Crítica: Calle Cloverfield 10

10 cloverfield lane

Escribir una crítica sobre esta película sin contar nada de su argumento es difícil, pero también es lo más adecuado. Calle Cloverfield 10 (10 Cloverfield Lane) se disfruta más cuando menos se sabe sobre ella, entrando a la sala de cine (o dando al play en casa) a ciegas, sin saber exactamente qué nos espera en la oscuridad. Claro que, aunque no conozcamos detalles de la trama, será fácil imaginarnos qué tipo de propuesta es Calle Cloverfield 10 conociendo los datos externos a la historia. Veamos.

Se trata de una secuela “en espíritu” de la película de 2008 Monstruoso (Cloverfield), una suerte de continuación no lineal de su universo, que nos propone una historia completamente nueva bajo el paraguas de la denominación, ya convertida en marca, “Cloverfield”. Es decir, Calle Cloverfield 10 sería como un nuevo capítulo de una antología fantástica y de ciencia ficción, con actores nuevos y sin continuidad narrativa. Es decir, un nuevo episodio de “The Cloverfield Limits”.

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La palabra “Cloverfield” es prácticamente sinónimo de J.J. Abrams y Bad Robot (su productora), un concepto que aúna los mismos principios y leit motivs que han caracterizado la (ya extensa) producción del creador de Perdidosy que se resume una vez más en la idea de la caja de Abrams: la caja representa una historia de la que no conocemos sus contenidos, y lo emocionante es ir descubriendo lo que hay en ella. Es decir, que el viaje es más importante que el destino. Esta es la noción sobre la que se sustentan la mayoría de historias producidas por Abrams, y eso es también lo que nos encontramos en Calle Cloverfield 10, donde el desconocido Dan Trachtenberg toma el relevo de Matt Reeves, y Damien Chazelle (Whiplash) se encarga de completar el guion de Matthew Stuecken y Josh Campbell, mientras que Abrams, Reeves y Drew Goddard (guionista de Monstruoso) siguen en la producción ocupándose de que “la visión” prevalezca.

Sin embargo, en el caso de Calle Cloverfield 10, la fórmula de la caja ha sido perfeccionada. Este tipo de narración, donde las preguntas y las sorpresas incentivan la historia pero a menudo también la lastran, ocurre que en muchas ocasiones la expectación se traduce en decepción o anticlímax cuando llega la conclusión y esta no está a la altura (o queda inacabada, como un puzle al que le faltan piezas, guiño más que autoconsciente de la película al estilo de Abrams). Afortunadamente, esto no ocurre en Calle Cloverfield 10, donde la historia es algo más que una acumulación de ideas, enigmas y “shocks”. Puede que su desenlace no convenza a muchos, pero es uno de los más coherentes de la producción “misteriosa” de Bad Robot, un final con el que deja los cabos justos por atar, que ofrece clausura emocional satisfactoria para su protagonista (Mary Elizabeth Winstead) e incluso tiene mimbres para convertir la película en saga; algo que seguramente no pasará, porque seguirán explorando el concepto “antología”, pero que, si así fuera, podría dar muchísimo de sí.

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Aunque esto no ocurra, Calle Cloverfield 10 quedará como una obra bastante redonda, una excelente cinta de suspense que demuestra el poder de las ideas sobre la pirotecnia. Con un magnífico trabajo de cámara que saca el máximo partido al reducido espacio con el que cuenta, un orgánico acompañamiento musical a cargo del exhaustivo Bear McCreary y un guion que se retuerce con giros que nos mantienen alerta en todo momento, Calle Cloverfield 10 maneja la tensión con maestría. La película deja al espectador continuamente en el borde del asiento, obligándole a desear saber más, haciendo que se involucre en la historia (y el juego abramsiano que plantea) y adopte el (desinformado y desorientado) punto de vista de Michelle (Winstead) para intentar dilucidar qué es verdad y qué es mentira. Pero lo mejor es que, además de ese juego (salpicado de un humor negro que recuerda a la reciente La visita de Shyamalan), el film ofrece varias lecturas más allá del simple “cuento post-apocalíptico”, componiendo un (otro) relato sobre el miedo a “los otros” (con la paranoia post-11S aun resonando) y el terrorismo doméstico de la masculinidad patriarcal, temas perfectamente representados en dos de los mejores personajes que nos ha dado el género últimamente. Una mujer que toma posesión de sí misma para dejar de huir de sus problemas (perfecta Winstead), y un lunático memorable al que da vida un extraordinario John Goodman.

Calle Cloverfied 10 es un thriller claustrofóbico y desconcertante que divierte enormemente sin por ello sacrificar la seriedad de sus temas y el desarrollo de sus personajes (“Yo veo Cloverfield por los personajes”). El éxito de la película plantea una nueva forma de hacer blockbusters fantásticos, otro tipo de “cine evento” que es posible con un presupuesto reducido, gracias a una campaña publicitaria inteligente y por encima de todo, ideas “fuera de la caja”.

Valoración: ★★★★

Crítica: El amanecer del planeta de los simios

El Amanecer del Planeta de los Simios

Han pasado diez años desde los acontecimientos de El origen del planeta de los simios (2011), y en el transcurso de esta década, la “gripe simia” ha acabado con la mayor parte de la población, haciendo retroceder a la Tierra hacia la era pre-tecnológica. En la secuela del éxito de 2011, El amanecer del planeta de los simios (Dawn of the Planet of the Apes, 2014), los supervivientes de la ciudad de San Francisco se hacinan en una pequeña aldea, enfrentándose a la inminente desaparición de los pocos recursos vitales que les quedan -el combustible y la energía se acaban pero cuentan con un enorme arsenal-, y organizados bajo el mando de Dreyfus (Gary Oldman). Mientras, en el bosque vecino, los simios genéticamente alterados de la primera entrega han creado una sociedad que avanza a pasos agigantados, en la que los monos aprenden a comportarse como los humanos bajo el liderazgo de César.

El amanecer del planeta de los simios es un film esencialmente complejo en todos sus planteamientos, pero la cinta de Matt Reeves (Monstruoso) también es un blockbuster de acción y aventuras por definición, una película que diluye con eficacia su enorme carga filosófica en un producto diseñado para el gran público. Es decir, El amanecer… es una de esas películas que dan buen nombre al blockbuster veraniego, una experiencia que aúna espectáculo y reflexión como solo unas pocas saben hacer. Ya desde la impresionante secuencia de apertura, en la que observamos el funcionamiento de la sociedad simia ajena a la existencia de los supervivientes de la raza humana, somos conscientes de que El amanecer… no es una película de acción cualquiera, de que estamos ante una superproducción de inteligencia superior.

El encontronazo con una partida de humanos en el bosque cambia por completo los esquemas de la nación simia, que por primera vez ve su Arcadia amenazada por un “enemigo” exógeno. A partir de aquí, El amenecer… se transforma en una fascinante historia de tintes bélicos sobre el miedo, la comunicación y la confianza, además del relato de una camaradería transformada en profunda amistad, entre César y uno de esos humanos, Malcolm (Jason Clarke). Representantes de la razón y el sentido común, ambos intentan mantener a flote dos sociedades enfrentadas por una serie de malentendidos, y condenadas a la guerra por la existencia del mal inherente que, como César comprueba, no es exclusivo del ser humano. Esto da lugar, como no podría ser de otra manera, a explosivas secuencias de batalla y set pieces que no solo cumplen su función espectacular, sino que siempre están al servicio del objetivo principal de la película: el tratado evolutivo sobre los peligros de alcanzar una inteligencia superior, y la responsabilidad moral que esto conlleva. En este sentido, lo más interesante de la película es observar a César buscando la paz entre ambas civilizaciones, antes de la inevitable guerra.

El Amanecer del Planeta de los Simios_Poster TeaserLa apabullante complejidad y el detallismo (físico, psicológico, fisiológico) de un personaje como César supone uno de los más grandes triunfos del cine de acción de los últimos años. Ni que decir tiene que gran parte del mérito corresponde al excelente Andy Serkis, cuya -fácilmente subestimada- labor interpretativa, en conjunción con la tecnología puntera de Weta Digital, da como resultado los mejores efectos digitales que hemos visto en el cine de Hollywood últimamente. Puede que suene a exageración, pero El amanecer del planeta de los simios no es sino una piedra de toque de la evolución CGI, una película que, al igual que Parque jurásicoAvatar, marca un antes y un después en la historia del cine comercial -aunque seguramente no se le reconozca con el paso del tiempo. Lo que vemos en El amanecer… no lo hemos visto en ninguna otra parte. Desde los paralizantes primeros planos de César hasta el extremo naturalismo del movimiento de los simios (todos actores con motion capture “haciendo el mono”), pasando por las palpables texturas orgánicas, El amanecer… da paso a un nuevo capítulo en el cine.

Por el contrario, los seres humanos de El amanecer del planeta de los simios están (intencionadamente) desdibujados, simplificados, con el propósito de dar mayor énfasis a la transformación de los simios. Y aunque se entienda y se acepte como mecanismo narrativo, esto no hace sino entorpecer la historia (que pierde algo de fuelle y se alarga demasiado al final), sobre todo en las escenas donde solo vemos a los humanos. Por sí solos, personajes como Malcolm o Dreyfus no resultan interesantes. Por no hablar de la mujer del primero, Ellie (Keri Russell), con diferencia el personaje más plano de la película, o el increíblemente estúpido y absurdo Carver (Kirk Acevedo), que se comporta desafiando a la lógica en pos del avance narrativo. Estos personajes solo existen en relación a los simios, y solo con ellos nos dan escenas sobresalientes -como aquella en la que el hijo de Malcolm y Ellie le regala el cómic Black Hole a Maurice y le enseña a leerlo. Pero los humanos son el único punto débil de esta brillante e intensa muestra de ciencia ficción post-apocalíptica, y de eso se trata precisamente, de ilustrarnos, a través del desarrollo de esta civilización naciente, la profunda estupidez del ser humano.

Valoración: ★★★★