Agents of SHIELD es cada vez mejor y tú sigues perdiéndotelo

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La cadena ABC ha renovado recientemente Agents of SHIELD para la que será su quinta temporada. El camino hasta aquí ha sido pedregoso, principalmente debido a unos índices de audiencia en directo que no han dejado de caer en las temporadas más recientes. La cuarta, que acaba de tocar a su fin, vio cómo la serie de Marvel alcanzaba su mínimo histórico, a causa en parte de su salto a la franja horaria de las 22:00h, que se suele traducir en una audiencia más adulta y reducida. Aun enfrentándose a estas dificultades, Agents of SHIELD se las ha arreglado para ir subiendo el listón capítulo a capítulo y temporada a temporada. Pero tristemente, la audiencia le está dando la espalda. Si supieran lo que se están perdiendo…

A estas alturas, la historia de SHIELD se ha complicado y ramificado de tal manera que es difícil que la audiencia que dejó la serie tras la primera temporada (o la que no se ha animado a verla, por la razón que sea) se reenganche para disfrutar de su versión más asentada y madura. También es comprensible. SHIELD comenzaba con misiones episódicas que no ofrecían demasiados alicientes para continuar, y para cuando la historia se serializó y empezó lo bueno, la gente ya había desconectado. A partir de la segunda temporada, SHIELD experimentó una tendencia al alza en la calidad de sus guiones, más comprometidos, emocionales y oscuros, con énfasis en los arcos de personajes y sus relaciones, y un reparto coral cada vez más compenetrado. Sus showrunners, Maurissa Tancharoen y Jed Whedon, nos regalaban season y midseason finales que nos dejaban sin aliento, episodios monumentales como “4722” (3×05), y tramas que se encadenaban para dar lugar a una de la series más ajetreadas y temáticamente ricas que hay actualmente en pantallaAgents of SHIELD empezó como una serie de misiones sin demasiado calado en el esquema global y se ha convertido en un drama sin un solo minuto de relleno en el que tenemos la sensación de que todo puede desmoronarse en cualquier momento.

Y así llegamos a su magnífica cuarta temporada. Tras un inicio titubeante, la serie pronto recuperó el cauce para hacer lo que mejor se da: marcarse un objetivo (o varios) y llegar hasta él haciendo el camino lo más interesante y convulso posible. El cambio de horario facilitó que la serie explorase temas más truculentos y pusiera a sus personajes en situaciones más dramáticas, y aunque esto resultó en cierta confusión tonal, no tardó en estabilizarse para darnos la temporada más centrada hasta la fecha. Siguiendo el formato clásico de los cómics de superhéroes, la cuarta temporada se ha dividido en tres arcos diferenciados que se han desarrollado como si fueran tres mini-series distintas en una. La primera lidiaba con la llegada del Motorista Fantasma (Gabriel Luna), la segunda con la creación de los LMD (seres de inteligencia artificial conocidos como Life Model Decoy), que concluía con el mejor capítulo hasta la fecha, “Self Control” (4.15), y la tercera, Agents of Hydra, se construía siguiendo la tradición tan comiquera del what if o universo alternativo, con la mayoría de nuestros agentes viviendo en el Framework, una distopía trumpiana donde Hydra ocupa el poder, Fitz es un líder totalitario y nuestros héroes no son conscientes de que sus cuerpos yacen dormidos en el mundo real, conectados a través de una máquina a esta simulación cibernética creada por Holden Radcliffe (John Hannah).

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Esta última trama es la que ha llevado a SHIELD a un nuevo nivel, y la que nos ha deleitado con la que es la villana más carismática y compleja de lo que llevamos de serie (y de las más notables del Universo Cinemático Marvel en general), Aida, interpretada por la excelente Mallory Jansen (Galavant). Whedon y Tancharoen han sabido sacar el máximo partido al personaje, utilizándolo para darnos las secuencias de acción más contundentes hasta la fecha y poner a los agentes, su mundo y sus relaciones en jaque. Los más damnificados por Aida han sido Fitz y Simmons, dos personajes que cuando pasan a primer plano hacen que la serie sea incluso mejor (Iain de Caestecker y Elizabeth Henstridge son los intérpretes más aventajados de la serie, con diferencia). Pero la trama de Aida ha dado mucho de sí en todos los frentes y ha salpicado a todos los personajes, complicando sus relaciones (para mal y para bien, que ahí está Philinda por fin) y sacudiendo los cimientos de su mundo. La última tanda de episodios de este año ha sido simplemente espectacular. En ella se han sucedido los giros y las sorpresas sin descanso, y han convergido los tres arcos de la temporada para confirmarnos una vez más que esta serie siempre tiene claro hacia dónde se dirige (cosa que no se puede decir de muchas otras series) y despedirse con una season finale que cierra frentes de manera satisfactoria, a la vez que abre otros muy interesantes y llenos de posibilidades para el año que viene.

La ejemplar evolución de Agents of SHIELD ha creado en muchos de sus espectadores (quien esto escribe incluido) la necesidad de recomendarla una y otra vez a los escépticos, de reivindicarla como una de las series de temática superheroica más sólidas actualmente en antena (yo me atrevo a decir que la mejor de Marvel, y me quedo tan ancho) y uno de los dramas de personajes más gratificantes de la televisión en abierto. Whedon y Tancharoen han dado con el equilibrio perfecto entre humor, acción y emoción para conectar con su audiencia, para que esta se involucre a nivel personal con sus personajes y haga que pesados como yo sigamos insistiendo en deciros que Agents of SHIELD es una de las mejores series que no estáis viendo.

Agents of S.H.I.E.L.D. Ghost Rider: Cambio de identidad

Empieza oficialmente el otoño, y ¿qué quiere decir eso? Que nos enfrentamos un año más a un nuevo aluvión de estrenos televisivos y al regreso de nuestras series favoritas. Desde hace un tiempo, mi serie más esperada al volver de las vacaciones ha sido Agents of SHIELD La ficción de ABC y Marvel Television no es ni de lejos una de las mejores actualmente en antena, pero sí es una de las que más me hace sentir en casa cuando la veo. Como suelo decir, es mi lugar feliz, esos cuarenta minutos a la semana que, sean mejores o peores, siempre me reconfortan. Por eso, el estreno de la cuarta temporada de la serie creada por Joss Whedon se me ha hecho raro. Ha sido como volver al hogar y verlo completamente cambiado. Más desorganizado, más extraño, y sobre todo más oscuro.

Esto tiene un motivo. En su cuarta temporada, Agents of SHIELD se muda a un nuevo horario en su emisión original en Estados Unidos. De los martes (el día maldito para la cadena) las 21:00h al mismo día a las 22:00h. Puede que una hora de diferencia no suene demasiado importante, pero lo es. Las 10 pm es la hora del prime time estadounidense en la que las cadenas generalistas se permiten subir el tono de sus programas y orientarlas a un público más adulto. Después del éxito de crítica y público de Daredevil Jessica Jones en Netflix, los ejecutivos de ABC y Marvel han debido pensar que quizá acercar SHIELD al tono de ambas sería una buena jugada. Pero de momento solo es desconcertante.

La season premiere de la cuarta temporada se titula “The Ghost”, principalmente en referencia a la flamante nueva incorporación a la serie, Robbie Reyes, aka Ghost Rider (en español el Motorista Fantasma, aunque en esta ocasión conduzca un coche). La aparición de este popular personaje de Marvel Comics (en su versión más moderna, dejando atrás al clásico Johnny Blaze) ha causado expectación, pero también dudas. A priori y después de ver el episodio, no parece que este anti-héroe encaje en el estilo y las tramas de la serie tal y como la conocíamos. Pero es que, como decía, SHIELD vuelve cambiada, con una actitud más atrevida que en un principio debería acomodar mejor al justiciero de la calavera en llamas.

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Sin embargo, el cambio no ha sido gradual, sino más bien forzado. Da la sensación de que Maurissa Tancharoen y Jed Whedon, los showrunners de la serie y guionistas del episodio, han visto el cambio de horario como una imposición, y en lugar de dejar que la transformación fluya de forma natural, han metido con calzador los nuevos ajustes: referencias casuales al consumo recreativo de drogas, un plano explotador del trasero de Chloe Bennet en ropa interior, una escena de seducción de más alto voltaje de lo normal entre Mack y Yo-Yo, violencia más gráfica y sangrienta… No es que yo me escandalice con tan poco, ni que la serie se haya convertido en Preacher, pero estos pequeños (grandes) detalles desvirtúan en cierta manera la esencia e identidad de la serie. Mi consejo como humilde espectador a Whedon y Tancharoen es: Que puedas, no quiere decir que debas. Pero eh, puede que sea cosa mía, y puede que esta nueva actitud acabe cuajando. No seré yo quien se cierre a lo que SHIELD me quiera proponer, que para eso me ha demostrado que hasta ahora ha sabido lo que estaba haciendo en todo momento. Además, los actores parecen cómodos con el cambio, paradójicamente se les ve más naturales y relajados (sobre todo a Clark Gregg), así que habrá que intentar seguirles el rollo.

Pero los problemas de “The Ghost” no acaban ahí. En general, el episodio ha sido algo confuso y abarrotado. El “fantasma” del título no solo se refiere a Robbie Reyes, sino también a Daisy Johnson, que después de los acontecimientos de la tercera temporada es una fugitiva y está atravesando una fase emo. Nuestra querida Quake es una heroína, y sabemos que es buena por naturaleza, por eso resulta tan raro verla de esta guisa y con esta actitud macarra, que chirría mucho con el personaje. No nos cabe duda de que es temporal, que su camino de redención tendrá una meta y recuperaremos a la Daisy de siempre (o incluso a una versión mejorada), pero por ahora choca bastante, y no en el buen sentido. La trama de Daisy para esta primera parte de la temporada está ligada a la de Reyes, al que ya hemos conocido en el primer capítulo. Los efectos digitales para dar vida a su alter-ego demoníaco son excelentes y Gabriel Luna parece buen actor, pero el personaje por ahora es una especie de Punisher de saldo. Veamos cómo se desarrolla.

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Por lo demás, “The Ghost” presenta un nuevo status quo dentro de S.H.I.E.L.D. Phil Coulson deja de ser director de la agencia para volver a ser simplemente el Agente Coulson, existe una nueva jerarquía y sistema de seguridad (por colores), donde, sorprendentemente, Jemma Simmons tiene mayor rango que Melinda May. Mientras, Fitz tiene más recursos a su disposición y sus investigaciones dan mayor peso a uno de los temas que la serie pretende explorar este año: la inteligencia artificial. Esta trama conlleva el regreso de Holden Radcliffe (John Hannah) y la incorporación de un nuevo personaje, Aida, IA súper realista interpretada por Mallory Jansen (Galavant). Whedon y Tancharoen han prometido profundizar en los dilemas morales que conlleva la creación de un humano sintético, y a juzgar por la presentación de Aida, esto incluirá un factor sexual. Espero que sepan tratarlo y no se les vaya de las manos.

El salto de tiempo y la cantidad de tramas abiertas hace que reine el caos en este inicio de temporada, pero quizá deberíamos tomarnos “The Ghost” como un piloto en sí mismo y darle un poco de tiempo para que la serie se vuelva a enderezar y encuentre otra vez su voz en este nuevo emplazamiento. Al fin y al cabo, SHIELD siempre ha sido esclava del gran plan, y en lugar de hundirse ante las imposiciones (de la cadena, de Marvel, del discurrir narrativo del UCM), ha sabido usarlas en su beneficio, encauzar todas sus tramas de forma admirable y erigirse como un producto digno y satisfactorio por méritos propios. A pesar del desconcierto inicial, nada indica que esta vez no vaya a pasar lo mismo.

[Review] Agents of S.H.I.E.L.D. – “4,722 Hours” (3×05)

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Cuándo has crecido ya, Agents of S.H.I.E.L.D. La primera serie del UCM nació para desempeñar un papel más bien publicitario, para matar el tiempo entre estrenos cinematográficos de Marvel, a los que estuvo completamente supeditada durante su primera temporada. Al menos hasta que la organización desapareció tras los acontecimientos de Capitán América: El soldado de invierno. Desde entonces, SHIELD ha sido más libre para evolucionar a su propio ritmo, a su manera, encontrando con el tiempo la forma de utilizar las películas en beneficio propio. Paradójicamente, es desde la introducción de la mitología de los Inhumanos (desarrollada para servir como antesala al estreno de la película de 2019) cuando SHIELD ha ganado más entidad, personalidad y seguridad en sí misma, algo que hemos notado mucho en sus personajes, cada vez más definidos e interesantes. Su segunda temporada ya supuso un enorme salto de calidad con respecto a la primera, y la tercera no podía haber empezado de forma más contundente. Al principio, SHIELD tenía que estirar sus tramas y retrasar las sorpresas para rellenar una temporada, hoy en día cuarenta minutos a la semana no son suficientes para todo lo que tiene montado.

SHIELD está tan asentada que ya se ha permitido hacer un episodio “high-concept” (al más puro estilo whedoniano), un capítulo autoconclusivo que se diferencia (en estructura y estética) del resto de la serie, y se centra casi exclusivamente en un solo personaje: Jemma Simmons (Elizabeth Henstringe). Desde el infartante final de la segunda temporada (probablemente el mejor capítulo de la serie hasta el que hoy nos ocupa), el mayor enigma de SHIELD ha sido la suerte de Simmons tras ser tragada por el monolito. Con el regreso de la científica, rescatada por Fitz en el emocionante “Purpose in the Machine” (3×02), obteníamos los primeros datos sobre su odisea: Jemma había estado en lo que parecía ser un lejano e inhóspito planeta, y al igual que Jack Shephard al final de la tercera temporada de Lost, “tenía que volver” allí por alguna razón. Si el misterio ya nos tenía enganchados, con esta revelación nos atrapaba sin salida. Tuvimos que esperar varias semanas, pero SHIELD por fin nos dio lo que necesitábamos, un capítulo flashback que nos mostraba el calvario de Simmons durante las “4.722 horas” que permaneció varada en el espacio.

“4,722” resulta más que oportuno por su parecido con el reciente estreno Marte (The Martian). Como Matt Damon en la película de Ridley Scott, Simmons se encuentra en un planeta desierto y debe arreglárselas para sobrevivir mientras espera que en la Tierra averigüen la manera de rescatarla. Pero resulta que la británica no está sola. Después de aguantar más de cien horas sin sol, en las que se enfrenta al ataque de un organismo extraterrestre (con el que luego hace una barbacoa) y apenas sale viva de una tormenta de arena, Simmons acaba en la jaula de un náufrago espacial, Will (Dillon Casey, al que ya fichamos en Nikita), un apuesto astronauta que lleva 14 años perdido en ese justo punto geográfico del hostil planeta (¡toma teoría de la probabilidad!). Entonces “4,722 Hours” adquiere tintes bíblicos. Will explica a Jemma que antes de ser un árido desierto en penumbra azul (qué maravilla de fotografía), el lugar en el que se encuentran era el Paraíso, un Edén destruido por una presencia maligna que sigue acechando entre la arena y quiere acabar con nuestros particulares Adán y Eva. Ambos trabajan juntos para sobrevivir y hallar la manera de regresar a casa (Jemma y su mente maravillosa hacen la mayor parte del trabajo cogiendo a la ciencia por los huevos), y cómo no, la chispa surge entre los dos. Simmons sigue conectada a Fitz en todo momento, graba un diario para su “mejor amigo“, le da las buenas noches antes de acostarse, y le deja a claro a Will lo importante que es para ella, y que ella es para él. Pero la carne es débil, el roce hace el cariño, y Will es imposiblemente guapo, aguerrido y honesto (porque no habría historia si el astronauta fuera gordo, calvo y mala persona). Así que lo que tenía que pasar, pasa.

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De esta manera, la dinámica entre Simmons y Fitz (que son el saco de boxeo oficial de la serie, mis pobres, que no les dan tregua y no hacen más que sufrir) se complica con un tercero en discordia. Hasta ahora, Leo y Jemma habían estado semi-cómodos en sus “friend zones” (porque yo no creo que Fitz sea el único atascado allí, es cosa de ambos), pero la experiencia de Jemma con Will obligará (esperamos) a ambos agentes a salir de ahí para enfrentarse abiertamente a sus sentimientos. Es una forma genial, si bien ligeramente cruel, de agitar la relación y ponerla a prueba. Sorprendentemente (o no), Fitz reacciona a la revelación de Jemma con serenidad y entereza, ofreciéndose a ayudarla para rescatar a Will. Ese es nuestro Fitz.

Así es como SHIELD añade capas a la ecuación FitzSimmons, con un episodio magnífico que nos da un respiro de Inhumanos, Hydra y ATCU para centrarse exclusivamente en la mejor relación de la serie. Después de que Iain De Caestecker nos conmoviera con su desgarradora interpretación en el estreno de la temporada (“Do something!”), le toca lucirse a Elisabeth Henstridge, que aguanta estoicamente el peso físico y emocional de un episodio exigente para la actriz y decisivo para la serie. Si obviamos los agujeros y algunos trucos demasiado evidentes para facilitar el avance de la trama (principalmente esa batería infinita, convenientemente tuneada por Fitz antes de la desaparición de Jemma), “4,722 Hours” es un episodio redondo y apasionante, una mini-película sci-fi que funciona como unidad narrativa independiente a la vez que desencadena importantes ramificaciones para la serie (estamos deseando ver la inevitable segunda parte) y expande su historia hacia la galaxia de forma oficial. En definitiva, la prueba de que Agents of S.H.I.E.L.D. se encuentra actualmente en la cima de su creatividad.

Review Express: The Fun! Issue

Oppo Research

(Léase con la voz de Katey Sagal) Este es el diario de un seriéfilo empedernido que se propuso el reto de llevar al día TODAS sus series durante la temporada 2014-15, from A to Z.

Me está costando lo mío, y debería empezar a hacer algo de criba, pero de momento resisto y no se me acumulan demasiados episodios. Eso sí, de algunas series tengo aún pendiente el capítulo más reciente, así que si os hablo del de la semana pasada, no me spoileéis. Y no me digáis eso de “Pues ya verás el de esta semana”, que queda muy repelente 😛

He apodado esta nueva entrega de Review Express “The Fun! Issue” porque esta semana voy a hablaros o bien de sitcoms o de dramas cuyos capítulos más recientes han sido eminentemente cómicos. Empezamos.

 

A to Z

A to Z

Como ya os conté, me resistía a empezar con A to Z, a pesar de que la nueva sitcom de NBC era uno de mis estrenos más esperados de la temporada. Las audiencias de la rom-com protagonizada por Ben Feldman y Cristin Milioti no están siendo muy buenas precisamente, así que después de conocer los resultados de los dos primeros capítulos, pensé que llevaba la C escarlata escrita y mejor evitarla. Pero no sé qué me ha dado, que no he podido resistirme y finalmente la he empezando, aun a sabiendas de que es probable que nos quedemos a medias con ella. Quizás lo he hecho porque en el fondo albergo la esperanza de que al menos complete el alfabeto con 27 episodios. Sería ideal, ¿verdad? Tampoco es una serie que por su naturaleza deba estirarse más de la cuenta, y ya desde el opening se nos está advirtiendo que es la historia de una relación que dura 8 meses, no sé cuántos días, etc…

A to Z es una buena comedia. No es perfecta, tiene cosas que pulir, pero para empezar no está nada mal. Me recuerda en tono a series canceladas de ABC que merecieron mejor destino, como Super Fun Night Apartment 23. Aunque aquí las dosis de excentricidad y absurdo están mucho más rebajadas (como en mi querida Ben and Kate, también de NBC), y reservadas casi exclusivamente a los secundarios -para muchos, lo que más falla de la serie, aunque yo creo que Big Bird es uno de los mejores nuevos personajes de la temporada. Aquí lo importante son Andrew y Zelda, pareja que es indudablemente la definición de química y el paradigma de lo mono, y sí, aunque Zooey Deschanel arruinara la palabra, lo adorkableA to Z nace bajo la alargada sombra de Cómo conocí a vuestra madrecon la que guarda muchas similitudes, algunas tan importantes como que Andrew sea una especie de reencarnación (menos patética e irritante) de Ted Mosby, que Zelda es la madre, es decir Cristin Milioti, y que además su personaje se parece bastante al de HIMYM (aunque A to Z es la historia de lo que ocurre después de conocerla). Y por último, que nos hable entre otras cosas de las almas gemelas, el azar y el destino. Pero más allá de las inevitables comparaciones, A to Z es una serie que merece la pena descubrir, una bonita relación en la que es aconsejable adentrarse aunque sepamos que tiene fecha de caducidad. Yo ya estoy pensando en el desenlace después de esos 8 meses de relación, y espero que sea algo así como el final de (500) días juntos, película con la que también es fácil comparar la serie. Tengo mi vena romántica, pero me pirran por los finales agridulces.

 

Brooklyn Nine-Nine

B99 Jimmy Jab Games

Aún no he visto el episodio de Halloween de Brooklyn Nine-Nine que se emitió este domingo, pero sí los tres anteriores, así que más o menos tengo una visión global de hacia dónde se encamina la temporada. Todos sabemos que las workplace comedies como esta tardan un poco en encontrar el rumbo adecuado. Si uno se topa con un capítulo temprano de The Office Parks and Recreation le chocará lo diferente que eran estas series al principio. A Brooklyn Nine-Nine no le ha pasado eso de manera tan evidente. No ha cambiado el tono, ni ha reconfigurado la personalidad de sus personajes (atención a la Kelly Kapoor de la primera temporada, y a lo mucho que cambió Leslie Knope con el tiempo), pero sí ha corregido algunas cosas que chirriaban. Esta temporada, Jake Peralta se ha calmado un poco con las incesantes bromas, que más que hacer reír acababan alienando a la audiencia del personaje (todas sus intervenciones tenían que ser chascarrillos y chistes, como si a Andy Samberg se le hubiera prohibido relajarse), Gina (Chelsea Peretti) se ha calmado también con eso de ser desagradable con todo el mundo (llegó un momento en que su agresividad dejó de ser graciosa y pasó a ser simplemente incómoda), y Terry Crews y Andre Braugher están más aprovechados. Además, lo que llevamos de segunda temporada ha explotado mucho más la TSNR entre Jake y Amy, y la pareja se ha convertido en lo que estaba destinada a ser desde hace tiempo, en el centro de la historia (porque ¿a quién no le va a gustar un buen caso de will they/won’t they). El humor sigue sin ser tan agudo y desternillante como llegó a ser el de The Office Parks, pero también ha mejorado considerablemente. “The Jimmy Jab Games” (2.03) es prueba de ello, un episodio con gymkana que, como suele ocurrir en Community, se utiliza tanto para poner a los personajes en situaciones absurdas y crear humor alocado como para seguir desarrollándolos. En este sentido, Rosa es por ahora el personaje con más potencial para evolucionar y darnos alguna alegría.

 

The Good Wife

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Todos sabemos que cuando se lo propone (y lo hace muy a menudo) The Good Wife puede hacer reír, y mucho. La serie de CBS siempre ha tenido un componente de comedia muy importante, más acentuado en unos episodios que en otros, pero siempre presente. Desde la primera temporada incluyó personajes paródicos (la mayoría de jueces) y trazó una tejido de referencias y guiños jocosos (¡el vídeo de la cabra!) que suele resultar en gags divertidos y en muchos casos inesperados. El alivio cómico de The Good Wife puede ser finísimo (todo lo que tenga que ver con Diane), meta (la parodia de Low Winter Sun a la que Alicia se ha hecho adicta, y que últimamente vemos en casi todos los capítulos, el tema de Santa Alicia, la protagonista como musa onanística, etc) o directamente ganso e incluso disparatado (Elsbeth Tascione, ese grande que es Eli Gold, la madre y el hermano de Alicia, la lista de personajes divertidísimos es muy larga). Pues bien, después de cinco temporadas, The Good Wife consigue afinar cada vez más su ya de por sí sublime sentido del humor, resultando en cosas tan divertidas como “Oppo Research” (6.04), episodio en el que los trapos sucios de Alicia Florrick (copa de vino en mano), incluso aquellos de los que desconocía su existencia, se amontonan en un ejercicio de comedia sin parangón. Con el hilarante tour de force que es este episodio, Julianna Margulies demuestra una vez más por qué tiene dos Emmys por su personaje y Alan Cumming nos recuerda que no tiene ninguno, y que esto es una injusticia. Mención especial a Stockard Channing y Dallas Roberts por darnos la que es probablemente la escena más graciosa del episodio: la reunión familiar para informar a sus personajes de sendos incidentes vergonzosos.

 

The Mindy Project

The Mindy Project I Slipped

Con la serie de Mindy Kaling ya podemos dejar de recurrir al tópico de que por fin se ha centrado. Le costó un poco, sí, pero desde la segunda temporada está en horas altas, y con los capítulos que llevamos de la tercera, sigue su trayectoria ascendente. Mindy es cada vez más graciosa (qué gusto le ha cogido al slapstick), y Chris Messina se sigue reafirmando como uno de los mejores actores de comedia actualmente en televisión (y también uno de los más infravalorados, más que nada porque casi nadie ve TMP). La tercera temporada es por ahora de Mindy y Danny, y casi de nadie más. Sí, los secundarios están mejor, y empiezan a funcionar muy bien por separado. Todavía se podría trabajar algo más a las féminas secundarias, Tamra y Beverly, totalmente reducidas a dos características definitorias, y sin profundidad alguna, pero al menos Jeremy, Morgan y Peter se han convertido en personajes de mayor entidad, y la química entre los tres ha mejorado considerablemente. Pero lo que decía, los últimos capítulos de la serie se han dedicado casi exclusivamente a desarrollar la relación de Mindy y Danny, echando mano de todos los tópicos de la comedia romántica. Y añadiendo uno no tan común: el sexo anal. Al parecer “I Slipped” (3.04) es el primer episodio de televisión que dedica su trama central a este tema (aunque no lo llame por su nombre en ningún momento). El capítulo causó bastante polémica, sobre todo porque Mindy toma roofies (la droga de los violadores) para relajarse y así poder entregar su otra flor a Danny. Aunque es cierto que ahí se le fue un poco de las manos a Kaling, y que nunca debió incluir en la trama las drogas para frivolizar sobre el asunto, nos tenemos que quedar con lo importante: el episodio en cuestión no es sino un alegato a favor del consentimiento, la comunicación absoluta y el entendimiento mutuo en una pareja: si quieres algo, pídelo, y si no te lo quiero dar, acéptalo. Go Mindy Go!

 

Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D.

MING-NA WEN, CLARK GREGG

Y finalmente, el capítulo más reciente de Agents of S.H.I.E.L.D. ha sido uno de los más divertidos de la serie hasta la fecha (me atrevería a decir que el más divertido de lo que llevamos de serie). La temporada había empezado de forma intensa y oscura, agentes muertos, Ward en plan Hannibal, Fitz con daños cerebrales irreparables, Simmons en Hydra, “lo de Coulson” cada vez peor, vaticinando una muerte que evidentemente no llegará (de nuevo, ¿para qué insistir tanto en crear tensión basada en el peligro de muerte cuando sabemos que nadie s va a atrever a matar de verdad al protagonista?). En fin, ya hacía falta algo de alivio cómico. Y lo cierto es que aunque S.H.I.E.L.D. siempre ha tenido sus chistes, estos han sido más bien light. La comedia no es el punto fuerte de la serie. O no lo era hasta “Face My Enemy” -por cierto, capítulo dirigido por Kevin Tancharoen, hermano de Showrunner Maurissa; o sea, S.H.I.E.L.D. es un poco Planeta Nepotismo… A lo que iba, con este capítulo, S.H.I.E.L.D. se propone hacer reír entre mamporros e insulsas conversaciones estratégicas, ¡y lo consigue! Gracias a Coulson y (sobre todo) May, que pasan al frente de la línea de combate juntos, como en los viejos tiempos, mientras el resto del equipo se mantiene oculto en las sombras (con su propio conflicto a resolver, ¡o no! ¡va a explotar el avión con todos dentro! En serio, un poquito más de creatividad en las situaciones de peligro no vendría mal). Clark Gregg y Ming-Na Wen se lo pasan genial (y se nota), ya sea bailando, pateando culos o simplemente sonriendo (la actriz que da vida a May dice que lo que más le cuesta es estar siempre seria, porque es una persona risueña por naturaleza). Y además el episodio contiene unas cuantas escenas de acción muy buenas (a pesar del pelucón de la doble de May), con peleas acrobáticas muy emocionantes y vistosas, y con Ming-Na demostrando una vez más que es LA AMA. Quiero que en un episodio se dediquen a investigar un artefacto que otorgue la eterna juventud y que May lo mire y diga “pfff, artefactos a mí…”

Review Express (13-10-14)

Homeland S4

La temporada de estrenos continúa, pero yo sigo sin ver muchas de las nuevas series, esperando a ver si sobreviven, y si merece la pena invertir mi tiempo en ellas (estoy deseando ver A to Z, pero no parece que vaya a durar mucho, así que me da miedo quedarme a medias). Mientras, lo que sí estoy haciendo es intentar llevar al día todas las series que veo desde hace tiempo (o desde el año pasado). Es una tarea ardua y complicada, ya lo sabéis, pero lo cierto es que este año las series han vuelto con fuerza, y vivimos un nuevo año de esplendor catódico (o quizás sea más adecuado decir “de consistencia catódica”). A continuación, os hablo de los últimos episodios de algunas de mis series (intentaré alternarlas todas las semanas, para no hablar siempre de las mismas). Como siempre, me encantaría que añadieseis vuestras reviews express de las series que yo no cubra. Además de algunas veteranas, o series de segundo año, empiezo a reseñar brevemente Gotham, una de las pocas nuevas ficciones que estoy siguiendo al día. La precuela de Batman no va a ser cancelada este año, eso es lo que la hace una apuesta segura. Más que su calidad. Sin más dilación, os dejo con la Review Express semanal.

 

Homeland

HOMELAND (Season 4)

La tercera temporada del drama de Showtime fue para muchos el último clavo en su ataúd. Después de dos primeras temporadas excelentes (sí, yo creo que, a pesar de los fallos, la segunda está a la altura), el año pasado Homeland experimentó un sustancial declive en calidad. La temporada terminó con un giro que prometía un gran cambio, una muerte que los productores aprovechaban para hacer reset en su cuarto año. Llevábamos mucho tiempo leyendo eso de que la cuarta temporada nos presentaría una nueva Homeland, casi un reboot de la serie. Y si bien es cierto que hay una clara voluntad de reinvención, después de ver los dos primeros capítulos de la temporada, la palabra reboot se nos antoja exagerada. La cuarta de Homeland lidia directamente con las consecuencias de lo ocurrido en la tercera, no es un borrón y cuenta nueva, es una continuación, porque si lo pensamos, no podía ser otra cosa. Ahora bien, es una continuación que se ha deshecho de una trama que la llevaba lastrando un año, y que gracias a eso tiene la oportunidad de desarrollar nuevos dramas para los personajes. El estreno doble de Homeland fue un elegante ejercicio de sobriedad narrativa, un trabajo de una gran precisión (tanto estratégica como emocional), que nos devolvió a una Carrie Mathison más perdida que nunca, tras haber ascendido a un puesto de mando en la agencia (¿se encuentra Carrie en la senda de Walter White?). Con “The Drone Queen” (4.01) Homeland vuelve con un aire más triste, más incómodo, más maduro e interesante, dispuesta desde el principio a explorar los recovecos más oscuros de la mente de Carrie (la frialdad con la que toma decisiones en su nuevo puesto, la escena de la bañera), y también de Quinn, al que los guionistas han redibujado (excelentemente) como su contrapunto moral (no exento de sus propios demonios). Por último, la temporada plantea un arco central muy jugoso desde el punto de vista narrativo: el bombardeo de una boda ordenado por Carrie, resultante en un gran número de bajas civiles, del que sobrevive un joven que ha recogido el ataque con su móvil. Espero que el resto de la temporada esté a la altura de este fantástico comienzo.

Bob’s Burgers

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Llevo mucho tiempo recomendando a todo el mundo que vea Bob’s Burgers. Y lo hago con el aviso de siempre (el que se puede aplicar a muchas series, sobre todo a las de animación): si los primeros capítulos no os convencen, no os hacen reír, dadle una oportunidad igualmente, porque os acabará conquistando. Bob’s Burgers volvió la semana pasada por todo lo alto con un episodio que recogía y celebraba uno de los aspectos más importantes de la serie: la música. La familia Belcher es un clan de cantarines natos. No tienen voces prodigiosas, pero llevan el ritmo en el cuerpo, la música en el corazón, y tienen el don de convertir todo en una canción. Así que era lógico que este arranque de temporada fuera un musical. Aunque técnicamente era más bien el making of de dos musicales, adaptaciones de las ochenteras Armas de mujer y La jungla de cristal (otro de los mayores alicientes de la serie son sus referencias a la cultura popular de los 80, con las parodias de Los GooniesE.T. conformando dos de los mejores episodios de la serie). He leído que ha habido decepción generalizada con el episodio, pero a mí este “Work Hard or Die Trying, Girl” (gran título) me ha parecido una delicia (sobre todo ese inspiradísimo número final). Claro que me ponen a Tina Belcher con cardado y hombreras gigantes y ya no necesito más.

Sons of Anarchy

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La serie de Kurt Sutter es, sorprendentemente, una de las ficciones de mayor audiencia en Estados Unidos, pero ya va siendo hora de echarle el cierre. Sobre todo teniendo en cuenta que lleva agonizando lentamente desde hace tres temporadas. Afortunadamente, esta séptima es la última, y todo parece indicar que nos espera una recta final explosiva. Claro que cuando uno ve los episodios más recientes de Sons of Anarchy piensa “¿qué van a hacer para llevar esta historia un paso más allá?” Cada semana, la violencia gráfica es más explícita, más extrema, y a veces parece que no ocurre nada más que tiroteos, masacres, asesinatos a sangre fría y demás tipos de retaliation (Sons of Anarchy bien podría haberse titulado That Retaliation Show). La violencia es tan frecuente que nos hemos desensibilizado, tanto que cuesta ver más allá. Como le ocurre a Jax Teller. Y quizás ahí esté el quid de la cuestión. Jax es un fantasma, se ha convertido en un hombre desprovisto de alma, y lo vemos actuar como un monstruo sin piedad. Ya no le quedan personas de las que vengarse (además de su madre, será interesante cuando se entere de todo), y su descenso a los infiernos está casi completo. Es un concepto coherente con lo que hemos visto hasta ahora, pero ojalá resultase más interesante de ver. Afortunadamente, los dos últimos episodios de Sons of Anarchy han contrarrestado toda la violencia y la degeneración de Jax con dosis de humor y ternura, que bien le hacían falta desde hace tiempo. Me quedo con Skankensteincon la bonita relación de Chibs y la nueva sheriff (por fin una policía que no es un villano caricaturesco y maniqueo) y con el amor que florece finalmente entre Tigy Venus. Ah, y por favor, lo que hay que hacer no es taparle los ojos a Abel, es taparle la boca.

Gotham

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El piloto de Gotham no me pareció mal del todo. Sí, presentaba síntomas de pilotitis aguda. Demasiados personajes, una urgencia acuciante para introducirlos y muy poca sutilidad a la hora de hacernos saber quiénes son, o sea, en quiénes se convertirán (está demostrado que no hace falta meterlos a todos con calzador en el primer capítulo, mirad AHS: Freak Show). Pero tenía potencial a raudales. Los dos siguientes episodios continuaron esta práctica: los guiños a los futuros Pingüino, Catwoman, Enigma, y por supuesto Batman, son constantes, tanto que los diálogos a veces no son más que eso, recordatorios para que el espectador no se olvide del universo en el que se ha sumergido. ¡Que ya lo sabemos! ¡Nos hemos enterado! Calmaos un poco, no todas las escenas de todos los personajes de DC tienen que servir el único propósito de recordarnos algo que ya sabemos. Sin embargo, esto no es lo peor de Gotham, de hecho, esto es comprensible, por muy irritante que sea (esta serie no es menos negocio que otras, así que no tiene por qué ir de lo que no es). Lo peor de Gotham es que, dejando al margen sus referentes (tanto los tebeos como las pelis de BurtonNolan), es una ficción terriblemente inconsistente. La confusión de tonos es total: cuando se pone comiquera, se le va un poco de las manos, y cuando se pone más seria, parece una parodia. O sea, que ni domina el burtonismo ni el nolanismo. No ayuda el formato “caso de la semana” (aunque esto lo esperábamos, siendo Fox), ni la torpeza con la que está rodada. Pero lo más doloroso de Gotham son sus interpretaciones. Casi todos los actores son lamentables, especialmente el dúo protagonista, Donal Logue Ben McKenzie (cero química) y Jada ‘Mirad qué bien sobreactúo’ Pinkett. Le daremos un tiempo para ver si toma forma, porque tiene material de sobra para convertirse en una buena serie. Aunque yo de momento no apostaría por ello.

Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D.

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S.H.I.E.L.D. es una de las razones por las que pienso seguir viendo Gotham. Son series distintas, en tono, en factura, en desarrollo (en el hecho de que SHIELD se esfuerza en seguir su propia voz en lugar de limitarse a recordarnos en cada escena que es Marvel), pero si la de ABC ha conseguido salir (aunque no del todo) de la insulsez y la inconsistencia de sus primeros episodios y se ha asentado por fin en esta segunda temporada, podría ocurrir lo mismo con la de Fox. Sé que no es decir mucho, porque el listón no está muy alto, pero “Making Friends and Influencing People” (2.03) ha sido uno de los episodios más sólidos de la serie hasta la fecha, demostrando así que su trayectoria ascendente continúa. Por un lado, me alegra comprobar que los showrunners se han dado cuenta de que ocultar información o retrasar el momento de dársela a sus espectadores es contraproducente. Así, en los primeros tres capítulos se han cargado a personajes de un plumazo, y han planteado numerosos misterios que, o bien ya han recibido respuesta, o se nos están desvelando progresivamente con datos realmente jugosos (como es el caso de los padres de Skye). Uno de esos misterios era dónde estaba Jemma Simmons. La respuesta puede parecer un poco implausible, pero les seguiremos el juego: Simmons está infiltrada en Hydra como agente secreto de Coulson, pasando información del enemigo a la agencia anteriormente conocida como S.H.I.E.L.D. Como dice Skye, Jemma no sabe mentir, y por eso precisamente Simmons y Hydra es una buena combinación para el espectador. Además, la científica es uno de los personajes más queridos por la audiencia, así que situarla en un entorno de peligro constante es todo un acierto. Sin embargo, este tipo de tramas en las que un personaje protagonista está en peligro de muerte y es salvado al final le hacen flaco favor a una serie que tiene el sambenito de ser excesivamente ingenua e infantil. Sí, técnicamente estamos ante una serie de Joss (y Jed) Whedon, y cuanto más queramos a un personaje, más posibilidades hay de que muera, pero no se puede jugar esta carta en todos los episodios. Le resta emoción al asunto saber que todo saldrá bien al final (esto no lo aplicamos a Blizzard, porque ni lo queremos tanto ni está muerto). Por otro lado, me alegra comprobar que los nuevos agentes y mercenarios se adaptan estupendamente a la serie y a sus compañeros. Mención especial a Lance Hunter (Nick Blood), que en este episodio, además de petarlo con camiseta de tirantes, se ha confirmado como un buen aliado, amigo y quién sabe qué más de Skye. Y por último, Fitz, mi pobrecito Fitz, ¿”daños permanentes”? ¿Seguro? Sería interesante y arriesgado negarle la posibilidad de recuperarse totalmente, pero no lo veo viable en una serie como esta. En fin, ya veremos #SufroComoFitz

Modern Family

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Quizás no estéis de acuerdo conmigo, pero los tres episodios que llevamos de la sexta temporada de Modern Family han sido mejores que toda la quinta. El primero estuvo bien, pero los dos siguientes han sido mucho más graciosos y emocionantes que cualquiera de los del año pasado (incluidos los de la boda de Mitch y Cam). He llegado a ver algún destello de las primeras temporadas, cuando esta serie me hacía llorar de risa y de emoción varias veces en el mismo capítulo. “The Cold” (6.03) tuvo momentos brillantes de comedia, y nos devolvió dos de las combinaciones de personajes que mejor funcionan de la serie: Haley y el niñero (no sé vosotros, pero yo quiero a Adam DeVine en plantilla) y Phil y Luke, que hacía tiempo que habían perdido esa conexión tan especial. Una trama tan estúpida como la del resfriado y el vídeo de boda nos dio los momentos más divertidos del episodio (el montaje final del vídeo, brutal) y nos confirmó que, a pesar de que Luke ya es todo un hombrecito, se puede seguir explorando esa relación padre-hijo basada en la idea de que ambos son en realidad dos niños. Pero el mejor episodio de lo que llevamos de temporada ha sido “Don’t Push” (6.02). La trama de Alex (personaje que siguen empeñando en que sea un patito feo, cuando es más que evidente que se está convirtiendo una jovencita muy guapa) nos da buenos momentos con Claire, pero también deja entrever ese halo de conservadurismo y machismo que a veces sobrevuela la serie: que esta chica tan inteligente, con un futuro tan brillante, base en parte la decisión de ir a una universidad u otra en el cuelgue de un chico que acaba de conocer no es precisamente el mejor mensaje que ha lanzado Modern Family. Por otro lado tenemos a los tres miembros menos “brillantes” de la familia Dunphy sometiéndose a un experimento psicológico, y dando como resultado la trama episódica más divertida y mejor escrita de la serie en mucho tiempo, una serie de gags excelentes que culminan en uno de esos momentos emotivos que tanto echaba de menos: Haley desnudando sus sentimientos y desvelando que se siente una fracasada, y que se da cuenta de que su familia también lo cree. Esta escena (que me pilló completamente desprevenido) confirma a Sarah Hyland no solo como la mejor intérprete joven de la serie, sino como la mejor actriz de Modern Family. Y me quedo tan ancho.

Agents of S.H.I.E.L.D. – “Shadows” (2.01)

LUCY LAWLESS, NICK BLOOD, WILMER CALDERON, HENRY SIMMONS, CHLOE BENNET, PATTON OSWALT

Fuga de agentes

La recta final de la primera temporada de Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. ponía patas arriba el universo de los agentes de la organización (no tan) secreta de Marvel, después de que los acontecimientos de Capitán América: El soldado de invierno afectasen directamente al devenir de la temporada. La toma de S.H.I.E.L.D. por parte de Hydra, y su consecuente disolución sucedía además convirtiendo a nuestros protagonistas, Phil Coulson y cía., en fugitivos de la ley. El arranque de la segunda temporada, “Shadows” (2×01), escrito por los showrunners Jed WhedonMaurissa Tancharoen, nos devuelve a los personajes convertidos en eso mismo, en sombras, en fantasmas que operan desde la clandestinidad, asumiendo misiones por iniciativa propia, y con la supervivencia y la destrucción de Hydra como objetivo final. Así, Agentes de S.H.I.E.L.D. lleva un paso más allá la premisa con la que comenzaba la serie el año pasado: ser la “Zepo” (Buffy) del Universo Marvel. Es decir, los agentes de S.H.I.E.L.D. actúan sin que nadie los vea, ahora ni siquiera aquellos que antes se encargaban de supervisarlos, salvando el mundo todas las semanas mientras los grandes superhéroes se llevan toda la gloria.

Aunque “Shadows” nos presenta una plantilla de agentes renovada y al core-6 desmantelado, lo que insufla cierto aire de novedad, Agentes de S.H.I.E.L.D. da el pistoletazo de salida a su segunda temporada echando mano de los mismos elementos que caracterizaron a casi todos los episodios del año pasado. De entre ellos destaca la presencia de un artefacto 0-8-4 que el equipo de Coulson debe extraer de unas instalaciones militares para evitar que caiga en las manos equivocadas y destruya el mundo (lo de siempre, vamos). En esta ocasión se trata del primer 0-8-4 de la historia, que se remonta a la Segunda Guerra Mundial. “Shadows” comienza con un prólogo en el que vemos a la agente Peggy Carter y a Dum Dum Dugan en un flashback a 1945, para a continuación regresar al futuro para dar la bienvenida a los nuevos agentes aliados de Coulson, capitaneados por Isabelle Hartley (Lucy Lawless) y, sorpresa, con personalidades considerablemente definidas y distintivas. A partir de ahí, el episodio adolece de saturación por la sobreexposición continua de los acontecimientos y la introducción de mil y un personajes nuevos. Pero también tenemos la sensación de que, como al final de la primera temporada, hay mucho más en juego, y la elevada dosis de acción e intriga es reflejo de ello.

“Shadows” es un episodio ajetreado y sobre todo, abarrotado. Además de Peggy Carter y Xena, y el regreso del coronel Glenn Talbot (Adrian Pasdar), tenemos la visita de un actor conocido del Whedonverso, Reed Diamond (Dollhouse, Mucho ruido y pocas nueces), que da vida al villano Daniel Whitehall, presentado en el flashback y que promete dar guerra durante la temporada al descubrirse al final del episodio que sigue vivo y no ha envejecido (buen cliffhanger). Asimismo, se incorpora una nueva amenaza con poderes sobrenaturales, Carl Creel aka El Hombre Absorbente (Brian Patrick Wade de Teen Wolf), y los mencionados aliados, los mercenarios Izzy, Idaho (Wilmer Calderon) y el británico Lance Hunter (Nick Blood). De entrada son personajes que resultan simpáticos y podrían dar mucho de sí, pero quienes nos importan a nosotros son los agentes del equipo de Coulson, los seis personajes que conocimos durante la primera temporada. Y lo cierto es que, por suerte, este aspecto es precisamente el más interesante del episodio.

agents_of_shield_ver9No tardamos mucho en conocer el paradero de Grant Ward, cuando Koenig (Patton Oswalt) le dice a Skye que debe hablar con él para sacarle información sobre Hydra en relación a Creel. Descubrimos así que el agente traidor se encuentra cautivo en las instalaciones underground de Koenig, y que la razón para conservarlo como rehén es aprovecharse de la información que este puede proporcionarles. Claro que en cuanto Skye (que es la única con la que accede a hablar) pisa ese sótano con celda transparente a lo El silencio de los corderos empieza el juego de la ambigüedad, y a nosotros nos asalta la duda: ¿Es Ward sincero y de verdad pretende ayudar a los agentes para obtener perdón y redención o, como su aviesa y contaminada mirada nos parece indicar, es un sociópata que sigue mintiendo para llevar a cabo el plan oculto de Hydra? Esta dualidad parece ser uno de los hilos principales de la temporada (como indica el flamante póster promocional), y lo cierto es que tiene mucho potencial, sobre todo teniendo en cuenta que Ward posee la información que podría desvelar por fin la identidad del padre de Skye, y por tanto, su misteriosa naturaleza.

El otro cambio más importante en el equipo es el que tiene que ver con Fitz-Simmons. Después de los acontecimientos de la season finale, Leo lidia con las secuelas de su autosacrificio para salvar a Jemma, daños cerebrales que se manifiestan en trastornos en el habla (pobrecito mío) y, atención, alucinaciones. Al final de “Shadows”, como si se tratase de una de Shyamalan o de El club de la lucha, descubrimos que Simmons, que ha estado todo el episodio al lado de Fitz, tendiéndole su mano y guiándole fuera de las sombras, no es más que un fragmento de su imaginación (ouch), ya que Jemma ha abandonado el equipo alegando que su presencia impediría que el joven científico mejorase (*sob*). Es sin duda un giro arriesgado, pero las consecuencias no pueden ser muy grandes ni prolongadas. Fitz se recuperará y Simmons regresará, es cuestión de tiempo. Esperemos.

Está claro que con “Shadows”, Agents of S.H.I.E.L.D. parece estar (in)augurando una temporada más oscura y compleja. Lo dice Coulson explícitamente durante el episodio: “go dark” (declaración de intenciones donde las haya). A pesar de que la serie vuelve a incurrir en los errores de siempre y sigue sin cuidar esos agujeros de guión que le restan consistencia (la facilidad con la que tropecientos agentes se infiltran en una base de operaciones que oculta artefactos secretos muy peligrosos; el hecho de que el Hombre Absorbente sea encerrado en una jaula de cristal y nadie pensase en que se haría transparente para escapar), Agents of S.H.I.E.L.D. vuelve más segura de sí misma, más dispuesta a arriesgar y, con suerte, a convertirse en adulta sin renunciar a ese aire “infantil” de comic book clásico. Que no hacía falta cargarse a Lucy Lawless tan pronto (¡han matado a Xena! ¡hijos de p—!), vale, pero al menos sabemos que se han dado cuenta de que no hay tiempo que perder.

Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. El fin del comienzo

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Que sí, que solo había que esperar, confiar en lo que nos decían Jed Whedon y Maurissa Tancharoen al comienzo de esta temporada televisiva que toca a su fin. “Vosotros quedaos, aunque os aburráis, aunque sintáis que estáis viendo mil capítulos de relleno todos iguales, aunque os canse que os demos tanto la tabarra con los secretos que parece que nunca vamos a desvelar, porque si no se nos acaban los trucos, aunque tengáis que oír los mismos chistes una y otra vez. Quedaos, que cuando llegue la recta final de la temporada, todo tendrá sentido, veréis que #TodoEstáConectado, y la serie empezará de verdad”. Tenían razón, todo ha cobrado sentido, y Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. ha mejorado considerablemente. Pero, ¿y todo el tiempo que han malgastado para llegar ahí? S.H.I.E.L.D. ha dado por concluida su primera temporada, compuesta de 22 episodios de los que salvamos menos de la mitad, y que nos confirma que la era de las temporadas largas está llegando a su fin. Sin embargo, bien está lo que bien acaba. Intentaremos mirar hacia delante y dejar el pasado atrás.

El caso de S.H.I.E.L.D. recuerda indudablemente al de otra serie creada por Joss Whedon, la malograda (e infravalorada) DollhouseLa idea de Dollhouse (y la de todas las obras televisivas de Whedon) era construir una ficción altamente episódica que, mediante aventuras semanales auto-conclusivas, nos fuera dando a conocer a los personajes y proporcionándonos datos de una trama mayor, para ir pasando a lo puramente serial con el tiempo. Los primeros episodios de Dollhouse fueron realizados atendiendo a esta idea, pero no funcionó, y si hubiera sido por Whedon, no habrían existido nunca. Algo parecido le ha pasado a Agents of S.H.I.E.L.D., aunque esta vez no nos lo reconocerán. Hasta la mitad de la temporada, S.H.I.E.L.D. se limitó a retrasar el momento, a distraer y rellenar el tiempo, esperando a que el estreno en cines de Capitán América: El soldado de invierno le diera el impulso necesario y también permiso para desplegar todo su arsenal. Al final, como en Teen Wolf, es verdad que todo estaba conectado, pero no tiene el mismo efecto cuando todo eso que estaba conectado nos ha importado bien poco a lo largo de la temporada.

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Lo que no se puede dudar es que S.H.I.E.L.D. ha mejorado considerablemente en la recta final de la temporada. Los guiones han subido de nivel (aunque siguen en el lado de lo convencional), los personajes han evolucionado (no todos), la acción y los efectos han sido de primera (televisivamente hablando) y los episodios parecen más compactos, más aprovechados, como si efectivamente ya no hiciera falta rellenar minutos con artilugios misteriosos, aburridos personajes episódicos y tramas clónicas. La historia por fin avanza, y se nota, y los actores se han hecho definitivamente con sus personajes. La caída de la organización S.H.I.E.L.D. y el gran descubrimiento de la afiliación de Grant Ward a Hydra (una de las pocas sorpresas verdaderas que nos han conseguido colar los showrunners) ha hecho que la serie adquiera el tono adecuado y que S.H.I.E.L.D. se empiece a parecer a eso que llaman appointment television. Pero ha llegado demasiado tarde, cuando la mitad de la audiencia ha abandonado el “bus” por falta de paciencia. Los que nos hemos quedado hemos obtenido nuestra recompensa, y confiamos en que el nivel demostrado en el final de la temporada se reproduzca de alguna manera el año que viene.

La season finale, “Beginnig of the End” (1.22) ha sido sin duda uno de los mejores episodios de la serie hasta la fecha. Puede que el mejor desde el piloto. Y es que en este final se vuelve a respirar el estilo Joss Whedon de la misma manera que el piloto era inconfundiblemente obra del autor de BuffyFirefly. Quizás incluso demasiado -véase ese final con Garrett resucitando y poniéndose una armadura para ser pulverizado en una décima de segundo por Coulson, mientras pronuncia su grandilocuentemente discurso de villano, un golpe de efecto cómico que nos recuerda al final de Loki a manos de Hulk en Los Vengadores, y a tantos otros momentos marca Whedon. ¿Cuántas veces se puede hacer lo mismo sin que parezca auto-plagio o simplemente una copia? En fin, dejando a un lado esto, que tampoco es para tanto, “Beginning of the End” es un final emocionante, bien estructurado, lleno de humor (May es la estrella) en el que todos los personajes están aprovechados debidamente y las tramas alcanzan una resolución satisfactoria.

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Como suele ser habitual, el final nos remite directamente al principio, al momento y el lugar donde todo comenzó, con Mike Peterson y su hijo Ace, una trama que, a pesar de su importancia, afortunadamente no ha copado muchos más episodios de la temporada, y que espero no regrese pronto. Porque ni Deathlock ni su drama personal y familiar es interesante -como tampoco lo es ninguno de los villanos, desde el caricaturesco Garrett hasta la soporífera mujer del vestido de flores. Lo mejor al final ha sido ver cómo han evolucionado las relaciones entre los agentes, algo que nos temíamos que se quedaría en la superficie, y afortunadamente no ha sido así. Me quedo con el intenso tira y afloja de Ward y Skye -fantástica Chloe Bennet transmitiendo el asco y la decepción que siente su personaje-, con la preciosa escena bajo el mar (Angel, ¿hola?) en la que Fitz le declara su amor a Simmons y se sacrifica por ella -tenemos nuevo mejor beso de la temporada, bravo también a Elisabeth Henstridge por su interpretación, y por ese precioso momento Amélie antes de morir-, con Melinda May y su ira reservada para descargar en Ward -les faltó decir “We Have a May”, aunque se entendía que la idea era esa-, y por último, con la conmovedora esperanza que Fitz sigue depositando en su amigo Ward -a pesar de lo del sándwich. Con quien sigo sin quedarme es con el agente Coulson. No hay manera de que Clark Gregg transmita algo de emoción en su rostro, y tampoco ayuda que sea un pésimo actor de acción -¿habéis visto qué raro corre y qué mal coge las armas? Él es el eslabón más débil de la cadena, aunque Nick Furia no piense lo mismo. Y no negaremos que casi nos convence con este bonito diálogo:

-Furia: Era una situación tipo “Rompa el cristal en caso de emergencia”
-Coulson: Sí, pero se suponía que esa emergencia sería la caída de un Vengador.
-Furia: Exacto.

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La presencia de Samuel L. Jackson en “Beginning of the End” es otra de las grandes armas que se estaban guardando los showrunners -ya está demostrado que incluir más Marvel en la serie no aliena a la audiencia, aunque tampoco hace que suba. Que sí, que ya ha aparecido anteriormente en la serie, pero no habíamos visto a Furia desde su “muerte” en El soldado de invierno. La participación de Jackson en la finale es mucho más que un cameo. Nick llega para ayudar restaurar el orden, y para cederle las llaves de S.H.I.E.L.D. al Vengador Phil Coulson y su equipo -menos Ward, que ya veremos si hay redención posible para él, Fitz porque está entre la vida y la muerte, y más ese agente que nos han metido en el equipo casi sin que nos demos cuenta y cuyo nombre no recuerdo. Esta es la premisa para la próxima temporada, reconstruir la agencia desde cero, y lo cierto es que es buena idea. Una oportunidad para redefinir la serie a partir de su destrucción -que siempre sienta bien a estas series que tanto miedo tienen a cambiar. Así que lo mejor que ha podido ocurrirle ha sido la caída de S.H.I.E.L.D. a manos de Hydra. Agentes de S.H.I.E.L.D. empieza a tener personalidad y ha conseguido captar nuestra atención y mantenerla durante varios capítulos. Confiemos en que la segunda temporada no dé ningún paso atrás y esto sea de verdad el comienzo de la S.H.I.E.L.D. que queremos ver.

Agents of S.H.I.E.L.D. – Más Marvel, mejor

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Comentario sobre Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D.,”The Magical Place” (1.11) y “Seeds” (1.12). El texto incluye spoilers de ambos episodios.

Las vacaciones le han sentado bien a S.H.I.E.L.D. El pasado 10 de diciembre se despidió de la audiencia con una promesa tácita, que acabó siendo mucho más que eso. Después de la accidentada primera tanda de episodios, Marvel Television anunció que, a su vuelta, la serie de Joss Whedon capitaneada por su hermano y su cuñada empezaría a cambiar. La idea era incorporar más Universo Marvel a la serie, y renunciar por ahora a sostenerla exclusivamente con el equipo de agentes novatos de Phil Coulson, como ya sabéis creaciones originales del director de Los Vengadores.

Está claro que la visión original de Whedon no ha cuajado, y la audiencia generalista no ha tenido la paciencia que sí manifiestan sus fans con esta historia sobre “los hombres a la sombra de los súper héroes, los que limpian el estropicio cuando ellos terminan de luchar”. Seguramente gracias a ellos, y a los completistas de Marvel, S.H.I.E.L.D. se mantiene como una de las ficciones más exitosas de la cadena. Pero es un éxito relativo y agridulce. Porque aunque se haya establecido en una cifra más que holgada para destacar y sobrevivir al menos un año más, ha perdido espectadores casi todas las semanas, contribuyendo a que se catalogue como fracaso, o como mínimo, decepción.

Esa es la palabra que viene a la mente cuando muchos whedonites (y marvelites) hablamos de S.H.I.E.L.D.: decepción. Y nosotros no nos referimos a los índices de audiencia, sino a la serie en sí. Lo que esperábamos de ella dista bastante de lo que nos ha ofrecido hasta ahora, y hasta el más indulgente estaba empezando a perder la paciencia. Como suele ser habitual, los espectadores nos lanzamos a la red a comentar la serie, es decir, a quejarnos de todo lo que no nos gustaba. Muchos lo hicimos de manera constructiva, haciendo balance tras cada episodio y sacando conclusiones sobre lo que fallaba, y cómo se podía mejorar. Al parecer, Maurissa Tancharoen y Jed Whedon (seguramente aconsejados, o presionados por Marvel) han tomado nota, y los dos episodios que se han emitido tras el parón navideño nos han devuelto una versión de S.H.I.E.L.D. ligeramente mejorada.

Skye The Magical Place

En esta entrada os conté punto por punto los fallos que los showrunners estaban ignorando, lo que impedía que la serie avanzase y encontrase su voz, y su audiencia. Me alegra comprobar tras haber visto “The Magical Place” y “Seeds” que Tancharoen y Whedon han empezado a poner remedio a su mala gestión como showrunners y guionistas. Como mid-season finale, “The Bridge” (1.10) cumplió su misión: agitar la historia y proporcionar un cliffhanger para que la audiencia tuviera algo por lo que regresar un mes después. El rapto de Coulson no fue nada del otro mundo, pero al menos las fichas del tablero empezaban a moverse de verdad. En “The Magical Place” asistimos a la operación rescate de Coulson, y desde el primer minuto se nota que el equipo se ha puesto las pilas (me refiero al de la serie, pero también al de S.H.I.E.L.D.). Las secuencias de acción de “The Magical Place” son de las mejores que hemos visto hasta ahora en la serie, y por primera vez, la trama no sigue la misma plantilla aburrida de todas las misiones y resulta más interesante, con numerosos giros y sorpresas, y un ritmo más agradecido. Deberían raptar al agente Coulson todas las semanas.

En “The Magical Place” se deja a los personajes actuar de acuerdo a las circunstancias de manera natural, y no se fuerzan los encontronazos, los acercamientos, ni se falsifica la química entre ellos. En lugar de eso, el cariño a Coulson y el miedo a perderlo es lo que los mueve, de manera siempre coherente, sin por ello resultar predecible al 100% (como de costumbre). Mención especial a Skye, que es la jefa del episodio (también hay que dejarla suelta más veces, en vez de tenerla todo el día encerrada en su sala de máquinas, digo mini-camarote) y a May, que es la reina del episodio. Mientras una parte la pana imitando a la agente May (“Cool jacket”), la otra desafía y manipula a los altos mandos de S.H.I.E.L.D. sin levantar un dedo, confiando en Skye, y dándole su visto bueno definitivo como miembro del equipo (qué bonito). Los personajes están creciendo, menos mal. Cada vez son más badass, pero también más humanos. Bueno, todos menos Coulson, que sigue siendo… Esto:

Coulson Magical Place

¿Y qué pasa con el dichoso Tahití? Esto es lo que personalmente más me sacaba de quicio de la serie. Como expresé en mi anterior análisis, no se debe, ni se puede, posponer tanto un secreto sin darnos al menos algo de información que mantenga nuestro interés. Tancharoen y Whedon por fin se despiertan (Did I fall asleep?) y se dan cuenta de que no pueden pasarse una temporada de 22 episodios repitiendo lo mismo al final de cada uno: “Coulson está raro desde que volvió de Tahiti” (entra música de suspense) “¿Qué pasó en Tahití?” (corte a negro). Así, “The Magical Place” nos muestra (no nos cuenta, nos muestra) lo que ocurrió en la dichosa Tahití. Y no solo eso, sino que se nos deja con la duda de si lo que hemos visto es totalmente real, y con la sensación de que detrás de esta historia hay mucha más información (welcome back, Shepherd Book!). Así sí. Así se capta el interés, con cerebros al descubierto, dando información para que queramos más, no prometiéndonos que algún día conoceremos el secreto, y mientras lo hacemos aburrirnos con el relleno más descarado. Haciendo que la historia avance. Aunque sea para introducir otro mcguffin como el Clarividente.

Lo mismo ocurre en “Seeds” con el pasado de Skye. Coulson y May investigan sobre sus padres y descubren una verdad mucho más horrible de lo que la joven hacker podría haber imaginado. Pero como no hay mal que por bien no venga, y como Coulson nos explica (a nosotros y a May) en un ejercicio muy tosco de exposición y auto análisis que debería haberse dejado para el espectador: “Este no es el final del trayecto para Skye. Es el comienzo”. En “Seeds” descubrimos que S.H.I.E.L.D. la lleva protegiendo desde que era una niña, porque es un 0.8.4., es decir, un “objeto de origen desconocido”, y que por ello muchas personas inocentes (¡aldeas enteras!) han muerto. En vez de hundirse, Skye se engrandece. Ya puede pasar de ser pirata freelance a legítima agente de S.H.I.E.L.D., con todas las letras. Veremos cómo reacciona cuando se entere de que es posible que no sea completamente humana (buen giro, por cierto). Como el discursillo de Coulson y el “Don’t Touch Lola” de Skye nos indican, “The Magical Place” y “Seeds” son en cierto modo como un nuevo piloto, un comienzo de verdad después de varios de prueba.

DYLAN MINNETTE

Además de añadir más y mejor acción y elementos fantásticos (esa tormenta de hielo, un poco excesiva, muy Smallville, pero qué bien los efectos digitales, ¿verdad?), y de (semi)quitar el lastre de los secretos a los personajes y darles un poco de espacio para crecer, “Seeds” es la prueba de que el plan de Marvel se ha puesto en marcha. Hace una semana Marvel Television anunció que Lady Sif, de las películas de Thor, se iba a pasar por la serie en un episodio, y durante las Navidades nos enteramos de que la serie iba a incorporar a un nuevo personaje con súper poderes sacado del canon de cómics de Marvel, y este episodio ha sido su origin story. En “Seeds” conocemos a Donnie Gill (Dylan Minnette, el hijo de Jack de Perdidos, ¿os acordáis?) y asistimos a la genesis del supervillano de Marvel Blizzard. Y lo hacemos además en un capítulo con buenas dosis de Fitz-Simmons (más de Leopold que de Jemma), que son los niños de nuestros ojos. Como aquel estupendo “F.Z.Z.T.“, “Seeds” cumple las cotas necesarias de nerdismo y adorables momentos cómicos por parte de los jóvenes genios científicos de S.H.I.E.L.D. (y no solo de ellos, Coulson y May también tienen un par de escenas agradables). Como decía, los personajes están cada vez más definidos y esto se nota tanto en sus escenas por separado como en las (cada vez más numerosas) secuencias de grupo (ver cabecera de esta entrada), además, las tramas abiertas del año pasado (Mike Peterson, Centipede) empiezan a tomar forma. En consecuencia, Agents of S.H.I.E.L.D. parece algo más sólida, centrada y tiene algo más de personalidad. Rectificar es de sabios, y me alegro de que Whedon y Tancharoen hayan abierto los ojos y renuncien a su terca (y fallida) visión. Espero que los 10 episodios que restan de la temporada continúen por el mismo camino y la serie empiece a defenderse por sí sola.

PD: Ward, seguimos sin perdonarte lo del bocadillo. Gracias Fitz por recordárnoslo (aunque no hacía falta).

Evaluación a Agents of S.H.I.E.L.D.: Progresa adecuadamente (más o menos)

IAIN DE CAESTECKER, MING-NA WEN, CHLOE BENNET, CLARK GREGG, BRETT DALTON

No es que nos hicieran falta ocho capítulos para saberlo, pero a estas alturas, con Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. a punto de cerrar su decisiva etapa otoñal, ya no nos cabe duda del tipo de serie que estamos viendo. En un panorama televisivo eminentemente adulto (que no maduro), SHIELD propone un ejercicio de regresión whedoniana con una obra mucho más bobalicona e infantil. Esto no es necesariamente malo si lo sabemos antes de adentrarnos en ella (de ahí que la audiencia haya desertado después del piloto) y/o si le damos una oportunidad para que encuentre su lugar. Dicho esto, es perfectamente comprensible que la audiencia se haya cansado de esperar. Al fin y al cabo han pasado más de dos meses y SHIELD sigue recayendo en los mismos errores episodio tras episodio. Una cosa es escudarse (pun intended) en el (muy válido) argumento “esto es Marvel, si queréis ‘tele para mayores’ id a HBO”, y otra tratar a la audiencia como si efectivamente fuéramos lectores de cómics en los 60. O sea, que no es lo mismo llevar a cabo una obra con sensibilidad retro que dirigirse a su público como si fuera retra (perdón). La ingenuidad como arma tiene un límite, y nosotros también.

IAIN DE CAESTECKER, CLARK GREGG, MING-NA WEN

Los tres episodios más recientes de SHIELD han supuesto una evidente mejora con respecto a los primeros, pero ¿cuáles son esos fallos que Zack Whedon y Maurissa Tancharoen siguen ignorando?

1. Misiones escritas con plantilla. Hasta la fecha, todos los capítulos de SHIELD han transcurrido exactamente igual. Una amenaza en forma de artefacto (da igual que sea de metal o tenga forma humana, siempre son artefactos) que los agentes deben interceptar y desactivar después de infiltrarse en una base secreta. Estoy seguro de que los showrunners pretenden que el formato se asiente para empezar con las variaciones, al más puro estilo Buffy o Angel. Pero la espera se hace dura cuando no hay demasiado esfuerzo por su parte para que las misiones tengan algo que las diferencie entre sí.

2. Los dichosos secretos. Todos los personajes tienen pasados, todos esconden algo, y eso los condiciona en mayor o menor medida. Genial. Los traumas y acciones de dudosa moral que pesan sobre los agentes parecen estar disponiendo un nexo temático sobre la redención y la identidad (como de costumbre). Estupendo. Pero hasta que los personajes estallen como si fueran esos artefactos que intentan desactivar, estamos aguantando el estiramiento más descarado y desganado. ¡Basta ya de posponerlo todo! Todos los episodios terminan con Coulson haciendo referencia a Tahití y algún personaje reconociendo lo raro que está desde que fue resucitado, pero en ningún caso se añade información que justifique, o al menos amortigüe la constante repetición. Whedon y Tancharoen retrasan desesperantemente el momento de la revelación (las revelaciones, si sumamos también el pesado, digo pasado, de May) y nos machacan con lo mismo en cada episodio. Nos dan las mismas pistas una y otra vez, y se quedan tan panchos. Una historia en la que los secretos son tan importantes no funciona si estos no son tratados con suspense. Y el suspense en SHIELD brilla por su ausencia.

3. Y en relación al punto anterior: ¿Hacia dónde va todo esto? Los showrunners están abriendo muchos frentes, pero no se centran en ninguno. No se centran en general. Da la sensación de que no saben lo que están haciendo, de que están dando palos de ciego a ver si aciertan en algo. No serían capaces ir directos al grano ni aunque lo intentasen. Es como si tuvieran una buena idea y no supieran cómo rellenar las tramas que convergerán en ella. Afortunadamente, los próximos capítulos parecen retomar algunos de esos frentes, con el regreso de Mike Peterson (J. August Richards) y Centipede. Seguiremos teniendo paciencia, que para eso venimos con experiencia.

Agents-of-S.H.I.E.L.D.-Ward-and-Fitz-590x393

Pero bueno, con tanta queja, ¿por qué afirmo en el título de este artículo que SHIELD progresa adecuadamente? Porque es así. A pesar de estos fallos, la serie empieza a mostrar síntomas de evolución favorable, y saltan a la vista los resultados. Por eso muchos seguimos adelante, porque confiamos ciegamente en no estar perdiendo el tiempo (espero que no estemos realmente ciegos). Agents of SHIELD es una de las pocas series que espero con ansia semana tras semana (hacía tiempo que no me pasaba), y eso será por algo (sí, porque es una cláusula del contrato whedonite, pero por algo más). Veamos qué ha hecho bien SHIELD en los últimos tres episodios:

1. La unión hace la fuerza. Cómo no. Desde que este proyecto comenzó a gestarse ya teníamos claro que SHIELD sería una serie coral, y que en ella jugaría un papel esencial la química grupal. Y de momento funciona muy bien. De hecho mejora en cada capítulo. En “The Hub” (1.07), después de que los agentes completen con éxito una misión suicida a la que son enviados sin plan de escape, Victoria Hand (Saffron Burrows) dice: “Es el equipo de Coulson, no necesitaban extracción”. Es uno de los momentos más elocuentes y acertados de lo que llevamos de serie, y nos demuestra que, efectivamente, los agentes de Coulson empiezan a formar un gran equipo, y se están convirtiendo en una gran familia.

2. Éxito en la química por parejas. Y si los personajes florecen en grupo, emparejados demuestran que los lazos que empiezan a unirlos son mucho más fuertes de lo que parecía. Desde “FZZT” (1.06) hasta “The Well” (1.08), parece que SHIELD ha puesto en marcha una serie de experimentos para probar la química de los personajes en diferentes combinaciones de dos. Y los resultados son inmejorables. Fitz y Simmons nos proporcionan los momentos más emotivos de lo que llevamos de serie en “FZZT” (probablemente el mejor episodio por ahora, aparte del piloto). Los hermanos (no de sangre) científicos se separan en “The Hub” para trabajar con sus otros compañeros. Por un lado Simmons y Skye, y por otro Fitz y Ward, demuestran ser dos parejas cómicas excelentes en escenas muy divertidas (obviemos cuando Ward tira el sándwich que Simmons le ha hecho a Fitz, uno de los más terroríficos de la historia de la televisión). También se solidifica la relación entre Coulson y May (papá y mamá), y entre Coulson y Skye, dos de los núcleos más importantes de la serie. Así sí.

SHIELD-FZZT-Simmons-Fitz

3. Personajes con más entidad. La cada vez más natural interacción entre los agentes está dando como resultado unos personajes mucho más definidos, que se empiezan a alejar de los arquetipos que comenzaron siendo. Aún queda mucho trabajo por hacer, pero salta a la vista que los actores empiezan a estar realmente cómodos en la piel de sus personajes. Brett Dalton destapa más registros (dramáticos y cómicos) revelando que es algo más que un palo, Iain de Caestecker (nuestro monito Fitz) se ha fusionado por completo con su personaje, y Elisabeth Henstridge está demostrando que es la mejor intérprete de la serie (Simmons lleva un par de episodios en estado de gracia). Esto contribuye a que nuestro vínculo con ellos se estreche, y empecemos a temer por sus vidas. Quizás se esté jugando demasiado pronto con la idea de perderlos (Simmons está a punto de morir en “FZZT” y Ward y Fitz en “The Hub”), pero poco a poco nos vamos dando cuenta de que cada vez nos importan más. El eslabón más débil es precisamente el agente Coulson. Ya sea por la repetición de la que hablaba en el primer punto 2, por la asombrosa inexpresividad de Clark Gregg, o por el hype que conlleva haberlo elevado de categoría en el Universo Marvel, Coulson es de momento una de las mayores decepciones de la serie.

4. Constante reconocimiento del Universo Marvel y ampliación del Universo SHIELD. Si es que era una tontería eso de mantener a la serie al margen de las películas de Marvel. Es más, era imposible. Está bien que se busque la identidad propia de la serie, pero no se puede invisibilizar algo tan grande como una invasión de Elfos Oscuros en la Tierra (o sea, Midgard). Sin embargo, el anunciado crossover con Thor: El mundo oscuro que tuvo lugar la semana pasada en “The Well” fue más bien una treta publicitaria (como era de esperar). Sí, vemos a los agentes limpiar (literalmente) el estropicio ocasionado en la película, pero poco más. “The Well” es otro episodio que sigue el patrón “Artefacto de la semana”. Y a pesar de ser más bien decepcionante, supone todo un triunfo dentro de la serie por varios motivos.

The Hub

En primer lugar reconoce más abiertamente la existencia de la MAGIA en la realidad de los agentes. A pesar de que Jemma presenta claros síntomas de Scully-itis, los personajes se mueven en el mismo plano que Jane Foster y Darcy Lewis, y SHIELD deja de ser, aunque sea por un momento, una serie de espías. En segundo lugar, no tenemos a Thor (qué curioso que estos súper héroes se enfrenten a un Apocalipsis y después se vayan de vacaciones hasta que les apetezca volver) pero los acontecimientos de la película influyen de verdad en la serie. La introducción de una especie de secta o grupo de resistencia que cree que los Dioses vuelven a la Tierra para reconquistarla tras la invasión de Londres es una buena idea. Entronca a la perfección con el Universo Cinematográfico Marvel y a su vez permite a la serie manejarse con amenazas más terrenales, más abarcables. Y por último, en “The Hub” conocemos a más miembros de la cadena de mando de SHIELD (la mencionada Victoria Hand) y visitamos otras instalaciones de la organización, lo que da mayor credibilidad a la trama central y ayuda a trazar ese camino que parecía costarle tanto encontrar a la serie.

5. Esa referencia a Dollhouse en “The Well”. No, es broma. Pero va en serio. Did I fall asleep?

Review: Agents of S.H.I.E.L.D. – “The Asset” (1.03)

The Asset

¡Ahí lo tenemos! El icónico plano whedonista de grupo avanzando hacia la cámara. Y solo hemos tenido que esperar hasta el tercer episodio para verlo.

¿Hablamos sobre “The Asset”? ¿Qué os ha parecido con respecto a los dos anteriores? La cosa va mejorando, ¿no? Aunque todavía queda mucho por hacer. Aquí os dejo mis impresiones, sin orden ni concierto, a lo loco (a lo Loki):

Ya nos avisaron de que la primera etapa de SHIELD destacaría por los episodios autoconclusivos (como toda serie made in Whedon), así que a nadie debería sorprender que “The Asset” sea más o menos igual que los dos capítulos anteriores -sobre todo que “0-8-4”. Una misión, más palabrería científico-técnica precediendo a las peleas y las explosiones de turno, más gadgets de mentirijilla, más giros predecibles… Pero también más información sobre los personajes y más cohesión como grupo. Esto va tomando forma.

Salta a la vista que los efectos especiales están muy por encima de la media. Esos coches y el camión volando durante el cold open no se ven en cualquier serie. Aunque no es ni de lejos lo más importante, ese tipo de cosas dan empaque a una serie que tiene que luchar con el sambenito de ser la hermana pequeña y pobre de Marvel.

La semana pasada dije que Melinda May era mi agente menos favorito. Lo retiro (pero insisto en que la culpa la tiene Ming-Na, no me la puedo tomar en serio). Esta semana estoy entre Ward y Skye. ¿A qué viene esa tensión sexual tan artificial? ¿En serio hacía falta forzarla tan descaradamente y tan pronto? Qué pocas chispas, qué incómodo y acartonado todo. Mirándolo por el lado bueno, sus escenas juntos en “The Asset” nos han servido para saber más de los dos personajes. De Ward aprendemos que su hermano le pegaba cuando era pequeño (vaya, Ward, ¿cómo se supera un trauma así?). De Skye que es una huérfana que ha crecido pasando de una familia adoptiva a otra, y que acabó dejando el instituto para adoptar la filosofía “si no esperas nada de nadie evitas las decepciones”. No es todo, también descubrimos que nuestra Annie particular tiene unas tet… Perdón. Joss no me ha criado para esto. Pero seguro que no han pasado desapercibidas a nadie.

Skye The Asset

Lo que sí tengo claro es quién es mi agente favorito por ahora: Leo Fitz. Nuestro nuevo Topher Brink (sin el complejo de Dios y con los niveles de adorabilidad por las nubes) tiene las mejores frases del episodio: “If we had a small monkey…”, “Boobs”. ¡Y por si fuera poco, come palomitas al borde de la taquicardia durante la misión de Skye!

SHIELD tantea terrenos con un breve momento “salvaje oeste” que nos recuerda inevitablemente a Firefly, como cada vez que vemos el cargo bay del avión de Coulson. You can’t take the sky from me. You can’t take Lola from me.

Cada vez soy menos capaz de pasar por alto el hecho de que Clark Gregg no sea precisamente el mejor actor del mundo (de hecho es uno de los más inexpresivos que he visto en mucho tiempo, con permiso de Ming-Na… vaya duelo de titanes). Aun es pronto, porque el personaje no le ha exigido demasiado, pero dudo que vaya a ser capaz de dar la talla interpretativamente. Espero equivocarme. Sigo adorando a Coulson (¡más referencias a su coleccionismo metidas con calzador en este capítulo!), pero por ahora siento que elevarlo de rango, de secundario (enlace dentro del Universo Cinematográfico de Marvel y alivio cómico de Los Vengadores) a protagonista de su propio buque marveliano está dejando demasiado a la vista sus carencias. A ver si con el tiempo se ajusta a su nuevo estatus.

Espero que se acaben pronto las bromas tipo “Bla bla bla jerga científica a velocidad de la luz”, “Chicos, en inglés, por favor”. No se puede usar en todos los capítulos. Por lo demás, el reparto se empieza a sentir más cómodo con los diálogos. Mención especial a Chloe Bennet (Skye) y Elisabeth Henstridge (Simmons), que por ahora han pillado el tono cómico whedoniano mejor que nadie.

Más conexiones azarosas con el Whedonverso: ¿Puede ser Simmons más Winifred Burkle? ¿Y no os ha recordado este episodio a las primeras misiones de Echo en Dollhouse?

Franklin Hall

El despegue de Agents of SHIELD está siendo algo turbulento. “The Asset” me ha resultado definitivamente más sólido y entretenido que “0-8-4”, y sigo insistiendo en que el potencial es enorme y hay que confiar en que se desarrolle a su ritmo. Pero dudo que aguante mucho más a base de episodios “standalone” que se pueden reducir al siguiente esquema: misión en la que un grupo de novatos se enfrentan a una grave amenaza global y la solucionan con un deus ex machina de dudoso funcionamiento (en el episodio anterior fue una balsa, en este un simple disparo en un cristal dentro de unas instalaciones de alta seguridad). De acuerdo, este tipo de cosas forman parte del pacto de ficción que firmamos cuando nos adentramos en una serie de estas características, y no podemos olvidar que estamos ante un producto Marvel, pero hay que esforzarse un poco más en cerrar este tipo de tramas, porque esto no es un cómic de los 60. No queremos guionistas perezosos que escriben los capítulos usando una plantilla. Es más, nosotros podemos aguantarlo, pero el público general no tanto, y por desgracia, de ellos depende que la serie sobreviva.

Habréis notado que me centro bastante en los aspectos negativos de la serie. Si lo hago no es porque esté descontento con ella, es porque no estoy todo lo contento que quiero estar. Con tres episodios emitidos, me reafirmo en todos los puntos fuertes de Agents of SHIELD que identifiqué en este artículo y no considero necesario repetirlos una y otra vez. Lo que hace falta es centrarse en lo que se puede y se debe mejorar para que Agents of SHIELD se convierta en la gran serie que todos queremos que sea. La escena post-créditos (parece que va a ser habitual, y me parece estupendo) nos indica que estamos a punto de presenciar el nacimiento de Gravitón. Este súper villano, alter ego del doctor Franklin Hall, apareció por primera vez en Los Vengadores #158 (1977). ¿Será nuestro Big Bad de la temporada? Espero que sí. Es justo lo que la serie necesita.

Ahora vosotros. ¿Qué os ha parecido “The Asset”?