The Defenders (Episodios 1-4): La paciencia es la clave de la victoria

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En 2012 asistimos a uno de los acontecimientos más esperados del cine moderno, la reunión de los superhéroes de Marvel en Los Vengadores, el gran crossover en el que culminaban más de cuatro años de aventuras individuales, cerrando así la Fase 1 del Universo Cinemático Marvel. Pero aquello fue solo el principio. Mientras en el cine estamos inmersos en la Fase 3, la televisión desarrolla su propia versión de Los Vengadores, una réplica más, digamos, modesta, de los Héroes Más Poderosos de la Tierra. Justicieros que operan a nivel de calle y se enfrentan a amenazas menos grandiosas, pero igualmente peligrosas, y que habitan una zona más oscura y adulta de este universo de ficción.

Son Daredevil, Jessica Jones, Luke Cage y Iron Fist, cuatro humanos con poderes especiales a los que hemos conocido en sus respectivas series de Netflix, y que por fin forman equipo en el crossover televisivo más esperado de los últimos tiempos, The Defenders. Cuatro series, cinco temporadas (recordemos que de momento solo hemos visto la segunda de Daredevil), 65 capítulos. Todo confluye aquí, en el acontecimiento catódico del verano. El camino hasta llegar a The Defenders no ha sido todo lo llano que esperábamos. La calidad de las series individuales ha diferido bastante, con las dos primerasDaredevil Jessica Jones, llevándose el mayor beneplácito de la audiencia, Luke Cage dejando más indiferente en general, y Iron Fist recibiendo las peores críticas del Universo Marvel. Aun así, el descenso en calidad no ha sido suficiente como para mermar las ganas de ver a estos cuatro superhéroes juntos en acción.

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Para cuando vemos a los cuatro ocupando el mismo plano en The Defenders, se nos olvida todo el relleno que hemos tenido que ver para llegar ahí y nos duele menos haber visto Iron Fist. De hecho, junto a Daredevil, la serie del Puño de Hierro es la más importante para seguir la trama central de The Defenders, directamente relacionada con la organización malvada La Mano y los poderes místicos de K’un-Lun. Así que, os haya gustado o no Iron Fist, no os arrepentiréis de haberla visto. Por mi parte, después de ver los cuatro primeros episodios de The Defenders, no solo me alegro de haber visto todas las series de Marvel/Netflix, aun con sus defectos, sino que he empezado a ver a Danny Rand de otra manera.

Como decía, solo he visto la primera mitad de The Defenders (lo que Netflix ha puesto a disposición de la prensa antes del estreno), pero ha sido suficiente para hacerme una buena idea general de lo que es la serie y despertar aun más el apetito por ver el resto. The Defenders cuenta tan solo con ocho capítulos, y aunque a priori se antoje escaso para encajar tantos personajes y tramas, lo cierto es que el resultado final no da la sensación de estar demasiado abarrotado o acelerado. Al contrario, la serie no podía ser más continuista en tono y ritmo, solo que ahora hay menos minutos que llenar, así que la historia se vuelve más compacta y no pierde el tiempo yéndose tanto por las ramas.

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The Defenders comienza con nuestros héroes separados, cada uno en su parcela de realidad de la ciudad de Nueva York. Y no podía ser de otra manera. Aunque nosotros los conocemos a todos, ellos aun no han sido presentados oficialmente (con excepción de Luke y Jessica), así que es lógico que tardemos un poco en ver al equipo tomando forma. En este sentido, los showrunners, Douglas Petrie y Marco Ramirez (afortunadamente, son los responsables de Daredevil los que toman las riendas del crossover), hacen un trabajo excelente estructurando la serie y dibujando la historia para llevarla hacia el emocionante encuentro. Al principio, The Defenders es cuatro series en una. Las respectivas apariciones de cada personaje reproducen el estilo visual, el color característico (rojo-azul-amarillo-verde) y la banda sonora de sus series individuales, así como continúan sus argumentos justo donde los dejó cada una. Esto puede ser chocante al principio, pero funciona, porque el espectador está perfectamente familiarizado con el lenguaje de cada serie, lo que le permite darle cohesión a todo en su cabeza.

A medida que The Defenders avanza, las tramas separadas se van entrelazando, los personajes secundarios de cada serie se empiezan a conocer, y poco a poco, los mundos de cada uno de ellos se van fusionando en uno solo, la Nueva York de los Defensores. Es un proceso que se cuece a fuego lento, pero que compensa enormemente cuando en el tercer episodio por fin vemos a los cuatro protagonistas compartiendo el mismo espacio y viéndose obligados a unir fuerzas por primera vez en la tradiconal y espectacular secuencia de lucha en el pasillo, una de las señas de identidad más distintivas de este universo televisivo. Para entonces, uno se da cuenta de que la espera ha merecido la pena. Vaya si ha merecido la pena.

The Defenders supone una mejora enorme con respecto a la serie que la precede inmediatamente, Iron FistEn la serie colectiva, el listón vuelve a subir. Los secundarios no solo no son una distracción de lo que de verdad nos importa, sino que aportan bastante a la historia (ayuda que se hayan traído a los que más nos interesan y se hayan dejado atrás a los eslabones más débiles), las interpretaciones de los protagonistas están más inspiradas, los diálogos son mejores, las coreografías de acción vuelven a brillar como en Daredevil, la cámara se mueve con más agilidad, se puede detectar más creatividad en los planos, en el montaje (hay unas cuantas transiciones entre las dispares tramas y estilos que son bastante ingeniosas), en el uso del color, y por último, hay más humor. Y es mejor.

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En este sentido, la presencia de Krysten Ritter como Jessica Jones es esencial. Sus chascarrillos sarcásticos funcionan como audiocomentario, apuntando a lo absurdo de la historias de cada héroe y la situación en la que se ven envueltos. Y aquí está lo mejor: Danny Rand se convierte en el hazmerreír del grupoThe Defenders presenta al personaje desde una perspectiva menos seria, y lo convierte en el saco de golpes de sus compañeros, sobre todo de Jessica y Luke. Desde su violento primer encontronazo, Finn Jones y Mike Colter muestran una química sorprendentemente buena, haciendo que Iron Fist y Luke Cage se conviertan en el dúo dinámico de The Defenders. Ver a Jessica pegando cortes a Danny es genial, pero ver a Luke metiéndose con su privilegio blanco o recriminándole su actitud de niño pequeño a la vez que le coge cariño es uno de los puntos fuertes de la serie.

Pero hay mucho más. No faltan los easter eggs (cuidado, que hay que prestar atención para ver el cameo de Stan Lee), las referencias a los cómics (Luke y Danny conversando mientras comen comida china), los divertidos one-liners de Jessica, hay un componente de misterio que recorre toda la trama y engancha, y por supuesto, buenas dosis de acción en todos los capítulos. Mención aparte merece el gran villano de la temporada (con permiso de la omnipresente Madame Gao), en este caso villana, Alexandra, interpretada por la excelsa Sigourney Weaver. Al principio puede parecer que estamos ante otra malvada corporativa (y hasta cierto punto lo es), lo que puede resultar decepcionante o aburrido para los que esperábamos algo más grande, pero Alexandra es más similar a Wilson Fisk que a cualquier otro villano de estas series, una mujer poderosa e influyente que esconde un as en la manga, un plan que podría desembocar en la mayor amenaza a la que se han enfrentado nuestros héroes. Hasta ahora se han visto las caras con enemigos relativamente más pequeños, pero como The Defenders, la escala del peligro aumenta, y estos deberán superar sus diferencias y aprender a trabajar juntos para enfrentarse a un reto más propio de Los Vengadores, un posible Apocalipsis en Nueva York.

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Los primeros cuatro episodios de The Defenders dejan ver una serie sólida, bien estructurada y segura de sí misma, con un acertado equilibrio entre acción y desarrollo psicológico de personajes (el odio de Jessica hacia su naturaleza superhumana, la desconfianza de Matt, el odio de Luke causado por la discriminación a su raza, todo esto es una fuente muy rica de drama, conflicto y humor). Pero nada se puede comparar al placer y la emoción de ver a estos personajes por fin juntos y comprobar la química que tienen como grupo. Puede que al principio The Defenders no esté a la altura del hype, al fin y al cabo, no es Los Vengadores, sino una continuación orgánica de las series anteriores, pero una vez ajustamos nuestras expectativas, hay muchísimo que disfrutar en ella. A falta de ver la segunda mitad, para la que estoy seguro de que se han guardado lo mejor, puedo confirmar que el Capitán América tiene razón. La paciencia recompensa.

Luke Cage: ¿A prueba de balas?

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Ya queda menos para ver en acción a Los Defensores, el equipo de superhumanos de pie de calle de Marvel, formado por Daredevil, Jessica Jones, Luke Cage y Iron Fist. Mientras esperamos a conocer a Danny Rand y a asistir al crossover más importante de la Marvel televisiva, repasemos lo que dio de sí la primera temporada de la entrega en solitario más reciente de NetflixLuke Cage. Después de darnos a conocer los rincones más oscuros de Hell’s Kitchen en DaredevilJessica Jones, Marvel Television nos sube en el metro y nos lleva hasta Harlem para contarnos la historia de Luke (Mike Colter), forzudo creado a principios de los 70 por Archie Goodwin y John Romita Sr., respuesta de La Casa de las Ideas al auge del cine de explotación protagonizado por actores negros.

Hasta ahora, Marvel Television ha mostrado una clara inquietud por diferenciar sus series individuales en Netflix dotándolas de un estilo marcado según los dictados de varios géneros cinematográficos. Así, Daredevil se construye como una cinta de artes marciales con toques de cine negro, mientras que Jessica Jones se adentra en el noir más clásico, tomando notas de las novelas de detectives y el pulp. Como no podía ser de otra manera, Luke Cage se presenta como un homenaje al blaxploitation, subgénero que la serie recrea excelentemente a través de la estética, la banda sonora de aire setentero y las escenas de acción (torponas hasta rozar el camp), y que adereza con los ingredientes tradicionales del cine de gángsters y guiños al western. Es decir, ya desde el primer episodio, Luke Cage deja patentes sus intenciones, marcando desde los primeros compases una personalidad fuerte y una identidad definida, lo cual se convierte en su mayor acierto.

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Contándonos la historia de Carl Lucas, un prófugo de piel tan dura como el titanio, Luke Cage lleva a cabo un retrato de la comunidad negra en Nueva York y una oda al barrio de Harlem, narrándonos las vicisitudes de los pequeños negocios y las dificultades de la población afromericana en un panorama de hostilidad y violencia creciente, así como la corrupción política del sistema, pero también celebrando su cultura en sus facetas más artísticas e innovadoras. Luke Cage vendría a ser el reflejo del movimiento Black Lives Matter en el género superheroico, una estilizada reconstrucción de la realidad en clave de ficción aumentada que nos habla de la brutalidad policial y los prejuicios, y que por encima de todo, reivindica la necesidad, y la responsabilidad, de reclamar, proteger y conservar para las siguientes generaciones una cultura de la que otros se han apropiado para explotarla con fines comerciales o para perpetuar el racismo. Con este objetivo en mente, la serie utiliza inteligentemente la música negra (rap, hip hop, blues, soul) para dibujar el contexto y la acción (el enfrentamiento final de Luke Cage y Diamondback está concebido como una batalla de rap) y da forma a un férreo discurso sobre la identidad y el legado de la población afroamericana en Estados Unidos.

“No soy un héroe, solo un tipo normal” -Luke

Pero más allá de su condición de símbolo, Luke Cage también representa el clásico dilema que define a casi todos los relatos superheroicos: ¿Qué hace al superhéroe? En este caso, la respuesta es más ambigua que la que podemos extraer de la facción cinematográfica de Marvel, ya que en la televisiva, las zonas grises están más extendidas y la diferencia entre el bien y el mal no se manifiesta de forma tan clara. Para responder a la pregunta tenemos que recurrir al personaje que ejerce como nexo de unión entre los Defensores, Claire Temple (Rosario Dawson). En esta ocasión, la enfermera adquiere un peso mayor en la historia (para alegría de todos) y aparece más tiempo en pantalla que en DaredevilJessica Jones, demostrando que es capaz de tener una química brutal con quien se le ponga delanteClaire es en el fondo la mayor heroína de la Marvel callejera, ya que carece de superpoderes, pero arriesga su vida igualmente para ayudar a los demás. Y esa es la lección que deja tras su (caldeado) paso por la vida de Luke Cage, a quien demuestra que no es necesario llevar armadura o capa para ser un superhéroe, que con llevar una sudadera con capucha y estar dispuesto a hacer lo correcto sin importar las consecuencias y sacrificarse por los demás es suficiente.

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Y hablando de arriesgar, otro de los aspectos más destacables de Luke Cage es su contenido para adultos, muy alejado de lo que acostumbramos a ver en las películas de Marvel, orientadas a todos los públicos. Ya desde antes del estreno, los responsables de la serie se aventuraban a definirla como “la The Wire de Marvel”. Y aunque la comparación le viene grande (enorme, de hecho), tiene parte de verdad, ya que Luke Cage aborda temas similares (la naturaleza del poder, la ambición, la corrupción del sistema, el crimen organizado) y se apoya fuertemente en el ritmo pausado y la crudeza de la aclamada ficción de David Simon. En Luke Cage se lleva un paso más allá lo que se hizo en Daredevil Jessica Jones, aumentando las dosis de violencia y las palabras malsonantes (otra cosa que reclama la serie es el uso del término “nigga”, que se repite constantemente), en un intento por explorar hasta dónde son capaces de llegar sus personajes, y también Marvel, que afortunadamente no parece poner trabas a la naturaleza más osada y adulta de estas series.

Pero no todo es positivo en la serie. De hecho, a pesar de sus aciertos, Luke Cage es la entrega de Marvel/Netflix más desigual hasta ahora. El principal problema que perjudica a la serie es algo que también afecta a DaredevilJessica Jones: que, aunque parezca mentira, 13 episodios de alrededor de una hora de duración es excesivoLuke Cage empieza con fuerza, pero se va desinflando por la necesidad de estirar las tramas para justificar la duración, y se resiente irreversiblemente hacia la mitad de la temporada, con la desaparición de Cottonmouth (Mahershala Ali), el mayor error de la serie. Con esta decisión se sacrifica un villano con presencia y carisma para cambiarlo por uno que parece una parodia, y dar más énfasis a otros rivales de Cage (la villana principal de la temporada es evidentemente Mariah Dillard), oponiendo al héroe a más de un enemigo. Pero en este caso, más no es mejor. Los prescindibles personajes secundarios, el superávit de malosos y la dilatación de los acontecimientos provoca demasiados puntos muertos y minutos de relleno que desfavorecen el conjunto.

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Por otro lado, el argumento es demasiado convencional y los diálogos son muy obvios, cayendo en la sobre-explicación y tocando todos los clichés posibles, algo que, por mucho que sea coherente con el estilo al que rinde homenaje, resulta en algo torpe y superficial. Y por último, su reparto no está al mismo nivel. Por un lado, Rosario Dawson, Mahershala Ali y Simone Missick hacen un estupendo trabajo, pero por otro, Alfre Woodard se pierde en la sobreactuación y construye a un personaje que roza el ridículo, mientras que a Mike Colter, nuestro protagonista, le falta mucha fuerza, paradójicamente. Colter tiene un físico impresionante que se ajusta como anillo al dedo a la imagen del personaje, pero su capacidad interpretativa está mucho menos desarrollada que sus músculos, y carece del carisma necesario para ser Power Man en todas sus dimensiones.

A pesar de todo, hay mucho margen para mejorar, más allá de la valiosa aportación que la serie realiza en un género eminentemente blancoLuke Cage parte con una gran ventaja, que no necesita tiempo como otras ficciones para afianzar su estilo, sino que arranca siendo muy consistente en su discurso, su voz y su estética diferente de los demás. Ahora hace falta que los guionistas se esfuercen un poco más al escribir los diálogos, construir la historia, y dotarla de profundidad más allá de los topicazos de género, para poder así llenar 13 capítulos con material de calidad, en lugar de tener que alargar las 6 horas interesantes que tienen. Porque aunque parece que Marvel está hecha a prueba de balas, en ocasiones no le viene mal que le digan que no es así.

Jessica Jones: Otra clase de heroína

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¿Qué hace al superhéroe? Si nos fijamos en la superficie, lo primero que viene a la mente es su traje, su máscara o el arma o armas que usa para luchar. Pero, ¿qué pasa si el superhumano en cuestión no lleva uniforme o no oculta su cara cuando está salvando la ciudad? Esta es una de las cuestiones que definen a la nueva superheroína del Universo Cinemático de MarvelJessica Jones. ¿Qué diferencia a Jessica del resto de los humanos? ¿Qué es un superhéroe y cómo se debe comportar? Las series del UCM, especialmente Daredevil, nos han presentado un tipo de superhéroe más humanizado e imperfecto, menos anclado en la tradición comiquera del superhéroe pop, personajes con más capas (de las otras) que conviven a diario con otra clase de héroe más mundano (la enfermera, el policía, un amigo fiel). Liderando una serie transgresora y diferente en muchos aspectos, Jessica Jones se une a las filas de Marvel para seguir poblando y enriqueciendo esa parcela más sombría de La Casa de las Ideas que inauguró en Netflix El hombre sin miedo.

Después del rotundo éxito de la serie sobre Matt Murdock, todas las miradas estaban puestas sobre Jessica Jones. El espectador necesitaba regresar a los callejones y bares de mala muerte de Hell’s Kitchen, el peligroso barrio de Nueva York que ni Capitán América ni Thor se plantean pisar, para seguir conociendo a los personajes que conformarán el supergrupo llamado Los Defensores en la popular plataforma de vídeo. Pero, ¿quién es Jessica Jones? La serie de Netflix, creada por Melissa Rosenberg (guionista de Dexter o la saga Crepúsculo), está basada en Aliasel célebre y rupturista cómic de Brian Michael Bendis y Michael Gaydos publicado en 2001, sobre una ex-superheroína que se gana la vida como investigadora secreta en su propia agencia, “Alias Investigations“, donde recibe casos de todo tipo, desde infidelidades a personas desaparecidas (la serie adapta muchas tramas y situaciones, y reproduce numerosos diálogos de las páginas, pero pronto emprende su propio camino al margen). Este imprescindible tebeo marca un antes y un después en Marvel Comics por su contenido para adultos y sin censura (Alias es el primer cómic de Marvel donde se pronuncia la palabra “fuck“), y de la misma manera, Jessica Jones (titulada así debido a la existencia de la serie de J.J. Abrams) supone un recrudecimiento del UCM, que encuentra en esta serie su vertiente más adulta y menos coartada por las normas de la empresa.

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Al igual que DaredevilJessica Jones trata temas más maduros y a menudo escabrosos que sus primas cinematográficas. Si Daredevil elevaba las cotas de violencia y nos presentaba escenas de acción de una intensidad inusitada en Marvel, Jessica Jones continúa esta tendencia, algo menos centrada en la acción y más en la violencia psicológica, pero añadiendo además un factor completamente nuevo en el UCM: el sexo. Hasta ahora solo habíamos presenciado castos besos entre los héroes de Marvel y sus partenaires, y las referencias a su vida sexual no eran más que chascarrillos inocentes o bromas infantiles que quedaban en nada. Todo eso cambia en Jessica Jones. La tórrida relación de la protagonista con Luke Cage (el tercer superhéroe que tendrá su propia serie en Netflix) nos proporciona varias escenas de cama que hacen temblar los cimientos no solo del edificio donde vive la investigadora, sino también del Universo Marvel. Si a eso añadimos cuestiones comprometidas como la violación, el trastorno de estrés postraumático o las drogasJessica Jones se confirma como la serie más osada y sin concesiones de Marvel. Pero lo más importante es que estos elementos no se utilizan a la ligera (aquí el sexo no es un reclamo publicitario y la heroína titular no está hiper-sexualizada, es más, destaca por su “mal sentido de la moda” y su percha desgarbada), sino que forman parte integral del desarrollo de la historia y la caracterización de la protagonista.

A lo largo de los 13 episodios de la primera temporada de Jessica JonesKrysten Ritter ha demostrado ser una estupenda elección de casting para dar vida al personaje. La peculiar actriz ha destacado como secundaria en varias series (Breaking Bad, Veronica Mars), pero todavía tenía que probar que podía llevar el peso de una serie dramática sobre sus hombros (que podía llevar una comedia ya lo sabíamos, pero Apartment 23 no la vio nadie). Y con Jessica Jones ha superado el reto con nota. Aunque su interpretación sea eminentemente dramática, Ritter ha rescatado con acierto la dimensión más cómica y corrosiva del personaje tal y como lo escribió Bendis y dibujó Gaydos (la actriz capta la expresión de la Jessica de las viñetas perfectamente), para luego llevarlo un paso más allá. Jessica Jones está hasta el coño de la humanidad y así nos lo hace ver en todo momento. Se trata de una persona brutalmente honesta, huraña, alguien que no se considera un héroe y vive llena de sentimiento de culpa y desprecio por sí misma, sentimientos que ahoga en el alcohol. Esto da lugar a una heroína alternativa en el sentido más completo de la palabra, un personaje cuyas aristas sirven tanto para crear drama de peso como para generar estupendos momentos de comedia. Y Ritter ha sabido cómo equilibrar esta dualidad de su personaje para conmover en sus encuentros con Kilgrave o divertir en su día a día lidiando con el resto del mundo (lo que daría por recibir un corte de Jessica Jones). En este sentido hay que destacar lo bien que la actriz encaja con el resto de personajes en los diferentes ámbitos de la serie, ya sea mostrando un lado más tierno y relajado junto a su mejor amiga, Trish (Rachael Taylor), uno más agresivo ante la inmoral abogada Jeri Hogarth (Carrie-Anne Moss), una faceta más sensual a la par que autodestructiva con Luke Cage o la mayor de las vulnerabilidades (y también las fortalezas) enfrentándose al villano excelentemente interpretado por David Tennant.

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Jessica Jones atrapa enseguida, aunque hay que decir que su relato es irregular y sus escenas de acción carecen de la fuerza y el impacto necesario (ya hemos dicho que la serie está menos centrada en las peleas que Daredevil, pero eso no es razón para descuidar las que hay). Narrativamente, la primera mitad de la temporada no puede evitar caer en el estiramiento y el relleno, dando la sensación de que no hay suficiente material para llenar una hora entera de cada capítulo (nos preguntamos si es necesario conocer tantos detalles de los secundarios que, en un principio, no aportan nada y no resultan interesantes). Sin embargo, los episodios 7 y 8 (“AKA Top Shelf Perverts” y “AKA WWJD?” respectivamente) marcan un claro punto de inflexión en la serie. Es entonces cuando las tramas que nos parecían descolgadas de la historia empiezan a converger y los personajes cuyo papel estaba difuminado comienzan a jugar un rol más activo y crucial en la serie. Pero sin duda, es el paso a primer plano del fascinante psicópata Kilgrave y por tanto la mayor presencia de Tennant en pantalla lo que contribuye a que Jessica Jones gane ritmo y empaque, y se marque una segunda mitad de temporada de órdago (está demostrado que el formato serial es el más idóneo para desarrollar satisfactoriamente a los villanos de Marvel). Es entonces cuando la serie decide no perder ni un minuto más y exprime al máximo la truculenta historia de Jessica y Kilgrave para profundizar en los temas que trata: los traumas familiares (en JJ, la familia biológica sale mal parada, mientras se celebra la fuerza de la familia creada), la necesidad de aprobación por parte de los demás, la dependencia emocional, la culpabilidad y otras emociones propias de las víctimas de agresión sexual, o la manipulación, quizá el mayor núcleo temático de la serie (aquí todos los personajes controlan o son controlados a algún nivel).

Lo que empieza como un noir marveliano (música, voz en off, tono, puesta en escena, todo sigue los dictámenes del género) con una protagonista que es una suerte de Veronica Mars con los poderes de Buffy Summers, se va transformando poco a poco en un absorbente thriller psicológico que no tiene miedo a adentrarse en los rincones más oscuros y sórdidos de las vidas de sus personajes. Jessica Jones sigue los pasos de Daredevil, pero puede llegar a ser más triste y nocturna, y apuesta por una heroína diferente, una más desastrada e irreverente, que no se entrena para luchar y evita usar la violencia en la medida de lo posible (ahí podría estar una explicación de por qué la serie carece de la contundencia física de Daredevil). Con Jessica Jones, Marvel empieza a compensar de verdad su déficit de mujeres protagonistas (Peggy Carter dio el primer paso, aunque todavía esperábamos a una superhumana con “cabecera” propia) a la vez que introduce el siguiente capítulo de su macrohistoria (la fructífera participación de Mike Colter nos hace esperar Luke Cage con más ganas si cabe) y solidifica su fracción televisiva, donde los héroes no son conscientes de que lo son y no lidian con invasiones extraterrestres o amenazas gobales, sino que deben hallar lo que los convierte en superhéroes defendiendo a los ciudadanos uno por uno y, sobre todo, enfrentándose a sus demonios (púrpuras) personales.