Tres operas primas inéditas llegan a DVD

Ya os he hablado en varias ocasiones de la estupenda labor que Sony Pictures Home Entertainment está llevando a cabo recuperando estrenos inéditos en nuestro país para lanzarlos directamente al formato doméstico. Títulos que, en muchos casos, generan mucha expectación al ser anunciados, pero acaban relegados a segundo (o tercer plano). Y no precisamente porque su calidad sea inferior, de hecho muchos de ellos son bastante superiores a los films que nos acaban llegando a las salas. Por ejemplo, recientemente hemos podido ver joyas como Hunt for the Wilderpeople, de Taika Waititi (Thor: Ragnarok), la nominada al Oscar Mujeres del siglo XX o la festivalera Certain Women, a las que ahora se unen los siguientes lanzamientos directos a DVD, tres interesantes películas que tienen en común ser las operas primas de sus respectivos directores.

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Indignación (James Schamus)

Basada en la novela de Philip RothIndignación es el primer largometraje como director de James Schamus. Pero si no lo parece, es porque este lleva 35 años trabajando como guionista y productor en Hollywood (entre sus créditos se encuentran La tormenta de hieloBrokeback Mountain). La película, protagonizada por Logan Lerman (Las ventajas de ser un marginado, Corazones de acero) y Sarah Gadon (Una noche real22.11.63), es una reflexiva crónica de la Norteamérica de los años 50, un inteligente (e intelectual) drama romántico que se opone a otras películas similares que presentan esta misma época de forma idealizada y nostálgica, para ahondar mejor en las preocupaciones de una sociedad al borde del cambio.
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En ella, Marcus (Lerman), un joven brillante de educación judía pero autoproclamado ateo y grandes inquietudes culturales, inicia sus estudios universitarios en el conservador campus de Winesburg, donde se enamorará de la hermosa y complicada Olivia Hutton (Gadon), con la que iniciará una relación que desafiará las convenciones sociales y sus propias creencias. Mientras, sus atribulados padres viven preocupados a distancia por la posibilidad de que su hijo sea llamado algún día a filas para luchar en la guerra, y por tanto, de perderlo para siempre, al igual que le ha ocurrido a tantas familias cercanas a ellos.

Indignación es una estimable opera prima que, si bien tarda en arrancar, tiene una segunda mitad sobresaliente, en especial gracias a las reflexiones sobre la familia, la hipocresía moral y cómo se percibían el sexo y la religión en la sociedad norteamericana de hace sesenta años, pero también a las interpretaciones de Lerman, Gadot, y Linda Emond, que supone la mayor revelación del film dando vida a la madre de Marcus. Indignación no es la mejor película para ver en un mal día, ya que su tristeza puede causar estragos, pero sí es aconsejable no dejarla pasar. Se trata de un relato de muchas capas, imbuido de la literatura clásica estadounidense y muy cercano a la obra de J.D. Salinger, un film tan melancólico como estimulante.

Indignación es una exclusiva de fnac, solo disponible en sus puntos de venta físicos y online. Incluye los extras: ‘Deconstruyendo una escena’ y ‘Trajes de época’.

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Frank & Lola (Matthew Ross)

Frank & Lola es también la opera prima de Matthew Ross (no confundir con Matt Ross, de Silicon Valley Captain Fantastic), su debut en la dirección de largometrajes después de varios años curtiéndose en el arte del corto. La película tiene todas las señas frank-lola-dvdde un primer trabajo para la gran pantalla, pero también la confianza y el temple de un cineasta que lleva ya tiempo practicando su salto a la larga duración.

Ross nos lleva a Las Vegas para realizar un noir moderno, una atípica historia de amor protagonizada por dos personas tan carismáticas y prometedoras como perdidas en sí mismas. Michael Shannon (Take ShelterAnimales nocturnos) e Imogen Poots (FilthGreen Room) interpretan a una pareja a priori chocante (y no solo por la diferencia de edad) que acaba sorprendiendo por su química en pantallaFrank & Lola cuenta la historia de dos personas sumidas en una espiral de pasión, sexo y obsesión, marcadas por un pasado violento que condiciona sus vidas y trunca su felicidad. Un film oscuro y enigmático sobre el amor y la dominación que, si bien no ofrece nada nuevo, se beneficia de las estupendas interpretaciones de Shannon y Poots, dos actores que deberían disfrutar de mayor reconocimiento.

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Kicks: Historia de unas zapatillas (Justin Tipping)

Dirigida por el también debutante Justin TippingKicks es un intenso y exuberante retrato de la juventud en las zonas más pobres de Los Ángeles. La película cuenta la historia de Brandon (Jahking Guillory), un adolescente de 15 años que sueña con tener unas zapatillas Jordan para escapar de su realidad. El chaval se las apaña para conseguirlas, pero pronto se convertirá en el blanco de los matones de su kicks-dvdbarrio, que se las roban, no sin antes darle una paliza. Junto a sus dos mejores amigos, Brandon se embarca en una peligrosa aventura para recuperar las zapatillas, un viaje sin retorno hacia la madurez.

Kicks presenta una llamativa mezcla de estilos, del realismo callejero más crudo a la ensoñación poética, de la crítica social al realismo mágico, con una selección musical compuesta por clásicos del hip hop que marcan el ritmo y de los que además se extraen citas que funcionan como epígrafes de la historia. Rebosante de energíaKicks habla de la dificultad de crecer y prosperar en un mundo caracterizado por la precariedad, el peligro y la masculinidad tóxica de los projects, en el que las drogas, la violencia y la objetificación femenina son el día a día. En este entorno, Brandon se verá obligado a dejar la infancia atrás para adaptarse al entorno en el que le ha tocado vivir, en el que la imagen que uno proyecta lo es todo.

Como curiosidad, Kicks cuenta con la participación del oscarizado Mahershala Ali, en un papel similar al que realiza en Moonlight, el de mentor del joven protagonista (aunque aquí no tan protector o cariñoso como su Juan).

Kicks es una exclusiva de fnac, solo disponible en sus puntos de venta físicos y online. Contenidos adicionales: minidocumental ‘Kicks: Uno a uno’.

Luke Cage: ¿A prueba de balas?

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Ya queda menos para ver en acción a Los Defensores, el equipo de superhumanos de pie de calle de Marvel, formado por Daredevil, Jessica Jones, Luke Cage y Iron Fist. Mientras esperamos a conocer a Danny Rand y a asistir al crossover más importante de la Marvel televisiva, repasemos lo que dio de sí la primera temporada de la entrega en solitario más reciente de NetflixLuke Cage. Después de darnos a conocer los rincones más oscuros de Hell’s Kitchen en DaredevilJessica Jones, Marvel Television nos sube en el metro y nos lleva hasta Harlem para contarnos la historia de Luke (Mike Colter), forzudo creado a principios de los 70 por Archie Goodwin y John Romita Sr., respuesta de La Casa de las Ideas al auge del cine de explotación protagonizado por actores negros.

Hasta ahora, Marvel Television ha mostrado una clara inquietud por diferenciar sus series individuales en Netflix dotándolas de un estilo marcado según los dictados de varios géneros cinematográficos. Así, Daredevil se construye como una cinta de artes marciales con toques de cine negro, mientras que Jessica Jones se adentra en el noir más clásico, tomando notas de las novelas de detectives y el pulp. Como no podía ser de otra manera, Luke Cage se presenta como un homenaje al blaxploitation, subgénero que la serie recrea excelentemente a través de la estética, la banda sonora de aire setentero y las escenas de acción (torponas hasta rozar el camp), y que adereza con los ingredientes tradicionales del cine de gángsters y guiños al western. Es decir, ya desde el primer episodio, Luke Cage deja patentes sus intenciones, marcando desde los primeros compases una personalidad fuerte y una identidad definida, lo cual se convierte en su mayor acierto.

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Contándonos la historia de Carl Lucas, un prófugo de piel tan dura como el titanio, Luke Cage lleva a cabo un retrato de la comunidad negra en Nueva York y una oda al barrio de Harlem, narrándonos las vicisitudes de los pequeños negocios y las dificultades de la población afromericana en un panorama de hostilidad y violencia creciente, así como la corrupción política del sistema, pero también celebrando su cultura en sus facetas más artísticas e innovadoras. Luke Cage vendría a ser el reflejo del movimiento Black Lives Matter en el género superheroico, una estilizada reconstrucción de la realidad en clave de ficción aumentada que nos habla de la brutalidad policial y los prejuicios, y que por encima de todo, reivindica la necesidad, y la responsabilidad, de reclamar, proteger y conservar para las siguientes generaciones una cultura de la que otros se han apropiado para explotarla con fines comerciales o para perpetuar el racismo. Con este objetivo en mente, la serie utiliza inteligentemente la música negra (rap, hip hop, blues, soul) para dibujar el contexto y la acción (el enfrentamiento final de Luke Cage y Diamondback está concebido como una batalla de rap) y da forma a un férreo discurso sobre la identidad y el legado de la población afroamericana en Estados Unidos.

“No soy un héroe, solo un tipo normal” -Luke

Pero más allá de su condición de símbolo, Luke Cage también representa el clásico dilema que define a casi todos los relatos superheroicos: ¿Qué hace al superhéroe? En este caso, la respuesta es más ambigua que la que podemos extraer de la facción cinematográfica de Marvel, ya que en la televisiva, las zonas grises están más extendidas y la diferencia entre el bien y el mal no se manifiesta de forma tan clara. Para responder a la pregunta tenemos que recurrir al personaje que ejerce como nexo de unión entre los Defensores, Claire Temple (Rosario Dawson). En esta ocasión, la enfermera adquiere un peso mayor en la historia (para alegría de todos) y aparece más tiempo en pantalla que en DaredevilJessica Jones, demostrando que es capaz de tener una química brutal con quien se le ponga delanteClaire es en el fondo la mayor heroína de la Marvel callejera, ya que carece de superpoderes, pero arriesga su vida igualmente para ayudar a los demás. Y esa es la lección que deja tras su (caldeado) paso por la vida de Luke Cage, a quien demuestra que no es necesario llevar armadura o capa para ser un superhéroe, que con llevar una sudadera con capucha y estar dispuesto a hacer lo correcto sin importar las consecuencias y sacrificarse por los demás es suficiente.

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Y hablando de arriesgar, otro de los aspectos más destacables de Luke Cage es su contenido para adultos, muy alejado de lo que acostumbramos a ver en las películas de Marvel, orientadas a todos los públicos. Ya desde antes del estreno, los responsables de la serie se aventuraban a definirla como “la The Wire de Marvel”. Y aunque la comparación le viene grande (enorme, de hecho), tiene parte de verdad, ya que Luke Cage aborda temas similares (la naturaleza del poder, la ambición, la corrupción del sistema, el crimen organizado) y se apoya fuertemente en el ritmo pausado y la crudeza de la aclamada ficción de David Simon. En Luke Cage se lleva un paso más allá lo que se hizo en Daredevil Jessica Jones, aumentando las dosis de violencia y las palabras malsonantes (otra cosa que reclama la serie es el uso del término “nigga”, que se repite constantemente), en un intento por explorar hasta dónde son capaces de llegar sus personajes, y también Marvel, que afortunadamente no parece poner trabas a la naturaleza más osada y adulta de estas series.

Pero no todo es positivo en la serie. De hecho, a pesar de sus aciertos, Luke Cage es la entrega de Marvel/Netflix más desigual hasta ahora. El principal problema que perjudica a la serie es algo que también afecta a DaredevilJessica Jones: que, aunque parezca mentira, 13 episodios de alrededor de una hora de duración es excesivoLuke Cage empieza con fuerza, pero se va desinflando por la necesidad de estirar las tramas para justificar la duración, y se resiente irreversiblemente hacia la mitad de la temporada, con la desaparición de Cottonmouth (Mahershala Ali), el mayor error de la serie. Con esta decisión se sacrifica un villano con presencia y carisma para cambiarlo por uno que parece una parodia, y dar más énfasis a otros rivales de Cage (la villana principal de la temporada es evidentemente Mariah Dillard), oponiendo al héroe a más de un enemigo. Pero en este caso, más no es mejor. Los prescindibles personajes secundarios, el superávit de malosos y la dilatación de los acontecimientos provoca demasiados puntos muertos y minutos de relleno que desfavorecen el conjunto.

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Por otro lado, el argumento es demasiado convencional y los diálogos son muy obvios, cayendo en la sobre-explicación y tocando todos los clichés posibles, algo que, por mucho que sea coherente con el estilo al que rinde homenaje, resulta en algo torpe y superficial. Y por último, su reparto no está al mismo nivel. Por un lado, Rosario Dawson, Mahershala Ali y Simone Missick hacen un estupendo trabajo, pero por otro, Alfre Woodard se pierde en la sobreactuación y construye a un personaje que roza el ridículo, mientras que a Mike Colter, nuestro protagonista, le falta mucha fuerza, paradójicamente. Colter tiene un físico impresionante que se ajusta como anillo al dedo a la imagen del personaje, pero su capacidad interpretativa está mucho menos desarrollada que sus músculos, y carece del carisma necesario para ser Power Man en todas sus dimensiones.

A pesar de todo, hay mucho margen para mejorar, más allá de la valiosa aportación que la serie realiza en un género eminentemente blancoLuke Cage parte con una gran ventaja, que no necesita tiempo como otras ficciones para afianzar su estilo, sino que arranca siendo muy consistente en su discurso, su voz y su estética diferente de los demás. Ahora hace falta que los guionistas se esfuercen un poco más al escribir los diálogos, construir la historia, y dotarla de profundidad más allá de los topicazos de género, para poder así llenar 13 capítulos con material de calidad, en lugar de tener que alargar las 6 horas interesantes que tienen. Porque aunque parece que Marvel está hecha a prueba de balas, en ocasiones no le viene mal que le digan que no es así.

Crítica: Moonlight

Moonlight

“No dejes que los demás decidan quién eres”. Esta es la idea que recorre Moonlight, de Barry Jenkins, una conmovedora e inteligente historia sobre el amor, las raíces y el perdón que se ha erigido como una de las mejores películas del año. Avalada por críticas espectaculares y 8 nominaciones a los OscarMoonlight representa un cambio en el panorama de Hollywood, un cine mayoritario más abierto e inclusivo, que ha situado una cinta de “temática gay” protagonizada por un reparto casi íntegramente negro entre lo más destacado de la temporada de premios. Pero que no nos engañe este dato, Moonlight no está ahí para cumplir una cuota o enmendar errores del pasado, sino que ha llegado adonde está por méritos propios, por ser uno de los films más arrebatadoramente bellos y sensuales que hemos podido ver recientemente.

Moonlight es la historia de una vida. De una vida definida por los demás. La de Chiron, un muchacho negro de los suburbios de Miami que busca su lugar en el mundo mientras crece rodeado de problemas: una madre drogadicta, un padre ausente y acoso escolar por ser gay, mucho antes de que él mismo sea consciente de lo que esa palabra significa. Moonlight es la crónica de una vida, un viaje de autoconocimiento de la infancia a la adultez en el que observamos cómo alguien va moldeando su personalidad según sus experiencias, según las conexiones que realiza a través del camino, y siempre condicionada por el pasado, por la familia, la biológica (el lastre de una madre enferma) y la elegida (el refugio que supone encontrar a Juan -Mahershala Ali- y Teresa -Janelle Monáe). Contada en tres secciones que corresponden a tres etapas distintas de la vida de Chiron (infancia, adolescencia, vida adulta), Moonlight lleva a cabo una inspirada reflexión sobre la identidad y la masculinidad cargada de poesía y emoción.

La forma en la que Jenkins trata a la historia y los personajes denota un profundo respeto y amor por lo que está contando. Salta a la vista que se trata de un trabajo personal, un relato procedente de las entrañasMoonlight nos da a conocer a un cineasta de una sensibilidad a flor de piel, un director con tanta buena mano para profundizar en los sentimientos de sus personajes como para exteriorizarlos a través de una puesta en escena que acaricia los sentidos. Todo en la película está cuidado con sumo cariño para arropar al espectador en una experiencia profundamente íntima y reveladora. La vibrante fotografía de James Laxton, que juega con los tonos cromáticos (azules y violetas asaltándonos en la oscuridad) para regalarnos unas noches cinematográficas de ensueño, la magnífica banda sonora de Nicholas Brittell, salpicada de momentos musicales que remiten al mejor cine de Almodóvar y Wong Kar-wai, y una cámara que sabe siempre dónde ponerse para hacernos sentir, componen un sobresaliente ejercicio de estilo que nunca sacrifica lo que está contando a favor de la estética. En parte gracias también a la increíble labor de su reparto: la magnética presencia de Mahershala Ali, la calidez reconfortante de Janelle Monáe y la desgarradora interpretación de Naomie Harris. Sin desmerecer a los actores jóvenes, en cuyas interpretaciones descansa la mayor parte de la película.

En Moonlight acompañamos a Chiron, excelentemente encarnado en respectivas etapas biográficas por Alex R. HibbertAshton Sanders y Trevante Rhodes, en un recorrido que le lleva de la desorientación y el desamparo de una infancia difícil hasta una juventud criminal, resultado directo de sus vivencias. Y en el centro, una historia de amistad, deseo y exploración. Una cuya aceptación con todas sus implicaciones representa el final de un trayecto y el inicio de otro. Jenkins nos narra la relación entre Chiron y Kevin a base de momentos casuales, enriquecida por los silencios y los roces, por una desbordante tensión sexual, y culminante en una escena final entre Trevante Rhodes y André Holland en la que las miradas y el lenguaje corporal cuentan lo que miles de palabras no son capaces de expresar. Una conclusión que, si bien parece contenerse demasiado al privarnos de una catársis romántica, resume perfectamente el camino de Chiron y el discurso de la película sobre la identidad.

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Moonlight nos cuenta una historia de crecimiento y superación con la particularidad de situarla en la comunidad negra, donde la homosexualidad encuentra más obstáculos que en otros entornos. A través de Chiron y de las personas que dan forma a su personalidad, interpretados por un elenco de talento inconmensurable, Jenkins nos habla de los corsés que oprimen y de la necesidad de liberarnos de los prejuicios, de perdonar a quienes nos fallaron (incluidos nosotros mismos) para decidir ser quienes queremos ser, y no quienes los demás esperan que seamos. Una valiosísima lección de vida convertida en la más hermosa de las experiencias cinematográficas.

Pedro J. García

Nota: ★★★★½