Annabelle vuelve a casa: Niñeras contra las fuerzas del mal

El terror es uno de los géneros más lucrativos del cine, y Warner Bros. bien lo sabe. Con Expediente Warren (The Conjuring), el estudio vio un filón irresistible y empezó a desarrollar lo que a día de hoy ya es un universo cinematográfico propiamente dicho. La película de James Wan aportó el nexo de unión entre las próximas entregas: el matrimonio de investigadores de lo paranormal Ed y Lorraine Warren. A partir de ahí, la historia continuó en la secuela El caso Enfield y los spin-offs centrados en la muñeca Annabelle y el demonio Valak, más conocido como La Monja. El éxito de todas estas películas es incontestable y demuestra que el terror comercial vive una de sus mayores épocas de esplendor.

La nueva película del Warrenverso se centra por tercera vez en la muñeca diabólica, pero en esta ocasión no está sola. Annabelle vuelve a casa (Annabelle Comes Home) cuenta cómo los Warren, decididos a evitar que esta siga sembrando el terror, la llevan a la sala de objetos malditos que se encuentra en el sótano de su casa, donde la guardan en una vitrina sagrada que ha sido bendecida por un sacerdote. Los Warren deben pasar unos días fuera y dejan a su niñera de confianza, Mary Ellen (Madison Iseman), al cuidado de su hija de diez años, Judy (McKenna Grace). Todo transcurre con relativa normalidad hasta la llegada de Daniela (Katie Sarife), problemática amiga de Mary Ellen, cuya insana curiosidad por la misteriosa sala de los objetos de los Warren acaba liberando de nuevo a la muñeca poseída, despertando a su vez al resto de espíritus malignos de la habitación.

El listón de la saga Annabelle estaba más bien bajo, por lo que no era del todo difícil superar lo visto hasta ahora. Si Annabelle: Creation mejoraba ligeramente la terrible primera película, Annabelle vuelve a casa supone un salto de calidad considerable con respecto a sus dos antecesoras. Para empezar, la presencia de Vera Farmiga y Patrick Wilson, aunque breve, eleva la película y nos deja en su prólogo con una de las mejores escenas de toda la saga. Los Warren no tardan en ceder el protagonismo a la prometedora McKenna Grace, que encabeza un reparto adolescente con el que se rejuvenece la franquicia. Annabelle vuelve a casa transcurre en los 60, pero tiene ese inconfundible aroma a slasher de los 80 protagonizado por niñeras (Halloween); incluso puede recordar a las típicas aventuras juveniles de aquella década (Aventuras en la gran ciudad), resultando en una mezcla de lo más curiosa.

Gary Dauberman, guionista de It, La monja y las dos anteriores entregas de Annabelle, salta por primera vez a la dirección con Annabelle vuelve a casa (que también vuelve a escribir), y realiza un trabajo técnicamente notable tras las cámaras. Dauberman se aproxima al suspense con inteligencia y autoconsciencia, evitando la repetición con ingenio. No faltan los sustos traicioneros, los jumpscares de toda la vida, pero también se divierte jugando con los espacios y las expectativas del espectador, preparando sobresaltos que nunca llegan, con los que pone de manifiesto la importancia del preámbulo por encima incluso del susto en sí mismo. En este sentido, otro de los grandes aciertos de la película con respecto a las dos anteriores es su sentido del humorAnnabelle vuelve a casa tiene guiños cómplices a la audiencia y oportunos momentos de comedia que ayudan a aliviar la tensión y hacen a los personajes más humanos.

Esto ayuda a conectar más con ellos y que acompañarlos en la recta final sea aun más intenso. Dauberman se reserva lo mejor para un tercer acto de infarto en el que las emociones fuertes se suceden una detrás de otra. La muñeca es solo un pretexto para desplegar todo un ejército de criaturas y entes que hacen las veces de catálogo de futuros spin-offs del WarrenversoAnnabelle vuelve a casa es un festival de monstruos, cada uno con su propia leyenda a desarrollar, que nos dejan escalofriantes y creativas imágenes de terror y fantasía. Lejos de haberse agotado, la sala de los Warren nos demuestra que la saga está llena de posibilidades.

A Annabelle vuelve a casa, como a la mayoría de películas de terror de multicine, le falta riesgo y un poco de sangre  y al final no es nada que no hayamos visto ya muchas veces. Pero está por encima de la media gracias a un guion que es consciente de sus propios mecanismos y sabe cómo utilizarlos en su favor, un sentido del humor refrescante e incluso algunas dosis de ternura y romance que consiguen no desentonar. Terrorífica y divertida a partes igualesAnnabelle vuelve a casa es la prueba de que Warner ha conseguido dominar la fórmula del terror mainstream como Marvel ha hecho con la de los superhéroes.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Crítica: Un don excepcional (Gifted)

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Marc Webb debutó en la dirección de largometrajes con (500) días juntos, una de las grandes sorpresas de 2009, y también una de las comedias románticas más influyentes de los últimos años. Como suele ocurrir con los directores más prometedores, los grandes estudios de Hollywood se fijaron en él para ponerlo al frente de una superproducción, y así es como Webb acabó dirigiendo las dos entregas de la truncada segunda franquicia cinematográfica de Spider-Man. Tras el tibio recibimiento de The Amazing Spider-Man y su secuela, Webb se centró en televisión (Crazy Ex-GirlfriendLimitless), para regresar este año al cine con su cuarta película como director, Un don excepcional (Gifted).

Webb deja atrás el blockbuster para volver al cine de corte indie, con un proyecto de menor envergadura que, curiosamente, está protagonizado por uno de los superhéroes más famosos del cine, Chris Evans (Capitán América). Claro que su alianza profesional tiene mucho sentido, ya que ambos han hecho caja con el cine de superhéroes, pero sus inquietudes artísticas se acercan más al drama íntimo y personal, que es justo como se podría definir Un don excepcional, cinta que recoge influencias de títulos como El pequeño TateKramer contra KramerEl indomable Will Hunting.

En la película, Frank Adler (Evans) es un hombre soltero que, tras la muerte de su hermana, cría a su sobrina, Mary (Mckenna Grace), en una pequeña ciudad de Florida. Mary es una brillante niña prodigio cuya inteligencia superdotada y extraordinario dominio para las matemáticas siempre le ha dificultado la tarea de vivir su infancia con normalidad. Empeñado en que su sobrina lleve una vida como la de los demás niños, Frank se niega a mandarla a una escuela avanzada, encontrándose pronto con la oposición de la abuela de Mary, Evelyn (Lindsay Duncan), una estricta y acaudalada bostoniana que nunca ha mostrado interés por su nieta, pero regresa para separarla de su hijo con la intención de darle la educación necesaria para convertirla en una estrella de las matemáticas. Mientras las tensiones familiares van en aumento, Frank y Mary encuentran apoyo, y una familia, en Roberta (Octavia Spencer), su cariñosa casera, y Bonnie (Jenny Slate), la profesora de Mary, cuyo interés por su fascinante alumna desembocará en una relación con su tío.

Un don excepcional es la definición de crowd-pleaser, una de esas películas confeccionadas a medida para sumir al espectador en una montaña rusa de emociones. Webb sabe exactamente qué teclas tocar para que nos involucremos en la historia de Frank y Mary, combinando astutamente comedia y drama para hacer pasar de la sonrisa (incluso alguna carcajada) al llanto sin esfuerzo aparente. Si bien incurre en todos los lugares comunes de la dramedia familiar y el indie norteamericano, y peca de excesivamente almibarada por momentos, el sentimiento que recorre toda la película es genuino, por lo que es fácil enternecerse con su conmovedora historia y su mensaje sobre la familia y la infancia.

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Claro que para que una película como esta funcione y no nos ahogue en la sensiblería lacrimógena, debe contar con un reparto que sepa trasladar esos sentimientos del papel a la pantalla de manera convincente. Y en este sentido, Un don excepcional no podría salir mejor parada. Por un lado tenemos a Chris Evans en un papel contenido que culmina durante la recta final una de sus mejores interpretaciones dramáticas hasta la fecha, gracias en gran medida a su contrapunto interpretativo, la pequeña Mckenna Grace, un auténtico prodigio infantil con el que el actor tiene toda la química del mundo y del que es imposible apartar la mirada. Y por otro la siempre eficiente Octavia Spencer, todo fuerza y corazón, Jenny Slate en un papel que le viene como anillo al dedo, y la distinguida Lindsay Duncan encarnando con amenazante porte y elegancia a la villana de la película, una mujer a la altura de las institutrices y madrastras más estrictas de la ficción.

Aunque no se libre en ningún momento de ese aire de melodrama televisivo de sobremesa y se puedan ver los hilos con los que se mueve al espectador hacia la emoción deseada, sus evidentes buenas intenciones hacen de Un don excepcional una de esas películas con las que no cuesta dejarse llevar (como ocurría con Criadas y señorasFiguras ocultas, casualmente ambas con Octavia Spencer). Gracias a la simbiosis entre sus protagonistas y el acertado equilibrio de tonos, Webb escapa de las redes del telefilm para ofrecernos un trabajo cálido, humano y rebosante de inteligencia emocional con el poder de ablandar a cualquiera.

Pedro J. García

Nota: ★★★½