Crítica: Ant-Man y la Avispa

Todavía no nos hemos recuperado de Vengadores: Infinity War y ya tenemos aquí la nueva entrega del Universo Cinematográfico MarvelAnt-Man y la Avispa (Ant-Man and the Wasp). La primera parte es una de las películas de menor calado del estudio, pero también una de las mejores. Ant-Man se estrenó justo después de Vengadores: La era de Ultrón y funcionó como respiro entre aquella y el siguiente gran crossover, Capitán América: Civil War. Y su secuela llega para cumplir el mismo papel en la Fase 3, relajar a la audiencia antes de la llegada de la esperadísima (y seguramente mucho más épica) Captain Marvel y el gran final, Vengadores 4.

Mucho se ha especulado sobre el rol que Ant-Man y la Avispa desempeñaría de cara a Vengadores 4 y su lugar en la cada vez más abarrotada línea temporal de Marvel. Pues bien, la película de Peyton Reed transcurre antes de los acontecimientos de Infinity War y en su mayor parte es independiente del arco central del MCU, con el que entronca al final. Lo que tenemos aquí es otra aventura de Scott Lang (Paul Rudd), esta vez con la Avispa de Hope Van Dyne (Evangeline Lilly) compartiendo protagonismo (es la primera vez que un personaje femenino figura en el título de una película de Marvel), y poco más. Es decir, no se trata de una película llena de cameos y giños para potenciar la continuidad y la interconexión de este universo. Y mejor así.

Después de su participación en Civil War, Scott debe lidiar con las consecuencias de sus actos en forma de arresto domiciliario. Los días pasan lentamente y las visitas de su hija, Cassie, lo mantienen ocupado y feliz durante su condena. A pocos días de quedar libre, Hope y su padre, Hank Pym (Michael Douglas) regresan a su vida y le encargan una urgente misión: ayudarles a encontrar a Janet Van Dyne (Michelle Pfeiffer), con la que el Hombre Hormiga estableció una conexión sensorial durante su peligrosa incursión en el reino cuántico. La tarea de traer de vuelta a la madre de Hope y mujer de Hank se complica con la aparición de un nuevo enemigo, Fantasma, y los trapicheos del malvado diseñador de armas Sonny Burch (Walton Goggins).

Ant-Man y la Avispa es una continuación orgánica de la primera entrega, mucho más relajada y ligera que la mayoría de películas del Universo Marvel. Pero también la menos memorable en un tiempo. Se agradece de nuevo el cambio de aires con una aventura de dimensiones más abarcables y mucho menos en juego, donde lo que está en manos de los héroes no es el destino del universo, sino el suyo propio y el de su familiaAnt-Man y la Avispa es divertida y tiene corazón, y aunque a estas alturas, decir esto sobre una película de Marvel es como no decir nada, no debemos subestimar el valor de una película de aventuras bien hecha solo porque no sea tan grandiosa como otras. Dicho esto, la secuela no es imprescindible, sus chistes son menos ingeniosos que la primera vez y su trama está menos trabajada, lo que hace que se desvanezca rápidamente.

Ahora bien, Marvel ha perfeccionado de tal manera su forma de hacer cine que, aun siendo una entrega menor, Ant-Man y la Avispa cumple con lo que se espera del estudio y viene genial después de la abrumadora Infinity War. Reed utiliza los poderes de sus héroes (manipulan su tamaño, así como el de la materia a su alrededor) para componer escenas de acción cargadas de humor y con efectos visuales excelentes que, si bien no llegan al nivel de inventiva de la primera parte (nada aquí está a la altura de la pelea en el maletín o el clímax en la habitación de Cassie), resultan muy vistosas, ágiles y divertidas. Esta es quizá la película de Marvel en la que la panificación y el montaje están más refinados, sacando provecho de cada vez que un personaje reduce o aumenta su tamaño para impulsar la acción o hacer reír.

Pero sin duda, lo mejor de Ant-Man sigue siendo su protagonista, Scott Lang, uno de los héroes más encantadores del Universo Marvel. Evangeline Lilly está estupenda como la Avispa, y de hecho, Hope es quien lleva las riendas del film (ya era hora de que un personaje femenino pasase al frente), pero es Paul Rudd (siendo Paul Rudd) el que se lleva el gato al agua. Otra vez. También hay que mencionar a Michael Peña, que vuelve a conquistar con su entusiasmo, naturalidad e irresistible sentido del humor (sus resúmenes a la velocidad de la luz siguen siendo tronchantes). Y por supuesto, Michael Douglas (más desatado que en la primera) y la mítica Michelle Pfeiffer, que sale poco (contábamos con ello), pero qué placer y privilegio es verla siempre. Finalmente, después de dejarnos traumatizados con Thanos, Marvel vuelve a su tradición de los villanos desaprovechados y olvidables, con un grupo de malhechores de lo más insulso, más propios del malo de la semana en una serie de televisión.

En resumen, Ant-Man y la Avispa es una disfrutable comedia de acción que se sostiene por sí sola a la vez que encaja perfectamente en los planes del universo de ficción al que pertenece (la impactante primera escena de los créditos finales conecta directamente con Infinity War, como era de esperar). Aunque no es tan creativa como la primera y su trama resulta menos interesante (la pseudociencia se va de las manos y es fácil desconectar con la historia), son sus simpáticos personajes, y los pequeños momentos que protagonizan, lo que hace que resulte tan refrescante y nos deje una sonrisa en la cara.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Contra todos: La buddy movie cerebral

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Tango y CashArma letal, Dos policías rebeldes, Gnomo Cop… La buddy film es uno de los subgéneros imprescindibles del cine de acción. Este tipo de películas descansan principalmente en la química de su pareja protagonista, normalmente dos hombres de personalidades opuestas que deben resolver sus diferencias por un bien común. Aunque vivió su apogeo en los 80 y los 90, edad de oro del cine testosterónico y los héroes de acción supermachos, la buddy film sigue dando guerra en la taquilla, pero ahora desde un prisma más cómico, desafiando estereotipos (Cuerpos especiales) y flirteando con la autoparodia (la próxima El otro guardaespaldas).

Contra todos (War on Everyone) continúa la tradición trazando un puente entre pasado y presente, conservando los lugares comunes del género (para bien y para mal), pero dándole un toque hipermoderno con un aire más autoconsciente e intelectual. Dirigida por el británico John Michael McDonaghContra todos se podría definir como una comedia indie de acción semiparódica. El film nos presenta al dúo dinámico formado por Alexander Skarsgård (True BloodBig Little Lies) y Michael Peña (Ant-Man, Marte), dos policías corruptos que patrullan las calles de Nuevo México como si fueran suyas. Terry (Skarsgård) y Bob (Peña) se dedican a chantajear a todos los criminales que se cruzan en su camino y abusan de su autoridad para salirse siempre con la suya, pero se encontrarán con la horma de su zapato cuando enfrenten a un enemigo mucho más peligroso que ellos, el aristocrático capo de la mafia de Nuevo México Lord James Mangan (Theo James).

Contra todos se beneficia de un reparto fantástico, y en especial de la dinámica en pantalla de Skarsgård y Peña, dos intérpretes más que solventes que forman muy buena pareja, a pesar de que sus personajes puedan resultar más antipáticos de lo normal. Ellos son lo que mantiene en pie una película contra-todos-dvdque, por otro lado, no ofrece mucho más. Contra todos puede recordar a la reciente (y muy superior) Dos tipos buenos, pero la cinta protagonizada por Russell Crowe y Ryan Gosling hallaba el equilibrio perfecto entre comedia tonta e inteligente, mientras que la de McDonagh se pierde en un tipo de humor más cerebral que no termina de dominar. Contra todos busca la risa contraponiendo la violencia más primitiva, el chiste verde o las situaciones disparatadas  a la intelectualidad de las citas filosóficas o las referencias cultas a autores, pero no sale airosa de su empresa, entrando a menudo en el terreno de lo pretencioso.

Por lo demás, Contra todos da justo lo que cabe esperar de una película de estas características, ya que se dedica a reproducir los tópicos del género al que pertenece, con un giro más irreverente y políticamente incorrecto. No falta el machismo inherente al actioner de los 90 (ellos pasean su privilegio masculino y presumen de pistolón mientras ellas cuidan de los niños y ofrecen sexo, gratis o cobrando), como tampoco la homofobia o el racismo casual. Claro que todo esto es contrarrestado mediante la autoconsciencia de la que hablábamos, y un ajuste modernizador (el malo es bisexual, los intereses románticos son una mujer negra y una latina) que le hace sumar puntos. Pero lo más destacable del film es sin duda el buen hacer de su pareja protagonista, un Alexander Skarsgård que es todo presencia y elegancia, y un Michael Peña divertido y carismático.

Contra todos ya está a la venta directa en DVD de la mano de Sony Pictures Home Entertainment. Como contenido adicional, la edición incluye escenas eliminadas.

Crítica: Marte (The Martian)

THE MARTIAN

¡El primo de Ridley Scott ha vuelto! El director de Blade RunnerAlien lleva varios años encadenando proyectos decepcionantes (los más recientes: la vapuleada Éxodus: Dioses y reyes, la infumable El consejero, y la película con más agujeros de guion de la última década, Prometheus). Es algo a lo que estamos acostumbrados, pero sabiendo que Scott es uno de los mejores en su oficio nos preguntábamos cuándo volvería a poner su innegable talento tras la cámara al servicio de una buena historia. La respuesta llega en 2015, o mejor dicho, en 2035, con la adaptación cinematográfica de la aclamada novela El marciano, de Andy Weir, “el mejor libro de ciencia ficción de los últimos años” según el Wall Street Journal y otro puñado de medios importantes. En España simplemente titulada Marte (El marciano, aunque parezca mentira, puede echar para atrás a muchos espectadores casuales), The Martian es una espectacular epopeya espacial que nos lleva al Planeta Rojo, un viaje que el cine ya nos ha propuesto en varias ocasiones, pero nunca con tanto realismo y emoción.

Adaptada por Drew Goddard (MonstruosoLa cabaña en el bosque), Marte es la historia del astronauta norteamericano Mark Watney (Matt Damon), uno de los miembros de la misión Ares III al cuarto planeta a la derecha. La expedición, dirigida por la comandante Melissa Lewis (Jessica Chastain) con una tripulación formada por un competente y ecléctico grupo de expertos (Sebastian Stan, Kate Mara, Aksel Hennie y Michael Peña), sufre un grave contratiempo cuando una brutal tormenta de arena obliga a los astronautas a abandonar antes de tiempo el planeta, dejando atrás a Watney, al que dan por muerto. Sin embargo, este ha sobrevivido y ahora se enfrenta solo al reto de subsistir allí con escasas provisiones (palabra clave: patata) mientras encuentra la manera de contactar con la Tierra para que lo rescaten. La determinación, inteligencia y habilidad de Whatney (conveniente y afortunadamente doctor en botánica) alargan su estancia en Marte, convirtiéndolo en el primer colono del Planeta Rojo, en el primer terrícola con “nacionalidad” marciana.

Marte asume el reto de abarcar un extenso periodo de tiempo en un metraje de casi dos horas y media, y logra que parezcan mucho menos gracias a un guion dinámico y un montaje excelente en el que se hace muy buen uso de la elipsis. El film intercala la aventura del Robinson Crusoe espacial con los tejemanejes de la NASA, desde donde el director de la Administración (Jeff Daniels clavando al demonio corporativo) y su equipo de especialistas y consejeros (Sean Bean, Chiwetel Ejiofor, Kristen Wiig) trazan un plan de rescate que, como mandan los cánones del thriller espacial, se encuentra con el mayor número posible de obstáculos y peligros. Esta estructura narrativa que nos hace saltar de un planeta a otro continuamente beneficia al ritmo de la película (resulta muy curioso observar cómo desde la NASA van adivinando los pasos de Watney y cómo van trabajando paralelamente hacia el mismo objetivo). Goddard estructura con acierto la historia, enraizándola en el realismo científico, pero evitando que las explicaciones, los agujeros de guion y las licencias dramáticas acaben lastrando la película (como ocurrió para muchos con la reciente Interstellar). Debido a la naturaleza del relato, es inevitable que el film se alargue demasiado en varios tramos, pero por lo general, Marte mantiene en vilo de principio a fin.

THE MARTIAN

Es importante aclarar que no estamos ante una película revolucionaria o visionaria (cinematográficamente hablando). Su mayor ambición no es la de marcar un antes y un después en la ciencia ficción, su principal objetivo es el espectáculo, el entretenimiento para el gran público. Y lo cumple con creces. Marte no pretende romper moldes, es “solo” un impresionante blockbuster de acción, pero uno además inteligente, apasionante y divertido, algo que ya es más difícil de encontrar. Ni que decir tiene que el film es visualmente apabullante y tiene secuencias sobrecogedoras (el clímax es pura emoción y deja al borde del infarto, acercándose más a la experiencia inmersiva de Gravity). Pero es que además, Marte es una estupenda comedia, gracias sobre todo a Watney, que aporta la nota guasona en su vídeo-diario, deleitándonos con referencias geek (a Marvel principalmente, que para eso está Simon Kinberg en la producción) y una banda sonora a base de música disco de los 70 (cortesía del personaje de Chastain, ultrafan de ABBA) con la que la película se reafirma en su naturaleza cachonda.

Scott cuenta con un amplio reparto de estrellas de Hollywood y talentos consagrados y emergentes, y el guion de Goddard se encarga de caracterizarlos a todos y darles un rol que desempeñar (llaman la atención dos rostros televisivos como Donald Glover o Mackenzie Davis en papeles pequeños pero cruciales en la historia). Sin embargo, Damon es el absoluto protagonista de Marte y los demás personajes están supeditados a él y a su misión de rescate en todo momento. Por suerte, el actor construye a un personaje carismático, lleno de matices, muy potente físicamente, y con una trayectoria personal interesante: un toque pasivo-agresivo y antipático al principio, carácter resoluto pero algo volátil la mayor parte del tiempo, y ya en la recta final, Damon despliega todo un rango de emociones -desesperación, miedo, resignación, agotamiento- superando con nota la prueba interpretativa que Scott le plantea.

Marte aúna la frialdad técnica de Gravity y el sentimentalismo de Interstellar, pero mantiene a raya ambos aspectos para encontrar un buen equilibrio entre el rigor científico y el dramatismo. Es decir, apela a las emociones, pero no nos zarandea para conmover a la fuerza ni nos empalaga. La acción es sobresaliente, las charlas técnicas y políticas no se hacen pesadas (en ellas hay bastante sátira y algo de pitorreo), y el componente humano del relato está muy trabajado. En definitiva, Marte es una de las óperas espaciales más cautivadoras de los últimos años, una historia épica de superación, de compañerismo (y una pizca de colonialismo yanqui, claro) que nos devuelve a Ridley Scott en plena forma en el género donde más ha destacado. Esta es una de esas películas que se deben ver en una pantalla de cine (IMAX, 3D, todo lo que haga falta para amplificar la experiencia), o en su defecto, en una de esas súper televisiones que nos permitan sumergirnos en ella. La relativa proximidad en el tiempo de la historia (para 2035 no queda tanto) nos hace pensar que algún día seremos testigos del primer paso del hombre en Marte. Mientras no lo veamos en las noticias, dejemos que el cine nos haga soñar con que algún día lo haremos.

Valoración: ★★★★

Crítica: Ant-Man

Ant-Man hormiga

El Universo Cinemático de Marvel va en aumento en (casi) todos los sentidos. Las películas de la Fase 2 han exhibido una imparable tendencia hacia el más grande, más ruidoso, más multitudinario, y más serial todavía, provocando con la desigual Vengadores: La era de Ultrón lo que se conoce en inglés como “superhero fatigue“, es decir, el cansancio del público. En consecuencia, la “fórmula Marvel” empieza a quedar demasiado al descubierto, con lo que se hace urgentemente necesario un respiro para el espectador. Y ese es precisamente el papel de Ant-Man, la película que cierra con broche de oro la Fase 2 del UCM. Dirigida por el semi-desconocido Peyton Reed (como ya sabéis, en sustitución de Edgar Wright, que se marchó tras una disputa muy pública con Marvel), Ant-Man supone un soplo de aire fresco en el Universo Marvel, cuya narrativa cada vez más intrincada y ramificada corre últimamente el riesgo de irse de las manos. La película del Hombre Hormiga es una propuesta más modesta, (evidentemente) más pequeña, una película que, sin dejar de funcionar como pieza del engranaje del UCM, posee una naturaleza más autónoma y una cualidad menos exigente que nos recuerda a la Fase 1. Justo lo que Marvel, y nosotros, necesitábamos ahora mismo.

Por segundo año consecutivo, el estudio sorprende con una película basada en personajes de los cómics menos conocidos por el gran público. El Hombre Hormiga fue uno de los miembros fundadores de Los Vengadores en su primer tebeo de 1963, pero hoy en día no disfruta de la popularidad y el valor icónico de Capitán América, Thor o Iron Man. Esto no fue un impedimento el año pasado para que Guardianes de la Galaxia se convirtiera en uno de los mayores éxitos de Marvel. Sin embargo, Ant-Man no lo tiene tan fácil para conectar con el público general. Guardianes era una space-opera a lo Star Wars que seguía el patrón de Vengadores, y Ant-Man es una película sobre un superhéroe mundano que puede encoger su tamaño y se comunica con las hormigas. Es decir, Ant-Man cuenta con la desventaja de una premisa más rocambolesca que, a estas alturas, se puede tomar como señal de que las cosas se le están yendo de las manos al género. Y es una pena que se perciba así, porque estamos no solo ante la mejor película de Marvel de 2015, sino también ante una de las mejores aventuras que nos ha dado el estudio hasta la fecha.

Scott Lang

Como era de esperar, Ant-Man sigue las normas de Marvel y cumple con todos los requisitos indispensables del estudio, pero a la vez se permite desviarse lo justo de la fórmula establecida (podemos decir que incluso la mejora) para evitar la sensación de estar viendo la misma película con otros superhéroes. Reed (y antes que él Wright, que figura como guionista y productor en los créditos) ha llevado a cabo una “sencilla” comedia de acción y ciencia ficción que toma la forma de una película de robos (heist movie) clásica. Ya solo por eso, Ant-Man se distancia considerablemente del resto de capítulos de la Fase 2, y además siendo muy consciente de lo que está haciendo, mostrándose totalmente sincera consigo misma y el espectador. En un momento de la película podemos oír la frase “Los Vengadores están ocupados dejando caer cosas enormes del cielo”, chiste muy agudo que funciona además como transparente declaración de intenciones: “Esto es lo que NO es Ant-Man“. Y es perfecto, porque la historia de Scott Lang (Paul Rudd) (con sus partículas Pym, sus sonotones para comunicarse con las hormigas y su alocado argumento en general) no podía contarse tirando de épica y grandilocuencia, sino que pedía ser adaptada como una comedia.

Ant-Man hace gala de un humor revoltoso e inteligente (en mi opinión más pulido que el de Guardianes) que se refleja en diálogos afilados y situaciones muy divertidas (“Baskin-Robbins siempre se entera”). La mano de Wright se nota, aunque Marvel haya destilado su visión para hacerla más accesible, y la comedia más ocurrente no se reserva únicamente a los instantes de calma centrados en los personajes, sino que se traslada también a las escenas de acción. Los set pieces de Ant-Man son espectaculares, pero no por la misma razón que los de Vengadores, más bien por el ingenio con el que están realizados, llevando la destrucción a una escala microscópica, donde el Marvelverso se mira desde otro punto de vista. Parte del primer enfrentamiento entre el Hombre Hormiga y el villano de la película, Yellowjacket (Corey Stoll), tiene lugar dentro de una maleta que cae al vacío desde un helicóptero, montaje a ritmo de The Cure que ejemplifica la inventiva con la que están diseñadas estas secuencias. Ant-Man saca máximo provecho de las posibilidades visuales que brinda la reducción de tamaño y nos deja gags y escenas de gran creatividad, para culminar en un excelente tercer acto que, por fin, ofrece algo distinto a lo que hemos visto en el resto de películas de la Fase 2. En lugar de recurrir de nuevo al catastrofismo mundial, el combate final entre Ant-Man y Yellowjacket (otro villano desdibujado, todo hay que decirlo) se lleva al cuarto de la hija de Scott, Cassie (maravillosa Abby Ryder Fortson, con su conejo de peluche demoníaco), donde la película se vuelve más Cariño, he encogido a los niños y nos regala un clímax original y sorprendente que nos deja una sonrisa de oreja a oreja.

Reparto AntMan

Pero lo más inesperado de Ant-Man es su fantástico reparto. De entrada, el casting de esta película era lo menos llamativo del proyecto, pero ha acabado siendo uno de los más acertados de Marvel. Aquí no tenemos grandes egos ni despliegue de superpoderes de todo tipo, sino un grupo de personas más “de andar por casa” que se compenetran de maravilla. La química entre los miembros del cast es indudable, tanto en lo que se refiere al drama familiar que vertebra la película (la lucha análoga de Scott Lang y Hank Pym por demostrar a sus hijas que son buenos padres) como en las escenas corales de comedia (el montaje de entrenamiento o el plan a lo Ocean’s Eleven para infiltrarse en las instalaciones de los Vengadores). A pesar de no salirse demasiado de su zona de confort, Rudd es el Scott Lang perfecto, un granuja carismático en la línea de Peter Quill que aúna socarronería y humanidad en la piel de un héroe cercano e imperfecto. Por otro lado, Michael Douglas (impecable) y Evangeline Lilly (más fiera de lo que nos tiene acostumbrados) son un buen contrapunto al pícaro de Lang; sobre todo Hope van Dyne, que protagoniza junto a Scott el que quizás es el mejor beso del UCM hasta la fecha, y de la que por supuesto estamos deseando ver más en la siguiente fase. Pero el robaescenas oficial de Ant-Man (con permiso de Antony) es Michael Peña, que interpreta con toda la gracia del mundo al adorable Luis, uno de los miembros de la cachonda pandilla de “ladrones de guante blanco” capitaneada por Scott.

A veces menos es más. Y esto es justo lo que viene a demostrar Ant-Man. Su aire despreocupado y autoconsciencia dan lugar a un producto fresco y encantador, que se regocija en los placeres pequeños de Marvel y juega la carta de “entrega menor” para convencer de que se trata de una película mayor. Aunque el film sirva como enlace dentro del universo narrativo marveliano (atención a las dos escenas post-créditos, jugosos adelantos de la Fase 3 que no se van por la tangente), los abundantes easter-eggs, cameos y conexiones no convierten la historia en esclava de la serialidad del UCM. Es más, estamos ante un film decididamente más independiente que se puede disfrutar por sí solo gracias entre otras cosas a su fusión de comedia, drama y acción con estilo propioAnt-Man cumple con lo que se espera de la Casa de las Ideas, pero a la vez es el Marvel más insolente y avispado (pun intended), una película que piensa en pequeño para obtener grandes resultados.

Valoración: ★★★★½

Crítica: Fury (Corazones de acero)

Logan Lerman Brad Pitt

Texto escrito por David Lastra

En 2015, una película bélica puede dar más miedo y respeto que Macarena Gómez en Musarañas y un Babadook juntos. Como aquel que se atrevió a afirmar que “la Historia ha muerto”, el espectador clamaba que ya se había cansado de tiros, balas y soldados estadounidenses descuajeringando nazis (y viceversa). De ahí que esta clase de películas desapareciesen de las carteleras. Un reposo latente, no tan cercano a la muerte como otros géneros clásicos, como el western. De vez en cuando, alguna valiente como Kathryn Bigelow con En tierra hóstil, nos ha demostrado que todavía no lo hemos visto todo, que seguía habiendo historias que contar. Este 2015 es David Ayer (director de Sin tregua, guionista de Training Day) el culpable de que volvamos a ver tanques en la gran pantalla con su Corazones de acero (Fury).

Si destacábamos la originalidad de Bigelow a la hora de acercarse al conflicto, en el caso de Ayer, el aspecto más destacable es su sobriedad a la hora de rodar. Corazones de acero es un alivio ante las producciones de acción de nuevo cuño. Su clasicista decisión de no descoyuntarnos con movimientos de cámara imposibles que desafían a la velocidad de la luz es su gran acierto. Ese temple, junto a su acertada forma de narrar y de acotar los detalles y no dejarse llevar por tramas secundarias innecesarias, hace que la obra de Ayer remita directamente a clásicos como Sahara (en la que el mismísimo Humphrey Bogart capitaneaba un tanque el desierto libio) más que obras bélicas contemporáneas como La delgada línea roja o Salvar al Soldado Ryan. Corazones de acero nos cuenta los horrores de la guerra basándose en imágenes potentes y un guión solvente (que no Cartel CorazonesAcerosorprendente) sin caer en el romanticismo poético y aburrido de las dos últimas películas citadas. En este film, un caballo abierto en canal es la única opción de una mujer para encontrar comida y no una metáfora de la libertad del pueblo europeo.

El grupo salvaje encargado de domar a Fury (tanque) y acribillar alemanes, está capitaneado por un cumplidor Brad Pitt (también productor de la cinta), todo un seguro interpretativo en la última década, a medio camino entre John Wayne (en sus mejores momentos en el film) y su caricaturesca interpretación italiana de Malditos bastardos (en los peores). Acompañan correctamente al marido de Angelina Jolie, el enfant terrible de la performance Shia LaBeouf; Michael Peña, chico Ayer en Sin tregua; y el televisivo Jon Bernthal (The Walking Dead). A destacar la presencia del niño mimado de esta página, Logan Lerman (Las ventajas de ser un marginado), que se apunta otro tanto en la taquilla y otra notable interpretación. La credibilidad de este grupo puede haber ayudado a la elección de Ayer para lidiar con Will Smith o Jared Leto en Suicide Squad, el que está llamado a ser uno de los hypes cinematográficos del próximo año.

Corazones de acero es cine bélico hecho con plantilla. No sorprende, ni emociona, pero tampoco aburre en ninguno de sus ciento treinta y cuatro minutos, y eso tiene mucho mérito.

Valoración: ★★★½