Pilotos 2015-16: The Muppets

The Muppets ABC

Madonna tiene (o tenía) la fama, pero Los Muppets cardan la lana. Los populares personajes de Jim Henson son los verdaderos reyes de la reinvención. Llevan cuarenta años (sí, cuatro décadas) con nosotros, y han logrado sobrevivir a varias etapas del cine y la televisión, adaptándose a los tiempos y resurgiendo periódicamente. Sus regresos no siempre han cosechado los mejores frutos, pero se las han arreglado para volver al candelero una y otra vez, manteniéndose siempre fieles a sí mismos y por supuesto respetando la visión original de su creador. Después de un reboot cinematográfico de éxito (Los Muppets, 2011) y una secuela que demostraba que el efecto Muppet pega fuerte pero dura poco (El tour de los Muppets, 2014), los Teleñecos regresan al medio que los vio nacer, la televisión. Y lo hacen precisamente también como Madonna, apuntándose a una moda que acabó hace ya varios años, en este caso el mockumentary.

El comeback de los Muppets a la televisión es el resultado de un proceso ante todo orgánico. El hábitat natural de los Teleñecos es la tele, y que vuelvan a protagonizar su propia serie (después de un revival fracasado del Show de los Muppets en los 90) era el siguiente paso para garantizar su supervivencia en el nuevo siglo. Los Muppets eran meta antes de que cualquier serie lo fuera, tenían su propia versión del live-tweet ya en los 70 (los comentarios críticos de los vejestorios Waldorf y Statler), nos mostraron lo que ocurría entre bambalinas de un programa de variedades antes de que Tina Fey hiciera lo propio en una de las mejores telecomedias de la historia, 30 Rock, e hicieron del cameo un arte antes de que se convirtiera en un reclamo publicitario más. Por eso su nueva serie para ABCThe Muppets, les viene como anillo al dedo. Un falso documental estilo workplace comedy que nos invita a mirar tras las cámaras de un talk show presentado por la Srta. Peggy y producido por su ex, la rana Gustavo.

The Muppets room

La campaña publicitaria de la serie se puso en marcha este verano a toda máquina con el anuncio de la separación de Peggy y Gustavo, la clave más importante de esta nueva reencarnación de los Teleñecos. Lo que nos prometía ABC con esta serie era una mirada más adulta y moderna al universo de los Muppets, sus neuras, miedos e inseguridades tanto en el ámbito romántico como en el laboral. Y eso es justo lo que adelanta el piloto. Este nuevo enfoque no debería pillar por sorpresa a nadie, sin embargo, como era de esperar, las asociaciones familiares de Estados Unidos ya han puesto el grito en el cielo por su contenido picante y “pervertido”. A este respecto, hay que aclarar una cosa muy importante: Los Muppets nunca han sido personajes infantiles. Los habitantes de Barrio Sésamo o los Fraggle Rock sí, pero los Muppets no. Ellos siempre han estado ligados al prime time, al show de variedades y los cómicos del late night, de hecho, antes de estrenar su propio programa, formaron parte de Saturday Night Live durante su temporada 1975-76 (con una encarnación previa llamada The Land of Gorch). Sí, Los Muppets siempre han sido kid-friendly (también es verdad que la nostalgia se ha encargado de potenciar esta dimensión de los personajes), pero Henson los creó pensando en el público adulto. Así que aquí no se ha pervertido nada, al contrario.

A juzgar por el piloto, The Muppets ABC pretende ser una serie menos familiar y más orientada (aunque no de forma excluyente) al público que no ve a estos personajes como simples muñecos para niños. La intención es crear un programa rico en reflexividad que se sume a la tradición  de la meta-comedia laboral. Y ahí está el primer problema de la serie, que para darle una nueva vuelta de tuerca a los Muppets han tenido que echar mano de un género que, a pesar de pertenecerles por derecho propio, ya había dado sus últimos coletazos. Por tanto, las comparaciones con The OfficeParks and Recreation 30 Rock (que no era falso documental, pero se adscribe a la misma corriente de comedia de culto y es con la que más tiene en común) le hacen flaco favor. The Muppets arranca de forma irregular, pero recordad cómo fueron los primeros episodios de Parks and Rec 30 Rock. Ambas tardaron en encontrar su personalidad, y cuando lo hicieron se convirtieron en auténticas maravillas. El piloto de The Muppets es una carta de presentación desigual, en ocasiones desafinada, pero si el progreso de las series mencionadas sirve como ejemplo, podría llegar a ser una digna sucesora de las mejores workplace comedies.

MISS PIGGY, KERMIT THE FROG

Para conseguirlo le hace falta sobre todo pulir el humor. En el piloto se puede detectar un tira y afloja continuo entre el tipo de comedia más blanca que popularizó El show de los Muppets en los 70 y un humor más moderno y arrojado que en cierto modo reconfigura a los personajes para incluirlos en la nueva televisión del siglo XXI. Las payasadas, mini-gags y juegos de palabra bobalicones de Animal, Pepe the King Prawn o la rata Rizzo chocan con escenas como la de Fozzie conociendo a los padres de su nueva novia, Riki Lindhome (parodia de Adivina quién viene esta noche en la que el conflicto racial da paso a uno interespecie; zoofilia, vaya), las reuniones del equipo (donde a la serie se le ve más el Rockefeller), las bromas sexuales (la nueva cerda chupando la pajita mientras Gustavo da a entender que se han acostado) o las secuencias de carga dramática, como las conversaciones serias de Peggy y Gustavo al final del episodio, en la más pura tradición de los “momentos robados” por la cámara de The Office. Si The Muppets quiere encontrar su lugar en el firmamento de la comedia televisiva, debe primero hallar el punto medio entre ambas sensibilidades. Y mi sugerencia es menos slapstick y chistes malos, y más drama y atrevimiento, aunque esto suponga reducir un poco la esencia Muppet.

Por lo demás, la serie empieza con muy buen pie, presentando la historia con eficacia, con agudas observaciones sobre el mundo del espectáculo, moviendo a los Muppets con una fluidez y naturalidad que hace que se te olvide que son de fieltro (como siempre, pero incluso mejor), y dejando bien claro el rol de cada uno de los personajes principales (Gustavo es Liz Lemon, Peggy es Jenna Maroney/Tracy Jordan, Scooter es Kenneth Parcell o Pete Hornberger, todavía no está claro, y el águila Sam representa el poder del piso de arriba, a lo Jack Donaghy). Además, el primer cameo es de lujo, la omnipresente Elizabeth Banks (otro nexo de unión con 30 Rock). Se me hace la boca agua imaginando las posibles estrellas invitadas que nos esperan en  la serie. Compartiendo techo con Disney y Marvel no nos extrañaría ver desfilar por ella a Chris Pratt, los agentes de SHIELD o Kristen Bell, por nombrar unos pocos. Y espero que ningún contrato impida que Tina Fey, Amy Poehler o Jane Krakowski se pasen por “Up Late With Miss Piggy“. Daría lo que fuera por ver un reencuentro entre Gustavo y la directora de la prisión serbia Nadya (Fey) o una batalla de egos protagonizada por Peggy y Jenna Maroney. Sé que es cuestión de tiempo, justo lo que The Muppets necesita para alcanzar su máximo potencial.

Por qué he visto el piloto: ¿Me conocéis? ¡Son los Muppets! Una de mis mayores obsesiones desde pequeño. Yo tengo esto en mi habitación, ¿vale?

Animal y Fuertecito

Recuerda a: Ya lo hemos dicho todo. The Office, Parks and Rec y 30 Rock, de las cuales la última encuentra su origen precisamente en El show de los Muppets.

Nota del piloto: 7

Veredicto: Un piloto correcto que dispone las cartas de manera que se pueden ver bien sus ases. Aun no los ha usado, pero si todo sale bien, lo hará en los próximos episodios. Me quedo porque tiene todo lo que necesito para disfrutar de una comedia: corazón, contenido meta y marionetas.

Derek: Ricky Gervais y la sitcom humanista

Ricky Gervais Derek

“¿El sentido de la vida? Las moscas no se hacen esas preguntas. Llegan, hacen sus cosas y se mueren en un día. Nosotros deberíamos dejar de preguntárnoslo. Mi mayor logro en la vida fue ser el espermatozoide que ganó a los demás” -Dougie.

El humor británico. Para muchos la expresión máxima del arte de la comedia, para otros simplemente Benny Hill. Lo que está claro es que en Inglaterra tienen un sentido del humor muy particular, decididamente nihilista y autocrítico. Estamos acostumbrados a que las series y películas inglesas se rían de todas las miserias del inglés medio, y del ser humano en general, con grandes dosis de mala leche, incorrección política y esperpento. Por eso cuando uno se adentra en Derek, la sitcom más reciente del irreverente, polémico y frecuentemente genial Ricky Gervais, no sabe muy bien desde qué ángulo proceder.

Derek supone un regreso al estilo The Office. Se trata de otra comedia mockumentary de veinte minutos ambientada en un lugar de trabajo que explora los problemas cotidianos de personas normales y corrientes. Sin embargo, como el propio Gervais dice, “The Office versa sobre el existencialismo de tener 30 años, mientras que Derek sobre el de tener 90“. La serie tiene lugar en una residencia de ancianos que sufre duros recortes de la administración y se mantiene a flote a duras penas, y los actores veteranos aportan un grado de realismo y naturalidad que es uno de los mayores aciertos de la serie. Derek, interpretado por Gervais, es un discapacitado mental de 50 años que trabaja en la residencia, un hombre despojado de cualquier tipo de malicia y capacidad de prejuicio, esencialmente bondadoso y optimista, que ayuda tanto a residentes como a empleados y voluntarios a ver la vida con otros ojos.

Derek

Gervais aparca su lado más destroyer para Derek, y traza un relato profundamente humanista que sin embargo ha ofendido a gran parte de la audiencia de su país. Lo cierto es que no es de extrañar, sobre todo después de ver su primer episodio. El comienzo de Derek, no sabemos si consciente o inconscientemente, parece una provocación. No nos queda muy claro a lo largo de los 20 minutos que dura si el tono que adopta Gervais es paródico o sincero, lo que explica que muchos se sintieran insultados por su (excelente) interpretación de un retrasado mental. Pero solo hay que ver un poco más para comprobar cómo Derek pasa rápidamente del sketch a la dramedia, dejando claro que la sinceridad es la norma y la ironía brilla por su ausencia, y ya de paso, evitando polémicas y acusaciones.

En ese aspecto, Derek se distancia considerablemente de la sitcom tradicional -como hacía The Office-, porque cuenta con un protagonista que no está familiarizado ni es capaz de procesar la hipocresía y la maldad -¿David Brent/Michael Scott?-, que dice exactamente lo que piensa, y empuja a los demás a moverse en un plano de sinceridad en el que los protagonistas de sitcom no se adentran (o adentraban) a menudo. A su alrededor orbitan los trabajadores de la residencia, de los que destacan su directora, Hannah, una mujer sin estudios y sin sueños, el hombre-para-todo Dougie (Karl Pilkington, colaborador habitual de Gervais) y el asquerosillo Kev, un hombre (¿también discapacitado?) obsesionado con el sexo que aporta la mayor dosis de sal gruesa a la serie. Ellos conforman un espectro de miserias e idiosincrasias que permiten a Gervais reflexionar sobre nuestro vacío existencial y el sentido de la vida, como Louie pero sin cinismo aparente ni auto flagelación. No esperéis una respuesta a medias tintas a la gran pregunta, nada de 42. La vida no tiene sentido, y hacernos esa pregunta es una pérdida de tiempo.

Derek Season 1

Pero el derrotismo que caracteriza a un personaje como Dougie (que pasa de hazmerreír a filósofo de la depresión en el transcurso de la primera temporada), y que salpica constantemente la serie, se ve contrarrestado por la perspectiva cándida y bienintencionada que aporta Derek. La vida es absurda, pero también puede ser profundamente bella y debemos celebrarla, sobre todo si está llegando a su fin en una residencia de ancianos, rodeados de otras personas que se dedican exclusivamente a esperar a la muerte. Y ahí es donde Gervais vuelve a perder el control de su creación. Derek incurre muy a menudo en el sentimentalismo y la manipulación emocional, buscando la lágrima fácil, ya sea mediante montajes nostálgicos, esos pequeños instantes de humanidad a flor de piel que en The Office pillaban desprevenido y aquí se ven venir a la legua, o echando mano de la música más teatrera, ese piano insoportable o la muy holgazana elección de Coldplay para reforzar los momentos más conmovedores.

Esto, junto a la auto indulgencia y egocentrismo de Gervais (aunque tengamos clara la diferencia entre autor y personaje, identificarse con “el hombre más bueno del mundo” puede resultar muy peligroso) hacen que Derek sea una comedia de acusados desequilibrios, una obra que fluctúa constantemente entre la autoparodia y el reality para amas de casa, y que solo es brillante cuando logra hallar el punto medio. Afortunadamente, en cada capítulo hay un momento o dos en los que Gervais da con la nota adecuada, haciendo de Derek un trabajo muy irregular pero en última instancia satisfactorio, e incluso revelador.