La llegada (Arrival): Poesía, cine y lenguaje

El canadiense Denis Villeneuve se ha convertido por méritos propios y en poco tiempo en uno de los realizadores más destacados y de mayor proyección en Hollywood. Tras las aclamadas (en grados diferentes) Incendies, Prisioneros Enemy, el director se consolidó como un valor seguro con Sicario. En su futuro inmediato como realizador se encuentran la secuela de Blade Runner y el remake de Dune, ahí es nada. Pero antes de embarcarse en estos proyectos titánicos, Villeneuve sorprendió al mundo con La llegada (Arrival), una de las películas más aclamadas y analizadas de 2016. Este trabajo logró una hazaña que no consiguen muchas cintas de ciencia ficción, ser nominada al Oscar (a 8 en total, entre ellos mejor película, aunque se tuvo que conformar con tan solo una estatuilla), y confirmó el talento imparable y prolífico de Villeneuve, un cineasta tremendamente personal que está sabiendo aunar su sensibilidad idiosincrásica con un tipo de cine más accesible. La llegada es una de esas películas de ciencia ficción que llegan cada ciertos años para demostrar que este puede ser uno de los géneros más estimulantes y reveladores, un trabajo excelente en todos los aspectos que se presta como pocos al debate, y que supone una experiencia cinematográfica imprescindible.

La llegada aborda un tema muy familiar en la ciencia ficción, la visita de una raza alienígena a la Tierra y lo que esto supone a nivel estratégico, político y humano. Mientras el cine suele contar este tipo de historias apoyándose en la acción y el espectáculo del blockbuster, Villeneuve se aproxima al tema desde una perspectiva menos frecuente en Hollywood, la del sci-fi cerebral y el drama introspectivo y poético, más interesado en el realismo y la reflexión que se pueda extraer de la historia que en los rayos láser o los edificios saltando por los aires. En La llegada, doce misteriosas naves aterrizan a lo largo y ancho del mundo y permanecen estáticas, mientras la Tierra se pregunta para qué están ahí y a qué están esperando. La particularidad más destacable de La llegada en relación al resto de cintas que tocan el mismo tema es que esta arroja en el centro del conflicto a una experta lingüista, Louise Banks (Amy Adams), encargada de investigar junto al físico teórico Ian Donnelly (Jeremy Renner) las intenciones de los visitantes a la Tierra.

De esta manera, Villeneuve se centra especialmente en desarrollar, a contrarreloj pero con paciencia, el diálogo entre especies, mientras construye en segundo plano un trasfondo sociopolítico (percibido sobre todo a través de las noticias, mientras apenas nos separamos de Louise) en el que la especie humana se encuentra al borde de una nueva guerra mundialLa llegada gira en torno a la mediación entre humanos y extraterrestres que determinará si la Tierra acabará sumida en una devastadora contienda en la que claramente no posee la superioridad estratégica, mostrándonos brillantemente la enorme fragilidad que conlleva el intento de arbitraje con una especie desconocida. Louise es la elegida para contactar con los extraterrestres dentro de una de las naves, claustrofóbico y aturdidor espacio diplomático donde se desarrolla una fascinante relación en la que, con la ayuda de Ian, la lingüista tratará de descifrar la compleja lengua de los alienígenas mientras les enseña su propio idioma.

Claramente, La llegada es un relato sobre la comunicación, a pequeña y gran escala, sobre la importancia del diálogo y el esfuerzo por llegar al entendimiento para evitar un mal mayor. Es sin duda una situación fácilmente extrapolable a nuestra realidad, a este mundo en el que los malentendidos o las negativas a emprender una conversación resultan en problemas que se podrían evitar usando únicamente el poder de las palabras. O al menos intentándolo. La llegada entiende y explica el lenguaje (y concretamente la lengua inglesa) como el código a través del cual vivimos y compartimos experiencias, el vehículo sobre el que percibimos y entendemos el mundo a nuestro alrededor. Llegar a un punto en común, es decir, traducir correctamente esa experiencia, decidirá el destino desde una pequeña interacción social hasta un conflicto de proporciones intergalácticas. Es decir, “la lengua puede ser un arma o una herramienta”, y La llegada nos habla de cómo usarla para que sea lo segundo.

Y además lo hace sin excederse en las sobre-explicaciones y sin subestimar al espectador, trazando un relato inteligente, sobrecogedor y delicadamente construido para facilitar la inmersión en la experiencia que propone y vivirla en continua tensión; un puzle abstracto “sin principio ni final”, tan sencillo como complejo, en el que Villeneuve estructura la narración de forma que esta refleje su discurso, así como las potentes revelaciones que dan forma al magnífico personaje de Amy Adams y nos conducen hacia su sorprendente desenlace. Todo en La llegada, empezando por su protagonista (Adams está inconmensurable, aunque la Academia no se lo quisiera reconocer) y continuando con su envolvente atmósfera, la acertada intensidad y afectación de su narración, la elegante puesta en escena o la sublime música de Jóhann Jóhannsson (más una preciosa pieza de Max Richter), dan lugar a una obra cinematográfica superlativa, un trabajo bellísimo, profundamente magnético y emocionalmente desbordante que ha llegado para quedarse entre nosotros.

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La llegada 
(Arrival) ya está a la venta en Blu-ray, 4K Ultra-HD y DVD. Además de las ediciones sencillas, Sony Pictures Video ha puesto a la venta una edición Blu-ray en caja metálica para coleccionistas. El Blu-ray presenta una calidad de imagen sobresaliente con que hace justicia a la cuidada presentación de Villeneuve (esta es una de esas películas que se deben experimentar en cine, pero la edición doméstica no desmerece), y viene cargado de contenidos adicionales, también en alta definición, seleccionados para profundizar más en la historia, y sobre todo para desgranar el fascinante proceso de creación de la película, con documentales y featurettes que subrayan la importancia de los distintos aspectos técnicos del film a la hora de dar forma a la filigrana de su argumento: Xenolingüística: entender La llegada; Recurrencia eterna: la banda sonora; Firmas acústicas: el diseño de sonido; Pensamiento no lineal: el proceso de montaje; Principios del tiempo, la memoria y el lenguaje.

Pedro J. García

Nota: ★★★★★

Crítica: La llegada (Arrival)

El canadiense Denis Villeneuve se ha convertido por méritos propios y en poco tiempo en uno de los realizadores más destacados y de mayor proyección en Hollywood. Tras las aclamadas (en grados diferentes) Incendies, Prisioneros Enemy, el director se consolidó como un valor seguro con Sicario. Su nueva película, La llegada (Arrival), confirma el talento imparable y prolífico de Villeneuve, un cineasta tremendamente personal que está sabiendo aunar su sensibilidad idiosincrásica con un tipo de cine más accesible. La llegada es una de esas películas de ciencia ficción que llegan cada ciertos años para demostrar que este puede ser uno de los géneros más estimulantes y reveladores, un trabajo excelente en todos los aspectos que se presta como pocos al debate, y que supone una experiencia cinematográfica imprescindible.

La llegada aborda un tema muy familiar en la ciencia ficción, la visita de una raza alienígena a la Tierra y lo que esto supone a nivel estratégico, político y humano. Mientras el cine suele contar este tipo de historias apoyándose en la acción y el espectáculo del blockbuster, Villeneuve se aproxima al tema desde una perspectiva menos frecuente en Hollywood, la del sci-fi cerebral y el drama introspectivo, más interesado en el realismo y la reflexión que se pueda extraer de la historia que en los rayos láser o los edificios saltando por los aires. En La llegada, doce misteriosas naves aterrizan a lo largo y ancho del mundo y permanecen estáticas, mientras la Tierra se pregunta para qué están ahí y a qué están esperando. La particularidad más destacable de La llegada en relación al resto de cintas que tocan el mismo tema es que esta arroja en el centro del conflicto a una experta lingüista, Louise Banks (Amy Adams), encargada de investigar junto al físico teórico Ian Donnelly (Jeremy Renner) las intenciones de los visitantes a la Tierra.

De esta manera, Villeneuve se centra especialmente en desarrollar, a contrarreloj pero con paciencia, el diálogo entre especies, mientras construye en segundo plano un trasfondo sociopolítico (percibido sobre todo a través de las noticias, mientras apenas nos separamos de Louise) en el que la especie humana se encuentra al borde de una nueva guerra mundialLa llegada gira en torno a la mediación entre humanos y extraterrestres que determinará si la Tierra acabará sumida en una devastadora contienda en la que claramente no posee la superioridad estratégica, mostrándonos brillantemente la enorme fragilidad que conlleva el intento de arbitraje con una especie desconocida. Louise es la elegida para contactar con los extraterrestres dentro de una de las naves, claustrofóbico y aturdidor espacio diplomático donde se desarrolla una fascinante relación en la que, con la ayuda de Ian, la lingüista tratará de descifrar la compleja lengua de los alienígenas mientras les enseña su propio idioma.

Claramente, La llegada es un relato sobre la comunicación, a pequeña y gran escala, sobre la importancia del diálogo y el esfuerzo por llegar al entendimiento para evitar un mal mayor. Es sin duda una situación fácilmente extrapolable a nuestra realidad, a este mundo en el que los malentendidos o las negativas a emprender una conversación resultan en problemas que se podrían evitar usando únicamente el poder de las palabras. O al menos intentándolo. La llegada entiende y explica el lenguaje (y concretamente la lengua inglesa) como el código a través del cual vivimos y compartimos experiencias, el vehículo sobre el que percibimos y entendemos el mundo a nuestro alrededor. Llegar a un punto en común, es decir, traducir correctamente esa experiencia, decidirá el destino desde una pequeña interacción social hasta un conflicto de proporciones intergalácticas. Es decir, “la lengua puede ser un arma o una herramienta”, y La llegada nos habla de cómo usarla para que sea lo segundo.

Y además lo hace sin excederse en las sobre-explicaciones y sin subestimar al espectador, trazando un relato inteligente, sobrecogedor y delicadamente construido para facilitar la inmersión en la experiencia que propone y vivirla en continua tensión; un puzle abstracto “sin principio ni final”, tan sencillo como complejo, en el que Villeneuve estructura la narración de forma que esta refleje su discurso y las potentes revelaciones que dan forma al magnífico personaje de Amy Adams. Todo en La llegada, empezando por su protagonista (Adams está inconmensurable) y continuando con su envolvente atmósfera, la acertada intensidad y afectación de su narración, la elegante puesta en escena o la sublime música de Jóhann Jóhannsson (más una preciosa pieza de Max Richter), dan lugar a una obra cinematográfica superlativa, un trabajo bellísimo, profundamente magnético y emocionalmente desbordante que ha llegado para quedarse entre nosotros.

Pedro J. García

Nota: ★★★★★

Crítica: El congreso

El congreso Robin Wright

Tras la aclamada Vals con Bashir, Ari Folman regresa con El congreso, en la que el director israelí sigue fundiendo las fronteras entre realidad y fantasía, o si lo preferís, entre la vida y el cine. Basada libremente en la novela de Stanislaw Lem Congreso de futurologíaEl congreso es una cinta de ciencia ficción claramente dividida en dos pasajes muy diferenciados entre sí. El primero, filmado en acción real, nos presenta a la actriz Robin Wright (interpretándose a sí misma, o más bien a una versión ficcionalizada de su persona pública), que tras una vida marcada por las malas decisiones y la enfermedad de su hijo, decide someterse a un proceso de escaneo que le permitirá retirarse mientras su doble digital continúa su carrera eternamente. En la segunda mitad, realizada en animación, Wright asiste a un congreso en el que descubrirá hasta dónde llegan las consecuencias de su decisión, y de este nuevo modelo de Hollywood.

El congreso es una obra desbordante en sus planteamientos, tanto filosóficos y sociológicos como visuales. Folman reflexiona sobre muchas cuestiones, resultando en una película tan estimulante como caótica y también desmembrada. Parte sátira de la industria del cine (Wright representa a todas esas actrices de más de 40 que Hollywood considera demasiado mayores para seguir trabajando), parte ensayo sobre la fama (aquí, como ocurría en Antiviral de Brandon Cronenberg, el público podrá consumir literalmente a los famosos), y parte odisea surrealista y oníricaEl congreso es un cóctel de influencias, referentes y homenajes. Desde cine de Terry Gilliam al de David Cronenberg, pasando por el imaginario de Hayao Miyazaki, la animación mutable de Bill Plympton, los cortos de Tex Avery, el cartoon de los años 20 y 30, y los mundos de Osamu Tezuka, en concreto la obra maestra del anime Metrópolisde Rintaro (de la que, indudablemente, bebe más en el aspecto visual).

El congreso pósterEn la primera mitad de El congreso, Wright carga sobre sí misma el peso de la cinta, llevando a cabo una afinadísima interpretación basada en la contención y la pasividad, para ilustrar la idea de la pérdida de la identidad y el control que experimenta el actor al convertirse en una pieza más del engranaje de un despiadado y avaricioso estudio de cine. Camino al futuro, seguimos a la princesa Buttercup (atención al momento en el que Wright observa melancólica el póster de La princesa prometida, uno de los planos más hermosos que vamos a ver este año), es decir, a su versión animada, en un viaje psicodélico que aturde y confunde, pero que nos mantiene involucrados sensorial y emocionalmente gracias a la fuerza de sus imágenes, y a la profunda tristeza en la que nos vemos irremediablemente atrapados, algo a lo que también contribuye la abrumadoramente bella partitura de Max Richter.

El congreso se erige como pieza de ciencia ficción distópica, sobre todo en su recta final, sin embargo se pierde a menudo en sus propios planteamientos, mientras Folman solapa acontecimientos sin seguir más lógica que la de los sueños o los trances alucinatorios. Esto hace que la película pueda resultar para muchos embarullada y su discurso sobrecargado con ideas inconexas o inconsistentes. Sin embargo, no sorprenderá a aquellos que estén familiarizados con la obra de Lem o a los que disfrutan de los referentes enumerados dos párrafos antes. Aunque resulte contradictorio por la manera en la que inicia y clausura el relato, Folman no está tan interesado en concienciarnos sobre nuestra sociedad deshumanizada, sino en hallar la poesía que se esconde en ese futuro desolador, poesía que reside en el amor de una madre hacia su hijo. Así, durante el precioso desenlace, que nos devuelve de algún modo al polémico acto final de A.I. Inteligencia artificialEl congreso apela a la capacidad del espectador para hacer del relato y de las imágenes lo que quiera, lo que necesite (en la mayoría de casos, la mera ilusión de un final feliz que no existe). Porque “al final, todo acaba teniendo sentido. Y todo está en nuestra mente”.

Valoración: ★★★★½