Adiós a Nikita

Canceled

Es muy probable que no os hayáis enterado. Es más probable todavía que os importe bien poco. Pero el pasado viernes se emitió el final de Nikita, el remake para CW de la míticasposa serie de los 90. Nikita 2013 nunca llegó a ser un éxito de audiencia, ni siquiera para los irrisorios estándares de la cadena en la que ha sobrevivido milagrosamente durante cuatro temporadas. Sin embargo, sus cifras la mantuvieron en antena durante los dos primeros años, y el resto es cosa de política de las cadenas y rentabilidad a largo plazo gracias a la sindicación. Sea como fuere, Nikita ha aguantado mucho más de lo que se esperaba, y afortunadamente para sus (dos o tres) fans, Mark Pedowitz (jefazo de CW) le otorgó el año pasado una mini-temporada de seis episodios para cerrar la historia. Sus índices de audiencia son desastrosos, pero la CW sabe tratar a su público, cosa que no puede decirse de todas las cadenas.

Además de no haber calado en la audiencia, Nikita nunca ha sido una gran serie. Pero comparada con sus compañeras de CW, no cabe duda de que ha sido una de las ficciones más sólidas de la cadena, y una de las series más consistentemente entretenidas de los últimos años. Con Nikita hemos visto muchos episodios de relleno, misiones autoconclusivas que no pueden faltar en una serie de espías para network, e incursiones en el ridículo y la inverosimilitud que en el fondo nunca nos han molestado, porque van incluidas en el trato. Además, la sombra de Alias es muy alargada y hemos podido percibirla hasta el final de la serie (de hecho, el epílogo de “Cancelled” tiene lugar en la playa con la pareja protagonista, exactamente igual que en la serie de J.J. Abrams). A pesar de todo esto, Nikita inició su andadura con las cosas muy claras, con voz propia y con un sentido de propósito que ya quisieran muchas series. Y así se ha logrado mantener hasta su final.

Nikita cancelled

Cierto es que no siempre se ha sabido qué hacer con todos los personajes (Alex fue la más perjudicada en este sentido tras una primera temporada centrada en ella), y que habría funcionado mucho mejor con temporadas de 13 episodios. Pero para haber jugado con desventaja (poca promoción, poco gancho para la audiencia target de CW, día de emisión maldito), la serie de Craig Silverstein se las ha arreglado para mantenerse fiel a sí misma y no descarrilar. Y mira que el argumento se prestaba a ello. En sus dos últimas temporadas, Nikita ha jugado a ser la hermana (desaventajada) de Homeland, y salvando mucho las distancias, no ha salido mal parada. Sobre todo gracias a que siempre ha tenido muy clara su identidad sci-fi, pero nunca se ha perdido en ella (como sí le pasó a Alias). La serie ha ido a más con las temporadas, y su macro-estructura ha sido ordenada, muy centrada, con arcos bien trazados, y lo más importante, motivada y bombeada siempre por los personajes. A pesar de toda la pirotecnia (la acción siempre fue de primera), los giros de guión y las locas locas conspiraciones, Nikita y sus nikitettes nunca han dejado de estar en el corazón del relato.

La tercera temporada de la serie, ya cuando absolutamente nadie la veía (índices de 0.3 en demográficas 18-49 y menos de un millón de espectadores), experimentó una subida de calidad considerable. La mejora tuvo que ver, como ya he adelantado, con el tratamiento de los personajes y los fuertes lazos que se establecieron entre ellos. Así, la recta final de la serie (6 episodios ejemplares) ha hecho mucho hincapié en la dinámica de grupo, y ha servido como perfecto colofón a la trayectoria de una serie que empezó centrándose en un par de antiheroínas solitarias y ha acabado hablándonos de una familia bien avenida, la que acabamos eligiendo (como todas las series hacen al final). Gracias a esto, Maggie Q (que se va siendo mucho, pero mucho mejor actriz que cuando entró) ha construido poco a poco un personaje muy completo y gratificante, que ha sabido beneficiarse de todos los que han estado a su lado. Como toda series finale debe ser, “Cancelled” (4.06) es un homenaje a sus personajes –happy endings, cierre y nuevos comienzos para todos ellos-, un resumen de los grandes temas que la han articulado y un agradecimiento a los seguidores por su fidelidad. Nikita no pasará a la historia de la televisión, desde luego, pero bien está lo que bien acaba. Que ya es mucho.

Series para ver planchando: Nikita

Desde hace unos meses estoy sin plancha. No es que antes la usase demasiado, pero me venía bien de vez en cuando. Hace poco informé a mi buena amiga y paisana Keitza de que me disponía a comenzar Chuck, a lo que ella me respondió: “esa serie es perfecta para verla planchando”. Desde entonces utilizo esa expresión para referirme a esas series que consumimos casi a diario, mientras esperamos nuevos episodios de las series de verdad. Porque no tenemos la cabeza para pensar más de lo mínimo, o por simple y pura inercia. Las fundimos con las tareas domésticas, para olvidarlas nada más terminar el episodio que nos toca, y no nos importa verlas de reojo o dejarlas a medias. Como decía, no tengo plancha. Pero no pasa nada, Chuck también puede verse mientras friegas los platos o tiendes la colada. Yo lo he hecho, muchas veces. Por otra parte, mi motivación para ver este tipo de series no nace solo de esa necesidad de evasión neuronal, sino que además tengo que tener en cuenta un factor muy importante: las ‘series de verdad’ las veo, por regla general, acompañado. ¿Qué me queda entonces para ver en mis ratos de amarga y dura soledad? Pues cosas como la mencionada Chuck, Supernatural o la que me ha animado a escribir esta entrada: Nikita. Porque la tele ha cambiado, y nosotros también. Queremos verlo todo, compartirlo con todos, estar al día, acumular meses en MyTVShows; y planchar, fregar y tender ya no es lo que era.

No debe ser una coincidencia que Nikita y Chuck sean las dos series con menor índice de audiencia de esta temporada televisiva en Estados Unidos. Desde que Alias se marchase por la puerta de atrás después de unas primeras temporadas excelentes, la audiencia no ha vuelto a mostrar interés por las historias catódicas de espías. Nikita se estrenó el año pasado en la juvenil CW con la intención de cubrir un esquivo nicho de audiencia para la cadena: el masculino (concretamente, el heterosexual). Los ingredientes eran básicos: testosterona, explosiones y mujeres de armas tomar. Sin embargo, el resultado fue irregular (a pesar de unas escenas de acción excelentemente ejecutadas). Si bien tanto el comienzo como la recta final de la temporada mantuvieron un mínimo de calidad aceptable, todo lo que transcurrió en medio fue como mínimo prescindible, y en (muchas) ocasiones, horroroso. Vamos, para dejar la plancha y escuchar la serie desde el baño directamente.

La CW otorgó una segunda temporada a la serie, a pesar de que los resultados de la primera fueron de lo más discreto (os reto a que encontréis a cinco personas cercanas a vuestro círculo que vean Nikita). A día de hoy, a tenor de las paupérrimas audiencias cosechadas por la cadena, es difícil vaticinar si la segunda será la última temporada de Nikita. El baremo de CW es más impredecible que el de las demás generalistas. Con la intención de captar nuevos espectadores, el primer episodio de la temporada, “Game Change”, supone algo parecido a un borrón y cuenta nueva, una suerte de ‘Nikita para tontos’ que funciona como un ‘Anteriormente en’ de 40 minutos. Sí, la serie continúa por donde lo dejó el final de la primera temporada, pero las cosas han cambiado, y es importante que captemos el mensaje: no es imprescindible haber visto todo lo anterior para engancharse a los nuevos episodios. Juego sucio. Juego estúpido. Ni siquiera son capaces de disimular mínimamente la estrategia. Todos los personajes articulan torpes sinopsis de lo ocurrido hasta el momento en conversaciones forzadas que nunca debimos presenciar (‘Guión 101’, señores). La cadena no tiene otra opción más que intentar relanzar la serie sin perder a la audiencia, escuálida pero fiel, de la primera temporada. Lo que sí es una opción es intentar hacerlo con un mínimo de inteligencia. Pero parece que los guionistas no la han contemplado.

Nikita es una historia de mujeres. Y cuando la mujer que la protagoniza carece del carisma necesario para llevar el peso de la misma, el tiro sale por la culata. La absoluta inexpresividad de Maggie Q frustra cualquier intento de convertir a su Nikita en un personaje con múltiples capas y matices. La actriz hawaiana de ascendencia vietnamita se ha especializado en papeles con una alta carga de interpretación física, a pesar de su cuerpo menudo y una liviana presencia (si los de la CW querían audiencia masculina, ¿por qué contrataron a una actriz con cara -y piernas, y brazos- de estar muriéndose de hambre?). Sus carencias interpretativas pueden pasar desapercibidas en una película de acción tipo Hora punta 2, pero van a saltar a la vista rápidamente en el mucho más exigente formato serial. Claro que no está precisamente acompañada por un reparto que la motive a explorar distintos registros. Todo el reparto de Nikita está a la altura de Maggie Q: Percy (Xander Berkeley) en plan Hannibal Lecter de saldo, Amanda (Melinda Clarke) manejando los hilos desde arriba con perenne expresión de maldad concentrada, Alex (Lyndsy Fonseca) y su irritante cabezonería, y sobre todo, Michael (Shane West) y su extremada afectación (yo creo que el actor se dobla en sus diálogos). Todos parecen tomarse muy en serio su trabajo, pero ninguno logra que nosotros lo hagamos.

Lo dicho, Nikita es perfecta para la sobremesa, y si hay ropa que planchar y doblar, o platos acumulados en el fregadero, mejor que mejor. A veces es incluso aconsejable apartar la vista durante un rato y dejar que los protagonistas lleguen al punto de la historia al que nosotros ya hemos llegado 15 minutos antes. Ocurre de vez en cuando en un episodio de Nikita que los personajes consiguen salir de situaciones imposibles gracias a un golpe de suerte o simplemente porque ellos son los únicos seres inteligentes del planeta (sí, incluyendo a la audiencia). No son más que síntomas de la falta de audacia de unos guionistas en pañales. Claro que debe darles igual. Porque saben que estamos “planchando”.

 

Uno de dos: los nuevos estrenos de CW

Como viene siendo habitual desde hace unos años, The CW es la cadena más aplicada de la televisión norteamericana, inaugurando la temporada otoñal antes que ninguna otra. A sus regresos más esperados -la segunda temporada de The Vampire Diaries comenzó la semana pasada y esta noche vuelve Gossip Girl-, se suman dos estrenos: Nikita y Hellcats, que vienen a ocupar los pocos huecos libres en su programación. La cadena especializada en productos adolescentes no arriesga, manteniendo en su parrilla las series que ya son valor seguro y apostando por dos nuevas series que no tienen absolutamente nada nuevo que ofrecer. Sin embargo, tras ver los pilotos de ambas, he decidido seguir viendo una y ahorrarme el sufrimiento que me supondría ver la otra -no abandoné Gossip Girl para seguir perdiendo el tiempo con productos aún más deplorables-. Veamos cuál es cuál, y las razones de mi decisión.

Nikita

La nueva serie de acción de la CW está planteada como un spin-off o secuela de la película original de Luc Besson, Nikita, dura de matar (La Femme Nikita, 1990), su remake norteamericano La asesina (Point of No Return, 1993) y la serie canadiense protagonizada por Peta Wilson, Nikita (La Femme Nikita, 1997-2001), sin embargo, no bebe directamente de estos títulos, algo que lejos de resultar paradójico, es completamente lógico y esperable. Más allá del argumento principal, es necesario buscar sus referentes inmediatos en la televisión norteamericana de los últimos años, y esto nos lleva directamente a la excelente serie de espías de J.J. Abrams, Alias, y al reciente trabajo frustrado de Joss Whedon, Dollhouse.

Queda patente desde los primeros minutos de Nikita que no estamos ante otra serie de adolescentes de la CW, o al menos esa parece ser la intención. La protagonista, una eficiente pero no sobresaliente Maggie Q, confiesa tener 27 años, lo que la convierte en carne de geriátrico según los cánones de la cadena. Suple esta ‘deficiencia’ un reparto de secundarios adolescentes, convenientemente bellos y multiétnicos -además de pésimos intérpretes-, que hacen que la serie se integre más fácilmente en la línea editorial de la cadena -algo completamente necesario teniendo en cuenta el perfil de la audiencia de la CW-. Para atraer a un sector más adulto, tenemos a los miembros de la organización secreta Division. Aunque ya desde el principio sabemos que ni Birkhoff es Marshall Flinkman o Topher Brink, ni Percy es Arvin Sloan o Adelle DeWitt. La falta de carisma de todos los personajes puede jugar muy en contra de la serie. Esperemos que la presencia de Melinda ‘Julie Cooper’ Clarke sirva para algo.

Como hemos dicho, Nikita es una mezcla exacta entre Alias y Dollhouse -lo que no quiere decir que estas sean dos obras que inventen un género, por supuesto-. De la primera toma el estilo y la puesta en escena -algunas secuencias remiten inconfundiblemente al piloto de la serie de Abrams-. A la serie de Whedon nos recuerda la idea de la construcción y deconstrucción de la identidad, la protagonista que se rebela contra la organización que la creó -a Nikita se la llega a llamar “ghost” en este episodio- y por supuesto, el girl power -las chicas salvarán el mundo-. No sabemos si es precisamente por manejar un material que ya ha sido probado eficiente, pero el piloto de Nikita, a pesar de no innovar en ningún sentido, presenta una historia sólida y bien estructurada que dispone eficientemente todos los elementos, y lo más importante, logra enganchar y divertir. El problema de este tipo de productos es encontrar el tono adecuando. Y por desgracia, Nikita falla en este departamento. Si la serie no se tomara tan en serio a sí misma, estaríamos ante un producto sobresaliente, y no uno que roza lo camp peligrosamente. Para averiguar si se sacará provecho del potencial de la historia y los personajes, me quedaré al menos un par de episodios más.

Hellcats

El reverso de la moneda de los nuevos estrenos de la CW es Hellcats. Esta serie se ajusta con mayor facilidad a la imagen de la cadena, con una otra historia sobre animadoras que no son lo que parecen… Ya desde los primeros segundos del piloto, Hellcats está condenada a la mediocridad más absoluta: un montaje epiléptico con imágenes de la ciudad de Memphis, banda sonora indie-rock y la voz en off de la protagonista mientras la vemos recorrer la ciudad en bici. Marti Perkins se lleva al premio al personaje más odioso de la temporada con solo un par de segundos en pantalla. Lo que viene después no hace sino confirmar los presentimientos. Hellcats es un infierno.

La historia de Marti Perkins está cimentada en los clichés más gastados del género. Una joven universitaria que detesta a las animadoras acaba, por caprichos del destino, con unos pompones en la mano para poder conservar su beca y seguir estudiando derecho. Marti tiene un mejor amigo -no es gay-, Dan, que teme que las animadoras absorban la personalidad de su amiga y esta acabe olvidándose de quién es. Por supuesto, Marti logra entrar en el equipo, gracias a su espíritu libre y antisistema, y a sus “innovadoras” coreografías -viendo esa escena, he vomitado un poco-. Los nuevos compañeros de Marti también se ajustan al manual del género: la mala que resulta ser buena y se hace amiga de la protagonista -una Ashley Tisdale que interpreta a Sharpay Evans si de verdad se hubiera reformado al final de cada High School Musical-, la zorra implacable que teme ser reemplazada y el chico atlético que se interesa por la protagonista.

Claramente influenciada por Glee, -he buscado algún tipo de parentesco entre Kevin y Ryan Murphy, pero no lo he encontrado-, Hellcats busca el beneplácito de la audiencia a través de espectaculares coreografías deportivas que hacen las veces de números musicales, así como con el factor competición, que además involucrará a los profesores y entrenadores -vacuos y aburridos, como no podía ser de otra manera- en la lucha por la supervivencia de los Hellcats. Sin embargo, nada de esto servirá para sobrellevar el tedio que supone asistir al predecible y torpe desarrollo de esta historia, agotada desde el primer acto. Sí, lo habéis adivinado, Hellcats no estará en mi calendario de series 2010-2011.

Solo una cosa más: ¿a quién se le ocurrió hacer esas transiciones entre escenas con los animadores haciendo piruetas? Sea quien sea, debe ser sacrificado.