Crítica: Ahora me ves 2

Ahora me ves 2 1

Ahora me ves… se convirtió en una de las sorpresas del verano de 2013. En la temporada de los blockbusters y las secuelas, era la película que nadie esperaba, de la que no se sabía demasiado, y sin una gran campaña promocional, acabó siendo un éxito. Todo un logro en los tiempos que corren para una propuesta “original”. Desde luego, su fórmula era refrescante: cuatro magos son reclutados por un misterioso benefactor y reaparecen convertidos en “Los Cuatro Jinetes”, un supergrupo de ilusionistas que llevan a cabo grandes hazañas a lo Robin Hood ante un público mundial que los adora. La ilegalidad de sus “trucos” (como robar un banco en Las Vegas, su primer gran golpe), les pone en el punto de mira del FBI, dando lugar a un juego del gato y el ratón en el que nada es lo que parece, y “cuando más cerca miras, menos ves”. Con esta idea, Ahora me ves… trataba de resucitar la gloria de los grandes magos de los 90 (no en vano, David Copperfield está entre los productores) para adaptarla a la escéptica y resabiada audiencia moderna.

Tres años después, los Jinetes vuelven a las andadas en la secuela, titulada Ahora me ves 2 (todos coincidimos en que habría sido mejor título Now You Don’t – Ahora no me ves), en la que se ponen todas las cartas sobre la mesa: Ahora me ves vuelve más franquiciada, convertida ya completamente y sin reparos en saga cinematográfica con mimbres para durar muchos años y generar múltiples secuelas, incluso spin-offs (si la jugada le sale bien a eOne Films, claro). En la primera película, Ahora me ves se presentaba como una especie de Ocean’s Eleven de la magia, y en esta segunda entrega se sigue insistiendo en el esquema del cine de golpes y atracos, pero se añade un componente aun más espectacular y trepidante, acercándola asimismo a los blockbusters y las películas de acción protagonizadas por grupos de especialistas que llevan a cabo misiones peligrosas alrededor del mundo. Es decir, Ahora me ves 2 es en parte Ocean’s Eleven, en parte película de superhéroes, en parte Fast & Furious.

Y es que si la primera parte ya era una película autoconsciente y desenfadada que pedía un acto de fe a cambio de pasar un buen rato, en Ahora me ves 2 la implausibilidad y el sinsentido se convierten en armas arrojadizas contra el cinismo. Aquí hemos venido a pasarlo bien, no a buscarle los tres pies al gato (porque si nos ponemos, le sacamos trescientos y nos perdemos todo lo bueno que nos ofrece). La película sabe de sobra lo inverosímil que es, lo mucho que desafía la suspensión de la incredulidad, y no solo le da igual, sino que lo enfatiza, con la intención de que sus ganas de pasarlo en grande sin importar lo demás se contagien al público. Con un ritmo endiablado, set pieces divertidísimos (el robo del chip es tan tan sumamente tonto que se vuelve épico), diálogos de gran velocidad cargados de humor, y grandes dosis de aventura y acción (cortesía del nuevo director, John M. Chu), Ahora me ves 2 no da apenas tiempo para pensar las cosas demasiado, conquistando con su descaro irresistible y triunfando como pasatiempo ligero pero digno.

Ahora me ves 2 2

Uno de los puntos fuertes de Ahora me ves… era su excelente reparto. El casting de esta saga no podía ser mejor, y continúa acertando en la secuela, con dos fantásticas incorporaciones. Lizzy Caplan, que se une al divertido equipo formado por Jesse Eisenberg, Dave Franco, Woody Harrelson y Mark Ruffalo, en sustitución de Isla Fisher, y no solo hace que no la echemos de menos, sino que se alza como una de las mejores bazas de la película, con un timing cómico impecable y una chispeante personalidad ante la que es imposible no caer rendidos (con ella uno casi se olvida del déficit de personajes femeninos de estas películas). Por otro lado, Daniel Radcliffe se lo pasa en grande interpretando al villano de la película, un “niñato” prodigio de la tecnología que rapta a los Jinetes para que lleven a cabo el atraco más imposible hasta la fecha, y que los magos usarán para exponer las prácticas poco éticas de la mente maestra que está detrás de todo. Y por si eso fuera poco, vuelven los grandes Morgan Freeman y Michael Caine, y Harrelson hace doblete interpretando a su hermano gemelo de gigante dentadura, otro experto en hipnosis con el que tiene una rivalidad muy chistosa. Una locura todo, vamos.

Ahora me ves 2 toma la fórmula de su predecesora, le añade un puñado de nuevos y atractivos ingredientes y agita la mezcla para elevar las cotas de espectacularidad y distracción (nunca mejor dicho). La acción se vuelve más fardona, los espectáculos de ilusionismo más imposibles, los trucos más rebuscados. Ahora me ves 2 flirtea constantemente con el ridículo, sí, pero es que justo ahí está la gracia, en su desvergüenza. Es el juego que propone, y si uno se presta a él, acabará fácilmente hipnotizado por su carisma y su divertidísima propuesta.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Jonathan Strange & Mr. Norrell: entre la fantasía y la subversión [Otro cine de tacitas es posible]

jonathan-strange-and-mr-norrell-5

La miniserie de siete capítulos, basada en la novela de Susanna Clarke de 2004, se estrenó en BBC1 el 17 de mayo de 2015 y ha obtenido excelentes críticas.

Texto escrito por Aerys Munis

Jonathan Strange and Mr. Norrell (BBC, 2015) no es una serie británica de época cualquiera, aunque comparte con éstas los altos niveles de producción que se reflejan en la escenografía, vestuario, fotografía e iluminación, y logran transportarnos a la Inglaterra de comienzos del siglo XIX. Es un escenario fácil de reconocer, que ha aparecido innumerables veces en nuestras pantallas (la referencia a Jane Austen es ineludible): un lugar donde la frivolidad y formalidad de las clases acomodadas bebedoras de té desentona radicalmente con la cruda y sucia realidad del mundo que los rodea y que la buena educación insiste en ignorar. El contraste es especialmente marcado en la Inglaterra de la época de Regencia, gobernada por un rey loco confinado en Windsor e inmersa en la guerras napoleónicas. La guerra y la locura son dos de los temas fundamentales que sirven como marco a la lucha de poder –a todos los niveles- que conforma el nudo de la historia. Como los espectadores averiguarán muy pronto, la ambientación histórica es sólo un escenario para desarrollar una ucronía cuyo eje fundamental es la existencia de la Magia – una Magia extraña y poderosa que, aunque una vez reinó en territorios ingleses, se considera hoy extinta y mero objeto de estudio para intelectuales apolillados. La historia arranca precisamente con una reunión de la Sociedad de Magos de York en la que el tímido pero vehemente señor Segundus (Edward Hogg – Anonymous, Misfits, Jupiter Ascending) pregunta por qué la Magia práctica ha dejado de existir.

Sin dejarse amilanar por las risas de sus compañeros, Segundus trata de acceder a textos mágicos que le permitan practicar el arte, pero pronto descubre que todos han sido acaparados por un misterioso señor Norrell, que vive recluido en una abadía del norte de Yorkshire. Segundus, héroe improbable de vocecilla aguda y voluntad inquebrantable consigue entrevistarse con Norrell y convencerle de que muestre a los miembros de la Sociedad de Magos de Yorkshire de que aún es posible hacer Magia en Inglaterra.

CH_hU1iUYAAFa97

Aunque físicamente Gilbert Norrell (Eddie Marsan – Ray Donovan) se aleja bastante del estereotipo del mago poderoso y misterioso (no os dejéis confundir por su peluca sobredimensionada), su capacidad para ejercer la Magia va más allá de cualquier expectativa, como vemos a mediados del primer episodio.

El principal problema de Norrell es su introversión y su incapacidad para tratar en sociedad, beber té con educación y hablar de frivolidades, que como bien sabemos los aficionados al género, es el requisito indispensable para prosperar en la Inglaterra de comienzos del siglo XIX. Su ayudante, Childermass (Enzo Cilenti – Game of Thrones, Wolfhall) es oficialmente el encargado de sus asuntos públicos, aunque según avanza la trama su protagonismo va en aumento, y su mirar avieso y sarcástico desde la distancia se convierte en el punto álgido de cada episodio.

Para poder llevar a cabo su objetivo, que no es ni más ni menos que ayudar al gobierno británico en su guerra contra Napoleón, Norrell deberá congraciarse con el ministro de turno, sir Walter Pole (Samuel West – Howards End), que desgraciadamente no está muy por la labor de escucharle y además acaba de perder a su prometida, Emma Wintertowne (Alice Englert – Beautiful Creatures),  a unos días de su boda, cuando su herencia era justo lo que necesitaba para poder seguir prosperando en su campaña política. Muy a su pesar, Norrell hace lo único posible para poder captar la atención del político (y con ello, el beneplácito del gobierno) y con su decisión atraerá una nueva e imprevisible forma de Magia a Inglaterra, cuyas consecuencias deberá afrontar durante el resto de la serie.

bckgrnd

El segundo protagonista, o realmente, el primero, aunque sea el segundo en aparecer, es Jonathan Strange (Bertie Carvel – laureado actor teatral), toda una fuerza interpretativa que, a medio camino entre el héroe austeniano y el antihéroe byroniano, cautiva pronto a la audiencia. Habiendo accedido a la Magia proféticamente pero casi por casualidad – después de ser instado por su prometida, Arabella Woodhope (Charlotte Riley, Peaky Blinders) a buscarse una ocupación y dejar de gandulear – a través de su personaje vamos aprendiendo más sobre los claroscuros del mundo de la Magia inglesa.

La comarca de Yorkshire, a través de sus acentos y sus paisajes, es el tercer protagonista de la historia. En ella se rodaron buena parte de las escenas (salvo algunos exteriores bélicos en Croacia y en Canadá)  y la mayoría de sus personajes proceden de la zona o acaban confluyendo en sus páramos misteriosos, donde parece rasgarse el tejido que separa la realidad del mundo de la fantasía. Precisamente con un pie a cada lado de esta frontera están personajes como Vinculus (Paul Kaye, Game of Thrones), Stephen Black (Ariyon Bakare – A respectable trade, Doctors) o  el caballero “con el cabello como el vilano del cardo” (Marc Warren –Band of Brothers, The Good Wife), el villano más carismático al este de los reinos del Infierno.

Ep2

Ganadora de los premios Locus, Hugo, World Fantasy,  Mythopoeic (y finalista del Nebula, Manbooker, Whitbread y Guardian), Jonathan Strange & Mr. Norrell es una novela que cautivó entre muchos otros a Neil Gaiman (varios de sus libros han sido llevados al cine o la televisión, destacamos American Gods, que se estrenará pronto en Starz) y muy pronto se convirtió en novela de culto, estatus que no va camino de perder ya que todo indica que nunca habrá una continuación y seguirá siendo una rara avis que fascine a los lectores que se atrevan con su casi mil páginas.  Cuando la novela fue publicada, allá por 2004, hubo una intensa campaña que buscó promocionarla como el Harry Potter para adultos, pero los parecidos entre ambas historias se reducen a la ambientación inglesas y la existencia de la magia, ya que se trata de una historia adulta, subversiva y bastantes grados más oscura incluso en su adaptación para las pantallas. Se trata de una serie peculiar, que atrapará por igual a los aficionados a la literatura fantástica, al cine de tacitas o a las guerras napoleónicas. Aunque hay espacio – y mucho- para beber delicadamente tazas de té mientras se conversa con medias verdades y muchos rodeos, el mundo tacitero no es sino un escenario para desarrollar sutilmente una muy acertada crítica a las estrictas convenciones sociales inglesas del siglo XIX (con especial atención a las desigualdades de clase, raza y género) mientras nuestra atención se distrae con el despliegue de luces y egos enfrentados de los dos magos protagonistas.

Aerys Muniz es filóloga y lectora ávida de fantasía y clásicos decimonónicos. Actualmente compagina sus estudios de doctorado en literatura comparada con la visión y revisión de demasiadas series y películas. Para su tesis de máster estudió la narrativa de Susanna Clarke desde la perspectiva de los estudios de género e identidad nacional.