Crítica: La invitación

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Para hablar de La invitación se hace necesario volver a recurrir a un tópico que venimos utilizando periódicamente en este blog: Cuanto menos se sepa de la película, mejor. En estos tiempos de sobreinformación y campañas de márketing de 24 horas que develan todo lo que hay que saber de una película antes de su estreno, hay que aprovechar las oportunidades que nos brindan algunos, como la reciente Calle Cloverfield 10, a la que es recomendable acudir sin haber visto ni un trailer, o una de las revelaciones de hace dos temporadas, Coherence.

De hecho, La invitación guarda bastante parecido con esta última (aunque no se adentra en la ciencia ficción como ella). Su directora, Karyn Kusama, conocida por su opera prima Girlfight, y por ser la responsable de dos cintas universalmente vilipendiadas como son Æon Flux y Jennifer’s Body (yo salvo de la quema la segunda, por cierto), cambia completamente de tercio y para su cuarta película opta por un thriller minimalista de interioresLa invitación, que se alzó con el gran premio del pasado Festival de Sitges, no es una película fantástica, pero se puede enmarcar sin problemas dentro del “cine de género”, ya sea por su naturaleza de misterio en el que sentimos que cualquier cosa podría pasar o por su explosivo tramo final, del que por supuesto no desvelaremos nada.

Como en Coherence, el film de Kusama nos extiende una invitación para pasar una (en principio) agradable velada junto a un grupo de amigos que no se ven desde hace muchos años. Lo que empieza como una diner party se va transformando poco a poco en un juego de intriga en el que los secretos y los rencores del pasado van aflorando. Desde el momento en el que entramos junto a Will (Logan Marshall-Green, el Tom Hardy de Hacendado) en la casa de diseño de Los Ángeles donde transcurre la acción y “reconectamos” con sus extraños dueños, interpretados por Michiel Huisman y Tammy Blanchard, sabemos que algo turbio está ocurriendo o está a punto de ocurrir, sensación que se magnifica con la enervante presencia de John Carroll Lynch, un nuevo amigo de la pareja que se incorpora a la cena. El clima de confusión va en aumento con conversaciones cada vez más excéntricas, incluso macabras, y revelaciones que hacen que Will, y los espectadores, nos preguntemos si de verdad está pasando algo o estará solo en nuestra cabeza.

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La invitación es un trabajo de suspense muy afinado, un estupendo thriller de diálogos que atrapa y desconcierta con una tensión continua y un ritmo perfecto. Con muy buen ojo para la planificación y el encuadre (jugando a ser David Lynch por momentos), y una coreografía de personajes que avanzan la historia con una inclinación casi teatral, Kusama saca el máximo partido del “escenario” en el que transcurre la acción, construyendo una gran atmósfera de luz tenue y rincones ensombrecidos que expresan amenaza y desasosiego. Sin embargo, todo esto queda algo mermado durante su desenlace, un clímax que, a pesar de estar bien ejecutado desde el punto de vista técnico, no está a la altura del conjunto y pone de manifiesto los problemas de la película: lo predecible que resulta en el fondo y la falta de coherencia para dar sentido a lo que está ocurriendo.

Aun así, merece la pena aceptar esta invitación y entrar a formar parte del inquietante rompecabezas que nos propone la película. Con sus fallos, La invitación no deja de ser un potente ejercicio de suspense, un thriller psicológico que además de enganchar, supone una interesante reflexión sobre las diferentes formas de afrontar una pérdida y la delgada línea que hay entre la aceptación y el fanatismo.

Valoración: ★★★½

Crónica de la Muestra Syfy 2016

Leticia Dolera Syfy

El 13 es un número especial, históricamente asociado a la mala suerte, y con el tiempo justo lo contrario, un símbolo de buena suerte para los que gustan de llevar la contra. Para los fans del cine fantástico, el 13 ha significado algo muy especial este fin de semana: una de las mejores ediciones de la Muestra Syfy. Nuestro mini-festival favorito se ha mudado de residencia, pero sigue viviendo en el mismo barrio. De los Cines Callao al Cine de la Prensa de Gran Vía, sin perder en la mudanza ni un ápice del entusiasmo que lo caracteriza.

Como todos los años, nos damos cita con la Muestra Syfy, organizada por el canal de televisión Syfy España, para ver cine de género (fantástico, ciencia ficción, terror, animación) durante cuatro días (este año del jueves 3 al domingo 6 de marzo). Una veintena de películas que han conformado una programación en la que, como de costumbre, han tenido cabida las ideas más disparatadas y las propuestas más curiosas. Muertos vivientes, fantasmas, zombies, demonios, extraterrestres y caníbales (por partida doble, que este año ha sido el de los antropófagos), todos se han reunido un año más para la gran fiesta del cine fantástico en Madrid.

Y como decía, aunque hayamos cambiado de emplazamiento, el espíritu de la Muestra sigue intacto. Por un lado gracias a la organización, que ha llevado a cabo el cambio de la forma más fluida (esperábamos que al cambiar de una sala grande a tres más pequeñas hubiera un caos mayor, y para nada), por otro a los seguidores (bautizados “mandanguers” -o mandangers- durante la última sesión del domingo), incansables, “motivados” y con ganas de darlo todo en las proyecciones, y por último, pero no por ello menos importante, gracias a la gran Leticia Dolera, que un año más se corona como la reina geek (Mandanga Queen) de nuestro país. Parece mentira, pero Dolera se supera cada año. El nivel de complicidad que ha alcanzado con los asistentes a la Muestra es increíble (para entender los chistes internos o la importancia de las palabras “mandanga” y “Canino” hay que haber estado allí), y se ha notado especialmente en esta edición, en la que, entre otras muchas cosas, ha recordado a sus compañeros de Al salir de clase con velas en la mano (in memoriam?), ha demostrado su amor por Buffy, ha llamado por teléfono a Raúl Arévalo, al que dejamos un mensaje de voz porque no lo cogió (y al que esperamos ver en la próxima edición, no nos falles, Raúl), ha cantado los precios de la cantina, ha reivindicado a Chicho Ibáñez Serrador (Goya honorífico ya), ha criticado (de bromi) a los actores españoles por no vocalizar, y por supuesto, ha repartido Huesitos entre el público. Todo del mejor rollo posible. Gracias, Leticia. Sin ti la Muestra no sería lo que es.

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Dicho esto, pasemos a hablar de las películas que hemos podido ver este año. Muchas de las que, por cierto, tienen distribución en España, así que anotad las recomendaciones. La Muestra dio el pistoletazo de salida el jueves 3 con el preestreno de La invitación, de Karyn Kusama, uno de los grandes éxitos de la pasada edición del Festival de Sitges, donde se alzó con el premio a la mejor película del certamen. Con un reparto de caras conocidas, sobre todo para el seriéfilo (Logan Marshall-Green, Michiel Huisman o John Carroll Lynch), La invitación es una cinta malrollera que recuerda a Coherence en sus ambientes y a La cena de los idiotas por su mala baba. Kusama sabe dosificar la información como si de un menú degustación se tratase y nos embriaga de tal manera que seguimos pidiendo más a pesar de que sintamos ya los ardores de las horas posteriores. Menos mal que tiene el detalle de ofrecernos un chupito digestivo para pasar el (mal) trago.

El viernes 4 nos deparaba más de una sorpresa. El primer día propiamente dicho de la Muestra arrancaba con la noruega Villmark Asylum, secuela de uno de los mayores éxitos cinematográficos del país nórdico que nos proponía de nuevo (“nos” es un decir, porque de los cientos que estábamos en la sala solo cuatro fans aplicados habían visto la primera) una historia de terror ambientada junto a un lago remoto, concretamente en un hospital abandonado donde se trataba a los enfermos de tuberculosis muchos años Imagen 2atrás. Como podéis imaginar por la descripción, Villmark Asylum es la típica película de “manicomio encantado”, y recurre a los tópicos y la imaginería habitual del género (fantasmas de pacientes y enfermeras deambulando entre pasillos, experimentos inmorales), donde por desgracia se queda completamente estancada sin saber qué contar. Un rollazo.

Las dos siguientes películas de la tarde sirvieron para arreglar el mal sabor de boca de Villmark 2 (su título original) y despertarnos de la siesta. En primer lugar, la británica Nina Forever nos planteaba una premisa sencilla a la par que interesante, con una historia romántica sobre un chico que perdió a su novia en un accidente y, cuando intenta iniciar una nueva relación (concretamente cuando practica el sexo con su nueva pareja), la novia se le aparece tal y como quedó tras el accidente para atormentarle a él y a la chica. Una metáfora sobre las relaciones y la pérdida que, a pesar de resultar demasiado evidente, da para muy buenos momentos, aunque al final se pierda por no saber cómo ni cuándo concluir la historia. Nos quedamos con la primera hora de la película, rebosante de sentido del humor, emotividad y erotismo, y con las interpretaciones de su trío protagonista, en especial las femeninas, Fiona O’Shaughnessy y Abigail Hardingham. En segundo lugar, llegó la esperadísima (y apaleadísima) nueva película de Eli Roth, The Green Inferno, y resultó ser uno de los mayores éxitos entre el público de la Muestra. Roth ha orquestado una película repugnante, nauseabunda, con los peores actores del mundo y autoconscientemente mala que se reveló como la oferta perfecta para la Muestra, como demostraron las continuas carcajadas y aplausos de la sala. Una cinta idónea para este tipo de ocasiones, en las que a veces es mejor no pesar demasiado lo que se está viendo y dejarse llevar. Eso sí, vais sobre aviso si decidís verla: al igual que su día Holocausto caníbal (de la que evidentemente bebe, y come, mucho) sus imágenes gore pueden provocar más de un mareo.

Las sesiones nocturnas del viernes nos dejaron otra sorpesa. Desafortunadamente no fue la española Vulcania, que fue recibida con indiferencia y aburrimiento generalizado (quizá si los responsables del film no hubieran estado en la sala presentándolo el público se habría ensañado más). El debut de José Skaf en la dirección de largometrajes es una oportunidad perdida, una película que recuerda demasiado a El bosque (aunque Skaf asegurase que todo parecido es coincidencia) y que, a pesar de su excelente factura y buen reparto, nos deja completamente a medias (aquí podéis leer una crítica completa de la película, que ya está en cines). A continuación , la primera sesión golfa de la Muestra 2016 nos presentaba la primera parte de la japonesa Parasyte, de Takashi Yamazaki, film que fue recibido cálidamente por el público del Cine de la Prensa. Parasyte, Part I  es la hilarante visión japonesa de la Nueva Carne de Cronenberg (se trata de la adaptación live action del manga del mismo nombre), con momentos cómicos muy conseguidos y una épica tan ridícula como convincente. Por una noche, Migi destronó a Huevón como rey de la madrugada Syfy.

BONE TOMAHAWK

El sábado por la mañana tenía lugar la primera sesión Syfy Kids, con la proyección de una de las nominadas al Oscar a Mejor Película de Animación este año, The Boy and the World, distribuida en España por Rita & Luca Films. La tarde comenzaba con la surcoreana The Piper, adaptación libre de El flautista de Hamelín que tiene lugar en una pequeña aldea azotada por una plaga de ratas, donde un hombre y su hijo hacen una parada para ayudar a los habitantes. La película de Kim Kwang-tae comienza como una comedia amable con toques de realismo mágico y en su tramo final se transforma en una historia oscura, trágica y macabra. Una película peculiar de la que se pueden destacar bastantes virtudes, entre las cuales por desgracia no se encuentra la consistencia. A continuación se proyectaba la caboyano-americana Listening, que juega con la idea de la manipulación de la mente y la creación de la telepatía, y que fue con diferencia una de las peores películas de la muestra. Llamarla amateur sería quedarse muy cortos. Una primera parte que copia descaradamente a Primer da lugar a una segunda mitad que adquiere tono épico-conspiranoico y se hunde en el mayor de los ridículos. Y lo peor de todo, el asqueroso machismo que recorre toda la cinta. Lamentable. Pero es que esa misma noche pudimos ver otro desastre de proporciones épicas, Generación Z (título español para The Rezort), una Parque jurásico con zombies en lugar de dinosaurios que, por muy atractiva que suene la idea, no podría haber dado lugar a una película más terrible. Y lo peor no es el planteamiento completamente absurdo (eso no es un problema en la Muestra), sino que ¡se toma en serio! y contiene un mensaje político que no podría estar hilado de forma más patética. Menos mal que justo antes habíamos disfrutado del plato fuerte del día, Bone Tomahawkwestern atípico cargado de humor, violencia extrema (condensada en su magnífica recta final, donde podemos ver una de las muertes más despiadadamente brutales y gráficas de la historia del cine) y grandes interpretaciones, en especial la de Richard Jenkins, que conquistó a la sala al completo. Una gozada.

Foto de Mara

El sábado muchos hicimos un paréntesis para asistir a la proyección del musical de Buffy, cazavampiros, “Once More, With Feeling” (6×07), una ocasión de lujo para poder ver en pantalla de cine uno de los capítulos más emblemáticos de esta serie de culto. El ambiente seriéfilo era inmejorable y nuestra anfitriona, Leticia, nos preparó una presentación genial. En primer lugar nos hizo un recorrido por la serie, resumiendo las temporadas y hablando sobre la experiencia que supone ser espectador de Buffy, en especial si se vio por primera vez durante la adolescencia (o post-adolescencia). A continuación recomendó el libro sobre Joss Whedon De la Estaca al Martillo, que como muchos sabéis, coordiné el año pasado junto a mi colega, amiga y admirada Cazadora Irene Raya. Aunque ya lo hice en persona, desde aquí quiero agradecer de todo corazón una vez más a Leticia por hablar del libro en la proyección (en dos proyecciones distintas, de hecho), fue un detalle precioso que convirtió lo que ya estaba siendo una gran Muestra en mi mejor Muestra. Por último, Dolera orquestó un gran momento fan junto a los fans de Buffy, haciéndonos ensayar un fragmento de la canción “Walk Through the Fire“. ¿El resultado? Juzgad vosotros mismos:

Y llegó el último día. El domingo suele ser una jornada de mayor relax en la Muestra, y este año ha cumplido esa norma. El día arrancaba con la polaca Demon, adaptación moderna de la leyenda del dybbuk judío que transcurre durante una boda tradicional en el campo. Una película divertida, surrealista e inteligente que acercaba el cine de autor europeo a la Muestra, demostrando que cualquier tipo de propuesta fantástica tiene cabida en ella. Demon resultó ser una de las películas más interesantes de este año, un relato impregnado de vodka e historia (la de unas ruinas que no se pueden o no se quieren reconstruir), de un humor absurdo y filosófico exquisito y una memorable interpretación protagonista, la de Itay Tiran. Su director, Marcin Wrona, se suicidó en 2015, dejándonos una excelente obra póstuma. Una pena no saber hasta dónde podía haber llegado su talento.

La tarde del domingo continuó con Jeruzalem, un found footage ambientado en la capital israelí y protagonizado por dos turistas americanas cuyas vacaciones se ven interrumpidas por el día del Juicio Final. The Paz Brothers abordan el hastiado género del metraje encontrado intentando revitalizarlo con un nuevo gadget: las Google Glass. De esta manera salen airosos del engorro que suelen tener todos los directores para justificar el hecho de que sus protagonistas no dejen de grabar. Pero más allá de eso, no hay nada verdaderamente destacable de Jeruzalem, además de su bello y original emplazamiento. Una película que sigue los dictados del género (y demuestra algo más que admiración por [REC], como advirtió después Dolera, o Cloverfield) y al menos entretiene y cumple su función a pesar de caer en el despropósito continuamente. Y después de Jeruzalem, dimos un giro de 180º grados en el tono para disfrutar de la (muy) británica Absolutamente todo, dirigida por Terry Jones (miembro de Monty Python, guionista de Dentro del Laberinto, que también se pudo ver en una sesión especial en homenaje a David Bowie), una comedia directamente salida de los 90 que recuerda demasiado a Como Dios, pero que resultó ser un soplo de aire fresco gracias a sus divertidos diálogos y al buen hacer de su protagonista, un carismático Simon Pegg demostrando que puede ser un gran leading manAbsolutamente todo también destaca por ser la última película de Robin Williams (en ella dobla al perro Dennis y nos deja algunos de los mejores momentos de la cinta) y por contar con las voces de lo Monty Python dando vida a los extraterrestres que otorgan los poderes al personaje de Pegg.

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La Muestra 2016 tocaba a su fin con la esperadísima High-Risepelícula dirigida por Ben Wheatley y escrita por él junto a Amy JumP a partir de la novela de J. G. BallardHigh-Rise venía precedida de mucha expectación, aunque acabó siendo una gran decepción (y no es que no nos lo hubieran advertido desde Sitges y otros festivales). High-Rise es una cinta post-apocalíptica retro-futurista que podría describirse (muy superficialmente) como una fusión de BrazilSnowpiercer. La película tiene un planteamiento muy interesante y suficientes elementos atractivos por separado (la estética, la música, la percha de Tom Hiddleston, el sorprendente talento de Luke Evans), pero en conjunto resulta fallida, sobre todo por un empeño, casi exhibicionista y provocador, en el estilo por encima de la sustancia, y la locura y el absurdo porque sí, lo que juega en detrimento de la historia. High-Rise se pierde en la no-narratividad hacia la mitad de su metraje y no se recupera, rematando su “relato” con una conclusión sobre-explicativa que subraya demasiado el mensaje y parece que ya va con recochineo. Probablemente estemos ante una obra incomprendida que será reivindicada como película de culto. Quizá solo sea una pretenciosa paja mental que acabaremos olvidando. El tiempo lo dirá.

Y hasta aquí otra Muestra Syfy llena de buen rollo, amistad y celebración de la cultura fan y el cine (y la tele) de género. Me despido con una de las frases más bonitas de Leticia Dolera, pronunciada (con toda sinceridad y convencimiento) durante una de sus encantadoras presentaciones:

“Axioma: Te gusta el cine fantástico y de terror, eres buena persona. Te gusta Buffy, eres buena persona”.

¡Hasta el año que viene, Mandangers!

Texto de Pedro J. García y David Lastra

Crítica: El secreto de Adaline

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Esta es la historia de Adaline Bowman. Nos habla del tiempo y la soledad, pero sobre todo del amor, de su supervivencia a través de los años, de la huella que deja cuando se pierde, y de su poder para cambiarlo todo. Adaline (Blake Lively) dejó milagrosamente de envejecer cuando tuvo un accidente de coche a los 29 años. La correcta alineación de las estrellas y un rayo que cae sobre su vehículo sumergido en el agua la convierten en una mujer eternamente joven. En consecuencia, Adaline se ve obligada a llevar una vida solitaria y alejarse de aquellas personas que, al pasar mucho tiempo con ella, puedan desvelar su secreto. La muchacha vive rozando los 30 durante ocho décadas, cambiando de residencia cada diez años y en una dolorosa ocasión, rechazando al hombre de su vida para evitar que la idílica relación encontrase su fecha caducidad. Y así hasta nuestros días. Adaline vive en San Francisco, donde se prepara para su nuevo cambio de identidad con la intención de marcharse a vivir a una zona rural del país. Sin embargo, su vida dará un vuelco cuando conozca a Ellis Jones (Michiel Huisman), atractivo filántropo que hará que Adaline vuelva a vivir la encrucijada de destapar su maldición o hacer daño al hombre que ama. Un fin de semana en casa de los padres de Ellis finalmente lo cambiará todo para ella, cuando el azar le ponga la prueba más difícil de su larga vida.

Aunque lo parezca, El secreto de Adaline (The Age of Adaline) no está basada en una novela de Nicholas Sparks, sino que se trata de una historia original. Sin embargo, la película de Lee Toland Krieger (Celeste & Jesse ForeverThe Vicious Kind) se enmarca en la tradición del cine basado en la obra del autor de El diario de Noa, replicando su atmósfera etérea y ese gusto por la narración episódica (en Adaline hay dos capítulos muy diferenciados, dos películas en una). Pero sobre todo, El secreto de Adaline es otro cuento de hadas moderno (con narrador omnisciente incluido) para románticos empedernidos, un relato pseudo-fantástico con bien de almíbar en el que una pareja de bellos especímenes humanos (Lively y Huisman son asquerosamente guapos) viven una aventura llena de obstáculos en la que el amor triunfará por encima de todo… y todos acabarán comiendo perdices en familia (esperamos).

cartel EL SECRETO DE ADALINEEl componente fantástico de Adaline está muy cogido con pinzas. Sin embargo, su función se relega claramente a la de desencadenante y deus ex machina. La historia encuentra su base en la magia, pero las explicaciones al extraño caso de Adaline Bowman se limitan a dar los datos justos para mantener el aura de misterio y además hunden sus raíces en la astronomía, con la intención de no mojarse demasiado en cuanto al elemento sobrenatural. Es lo ideal, ya que de otra manera sería meterse en un berenjenal del que costaría mucho salir. Adaline no está interesada en la ciencia ficción por sí misma, sino en las posibilidades que esta puede brindar al relato amoroso, en el que una noción distinta del “para siempre” lo condiciona todo (tal y como suele ocurrir en el cine de vampiros). Dejando esto a un lado, El secreto de Adaline funciona muy bien gracias a su pareja protagonista, dos actores de exquisita presencia y suma elegancia que además poseen la química necesaria para sacar a flote una película así. Lively arrebata con su porte de maniquí y nos deja boquiabiertos con el vestuario que luce (un aliciente de esta película es observar cómo va cambiando su estilo a través de las décadas), mientras que Huisman se revela como el galán cosmopolita por excelencia, con su buena planta, su media melena y esa barba que no llega a ser hipster pero casi.

Sin embargo, más allá de su indudable belleza atemporal, la interpretación de la protagonista sorprende por su delicadeza e integridad (Adaline es igual de estilosa que Serena Van Der Woodsen, pero por lo demás, la actriz deja muy atrás sus días en Gossip Girl). Lively compone un personaje con entidad propia, caracterizado por un tipo de calma quebradiza que mantiene a raya la tensión y el miedo, refinado además por la sabiduría que ha adquirido con el paso del tiempo y la melancolía que esto conlleva (la actriz realiza un convincente trabajo de dicción y transmite bien esa experiencia, especialmente en las escenas junto a su hija octogenaria). Pero el arma secreta de El secreto de Adaline es su magnífico reparto de secundarios veteranos: una tierna Ellen Burstyn interpretando a la hija de Adaline, esa gran actriz en la sombra que es Kathy Baker, y sobre todo Harrison Ford, que nos regala sin que nos lo esperemos una de las interpretaciones más conmovedoras y sutiles de su carrera reciente, desvelándonos al mismo tiempo la verdadera intención de la película: no solo hablarnos del poder y la naturaleza del amor a través del tiempo, sino mostrarnos la diferencia con la que el amor se vive entre distintas generaciones.

Valoración: ★★★