Crítica: Los Minions

Minions Orlando

Que los Minions son lo mejor de la saga Gru, mi villano favorito es algo que sabe todo el mundo. Es más, es una verdad “universal” (pun intended). La segunda entrega ya lo dejó bien claro. La popularidad de los esbirros amarillos tras el éxito de la primera película era tan grande que en la segunda ya empezaban a trascender su condición de secundarios comparsa adquiriendo mayor protagonismo. Gru 2 fue un festival Minion (amarillo y morado), los personajes ya estaban bien acomodados en el imaginario colectivo, convertidos en iconos adorados por pequeños y mayores por igual, así que el siguiente paso natural era dedicarles una película a ellos solos. Los Minions toman el escenario (aunque siempre fue suyo) con la intención de dominar el mundo (más todavía). O mejor dicho, de ayudar al villano que haya más cerca a hacerlo.

Los Minions nos lleva hasta el inicio de los tiempos para descubrir que estos adorables e inocentes seres han estado siempre ahí. Este spin-off precuela nos muestra cómo nacieron (empezaron siendo organismos amarillos unicelulares) y cómo evolucionaron a través del tiempo. Desde los albores de la civilización Minion, el propósito vital de todos ellos ha sido siempre el de encontrar a un amo malvado al que servir. Así, en la divertidísima secuencia de apertura vemos cómo ofrecen sus servicios como secuaces al T. Rex, Drácula o Napoleón, para acabar siempre entorpeciendo, incluso provocando la muerte accidental, a sus jefes. Después de fracasar tantas veces seguidas en su búsqueda, los Minions caen en una profunda depresión. El tiempo pasa, y en la década de los 60 Kevin traza un plan para salvar a su pueblo: dar la vuelta al mundo en busca de un nuevo amo y un nuevo hogar para los suyos. Le acompañan el rebelde Stuart y el achuchable Bob, con los que intentará encontrar a Scarlet Overkill, según dicen, la supervillana más famosa de la Tierra.

De la Antártida a Nueva York en los felices 60 a Londres, donde se desarrolla la mayor parte de la acción, este spin-off es un triunfal tour de los Minions por el mundo que avanza a ritmo de clásicos pop-rock. En realidad, la película no se distancia mucho de la fórmula de sus dos predecesoras. Los Minions se convierten en protagonistas de la historia, pero el argumento, una vez llegados a Londres, es similar al de las dos Gru, girando en torno al Printplan del gran malvado que pretende conquistar el mundo. En este caso, la divina y algo esquizoide Scarlet Overkill (doblada en inglés por Sandra Bullock, y en español por una estupenda Alexandra Jiménez) trata de robarles el centro de atención a los Minions, y de hecho está a punto de hacerlo. Recordemos que los Minions hablan un hilarante idioma que mezcla sinsentidos con palabras de muchas lenguas, y quizá por miedo a que una película con mucho tiempo sin diálogos pudiera espantar al público o suponer un reto demasiado difícil (no todas son WALL-E), el film acaba dando demasiado protagonismo a sus personajes humanos, la mencionada Scarlett y, en menor medida, Herb (doblado en V.O. por Jon Hamm, y en castellano por un menos atinado Quim Gutiérrez).

Claro que por mucho que se intente, es imposible hacer sombra a estas descacharrantes píldoras devora-bananas y sus irresistibles monerías. Su ascenso a primera línea dentro de la saga, lejos de perjudicarlos por sobre-exposición y sobre-explotación, no le ha quedado nada grande. Y es que Los Minions no es el subproducto que esperábamos. Está claro que es un proyecto creado para seguir exprimiendo al máximo la gallina de los huevos amarillos, pero afortunadamente, eso no es todo. Detrás de la película (en la que repite Pierre Coffin como director, acompañado de Kyle Balda en lugar de Chris Renaud) hay un trabajo de animación muy cuidado, técnicamente sobresaliente (con un 3D por encima de la media), y un guion que, a pesar de volverse mecánico en su recta final, no se duerme en los laureles, sino que se esfuerza en mantener en todo momento un nivel alto de buen humor y diversión, así como el ritmo acelerado que caracteriza a los personajes.

Encontrando el equilibrio perfecto entre el chiste bobo y el inteligente, con slapstick del bueno para los más pequeños y guiños para el adulto muy bien hilvanados en la trama, Los Minions es una comedia infalible que desata carcajadas y nos deja innumerables frases y gags para el recuerdo. Sin embargo, no sería tan eficaz de no ser por el carisma del trío protagonista. Kevin, Suart y Bob (sobre todo Bob, hay que amar mucho a Bob y estrujarlo hasta que se vuelva morado) nos conquistan con sus desquiciadas correrías y añaden más capas a los Minions, en el fondo seres afanados y leales con mucho amor para dar que nunca encuentran el sitio adecuado donde ponerlo, aquí convertidos en los verdaderos héroes que son ya fuera del cine.

Valoración: ¡BA-NA-NA! (★★★★)

Crítica: Gru 2 – Mi villano favorito

Allá por el lejano 2010 se estrenaba con enorme y sorprendente éxito una película de animación cuya premisa era una fusión entre Shrek y Dr. Horrible’s Sing-Along Blog. En su versión original se titulaba Despicable Me, un genial y en cierto modo transgresor título -dentro del género animado- que en España se traduciría con el mucho más descriptivo y amable Gru, mi villano favorito. A pesar del rebautizo edulcorado, el título seguía conteniendo una palabra clave que distanciaba Gru del resto de películas ‘de dibujos’ de los últimos años: su protagonista no era un héroe, sino un villano, un Big Bad huraño y sociópata que planeaba un gran golpe: robar la luna. De esta manera, Gru, mi villano favorito se sumaba a una larga lista de títulos cinematográficos y televisivos que durante lo que llevamos de siglo XXI han desplazado la atención del héroe clásico hacia la figura del malvado o antihéroe -sin ir más lejos, el mismo año de Gru se estrenaba la muy similar Megamind, de Dreamworks. El villano se convierte así en el héroe, y el héroe se reduce a una figura ridícula y anticuada. Es decir, el nerd acaba con el reinado del jock, y da la bienvenida a una nueva era de la cultura popular. Ser malo mola. Y ser geek mola mucho más.

La gran acogida a nivel mundial de la primera Gru generó, obviamente, una secuela que nos llega este año a las carteleras, Gru 2 – Mi villano favorito (Despicable Me 2 en inglés). Gran parte del éxito y la permanencia en la memoria colectiva de la primera entrega recaía en los secuaces del protagonista, los divertidos y alocados Minions, convertidos ya en iconos de Universal, superando en popularidad y repercusión a los protagonistas humanos de la película. En la secuela de Gru, los Minios no decepcionan. Estos representantes modernos del slapstick protagonizan los momentos más descacharrantes del film, en el que además conocemos a sus alter egos monstruosos, los Evil Minions, suerte de Raving Rabbids púrpura igualmente hilarantes. Sin embargo, el acierto de Gru 2 es que no ha sucumbido completamente a la popularidad de estas desquiciadas y adorables criaturas, y a pesar de la constante presencia de los Minions, el peso de la historia sigue recayendo en su protagonista, y en su evolución como persona, y ahora como padre. En este sentido, no estamos ante una secuela que explota a la mascota graciosa y se olvida de lo que estaba contando. O sea, irás a verla por los Minions, pero te quedarás por la historia.

La vida de Gru dio un giro de 180º desde que tres niñas huérfanas, la entrañable Agnes, la marimacho Edith y la preadolescente Margo, entraron en su vida. Aunque el calvo de nariz aguileña sigue conservando su carácter asocial, su corazoncito no puede estar más ablandado. Ahora ya no es villano, es padre a jornada completa. Se puede decir que Gru lo tiene todo. Menos una compañera sentimental que le complete, y ya de paso le ayude a controlar a sus tres fieras. Entra en escena Lucy (voz original de Kristen Wiig), una agente de la Liga Anti Villanos con la que se alía para luchar contra un enemigo del pasado. Las chispas saltan, la dicharachera, incontenible e impredecible Lucy es el contrapunto perfecto al protagonista. Y así, Gru 2 no es solo una acelerada cinta de acción y humor, sino también toda una comedia romántica, especialmente en su tramo final.

Gru 2 – Mi villano favorito sigue sin estar -ni de lejos- a la altura de las grandes cintas de animación por ordenador de la última década, pero posee un valor icónico que no puede tomarse a la ligera, un poder para atraer y contentar a niños y adultos por igual que es sin duda la clave del éxito en el género. En Gru 2 hay diversión rocambolesca para todos los gustos, acción bigger and better -evitad el innecesario 3D si podéis-, dulzura y ohana en su justa medida, guiños algo subidos de tono que son incomprensibles para el niño. Y sobre todo, Minions, muchos Minions, esos robaescenas que son todos machos, a los que les encanta disfrazarse (de mujer a ser posible), adoran los plántanos y el mundo del espectáculo (folklórico). Estos irresistibles personajes amarillos que parecen M&M’s, o jelly beans, dan cuenta de lo mucho que ha cambiado la percepción del cine animado para todos los públicos. Si no ven ningún niño en su sesión de Gru 2 – Mi villano favorito, no se extrañen.