Agents of S.H.I.E.L.D. Ghost Rider: Cambio de identidad

Empieza oficialmente el otoño, y ¿qué quiere decir eso? Que nos enfrentamos un año más a un nuevo aluvión de estrenos televisivos y al regreso de nuestras series favoritas. Desde hace un tiempo, mi serie más esperada al volver de las vacaciones ha sido Agents of SHIELD La ficción de ABC y Marvel Television no es ni de lejos una de las mejores actualmente en antena, pero sí es una de las que más me hace sentir en casa cuando la veo. Como suelo decir, es mi lugar feliz, esos cuarenta minutos a la semana que, sean mejores o peores, siempre me reconfortan. Por eso, el estreno de la cuarta temporada de la serie creada por Joss Whedon se me ha hecho raro. Ha sido como volver al hogar y verlo completamente cambiado. Más desorganizado, más extraño, y sobre todo más oscuro.

Esto tiene un motivo. En su cuarta temporada, Agents of SHIELD se muda a un nuevo horario en su emisión original en Estados Unidos. De los martes (el día maldito para la cadena) las 21:00h al mismo día a las 22:00h. Puede que una hora de diferencia no suene demasiado importante, pero lo es. Las 10 pm es la hora del prime time estadounidense en la que las cadenas generalistas se permiten subir el tono de sus programas y orientarlas a un público más adulto. Después del éxito de crítica y público de Daredevil Jessica Jones en Netflix, los ejecutivos de ABC y Marvel han debido pensar que quizá acercar SHIELD al tono de ambas sería una buena jugada. Pero de momento solo es desconcertante.

La season premiere de la cuarta temporada se titula “The Ghost”, principalmente en referencia a la flamante nueva incorporación a la serie, Robbie Reyes, aka Ghost Rider (en español el Motorista Fantasma, aunque en esta ocasión conduzca un coche). La aparición de este popular personaje de Marvel Comics (en su versión más moderna, dejando atrás al clásico Johnny Blaze) ha causado expectación, pero también dudas. A priori y después de ver el episodio, no parece que este anti-héroe encaje en el estilo y las tramas de la serie tal y como la conocíamos. Pero es que, como decía, SHIELD vuelve cambiada, con una actitud más atrevida que en un principio debería acomodar mejor al justiciero de la calavera en llamas.

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Sin embargo, el cambio no ha sido gradual, sino más bien forzado. Da la sensación de que Maurissa Tancharoen y Jed Whedon, los showrunners de la serie y guionistas del episodio, han visto el cambio de horario como una imposición, y en lugar de dejar que la transformación fluya de forma natural, han metido con calzador los nuevos ajustes: referencias casuales al consumo recreativo de drogas, un plano explotador del trasero de Chloe Bennet en ropa interior, una escena de seducción de más alto voltaje de lo normal entre Mack y Yo-Yo, violencia más gráfica y sangrienta… No es que yo me escandalice con tan poco, ni que la serie se haya convertido en Preacher, pero estos pequeños (grandes) detalles desvirtúan en cierta manera la esencia e identidad de la serie. Mi consejo como humilde espectador a Whedon y Tancharoen es: Que puedas, no quiere decir que debas. Pero eh, puede que sea cosa mía, y puede que esta nueva actitud acabe cuajando. No seré yo quien se cierre a lo que SHIELD me quiera proponer, que para eso me ha demostrado que hasta ahora ha sabido lo que estaba haciendo en todo momento. Además, los actores parecen cómodos con el cambio, paradójicamente se les ve más naturales y relajados (sobre todo a Clark Gregg), así que habrá que intentar seguirles el rollo.

Pero los problemas de “The Ghost” no acaban ahí. En general, el episodio ha sido algo confuso y abarrotado. El “fantasma” del título no solo se refiere a Robbie Reyes, sino también a Daisy Johnson, que después de los acontecimientos de la tercera temporada es una fugitiva y está atravesando una fase emo. Nuestra querida Quake es una heroína, y sabemos que es buena por naturaleza, por eso resulta tan raro verla de esta guisa y con esta actitud macarra, que chirría mucho con el personaje. No nos cabe duda de que es temporal, que su camino de redención tendrá una meta y recuperaremos a la Daisy de siempre (o incluso a una versión mejorada), pero por ahora choca bastante, y no en el buen sentido. La trama de Daisy para esta primera parte de la temporada está ligada a la de Reyes, al que ya hemos conocido en el primer capítulo. Los efectos digitales para dar vida a su alter-ego demoníaco son excelentes y Gabriel Luna parece buen actor, pero el personaje por ahora es una especie de Punisher de saldo. Veamos cómo se desarrolla.

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Por lo demás, “The Ghost” presenta un nuevo status quo dentro de S.H.I.E.L.D. Phil Coulson deja de ser director de la agencia para volver a ser simplemente el Agente Coulson, existe una nueva jerarquía y sistema de seguridad (por colores), donde, sorprendentemente, Jemma Simmons tiene mayor rango que Melinda May. Mientras, Fitz tiene más recursos a su disposición y sus investigaciones dan mayor peso a uno de los temas que la serie pretende explorar este año: la inteligencia artificial. Esta trama conlleva el regreso de Holden Radcliffe (John Hannah) y la incorporación de un nuevo personaje, Aida, IA súper realista interpretada por Mallory Jansen (Galavant). Whedon y Tancharoen han prometido profundizar en los dilemas morales que conlleva la creación de un humano sintético, y a juzgar por la presentación de Aida, esto incluirá un factor sexual. Espero que sepan tratarlo y no se les vaya de las manos.

El salto de tiempo y la cantidad de tramas abiertas hace que reine el caos en este inicio de temporada, pero quizá deberíamos tomarnos “The Ghost” como un piloto en sí mismo y darle un poco de tiempo para que la serie se vuelva a enderezar y encuentre otra vez su voz en este nuevo emplazamiento. Al fin y al cabo, SHIELD siempre ha sido esclava del gran plan, y en lugar de hundirse ante las imposiciones (de la cadena, de Marvel, del discurrir narrativo del UCM), ha sabido usarlas en su beneficio, encauzar todas sus tramas de forma admirable y erigirse como un producto digno y satisfactorio por méritos propios. A pesar del desconcierto inicial, nada indica que esta vez no vaya a pasar lo mismo.

Dollhouse: Cinco años en el futuro

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Esta semana se cumple el quinto aniversario del final de Dollhouse, la efímera serie de Joss Whedon que sobrevivió en los viernes de Fox durante dos temporadas, demostrando el poder del fan y marcando sin proponérselo un antes y un después en la televisión, a pesar de la escasa repercusión que tuvo durante su emisión. Con Dollhouse, la tele empezó a prestar más atención a lo que pasaba en Internet, poniendo además de manifiesto la importancia de dar al espectador una historia completa. La serie de Whedon empezó con mal pie, pero cuando fue libre para convertirse en la serie que quería ser (aunque al principio no supiera qué serie era esa), devino en un relato altamente satisfactorio y cerrado que a día de hoy merece mucho más reconocimiento del que tiene.

Para celebrar estos 5 años sin con Dollhouse, os he preparado esta entrada sobre la serie, en la que además de nuevas reflexiones un lustro después de su final, recupero el texto original que escribí tras la emisión de “Epitaph Two: Return“, el 29 de enero de 2010, con las modificaciones pertinentes para actualizarlo. Dollhouse fue para mí algo más que una serie, supuso la consolidación de una comunidad, el principio de mi actividad “en serio” como blogger y una experiencia seriéfila muy personal, que a día de hoy recuerdo como una de las etapas más bonitas de mi vida. Pero es que además de llevarla muy dentro, creo fervientemente que Dollhouse es una buena serie, mucho mejor de lo que aparenta, y de lo que se dijo en su día. Esperemos que, como suele ocurrir con las historias de ciencia ficción más divisivas, el tiempo la ponga en su sitio. Por lo pronto, cinco años después de su final, sigue encontrando adeptos (como lo hiciera Firefly en su día) y los que la seguimos en su día continuamos reivindicándola como se merece.

¿De qué iba Dollhouse?

Dollhouse es una organización secreta situada bajo tierra en la que habitan los “muñecos” (dolls), un grupo de personas que han entregado su vida (en teoría voluntariamente) a la Casa de Muñecas y cuyas personalidades han sido borradas para convertirse en carcasas vacías donde instalar diferentes identidades, recuerdos, o destrezas específicas -recibiendo así el nombre de “activos“. La Dollhouse, capitaneada por la gélida Adelle DeWitt (Olivia Williams), ofrece sus servicios ilegales a clientes adinerados, que buscan seres humanos para satisfacer sus fantasías, deseos (compañía, sexo, amor) o desempeñar tareas y misiones específicas, en ocasiones de carácter criminal. Echo (Eliza Dushku) es una doll que comienza a tomar consciencia de sí misma y de lo que está ocurriendo en la Dollhouse, convirtiéndose junto a otros muñecos, Sierra (Dichen Lachman) y Victor (Enver Gjokaj), y el agente del FBI Paul Ballard (Tahmoh Penickett) en la resistencia, la semilla de una revolución que pondrá en jaque a la organización y se enfrentará a un futuro desolador en el que la tecnología de la Dollhouse se ha propagado viralmente por el mundo.

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Dollhouse: antes y después

Dollhouse tuvo que atravesar un auténtico campo de minas para llegar hasta su final. Antes del estreno, presiones de la cadena, una franja horaria asesina (viernes noche) y dudas del propio autor con respecto al concepto y el tono de la serie. Después, malas críticas de los primeros episodios, la consiguiente falta de interés de la audiencia y la imposibilidad, debido a la naturaleza de la serie, de atraer a más fieles a mitad de su primera temporada. Para el episodio “Man on the Street” (1.06) Whedon tomaba el control, y su mente se despejaba, llevando a la serie por buen camino, pero era demasiado tarde. Desde luego, es fácil achacar el accidentado devenir de Dollhouse a factores externos, pero lo cierto es que el propio Whedon admitió en los primeros meses de la producción de Dollhouse que la serie se le fue de las manos. Ni él mismo tenía claro cómo quería que fuera. Y esto se reflejó en una primera temporada que de no existir la renovación, habría quedado condenada al ostracismo televisivo.

Al margen del frío recibimiento crítico y la indiferencia generalizada del público no-whedoniteDollhouse consiguió mantenerse en el candelero de la actualidad televisiva, generando noticias y artículos, y dando la campanada con una renovación sorpresa, lo que suponía una discreta revolución en la manera de hacer y ver televisiónDollhouse se marchó con la satisfacción de haber sido la primera serie renovada para una segunda temporada gracias a los fieles en la web, que hacían que semana tras semana la audiencia del episodio se doblase gracias al fiel seguimiento de la serie en plataformas como Hulu o iTunes y dispositivos digitales de grabación doméstica. Esta hazaña no puede pasarse por alto, y no es descabellado achacarla al nombre de Whedon. Si bien la audiencia no llegó nunca a remontar el vuelo, gracias a los fans, al estatus de autor respetado de Joss, y a la confianza que a pesar de todo depositó FOX (que le canceló Firefly 6 años atrás) en la serie, Dollhouse tuvo la oportunidad de evolucionar y tener una conclusión. Y en mi opinion, una muy satisfactoria, teniendo en cuenta las circunstancias.

El despropósito que resultó ser el episodio anterior, “The Hollow Men”, que cerraba el arco narrativo que tenía lugar en el presente (recordemos que la serie dio un salto hacia el futuro con su primer “Epitafio”), se ve compensado por una emotiva coda en “Epitaph Two: Return”. Todos los personajes y todas las relaciones reciben su cierre. Y todos y cada uno de ellos son en mayor o menor medida, redondos. Dejando a un lado los aspectos negativos que ensombrecieron la serie y supusieron un handicap en su recta final (la precipitación de las tramas, lo poco que conocíamos a los “dolls”, seres vacíos de personalidad y voluntad), creo que Jed Whedon, Maurissa Trancharoen (que tomaron las riendas de Joss) y Andrew Bliss lograron sacar el mayor partido a los personajes, y con el poco tiempo y la dificultad que tenían para desarrollarlos, les dieron (y nos regalaron) el mejor final posible a cada uno. Que en una serie cancelada antes de tiempo todos los personajes tengan un final ya es admirable, pero la sensación de completitud que nos proporcionó “Epitaph Two” fue increíble para los seguidores de la serie.

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Sobre “Epitaph Two: Return” (2×13)

(Spoilers del final de Dollhouse a continuación. Artículo publicado originalmente en Whedonverso.com)

Los diez años que pasan entre “The Hollow Men” y “Epitaph Two: Return” han cambiado a algunos personajes, y han reforzado las personalidades de otros, manteniéndose fieles a lo que conocimos durante la serie. En ambos casos, todos han recorrido un camino lógico y coherente de acuerdo a lo que sabemos de ellos. Anthony y Alpha han cambiado. Sus evoluciones resultan impactantes, pero no desprovistas de lógica. Y es que no conocíamos realmente a ninguno de los dos. En este ultimo episodio presenciamos la conversión de la relación de cuento de hadas de Anthony y Priya en una real, con distanciamiento, rencor y dolor. Su emotiva reconciliación es uno de los puntos álgidos del episodio. Por otro lado, Alpha regresa a Dollhouse, y lo hace después de haber recorrido (en diez años como mucho) el mismo camino que Echo, un camino hacia la auto consciencia que, en el caso del personaje de Alan Tudyk, le lleva a la redención.

Me atrevo a decir que Adelle y Topher son lo mejor del episodio, incluso de la serie. El amor maternal que Adelle profesa a Topher es conmovedor, y es uno de los principales motores de Dollhouse. Topher Brink, el personaje que menos me gustaba durante la primera temporada acabó siendo uno de mis favoritos. Y la reina de Dollhouse, Adelle DeWitt, se marcha definitivamente como el personaje más fascinante de la serie.

La principal historia de amor romántico de la serie, la de Echo y Paul, llega a su conclusión en la última escena de la serie. La muerte de Paul completa a Echo, y tras una violenta epifanía (la Dushku se despide por todo lo alto) se rinde a lo que siente por él. El amor, o la consciencia del mismo, la completa. No somos nadie si no amamos a alguien. La amistad más pura, el amor maternal o romántico son lo que en última instancia nos definen, lo que da a la serie, en mi opinión, un final redondo. Echo se acuesta en su lecho de muerte a pasar el resto de la eternidad soñando junto a su amado (que no la despertará con un beso, porque ya no hace falta), tras cumplir su última fantasía. Un precioso pero devastador final que es imposible catalogar como final feliz, como no podía ser de otra manera, y que nos remite a A.I.: Inteligencia Artificial de Steven Spielberg. En ambas historias, el final feliz del protagonista no existiría sin una muerte, sin el dolor de la pérdida, y este final no es más que una fantasía alejada del mundo “real”.

Dollhouse dejó claro desde el principio que no sería una serie de acción al uso (aunque Fox así lo quisiera), sino que se esforzaría por crear un discurso complejo, y a menudo oscuro y pesimista, sobre el ser humano. Whedon se perdió en este discurso durante la primera temporada, a pesar de tener muy claros los conceptos que pretendía explorar. Por eso, durante la segunda temporada primó la acción y el entretenimiento. Y a pesar de esto, Dollhouse fue capaz de hallar finalmente el esquivo equilibrio entre acción e introspección que definió las anteriores obras de Whedon. Pese a todos sus problemas, Dollhouse acabó siendo un triunfo, una más que digna parcela del Whedonverso a la que hay que volver de vez en cuando.

Did I fall asleep?

Joss Whedon cubierta FINAL copiaComo ya sabéis, el próximo mes de marzo sale a la venta en España el libro De la Estaca al Martillo. Un viaje por los universos de Joss Whedon de BuffyLos Vengadores (Diábolo Ediciones), coordinado por un servidor e Irene Raya Bravo.

En él encontraréis por supuesto un capítulo sobre Dollhouse, firmado por mí, en el que os cuento la historia completa de la producción y analizo la serie en profundidad. Esta entrada es solo un pequeñísimo adelanto de lo que podréis encontrar en ese capítulo, y en el libro. Estoy deseando que lo leáis.

Agents of S.H.I.E.L.D. – “Shadows” (2.01)

LUCY LAWLESS, NICK BLOOD, WILMER CALDERON, HENRY SIMMONS, CHLOE BENNET, PATTON OSWALT

Fuga de agentes

La recta final de la primera temporada de Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. ponía patas arriba el universo de los agentes de la organización (no tan) secreta de Marvel, después de que los acontecimientos de Capitán América: El soldado de invierno afectasen directamente al devenir de la temporada. La toma de S.H.I.E.L.D. por parte de Hydra, y su consecuente disolución sucedía además convirtiendo a nuestros protagonistas, Phil Coulson y cía., en fugitivos de la ley. El arranque de la segunda temporada, “Shadows” (2×01), escrito por los showrunners Jed WhedonMaurissa Tancharoen, nos devuelve a los personajes convertidos en eso mismo, en sombras, en fantasmas que operan desde la clandestinidad, asumiendo misiones por iniciativa propia, y con la supervivencia y la destrucción de Hydra como objetivo final. Así, Agentes de S.H.I.E.L.D. lleva un paso más allá la premisa con la que comenzaba la serie el año pasado: ser la “Zepo” (Buffy) del Universo Marvel. Es decir, los agentes de S.H.I.E.L.D. actúan sin que nadie los vea, ahora ni siquiera aquellos que antes se encargaban de supervisarlos, salvando el mundo todas las semanas mientras los grandes superhéroes se llevan toda la gloria.

Aunque “Shadows” nos presenta una plantilla de agentes renovada y al core-6 desmantelado, lo que insufla cierto aire de novedad, Agentes de S.H.I.E.L.D. da el pistoletazo de salida a su segunda temporada echando mano de los mismos elementos que caracterizaron a casi todos los episodios del año pasado. De entre ellos destaca la presencia de un artefacto 0-8-4 que el equipo de Coulson debe extraer de unas instalaciones militares para evitar que caiga en las manos equivocadas y destruya el mundo (lo de siempre, vamos). En esta ocasión se trata del primer 0-8-4 de la historia, que se remonta a la Segunda Guerra Mundial. “Shadows” comienza con un prólogo en el que vemos a la agente Peggy Carter y a Dum Dum Dugan en un flashback a 1945, para a continuación regresar al futuro para dar la bienvenida a los nuevos agentes aliados de Coulson, capitaneados por Isabelle Hartley (Lucy Lawless) y, sorpresa, con personalidades considerablemente definidas y distintivas. A partir de ahí, el episodio adolece de saturación por la sobreexposición continua de los acontecimientos y la introducción de mil y un personajes nuevos. Pero también tenemos la sensación de que, como al final de la primera temporada, hay mucho más en juego, y la elevada dosis de acción e intriga es reflejo de ello.

“Shadows” es un episodio ajetreado y sobre todo, abarrotado. Además de Peggy Carter y Xena, y el regreso del coronel Glenn Talbot (Adrian Pasdar), tenemos la visita de un actor conocido del Whedonverso, Reed Diamond (Dollhouse, Mucho ruido y pocas nueces), que da vida al villano Daniel Whitehall, presentado en el flashback y que promete dar guerra durante la temporada al descubrirse al final del episodio que sigue vivo y no ha envejecido (buen cliffhanger). Asimismo, se incorpora una nueva amenaza con poderes sobrenaturales, Carl Creel aka El Hombre Absorbente (Brian Patrick Wade de Teen Wolf), y los mencionados aliados, los mercenarios Izzy, Idaho (Wilmer Calderon) y el británico Lance Hunter (Nick Blood). De entrada son personajes que resultan simpáticos y podrían dar mucho de sí, pero quienes nos importan a nosotros son los agentes del equipo de Coulson, los seis personajes que conocimos durante la primera temporada. Y lo cierto es que, por suerte, este aspecto es precisamente el más interesante del episodio.

agents_of_shield_ver9No tardamos mucho en conocer el paradero de Grant Ward, cuando Koenig (Patton Oswalt) le dice a Skye que debe hablar con él para sacarle información sobre Hydra en relación a Creel. Descubrimos así que el agente traidor se encuentra cautivo en las instalaciones underground de Koenig, y que la razón para conservarlo como rehén es aprovecharse de la información que este puede proporcionarles. Claro que en cuanto Skye (que es la única con la que accede a hablar) pisa ese sótano con celda transparente a lo El silencio de los corderos empieza el juego de la ambigüedad, y a nosotros nos asalta la duda: ¿Es Ward sincero y de verdad pretende ayudar a los agentes para obtener perdón y redención o, como su aviesa y contaminada mirada nos parece indicar, es un sociópata que sigue mintiendo para llevar a cabo el plan oculto de Hydra? Esta dualidad parece ser uno de los hilos principales de la temporada (como indica el flamante póster promocional), y lo cierto es que tiene mucho potencial, sobre todo teniendo en cuenta que Ward posee la información que podría desvelar por fin la identidad del padre de Skye, y por tanto, su misteriosa naturaleza.

El otro cambio más importante en el equipo es el que tiene que ver con Fitz-Simmons. Después de los acontecimientos de la season finale, Leo lidia con las secuelas de su autosacrificio para salvar a Jemma, daños cerebrales que se manifiestan en trastornos en el habla (pobrecito mío) y, atención, alucinaciones. Al final de “Shadows”, como si se tratase de una de Shyamalan o de El club de la lucha, descubrimos que Simmons, que ha estado todo el episodio al lado de Fitz, tendiéndole su mano y guiándole fuera de las sombras, no es más que un fragmento de su imaginación (ouch), ya que Jemma ha abandonado el equipo alegando que su presencia impediría que el joven científico mejorase (*sob*). Es sin duda un giro arriesgado, pero las consecuencias no pueden ser muy grandes ni prolongadas. Fitz se recuperará y Simmons regresará, es cuestión de tiempo. Esperemos.

Está claro que con “Shadows”, Agents of S.H.I.E.L.D. parece estar (in)augurando una temporada más oscura y compleja. Lo dice Coulson explícitamente durante el episodio: “go dark” (declaración de intenciones donde las haya). A pesar de que la serie vuelve a incurrir en los errores de siempre y sigue sin cuidar esos agujeros de guión que le restan consistencia (la facilidad con la que tropecientos agentes se infiltran en una base de operaciones que oculta artefactos secretos muy peligrosos; el hecho de que el Hombre Absorbente sea encerrado en una jaula de cristal y nadie pensase en que se haría transparente para escapar), Agents of S.H.I.E.L.D. vuelve más segura de sí misma, más dispuesta a arriesgar y, con suerte, a convertirse en adulta sin renunciar a ese aire “infantil” de comic book clásico. Que no hacía falta cargarse a Lucy Lawless tan pronto (¡han matado a Xena! ¡hijos de p—!), vale, pero al menos sabemos que se han dado cuenta de que no hay tiempo que perder.

Crítica: Lust for Love

Lust for Love

Los que me seguís en Facebook me habéis leído muchas veces hablar de Lust for Love a lo largo de este último mes. En ese caso ya sabréis que se trata de un proyecto cinematográfico fundado por la plataforma de crowdfunding Kickstarter allá por 2011, es decir, mucho antes de que la película de Veronica Mars disparase la popularidad de la página. El pasado 7 de febrero, el debut del australiano Anton King en el largomentraje fue lanzado de forma limitada a través de plataformas de vídeo por Internet en Estados Unidos. Tan solo unos pocos espectadores internacionales tuvimos acceso a Lust for Love (por vías legales, se entiende). Tres años después de apoquinar, he podido ver por fin mi primera película como Productor Asociado.

¿Y cuál es el veredicto? Pues desde mi punto de vista como miembro de la producción (xD), pero sobre todo según mi experiencia como espectador (liberado de todo condicionamiento), un desastre (casi) absoluto. No es que me sorprenda demasiado, pero no puedo ocultar la decepción, sobre todo después de haber esperado tanto tiempo. Lust for Love es una comedia romántica ya no clásica y predecible, sino amateur a niveles estratosféricos, como escrita por un chaval de 16 años, limitado en su experiencia y visión del mundo e incapaz de practicar autoevaluación. Cumple el clásico esquema rom-com en el que un hombre (Fran Kranz), perdidamente enamorado de una mujer que no le corresponde (Beau Garrett), busca consejo en una amiga (Dichen Lachman) sin darse cuenta de que tenía al amor verdadero delante de sus narices todo el tiempo.

Lust for Love consigue ser agradable a ratos, sobre todo porque, a pesar de carecer de talento para contar historias, King tiene un sentido muy desarrollado de la estética. El australiano saca el máximo partido de los medios a su disposición, así como de las posibilidades que brinda una ciudad generalmente poco romántica o idealizada como Los Ángeles, para realizar un film que entra muy bien por los ojos (no tanto por el oído, qué horror de música y sonido). Pero poco más. El resto es un despropósito continuo, una historia atropellada repleta de diálogos acartonados y artificiales que en ningún momento son interpretados, sino recitados de memoria (estos simplemente no dan lugar a la naturalidad), situaciones incoherentes e inconexas, un desarrollo a trompicones, un sentido muy atrofiado del timing cómico y personajes muy mal escritos, y por consiguiente muy mal interpretados. En definitiva, Lust for Love no es más que una película de estudiantes (poco aventajados).

Lust for Love Fran Kranz

El único destello de talento que encontramos en ella es el que aporta Fran Kranz, sin duda el actor más competente del reparto (lo tenía fácil para destacar), que ya demostró poseer más aptitudes dramáticas de las que pensábamos en la versión de Joss Whedon de Mucho ruido y pocas nueces. Kranz sale más que airoso teniendo en cuenta las circunstancias, y consigue lo que ningún otro actor de la película, añadir dimensiones a su personaje a partir de un material escuálido y sin pulir. Sin llegar a ser verdaderamente memorable, su Astor al menos es un protagonista encantador que ayuda a sobrellevar el tedio de la película. Afortunadamente, Lust for Love no se alarga demasiado (apenas 80 minutos).

El resto del elenco está formado en gran parte por actores de la serie Dollhouse. Se pasean por Lust for Love Miracle LaurieFelicia Day o Maurissa Tancharoen en papeles muy breves, y destacan Enver Gjokaj y sobre todo Dichen Lachman (también productora de la película). Sin embargo no lo hacen para bien. A Dichen la quiero como si fuera mi prima, pero la pobre tiene el talento interpretativo de una patata (esto no es una referencia a Channing Tatum, Tatum es mejor actor). Y Enver estaba magnífico en Dollhouse, pero aquí parece un colega no actor haciendo un favor a un amigo director, lo que pone de manifiesto la importancia de trabajar sobre un material en condiciones para desarrollar el potencial de estos habitantes del Whedonverso. Es cierto que los fans de Dollhouse encontrarán el aliciente de ver a medio reparto de la serie trabajando juntos de nuevo (yo desde luego sentí puro éxtasis whedonite al verlos a todos), pero cuando la euforia se pasa, lo que queda es un antológico quiero y no puedo. ¡¡Que quiten mi nombre de los créditos!! No, estoy bromeando. Pero ya me entendéis.

Valoración: ★★

Agents of S.H.I.E.L.D. – Más Marvel, mejor

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Comentario sobre Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D.,”The Magical Place” (1.11) y “Seeds” (1.12). El texto incluye spoilers de ambos episodios.

Las vacaciones le han sentado bien a S.H.I.E.L.D. El pasado 10 de diciembre se despidió de la audiencia con una promesa tácita, que acabó siendo mucho más que eso. Después de la accidentada primera tanda de episodios, Marvel Television anunció que, a su vuelta, la serie de Joss Whedon capitaneada por su hermano y su cuñada empezaría a cambiar. La idea era incorporar más Universo Marvel a la serie, y renunciar por ahora a sostenerla exclusivamente con el equipo de agentes novatos de Phil Coulson, como ya sabéis creaciones originales del director de Los Vengadores.

Está claro que la visión original de Whedon no ha cuajado, y la audiencia generalista no ha tenido la paciencia que sí manifiestan sus fans con esta historia sobre “los hombres a la sombra de los súper héroes, los que limpian el estropicio cuando ellos terminan de luchar”. Seguramente gracias a ellos, y a los completistas de Marvel, S.H.I.E.L.D. se mantiene como una de las ficciones más exitosas de la cadena. Pero es un éxito relativo y agridulce. Porque aunque se haya establecido en una cifra más que holgada para destacar y sobrevivir al menos un año más, ha perdido espectadores casi todas las semanas, contribuyendo a que se catalogue como fracaso, o como mínimo, decepción.

Esa es la palabra que viene a la mente cuando muchos whedonites (y marvelites) hablamos de S.H.I.E.L.D.: decepción. Y nosotros no nos referimos a los índices de audiencia, sino a la serie en sí. Lo que esperábamos de ella dista bastante de lo que nos ha ofrecido hasta ahora, y hasta el más indulgente estaba empezando a perder la paciencia. Como suele ser habitual, los espectadores nos lanzamos a la red a comentar la serie, es decir, a quejarnos de todo lo que no nos gustaba. Muchos lo hicimos de manera constructiva, haciendo balance tras cada episodio y sacando conclusiones sobre lo que fallaba, y cómo se podía mejorar. Al parecer, Maurissa Tancharoen y Jed Whedon (seguramente aconsejados, o presionados por Marvel) han tomado nota, y los dos episodios que se han emitido tras el parón navideño nos han devuelto una versión de S.H.I.E.L.D. ligeramente mejorada.

Skye The Magical Place

En esta entrada os conté punto por punto los fallos que los showrunners estaban ignorando, lo que impedía que la serie avanzase y encontrase su voz, y su audiencia. Me alegra comprobar tras haber visto “The Magical Place” y “Seeds” que Tancharoen y Whedon han empezado a poner remedio a su mala gestión como showrunners y guionistas. Como mid-season finale, “The Bridge” (1.10) cumplió su misión: agitar la historia y proporcionar un cliffhanger para que la audiencia tuviera algo por lo que regresar un mes después. El rapto de Coulson no fue nada del otro mundo, pero al menos las fichas del tablero empezaban a moverse de verdad. En “The Magical Place” asistimos a la operación rescate de Coulson, y desde el primer minuto se nota que el equipo se ha puesto las pilas (me refiero al de la serie, pero también al de S.H.I.E.L.D.). Las secuencias de acción de “The Magical Place” son de las mejores que hemos visto hasta ahora en la serie, y por primera vez, la trama no sigue la misma plantilla aburrida de todas las misiones y resulta más interesante, con numerosos giros y sorpresas, y un ritmo más agradecido. Deberían raptar al agente Coulson todas las semanas.

En “The Magical Place” se deja a los personajes actuar de acuerdo a las circunstancias de manera natural, y no se fuerzan los encontronazos, los acercamientos, ni se falsifica la química entre ellos. En lugar de eso, el cariño a Coulson y el miedo a perderlo es lo que los mueve, de manera siempre coherente, sin por ello resultar predecible al 100% (como de costumbre). Mención especial a Skye, que es la jefa del episodio (también hay que dejarla suelta más veces, en vez de tenerla todo el día encerrada en su sala de máquinas, digo mini-camarote) y a May, que es la reina del episodio. Mientras una parte la pana imitando a la agente May (“Cool jacket”), la otra desafía y manipula a los altos mandos de S.H.I.E.L.D. sin levantar un dedo, confiando en Skye, y dándole su visto bueno definitivo como miembro del equipo (qué bonito). Los personajes están creciendo, menos mal. Cada vez son más badass, pero también más humanos. Bueno, todos menos Coulson, que sigue siendo… Esto:

Coulson Magical Place

¿Y qué pasa con el dichoso Tahití? Esto es lo que personalmente más me sacaba de quicio de la serie. Como expresé en mi anterior análisis, no se debe, ni se puede, posponer tanto un secreto sin darnos al menos algo de información que mantenga nuestro interés. Tancharoen y Whedon por fin se despiertan (Did I fall asleep?) y se dan cuenta de que no pueden pasarse una temporada de 22 episodios repitiendo lo mismo al final de cada uno: “Coulson está raro desde que volvió de Tahiti” (entra música de suspense) “¿Qué pasó en Tahití?” (corte a negro). Así, “The Magical Place” nos muestra (no nos cuenta, nos muestra) lo que ocurrió en la dichosa Tahití. Y no solo eso, sino que se nos deja con la duda de si lo que hemos visto es totalmente real, y con la sensación de que detrás de esta historia hay mucha más información (welcome back, Shepherd Book!). Así sí. Así se capta el interés, con cerebros al descubierto, dando información para que queramos más, no prometiéndonos que algún día conoceremos el secreto, y mientras lo hacemos aburrirnos con el relleno más descarado. Haciendo que la historia avance. Aunque sea para introducir otro mcguffin como el Clarividente.

Lo mismo ocurre en “Seeds” con el pasado de Skye. Coulson y May investigan sobre sus padres y descubren una verdad mucho más horrible de lo que la joven hacker podría haber imaginado. Pero como no hay mal que por bien no venga, y como Coulson nos explica (a nosotros y a May) en un ejercicio muy tosco de exposición y auto análisis que debería haberse dejado para el espectador: “Este no es el final del trayecto para Skye. Es el comienzo”. En “Seeds” descubrimos que S.H.I.E.L.D. la lleva protegiendo desde que era una niña, porque es un 0.8.4., es decir, un “objeto de origen desconocido”, y que por ello muchas personas inocentes (¡aldeas enteras!) han muerto. En vez de hundirse, Skye se engrandece. Ya puede pasar de ser pirata freelance a legítima agente de S.H.I.E.L.D., con todas las letras. Veremos cómo reacciona cuando se entere de que es posible que no sea completamente humana (buen giro, por cierto). Como el discursillo de Coulson y el “Don’t Touch Lola” de Skye nos indican, “The Magical Place” y “Seeds” son en cierto modo como un nuevo piloto, un comienzo de verdad después de varios de prueba.

DYLAN MINNETTE

Además de añadir más y mejor acción y elementos fantásticos (esa tormenta de hielo, un poco excesiva, muy Smallville, pero qué bien los efectos digitales, ¿verdad?), y de (semi)quitar el lastre de los secretos a los personajes y darles un poco de espacio para crecer, “Seeds” es la prueba de que el plan de Marvel se ha puesto en marcha. Hace una semana Marvel Television anunció que Lady Sif, de las películas de Thor, se iba a pasar por la serie en un episodio, y durante las Navidades nos enteramos de que la serie iba a incorporar a un nuevo personaje con súper poderes sacado del canon de cómics de Marvel, y este episodio ha sido su origin story. En “Seeds” conocemos a Donnie Gill (Dylan Minnette, el hijo de Jack de Perdidos, ¿os acordáis?) y asistimos a la genesis del supervillano de Marvel Blizzard. Y lo hacemos además en un capítulo con buenas dosis de Fitz-Simmons (más de Leopold que de Jemma), que son los niños de nuestros ojos. Como aquel estupendo “F.Z.Z.T.“, “Seeds” cumple las cotas necesarias de nerdismo y adorables momentos cómicos por parte de los jóvenes genios científicos de S.H.I.E.L.D. (y no solo de ellos, Coulson y May también tienen un par de escenas agradables). Como decía, los personajes están cada vez más definidos y esto se nota tanto en sus escenas por separado como en las (cada vez más numerosas) secuencias de grupo (ver cabecera de esta entrada), además, las tramas abiertas del año pasado (Mike Peterson, Centipede) empiezan a tomar forma. En consecuencia, Agents of S.H.I.E.L.D. parece algo más sólida, centrada y tiene algo más de personalidad. Rectificar es de sabios, y me alegro de que Whedon y Tancharoen hayan abierto los ojos y renuncien a su terca (y fallida) visión. Espero que los 10 episodios que restan de la temporada continúen por el mismo camino y la serie empiece a defenderse por sí sola.

PD: Ward, seguimos sin perdonarte lo del bocadillo. Gracias Fitz por recordárnoslo (aunque no hacía falta).

Evaluación a Agents of S.H.I.E.L.D.: Progresa adecuadamente (más o menos)

IAIN DE CAESTECKER, MING-NA WEN, CHLOE BENNET, CLARK GREGG, BRETT DALTON

No es que nos hicieran falta ocho capítulos para saberlo, pero a estas alturas, con Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. a punto de cerrar su decisiva etapa otoñal, ya no nos cabe duda del tipo de serie que estamos viendo. En un panorama televisivo eminentemente adulto (que no maduro), SHIELD propone un ejercicio de regresión whedoniana con una obra mucho más bobalicona e infantil. Esto no es necesariamente malo si lo sabemos antes de adentrarnos en ella (de ahí que la audiencia haya desertado después del piloto) y/o si le damos una oportunidad para que encuentre su lugar. Dicho esto, es perfectamente comprensible que la audiencia se haya cansado de esperar. Al fin y al cabo han pasado más de dos meses y SHIELD sigue recayendo en los mismos errores episodio tras episodio. Una cosa es escudarse (pun intended) en el (muy válido) argumento “esto es Marvel, si queréis ‘tele para mayores’ id a HBO”, y otra tratar a la audiencia como si efectivamente fuéramos lectores de cómics en los 60. O sea, que no es lo mismo llevar a cabo una obra con sensibilidad retro que dirigirse a su público como si fuera retra (perdón). La ingenuidad como arma tiene un límite, y nosotros también.

IAIN DE CAESTECKER, CLARK GREGG, MING-NA WEN

Los tres episodios más recientes de SHIELD han supuesto una evidente mejora con respecto a los primeros, pero ¿cuáles son esos fallos que Zack Whedon y Maurissa Tancharoen siguen ignorando?

1. Misiones escritas con plantilla. Hasta la fecha, todos los capítulos de SHIELD han transcurrido exactamente igual. Una amenaza en forma de artefacto (da igual que sea de metal o tenga forma humana, siempre son artefactos) que los agentes deben interceptar y desactivar después de infiltrarse en una base secreta. Estoy seguro de que los showrunners pretenden que el formato se asiente para empezar con las variaciones, al más puro estilo Buffy o Angel. Pero la espera se hace dura cuando no hay demasiado esfuerzo por su parte para que las misiones tengan algo que las diferencie entre sí.

2. Los dichosos secretos. Todos los personajes tienen pasados, todos esconden algo, y eso los condiciona en mayor o menor medida. Genial. Los traumas y acciones de dudosa moral que pesan sobre los agentes parecen estar disponiendo un nexo temático sobre la redención y la identidad (como de costumbre). Estupendo. Pero hasta que los personajes estallen como si fueran esos artefactos que intentan desactivar, estamos aguantando el estiramiento más descarado y desganado. ¡Basta ya de posponerlo todo! Todos los episodios terminan con Coulson haciendo referencia a Tahití y algún personaje reconociendo lo raro que está desde que fue resucitado, pero en ningún caso se añade información que justifique, o al menos amortigüe la constante repetición. Whedon y Tancharoen retrasan desesperantemente el momento de la revelación (las revelaciones, si sumamos también el pesado, digo pasado, de May) y nos machacan con lo mismo en cada episodio. Nos dan las mismas pistas una y otra vez, y se quedan tan panchos. Una historia en la que los secretos son tan importantes no funciona si estos no son tratados con suspense. Y el suspense en SHIELD brilla por su ausencia.

3. Y en relación al punto anterior: ¿Hacia dónde va todo esto? Los showrunners están abriendo muchos frentes, pero no se centran en ninguno. No se centran en general. Da la sensación de que no saben lo que están haciendo, de que están dando palos de ciego a ver si aciertan en algo. No serían capaces ir directos al grano ni aunque lo intentasen. Es como si tuvieran una buena idea y no supieran cómo rellenar las tramas que convergerán en ella. Afortunadamente, los próximos capítulos parecen retomar algunos de esos frentes, con el regreso de Mike Peterson (J. August Richards) y Centipede. Seguiremos teniendo paciencia, que para eso venimos con experiencia.

Agents-of-S.H.I.E.L.D.-Ward-and-Fitz-590x393

Pero bueno, con tanta queja, ¿por qué afirmo en el título de este artículo que SHIELD progresa adecuadamente? Porque es así. A pesar de estos fallos, la serie empieza a mostrar síntomas de evolución favorable, y saltan a la vista los resultados. Por eso muchos seguimos adelante, porque confiamos ciegamente en no estar perdiendo el tiempo (espero que no estemos realmente ciegos). Agents of SHIELD es una de las pocas series que espero con ansia semana tras semana (hacía tiempo que no me pasaba), y eso será por algo (sí, porque es una cláusula del contrato whedonite, pero por algo más). Veamos qué ha hecho bien SHIELD en los últimos tres episodios:

1. La unión hace la fuerza. Cómo no. Desde que este proyecto comenzó a gestarse ya teníamos claro que SHIELD sería una serie coral, y que en ella jugaría un papel esencial la química grupal. Y de momento funciona muy bien. De hecho mejora en cada capítulo. En “The Hub” (1.07), después de que los agentes completen con éxito una misión suicida a la que son enviados sin plan de escape, Victoria Hand (Saffron Burrows) dice: “Es el equipo de Coulson, no necesitaban extracción”. Es uno de los momentos más elocuentes y acertados de lo que llevamos de serie, y nos demuestra que, efectivamente, los agentes de Coulson empiezan a formar un gran equipo, y se están convirtiendo en una gran familia.

2. Éxito en la química por parejas. Y si los personajes florecen en grupo, emparejados demuestran que los lazos que empiezan a unirlos son mucho más fuertes de lo que parecía. Desde “FZZT” (1.06) hasta “The Well” (1.08), parece que SHIELD ha puesto en marcha una serie de experimentos para probar la química de los personajes en diferentes combinaciones de dos. Y los resultados son inmejorables. Fitz y Simmons nos proporcionan los momentos más emotivos de lo que llevamos de serie en “FZZT” (probablemente el mejor episodio por ahora, aparte del piloto). Los hermanos (no de sangre) científicos se separan en “The Hub” para trabajar con sus otros compañeros. Por un lado Simmons y Skye, y por otro Fitz y Ward, demuestran ser dos parejas cómicas excelentes en escenas muy divertidas (obviemos cuando Ward tira el sándwich que Simmons le ha hecho a Fitz, uno de los más terroríficos de la historia de la televisión). También se solidifica la relación entre Coulson y May (papá y mamá), y entre Coulson y Skye, dos de los núcleos más importantes de la serie. Así sí.

SHIELD-FZZT-Simmons-Fitz

3. Personajes con más entidad. La cada vez más natural interacción entre los agentes está dando como resultado unos personajes mucho más definidos, que se empiezan a alejar de los arquetipos que comenzaron siendo. Aún queda mucho trabajo por hacer, pero salta a la vista que los actores empiezan a estar realmente cómodos en la piel de sus personajes. Brett Dalton destapa más registros (dramáticos y cómicos) revelando que es algo más que un palo, Iain de Caestecker (nuestro monito Fitz) se ha fusionado por completo con su personaje, y Elisabeth Henstridge está demostrando que es la mejor intérprete de la serie (Simmons lleva un par de episodios en estado de gracia). Esto contribuye a que nuestro vínculo con ellos se estreche, y empecemos a temer por sus vidas. Quizás se esté jugando demasiado pronto con la idea de perderlos (Simmons está a punto de morir en “FZZT” y Ward y Fitz en “The Hub”), pero poco a poco nos vamos dando cuenta de que cada vez nos importan más. El eslabón más débil es precisamente el agente Coulson. Ya sea por la repetición de la que hablaba en el primer punto 2, por la asombrosa inexpresividad de Clark Gregg, o por el hype que conlleva haberlo elevado de categoría en el Universo Marvel, Coulson es de momento una de las mayores decepciones de la serie.

4. Constante reconocimiento del Universo Marvel y ampliación del Universo SHIELD. Si es que era una tontería eso de mantener a la serie al margen de las películas de Marvel. Es más, era imposible. Está bien que se busque la identidad propia de la serie, pero no se puede invisibilizar algo tan grande como una invasión de Elfos Oscuros en la Tierra (o sea, Midgard). Sin embargo, el anunciado crossover con Thor: El mundo oscuro que tuvo lugar la semana pasada en “The Well” fue más bien una treta publicitaria (como era de esperar). Sí, vemos a los agentes limpiar (literalmente) el estropicio ocasionado en la película, pero poco más. “The Well” es otro episodio que sigue el patrón “Artefacto de la semana”. Y a pesar de ser más bien decepcionante, supone todo un triunfo dentro de la serie por varios motivos.

The Hub

En primer lugar reconoce más abiertamente la existencia de la MAGIA en la realidad de los agentes. A pesar de que Jemma presenta claros síntomas de Scully-itis, los personajes se mueven en el mismo plano que Jane Foster y Darcy Lewis, y SHIELD deja de ser, aunque sea por un momento, una serie de espías. En segundo lugar, no tenemos a Thor (qué curioso que estos súper héroes se enfrenten a un Apocalipsis y después se vayan de vacaciones hasta que les apetezca volver) pero los acontecimientos de la película influyen de verdad en la serie. La introducción de una especie de secta o grupo de resistencia que cree que los Dioses vuelven a la Tierra para reconquistarla tras la invasión de Londres es una buena idea. Entronca a la perfección con el Universo Cinematográfico Marvel y a su vez permite a la serie manejarse con amenazas más terrenales, más abarcables. Y por último, en “The Hub” conocemos a más miembros de la cadena de mando de SHIELD (la mencionada Victoria Hand) y visitamos otras instalaciones de la organización, lo que da mayor credibilidad a la trama central y ayuda a trazar ese camino que parecía costarle tanto encontrar a la serie.

5. Esa referencia a Dollhouse en “The Well”. No, es broma. Pero va en serio. Did I fall asleep?

Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. – 100% Whedon

CLARK GREGG

Joss Whedon está más que familiarizado con el término “potencial“, y de hecho suele construir sus obras y a sus personajes alrededor del mismo. Para hacer una buena serie de televisión cuya proyección más allá del piloto no solo sea longeva y rentable, sino que capte de verdad el interés a largo plazo del espectador, es necesario manejar con habilidad ese potencial. En los últimos años, el drama televisivo en abierto ha depositado una importancia capital en el piloto de una serie. Por esto, es muy habitual que se despliegue todo el arsenal en la primera hora, dejando al espectador con la sensación de no necesitar más. Con Marvel’s Agents of S.H.I.EL.D., Whedon hace todo lo contrario, demostrando más de quince años después del estreno de su primera serie, Buffy, cazavampiros, que su magia sigue intacta.

S.H.I.E.L.D. (a partir de ahora usaré solo el acrónimo, y quizás me deshaga de los puntos) es una fuente rebosante de potencial. Un potencial que Joss, su hermano Jed y su cuñada Maurissa Tancharoen, se guardan muy bien de no realizar del todo, porque saben perfectamente que esto sería contraproducente. Por eso, esta familia bien avenida dosifica con tiento y astucia la información, jugando muy bien la carta del factor sorpresa, continuando la fusión de acción y comedia que tan bien funcionó en Los Vengadores, y ofreciéndonos lo justo para que salgamos satisfechos, pero sobre todo ansiosos por saber más.

Joss Whedon suele confiar en el poder del stand-alone (episodios autoconclusivos) para levantar los cimientos de una historia que acabará demandando mayor énfasis en una gran trama general. El piloto de SHIELD (fuera puntos) sirve como (re)introducción al universo que conocemos por las películas de Marvel a la vez que funciona como episodio-modelo de una serie que transcurre en un área desconocida de ese universo (el Nivel 7). Un “caso de la semana” que precederá a muchos otros, y que siembra la semilla de un arco mayor (que quizás empieza con la pregunta “¿cuál es el secreto tras el regreso de Coulson?”) Los que conocemos cómo funcionan sus relatos sabemos lo que Whedon y su equipo nos están preparando.

IAIN DE CAESTECKER, ELIZABETH HENSTRIDGE

El piloto de SHIELD supone una carta de presentación impresionante en cuanto a despliegue (salta a la vista el presupuesto) pero prudente y discreta narrativamente hablando. Como esperábamos de él, Whedon comienza a erigir su discurso apoyándose en los personajes, y no en la pirotecnia marveliana. Es una cuestión de logística. No se puede volar Nueva York por los aires todas las semanas, y no se puede contar con Robert Downey Jr. más allá de las imágenes de archivo. Pero también es el modus operandi whedoniano. No hay problema, tenemos al agente Coulson, a un puñado de nuevos personajes que -aunque sea demasiado pronto y estén en fase de génesis- no nos avergüenza reconocer que ya queremos un poco (o mucho), y a Lola (OMG LOLA!). Los agentes de SHIELD están construidos específicamente para llevar todo el peso de la serie, para que solo con ellos nos baste para estar satisfechos. Así, las nuevas creaciones de Whedon revelan esa permanente búsqueda de aquello que hace humanos a sus personajes, algo que crea vínculos instantáneos con el espectador, como siempre.

El equipo reunido alrededor de la resucitada figura de Phil Coulson (Clark Gregg) -un Mal Reynolds en busca de tripulación para realizar misiones al margen de burocracias-, responde inequívocamente a los cánones whedonianos. Tres en concreto son los personajes que más nos recuerdan que estamos ante una obra del autor: Skye, quizás la mayor representante junto al pícaro Coulson del sentido del humor whedoniano (ese inconfundible cóctel de ingenuidad, cultura pop, autorreflexión y bobaliconería), y el dúo dinámico Fitz-Simmons, que personifican dos arquetipos del Whedonverso, y además por partida doble: son británicos y lab geeks. Tanto ellos como los miembros más veteranos y serios del equipo, Melinda May y Grant Ward, están caracterizados de manera que su individualidad brille por separado y estalle en grupo, como los scoobies, y los tripulantes de la Serenity -¿está Whedon aprovechando para hacer Firefly otra vez?-, los activos de la dollhouse y los propios Vengadores. El clásico espíritu de equipo Whedon. Qué ganas de ver el icónico plano de grupo avanzando hacia la cámara.

CLARK GREGG, BRETT DALTON, CHLOE BENNET

Como decíamos, todo se reduce al potencial. Y de eso va precisamente la primera misión de SHIELD. A través de Mike Peterson, el personaje interpretado por el whedonista J. August Richards (Gunn en Angel), y del equipo liderado por el agente Coulson, los Whedon-Tancharoen nos hablan de los que no son los elegidos, de aquellos que se enfrentan al Nuevo Mundo sin poderes sobrehumanos, de los que viven cerca de los focos pero nunca los pisan, los que lo ven todo sin que nadie los vea a ellos (“No podemos explicar todo lo que vemos, pero tenemos los ojos abiertos”). Los agentes de S.H.I.E.L.D. son humanos que se desenvuelven en una parcela de la realidad (“la línea que separa el mundo del mundo más extraño”) que les exigirá constantemente hallar el alcance y el límite de sus habilidades. En un mundo de súper héroes voladores, gigantes verdes, dioses, alienígenas y monstruos, estos hombres y mujeres deben buscar aquello que los convierte no en seres especiales, sino extraordinarios. Y nosotros estamos deseando presenciar esa búsqueda, a pesar de que ya intuimos desde el piloto qué es lo que los hace únicos.

 

Conexiones con el Whedonverso:

– ¿Quién más pensó en el “cargo bay” de la Serenity cuando Coulson y Ward entran al avión de SHIELD?

– J. August Richards no es el único actor whedonista que aparece en el piloto. También tenemos a Ron Glass, el pastor Book de Firefly, que hace de doctor de SHIELD. Como forma parte de la plantilla de la organización, es muy posible que lo veamos más.

– “You can’t stop the Rising Tide” (Skye), “Can’t stop the signal”. No puede ser coincidencia.

– Volvemos a ver al übervamp y a oír el Grr Argh! del logo de Mutant Enemy. Lo echábamos de menos, ¿eh?

“Much Ado About Nothing” y “Lust for Love”: el Whedonverso se expande

Cine consumido en la red, cine desconocido fuera de Internet y de éxito masivo dentro de ella, ciberestrellas que dan el salto al cine y la televisión, espectadores internautas que levantan una película o una serie. En definitiva, televisión e Internet haciendo cine. La transformación de las industrias del entretenimiento es constante. La enorme sinergia entre Internet y los medios televisivo y cinematográfico es el resultado de una etapa inicial de contacto y experimentación que ya queda muy atrás, asentándose esta influencia como una de las características que mejor definen el negocio actualmente. Redes sociales como Twitter nos han acercado a las estrellas. Ya no queremos sus autógrafos, queremos que nos hagan reply o mention. El consumidor se convierte en creador, el creador atiende a las necesidades espectador, y las buenas historias tienen más posibilidades de ver la luz.

De la convergencia de todos estos fenómenos nacen páginas como Kickstarter. La web en cuestión se enorgullece de ser “la plataforma de financiación para proyectos creativos más grande del mundo”. El funcionamiento de Kickstarter es sencillo: cualquiera puede presentar un proyecto musical, cinematográfico, tecnológico, incluso culinario, con el propósito de lograr el presupuesto necesario para que se financie. La manera de obtener el dinero es mediante donativos de los internautas. De esta manera, cada proyecto debe alcanzar una cifra concreta en un plazo de tiempo determinado para que el artista reciba la financiación. De no lograrlo, los proveedores no perderán ni un solo céntimo y el artista deberá buscarse la vida en otra parte. El porcentaje de éxito de los proyectos que se presentan a Kickstarter es bastante alto, sobre todo si atendemos a las películas en preproducción.

No se trata de un proyecto de Kickstarter, pero está directamente relacionado con uno. Durante la pasada madrugada se anunciaba la nueva película de Joss Whedon. Una página web con una foto de Fran Kranz sumergido hasta los hombros en un lago, con gafas de buzo y un cóctel en la mano izquierda, un enorme cast de actores y un mensaje de Bellwether Pictures, la pequeña productora creada por Whedon y su mujer, Kai Cole. Así comienza la promoción de Much Ado About Nothing (Mucho ruido y pocas nueces), la personal adaptación de la obra de Shakespeare de la mano del polifacético autor. A pesar de que ‘April Fools’ queda muy lejos, la sorpresa del anuncio y el impacto que ha causado la propuesta nos ha hecho dudar de su legitimidad. Por suerte, algunos de los involucrados en el proyecto, Nathan Fillion, Maurissa Tancharoen o Fran Kranz, no han tardado en confirmar la noticia desde sus cuentas de Twitter.

Poca información se podía extraer de la página web de Much Ado About Nothing recién lanzada: que el rodaje ya había finalizado (el absoluto secreto con el que se ha llevado a cabo es increíble), y que un alto porcentaje del amplio reparto de la película está formado por actores vinculados a Whedon (Amy Acker y Alexis Denisof aparecían en ubicaciones destacadas). No obstante, Bellwether Pictures ha publicado una nota de prensa con más detalles. No son muchos, pero son suficientes para aumentar enormemente nuestra expectación: el filme se rodó en 12 días en Santa Mónica, con un presupuesto minúsculo y totalmente en blanco y negro. Como suponíamos, Acker interpreta a Beatrice y Alexis Denisof a Benedick. Es decir, Wesley y Fred vuelven a estar juntos (la emoción es indescriptible, inabarcable). El resto del cast cuenta con otros alumnos whedon como Nathan Fillion, Reed Diamond o Tom Lenk.

*Actualización 25-10-11: EW ha publicado las primeras fotos de la película, junto a una extensa entrevista con Whedon, Maher y Acker. Además, ya podéis seguir Much Ado About Nothing en Facebook.

Much Ado About Nothing es una revisión en clave moderna de la comedia de Shakespeare, motivada por el gran amor que Whedon profesa al poeta y dramaturgo (suele organizar lecturas de sus obras con sus amigos, entre ellos, muchos de los actores de sus series). Según sus propias palabras, “el texto es una deconstrucción de la idea del amor, lo que resulta irónico, pues la totalidad de esta producción es una carta de amor – al texto, al reparto, incluso a la casa en la que la rodamos”. Aún no sabemos con certeza dónde se estrenará la película, ni cuándo (la idea de Whedon es moverla por los circuitos festivaleros), pero de lo que estamos seguros es de que se convertirá en otra obra de culto, sin importar el medio al que se adscriba (si es que ha de adscribirse a alguno). El enorme éxito de Dr. Horrible’s Sing-Along Blog, la miniserie musical para Internet dirigida por Whedon (en familia y con dos duros, como Much Ado) es motivación suficiente para confiar en que el nuevo proyecto del autor tenga una aceptación más que considerable en la red. Después de sus tropezados inicios en el cine, es su éxito en la televisión y en Internet lo que al fin le permite hacer el cine que quiere hacer, y no el que le obligan a hacer.

Volviendo al tema con la que iniciaba esta (caótica) entrada, el 24 de octubre de 2011 será recordado como un día épico para whedonistas y whedonites. Por si la noticia de la nueva película de Whedon fuera poco, otro proyecto relacionado con el particular universo del productor ha recibido hoy la luz verde. Se trata de Lust For Love, película dirigida por Anton King (realizador del videoclip Remains, inspirado en Dollhouse) con reparto de actores conocidos por sus papeles en las series de Whedon: Fran Kranz (whedon alumn honoris causa de la nueva hornada), Maurissa Tancharoen, Dichen Lachman y Enver Gjokaj. La película ha alcanzado la cifra de donaciones necesaria para ser financiada (70.000 dólares) en menos de dos semanas. Lust For Love es una historia de amor protagonizada por un chico (Kranz) que logra conquistar a su amor de la infancia. Sin embargo, su comportamiento errático hará que esta lo abandone rápidamente, lo que le llevará a asumir que necesita más experiencia con las mujeres, y en consecuencia, a pedirle a la mejor amiga de su ex que le enseñe a impresionar al sexo opuesto.

La pasión de este grupo de actores por el proyecto es palpable, y en vista de los resultados obtenidos en Kickstarter, la de los fans también lo es. A falta de 17 días para que finalice el plazo de financiación en la web, los internautas pueden seguir haciendo sus donativos (ahora con la certeza de que sus tarjetas tendrán el cargo correspondiente). Cada aportación conlleva una recompensa para el patrocinador: desde un agradecimiento en la web de la película, un set completo de DVD y póster firmados por el reparto, hasta asistir a una diner party con Dichen Lachman como anfitriona o un papel en la película (ya asignado). Este es el vídeo que Anton King y los actores de Lust For Love prepararon para captar patrocinadores:

The Avengers, Much Ado About Nothing, Lust For Love. 2011 acaba por todo lo alto, tanto para los apasionados del whedonverso como para sus habitantes, allanando el terreno para un 2012 muy Whedon. Es más, este es el año en el que todos pasamos a formar parte del mismo universo de manera oficial. Aunque sea pagando por ello.