Ralph Rompe Internet: Actualización realizada con éxito

En 2012, Disney ofreció algo distinto a lo que nos tenía acostumbrados con sus largometrajes animados, una película esencialmente moderna, cuya historia se vinculaba a la tecnología y los videojuegos. Con Rompe Ralph, el estudio se distanciaba de los cuentos de hadas para narrar la historia de una amistad improbable, ambientada en el mundo interior de las máquinas de un salón recreativo. Seis años después, regresamos a este universo de píxeles y bits para reencontrarnos con Ralph y Vanellope en una nueva aventura que se atreve a adentrarse en terreno inexplorado: Internet.

En Ralph Rompe Internet, Vanellope (Sarah Silverman) está cansada de su rutina diaria en Sugar Rush, por lo que Ralph (John C. Reilly) decide crear para ella un nuevo circuito en el videojuego. Los loables intentos de Ralph por animar a su amiga acaban en desastre cuando el volante del juego se rompe y la máquina tiene que ser desenchufada. Sin hogar propio, Vanellope se introducen con Ralph en el inexplorado y expansivo mundo de Internet a través de un router wi-fi para encontrar un repuesto del volante, misión que será mucho más complicada de lo que esperaban. Dentro de la red de redes se toparán con personajes de lo más pintoresco que les echarán una mano, entre ellos una temeraria piloto de carreras callejeras llamada Shank (Gal Gadot) y la empresaria Yesss (Taraji P. Henson), algoritmo de la web donde están todos los vídeos y memes de moda, BuzzTube.

Ralph Rompe Internet recoge todas las tendencias, hábitos y programas esenciales de Internet en un universo casi imposible de abarcar en su totalidad, en el que haría falta pausar cada frame para ver bien todos los guiños, cameos y marcas que rodean a los protagonistas. El constante bombardeo de imágenes marca el ritmo acelerado de una película muy dinámica, llena de acción y con una trama que no para (solo da un bajón en el pre-clímax). Se pueden detectar en ella trazas de Ready Player One y, por supuesto, Emoji: la película, con la que tiene mucho en común a pesar de pertenecer a ligas radicalmente distintas, pero Ralph Rompe Internet se eleva fácilmente por encima de ambas.

Además de una aventura de acción con énfasis en las carrerasRalph Rompe Internet se construye como un comentario sobre la manera en la que usamos Internet a diario para llevar a cabo todas nuestras actividades en la vida real. Afortunadamente, no hay exceso de moralina ni crítica a la hiperconectividad en ella (los avatares de los humanos conectados tienen la cabeza cuadrada, pero esto no es necesariamente un juicio contra ellos/nosotros), sino un retrato de Internet en su mayor parte positivo, aunque no oculte del todo su lado oscuro (los insoportables pop-ups, el spam, la negatividad de los comentarios en redes sociales, la dark web…). Lo peor de este viaje de Disney a las entrañas de Internet es la abundancia de product placement y autopromoción (inevitable, por otro lado), que por momentos convierte la película en una sucesión de microanuncios sobre las maravillas de diferentes webs y aplicaciones y del Disneyverso (reflejado en la visita de Vanellope a Oh My Disney).

Lo bueno es que, más allá de los guiños a las modas, juegos, celebridades cibernéticas o el funcionamiento de Internet en general (plasmado de forma muy ocurrente y eficaz), Ralph Rompe Internet se sustenta sobre la emoción y la conexión humana. En el centro de la historia se encuentra la relación de Ralph y Vanellope, que evoluciona para ofrecernos un mensaje precioso y sorprendentemente maduro sobre la amistad. Ralph es un hombre adulto feliz en la comodidad de su día a día, mientras que Vanellope necesita nuevas (y fuertes) emociones, concretamente las que le aportan el peligroso videojuego Slaughter Race. El descontento de Vanellope y la reticencia de Ralph dan lugar a una recta final en la que la película nos habla de cómo a veces tenemos que dejar marchar a un amigo para conservar la amistad a largo plazo, y cómo podemos convertirnos en auténticos monstruos con tal de no perder lo que tenemos. Es un mensaje adulto, emocionalmente complejo y no exento de tristeza que aporta el corazón en una película donde el sobreestímulo visual amenaza con dejarlo en segundo plano.

Tampoco podemos obviar la pieza estrella de la película, la reunión de las princesas Disney. Esta escena ha sido la más destacada durante la promoción, y no es para menos. El encuentro de Vanellope con las princesas es épico. La secuencia funciona a todos los niveles, avanza la trama, es divertida, profundamente meta y refleja la tendencia actual de Disney a la autocrítica, aludiendo con mucho sentido del humor a los tópicos de las princesas, sus marcadas personalidades y las críticas a las que siempre se ha tenido que enfrentar el estudio. Aunque narrativamente sea solo una parada más en la misión de los protagonistas, la aparición de las princesas eleva la película, dejando con ganas de verlas interactuar más.

A pesar de ser una buena secuela, Ralph Rompe Internet carece de la cualidad atemporal de otras películas Disney. Es inmediata, actual y captura bien el momento que vivimos, pero su efecto probablemente no será tan duradero como el de otras. Lo que sí se queda grabado es la lección que ofrece tanto a niños como adultos. Aunque puede resultar excesivamente machacona en su metáfora de la búsqueda constante y su mensaje sobre no quedarse estancado, Ralph Rompe Internet acierta de lleno con sus conclusiones: que tengamos intereses distintos no tiene por qué separarnos para siempre, y que algunos se conformen con la rutina y otros necesiten algo más no es necesariamente un impedimento para seguir siendo amigos. Precisamente Internet brinda la solución a esta dificultad que la vida nos pone para mantener algunas amistades, el lugar donde estar en contacto y no perder lo que tenemos.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Crítica: Ocean’s 8

En 2001, Steven Soderbergh dirigió a un reparto estelar encabezado por George Clooney y Brad Pitt en Ocean’s Eleven, basada en el clásico de los 60 La cuadrilla de los once. El éxito de la película dio lugar a dos secuelas que reproducían la eficaz fórmula de la primera entrega y aumentaban el ya de por sí multitudinario reparto de superestrellas de Hollywood, incorporando en sus filas a intérpretes como Julia Roberts o Catherine Zeta-Jones. Pero aun con su presencia, la saga Ocean’s siempre se ha caracterizado por ser un club de nabos, es decir, por tener repartos principal y eminentemente masculinos.

La franquicia da un giro de 180º en este aspecto con Ocean’s 8, la nueva película con la que plantea un reinicio con un reparto completamente nuevo, en esta ocasión, además, íntegramente femenino y multicultural. Afortunadamente, la mala acogida del reboot femenino de Cazafantasmas no ha achantado a Warner, que ha depositado toda su confianza en un impresionante elenco de actrices liderado por Sandra Bullock, Cate Blanchett y Anne Hathaway, y redondeado por gente tan dispar como Mindy Kaling, Sarah Paulson, Helena Bonham Carter, Rihanna y Awkwafina. Dirigidas por Gary Ross (Seabiscuit, Los juegos del hambre), esta fantástica troupe protagoniza un nuevo golpe al más puro estilo Ocean’s, pero con un toque de brillante.

Ocean’s 8 nos presenta a Debbie Ocean (Bullock), la hermana de Danny (el personaje interpretado por Clooney), que lleva casi seis años cumpliendo condena. Durante su temporada en la cárcel, Debbie ha planeado el mayor robo de su vida hasta el último detalle, y para llevarlo a cabo necesita un equipo de estafadoras a la altura del complicado reto. Una vez en el exterior, Debbie retoma el contacto con su amiga y compinche de toda la vida Lou Miller (Blanchett), con la que recluta a otras cinco especialistas: la joyera Amita (Kaling), la timadora callejera Costanza (Awkwafina), la perista Tammy (Paulson), la hacker Nine Ball (Rihanna) y la diseñadora de moda en horas bajas Rose (Bonham Carter). Su  objetivo: el legendario collar de diamantes valorado en 150 millones de dólares que colgará del cuello de la superestrella Daphne Kluger (Hathaway) durante el evento benéfico más exclusivo del año, la Gala del Met.

A pesar de ser la cuarta película de una saga, lo cierto es que Ocean’s 8 mantiene su autonomía la mayor parte del tiempo. En ella descubrimos qué ha sido de Danny Ocean y nos reencontramos con algún que otro viejo conocido, pero los guiños al pasado no impiden que los espectadores casuales disfruten de la película, sino todo lo contrario. Ocean’s 8 repite el esquema de las anteriores entregas (y de cualquier película de golpes que se precie, claro), pero no se encierra en su propia continuidad, sino que reinventa la marca Ocean’s con idea de captar nuevas audiencias y prolongar su vida comercial a partir de esta renovada banda.

Con este objetivo en mente, Ocean’s 8 no podría haber acertado más a la hora de elegir a sus actrices. Si por algo destaca sobre todo el film es por la presencia e indudable carisma de sus estrellas, principalmente Blanchett, que es puro magnetismo (capta la mirada con solo aparecer en pantalla y no nos suelta), y Hathaway, que realiza la mejor interpretación de la película. Técnicamente, Bullock es la protagonista, la líder de la banda, pero en esta ocasión, la siempre estupenda actriz no parece estar al 100%, siendo eclipsada por las demás. En cuanto al resto del cast, Bonham Carter destaca por hacer de ella misma otra vez (y se lo agradecemos, porque está tronchante), Rihanna cumple (no le dan mucho que hacer, por si acaso), y Paulson, Kaling y Awkwafina quedan algo desaprovechadas, pero se entiende, por lo amplio del reparto. Eso sí, todas van vestidas para la posteridad.

Pero más allá de su estilazo y el atractivo de sus actrices, ¿qué nos ofrece la película? Pues bien, la banda de Debbie Ocean es precisamente como un diamante, brilla, encandila y nos distrae de la realidad: la trama no está tan trabajada como debería y le falta cohesión entre las partes, el plan está lleno de fisuras que se traducen en agujeros narrativos (lo común en este género, pero con un extra de descuido) y en general, la película no es todo lo explosiva que podría haber sido con la materia prima con la que contaba.

Claro que el diamante brilla mucho. Muchísimo. A pesar de no aprovechar todo su potencial, Ocean’s 8 es una película muy divertida, un pasatiempo ligero y elegante, en el que se pueden pasar por alto sus defectos si nos centramos en sus aciertos, resumidos en su irresistible plantel de actrices, y en especial Hathaway, el arma (no tan) secreta de la película. Ocean’s 8 son ellas, y ellas hacen que todo lo demás sea secundario.

Pedro J. García

Nota: ★★★

Crítica: Un pliegue en el tiempo

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El clásico literario infantil de los 60 Una arruga en el tiempo (A Wrinkle in Time) tiene reputación de ser imposible de filmar, como ya demostró la TV movie canadiense de 2003 que nadie recuerda. Pero Disney ha decidido volver a intentarlo, haciendo un hueco entre sus mil y un remakes live-action y universos compartidos de Marvel y Star Wars para ofrecer algo que, si bien no es exactamente original, sí es distinto a lo que copa su calendario estos años. El estudio asignó a la prestigiosa Ava DuVernay (Selma13th) la difícil tarea de transformar en imágenes las páginas escritas por Madeleine L’Engle, convirtiéndose así en la primera mujer negra que dirige una superproducción de más de 100 millones de dólares de presupuesto. Sin embargo, el resultado corrobora la idea con la que abre este párrafo.

Meg Murray (Storm Reid) es una adolescente hija de dos prestigiosos físicos que tiene problemas de autoestima y no cree en sí misma, a pesar de ser muy inteligente y poseer un talento extraordinario. Cuando su padre (Chris Pine) desaparece en misteriosas circunstancias, dejando rota a Meg, su hermano, el también superdotado Charles Wallace (Deric McCabe), y su madre (Gugu Mbatha-Raw), tres guías celestiales, la Sra. Cuál (Oprah Winfrey), la Sra. Qué (Reese Witherspoon) y la Sra. Quién (Mindy Kaling), viajan a la Tierra para ayudarla a encontrarlo. Junto a Charles Wallace y su amigo Calvin (Levi Miller), Meg se embarca en una aventura a través del universo, en la que visitarán mundos más allá de su imaginación y se enfrentarán a la poderosa fuerza del mal conocida como ELLO, que amenaza con cubrir el universo de tristeza y oscuridad.

Ante todo, hay que aclarar que Un pliegue en el tiempo está orientada, casi de manera exclusiva, a los niños, concretamente a los de edades comprendidas entre los 8 y los 12 años, tal y como su directora ha expresado. La película, que bebe claramente de clásicos como El mago de OzAlicia en el País de las Maravillas, puede funcionar como distracción escapista para los pequeños gracias a su indudable energía y su despliegue de color e imaginación. Pero más allá de desempeñar esa función, simplemente no se tiene en pie. Un pliegue en el tiempo es un caos absoluto, repleto de ideas sin sentido y decisiones creativas y narrativas difícilmente justificables. Muchas provienen sin duda de un material de referencia en el que la lógica no abunda, otras se pueden achacar a un guion sin pies ni cabeza, un montaje ineficiente, ausencia de ritmo y estructura, un deslavazado tratamiento de lo visual y una realización muy confusa por parte de DuVernay, que salta entre estilos y tonos sin cohesión y abusa inexplicablemente de la cámara en mano.

En el apartado interpretativo, la película sale mejor parada. Dejando a un lado lo chocante (y lógico por otra parte) que resulta ver a Oprah como ser celestial supremo, las tres guías de Meg acaban pasando a segundo plano, a pesar de haber recibido mayor énfasis en la campaña promocional. Y quizá sea mejor así, porque están ahí solo como reclamo y tampoco es que brillen precisamente. Del reparto adulto, son Pine y Mbatha-Raw quienes ofrecen las mejores interpretaciones, pero al final, los que levantan la película son los pequeños, como debe ser, Reid y McCabe, dos jóvenes talentos que superan el reto con creces.

Un pliegue en el tiempo tiene ocasionales destellos de ingenio, desvíos hacia lo oscuro (que la acercan a las fantasías de los 80 como La historia interminable, con la que tiene mucho en común) y momentos extraños y surrealistas (cosas tan psicodélicas como Witherspoon convirtiéndose en una hoja voladora literalmente para nada, escenas absurdas como la de la playa o la desconcertante visita al barrio suburbano) con los que el público más adulto puede disfrutar si no se la toma demasiado en serio. Pero por lo general, falla a la hora de construir un todo coherente y una historia que atrape, lo que hace que la conexión emocional sea más difícil. Salta a la vista que DuVernay está más preocupada de que el mensaje (muy valioso y bienvenido) llegue alto y claro que de hacer una película. Por eso machaca a la audiencia con las ideas que articulan la historia, “Sé una guerrera”, “Cree en ti misma”, el poder del amor… Lecciones subrayadas por el insistente score de Ramin Djawadi y una selección de canciones que interrumpen la acción de la forma más artificial y postiza (no recuerdo un peor uso de la música en una película reciente).

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Por todo esto, Un pliegue en el tiempo parece más una TV movie de Disney Channel que una gran superproducción cinematográfica. EL empachoso CGI y el extravagante vestuario diseñado por Paco Delgado deberían reflejar el dinero que se ha invertido, pero no lo hacen, y el star power de Winfrey, Witherspoon o Pine se diluye en una propuesta que no está a la altura de lo que hoy en día cabe esperar del estudio. Aun con todo, hay que elogiar y agradecer la labor que está llevando a cabo en materia de representación y diversidad (no podemos menoscabar la importancia de tener una producción como esta con una familia multicultural y una niña afroamericana como protagonista), además del mensaje de empoderamiento tan importante que transmite a la audiencia infantil, en especial la femenina (recordemos, el público objetivo).

Un pliegue en el tiempo es una película tremendamente inconsistente y fallida, pero sus buenas intenciones, su corazón y la sinceridad que recorre todo el metraje compensa sus muchos defectos. Dejemos que los más pequeños juzguen si ha cumplido su cometido. Si a ellos les gusta, si su mensaje los inspira, todo lo anterior no importa tanto.

Pedro J. García

Nota: ★★½

Crítica: Del revés (Inside Out)

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A lo largo de casi dos décadas, Pixar ha sido uno de los valores más seguros del cine de Hollywood. El estudio de Emeryville encadenó éxitos de público y crítica durante años, demostrando que la animación familiar no era parcela exclusiva del público infantil y convirtiendo sus títulos ya no solo en éxitos del cine de dibujos, sino también en auténticos clásicos del cine. Pixar elevó la animación por ordenador a la categoría de arte y se ganó a pulso su reputación gracias a que detrás de sus apabullantes adelantos técnicos había un componente muy humano, genios apasionados que bullían con ideas originales y querían contar historias nunca vistas.

Pero como mandan las leyes de la física, todo lo que sube, en algún momento tiene que bajar. Tras el estreno de la descomunal Toy Story 3, la compañía ingresó en un periodo de receso creativo caracterizado por más secuelas (Cars 2Monsters University) y una película que no lograban el favor unánime del espectador, Brave. Con la intención de llevar a cabo una reestructuración interna y revisar sus próximos proyectos, Pixar se tomó un descanso de la taquilla en 2014 para regresar un año más tarde por todo lo alto, con una de sus propuestas más arriesgadas e innovadoras hasta la fecha, Del revés (Inside Out), la película que devuelve el estudio a la forma (concretamente la de la era experimental de WALL-E y Up) y nos confirma que siguen siendo capaces de hacer lo imposible.

La asombrosa idea de Inside Out surge de la experiencia como padre de su director, Pete Docter (Monstruos S.A., Up), que observaba cómo la alegre personalidad de su hija cambiaba drásticamente al cumplir los 11 años. Docter se preguntó qué podía estar ocurriendo en la cabeza de la niña para que ésta se comportase de forma tan diferente y mostrase una actitud tan volátil. Y esa es exactamente la premisa de Inside Out, imaginar lo que tiene lugar en la mente de una niña de 11 años, Riley Andersen, durante una etapa de cambio en su vida y su entorno familiar. Para ello, el equipo realizó un exhaustivo trabajo de documentación en psicología, del que obtuvo las cinco emociones que guiarían a Riley en su día a día: Alegría, Tristeza, Miedo, Asco e Ira.

INSIDE OUT

Más que Riley, estos cinco personajes son los protagonistas de una historia que transcurre principalmente en la cabeza de la niña, que ejerce más bien de escenario. En ella se erige un vibrante y colorista universo cuya arquitectura está diseñada con suma atención al detalle para reflejar todas las parcelas psicológicas de su mente y explicar de forma sorprendentemente esclarecedora el funcionamiento de los recuerdos, el subconsciente o los sueños. Desde la brillante secuencia de apertura (junto al montaje de Carl y Ellie en Up, de lo más prodigioso que hemos visto en Pixar), en la que conocemos a las cinco emociones y se nos explica todo lo que hay que saber sobre la cabeza de Riley, Inside Out no deja en ningún momento de arrojar ideas geniales al espectador, como pelotas saltarinas que rebotan contra todo. Esto da lugar a una película que, además de hacer gala de una inteligencia superdotada e hiperactiva y un ingenio inagotable, resulta endiabladamente divertida.

Lo más fascinante de Inside Out es cómo da forma concreta a las ideas más abstractas y explica de manera tan sencilla conceptos tan complejos como el “tren de pensamiento”, la memoria a largo plazo, el pensamiento simbólico, la nostalgia, incluso el misterio de esa canción que se te queda en la mente y reaparece cuando menos lo esperas. Manipular estas ideas y llevarlas a la pantalla en una película familiar supone una tarea muy complicada, de la que Pixar sale más que airosa, hallando la manera de dirigirse al niño y al adulto con el mismo respeto e inteligencia. Como en las mejores obras del estudio, Inside Out puede experimentarse a varios niveles gracias a un guion impecable que toca los botones del espectador (nunca mejor dicho) en los momentos adecuados, para provocar la risa o el llanto. A pesar del intrincado mecanismo narrativo de la película, los niños podrán seguir la trama sin problemas, mientras que los adultos apreciarán las capas más sutiles del relato, dedicadas exclusivamente a ellos (como el genial chiste de las cajas de “opinión” y “hecho”, la referencia LGBT a los osos de San Francisco o el hecho de que la líder dentro de la cabeza de la madre de Riley sea Tristeza). En resumen, Inside Out es la fórmula Pixar perfeccionada.

El film de Docter es una aventura clásica, una odisea de regreso a casa, y a la vez una comedia observacional que disecciona el comportamiento del ser humano y posee un indudable valor pedagógico (para todos). Como Toy Story 3Inside Out en el fondo nos habla del paso del tiempo, de lo que supone crecer, hacerse mayor, y en este sentido, la de Riley es una de las historias más insólitas y rigurosas sobre el abandono de la niñezInside Out trata de dar explicación al enigma de la angustia adolescente (o en este caso preadolescente), revelándose como la experiencia compartida idónea para que padres e hijos entiendan mejor lo que les está pasando. Y la clave está en el personaje revelación de la película, Tristeza, la emoción que forcejea constantemente con Alegría por hacerse con el punto de vista de la historia. La adultez consiste en gran medida en asumir la melancolía inevitable que conlleva el deseo de volver a ser niño, aceptar que el recuerdo feliz de la infancia se transforma en nostalgia y anhelo en algún punto de nuestra vida. Para crecer, debemos dejar de entendernos en términos duales o compartimentos, dar la bienvenida al cambio y a la tristeza como parte esencial de la experiencia vital, y comprender que todas las emociones, positivas o negativas, son necesarias. Inside Out nos relata el momento exacto en la vida de una niña en el que este proceso de transformación de la personalidad da comienzo.

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Estamos ante una entrega de Pixar que repite los patrones de muchas de sus películas anteriores, pero a la vez se las arregla para ser algo radicalmente distinto. El único pero que se puede poner a Inside Out es al mismo tiempo lo que hace que sea tan conmovedora en última instancia: que dedica demasiado tiempo al viaje de regreso de Alegría y Tristeza al Cuartel General. Quizá sea la mejor manera de contar esta historia, pero relega a segundo plano al resto de emociones y nos priva de más escenas corales, que son las que mejor funcionan (como demuestran los geniales créditos finales). Dejando esto a un lado, Inside Out es una de las cintas de animación más redondas de los últimos años, un trabajo perfectamente calibrado en todos los aspectos: las magníficas voces del reparto (Amy Poehler traslada su luminosa personalidad, y por extensión la de Leslie Knope, a Alegría, mientras que Mindy Kaling, Bill Hader y Phyllis Smith hacen lo propio con sus respectivos personajes); la deliciosa animación, que aparca el fotorrealismo para recuperar el estilo cartoon de Walt Disney, Tex Avery o Chuck Jones; o la extraordinaria banda sonora de Michael Giacchino, con un precioso tema central que permanecerá para siempre en la memoria del cinéfilo.

Inside Out es una experiencia sensorial desbordante, una historia apasionante y divertida, no obstante enraizada en la verdad estructural y científica, que nos devuelve la emoción de las historias originales y la importancia de las ideas en el cine de animación. En definitiva, otra inolvidable obra maestra de Pixar.

Valoración: ★★★★★

Review Express (Semana 22-28/09/14) – Premiere Week!

Poneos cómodos en el agujero del sofá con la forma de vuestro culo. Ya ha llegado ese momento del año otra vez. El verano se acaba, los días se hacen más cortos y las series más largas. El panorama estival televisivo, otrora desolador y hoy en día algo más interesante, da paso al estreno de un centenar de series nuevas y al regreso de aquellas que sobrevivieron a la temporada anterior. La Premiere Week finaliza hoy (aunque quedan muchas series por empezar/volver), y ha sido intensa, como siempre. Sin embargo, este año he decidido no hacer especial de pilotos. En primer lugar, porque me consume muchísimo tiempo que prefiero dedicar a otras series y películas, y en segundo lugar, porque este año he adoptado otra filosofía: no ver (y por tanto no hablar de) todas las series cuyo destino está en la cuerda floja, y podrían durar 3 semanas. Creo que lo mejor es dar un poco de tiempo a la temporada para que la parrilla vaya tomando forma y sepamos cuáles son las series en las que merecerá la pena invertir nuestro tiempo. Claro que me he atrevido ya con unas cuantas (Gotham, Red Band Society, The Mysteries of Laura…), pero no les dedicaré entradas hasta que lleven al menos cuatro capítulos (al menos a Gotham, porque Red Band Society probablemente caiga antes y esa tortura que es The Mysteries of Laura la va a aguantar su madre, y Daniel Écija).

Lo que sí he hecho esta semana es disfrutar del regreso de todas las series de otoño que sigo, y de esas he venido a hablar hoy aquí. Aunque me consta que existen bestias seriéfilas que lo ven todo, todo y todo, yo no sigo todas las series de network, así que lo que os dejo a continuación es una tanda de mini-reviews de “mis” series. Por eso, os animo a que vosotros completéis este primer “Review Express” de la temporada 2014-2015 con vuestras propias mini-reseñas sobre las series que yo no cubra. Sin más dilación, os dejo con mi opinión sobre los regresos de mis series de otoño (cuidado, spoilers):

 

Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. (2×01)

SHIELD Shadows

Está claro que con “Shadows”, Agents of S.H.I.E.L.D. parece estar (in)augurando una temporada más oscura y compleja. Lo dice Coulson explícitamente durante el episodio: “go dark” (declaración de intenciones donde las haya). A pesar de que la serie vuelve a incurrir en los errores de siempre y sigue sin cuidar esos agujeros de guión que le restan consistencia (la facilidad con la que tropecientos agentes se infiltran en una base de operaciones que oculta artefactos secretos muy peligrosos; el hecho de que el Hombre Absorbente sea encerrado en una jaula de cristal y nadie pensase en que se haría transparente para escapar), Agents of S.H.I.E.L.D. vuelve más segura de sí misma, más dispuesta a arriesgar y, con suerte, a convertirse en adulta sin renunciar a ese aire “infantil” de comic book clásico. Que no hacía falta cargarse a Lucy Lawless tan pronto (¡han matado a Xena! ¡hijos de p—!), vale, pero al menos sabemos que se han dado cuenta de que no hay tiempo que perder. [Esto es un fragmento de la review completa del 2×01 de S.H.I.E.L.D., que podéis leer aquí].

 

Awkward. (4×12)

La comedia teen de MTV dejó su cuarta temporada a medias para descansar este verano, y regresa (supuestamente) con las pilas cargadas, y (aparentemente) buscando una nueva dirección para este Senior Year que se inaugura. El primer episodio de la temporada, “Finals” retoma las cosas donde las dejó aquel ajetreado viaje escolar a la nieve de “Snow Job” (el único realmente bueno de la 4A), es decir, con Eva embarazada y Matty en las fauces de su mantis religiosa. Hasta el final del episodio, las cosas no han cambiado demasiado en Awkward.: los (cada vez más insoportables) monólogos de Jenna y su vaivén entre un rompecorazones y otro, las (cada vez más irritantes) intervenciones de Tamara (lo siento, te has pasado de moda), la (siempre infalible) mala hostia de Sadie, el patetismo de Jake… Por suerte, lo que sí cambia al final de “Finals” es la (simplemente implausible) ceguera de Matty con respecto a Eva. Al fin el jock adorable, que estaba perdiendo todo su encanto y convirtiéndose en un capullo redomado, se da cuenta de que está durmiendo con el enemigo, y echa a la psicópata rubia de su lado (“You’re a fucking horrible person, Amber” *aplausos*), y (que sea cierto, por favor) de la serie. Es todo muy precipitado y no entendemos por qué no ha pasado antes (supongo que porque algún cliffhanger había que poner), pero es lo que le hacía falta a la serie. Con Eva fuera de la ecuación, espero que este último año en el instituto de Awkward. se centre en lo que importa (el futuro de los personajes), y se deje de tramas de telenovela venezolana. Desafortunadamente, Ming sigue desaparecida en combate.

 

The Good Wife (6×01)

The Good Wife The Line

Ya sabéis que me he pasado todo el verano viendo The Good Wife, poniéndome al día para seguir la sexta temporada con vosotros. ¡Lo conseguí! La quinta fue tan intensa, cambiaron tantas cosas, y arriesgaron tanto, que uno se preguntaba cómo empezaría esta nueva temporada para seguir subiendo el ya de por sí altísimo listón. Pues lejos de optar por la calma tras la tempestad, “The Line” inaugura temporada con un gran Bang!: Cary arrestado enfrentándose a una posible condena de 12 años en prisión por tráfico de drogas. La temporada ha arrancado de forma inmejorable, todas las tramas siguen desarrollándose y entrelazándose sin síntomas de agotamiento. Es más, todo lo contrario. Diane incorporándose a Florrick/Agos, la (todavía lejana) posibilidad de que Alicia se presente a Fiscal General del Estado, los demonios David Lee y Louis Canning en pie de guerra. Todas estas tramas parecen augurar una primera recta de temporada cargadita de acontecimientos, como siempre. Me alegra comprobar que, tras cinco temporadas, The Good Wife sigue con su trayectoria ascendente y tiene cuerda de sobra para otro excelente año, pero lo que más me ha gustado de este “The Line” son dos cosas en concreto: primero, que Cary esté por una vez en el ojo del huracán -siempre me ha parecido el personaje más desdibujado y desaprovechado, y ha sido una muy buena idea centrar el episodio en él; y segundo, por fin los negocios de Bishop traen consecuencias para los abogados -hay pocos personajes secundarios de esta serie que me aburran, y Bishop es uno de ellos. Llevamos cinco temporadas viendo cómo Lockhart/Gardner arriesga representando al mayor capo de la droga de Chicago, y ya era hora de que (recordando el mejor capítulo de la serie hasta ahora) la mierda golpease el ventilador. Ya estáis acostumbrados de sobra, pero agarraos, que vienen curvas.

Una última cosa: ¿Cómo lleváis vosotros la era post-Will? Finn Polmar is no Will, pero es un buen personaje, y The Good Wife tiene armas de sobra para superar la pérdida, pero el vacío sigue siendo brutal.

 

Grey’s Anatomy (11×01)

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Once años no es nada. Urgencias tuvo 15. El primer gran éxito de Shonda RhimesGrey’s Anatomy, vuelve con su ¡¡undécima temporada!!, y lo hace con un reto bastante complicado: sobrevivir a la marcha de su mejor personaje, Cristina Yang. Y mal vamos cuando el espectador tiene la sensación de que le están intentando meter a la fuerza por la garganta una sustituta. La Dra. Pierce no es Cristina Yang, y sobra, directamente sobra. Y no solo porque haga que el vacío que deja Yang sea más grande, sino porque además supone la repetición del conflicto “Meredith de repente tiene una hermana de la que no sabía nada” que ya vivimos con Lexie. Hablar de síntomas de agotamiento a estas alturas de la serie es innecesario (¿recordáis cuando Grey’s era un fenómeno cultural?), pero Pierce es el indicio definitivo de que Grey’s debe morir. Ahora sí. No piensa así Rhimes, claro, sobre todo después de arrasar en los índices de audiencia este jueves con las tres series de su productora Shondaland. Ella siempre ha creído que Grey’s tiene cuerda para muchos años más, pero sus exhaustos personajes no nos dicen lo mismo. Es cierto que sigue habiendo muchos, que se las arreglan para que la relación MerDer (con la que empezó la serie) siga dando juego, y que Alex también es la “persona” de Meredith (como nos recuerdan en el capítulo “the only ones left”), pero casi todos estamos en esto por inercia, por terquedad, por acabar lo que hemos empezado. Y deberíamos hacer un pacto, Shonda, sus actores y su audiencia, para decidir que se ha acabado. “I Must Have Lost It in the Wind” no es un mal inicio de temporada, es más, es un episodio bastante sólido (menos esos vergonzosos cromas a lo OUAT en el helipuerto del Grey/Sloan), pero pensar en que nos esperan como mínimo 21 episodios más… Bueno, mejor no pensarlo y confiar en que Shonda tenga, como siempre, unos cuantos ases en la manga.

 

The Mindy Project (3×01-02)

The Mindy Project 3x01

La comedia de Mindy Kaling se adelantó una semana a sus competidoras, y por tanto este martes hemos visto el segundo capítulo de la temporada. Y lo hemos visto yo, un amigo, Mindy, y quizás su madre. Porque todo apunta a que este año se le va a acabar el chollo a la actriz, ya que Fox no levanta cabeza, y tanto esta como New Girl se han hundido en las audiencias, incluso más que el año pasado (que ya estaban rondando el “bajo 1.0”). En fin, disfrutemos de The Mindy Project mientras dure. De momento, la tercera temporada ha arrancado con dos buenos episodios. Como ya vimos el año pasado, Kaling por fin le cogió el tranquillo al tono de la serie y su personaje, haciendo que Mindy Lahiri fuera más likeable y apoyándose más en el componente romántico (os lo conté en este artículo, “Cuando Mindy encontró a Danny“). Así, los dos primeros episodios de la temporada se centran en su relación con Danny. Felizmente monógamos, Mindy y Danny ya han atravesado la primera etapa del emparejamiento, la del “ahora sí, ahora no”, y son definitivamente un item. Así que ahora toca la fase de conocerse a fondo en el entorno doméstico, de lidiar con sus respectivas familias, y descubrir los secretos más oscuros de cada uno. Y eso es justamente lo que vemos en “We’re a Couple Now, Haters” y “Annette Castellano Is My Nemesis“. Los dos episodios han estado repletos de buenos momentos, pero si algo nos han demostrado es que Danny Castellano es probablemente uno de los mejores personajes de la televisión actual, y probablemente el paradigma del hombre perfecto. Él es la verdadera estrella de The Mindy Projecty Chris Messina merece todo el reconocimiento del mundo por interpretar con tanta humanidad y cariño a este hombre tan imperfectamente perfecto. Y bueno, para terminar, dos palabras: Diamond Dan.

 

Modern Family (6×01)

Modern Family The Long Honeymoon

Después de llevarse por quinta vez el Emmy a Mejor Comedia, Modern Family vuelve con un reto (que yo le pongo): demostrar, aunque sea de forma retroactiva, que merece el desproporcionado reconocimiento de la Academia. Por eso, esta sexta temporada se tiene que poner las pilas, porque la anterior fue bastante irregular, y mostró muchos síntomas de agotamiento (todos sabemos que la quinta temporada es cuando una serie formulaica como esta empieza a cansar de verdad). Bueno, con “The Long Honeymoon” empezamos bastante bien, la verdad. El nivel de los gags es notable (todo lo que tiene que ver con la extraña e incómoda trama de los Happy Dunphys), el humor físico genial (el recortable de Cam y Mitch, las imágenes de la webcam de Haley), el ritmo impecable, la puesta en escena y “coreografía” brillante, y los personajes conservan su chispa intacta (cada día más enamorado de Sarah Hyland). Y además, Modern Family regresa con un sutil pero importante cambio: ¡la cámara casi no se mueve! Quizás solo sea cosa del estreno, pero parece que han abandonado ligeramente el formato mockumentary (tampoco hay apenas zooms, y los que hay son muy leves). No me preguntéis por qué, pero es algo que siempre he visto innecesario. Una fachada de modernez para lo que todos sabemos que es una sitcom clásica y tradicional. Así que por mí que siga así toda la temporada. Por último, y en relación a lo que acabo de decir, hay una trama en “The Long Honeymoon” que huele, como de costumbre, a ultra-conservadurismo: Gloria reconociendo que se viste explosiva para Jay, y dando a entender que esto es poco más que un “deber”, y Jay recriminándole que en realidad lo hace para ella. Es cierto que Gloria le pide lo mismo a Jay, que se vista elegante para satisfacerla, lo cual imprime una (cuestionable) sensación de igualdad. Pero al final, no es más que una manera de defender la idea de que una mujer como Gloria debe vestir así para su marido, no para ella, y desde luego no para otras personas. No sé cómo lo veréis vosotros, pero a mí estas cosas siempre me hacen que vea Modern Family con otros ojos, aunque sea momentáneamente.

También han vuelto Scandal, New Girl, Nashville, Revenge, The Big Bang Theory, Sleepy Hollow… Contadnos qué os han parecido los inicios de temporada de vuestras series.

Cuando Mindy encontró a Danny

TMP

The Mindy Project ha tardado un año en encontrar su voz, pero una vez la ha encontrado, ha dado el do de pecho. Cuando la comedia de Mindy Kaling comenzó en 2012, muchos nos apresuramos a comparar la mente de la actriz y guionista de The Office con la de otra “voz de su generación”, Lena Dunham. Lo cierto es que el trabajo de ambas guarda muchas similitudes; las dos se aproximan a la comedia haciendo énfasis en lo más extraño e incómodo de las interacciones sociales, e interpretan a álter egos con más ego que álter, mujeres que en un principio no están diseñadas para despertar simpatías, y que nos recuerdan constantemente lo peor de nosotros.

Sin embargo, a medida que Dunham se ha reafirmado en su discurso displicente, cada vez más fortalecida por todos aquellos que la despellejan, Kaling ha recorrido el camino opuesto. Su Mindy Lahiri no era un personaje especialmente agradable, más bien todo lo contrario, una woman-child chillona, irritante, intransigente, cuyos actos y opiniones en ocasiones rozaban lo inaguantable (no para todos, claro). Kaling decidió entonces hacer reboot de su personaje, y de su serie. A grandes rasgos, Mindy Lahiri sigue siendo la misma persona que el año pasado (igual de cuadriculada e inconsciente), pero Kaling ha sabido cómo potenciar sus características más simpáticas para convertirla en un personaje adorkable, al más puro estilo de la Jess de New Girl (pero menos insoportable).

Hemos visto a Mindy caerse en casi todos los capítulos de esta temporada (no hay nada como un buen slapstick para simpatizar con un personaje imperfecto), y sus perlas machistas o racistas han tenido contrapunto en otras cualidades positivas, de manera que el personaje no era percibido como una persona horrible, sino como alguien torpe y adorablemente horrible, como tú y como yo. Pero lo que sin duda ha contribuido en mayor medida al cambio en The Mindy Project ha sido el hecho de que Kaling se ha entregado por completo a la comedia romántica. Y lo ha hecho con la que es uno de los mejores casos will they, won’t they que recuerdo en mucho tiempo en televisión: Mindy Lahiri y Danny Castellano.

Como si se hubiera estudiado la recta final de la segunda temporada de Girls, en la que Dunham hacía caso a su co-productor Judd Apatow y se ponía romanticona perdida, Kaling decidió que las reglas de la rom-com por las que se rige su Mindy para sobrevivir, serían también las reglas de su serie. Así, The Mindy Project se convertía oficialmente en una comedia romántica de los 90. Pero lo que Dunham vivió como un experimento, Kaling ha asumido como la senda definitiva a seguir. Lo hemos comprobado en el reciente final de la segunda temporada, “Danny and Mindy“, un ágil refrito de clásicos como Algo para recordar o Cuando Harry encontró a Sally -junto a El diario de Bridget Jones las biblias de Mindy. Claro que The Mindy Project no ha prescindido en ningún momento del componente satírico y autorreflexivo con el que comenzó (véase a Danny comienzo pizza mientras Mindy corre a la cita o a los dos tirados en el sucio suelo lleno de colillas del Empire State en la escena más almibarada del episodio), y sigue insistiendo en el comentario sobre las relaciones en la era digital (recordemos el genial episodio del sexting). Estos son los elementos que la mantienen anclada en nuestro siglo, y que Kaling por fin ha sabido conjugar con el convencionalismo de las historias de amor para darnos algo realmente inspirado, divertido y adictivo.

THE MINDY PROJECT

La relación entre Mindy y Danny -perfecto más allá del bien y del mal Chris Messina– es el corazón de The Mindy Project, y la química entre ambos es lo que nos distrae (afortunadamente) de lo que sigue fallando en esta serie: los personajes secundarios. No es que los trabajadores de Shullman & Associates sean malos personajes, de hecho son simpáticos, caen bien, hacen gracia (no todos) y cada vez forman un equipo más cohesionado, pero da la sensación de que la mayor parte del tiempo, Kaling no sabe qué hacer con ellos -tampoco ayuda que el reparto cambie cada dos por tres. Llama especialmente la atención cómo maneja a los personajes femeninos, relegados constantemente a tercer plano mientras los hombres se llevan las tramas principales y secundarias. Además, todas ellas ocupan puestos laborales inferiores a los hombres. En S&A, todos los doctores son hombres, menos Mindy. Y todas las mujeres son recepcionistas o enfermeras. Es como si Kaling ya hubiera cumplido su cuota de transgresión y feminismo con la protagonista, y hubiera descuidado todo lo demás.

The Mindy Project sigue en pleno proceso de transformación. Queda ver cómo se desenvuelve la serie ahora que Mindy y Danny se han declarado amor eterno y ya hablan de cuántos niños van a tener. Por ahora, los cambios le han sentado bien, pero lo ideal sería que hiciera más énfasis en la coralidad del reparto y aprovechase mejor el potencial de personajes como Morgan y Tamra, para que lo de Mindy y Danny no se gaste antes de tiempo. Mindy Kaling compartió hace unos días la foto que encabeza este artículo, que bien podría ser una promo de Friends o Cómo conocí a vuestra madre (de no ser por la paloma y la caja de pizza). The Mindy Project va camino de convertirse en una comedia de amigos neoyorquinos al uso (pero mucho más inteligente y con chistes más agudos). Y lo más sorprendente es que cuanto más tópica, populista y complaciente se pone, mejor es. Palabrita de Meg Ryan.

Los niños bien de la comedia

Los reyes de la comedia tienen el siguiente relevo más que preparado. No es que Larry David, Tina Fey o Louis C.K. vayan a retirarse pronto (esperemos que no lo hagan nunca). Nada más lejos de la realidad. Pero si quisieran hacerlo podrían estar tranquilos, porque la nueva generación de cómicos estadounidenses viene pisando fuerte y con muchas ganas de hacerse oír (y hacer caja mientras los escuchamos).

Ser cómico en Norteamerica equivale cada vez más a ser pluriempleado y polifacético. Los tres nombres anteriores han desarrollado a lo largo de los años una reconocible imagen de marca, un exitoso emporio de productos culturales que llevan el sello inmediato de calidad antes de ser generados. Algo parecido está ocurriendo con los jóvenes veinte y treintañeros que están destacando en la televisión norteamericana en los últimos 5 años. Siguiendo los pasos de Fey, gente como Mindy Kaling o Lena Dunham se han propuesto desde el comienzo explotar sus personalidades y sus experiencias vitales para crear una marca de autor que ya están imprimiendo no solo en series de televisión, sino también en el mundo editorial. Algunos incluso se aventuran en otras artes, como la música. Y no tardarán en dar el salto al cine, aunque estén más que cómodos donde están ahora mismo. Están empezando pero ya son millonarios y lo más importante, enormemente influyentes. Estos chicos han nacido con una flor en el culo.

Girls no tendrá una audiencia espectacular, pero HBO la ha renovado recientemente para una tercera temporada, cuando la segunda aun no ha sido emitida (se estrena en enero de 2013). La serie de Lena Dunham es probablemente la que más ríos de tinta hizo correr la temporada pasada. Gracias a ella, Dunham conoció de primera mano la brutal fuerza del hype y el backlash. Puede estar contenta, con tan solo 26 años se ha convertido sin lugar a dudas en lo que ella quería: la voz de su generación. Una voz que no siempre acierta en sus declaraciones, pero que refleja fielmente las idiosincrasias de una juventud acomodada, apática y auto consciente. Dunham hace comedia con lo que más duele y mientras se auto proclama, a través de su Hannah Horvath, como prototipo de ese joven que dice que no puede trabajar pero lo que pasa es que en el fondo no quiere, ella no descansa ni un solo minuto. Recientemente ha firmado un contrato para escribir su primer libro, Not That Kind of Girl: Advice by Lena Dunham. Le pagan 3,5 millones de dólares por él. Random House, la editorial que la ha contratado, tiene fe ciega en la creadora/directora/productora/guionista de Girls. Más que comprar un material ya existente, ha adquirido un nombre, una gran marca, con la esperanza de publicar el próximo Bossypants.

Está claro que actualmente son ellas las que controlan el cotarro. En la comedia denominada “low-brow” despuntan otras mujeres jóvenes (aunque no tan jóvenes como Lena) que están desarrollando su carrera principalmente en televisión. Los nombres de Chelsea Handler o Whitney Cummings no sonarán con tanta fuerza como los de Fey o Dunham, pero están detrás de un importante imperio mediático. Por supuesto, no podemos olvidar a Amy Poehler (regresamos a lo “high-brow”, evidentemente), y ya de paso, a su compañera en Parks and Recreation Aubrey Plaza, de la que esperamos grandes cosas en un futuro próximo. Por otro lado, Mindy Kaling también sigue los pasos de Tina Fey (de quién si no), quizás más evidentemente que Dunham. Con apenas 25 años era una de las guionistas principales de The Office. A lo largo de ocho temporadas, Kaling se ha labrado un nombre y una reputación que ha utilizado para capitanear su propio proyecto: The Mindy Project. Sus compañeros en The Office siempre han coincidido en que era la mejor escritora de la plantilla y que sus personajes brillaban cuando los escribía ella. Kaling también ha escrito un best-seller: Is Everyone Haning Out With Me? (And Other Concerns)Y como Tina, ella también utiliza sus experiencias personales, junto a su particular y certera visión de la sociedad, para crear un agudo material que “es gracioso porque es verdad”. Sin embargo, como le ocurre a Dunham, Kaling también despierta cierta antipatía en un sector de la audiencia, que o bien no conecta con su humor o bien no aguanta al personaje público que se ha creado. No se puede tener todo. No todo el mundo puede ser Tina Fey.

De entre los nuevos cómicos jóvenes destacan un par de nombres masculinos, pero su repercusión en el medio es mucho menor que la de las autoras de las que hemos hablado hasta ahora. Mientras su compañera de The Office se visibiliza completamente y explota su imagen y su personalidad, B.J. Novak permanece a la sombra. Novak también era uno de los guionistas más destacados de la serie de NBC, pero está aun por ver si será capaz de desarrollar su potencial más allá de ella. Ellos dos representan fielmente el tipo de humor que esta generación está cultivando, profundamente anclado en la realidad (una ilusoria y embellecida) y en la actualidad, dependiente de las nuevas tecnologías y las redes sociales (“¿No has visto mi Tumblr?, que decía Ryan Howard), y basado en el ahora más efímero. Estas herramientas son astutamente utilizadas para generar personajes y situaciones universales que reflejan las características más destacables de los veinteañeros y treintañeros: la inseguridad, la incertidumbre por un futuro que debería haber llegado ya, el miedo a quedarse solo.

Se puede hablar de un salto generacional muy sutil pero relevante entre el grupo de autores y cómicos que en los últimos 10 años han destacado en cine y televisión y el que actualmente comienza a dominar la escena. La generación geek da paso a la generación hipster. Aquellos que fueron fans en los 80 llevan ya unos años generando productos que dependen en gran medida de la cultura popular de las últimas décadas y que hacen de la referencia pop una de sus mayores bazas. Dunham y Kaling también tienen un lado geek, sobre todo la segunda -sus personajes que autodefinen en base a las películas románticas de los 90. Sin embargo, sus discursos se construyen a partir del presente y no tienen esa obsesión casi enfermiza por saturar sus relatos de guiños para que el espectador juegue a reconocerlos. Si se les llama geeks es sobre todo por su extraño comportamiento social.

El material que escriben estos jóvenes es eminentemente autobiográfico (como suele ocurrir en este género). Si ellas se han centrado en las vidas románticas y las aspiraciones profesionales de sus personajes, Donald Glover (dos años mayor que Dunham) suele remontarse a su infancia para fabricar un humor agresivo pero entrañable que revisita constantemente sus mayores traumas. Pero, ¿tan mal lo pasó Glover? Más bien no. En el colegio lo llamaban “Oreo” y “maricón”, pero no creáis que hay mucho más. Glover se queja de que la gente no lo tome en serio como “negro” porque no es un delincuente o no ha matado a nadie. Sus pataletas vienen a decirnos que está harto del racismo dentro de su propia raza, y que quiere deshacerse de los lugares comunes que la rodean. Glover es un hipster negro, y según él, esto no está bien visto en su comunidad. Por eso, el “único negro que verás en un concierto de Sufjan Stevens” ha decidido utilizar la comedia (en concreto los monólogos) para reivindicar su particular personalidad. Su siguiente paso creativo será una serie “de autor” al estilo de Fey (que fue su mentora en 30 Rock) o Kaling. En ella nos contará su vida desde la infancia (¿será igual que Everybody Hates Chris?), y con suerte, nos ayudará a comprender mejor esos fantasmas que le persiguen desde entonces. Además de su trabajo en televisión, Glover ha creado un alter ego en el mundo de la música. Con su proyecto rap Childish Gambino, el actor de Community insiste en su mensaje racial y se sigue desnudando para el que esté interesado en saber todo lo que se le pasa por la cabeza.

Estos chicos y chicas han demostrado con creces el enorme talento que poseen y lo incansables que son trabajando. No hay quien los pare. Reciben críticas por practicar un humor que en ocasiones resulta poco humilde, y por adoptar una postura de referente generacional sin que nadie se lo haya pedido. Pero en muchas ocasiones, estas críticas vienen de parte de aquellos que no se sienten cómodos viendo en sus pantallas un tipo de realidad con el que se sienten tristemente identificados. Por otro lado, estos comediantes se diferencian de los veteranos en que no practican tan abiertamente el nihilismo en sus trabajos. Ellos no están deprimidos, son fabulosos, o al menos aspiran a serlo (y ahí está la gracia casi siempre). Glover es un rapero hipster que odia que los de su raza no lo acepten, pero que igualmente se ríe del blanco si le viene bien. Dunham ha convertido en heroína moderna a un parásito de la sociedad, y encima se ha llevado con ella a tres “hijísimas” (los padres de Zosia Mamet, Jemima Kirke y Allison Williams son todos gente importante del mundo de la cultura). Además, como también le ha ocurrido a Kaling, se la ha acusado de racista. A la creadora de Girls por no incluir en su platilla actrices negras, y a la de The Mindy Project por haber escrito a un personaje poco complaciente y bastante inapropiado a la hora de hacer comentarios raciales. Es más, cuando se juntan, el odio hacia ellos se multiplica. Recientemente, Dunham, Kaling y Novak mantuvieron una polémica conversación en Twitter en la que hablaban de disfrazarse para Halloween como populares asesinos en serie adolescentes. No sentó bien y Dunham tuvo que disculparse (solo ella, a los otros dos nadie les dijo nada). ¿Niños mimados o artistas transgresores? En el marco de una ficción televisiva que se ha despojado ya de todo límite y censura, esta nueva generación de talentos quiere hacer ver que nos podemos reír de todo. Que nadie se lo tome tan serio. Es solo comedia.

Pilotos 2012-13: Parte II – Ben and Kate, Guys With Kids y The Mindy Project

BEN AND KATE

Los martes en FOX
Puntuación: 7/10

FOX parece interesada este año en seguir cultivando la comedia buenrollista después del éxito (inicial) de New Girl. La prueba es Ben and Kate, una serie pequeña en aspiraciones que, muy probablemente, pasará desapercibida a pesar de un más que digno piloto. No hay demasiado que contar sobre Ben and Kate, la historia de una joven madre soltera, Kate Fox, que quiere con locura a su hermano, Ben, a pesar de que aparece cuando menos lo necesita y le arruina constantemente la vida. La serie puede alardear de haber dado en la diana con el casting. Si bien los personajes no llaman demasiado la atención a primera vista, los actores consiguen dotarlos de vida, de un poso que los hace cercanos, conocidos. Dakota Johnson está absolutamente adorable como Kate, una chica con los pies en la tierra pero la cabeza perdida, algo lenta al hablar, algo, si me lo permitís, lerda. Pero abrazable como pocas. Nat Faxon (Ben) es una de esas caras conocidas, o más bien, una de esas dentaduras conocidas, al que hemos visto en infinidad de películas y series. El hermano de Kate es un desastre, un niño perdido, un conflicto con patas cuyo principal problema quizás sea que, como diría el personaje de William H. Macy en Magnolia, tiene mucho amor y no sabe dónde ponerlo.

Y eso es quizás lo mejor de Ben and Kate, que ya desde el comienzo podemos ver latir su corazón bien fuerte. En la línea de los trabajos de Apatow (todos los caminos de la comedia llevan a él), la serie no tiene ningún reparo en mostrar su lado ñoño y sentimental a través de una más que bonita relación fraternal: “Somos como dos guisantes en la peor vaina del mundo”. Sin embargo, los hermanos no son la única atracción de Ben and Kate. La hija de ella, Maddie (Maggie Elisabeth Jones) responde al prototipo de ‘adulto en miniatura’, y es, por supuesto, el personaje más sensato y cuerdo. Todo lo contrario que la británica BJ (magnífica Lucy Punch), responsable de los momentos más absurdos, y probablemente el personaje que más nos hará reír. El tiempo dirá si esta simpática serie encuentra su hueco entre el público, como lo hizo otra comedia familiar de la cadena, Raising Hope. Eso espero, de lo contrario, sería malgastar el apellido de los protagonistas.

 

GUYS WITH KIDS

Los miércoles en NBC
Puntuación: 2/10

Guys With Kids es la Are You There, Chelsea? de esta temporada. Comedia multicámara de paupérrimos decorados (ese centro comercial sacado de Will & Grace) y con risas enlatadas (unas que además conocemos de sobra) que hace que te preguntes si alguien obliga a punta de pistola a la NBC para que haga este tipo de series. Guys With Kids viene avalada por un cómico de siempre afiliado a la cadena, Jimmy Fallon. Como presentador OK, como productor y creador de ficción ya puede retirarse. No hay nada memorable en esta sitcom. De hecho, cuando termine de escribir esto pienso borrarla completamente de mi memoria.

Gary, Chris y Nick son tres papás que viven diferentes situaciones domésticas. Uno está divorciado, otro casado con cuatro hijos y otro también casado, con un bebé. No os hace falta saber quién es quién. Como Modern Family (disculpad la comparación), Guys With Kids presenta tres tramas por episodio, tres ambientes familiares que convergen en el imprescindible bar donde los papis se reúnen. La supuesta gracia de la serie es ver a estos tres kidults haciendo el tonto con sus bebés colgados del cuello, pero nada, suenan los grillos tras cada chiste. Vamos, que no da ni para serie de planchar. Oxidada desde la primera escena, irritante, desfasada, no la salva ni el hecho de que uno de los protagonistas sea un buen DILF (bueno, uno y medio). Si existe la justicia no llegará al cuarto episodio.

 

THE MINDY PROJECT

Los martes en FOX
Puntuación: 8

Una de mis series más esperadas de la temporada. Mindy Kaling (Kelly Kapoor en The Office) no decepciona. Es más, supera todas mis expectativas con un producto que no tiene nada que envidiar a Girls. La comparación no es gratuita. Es más, es obligatoria. Las sensibilidades artísticas de Kaling y Lena Dunham son bastante similares. Ambas se ríen de sí mismas, de sus neuras y también de sus cuerpos, y se utilizan para hacer comentarios mordaces y -dolorosamente- acertados sobre los jóvenes de hoy en día -esta vez treintañeros. Como Dunham, Kaling se burla de todo, sobre todo de la intolerancia y la ignorancia -los chistes raciales son quizás los más divertidos. En este sentido, The Mindy Project resulta refrescante, adecuada, rabiosamente actual, y ofrece un discurso construido sobre la más pura ironía, sin elemento adoctrinador. Y por si eso fuera poco, es brutalmente graciosa.

Mindy Lahiri es Mindy Kaling. De eso no cabe duda. De hecho, Mindy Lahiri también es Kelly Kapoor, mujeres desvinculadas de la realidad cuyas expectativas vienen marcadas por la comedia romántica, por la ficción que han consumido desde pequeñas, o sea, Shoshannas de la vida. Mindy Lahiri es Mindy Kaling soñando con una vida creada por Shonda Rhimes. Las tres forman un ente único, un mismo personaje que habita tres universos distintos. De hecho, la relación entre su anterior serie, en la que ejercía como guionista además de actuar, va más allá. Kaling se lleva a la FOX a varios amigos de NBC. Produce su serie B.J. Novak (Ryan, el novio a ratos de Kelly Kapoor en The Office), y en el piloto vemos a Ed Helms, interpretando al “hombre perfecto” en una gran escena que demuestra las (súper)dotes para la comedia de Kaling. En The Mindy Project también hay algo de Bridesmaids (es inevitable comparar tras la desternillante escena de la boda y todo lo que viene después). Pero sobre todo hay un equilibrio perfecto entre introspección y alta comedia. Mindy hace maravillas con un ascensor. Hace pensar mientras hace reír, y eso no lo consigue cualquiera. Como ocurre con Girls, el riesgo que corre The Mindy Project es no complacer a toda la audiencia, puesto que la protagonista no es un personaje simpático, es más bien un ser insoportable y profundamente defectuoso que muchos y muchas no aceptarán. Es la cara oculta de la ironía. A mí me da igual, yo te amo, Mindy.

Pilotos 2012-13: Parte I – Animal Practice, Go On y The New Normal
Pilotos 2012-13: Parte II – Ben and Kate, Guys With Kids y The Mindy Project 
Pilotos 2012-13: Parte III – Revolution
Pilotos 2012-13: Parte IV – Elementary
Pilotos 2012-13: Parte V – Last Resort y The Mob Doctor
Pilotos 2012-13: Parte VI – The Neighbors y Partners
Pilotos 2012-13: Parte VII – 666 Park Avenue y Vegas
Pilotos 2012-13: Parte VIII – Chicago Fire, Made in Jersey y Nashville