendida de Maniac por David Lastra
11ª Muestra SyFy de Cine Fantástico: Segunda jornada (Sábado)

Crítica: Maniac

Maniac Elijah Wood

Texto escrito por David Lastra

Maniac corre el peligro de convertirse en un nuevo Drive. Aplausos por su factura visual, palos por su tópico argumento. Aceptaré en todo momento que el guión de Alexandre Aja y Grégory Levasseur no sea el más imaginativo que hayamos visto sobre maniacos (como tampoco lo era el de Hossein Amini), pero su fórmula funciona a la perfección, no dejando al espectador escapar de la narración en ningún momento (en este aspecto, ayuda también que se ciña a la hora y media de metraje y no se dedique a deambular y alargarse hasta las dos horas de rigor de sus coetáneas).

Frank, nuestro protagonista, se mueve en un mundo opresivo, lleno de neones y suciedad plástica. Un mundo en el que la restauración Maniac (2012) Posterde un maniquí importa más que la vida de una persona (no hagan caso a esta frase tan tramposa, que parece un tagline). Para construír este remake, el director Franck Khalfoun remite directamente a dos de los mayores referentes visuales de lo siniestramente bello: Nicolas Winding Refn y Gaspar Noé.

Que la imagen del film bebe directamente de la obra del director de Drive es algo indudable y tampoco lo oculta en ningún momento. Si acaso, esta similitud con la cinta de Winding Refn se ve no solo confirmada, sino magnificada, gracias a la banda sonora de Rob y a la parca interpretación de Elijah Wood, los Cliff Martínez y Ryan Gosling de esta cinta. Si acaso, Maniac va un paso más allá en cuanto a las escenas violentas, mucho más realistas y explícitas.

Uno de los mayores aciertos del film es el uso de la cámara en primera persona. Es en ese momento en el que el fantasma de Gaspar Noé sale a pasear (Rémy Belvaux, tu “C’est arrivé près de chez vou” no merece ni ser citada). Esta elección hace que nos metamos en la piel de Frank. Más bien en sus zapatos, que no en su cabeza. Vamos a ser testigos de todos y cada uno de sus actos, pero no vamos a saber muy bien lo que piensa o las razones que tiene para actuar de esa manera tan despiadada. La información nos viene dosificada a través de flashbacks en forma de visiones (si acaso esta explicación del génesis de nuestro asesino es lo único innecesario del film).

A destacar la bonita referencia a El silencio de los corderos con “Good-bye Horses” y el guiño a Les yeux sans visage.

Valoración: ★★★★½

Maniac no ha sido estrenada comercialmente en España, pero puede verse el 7 de marzo a las 15:45 en La Muestra SyFy de Cine Fantástico de Madrid (Cines Callao).

11ª Muestra SyFy de Cine Fantástico: Inauguración – 300: El origen de un imperio (crítica)
11ª Muestra SyFy de Cine Fantástico: Primera jornada (Viernes)
Crítica extendida de Maniac por David Lastra
11ª Muestra SyFy de Cine Fantástico: Segunda jornada (Sábado)

Crítica: 300 – El origen de un imperio

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Sumándose a la larga lista de segundas partes que nadie pidió llega 300: El origen de un imperio (300: Rise of an Empire), tras una serie de problemas de producción que han resultado en un retraso tras otro y en la consiguiente falta de interés y desconfianza en el producto. El origen de un imperio no es ni secuela ni precuela, sino ambas cosas a la vez, lo que se denomina una “side-prequel“. Es decir, los acontecimientos de esta nueva película abarcan desde antes de los que se narran en 300 (Zack Snyder, 2006) y se extienden más allá de ella, sincronizándose con las desventuras del Rey Leónidas y su ejército a mitad del metraje.

El origen de un imperio está basada en la aún inédita novela gráfica Xerxes, también de Frank Miller (que ha trabajado en ella simultáneamente a la producción de la película). En ella se profundiza (es un decir) en la figura del rey dios Jerjes (Rodrigo Santoro) con su origin story, y se nos presenta a Artemisia, comandante de la armada persa interpretada por Eva Green. La acción se traslada esta vez al mar, donde tiene lugar la cruenta batalla entre el ejército griego, liderado por el general Temístocles, que lucha por la unificación de Grecia, y el persa, capitaneado por Artemisia, griega aliada con los persas por un juramento de venganza contra su pueblo.

300 El origen de un imperioAunque estaba previsto que Zack Snyder se encargase de la realización, su compromiso con El hombre de acero le obligó a delegar. El elegido para ocupar su lugar en la silla del director fue el desconocido e inexperto Noam Murro, mientras que Snyder permaneció en el proyecto como productor ejecutivo. No cabe duda de que Murro fue contratado para desempeñar una función meramente instrumental en la producción, puesto que el resultado conserva el inconfundible (y paradójicamente impersonal) estilo visual del director de Sucker Punch. El origen de un imperio es efectivamente una película de Snyder hecha por otro. No falta ninguno de los elementos de los que el director se ha adueñado: esa confusa hiper-saturación digital (llega un momento en que uno no sabe qué está viendo), la ultra-violencia pornográfica que ya nos deja indiferentes, los voluptuosos físicos que son tan de mentira como los cromas sobre los que se mueven, los discursos y diálogos de grandilocuencia infinita, la dichosa cámara lenta -el film duraba en realidad 25 minutos, pero al añadir el slow motion subió a 102- que tanto ha influido en el péplum actual (Spartacus, Hércules). Y en definitiva, su ineptitud para contar una historia que vaya más allá de la superficie.

En lo que sí se distancia El origen de un imperio de su predecesora es en su héroe protagonista. El carismático Leónidas (Gerard Butler) hace hueco a Temístocles, personaje plano donde los haya interpretado por el insípido australiano Sullivan Stapleton. Por suerte, esto se ve compensado por la fuerte presencia escénica de Eva Green como su archinémesis Artemisia, una de las pocas razones que justifican la existencia de esta película -la otra sería ver a Lena Headey poniendo cara de Lena Headey todo el rato. Green, exagerada e intensa, la única que parece esforzarse un poco en dar credibilidad al proyecto, aporta algo de girl power (tal y como lo entiende Snyder, claro), en contrapunto a la abundancia de testosterona de la franquicia, y proporciona un par de escenas memorables (ese beso), blandiendo la espada y otras cosas (lo dicho, lo que Snyder entiende por “mujeres al poder”). El origen del imperio no escatima en espectacularidad, sobre todo en sus impresionantes secuencias de batalla en el mar, pero es decididamente más camp que la primera 300, lo cual aumenta ligeramente la posibilidad de disfrutar de su monocromática ridiculez, sus fuentes de sangre digital y su muertes a lo Viernes 13 si uno se la toma como la desbarrada tomadura de pelo que es.

Valoración: ★★

10ª Muestra SyFy de Cine Fantástico: Tercera y última jornada

La 10ª Muestra SyFy de Cine Fantástico llega a su fin en Madrid con un domingo cargado de proyecciones clásicas. Solo fueron dos los largometrajes de estreno. Por la mañana, La Muestra ofrecía El mago de Oz (The Wizard of Oz, Victor Fleming, 1939) con acceso libre. La tarde comenzaba con la sesión continua Alien (Ridley Scott, 1979) y Desafío Total (Total Recall, Paul Verhoeven, 1990), dentro del Phenomena Experience.

Leticia Dolera cedió el micrófono a Nacho Cerdá, creador del evento que recupera películas míticas de las décadas de los 70, 80 y 90, que nos prometió que se estaba haciendo todo lo posible por traer el Phenomena a Madrid de manera fija y con periodicidad mensual. La oportunidad de ver clásicos del cine de la talla de Alien, Desafío total, La princesa prometida o Dentro del Laberinto en pantalla grande es de agradecer eternamente por la generación de la nostalgia (que está llenando, con gusto, las arcas de Cerdá). Nada que decir sobre los pases de las cintas de Scott y Verhoeven, solo que han aguantado el tiempo mejor que muchas películas de hace 5 años. También estuvieron en el escenario el director y los actores del corto español Horizonte, que se proyectó a lo largo de la jornada.

Dolera se despidió del público de La Muestra celebrando el frikismo en la sala y en el mundo una vez más, y se marchó, no sin antes incidir en su amor a las palabras malsonantes (que con su voz suenan a gloria) y hacer de encargada de objetos perdidos (en esta ocasión un paraguas). Bravo por la chica de los patines de Al salir de clase, y hasta el año que viene (esperamos). Ahora las reseñas de las dos (olvidables) películas que pudimos ver después del Phenomena:

Cockneys vs. Zombies (Matthias Hoene, Gran Bretaña, 2012)

Siguiendo la alargada estela del clásico moderno de culto Shaun of the Dead (en España Zombies Party), Matthias Hoene nos propone la enésima revisión en clave de parodia british del género zombi. Cockneys vs. Zombies es una historia semi-reivindicativa sobre un grupo de adolescentes que atracan un banco para salvar el asilo de sus abuelos, pero se encuentran con más obstáculos de los que creían: principalmente una plaga de no-muertos en las calles de Londres. Hoene toma todos los clichés del género y los amasa en un producto que, a pesar de varios golpes de humor efectivos, resulta perezoso e insulso. La película se mueve por inercia, repitiendo los chistes y situaciones que ya hemos visto en muchas otras películas de este tipo, y nos hace pensar que el género se está agotando peligrosamente. Va siendo hora de dejar al mundo descansar de los zombis durante un tiempo, a menos que a alguien se le ocurra algo para revitalizarlo o desmontarlo: Goddard, Whedon, ¿no os interesa?

Horizonte (Aitor Uribarri, España, 2012) / El último exorcismo 2 (The Last Exorcism Part II, Ed Gass-Donnelly, Estados Unidos, 2013)

Horizonte es un corto muy largo (qué pasa, ¿que en España no sabemos hacer cortos de 8 minutos) sobre una España post-apocalíptica en la que existen seres monstruosos que solo salen de noche (suerte de Übervamps de Buffy). Uribarri se pasa por el forro las reglas del cortometraje, elaborando lo que en su cabeza era claramente un largo, y demostrando una enorme torpeza a la hora de condensar su historia en 20 minutos. Desdibujado, sobredramático e infantil, Horizonte solo se salva en el aspecto técnico.

El último exorcismo 2 es la innecesaria secuela del éxito de 2010 El último exorcismo (The Last Exorcism, Daniel Stamm). Regresa Ashley Bell (la Anna Faris de saldo, imaginaos) como Nell Sweetzer, que tras los eventos de la primera película intenta llevar a cabo una nueva vida alejada del mal. Sin embargo, el demonio que la atormentó regresa, enamorado de ella (quizás la única buena idea de la película), y con la intención de penetrar en su cuerpo una vez más. El último exorcismo 2 -que a ratos es más bien Scary Movie 7– nos muestra los progresos de Nell en una residencia para jóvenes descarriadas, salteados con trilladísimas escenas de misterio y sustos de manual basados en el golpe de música estruendoso o la aparición de un personaje de imprevisto que dice “hola” y ya está. Por no hablar de que las escenas más interesantes ocurren fuera de plano -mientras el demonio mata, nosotros vemos ventanas y neumáticos de coches, qué bien-, seguramente para conseguir la calificación PG-13 (un gran abucheo a esta vergonzosa ausencia de riesgo). El clímax, único momento en el que empieza a ocurrir algo de verdad, acaba siendo un exorcismus interruptus. El insulto final es un desenlace que no se puede considerar tal, que deja la “acción” en suspenso y a nosotros con la sensación de haber perdido dos horas de nuestras vidas. Y no me hagáis hablar del título, ¿se puede añadir un “2” a “El último exorcismo”? En la primera se refería al último que llevaba a cabo el cura. Pero en la segunda, ¿qué sentido tiene? Aunque tenga fácil explicación, no deja de ser desafortunado. Un desastre absoluto se mire por donde se mire.

10ª Muestra SyFy de Cine Fantástico: Segunda Jornada

El segundo día de La Muestra -tercero si contamos el preestreno de Oz– nos dejó ver cinco caras muy distintas del género fantástico. Una película de animación, un cuento de fantasmas, un sci-fi experimental, un clásico moderno de terror y una locura de las que solo saben y pueden hacer los nipones. Entre película y película, Leticia Dolera volvió a amenizarnos la espera con su natural y cercana presencia y sus bellísimas rimas consontantes– y también con una mayor interacción con el público, al que lanzó chocolatinas Twix con fuerza sobrehumana antes de la proyección de Twixt. También hubo tiempo para la denuncia (de soslayo) a la piratería, y para una historia de amor, la de una pareja cuya primera cita dependía de conseguir entradas para The Cabin in the Woods. Alguien en el público gritó en un momento de la noche “¿Pero esto no es un festival de cine?” A lo que Dolera respondió exltada: “¡¡Esto es un festival del amor!!” Y tenía toda la razón, ¿no es verdad? Bueno, paso a reseñaros las películas que pudimos ver ayer en La Muestra:

Wolf Children (Ôkami Kodomo no Ame to Yuki, Mamoru Hosoda, Japón, 2012)

Preciosa fábula licántropa sobre una madre humana que debe afrontar sola la educación de sus dos lobatos. Wolf Children es un cuento enternecedor y devastador a partes iguales que nos narra las dificultades de la joven Hana para criar a sus dos niños, Ami y Yuki, y el viaje de ellos dos hacia la maduración y la independencia. El camino de Ami y Yuki en busca de su propia identidad está lleno de sorpresas, alegrías y decepciones, y Mamoru Hosoda (La chica que saltaba a través del tiempo) nos lo muestra a través de imágenes preciosistas en un relato íntimo y costumbrista que se apoya en la belleza y el reto que supone el día a día. A ratos, Wolf Children parece una respuesta directa a las películas del estudio Ghibli. Pero por mucho que esperemos una aparición estelar de Totoro en la casa de campo de esta singular familia, nunca llegará. Sin embargo, el Estudio Chizu logra conmover y sorprender al espectador con un estilo propio, y la historia de Hana, Ami y Yuki resulta personal y universal a partes iguales. Un triunfo del anime que ningún aficionado debe perderse.

Twixt (Francis Ford Coppola, Estados Unidos, 2011)

Parece mentira que el director de las dos primeras partes de El padrino sea capaz de perpetrar una película que parece concebida por el más perezoso y alelado de los productores televisivos y ejecutada por un grupo de estudiantes de primero de Comunicación. Con Twixt, Francis Ford Coppola propone una historia mil veces contada sobre un escritor que viaja a un pueblo misterioso donde encontrará la inspiración para su próxima novela de misterio. Las referencias directas a Stephen King se usan como (inservible) escudo protector y Edgar Allan Poe (qué pesados con Poe todos, siempre) tiene reservado un papel en la película, como guía onírico de este novelista interpretado por un Val Kilmer que no se decide por la seriedad o la autoparodia en ningún momento. Twixt no es una TV Movie de HBO (eso sería un insulto a la cadena), es más bien una de Lifetime (y no estoy seguro de si no sería un insulto para ella también). Resulta especialmente descorazonador comprobar cómo un director reputado que ha aportado algunas de las películas más importantes a la historia del cine tira su carrera por el retrete con un despropósito como este.

Antiviral (Brandon Cronenberg, Canadá/Estados Unidos, 2012)

Esperado debut en el largometraje del hijísimo de David Cronenberg. Brandon comparte con su padre la sensibilidad artística y la misma visión deshumanizada del mundo y la sociedad. Con Antiviral propone una especie de resurrección (que nadie ha pedido) de la Nueva Carne, una suerte de Nueva-nueva carne que se antoja algo anticuada en sus postulados. A pesar de que el sentido de la estética y la planificación de Cronenberg Jr. es sublime, la aturullada historia que nos cuenta acaba por truncar toda posibilidad de transgresión o impacto verdadero. Brandon pretende hacernos reflexionar sobre nuestra sociedad consumista y mitómana, la sobreexposición de las celebridades, y por ende, sobre nuestras vacías existencias. Lo hace con una historia que elabora metáforas tan evidentes como una carne sintética a partir del ADN de los famosos, que podemos adquirir para comer en casa. El mensaje es tan insultantemente condescendiente que impide que las poderosas imágenes que nos presenta Cronenberg acaben teniendo el impacto deseado.

Voiceover (Martín Rosete, España, 2011) / The Cabin in the Woods (Drew Goddard, Estados Unidos, 2011)

El corto español Voiceover nos propone un curioso relato al estilo Elige tu propia aventura en el que una voz en off (en fancés) nos narra el clímax de tres historias , la de un astronauta, un soldado y un náufrago, en las que el protagonista está a punto de perecer intentando llevar a cabo una hazaña.

El componente metanarrativo de Voiceover ejerce de adecuada antesala a The Cabin in the Woods, filme de terror que desarma los mecanismos argumentales del género en un astuto ejercicio de deconstrucción narrativa. La historia detrás de la película dirigida por Drew Goddard, y co-escrita por Joss Whedon, es conocida por todos. El periplo de los autores para llevarla a la gran pantalla no es nada comparado con lo que el fan español ha tenido que aguantar. Su estreno en salas se canceló para pasar directamente al mercado doméstico. Otoño de 2012 era la fecha para que la película fuera editada en DVD en España, pero su distribuidora aplazó indefinidamente el lanzamiento, en teoría, por culpa de la piratería. Desde aquí hago un (otro) llamamiento a la casa que posee los derechos de The Cabin in the Woods: si lo de ayer en los cines Callao fue indicio alguno, deberíais tener ya claro que la gente está dispuesta a pagar por ella, y que su estatus (inmediato) de película de culto garantiza el interés del consumidor que más os conviene contentar. La gente pide a gritos (ayer en La Muestra literalmente) la distribución oficial de The Cabin in the Woods en España. La culpa de que nos la hayamos descargado todos es vuestra. Ahora compensadlo permitiéndonos que podamos añadirla a nuestra videoteca. Polémicas aparte, para muchos The Cabin in the Woods supone la revitalización y reinvención del género. Para mí, La cabaña en el bosque es un sólido entretenimiento con momentos de auténtica lucidez que articula a la perfección lo que el espectador, cada vez más ducho y preparado, siente al ver el tipo de películas que esta parodia/homenajea/comenta. Pero no cuento más. Próximamente crítica completa en fuertecito no ve la tele.

Dead Sushi (Deddo sushi, Noboru Iguchi, Japón, 2012)

Y si Boneboys el día anterior nos dejaba a todos con la mandíbula desencajada, Dead Sushi hace que se nos caiga al suelo, pero esta vez no solo por no creer lo que se está viendo (que también), sino de la risa. Anoche, la carcajada colectiva y continua de los cines Callao debía resonar en todo Madrid. Dead Sushi es la búsqueda constante del absurdo más enloquecido y camp. Ninguna sinopsis será capaz de capturar lo que la película de Noboru Iguchi supone. Digamos que si el primer acto de la película desató el desenfreno de los asistentes a La Muestra, que no dejaron (dejamos) de reír un solo minuto seguido, imaginaos cuando por fin aparece el sushi asesino volador. Muerte por ataque de risa. Dead Sushi es físicamente agotadora. No hay descanso para el espectador, no hay escena que no suponga un WTF antológico, no sabemos exactamente lo que vimos, pero da igual. ¡Te queremos, Huevón!

10ª Muestra SyFy de Cine Fantástico: Primera jornada

Un día después del preestreno oficial en Callao de Oz, un mundo de fantasía (Oz: The Great and Powerful, Sam Raimi, 2013) –aquí podéis leer mi crítica-, la 10ª Muestra SyFy de Cine Fantástico inicia su primera jornada maratoniana de películas fantásticas, de ciencia ficción y de terror. La anfitriona de este año ha sido “un monstruo de dos cabezas”. Macarena Gómez sustituyó el jueves 7 a Leticia Dolera en las labores de presentación de la Muestra, con una respuesta más bien negativa por parte del público en la sala -claro que la respuesta a Oz más tarde fue peor. Una desubicada Macarena, que se saltó el guion en pos de una improvisación que hizo taparse la cara a más de uno -y mira que el público de #LaMuestra absorbe la vergüenza ajena con más temple que el público “normal”- se midió en aplausos con la que ha sido casi todos los años la reina del festival, y lógicamente, salió perdiendo.

El viernes 8 de marzo Dolera acudía al rescate, y la cosa mejoraba considerablemente. Juntas hicieron pasar un buen rato lleno de aseveraciones tan elegantes y reivindicativas como “A [REC]3 le dieron ocho Goyas como ocho pollas“. Con esta frase, Dolera incitaba una protesta en contra de la Academia de las Artes y las Ciencias Cinematográficas de España, que suele ignorar el cine de género en sus nominaciones a los rancios premios Goya. Entre poesía (“Canino: pa tu culo mi pepino”), objetos perdidos (Dolera aprovechó una de las presentaciones para buscar al dueño de un ticket de parking perdido) y la visita de Eduardo Casanova y Ana Polvorosa -que venían a presentar el corto Amor de madre, transcurrió un completo primer día de #LaMuestra. Desde las 17:00 hasta las 2 de la madrugada pudimos ver cuatro películas y un cortometraje que os comento a continuación:

Kenshin, el guerrero samurái (Rurôni Kenshin: Meiji kenkaku roman tan, Keishi Ohtomo, Japón, 2012)

Fiel adaptación del popular manga de Nobuhiro Watsuki, que gozó en los 90 de un gran éxito mundial, durante la época dorada del cómic japonés. En España alcanzó una gran popularidad sobre todo gracias a su versión anime. En esta ocasión, la historia del menudo y afeminado vagabundo samurái cobra vida a través de personajes en carne y hueso y el tratamiento de superproducción nipona. Sin embargo, Kenshin, el guerrero samurái es una película de dos horas y media que trata de condensar el mayor número posible de elementos del manga, y falla por no esforzarse un poco más en la historia que se cuenta (que se puede resumir con el insistente y simplón mensaje “matar no está bien”). Gustará a aficionados del cine moderno de samuráis, y por supuesto a los fans del manga y el anime en el que se basa, que encontrarán sin duda una gran satisfacción en ir reconociendo a sus personajes y tramas a lo largo del metraje. Claro que su ritmo exasperante y su constante divagación narrativa pueden hacer que hasta el más fan de Rurouni Kenshin pierda el interés continuamente. Si se busca un buen filme de samuráis contemporáneo, acúdase mejor a Takashi Miike.

Grabbers (Jon Wright, Irlanda, 2012)

Wright nos propone un homenaje a las películas ochenteras de invasión extraterrestre y bichos asesinos con una historia sobre una especie de seres alienígenas (anos gigantes con tentáculos) que llegan a un pueblo costero irlandés sedientos de sangre. Dos policías se encargarán de librar a los habitantes de la plaga que los acecha con la ayuda de un gran descubrimiento: la kryptonita de los grabbers (trincadores en su versión subtitulada) es el alcohol. Imaginad, irlandeses borrachos contra alienígenas asesinos. El resultado está a la altura de la propuesta (a pesar de un inicio preocupantemente soso), y Grabbers divierte y hace reír gracias a magníficos gags y el buen hacer de los intérpretes. En la línea de Attack the Block (Joe Cornish, 2011), la película de Wright da la sensación de no tomarse nunca en serio, pero en el fondo sabemos que estamos viendo algo más que un subproducto: Grabbers tiene momentos de auténtica inspiración cómica. A destacar la química de la pareja protagonista –Richard Coyle y una esplendorosa Ruth Bradley-, y la participación del siempre eficaz, siempre entrañable, Russel Tovey (Doctor Who, Him & Her y casi cualquier serie británica de los últimos 7 años). Por cierto, mirad el póster. Toda una declaración de intenciones, ¿verdad?

Amor de madre (Eduardo Casanova, España, 2013) / Boneboys (Duane Graves, Justin Meeks, Estados Unidos, 2012)

El cortometraje Amor de madre, dirigido por Eduardo Casanova y protagonizado por su amiga y compañera de reparto en Aída, Ana Polvorosa, es según palabras de su director, un melodrama trágico. Casanova debuta como director con un corto demasiado largo en el que se ponen de manifiesto todos los defectos del principiante, de los que el más irritante es la insistencia por que el espectador (re)conozca los referentes del realizador. Casanova nos dijo que le encantaría que el público jalease durante la película, “como en Cecil B. Demente. Pero lo que hizo el público fue resoplar, dormirse, y en última instancia gritar “¡vaya truño!” Pues eso, un desastre. Ah, y salen zombis. No sabemos por qué.

Nadie podía esperar lo que se nos venía encima a continuación con Boneboys, de la mano de Kim Henkel, productor y guionista de La matanza de Texas, sus secuelas y otras películas de terror parecidas. Cuando Boneboys comienza uno sabe que va a ver la clásica historia de adolescentes extraviados (en Texas, cómo no) que se convierten en víctimas de sádicos asesinos. La misma película de siempre, vamos. Y esto es cierto hasta que Boneboys abandona toda lógica cinematográfica y humana y se entrega por completo a la demencia más indescriptible (el torture porn es lo de menos). En serio, no es posible articular en palabras la locura que es esta película. Boneboys es básicamente otro remake de La matanza de Texas, pero con el absurdo, el bizarrismo y el exceso elevado a la millonésima potencia, un “¿QUÉ COÑO ES ESTO?” constante del que es mejor no saber nada antes de adentrarse en su mundo. Pero que no, no es posible describirlo, no lo es. Hay que verla para creerla. O para no creerla.

John Dies at the End (Don Coscarelli, Estados Unidos, 2012)

La nueva película de Don Coscarelli (El señor de las bestias, Phantasma) está basada en una novela de terror publicada originalmente en Internet por Jason Pargin (con el pseudónico David Wong), y es básicamente un cómic de Vertigo en movimiento. Pero uno con gracia. John Dies at the End parece a ratos una versión alucinada de Supernatural, pero es esencialmente un viaje psicotrópico deudor de Hunter S. Thompson, y en su defecto, de David Cronenberg. La película amalgama con ingenio y un gran sentido del humor una apabullante cantidad de ideas y motivos propios de la serie Z. El ritmo desfallece en su tramo final, pero John Dies at the End se las arregla para permanecer imprevisible y estimulante la mayor parte del tiempo. La primera película en diez años de Coscarelli es un ejercicio evidentemente autoindulgente que no oculta su deseo de recibir la categoría de película de culto, pero que, intenciones del autor aparte, la merece.

Crítica: Oz, un mundo de fantasía

A mediados de los 80, Disney ya se sumergió en los mundos de L. Frank Baum con una demencial secuela del clásico El mago de Oz (The Wizard of Oz, Victor Fleming, 1939) titulada Oz, un mundo fantástico (Return to Oz, Walter Burch, 1985). Ahora se atreve con la historia de cómo Oscar Diggs llegó a la Ciudad Esmeralda para convertirse en el magnánimo y todopoderoso regente de Oz. Titulada casi idénticamente a la secuela protagonizada por Fairuza Falk -por cierto, Willy Wonka and the Chocolate Factory también se llamó Un mundo de fantasía en Latinoamérica y España-, Oz, un mundo de fantasía es la colorista y ultradigital visión de Oz que nos proponen Sam Raimi (Evil Dead) y Joe Roth (productor de la Alicia de Burton).

A los aficionados al cine de Raimi les alegrará comprobar que el realizador consigue que su sello personal se haga un pequeño hueco en la película. En Oz, un mundo de fantasía hay alguna que otra concesión al estilo que Raimi ha cultivado en sus películas de terror: la tensión expresada a base de zooms y ángulos propios de la serie B, la presencia (muy breve y camuflada) de su muso Bruce Campbell, y una clara voluntad por potenciar el aspecto terrorífico y grotesco de la historia, particularmente en su recta final. Pero no nos engañemos, el auteurismo que nos empeñamos en encontrar en Oz no es lo más destacable de la película, y por supuesto, no redime el fracaso artístico que acaba siendo. La identidad de Raimi se disuelve por completo en esta orgía de cromas y secuencias manufacturadas exclusivamente para el 3D que debería estar en Disneyland, y no en una sala de cine. Claro que lo peor de esta Oz no es su cualidad de atracción de parque temático, sino la absoluta desgana con la que se ha acometido la historia, y el triste desaprovechamiento de unos personajes que podrían haber dado mucho de sí.

La culpa también es de un reparto del que solo se salva -afortunadamente- el protagonista. James Franco es un verdadero acierto de casting. Su amplia sonrisa de bribón y sus ademanes chulescos pero infantiles lo convierten en el Oscar Diggs perfecto. Franco resulta creíble como el paso evolutivo inmediatamente anterior al Oz que todos conocemos. Pero su encanto no es suficiente para aguantar todo el peso de una película tan desbordantemente inconsistente. El relato también nos muestra los orígenes de tres de las brujas de Oz. Pero Mila Kunis, Rachel Weisz y Michelle Williams parecen competir encarnizadamente por el título de ‘peor interpretación de la película’. Sinceramente, me resulta imposible decantarme por una. ¿Una Kunis irritante dejando en evidencia sus desoladoras carencias como intérprete de drama, una Williams que se desplaza torpe y desganada frente la pantalla verde y que no se deshace de la misma mueca en toda la película o una Weisz que parece estar imitando a la Charlize Theron de Blancanieves y el cazador? Se mire por donde se mire, un auténtico desastre.

Oz, un mundo de fantasía es básicamente la misma película que Alicia en el País de las Maravillas de Tim Burton, con todo lo que ello conlleva. Ambas parecen pertenecer al mismo universo de trágicos cromas y desprenden ese acomodadizo sentido del espectáculo basado en la seguridad que proporciona el digital. Se salvan los personajes secundarios, impresionantemente animados, del mono volador y la niña de porcelana con daddy issues -el único gran personaje de la película, malgastado como todos. Sin embargo, la historia hace aguas en todo lo demás. El guion parece un primer borrador, con unos diálogos que transmiten la sensación de haberse conformado con lo primero que ha venido a la mente -porque lo importante es el despliegue visual y el plus por las gafas 3D- y una ineptitud alarmante a la hora de sorprender o transmitir cualquier tipo de emoción. No son suficiente reclamo los incesantes paralelismos con la película de 1939, es necesario construir un relato con entidad propia, y Oz, un mundo de fantasía no lo hace. Escudándose constantemente en dos leit motifs -“con fe todo es posible” y “más vale ingenio que magia”– la película de Raimi elabora un mensaje que pone en duda continuamente los meros cimientos de su discurso. Oz, un mundo de fantasía celebra en última instancia el trampantojo, la ilusión, el encanto de la artesanía manual y la técnica, pero lo hace después de habernos llevado en un agotador y mareante viaje a través de un mundo en el que nada es verdad. Puede que la película nos esté pidiendo -o exigiendo- que asumamos que esta es la nueva magia del cine de Hollywood, e incluso sugiriendo que si Meliés existiera en nuestro presente, sería un mago de lo digital. Pero a mí me cuesta enormemente tener fe en este futuro del cine.