Crítica: El escándalo (Bombshell)

Las acusaciones a Harvey Weinstein por acoso sexual en 2017 provocaron un efecto avalancha que marcó un antes y un después en Hollywood, repercutiendo en todas las facetas de la sociedad alrededor del mundo. Miles de mujeres alzaban la voz después de décadas de silencio por miedo a las represalias de los hombres en el poder, creándose así el movimiento #MeToo, hashtag utilizado por miles de personas para compartir sus experiencias de acoso y agresión sexual en redes sociales.

Entre las muchas personas que decidieron hablar para denunciar a sus agresores se encuentran numerosas celebridades, como la actriz Alyssa Milano (quien popularizó el hashtag originalmente), Mira Sorvino, Lady Gaga, Patricia Arquette, Rosario Dawson, e incluso algunos hombres, como Terry Crews y James Van Der Beek. Pero más allá del caso Weinstein, el suceso relacionado con el #MeToo que más conmocionó a la sociedad estadounidense fue el de la cadena conservadora Fox News y las acusaciones de acoso sexual por parte de varias mujeres a su ex CEO, Roger Ailes, uno de los hombres más poderosos de la televisión norteamericana.

Esta es la explosiva historia que narra El escándalo (Bombshell), de Jay Roach. El director, que cuenta con una amplia experiencia dirigiendo películas basadas en episodios y acontecimientos reales de la sociedad y la política norteamericana (Game Change, Trumbo, All the Way), se centra en tres personajes femeninos: las presentadoras Megyn Kelly (Charlize Theron) y Gretchen Carlson (Nicole Kidman), y la ayudante de producción Kayla Pospisil (Margot Robbie). Ellas son las protagonistas de una trama que se adentra en los rincones más oscuros de la televisión diurna en Estados Unidos para sacar los trapos sucios de la cadena favorita de Donald Trump.

Bombshell es la crónica de la caída del todopoderoso Roger Ailes (interpretado por el camaleónico y siempre excelente John Lithgow) a través de los ojos de sus víctimas, mujeres que durante años se vieron sometidas a un ambiente de trabajo sexista y tóxico en el que sufrieron cosificación constante (en Fox News las mesas son abiertas para que se vean las piernas de las periodistas) y sus cuerpos fueron tratados como mercancía o moneda de cambio por el pez gordo de la cadena. Mujeres que dijeron “ya basta” y derribaron al monstruo. Esta mirada reveladora e incisiva a los entresijos de Fox News trata de responder las dolorosas preguntas a las que las víctimas se deben enfrentar tristemente cuando deciden compartir su verdad: ¿Por qué no hablaron antes? ¿Por qué no hicieron nada para evitarlo? ¿Por qué debemos creerlas?

Lo hace con un guion en ocasiones poco sutil, pero siempre afilado, matizado y provocador, explorando el escabroso asunto que trata con garra y dramatismo, pero también con mucho sentido del humor. Y con un fantástico reparto lleno de caras conocidas (Kate McKinnon, Mark Duplass, Rob Delaney, Connie Britton, Allison Janney, Malcolm McDowell…), encabezado por un soberbio trío de actrices que se comen la pantalla. Transformadas por un prodigioso departamento de maquillaje y peluquería (lo de Charlize como Megyn Kelly es increíble) y entregadas por completo a una historia que exige máximo compromiso y dedicación, Theron, Kidman y Robbie honran con sus interpretaciones a las víctimas de Ailes y a todas las mujeres que, como ellas, se han atrevido a dar el paso.

Puede que Bombshell recuerde demasiado a cintas como La gran apuestaEl vicio del poder, de las que parece tomar mucho prestado, pero esto no debería menoscabar su valor. No solo es una película explosiva y escalofriante, sino también una historia del #MeToo oportuna y necesaria, una herramienta valiosa para abrir ojos y concienciar sin olvidar en ningún momento el entretenimiento cinematográfico.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

‘Tully’ es una de las mejores películas de 2018, pero casi nadie se acordó de ella

Dejamos atrás la estresante época de las listas de lo mejor y lo peor del año. Durante un momento, tuvimos la sensación de que el 2018 cinematográfico no había estado a la altura, pero haciendo balance, resulta que ha sido un año mucho mejor de lo que parecía. Tanto que, como suele ocurrir, muchas grandes películas se caen de los rankings, por una razón o por otra. Y una de esas ausencias esperables, pero no por ello menos injustas, ha sido Tullyel trabajo más reciente de Jason Reitman.

Reitman repite con Charlize Theron y Diablo Cody tras su colaboración en Young Adult (2011). En ella, la actriz surafricana asumía otra de esas interpretaciones valientes que la caracterizan con un personaje nada complaciente que despertó tanta antipatía como fascinación, mientras que la guionista de Juno continuaba su sofisticación como escritora de personajes imperfectos y complicados. Tully supone la sublimación de los tres miembros principales del proyecto con una historia conmovedora y real sobre la maternidad y el paso del tiempo.

La película gira en torno a Marlo (Theron), una mujer sobrepasada por la maternidad que, después de dar a luz a su tercer hijo, decide buscar ayuda. Marlo está casada, pero su marido, Drew (Ron Livingston), también abrumado por su vida, no ofrece mucha ayuda con los niños. Como si de una Mary Poppins moderna se tratase, la salvación llega en la forma de una niñera, Tully (Mackenzie Davis), que se ocupa del recién nacido durante la noche. Aunque al principio la idea de una “niñera nocturna” le hace sentir incómoda, tras recuperar el sueño perdido y ver aligerada su carga de responsabilidades, Marlo no puede estar más agradecida por Tully, con la que forma un vínculo muy especial que le ayudará a conocerse mejor a sí misma.

Diablo Cody sigue contando historias alrededor de la experiencia femenina, consiguiendo con Tully un honesto y emotivo relato sobre el matrimonio, el embarazo y la maternidad. Como en sus anteriores trabajos, la guionista no omite las partes más desagradables, sino que las pone en primer plano porque forman parte esencial e indivisible de la realidad, y las encarna principalmente en la figura de Marlo, una Charlize Theron completamente entregada en la que es una (otra) de sus mejores interpretaciones recientes. Los de Tully no son personajes fáciles, y tanto Theron como Livingston (un marido nunca caracterizado como villano, sino como otra víctima ahogada por las circunstancias), los dotan de una humanidad absoluta. La presencia de una irresistible Davis y su palpable química con Theron redondean la propuesta.

Tully nos habla sobre lo difícil que es ser padres, de la pérdida de la comunicación en la pareja y también sobre tener que decir adiós a la juventud y asumir nuestra madurez (sin perder nunca el contacto con la persona que fuimos). Lo hace con crudeza, pero también inteligencia, ingenio y emoción, a través de un guion detallista, bien construido y repleto de significado, con diálogos graciosos y un sorprendente toque de realismo mágico. Todo esto hace de Tully una de las mejores películas de 2018 de la que apenas se ha hablado, un viaje noctámbulo melancólico y nostálgico, pero también divertido, que nos abre los ojos a la realidad y sus contradicciones con amabilidad y compasión.

Tully ya está a la venta en España en Blu-ray y DVD de la mano de Universal Pictures. Incluye una featurette de 10 minutos llamada ‘Las relaciones de Tully’, con entrevistas al equipo.

Crítica: The Skeleton Twins

THE SKELETON TWINS

Fresca todavía de su paso por Sundance, donde se llevó el premio a Mejor Guión, nos llega The Skeleton Twins, segunda película del director de True Adolescents, Craig Johnson. Su afiliación a la nueva ola de cineastas (y “teleastas”) hijos del festival apadrinado por Robert Redford salta a la vista por la naturaleza de dramedia intimista y generacional de la película. Para esta ocasión, Johnson vuelve a contar con la colaboración de los hermanos Mark y Jay Duplass en la producción, dos prolíficas fuerzas creativas que se están labrando un nombre vinculándose (ya sea en materia de actores, directores, productores o guionistas) a productos independientes cercanos a la categoría de culto como Seguridad no garantizada, The One I Love o las series Transparent Togetherness. El sello Duplass está visiblemente presente en esta historia sobre dos hermanos gemelos que no se ven desde hace una década.

Maggie (Kristen Wiig) y Milo (Bill Hader) compartieron una infancia feliz, caracterizada por un sentido del humor un tanto macabro (sus juguetes predilectos son unos esqueletos que les regala su padre) y la dependencia física y emocional que suele conllevar haber compartido útero durante nueve meses. Sin embargo, el paso del tiempo se traduce en un distanciamiento que pone a cada uno en un camino distinto, en lugares opuestos del país. Maggie se convence de haber alcanzado la felicidad plena con un marido perfecto (Luke Wilson) y una apacible vida suburbana llena de actividades extra-domésticas, aunque su estancamiento en el mismo lugar de siempre le pasa factura. Milo es el eterno aspirante actor en Hollywood que parece atrapado en el pasado y subsiste con trabajos basura, la viva imagen de la generación perdida. La desesperación le lleva a intentar suicidarse, lo que hace que Maggie regrese a su vida y le proponga, a pesar de estar igual de rota que él, irse a vivir con ella al pueblo a las afueras de Nueva York donde se criaron.

The_Skeleton_Twins_-_Cartel_finalEs evidente que el título de la película no hace referencia únicamente a los juguetes que los hermanos atesoran de pequeños (no es el único objeto material importante en sus vidas marcadas/secuestradas por el pasado), sino a la expresión anglosajona “skeletons in the closet” (en castellano “muertos en el armario” o simplemente “trapos sucios”). Calculando casi matemáticamente las dosis de drama y comedia en un ejercicio narrativo tan bipolar como sus personajes, Johnson va desempolvando poco a poco los esqueletos que estos hermanos esconden en el armario, desvelando unas personalidades complejas y turbulentas oscurecidas por la sombra de la depresión. La reunión de Maggie y Milo les lleva, muy a su pesar, en un viaje de autoanálisis para descubrir el origen de sus tendencias autodestructivas y la razón por la que sus vidas han resultado ser un auténtico fracaso, para lo que Johnson se mantiene del lado luminoso de la historia, golpeándonos ocasionalmente con verdades amargas e incómodos desnudos emocionales.

Los hermanos de The Skeleton Twins no responden necesariamente al arquetipo del freak que el cine y la televisión nos ha hecho adorar como a superhéroes en la última década. Maggie y Milo no buscan aprobación, ni ser laureados por sus peculiares personalidades (escritas siguiendo el manual de “personajes idiosincrásicos y particulares del cine indie”), son personajes profundamente dañados cuyo comportamiento errático es en ocasiones estomagante y difícil de perdonar. Y ese es el mayor acierto de la película, hacer hincapié en que Maggie y Milo no son las personas que estaban destinadas a ser, no se han convertido en los triunfadores que acuden a la reunión del instituto para restregar sus exitosas vidas en la cara de aquellos que los llamaban “puta” o “maricón” a sus espaldas, sino que anhelan las equilibradas y felices existencias de los jocks y animadoras. Junto a Mark Heyman (co-guionista), Johnson elabora de esta manera un retrato profundo, si acaso un tanto maniqueo y autocomplaciente, de unos personajes ahogados, abandonados a la apatía. Sin embargo, son sus actores, los habituales de la comedia Kristen Wiig y Bill Hader explorando sus excelentes registros dramáticos, los que hacen en última instancia que Maggie y Milo se encuentren y se ayuden a salir a flote.

Valoración: ★★★½