Crónica de la Muestra SYFY de Cine Fantástico 2020

Aquí estamos un año más, de resaca después de un fin de semana maratoniano de cine fantástico. La Muestra SYFY, que ha celebrado este año su 17ª edición, congrega de nuevo a miles de aficionados al cine en Madrid, que durante cuatro días (del 5 al 8 de marzo) se convierte en una fiesta del cine de género. Fantasía, terror, ciencia ficción, acción y thriller en una selección de títulos, como siempre, muy variados.

La Muestra, presentada como siempre por la actriz y directora Leticia Dolera, comenzó el jueves con la premiere de Onward, la nueva cinta de Pixar, que este año ha decidido dejar descansar sus franquicias para volver a ofrecernos algo original, una aventura juvenil en homenaje al rol y la fantasía épica (podéis leer nuestra crítica aquí). La película animada inauguró un fin de semana en el que volvimos a comprobar lo fértil, diverso e internacional que es el género fantástico.

Invasiones extraterrestres, asesinos en serie, anime, cine de yakuzas, thriller social, posesiones infernales, viajes en el tiempo, zombies, cocodrilos y una fijación extraña por los perros… Con sus más y sus menos, como siempre, la programación de la Muestra este año nos ha dejado bastantes películas para el recuerdo, incluyendo la nueva ida de olla de Nicolas Cage, Color Out of Space y el regreso de Takashi Miike (Audition). También hubo hueco para celebrar los clásicos con la proyección especial de Regreso al futuro en su 35º aniversario. Y además, los más jóvenes (aunque no solo ellos) pudieron disfrutar del preestreno de la genial Trolls 2: Gira Mundial, dos semanas antes de su llegada a salas comerciales.

Sin más, os dejamos con nuestra opinión sobre todas las películas que vimos en la Muestra SYFY (menos la de clausura, Brahms. The Boy 2, que debido a problemas técnicos no se pudo proyectar en la sala 1). Tomad nota, porque algunas de ellas llegarán pronto a nuestras salas.

VIERNES

The Pool (Ping Lumpraploengm 2018)

Es fácil imaginarse lo que nos vamos a encontrar en una película tailandesa cuyos principales elementos son dos personas atrapadas en una piscina con un cocodrilo asesino durante 7 días, pero nada te puede preparar para el absurdo de The Pool. Al protagonista deben haberle echado mil maldiciones porque su mala suerte llega a ser surrealista. Además, a su compañera le han echado el mismo mal de ojo, aunque ella por lo menos es inmortal. Las situaciones en las que los personajes se encuentran y cómo se las ingenian para sobrevivir e intentar escapar de la piscina son tan inverosímiles y guardan tan poca relación con cualquier realidad o lógica que no puedes creer lo que estás viendo. Pero es justo por eso, y el descaro de un guionista y director al que le da igual todo, que The Pool no aburre ni un segundo y nos tiene enganchados y entretenidos durante sus 91 minutos.

Blood Quantum (Jeff Barnaby, 2019)

Primera invasión zombie de la Muestra. Se han contado tantísimos apocalipsis zombies en el cine en general, y en esta Muestra en particular, que no es fácil sobresalir y llegar a hacer algo interesante en este subgénero. Esta película canadiense empieza bien, situándose en Red Crow, reserva india micmac en la que los muertos (humanos y animales) van volviendo a la vida. Como punto interesante, los nativos indígenas de la zona parecen ser los únicos inmunes a los ataques de los muertos vivientes. Pero el interés por la premisa no tarda en desvanecerse, y lo que podía haber sido algo diferente acaba siendo una película más sin nada que aportar al manido cine de no muertos. Además, peca de ponerse un tanto intensa y tomarse demasiado en serio a sí misma, por lo que pierde la baza de ser entretenida.

Synchronic (Justin Benson, Aaron Moorhead, 2019)

Dos paramédicos con una longeva historia de amistad encadenan noches de atender extraños sucesos relacionados con una nueva droga de diseño, en plena epidemia de opioides de Estados Unidos. Unos habituales de la Muestra, el tándem Justin Benson/Aaron Moorhead (Resolution, Spring), presentan una propuesta más ambiciosa en su filmografía con dos actores de Hollywood como Anthony Mackie (Falcon en el Universo Marvel) y Jamie Dornan (el objeto del deseo de la saga Cincuenta sombras de Grey) y una trama bastante enrevesada. La historia empieza de forma misteriosa y muy intensa (su inmersivo diseño de sonido y banda sonora ayudan mucho a entrar en la película), mostrando los brutales efectos de las drogas y sus devastadoras consecuencias. Hacia la mitad, el argumento da un giro para centrarse en el personaje de Mackie y se convierte en una cinta de viajes en el tiempo. Synchronic es como dos películas luchando por ser una, un thriller de misterio y una aventura sci-fi que no terminan de tomar forma definitiva. Aunque tiene buenos momentos y entretiene, su prometedor inicio se va desinflando hacia algo más común. A destacar el hecho de que la historia esté impulsada por la amistad entre dos hombres dañados que se demuestran cariño y comparten sus sentimientos, algo que no suele verse en el cine fantástico.

Bacurau (Juliano Dornelles, Kleber Mendonça Filho, 2019)

Bacurau es un pequeño pueblo de Brasil en el que todos sus vecinos se conocen. Unidos ante el azote del alcalde de la región, político corrupto que solo les trata bien cuando necesita sus votos, deben unirse incluso más cuando una amenaza exterior mucho más violenta empieza a hacer acto de presencia en el lugar. Y hasta ahí vamos a leer. Lo mejor es enfrentarse al visionado de esta película, que viene precedida de muy buenas críticas y de un Premio Especial del Jurado en Cannes, sabiendo lo mínimo sobre ella. Se trata de una experiencia única. Una brutal fábula con sangrante denuncia social, retorcido sentido del humor y un desarrollo muy marciano en el que gran parte del tiempo no sabemos lo que está pasando. Llena de personajes curiosos y con una catártica recta final de lo más impactante, Bacurau es una de las películas más memorables de la Muestra este año, un trabajo desconcertante, frustrante y fascinante a partes iguales en el que las piezas tardan en encajar, pero cuando lo hacen, te golpean fuerte.

Shed of the Dead (Drew Cullingham, 2019)

Con esta comedia de terror sobre un aficionado al rol que se encuentra en medio de un apocalipsis zombie llega la primera sesión golfa de la Muestra 2020. Para el final de la noche se suelen dejar las propuestas más locas y desenfadadas, películas de serie B con bajo presupuesto y espíritu cutre a los que les solemos pasar por alto muchas cosas porque no están para tomárselas en serio. Siempre que sean divertidas y nos hagan pasar un buen rato a los valientes que nos quedamos en el cine hasta la madrugada. Desafortunadamente, no es el caso de Shed of the Dead, que además de cutre, no puede tener menos gracia. Esta película está hecha desde la perspectiva de una persona totalmente ajena al mundo actual, con un omnipresente machismo que empapa el 100% del metraje y nos muestra el peor lado del cine friki. En el film las mujeres solo existen para ser dos cosas: la persona que corta las alas al hombre provocando su desprecio o un objeto sexual que básicamente es una vagina andante. Resulta curioso que esta película con tan mal gusto haya sido recibida como “una película mala, sin más”, pero el año pasado Nación salvaje levantara tanta indignación…

SÁBADO

Trolls 2: Gira mundial (Walt Dohrn, David P. Smith, 2020)

Pudo haber alguna que otra sorpresa en la Muestra, pero ninguna comparada la de Trolls 2 (no confundir con la infame Troll 2). Los adorables e hiperactivos personajes basados en el popular juguete de los 80 vuelven en esta segunda parte en la que descubren que no son únicos en su especie. Distintas razas de trolls viven alrededor del mundo, cada una de ellas definida por un género musical. Su paz se ve amenazada por una troll rockera que emprende una gira mundial para someter a todos los trolls a su dictadura musical: una nación unida bajo un solo tipo de música. Si la primera Trolls es una de las películas de animación recientes más infravaloradas, esta secuela supera todas las expectativas. Un explosivo derroche de color, imaginación y creatividad que cuida tanto el aspecto visual (los diseños son geniales y las texturas aterciopeladas increíbles) como su guion. Lejos de ser la típica secuela desganda para seguir exprimiendo el éxito de una franquicia, Trolls 2 se curra (y mucho) una historia muy inteligente que acaba siendo un manifiesto pop a favor de la diversidad, la unidad y la tolerancia. Rebosante de buenas ideas, con un humor inteligentemente absurdo, música sin fin, energía por un tubo (sigue siendo lo más cercano a un viaje de ácido que nos va a dar el cine de animación) y un finísimo análisis de los géneros musicales y su historia, Trolls 2 presenta una rara avis en el cine animado infantil, una secuela irresistible para los más pequeños que ningún adulto debería pasar por alto.

The Cleansing Hour (Damien LeVeck, 2019)

Con The Cleansing Hour Damien LeVeck convierte en largometraje su corto homónimo de 2016. Y no pudo haber tomado mejor decisión, porque el resultado es muy bueno. El título del film es también el nombre de un programa online de exorcismos en directo presentado por un falso cura y producido por el mejor amigo de este. Como es de esperar, la farsa acaba volviéndose real cuando durante una de las emisiones ocurre una posesión real, lo que obliga a los participantes a enfrentarse a su pasado y descubre a los espectadores que todo lo que han visto hasta ahora es un montaje. El cine de exorcismos es otro subgénero del terror bastante manido, pero The Cleansing Hour logra salir de la rutina gracias a un equipo que la eleva por encima de la media con una dirección solvente, unos efectos especiales y de maquillaje de primera categoría y un guion que consigue mantener la tensión de principio a fin centrándose en un solo caso y en un espacio limitado, y mostrando las repercusiones a través de Internet alrededor del mundo.

Rabid (Jen Soska, Sylvia Soska, 2019)

Curioso que en 2019 se haya hecho este remake de la película de David Cronenberg del mismo título con guion aprobado por el propio director. Esto es un arma de doble filo por las expectativas que puede crear, que en este caso no están a la altura. La premisa es la misma, una tímida mujer que tras un accidente se somete a una técnica experimental de cirugía plástica y desarrolla un gusto por la carne cruda y la sangre que se torna en epidemia de rabiosos asesinos. La película no explota su punto fuerte, que es mostrar la sangre y la (nueva) carne, y en lugar de eso centra su desarrollo en unas vacías y aburridas secuencias dramáticas en las que no parece que pase nada porque… no está pasando nada.

The Lodge (Severin Fiala, Veronika Franz, 2019)

Tras la trágica pérdida de su madre (Alicia Silverstone), dos hermanos se ven obligados a pasar los días antes de Navidad en una cabaña con la nueva novia de su padre (Riley Keough), aislados por una tormenta de nieve. A la tristeza de los niños se une el turbio pasado de su futura madrastra en una secta, lo que hará la estancia muy intensa y desagradable para todos. Tras la interesante Goodnight Mommy, sus directores saltan al inglés con esta historia de terror religioso cocido a fuego lento al más puro estilo europeo y con tintes de melodrama familiar. La tensión va en aumento durante todo el metraje con una sensación de frío y aislamiento muy lograda, perturbadoras secuencias oníricas y una locura que se va apoderando lentamente del relato hasta estallar en el clímax. Destaca una fantástica Riley Keough en su propia versión de El resplandor.

Color Out of Space (Richard Stanley, 2019)

Vuelve el equipo que nos trajo la delirante Mandy, esta vez con la adaptación de una historia corta de H. P. Lovecraft. En la inquietante Color Out of Space una familia que vive cerca de un bosque recibe en su jardín el impacto de un meteorito que está más vivo de lo que parece y ejerce en ellos una influencia que acabará convirtiendo sus vidas en una pesadilla. Lo que empieza como una película fantástica familiar al más puro estilo Spielberg, va tornándose en la más oscura y macabra de las pesadillas. Pero más allá de su violencia pesadillesca y su embriagadora psicodelia visual, lo que convierte Color Out of Space en una experiencia única es la sensación de amenaza indefinida que recorre la película, un invasor que se caracteriza únicamente como un “color” y que provoca un desconcierto absoluto. Esto, junto al progresivo deterioro de la familia (con un Nicolas Cage superándose en desquicio), alcanza unos niveles de perturbación y enajenación que los aficionados a la ciencia ficción terrorífica agradecerán.

Satanic Panic (Chelsea Stardust, 2019)

Cuando lo único destacable en una película es que no es tan mala como otra, hay un problema. La segunda y última sesión golfa de este año nos cuenta las desventuras de una repartidora de pizzas que se ve obligada a huir de una secta de ricachones satánicos (capitaneados nada menos que por Rebecca Romijn) que quieren usar su cuerpo virgen para invocar a un poderoso demonio. Donde Shed of the Dead tenía un chiste con gracia en toda la película, esta a lo mejor tenía cinco, y donde aquella eran 90 minutos de desagradable machismo, esta solo lo tiene durante una escena. El resto es más o menos lo mismo, humor muy poco inspirado y nada verdaderamente destacable más allá de la presencia de Romijn y Jerry O’Connell. Cuando una película empieza con un intento de violación mostrado en clave de comedia, mal vamos.

DOMINGO

Human Lost (Fuminori Kizaki, 2019)

Basado en una novela de Osamu Dazai, este anime de Fuminori Kizaki nos traslada a un Japón futuro en el que los médicos han quedado obsoletos gracias a que la poderosa organización S.H.E.L.L. ha conseguido la total salud de sus habitantes aumentando así la esperanza de vida a los 120 años. El director venía de realizar Bayonetta: Bloody Fate, película de animación basada en el videojuego de culto con una animación muy buena pero una historia muy deficiente. Aquí pasa lo mismo, ya que se alternan impresionantes escenas de acción con horriblemente confusas conversaciones que intentan continuamente que el espectador entienda el funcionamiento de esa sociedad futura, con intrincados diálogos y muchas siglas que no tienen sentido alguno y acaban por hacer desconectar totalmente.

Le daim (Quentin Dupieux, 2019)

El director Quentin Dupieux se ha ganado cierto nombre y culto con rarezas como Rubber, y sigue en el buen camino para convertirse en el representante francés de lo raro con esta comedia negra sobre un hombre no muy en sus cabales que se obsesiona (mucho) con su chaqueta de ante, hasta el punto de querer ser la única persona que lleve chaqueta en el mundo. Un punto de partida tan absurdo solo puede tener éxito si se desarrolla de la misma forma, y Le daim triunfa llevando el humor surrealista a un límite tremendamente disfrutable. Una propuesta excéntrica, atípica y original con un genial Jean Dujardin absolutamente genial y Àdele Haenel (Retrato de una mujer en llamas) sumando puntos para convertirse en una de nuestras actrices francesas favoritas. Otra de esas películas a las que es mejor adentrarse sabiendo muy poco.

First Love (Takashi Miike, 2019)

Hace tiempo que se nos viene vendiendo esta película como una vuelta a la forma del prolífico director japonés Takashi Miike, después de pasar demasiados años centrándose en adaptaciones live-action de mangas y animes sin demasiado interés. Y afortunadamente, sus fans podemos respirar tranquilos: Miike ha vuelto y es de verdad. Leo, un joven boxeador que cree que le queda poco tiempo de vida, se ve mezclado en una trama de tráfico de drogas que enfrenta a los yakuza con las mafias chinas, situación que además le lleva a convertirse en el improvisado protector de una joven prostituta drogadicta (en el fondo, esta es una muy retorcida date movie). Miike sabe como nadie mezclar una historia tan cruda con el amor de juventud y la comedia más estúpida, que en esta ocasión alcanza puntos gloriosos. Lo hace con su estilo personal e inconfundible, mostrando siempre los bajos fondos y la decadencia del Japón menos amable, con un pulso y un nervio en la dirección que nos vuelve a recordar por qué es un maestro único en lo que hace. Rememorar aquella maravilla que fue Dead or Alive hace ya 22 años (también con música de Kôji Endô) solo hace que confirmar que el genio de Miike nunca se apagó, solo que se había entretenido en otras cosas.

Escrito por Daniel Andréu y Pedro J. García

12ª Muestra Syfy de Cine Fantástico de Madrid: Primera jornada (viernes)

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Del 5 al 8 de marzo, la capital española celebra la fiesta del cine fantástico y sci-fi. Y no uso el verbo “celebrar” a la ligera. La Muestra Syfy de Cine Fantástico de Madrid es una fiesta non-stop de cuatro días, la versión friki del Spring Break, una jarana continua de jueves a domingo en la que rendimos pleitesía al cine más oculto (la mayoría de películas no son estrenadas en salas comerciales), al más original, al más mierda, como dijo ayer la anfitriona anual de La Muestra, Leticia Dolera, que como siempre, es de lo mejor de La Muestra (gracias a ella, los ratos entre sesión y sesión son más llevaderos, e incluso muchas veces mejores que las propias pelis). Dolera además rebautizó esta edición como “La Muestra del Amor“. Por eso, porque amamos este cine, y porque de La Muestra salen parejas, como la que tuvo su primera cita hace tres ediciones y subió ayer al escenario a darse el lote para celebrar que el amor que une La Muestra no lo separa nadie, y ya de paso para ganar unas cuantas entradas gratis.

11034264_1063916180301981_9218959887533999355_nEste año, el duodécimo que se celebra este mini-festival de cine de género (que de pequeño tiene poco), regresamos a los Cines Callao para ver una de las programaciones más interesantes que nos ha propuesto La Muestra en los últimos años. El Syfy dio el pistoletazo de salida oficial el jueves 5, con el preestreno de la última locura de ciencia ficción de Neill Blomkamp, ChappieLa proyección fue todo un éxito a juzgar por la reacción del público en la sala (se juntaban las ganas de jalear del principio de La Muestra con la propuesta pasada de rosca de Blomkamp, pensada especialmente para el tipo de público que abarrota Callao estos días). Sin embargo, cuando ayer Dolera sondeó a los presentes preguntándoles qué les había parecido la película, hubo una clara división de opiniones. Chappie está destinada a provocar reacciones opuestas, a ser amada u odiada a partes iguales. Y bueno, ese es el tipo de películas que más nos gusta ver en La Muestra, así que fue todo un acierto programarla para la inauguración. A mí, personalmente, me divirtió mucho, pero creo que tiene unos cuantos problemas que, pensándolos en frío, son importantes. Os hablo de ellos en mi crítica sin spoilers.

A continuación, os dejo con reseñas de las cinco películas que pudimos ver en la primera jornada oficial del Syfy (no cuento la premiere de Chappie, porque a mí lo de “jornada” me suena sobre todo a los maratones de casi 12 horas que nos pegamos en Callao). Dos de zombies, una de fantasmas, una de vampiros, y una de tribus callejeras japonesas en guerra. Cinco variopintas películas con una cosa en común: que las cinco son comedias. Empezamos el Syfy con unas buenas risas.

 


Housebound
(Gerard Johnstone, Nueva Zelanda)

Housebound - Poster 01El día empieza por todo lo alto con esta comedia de terror neozelandesa que amasa hábilmente todos los tópicos del cine de casas encantadas, el de invasión doméstica (home invasion) y los misterios tipo whodunitdándole un toque de cachondeo muy loco, un poco al estilo You’re Next pero más jocoso aún. Housebound cuenta la historia de una joven rebelde a la que pillan atracando un cajero y es condenada a 8 meses de arresto domiciliario en casa de su madre y su padrastro. Allí se verá forzada a convivir de nuevo con su detestada madre y el apocado marido de ésta, cuya tranquilidad se ve interrumpida por la presencia irritante y destructiva de la joven. Los tres deberán convivir en un caserón antiguo, lleno de recuerdos y secretos macabros, en el que según parece habita un fantasma. La ópera prima de Gerard Johnstone está llena de ingenio y humor bobalicón (del que es tonto, pero inteligente), personajes entrañables (el responsable de seguridad cazafantasmas y la madre son los mejores), y engancha con su trama de misterio que va dejando revelaciones y giros sorpresa (no diré ninguno, pero todos son bastante buenos) a golpe de sustos y risas, y culmina en uno de los mejores clímax que hemos visto en mucho tiempo dentro del género. Después de esta película, no volveréis a ver un rallador de cocina de la misma manera.

 


Tokyo Tribe
(Shion Sono, Japón)

tokyo-tribe-poster-final-comp3Shion Sono, el irreverente y quizás demente en la vida real (como la anécdota escatológica que nos contó Dolera antes de la proyección demuestra) director de Suicide Club (2001) nos trae a La Muestra su última locura cinematográfica, Tokyo Tribe, un musical hip hop de acción de dos horas basado en el manga de Santa Inoue. Japón es un territorio hostil, cuya capital está dividida en facciones callejeras que luchan por el control de Tokio. Cuando Mera (Ryôhei Suzuki), el líder de la tribu de Bukuro, se propone acabar con todas las bandas enemigas para conquistar la capital, la guerra da comienzo. Tokyo Tribe es una de esas películas que no se pueden describir con una simple sinopsis. Es más, estamos ante una película que no decide tener argumento hasta bien entrada su primera hora. La primera parte de Tokyo Tribe es una presentación de todas las tribus de Tokio a ritmo de hip hop. Con raps que por cierto hacen que el “Oza, oza” parezca una de Kanye West, para que os imaginéis el nivel de las rimas y las interpretaciones. Claro que a Shion Sono le importa bien poco que se le tome en serio como director de musicales. Esta West Side Story punk no está hecha para eso. Es una locura pasadísima de rosca que hará las delicias de los fans del cine más esquizofrénico de Takashi Miike (al que no le llega a la suela de los zapatos a pesar de las inevitables comparaciones). Tokyo Tribe es un ambicioso y colorido festival psicodélico de humor absurdo, misoginia y acción demencial, una experiencia visual muy estimulante, que sin embargo no está innovando ni provocando tanto como cree.

 


Burying the Ex
 (Joe Dante, Estados Unidos)

Burying the Ex - Poster 01Llegamos al ecuador de la primera jornada con otra propuesta de comedia, esta vez definitivamente más ligera y llevadera que la anterior, lo nuevo de Joe DanteByrying the Ex. El director de clásicos incontestables y cintas de culto como Piraña, Gremlins, Exploradores, El chip prodigiosoPequeños guerreros regresa tras una temporada dirigiendo series (Hawaii 5.0, CSI, Masters of Horror) con su nuevo largometraje, una comedia romántica zombie, especie de fusión entre una sitcom, un episodio de La dimensión desconocida y un libro de Pesadillas de R.L. StineEn Burying the Ex, un joven que trabaja en una tienda de disfraces (mi querido Anton Yelchin) quiere romper con su novia (Ashley Greene), una insoportable freak del medio ambiente que pretende controlar todos los aspectos de su vida. Sin embargo, antes de poder darle las malas noticias, la chica muere, y lo hace con la promesa aún vigente (y sellada por la estatua mágica de un demonio) de que van a estar siempre juntos. En consecuencia, la chica regresa como zombie para asegurarse de que van a pasar la eternidad el uno junto al otro, cueste lo que cueste. Con este argumento (escrito por el recién llegado Alex Trezza), Dante bien podría haber hecho un pitch a las cadenas para una nueva serie, pero ha preferido llevarlo al cine, con una comedieta bastante cutre pero simpática que se deja ver sin problema, una película de sábado tonto por la tarde que no nos viene mal de vez en cuando y que sobre todo nos deja pasar un rato con los achuchables y adorables Anton Yelchin y Alexandra Daddario. Lo sorprendente, sin embargo, es que Dante haya realizado una película que más que la obra de un director con casi 50 años de experiencia en el cine, parece la ópera prima de un cineasta joven que aún no sabe cómo ir más allá de los clichés del género.

 


Lo que hacemos en las sombras
(Jemaine Clement, Nueva Zelanda)

Poster 700x1000 AFSegunda película neozelandesa del día. Definitivamente, los kiwis están on fire. Pero es que Lo que hacemos en las sombras (What We Do in the Shadows) era además una de las cintas más esperadas de La Muestra. Y no solo cumplió las expectativas, sino que las fulminó. Este falso documental sobre cuatro vampiros que comparten “piso” (en realidad es una mansión, pero ellos se consideran flatmates), que a priori suena demasiado a la serie Being Human (con la que no tiene nada que ver además de la premisa), es una de las comedias más descacharrantes y geniales que vamos a ver en los últimos años. Dirigida por Jemaine Clement, de Flight of the Conchords y Taika Waititi, con el que trabajó en la serie de HBO, Lo que hacemos en las sombras no da tregua (nunca había oído tantas risas no-irónicas seguidas en La Muestra). Repleta de situaciones absurdas y muy familiares derivadas de la convivencia diaria de los vampiros, con una extraordinaria inventiva visual que saca provecho de todas las posibilidades que brindan las “leyes” de los vampiros (brillantes los enfrentamientos, vuelos, transformaciones), y un inteligente repaso por los clichés del géneroLo que hacemos las sombras logra lo imposible: aproximarse al agotadísimo género vampírico y darle la vuelta por completo para hacer una de las comedias de terror más originales del cine reciente. Imprescindible para los fans de Flight of the Conchords, y recomendadísima para todos los demás.

 


Hunger of the Dead 
(Naoto Tsukiashi, Japón)

AKBポスターB全ポスター00Para la primera sesión de medianoche de La Muestra, nada más adecuado que una serie B japonesa de zombiesHunger of the Dead (o Hunger Zes la historia (por llamarlo de alguna manera) de un joven que va a parar a la única casa donde aún quedan seres humanos en un mundo infestado por zombies. En este escenario post-apocalíptico es necesario preservar la especie humana, por lo que las mujeres de la casa son “usadas” para procrear, y los niños que paren (a los que nunca vemos) se dan como alimento a los zombies (huh?), por orden del zombie que dirige las instalaciones y que esconde un secreto. Una cosa ofensiva, estúpida y sin sentido que, dicho así, no suena a nada que no debería ser una peli Z de bajo presupuesto, pero es que Hunger Z falla en lo más importante: es aburrida y no tiene ni un poco de gracia. Vamos, que ni siquiera sirve para reírse de sus chapuceros efectos (esos cuchillos que se clavan en el aire) o de su absurdo argumento. Un desperdicio sin gracia que solo los más jaraneros del Syfy supieron disfrutar.