El arte de poner títulos

Dime el título del episodio y te diré qué tipo de serie ves. Hay muchas maneras de hallar creatividad en una ficción televisiva. Una de ellas es sin duda la fórmula que las series usan para dar título a sus episodios. Como comprobaremos, hay casi tantas maneras de titular un capítulo como series. La repetición es una de las técnicas más recurrentes, pero las variaciones son infinitas. En algunos casos, establecer una regla para poner títulos puede resultar un auténtico desafío a largo plazo, sobre todo si la serie en cuestión se mantiene muchas temporadas en antena: las ideas se acaban no solo para escribir los argumentos, sino también para poner los títulos. En otros casos, los títulos serán tan descriptivos que no indicarán ningún grado de creatividad, por lo que no podemos asumir que estos son reflejo de lo que nos vamos a encontrar en la serie. En resumen, el esfuerzo a la hora de dar título a los episodios no tiene por qué ser reflejo de la originalidad de una serie, sino que más bien es un curioso aspecto de la maquina publicitaria de la televisión, y en muchos casos, un buen pasatiempo para los guionistas y productores de las series. Incluso para nosotros. No lo voy a negar, a mí me encanta poner títulos a todo. Además, analizar el título de un episodio antes de verlo puede dar mucho juego entre los espectadores. Repasemos algunas de las fórmulas más conocidas y destacables:

Episodios sin título

No sabemos si es por pereza o con la intención de potenciar la cualidad altamente serial de algunas ficciones, pero muchas series no tienen título oficial para sus episodios, por lo que para identificarlos hay que recurrir a su número de producción o emisión. Esto hace que sea más difícil ubicar los episodios. Sin embargo, cuando uno destaca por encima de los demás no importa que no haya título, lo recordaremos sin problemas por su número. Es lo que ocurre con Queer as Folk. Probablemente nadie podrá decirme, sin mirar una guía, de qué va el episodio 3×05, pero todos sabrán de qué estoy hablando si digo “1×22”, y sobre todo, “5×10”. Más recientemente, Episodes, la serie de Matt LeBlanc ha decidido numerar, pero no titular sus capítulos.

Una palabra (como mucho dos)

Smallville es una de las series que vienen a la mente cuando pensamos en títulos de una sola palabra. La ficción sobre el joven Superman nos ayuda a identificar los episodios o bien con palabras sencillas (“Cool”, “Hug”, “Crush”, “Unsafe”, “Bound”), con palabras un poco más rebuscadas, que suenan ciertamente exóticas para los anglosajones (sufijos, prefijos y palabras de origen griego y latino como “Veritas”, “Hydro”, “Metallo”) o nombres propios (“Ryan”, “Zod”, “Lara”). Solo el episodio especial “Absolute Justice” tiene dos palabras en su título. House no sigue una fórmula férrea, pero la mayoría de sus títulos suelen estar formados por una palabra, o muy al estilo Tarantino, con dos (“Sex Kills”, “Skin Deep”, “Lucky Thirteen”, “Simple Explanation”, “House Divided”). En la primera temporada de The Good Wife también se usaba una sola palabra para los títulos de sus episodios (“Stripped”, “Unorthodox”). Nada raro hasta ahí. Si embargo, los capítulos de la segunda están formados por dos palabras (“Double Jeopardy”, “Silly Season”). Y los de la tercera, actualmente en emisión, por tres (“The Death Zone”, “Feeding the Rat”). Miedo nos da que la serie llegue a durar tanto como Urgencias.

Títulos crípticos

La reina de los títulos bizarros y en ocasiones indescifrables es el clásico Expediente X ( “Kitsunegari”, “Herrenvolk”, “Gethsemane”). Además, la serie de Chris Carter es quizás la que más rechaza por sistema la traducción de sus títulos, sobre todo porque el porcentaje de idiomas distintos al inglés utilizado es muy alto: “Sein und Zeit”, “Agua Mala”, “Je Souhaite”, “El Mundo Gira”, “Folie à Deux”. Sin embargo, aunque no lo parezca a primera vista, todos los títulos de Expediente X hacen referencia directa a la historia que cuenta el episodio en cuestión.

Por otro lado, Perdidos, a pesar de no jugar al título más raro como Expediente X, es conocida por esconder mensajes y autorreferencias, para lo que recurre en muchas ocasiones a frases o palabras repetidas a lo largo de la serie, haciendo así hincapié en la importancia capital de la continuidad: “Live Together, Die Alone”, “Man of Science, Man of Faith”, “Whatever Happened, Happened”, “What Kate Does”. Perdidos también es experta en inventarse títulos que no adquieren significado hasta que ha terminado el episodio (“Lockdown”, “The Man from Tallahassee”).

Conjunciones, artículos, preposiciones y demás

Una de las fórmulas más recurrentes es la de enlazar el título de la serie con el del episodio, de manera que cada capítulo incluya directa o indirectamente el título de la serie. En otras ocasiones, el título del episodio comenzará con una preposición, un artículo, una conjunción, o bien combinaciones gramaticales variadas. Veamos los ejemplos más conocidos.

Friends es indudablemente una de las series que más hondo han calado en nuestra cultura, y no solo por sus personajes y argumentos, sino también por la forma de titular sus episodios, siempre empezando con la expresión ‘The One’. Los capítulos de Friends son fácilmente reconocibles con tan solo echar un vistazo a sus altamente descriptivos títulos (“The One With the Sonogram”, “The One Where No One’s Ready”, “The One Where Everybody Finds Out”).

Todos los episodios de Scrubs comienzan con el posesivo ‘my’ (“My Bad”, “My Karma”, “My Super Ego”), permitiendo diferenciar los episodios especiales en los que la focalización varía, con el uso de otros pronombres (“His Story”, “Their Story”). Las misiones de Chuck se catalogan con el nombre del protagonista junto a la preposición’versus’ (“Chuck Versus the Intersect”, “Chuck Versus the Marlin”, “Chuck Versus the Suburbs”). Muchas otras series recurren sencillamente al artículo ‘the’ para todos sus episodios, por ejemplo The O.C. (“The Model Home”, “The Girlfriend”, “The End’s Not near, It’s Here”). Más recientemente, 2 Broke Girls usa la conjunción ‘and’ para complementar cada semana el título de la serie, sin el que los títulos aislados no tendrían sentido (“And the Rich People Problems”, “And the 90s Horse Party”). Por supuesto, ya lo habíamos visto antes. Por ejemplo en la comedia de Lea Thompson Los líos de Caroline, en la que, como ocurre con Chuck, sí se incluía en nombre de la protagonista en todos los capítulos (“Caroline and the Condom”, “Caroline and El Niño”).

Títulos musicales

La ABC tiene dos series en antena que comenzaron el mismo año (2004), y cuyos episodios se titulan como canciones o versos de canciones. En el caso de Mujeres desesperadas, todos los capítulos hacen referencia a algún musical. Más concretamente, casi todos provienen de alguna pieza compuesta por Stephen Sondheim (“Ah, But Underneath”, “The Ladies Who Lunch”, “Running to Stand Still”). Por otra parte, Anatomía de Grey utiliza canciones de género pop/rock, la mayoría muy conocidas (“Kung Fu Fighting”, “Sympathy for the Devil”, “I Will Survive”).

Nombres propios

Los episodios centrados en un solo personaje de un amplio cast de protagonistas son muy habituales desde que Perdidos lo convirtió en tendencia en la ficción televisiva de principios de siglo. Cada capítulo de la británica Skins se titula como el personaje en el que se centra (“Tony”, “Jal”, “Alo”, “Franky”), utilizando “Everyone” para las season finales en las que todas las historias convergen. Por otro lado, In Treatment nos permite asistir a las sesiones semanales de psicoterapia de un número de pacientes. Estos dan nombre a cada episodio, que además nos indica en qué semana de la terapia nos encontramos (“Sophie – Week Eight”, “Walter – Week Three”, “Frances – Week Six”).

Títulos POP

Hay series que ponen tanto esfuerzo en sus argumentos como en las obligadas referencias a la cultura popular que caracterizan a algunos géneros. La cadena CW parece haberse especializado en este tipo de ficción, apuntando con sus series adolescentes al target que más agradece los juegos de palabras en los que descubrir títulos de películas o frases hechas y expresiones de rabiosa actualidad (en muchas ocasiones vinculadas a fenómenos efímeros de origen en Internet). Los títulos de Gossip Girl juguetean con clásicos del cine cada semana: “Seventeen Candles”, “Desperately Seeking Serena”, “Southern Gentlemen Prefer Blondes”, “Petty in Pink”). Sin embargo, las que son posiblemente las mejores series estrenadas en esa cadena (cuando era UPN), Las chicas GilmoreVeronica Mars, abrieron la veda: “The Deer Hunters”, “Foregiveness and Stuff” o “Emily In Wonderland” son algunos títulos de la primera. “Ruskie Business”, “Mars vs. Mars”, “Leave It to Beaver”, “Cheatty Cheatty Bang Bang” lo son de la segunda. Aunque la tendencia actual sea hacer referencia a clásicos (o no tan clásicos) del cine y la música, los juegos de palabras (pop o no) en los títulos de las series siempre fueron muy habituales. Sexo en Nueva York, por ejemplo, tomaba refranes, frases populares o expresiones hechas y les daba el toque picante que definía a la serie (“No Ifs, Ands, or Butts”, “What’s Sex Got to Do With It?”, “Great Sexpectations”).

Los diálogos aportan el título

Una de mis técnicas favoritas es la que consiste en extraer una frase de algún diálogo para formar el título del episodio. Me proporciona una curiosa satisfacción llegar a ese momento en el que descubres quién es el personaje que pronuncia esa frase, en qué contexto ocurre y a quién se dirige. Damages utiliza esta fórmula, y gracias a la constante tensión que desprenden los diálogos de la serie, sus títulos son especialmente potentes (“And My Paralyzing Fear of Death”, “Do You Regret What We Did?”, “They Had to Tweeze That Out of My Kidney”). Uno de los nuevos estrenos de la temporada, Ringer, también sigue este patrón (“If You Ever Want a French Lesson”, “It’s Gonna Kill Me, But I’ll Do It”, “A Whole New Kind of Bitch”). No solo es divertido escuchar la frase durante el episodio, sino que aumenta considerablemente la expectación antes de verlo.

Otras tendencias

Como decíamos al comienzo de la entrada, el número de posibilidades a la hora de dar título a los episodios es infinito. La originalidad de la propuesta es en muchas ocasiones directamente proporcional a la singularidad de los títulos. Por ejemplo, la revolucionaria 24, narrada a tiempo real en temporadas de 24 episodios que cubren un día completo, organiza sus temporadas haciendo corresponder cada hora completa con un episodio. Sin embargo, no todas las temporadas comienzan a la misma hora, por lo que todo puede resultar muy confuso (por ejemplo, el episodio titulado “Day 2: 10:00 P.M. – 11:00 P.M.” sería el 2×15, pero “Day 4: 10:00 P.M. – 11:00 P.M.” sería el 4×16). La protagonista de Wonderfalls trabaja en una tienda de souvenirs de las cataratas del Niágara. Su vida cambia cuando los objetos inanimados se empiezan a comunicar con ella. Cada episodio se centra en uno de esos objetos, dándole además título (“Pink Flamingos”, “Lying Pig”, “Totem Mole”). En The Big Bang Theory, todos los capítulos tienen por nombre una teoría, un experimento o un principio científico con el que se relaciona la trama (“The Dumpling Paradox”, “The Friendship Algorithm”, “The Bozeman Reaction”). Por último, los 70 episodios de la serie de Showtime The L Word comienzan con la letra ‘L’ (“L’Ennui”, “Limb from Limb”, “Lobsters”), sin excepción.

Finale Week: Prólogo (Lost)

Ha pasado una semana desde que Perdidos nos despojó a todos de la capacidad de hablar de otra cosa que no fuera el polémico final de la serie. Una semana en la que han quedado muy claras las posturas que han dividido a sus fans. En los últimos artículos que he leído se tiende a simplificar el asunto con una clara dualidad: la perspectiva de los que veían la serie por los misterios y la historia de la isla y la de los que la veían por los personajes. Según la mayoría de críticos, bloggers y fans, si formas parte del primer grupo, el final de la serie te pareció una estafa con toda seguridad. Si por el contrario formas parte del segundo, el último episodio te habrá dejado más que satisfecho. Lo cierto es que esta idea no parece muy equivocada a tenor de las reacciones generales de los fans. Sin embargo, una semana después, y tras un segundo visionado, mantengo mi postura -incluyendo nuevos matices- con respecto a “The End“, y por ello me resulta imposible identificarme con ninguno de los dos grupos.

Se podría decir que yo veía Perdidos principalmente por los personajes -incluso se podría decir que la veía solo por Jack-, pero también por la absorbente historia de la que eran protagonistas, por los continuos juegos propuestos por los guionistas, por el placer de disfrutar de unos guiones ejemplares y la pura diversión que -salvo excepciones- esta serie me ofrecía semana a semana. Y por qué no, debo admitir que veía y disfrutaba la serie porque es sencillamente una de las más importantes -o la que más- de la década, la que más repercusión mediática ha tenido -sobre todo en Internet-, la que ha modificado completamente la manera de construir las series a lo largo de las temporadas y los hábitos en la audiencia. Perdidos es mucho más que una serie de éxito. Es un hito mediático, la piedra de toque de la Tercera Edad Dorada de la televisión. Es por ello que lo que yo básicamente demandaba del final era que despidiera la serie de la misma manera que había transcurrido: con inteligencia y audacia. Por desgracia, como ya sabéis, lo que me encontré fue un final desinspirado y torpe. Estoy harto de tener que leer que a los que no nos gustó el final es porque a) no lo entendimos b) veíamos la serie por el motivo equivocado. En mi caso, ninguna de las opciones es acertada.

Pero sería injusto continuar con la crítica negativa del episodio -sobre todo porque estaría repitiendo review-, por lo que debo reconocer que con el segundo visionado del episodio -con minutos ‘perdidos’ incluidos y en la intimidad más adecuada- “The End” revela un par de aciertos y una nueva perspectiva con respecto a la secuencia final que me acerca peligrosamente al grupo de “personas que veían la serie por los personajes y por eso les gustó el final”. Pero no nos alarmemos innecesariamente. “The End” me sigue pareciendo un fracaso en toda regla.

Lo mejor de “The End” son sus secuencias inicial y final. Los primeros minutos del episodio nos muestran a los principales personajes en las dos realidades. Un hábil montaje de planos breves llenos de emoción contenida, miradas repletas de palabras ahogadas y paz necesaria, una elocuente manera de presentarnos el desenlace de nuestros personajes después de seis años de grandilocuencia y complejidad narrativa. Todo acompañado de una variación de la pieza musical más reconocible de la serie. Precioso. Lo que viene a continuación es… nada. Eso es, una nada muy grande que ya analicé aquí. Para mí, el episodio vuelve a transcurrir entre la indiferencia más desapasionada, la indignación ante la falta de calidad y el enfado por la ausencia de esfuerzo alguno por parte de los guionistas. Al menos hasta que llegamos con Jack a la iglesia y nos encontramos con su padre. Es entonces cuando el episodio toma un cariz que en un primer visionado no logré apreciar. Las palabras de Christian Shephard clausuran la historia de estos personajes que tras vivir las experiencias que definirían sus vidas, se reunen en un lugar creado por ellos más allá de la muerte. He sido capaz de restar importancia a la simplona idea de los conceptos religiosos del purgatorio y el cielo como desenlace narrativo -de la sexta temporada, no de la serie, atención- y disfrutar de lo que pretende transmitir al fin y al cabo: la importancia que estos personajes han ejercido mutuamente en sus vidas -aunque nadie se cree lo de Sayid y Shannon. No es que no entendiese el final a la primera -estar en ese ‘saco’ con la señorita de gafas de Cuatro sería tan horrible-, sino que el impacto provocado por el momento de inflexión que nos llevó al desenlace me impidió ser capaz de sentir cualquier emoción que no fuera indignación. Debo reconocer que la segunda vez que vi a los personajes reunirse en la iglesia, sentí una congoja absoluta.

Si hace unos años nos hubieran dicho que la conclusión de Perdidos hablaría de la importancia que tienen las personas que conocemos a lo largo de nuestra vida, y cómo algunas permanecerán con nosotros para siempre, nos habríamos reído de ellos y le habríamos dicho “perdona, ¿y entonces qué tiene que ver el oso polar con todo eso?” Pero así es. Lo que en un principio me hizo montar en cólera ahora me parece una bonita idea, a pesar de su aleatoriedad. Y sin embargo, esto supone solo un pequeño consuelo. Al final, “The End” no me ofreció lo que yo quería. Me he quejado incesantemente de las continuas exigencias de los espectadores a los guionistas, y no me he dado cuenta de que yo les demandaba algo que ha resultado ser mucho más difícil de dar de lo que parecía: calidad.

Con esta entrada inauguro la Finale Week. Como imaginaréis, a lo largo de estos días comentaré los finales de temporada de las series que sigo al día, porque aunque parezca mentira, hay otras series que merecen algo de atención estos días. En concreto, hay un final de temporada que eclipsa por completo al final de Perdidos, uno que a pesar de no haber desatado tantos comentarios por mi parte, resuena con más fuerza que Lost en mi cabeza. Para saberlo, visitad ‘El Fuerte’ a menudo esta semana. Gracias por leer 🙂

Perdidos, "The End" (6.17-18)

Tengo que tragarme tantas palabras, que si lo hago, estallaré tan fuertemente que nos veremos todos pronto en misa. La esperanza por disfrutar un gran episodio final de Perdidos era infinita. Algunos me llamaban iluso -creo que yo el primero-, pero yo sabía, en el fondo, que no era fe ciega, no era ilusión, era una certeza fundada en mi valoración de la serie a lo largo de las temporadas y en el extraordinario trabajo de los guionistas según mi parecer. Estaba seguro de que el final de Perdidos iba a ser, como mínimo, un buen episodio, y como máximo, una montaña rusa de emociones. Al final, ni una cosa ni la otra. Más bien un mojón muy, muy grande y oloroso que entró a formar parte de la historia de la televisión seis años antes de rodarse y que está dando que hablar tanto o más de lo que esperábamos -después de que el ojo de Jack se cerrase, un minuto han tardado en aparecer los fotomontajes, los chistes, los grupos de Facebook.

Y no estoy hablando de los hechos concretos que concluyen la historia, el concepto, el discurso. No voy a decir cosas como “seis años para esto” o “nos han estado tomando el pelo”. Aunque me cuesta. No lo haré por principios, porque llevo un año poniendo a caer de un burro a los que lo dicen una y otra vez, y porque en el fondo, por muy decepcionante que haya sido el final para mí, la serie está muy lejos de ser una tomadura de pelo. Es más, ahora que han pasado unas horas y estoy más calmado, puedo adoptar una perspectiva más objetiva y echando la vista atrás, no puedo más que quitarme el sombrero ante la serie que ha definido -y probablemente ha abierto y cerrado- la tercera edad dorada de la televisión. La televisión fue algo extraordinario mientras Perdidos duró. Y eso no nos lo quita nadie, ni nada. Ni siquiera un final tan horroroso.

Y yo no necesitaba respuestas, necesitaba un buen episodio. No voy a entrar en detalles. No puedo. Quizás cuando realice un segundo visionado y saque más ideas en claro -si es que las hay, porque me da la sensación de que no- puede que haga una review en condiciones. Aunque lo dudo. “The End” ha sido simplemente un episodio vacío, falto de emoción -o saturado de intentos inútiles por provocarla-, con una tensión horriblemente mal manejada, y en definitiva, un guión que parecía escrito por principiantes, o un fan fiction. “The End” es un episodio de acción en el peor sentido de la palabra. Una sucesión de escenas en las que los personajes corren mientras la isla se resquebraja, enlazada con un puñado de escenas idénticas de reencuentros y recuerdos en la realidad alternativa -yo la voy a seguir llamando así, me niego a llamarla… lo que sea. Diálogos faltos de profundidad, de cariño, de inteligencia. Resoluciones perezosas y cierres insípidos de personajes. Ni una lágrima. Y una conclusión para llevarse las manos a la cabeza. Ni siquiera Jack ha salvado la situación para mí. Perdidos acaba rompiéndome el corazón. Pero siempre hay momento para una segunda oportunidad.

Perdidos, "What They Died For" (6.16)

Jacob: I didn’t pluck any of you out of a happy existence. You were all flawed. I chose you because you were like me. You were all alone. You were all looking for something that you couldn’t find out there. I chose you because you needed this place as much as it needed you.

En esta recta final de Perdidos se las están arreglando para contentar tanto a los fagocitadores de Lost (gracias, Bertoff) ansiosos por obtener respuestas, como a los que vemos la serie principalmente por sus personajes y sus tramas -o al menos, lo está intentando, como hemos visto muchas veces, las quejas son inevitables. En este sentido, “What They Died For” es de nuevo una perfecta combinación de acción, desarrollo de personajes y cabos atados -o atándose-, además de ser el episodio de transición por excelencia, el que nos catapulta hacia el final casi sin darnos cuenta -se me hizo cortísimo. Los hay que dicen que se está cerrando todo muy apresuradamente y parece forzado. La verdad es que no hay serie que se libre de este tipo de valoraciones en sus episodios finales, y la naturaleza de Perdidos la sitúa como firme candidata para recibir todas las críticas de este tipo. Discernir si se trata de verdad de un final precipitado es a veces difícil, pero por experiencia, puedo decir que probablemente se trate del síndrome ‘necesito más episodios para vivir’. En algún momento hay que parar, y con el horizonte señalado desde hace tres años, debería ser más fácil asumir que este es el fin, y entender que la precipitación de los acontecimientos es quizás una ilusión provocada por el deseo de que Perdidos no acabe.

La escena clave para asumir que esto es el final es la entrevista de trabajo ante el fuego de Jacob a Jack, Sawyer, Kate y Hurley. Jacob -ya desprovisto de las ambigüedades que le convertían en un personaje altamente ambivalente- expone de manera explícita y sin rodeos cuál es el problema y cómo solucionarlo, además de resumir en un par de frases la esencia de los personajes de la serie. No es que el espectador no supiera nada de lo que les dice Jacob a los candidatos, pero el hecho de que estos, por fin, sepan de qué va la cosa, aporta la dosis de clausura necesaria antes de “The End”. Jack, como no podía ser de otra manera, acepta el puesto -para el alivio de Hurley, que se pregunta, como nosotros, qué habría pasado si nadie lo hubiera hecho- y bebiendo el agua que le ofrece Jacob, sella el destino que lleva asumiento desde el final de la tercera temporada, con la diferencia de que entonces Jack quería volver a la isla porque la necesitaba, y ahora está convencido de que la isla lo necesita a él -Jacob cree que una cosa no quita la otra.

Después del episodio anterior -que a pesar de las críticas resulta ser la perfecta antesala para “What They Died For”-, la ausencia de los losties se ve compensada por un episodio cargado de acontecimientos en los que todos y cada uno de ellos están involucrados. En la isla, mientras un grupo charla pacíficamente con Jacob, otro se enfrenta al Humo Negro y a Charles Widmore y Tina Fey en horas bajas. Richard vuela. Ben dice un puñado de one-liners (“Can I get you a glass of lemonade?”), y mata a Charles después de que No-Locke le amenace con matar a Penny -“He doesn’t get to save his daughter”, le dice Ben. Y Miles. ¿Miles por qué no está muerto?

En la realidad alternativa, Desmond, ese loco genial, reúne a los losties para llevárselos a un concierto. A la espera de volver a ver a Juliet -que no puede no ser la madre del hijo de Jack, pero quién sabe-, “What They Died For” nos ofrece los penúltimos lostie-cameos. Si al principio de la temporada, las apariciones de los losties en los sideflashes acabaron por saturarme, en esta recta final me están llegando a emocionar como pensé que no lo harían. Ver a Ana Lucía no es tan emocionante como ver a Danielle Rousseau -que está mucho más fea limpia-, pero contribuye a la enorme sensación de ciclo completo que me hace un nudo en el estómago continuamente. Rousseau aparece para dar cierre a Ben en la realidad alternativa y otorgarle su merecida felicidad -pobrecito, en este episodio también le dan una paliza- devolviéndole lo que perdió en la isla, a su hija -a Ben se le saltan las lágrimas, y a mí también. Cuando Juliet aparezca en plano -seguramente después de estar de espaldas un rato- prometo aplaudir. Por otra parte, John decide, en otra emotiva escena -de nuevo estupendo Terry O’Quinn-, que quiere que Action-Hero-Jack lo saque de la silla de ruedas. Todo en la realidad alternativa está dispuesto para el gran final, el encuentro en el auditorio. ¿Lo volará Desmond por los aires?

Y No-Locke revela su plan definitivo: destruir la isla -seguramente con la información secreta de Widmore y con Desmond como arma de destrucción masiva. No hay final de serie fantástica que se precie sin la destrucción absoluta del lugar que ha sido hasta ahora testigo y protagonista de la historia. Y a mí me parece una buena idea. Perdidos se acaba. ¿Qué importa ya si todo explota?

La voz del pueblo (aka "Otra no-review del 6.15 de Lost")

La verdadera madre de Jacob y el Hombre de Negro mira hacia arriba
y comienza a hablar en inglés. ¿Intervención divina?

Siguiendo con mi negativa a analizar el capítulo -ya no sé si es pereza o cobardía, pero intuyo que es una mezcla de ambas-, se me ha ocurrido compartir con vosotros algunas de las opiniones más interesantes vertidas en los comentarios de la entrada sobre “Across the Sea”, para ampliar las posilidades de que leáis las interesantes opiniones de los fans de Perdidos que siguen este blog (que serán casi todos los que lean esta entrada, claro). Sí chicos, claramente voy a explotar vuestros trabajos de análisis del episodio y de la serie para elaborar la review que no he escrito.

 

Sobre “Across the Sea” y su relevancia dentro de la serie

“Es un capítulo que narrativamente no ofrece nada nuevo, y que solo da respuestas innecesarias (que lo son, casi todas), y sospecho que está hecho desde la rabia hacia los fans: ¿no queríais respuestas?, tomad, respuestas, y 42 minutos que si no existieran, no pasaría nada (…) Me parece el capítulo más aislado e independiente de Lost, y que serviría, por ejemplo, como piloto para un spin-off.” (Pocoyó)”A estas alturas creo que, personalmente, no necesito más respuestas que las que ya de por sí me dé el final de la serie” (Bertoff)

Zac Efron. O cómo la curiosidad mató a la ciencia.

“En el primer visionado me dejó más helado que en el segundo; Supongo que es por el impacto inicial de no recibir ningún impacto, de ver que las supuestas respuestas anunciadas no eran respuestas como tales o de caer en la cuenta de algo que ya sabíamos (el final no va a gustar a la mayoría y las preguntas que queden serán objeto de debate para mantener la llama de la serie y vender merchandising aprovechándose de ello, de paso) (…) Hay gente que se queja del NO nombre del hermano de Jacob. Esto es muy quejarse porque sí”. (Devilniced)

“A mí me ha gustado, me parece que esta explicación del origen de Jacob/Nemesis viene genial para desmitificar a los personajes. Si Lost al completo es la historia de cómo Jacob le pasa el relevo a alguno de los losties del Oceanic 815, “Across the Sea” es la historia de cómo Jacob consigue su trabajo. Todo sea por completar la línea temporal de los personajes de la serie, no olvidemos que Jacob y ‘el otro’ tambien forman parte del elenco”. (Taru)

Lost debería ser entretenida, es lo que le pido siempre, que no me aburra. Y esta vez no lo ha conseguido”. (Pocoyó)


¿Era realmente necesario?

“Pues a mí el flashback me parece bastante importante: mi abuela ve esta serie en VOS… os aseguro que mi abuela no se acuerda del momento en el que encontraron los cuerpos. También es verdad que mi abuela no es el target principal de Perdidos, pero me parece un detalle para todos aquellos que no tienen una memoria audiovisual como la panda de fanáticos que sigue esta serie.
El caso es que el capítulo me parece muy a cuento. Y que sea el antepenúltimo me parece maravilloso. Todo el mundo lleva desde el principio de la serie queriendo saber qué es el humo negro: pues toma, la respuesta. Viene de ahí. Es la cara oscura de la moneda. La oscuridad de la luz, el mal del bien… que estaba sin forma y sin conciencia y al pasar un humano, pudo copiarlo para ser libre (libre hasta que se da cuenta de que no lo es) y toma como propias sus inquietudes. Me encanta que se expliquen tantos detalles de los objetos: el juego, las frases (“un día tendrás un juego y tú pondrás las normas”), la botella de vino… todo que parecía tener un papel importantísimo y son detalles de la vida de dos niños y una loca. No sé, me encanta. Me encanta por lo simple y sencillo. Que tienes que aceptar que en un lugar del planeta, existe una cueva en la que se condensa el bien y el mal del mundo. Vale. Yo lo acepto. Me encanta saber quién es Jacob, porqué cuida de la isla, quién es el humo negro y porqué actúa cómo actúa. Vamos, creo que son las principales incógnitas de la serie, en general. Os las responden y protestáis (un vosotros colectivo, no personificado en los comentarios concretos). Si yo fuese guionista de esta serie, me volvería sociópata”. (Jane)

“Mi mayor problema con este episodio es que ayer me quedaban 4 horas de tv para ver a mis losties y hoy sólo me quedan 3″. (Ricardo)

Sobre la serie, en general: el impacto en la audiencia, la experiencia de ver Lost

“En mi poca experiencia, nunca una serie me ha dado para debatir tanto y de tantas maneras, comerme el coco de una forma única, no parar de elaborar teorías, tener hasta fiebre por leer spoilers, verla y re-verla, rellenar horas de vacío con material creado por fans sobre ella sólo para no dejar fría su cama en los largos periodos de escased de la misma, etc…” (Devilniced)

Érase una vez… ¿el episodio más polémico de Lost?

Lost, como muchas de las series en antena ahora mismo, pero sobre todo Lost, está hecha para que el espectador tenga la sensación de ver algo más inteligente de lo que es. Está hecha para que el espectador se sienta más inteligente. Yo no sé en qué grado llego a estar de acuerdo con esta afirmación o no, pero sí creo que esa actividad mental desmesurada se encuentra más en los fans que en la serie (que tiene sus muchos puntos interesantes, pero en general es un producto de entretenimiento puro, y no de debate filosófico ni ejercicio de crítica ni análisis ni nada). Y también creo que otras series mucho menos vistas y comentadas doblan la inteligencia de los guiones de Lost, y tienen un nivel de reflexión y análisis mucho más alto. La diferencia es que esa reflexión y ese análisis conllevan esfuerzo, conocimiento y una vida interna, mientras que el ejercicio realizado con Lost suele ser el de rellenar los huecos, unir los puntos y ordenar y desordenar las secuencias, algo mucho más divertido y fácil que lo que otras series ofrecen, claro que sí. Que conste que no desprecio ese divertimento, y soy el primero que lo disfruta, pero prefiero ser consciente de que es eso, un entretenimiento”. (Pocoyó)

“Mientras que las reflexiones que haces con otros productos pueden llegar a ser más útiles e interesantes en el contexto de tu vida, Lost (exactamente igual que los crucigramas) no pasa de ser un divertimento, y un trabajo con unas conclusiones que no pasarán del entretenimiento de un rato. También es verdad que con los crucigramas uno mejora su vocabulario, y con Lost uno aprende mucho sobre varias técnicas de escritura de guión, que luego verá más claras al ver otros productos. Cosas buenas se pueden sacar de todo! ” (Pocoyó)

“Yo creo q Lost ha triunfado por saber encontrar el equilibrio perfecto entre entretinimiento y reflexión (de pacotilla, si se me permite)” (Ricardo)

El Hombre de Negro ve su futuro

Lost es una serie de pensar dirigida al gran público. Y hace que la gente piense y se esfuerce por teorizar y tener curiosidad y está construida con una narrativa exquisita, de detalles prolongados, de dudas que se resuelven casi sin darle mayor importancia, de retomar varias temporadas después algo que hace mucho que pasó. Y está hecha de forma que el gran público lo disfrute y entre en el juego. A día de hoy, toda persona que vea la tele sabe qué es Lost“. (Jane)

“Distingamos entre simple entretenimiento y lo que va más allá, lo que hace que nos planteemos cuestiones importantes, series con las que podemos aprender de verdad cosas, y cuestionarlas, sobre todo cuestionarnos lo que teníamos como cierto.
Lo cierto es que Lost a veces consigue entrar en ese terreno, y ahí está el debate entre la fe y la ciencia, y lo que es más importante, la conclusión a la que estamos llegando cada vez con más certeza (la fe es el camino, la ciencia está equivocada). Es un mensaje, que está ahí, y al que pocos dan importancia, porque están entreteniéndose, y sintiéndose muy inteligentes en muchos casos, buscando anagramas y recogiendo misterios sin resolver.
En definitiva, que esto ya no es ni un debate ni es ná, porque estamos todos de acuerdo, que Lost ofrece varias lecturas, y la mayoría de los fans se quedan en la más superficial, y quizá por esa visión más simple y amena Lost ha triunfado de este modo. ¿De qué estábamos hablando? (Pocoyó)

Jack no llora en “Across the Sea”. Pero plantea el debate más trascendental:
¿Jack oso o Jack depilado y a dieta?

Perdidos, "Across the Sea" (6.15)

“Cada pregunta que conteste llevará a otra pregunta”

Y es lo que hay. Lo que siempre ha sido. Y a pesar de que lo sabemos, seguimos quejándonos. Seguimos hablando de los guionistas de Perdidos como si fueran funcionarios al servicio de la audiencia, como si no fueran los absolutos demiurgos narrativos que son. Quedan dos capítulos, y aún hay mucha gente que piensa que Perdidos es como un libro de “Elige tu aventura”. A estas alturas, ya debería quedar claro que el control creativo de la serie está en sus guionistas, no en nosotros, y que, a pesar de que la audiencia ha sido muy importante para el desarrollo de la serie (y su lógico estiramiento a lo largo de los años), al final, los que tienen siempre la sartén por el mango son ellos. Si no te gustan las respuestas que te ofrecen, no quiere decir necesariamente que ellos no las hayan sabido dar, o que no tuvieran todo planeado desde el principio (Dios, no quiero volver a entrar en ese ridículo debate, como tampoco quiero discutir la dudosa decisión de poner ese flashback al final del episodio), es que estas son estas las respuestas que hay, las que ellos nos quieren dar. El problema es tuyo, no suyo. Nos lo llevan avisando (muy hábil y sutilmente) muchos capítulos: “colocamos un faro aquí porque nos viene bien, y articulamos la razón en palabras de Hurley; matamos a este personaje porque ya no nos sirve, y os lo decimos a través de Ben; y ahora os ofrecemos la historia que os desvelará el origen de Jacob y el Humo Negro y os avisamos de que va a desencadenar una nueva serie de preguntas”. Perdidos es más metalingüística que nunca. Pero por más que los guionistas se manifiestan como el poder narrativo absoluto de Perdidos, nosotros seguimos demandando lo que queremos y rellenando hojas de reclamaciones cuando algo no nos tiene contentos. Y es completamente lícito quejarse, pero antes deberíamos reflexionar un poco.

Esta semana no voy a hacer un análisis a fondo del capítulo -bueno, ¿lo hago alguna vez? Podría escribir aquí todas las nuevas preguntas que plantea la historia de Jacob y su hermano, pero me parece una estupidez -no va a haber un episodio como este, que nos dé las respuestas. Prefiero dejar “Across the Sea” tal y como está en mi mente, y saborear esta parábola del bien y del mal como un corderito amansado por Carlton Cuse y Damon Lindelof. Y para ello, me quedo con la idea de la fe por encima de la ciencia -aplicada a la ciencia ficción. Porque al final, la madre coraje de la isla mata a la ciencia y pone a la fe “al mando”, y con esto, Cuse y Lindelof nos están diciendo claramente que para respuestas científicas y lógicas matemáticas nos vayamos a Numb3rs. Yo estoy dispuesto a depositar en Perdidos toda la fe que me falta en el mundo real -y de hecho, llevo haciéndolo mucho tiempo. Es necesario que, como Jack, todos nos convirtamos en hombres de fe.

Perdidos, "The Candidate" (6.14)

La muerte os sienta tan bien

Poco podemos reflexionar tras un episodio como “TheCandidate“, donde la acción más pura recoge el testigo de la relativa calma y el enredo argumental de los anteriores. La segunda mitad del episodio es un [insertar expresión equivalente a tour de force, pero que esté menos trillada] en el que tememos por la vida de todos y cada uno de los personajes. Otra prueba más de que los guionistas nos tienen atrapados en sus redes. Una de las claves de su trabajo es el manejo astuto de las certezas del espectador, las que ellos mismos nos imprimen. Me explico. Con cada episodio, nos conducen hacia teorías sobre la isla, los personajes, sobre lo que está pasando, y nos hacen llegar a (ilusas) conclusiones que ellos mismos refutarán convenientemente uno, dos, o veinte episodios más tarde (sin restar coherencia al conjunto). Es el caso de los seis candidatos. No sé si soy el único, pero esos nombres en la cueva me transportaron a un lugar cómodo y seguro en el que yo sabía que ninguno de ellos iba a morir, al menos hasta el final. Pero me equivocaba. Precisamente porque es una de las pocas cosas que podemos tener seguras en Perdidos (porque ellos se encargan de convencernos), los guionistas juegan con más soltura que nunca la baza de la sorpresa y el golpe de efecto, que tan agotada ha llegado a estar en la serie. Cuatro muertes. Jin, Sun y Sayid, tres de los protagonistas desde el primer episodio (y tres candidatos), y Lapidus, uno de los secundarios-extras más simpáticos (que yo creía que los sobreviviría a todos). Nos han pillado con la guardia por los suelos, y ¡zas!

Y la culpa de todo la tiene No-Locke. Ahora ya no quiere reunir a todos para marcharse de la isla y dejar la botella abierta, sino que se los quiere cargar, porque según la teoría de Jack, no puede salir de la isla a menos que estén todos muertos. Yo, a estas alturas, confío en Jack, aunque no ostente el récord de aciertos en la isla. Sawyer, por desgracia, no. La escena del submarino, que ocupa el último cuarto de hora de “The Candidate” es una de las escenas más emocionantes de toda la serie. El manejo de la tensión es ejemplar, y a esto contribuye sin duda… ¡la bomba con cuenta atrás! (cómo me he acordado de Buffy, y de Alias, por supuesto). Con todos los personajes atrapados, apenas tres minutos para que la bomba explote, con Kate gravemente herida y sin tiempo para salir a la superficie, Jack vuelve a pedir un acto de fe. Pero Sawyer es un hombre de acción, y si antes no confiaba en Jack, ahora que es un Locke reencarnado, menos aún.

Menos mal que zombiSayid andaba por ahí. La muerte de Jarrah pasa sin pena ni gloria (es uno de los momentos más endebles técnicamente del episodio), a pesar de suponer varias cosas muy importantes para el personaje: como Reyes teorizaba, se puede salir del lado oscuro por voluntad propia, y Sayid lo hace en un acto de sacrificio redentor que debe bastar para hacer descansar en paz al ex torturador. Pero la muerte de Sayid se ve pronto eclipsada por todo lo que desencadena la explosión. Y sobre todo, por el momento ¿lo digo?… venga, el momento Titanic protagonizado por Jin y Sun. Cómo me equivocaba cuando dije en mi anterior review que después del ansiado reencuentro de los Kwon, lo que pasase después sería lo de menos. Muchos pensaron que el reencuentro del matrimonio se iba a ver frustrado por algún balazo de los de Widmore o por las vallas electrificadas. Parecía obvio que ese sería el golpe de efecto maestro del episodio, reunir a Jin y Sun para matarlos en la misma escena. Pues bien, aunque esto no ocurrió, la teoría no andaba desencaminada. Un episodio después, los dos mueren ahogados en el submarino. Aunque los veamos con toda seguridad en los sideflashes (y aunque nos quede la remota posibilidad de que alguien los salve en el ultimísimo momento), no es como una de tantas muertes que nos han insensibilizado a lo largo de la serie, sino que se siente definitiva, y por eso duele más. Más unidos que nunca (idea que viene a representar en cierta manera el idioma inglés, ya en común, lo que más los distanciaba en la isla antes de separarse), se dicen “I love you“, después de que Jin vuelva a prometer a Sun que no la dejará nunca más (esta vez en koreano), mientras suena la pieza musical más triste de la banda sonora de Perdidos. Y para rematar, uno de los planos más devastadores que recuerdo: solo la muerte será capaz de separar a los Kwon.

Por lo demás, Perdidos sigue completando ciclos. Lo vemos en las continuas regresiones a las primeras temporadas, y en los sideflashes, donde Jack comienza a deducir que algo raro ocurre (sin necesidad de amor, ni experiencia cercana a la muerte). El doctor Shephard crea lazos con su hermana Claire, y ambos se miran al espejo (Pocoyó tiene la teoría de que al final, tendrán que atravesar un espejo, y no me parece descabellada). Después, Jack trata de recomponer a un Locke destrozado (gran Terry O’Quinn, no me convencía así desde la primera temporada), intentando ilusamente convencerle para que siga su filosofía de vida, que ni él mismo entiende:

Jack: What happened, happened. And you can let it go.
John: What makes you think letting go is so easy?
Jack: It‘s not. In fact, I don’t really know how to do it myself. And that‘s why I was hoping that maybe you could go first.
John: Goodbye, doctor Shephard.

Y mientras Jack intenta salvar sin éxito a Locke en la realidad alternativa (mirad la descorazonadora sonrisa de ilusión y certeza después de darle el consejo a John), consigue salvar de la muerte a Sawyer en la isla (verás cuando se despierte y vea la que ha liado). Como veíamos en el capítulo anterior, el doctor sigue cumpliendo paso a paso el manual para convertirse en héroe. Y permitidme que una semana más haga referencia al tema, pero es que en “The Candidate“, Jack llora también, y además, llora mucho. Y lo que es mejor, no solo él llora. Se agradece una escena dedicada exclusivamente a mostrar el dolor de los personajes tras una muerte, algo que no se suele hacer (también es verdad que ni hay tiempo, ni todas las muertes conllevan una reacción de este tipo. Jin y Sun eran especiales, para nosotros, y para ellos). Lo más gracioso es que mientras Kate y Hurley lloran por la muerte de Jin y Sun (a Sayid que le den), Jack se retira a la orilla a sollozar como un niño sin que lo vean los demás (nosotros sí lo vemos, total, estamos muy acostumbrados a ver al héroe de la película lloriquear). Y a todo esto, con todas las emociones provocadas por los eventos del submarino, nadie se acuerda de la pobre Claire después de que Sawyer cerrase el submarino dejándola tirada (a él no le bastaba con intentarlo una vez). No puedo con lo mal que la están tratando. Niña, saca el hacha, que se enteren de quién es Crazy Claire.

Perdidos, "The Last Recruit" (6.13)

Jack los salvará a todos

El éxodo final da comienzo definitivamente en “TheLastRecruit“, episodio en el que tramas y personajes convergen adecuadamente para intensificar, aún más si cabe, la sensación de inminente final. ¿Quién no está contento con la temporada a estas alturas? Disipado el miedo de que la sexta podía no llevar a ninguna parte, y cada vez más seguros de que estamos presenciando un desenlace coherente con las cinco temporadas anteriores (en la medida de lo posible), nos unimos a los losties en su aventura definitiva, la que los sacará de la isla. Eso sí, seguimos sin tener claro quiénes son los buenos y quiénes son los malos. Todo lo que rodea a Jacob y el Humo Negro está salpicando la historia de una incertidumbre exasperante (y emocionante), que juega con nosotros como si fuéramos una pelota de pingpong. Pero así es Perdidos, ya lo sabéis, una de cal y otra de arena. Si no, no tendría gracia.

Esta semana, la trama del episodio combina, como es habitual, acción y desarrollo de personajes magistralmente. Es decir, otros cuarenta minutos que constituyen una lección sobre guión para televisión. Veamos cómo avanza la historia a través de los personajes, todos protagonistas absolutos de uno de esos episodios corales que tanto nos gustan. Y todos en proceso de cambio, como expone Jack: “Guess were all different now“.

Desmond aparca temporalmente su empleo como Cupido de la realidad alternativa para hacer directamente de Dios. En esta ocasión une a Claire y Jack tras una escena bastante perturbadora: Desmond acosa a Claire para que le acompañe a ver a su abogada (¡Ilana! ¿Veis? No les hacía falta en la isla, pero en los sideflashes sí), que la está buscando para reunirla con su hermano. Claire acepta ante la insistencia casi psicópata de un Desmond un poco asesino en serie (puede que sea solo yo, pero la escena me ha parecido enervante) y los hermanos se conocen (Jack casi llora). Es el destino, claro, para qué resistirse.

Crazy Claire es genial, no me cansaré de decirlo. Nunca sabes si va a abrazarte o a clavarte un cuchillo. Como Ben en su episodio de esta temporada (y un poco como Jack siempre), Claire es en “The Last Recruit” más niña que nunca. Ahora es una paria de escuela primaria, la apestada que se queda la última cuando hay que elegir equipos en Educación Física, la niña con piojos a la que sientan en un pupitre aparte y a la que todos hacen el vacío (hecho verídico). Sawyer quiere hacerle la guarrada de dejarla en la isla porque está loca. Sawyer malo. Menos mal que está Kate, que tiene una culpabilidad encima más grande que la de Sayid, y la invita a unirse a ellos en su huida hacia la isla Hydra.

Kate lo dice bien claro, volvió a la isla exclusivamente para reunir a Claire y su hijo, Aaron. Por desgracia para Kate, no se trataba de una misión simple (no contaba con Crazy Claire). Aunque por ahora, todo va bien. Claire perdona a Kate y acepta su invitación a salir de la isla. Claro que es un poco tarde para Kate, que desbanca a Jack como el personaje más perdido de Perdidos. Solo tiene claro que quiere salir de la isla con Claire. Por lo demás, Kate sigue sin saber qué quiere, quién es. Las calabazas de Sawyer al principio de la temporada la desorientaron por completo. El cambio de Kate aún está por llegar. Si es que llega.

Sawyer sí ha cambiado. Sin embargo, su cambio es una regresión al Sawyer que conocimos en la primera temporada, un hombre al que solo le importaba una cosa: él mismo. Bueno, vale, hay más, no es justo simplificarlo de esta manera. Está claro que sin Juliet, Sawyer no tiene motivos para seguir siendo LaFleur, así que lo lógico es que vuelva a ser el egoísta macarra de antaño,encarnación absoluta del Sálvese quien pueda (el inglés, Every man for himself, tiene más sentido aplicado a Sawyer).

Sayid tiene la misión de matar a Desmond, pero este, también un poco Dios, le convence de que no lo haga (usando como arma de defensa el amor, claro). Como Hurley dice en este episodio, es posible sacar a los zombis de No-Locke del lado oscuro. Desmond da el primer paso con Sayid. Al igual que Kate con Claire. Pero, ¿es esto bueno? La línea que separa el bien del mal en Perdidos es invisible. Vamos, que no hay línea.

Jin y Sun se encuentran al fin. Y aunque quizás la emotividad de la escena habría aumentado considerablemente de haber ocurrido en el último episodio (y de no tener a Tina Fey tendiéndoles una emboscada), no decepciona. Es una escena de reencuentro en la playa en toda regla. Ambos recorren lo que parece una distancia kilométrica para fundirse en un abrazo. La música pasa a primer plano y se dicen “te quiero”. Y entonces Sun le dice a Jin: “no he dejado nunca de buscarte”, y nosotros pensamos “¡es verdad, Jin, que yo lo he visto!” Sun recupera su capacidad para hablar inglés (el amor es lo que tiene) y ambos tienen su precioso final feliz. Lo que pase después, será lo de menos.

Jack tiene una importante conversación con el Humo Negro, que le explica que ahora que Jacob está muerto, pueden salir de la isla. Claire cree que Jack ha caído en las redes del Humo Negro, como ella y Sayid. Y yo, de la misma manera, creía que las acciones de Jack al final del episodio podían ser resultado de su conversión en zombi de No-Locke. En la misma conversación, el Humo Negro le revela que su padre muerto, a quien vio el tercer día en la isla, era en realidad él. Entonces, Jack llora (nosotros no, que ya lo sabíamos). Poco le ha durado a Jack el cambio del que hablaba en mi anterior review. Ha pasado de pasivo a activo en un abrir y cerrar de ojos. En la primera mitad del episodio, Jack sigue dejando que los demás decidan por él. Mientras No-Locke prepara la partida y Sawyer urde el plan para huir a la isla Hydra, Jack se sienta en un tronco y espera instrucciones. ¿No-Locke o Sawyer? James se le acerca primero y le pide ayuda. Jack se levanta como un niño obediente y se va con él. Al final del episodio, Jack ha vuelto a cambiar. No-Locke le había desvelado la clave: quizás salir de la isla sea un error, porque es precisamente lo que quiere No-Locke. De esta manera, Jack decide no seguir ni a No-Locke, ni a Sawyer, ni mucho menos al malvado de la función, Charles Widmore (porque este sí es malo, malo, ¿no?). Una vez recuperada su voluntad, decide seguirse a sí mismo (y al verdadero Locke) y salta del barco para regresar a la isla. A pesar de las dudas que nos pueda plantear su conversación con No-Locke, el doctor cambia de opinión por voluntad propia. Jack parece encaminado a convertirse en el héroe que ya se había resignado a ser. Pero, ¿nos podemos fiar de alguien en Perdidos? Yo estoy seguro de que, sea como sea, Jack Shephard los va a salvar a todos. Y después, llorará.

Perdidos, "Everybody Loves Hugo" (6.12)

Locura de amor

Es curioso ver cómo los últimos episodios de Perdidos han estado fuertemente relacionados, en parejas de consecutivos, oponiéndose a la fragmentación extrema a la que puede llegar la serie para contarnos su(s) historia(s). Sin duda, son los sideflashes los que están actualmente dotando a la serie de esta cohesión narrativa. Recordad cuando al principio todos nos preguntábamos hacia dónde nos llevaba esta realidad alternativa y si no era más que relleno para seguir estirando la trama. Pues bien, gracias a Desmond, nuestro casamentero macabro y pegamento oficial de Perdidos, todo está empezando a cobrar sentido. Algo por otra parte inevitable, teniendo en cuenta que el final está aquí. O puede que esta linealidad no responda a una necesidad. Como veremos al final, es posible que sea así porque a los guionistas les dé la gana. Y punto.

También es cierto que a medida que los finales de temporada se acercan, Perdidos tiende a juntar todas las piezas en una trama a menudo migratoria, en la que nuestros losties se desplazan a través de la isla para llevar a cabo un plan que les sacará de allí de una vez por todas. Es como los sucesivos apocalipsis de las series fantásticas. Debemos tener al menos uno por temporada. Pero todos sabemos que en las series de televisión nada cambia realmente hasta el final. Por eso, esta puesta en marcha de los personajes es la definitiva, y mientras la trama se mueve hacia delante, los losties hacen lo propio, dando muestras de cambio definitivo.

“Everybody Loves Hugo”, como el título indica, es un claro homenaje a Hugo Reyes, quizás el único personaje de Perdidos que ha conseguido conservar intacto nuestro cariño a lo largo de seis años. Hurley es el paradigma de la bondad y el buen rollo. Siempre el alivio cómico principal de la serie, y a menudo pieza clave para los desenlaces de cada temporada, Hugo es uno de los personajes de Perdidos que menos ha cambiado a lo largo de la serie. Porque es uno de los personajes que menos lo ha necesitado.

Pero el título del episodio no solo esconde un homenaje a Hurley. “Everybody Loves Hugo” es también un guiño al amor, que ya no tiene miedo a identificarse como uno de los motores principales de la serie. Y también es un homenaje a nosotros, a todos los que amamos a Hugo, y a todos los que seguimos Perdidos incondicionalmente. En los primeros sideflashes del episodio, creo que se establece una identificación entre la gente que ama a Hugo, un filántropo extremadamente generoso y adorable (es decir, una proyección amplificada del Hugo que todos conocemos), y nosotros, los espectadores que admiramos a Reyes, haga lo que haga. Algo que más tarde sucedería también con Desmond, superando con creces el caso de Hurley. Porque todo el mundo ama a Desmond. Y yo a veces me pregunto por qué. ¿Alguien sabe dar razones que aludan a hechos o características específicas del personaje, como podemos hacer con Hurley? Desmond es un personaje tremendamente enigmático y carismático, pero no sé muy bien qué hace o qué ha hecho para ganarse la fascinación de casi todos los espectadores de Perdidos (me incluyo, totalmente), hasta el punto de que solo verlo en pantalla ya suponga una experiencia placentera. Quizás sea el amor, de nuevo. Desmond actúa movido exclusivamente por el amor. No hay ambición, ansias de superación o deseo de ser un héroe. Tan solo amor. Quizás esa sea la respuesta.

Volviendo a Hugo. La aparición de Libby en este episodio supone la reconciliación absoluta con los guionistas, cuatro años después de dejar la historia del personaje en suspenso. Todos sabíamos que este día llegaría, pero no podemos evitar preguntarnos por qué no antes. Sin duda, Libby ha estado muy presente entre los espectadores durante estos años, tanto como los enigmas más importantes de la serie. ¿Quién no se ha acordado de ella periódicamente a pesar de no hacerse referencia alguna al personaje? ¿Quién no ha sentido que su existencia estaba incompleta sin conocer la historia detrás de su presencia en el manicomio? De acuerdo, puede que esté exagerando, pero es cierto que si no hubiéramos vuelto a ver a Libby, una laguna imperdonable habría quedado para la memoria (toma paradoja). Pues bien, Libby regresa a Perdidos (sin Ana Lucía) para darnos las respuestas que tanto ansiábamos. Y nos lo dice bien clarito: “estoy loca”. Su enfermedad es un problema de percepción de la realidad. ¿No es absolutamente precioso?

No solo recibimos nuestra ansiada respuesta (aunque sea en un sideflash), sino que esta llega en el momento más adecuado. La supuesta enfermedad de Libby acaba siendo instrumental en el desarrollo de la temporada (chapó por los guionistas una vez más). Y no solo eso, sino que nos brinda, de nuevo, una de las escenas más emotivas de la serie (idéntica a la de Desmond y Penny en “Happily Ever After”). Libby ha conseguido, en tan solo un episodio, ganarse el cariño de muchos, obligándonos a creer en su amor por Hugo. Él primero, y luego nosotros, todos permanecimos incrédulos ante el interés de Libby por Hurley. “Una chica rubia, delgada y guapa no puede sentirse atraída por un chico como Hugo. Eso es que trama algo” (así de horribles nos han hecho). Pero estábamos equivocados. No hay agenda oculta. De nuevo, solo amor. Y de nuevo, un amor que traspasa los límites espacio-temporales, un amor que es, porque debe ser. He vuelto a llorar revisando la preciosa cita de Libby y Hugo en la playa.

Libby: It’s like a date we never had. Wow, I sound completely insane, don’t I?
Hugo: No… Not completely.
Libby: Why do you even wanna be with me?
Hugo: Why do you wanna be with me?
Libby: What?
Hugo: Come on. Look at me.
Libby: I wanna be with you because I like you.
Hurley: Yeah, but you like me because… you’re delusional.

Y como va siendo ya la tónica general, no solo del personaje en el que se centra el episodio vive Perdidos esta semana. Como decía antes, los personajes están cambiando, definitivamente. El primero en proclamar su cambio a los cuatro vientos ha sido Jack. En su episodio, “Lighthouse”, Jack reconoce su problema ante Hurley. “Vine aquí porque estaba roto. Fui lo suficientemente estúpido como para creer que este lugar me arreglaría”. En “Everybody Loves Hugo”, Jack articula en palabras (de nuevo para Hurley, ¿estará Jack muerto?) lo que lleva haciendo muchos capítulos, la solución a su problema: “Desde que murió Juliet, por mi culpa, lo único que he querido ha sido arreglarlo. Pero no puedo, nunca podré. No sabes lo difícil que es para mí quedarme quieto y dejar que los demás me digan qué hacer. Pero quizás esa sea la clave. Quizás lo que deba hacer sea no intentarlo más”. Jack se ha convertido en un hombre. Ha conseguido alcanzar esa madurez tan esquiva para él. Ha comprendido que a veces hay que mantenerse al margen, ser uno más, y asumir el papel que se le ha concedido, que en ocasiones, ser adulto significa tener que callarse y asentir con la cabeza. Si esta fuera la conclusión de su personaje, yo estaría más que satisfecho. Pero sé que eso no es todo. Zen Jack probablemente se convertirá en Héroe Verdadero Jack en “The End”.

En cambio, puede que “Everybody Loves Hugo” sí sea el final definitivo para otro personaje que quedó en losty interruptus, Michael. El regreso de Michael nos trae otra respuesta a un clásico enigma lostiano: las voces de la jungla (es un no parar de asuntos resueltos y referencias al pasado). Michael nos explica que son los muertos que no han podido salir de la isla, las almas con asuntos pendientes. Este aspecto sobrenatural de Perdidos es quizás el que más me cuesta asimilar. Como conclusión para el personaje, funciona. Como explicación de un enigma, es correcto, pero no me termina de convencer. No quiero pensarlo mucho, porque no me gustaría descubrir que soy uno de esos espectadores que necesitan explicaciones científicas (aunque no sean probables) para todo lo que ocurre en la isla. Yo creo en las hadas, yo creo, ¡sí creo!

El resto de personajes protagonistas llevan varios episodios convertidos en secundarios, incluso extras. Kate, Sawyer o Sun se retiran para ceder todo el protagonismo a Desmond y Richard. Solo No-Locke permanece en la palestra.

Para terminar, “Everybody Loves Hugo” contiene tres golpes de efecto brutales. Como suele ocurrir en Perdidos, muchos momentos de calma se verán interrumpidos violentamente por explosiones, ataques y revelaciones. Vayamos de atrás adelante. El último golpe viene de la mano de Desmond, que en la realidad alternativa, arrolla a Locke con su coche, desencajando mandíbulas indiscriminadamente. Esto puede relacionarse directamente con el segundo golpe, Locke tirando a Desmond por el pozo. Aún no sabemos qué está pasando exactamente en la cabeza de Desmond, así que de momento, recibimos su ataque a Locke en el sideflash como un ajuste de cuentas. Sí, así queremos verlo algunos (sádicos). Como si Michael Haneke nos estuviera manipulando en Funny Games, nosotros pensamos (cuando reaccionamos): “¡Toma, Locke! Te está bien empleado, por tirar a mi Desmond por el pozo!” [Nota después de la publicación de la entrada: Gracias a todos los comentarios, aquí y en Facebook, me doy cuenta de lo ciego que estoy a veces. Desmond atropella a Locke para hacerle recordar, a través de una experiencia cercana a la muerte. ¡Está claro!]

El primer golpe del episodio es la muerte de Ilana, que salta por los aires en otra “simpática” referencia a la primera temporada de Perdidos, en la que Artz corre la misma suerte por culpa de la dinamita de la Roca negra (también durante la migración final). Ilana sabía mucho sobre la isla y sobre Jacob. Pero quizás ya nos lo había contado todo. La muerte de Ilana es para Ben una muestra del poder de la isla sobre todos ellos. Y extrapolando esto a la audiencia, es una muestra del poder de los guionistas sobre nosotros. A ellos tampoco les hace falta Ilana, así que ¿por qué no cargársela a lo grande? Esta muerte viene a decirnos que, por lo general, debemos asimilar los deus ex machina a los que deseen recurrir los sádicos guionistas de Perdidos, porque siempre ha sido una de las cláusulas del contrato. Al igual que los demás losties asumen rápidamente el suceso y siguen a lo suyo, nosotros nos recuperamos sin problemas y seguimos adelante. A algunos les cuesta mucho aceptar estas licencias, pero es lo que hay. Podemos seguir cultivando nuestra relación gnóstica con Perdidos y dejarnos llevar sin más, pero la verdad es que las continuas justificaciones y explicaciones por parte de los guionistas hacen que esto no sea necesario. Tanto tiempo buscando una respuesta a la pregunta “¿qué es la isla?” para obtenerla de esta manera. La isla son los guionistas. Y los guionistas son los padres.

Perdidos, "Happily Ever After" (6.11)

Desmontando a Desmond

A pesar de que, como a la mayoría de seguidores de Perdidos, Desmond Hume siempre me ha caído en gracia, los episodios centrados en él me suelen dejar bastante indiferente. “The Constant” y “Jughead” me parecen dos de los episodios más sobrevalorados de la serie. Es curioso, porque Desmond es un personaje especial. Sus ausencias prolongadas crean una anticipación extrema que multiplica exponencialmente el placer que supone reencontrarse con él. Pero volver a ver a Desmond (que cada vez se parece más a Dustin Hoffman, si eso es posible) no es lo único bueno de episodios como estos. “The Constant”, o el episodio de esta semana, “Happily Ever After”, consiguen una hazaña casi prodigiosa: hacer avanzar la trama a través de un personaje “secundario” y sin centrar la acción en la isla (lo mismo que ocurrió con Richard Alpert en “Ab Aeterno”, aunque aquello fue, si cabe, más mítico, porque de Ricardus no sabíamos apenas nada). Es cierto que Desmond está conectado con dos de los personajes que guardan las claves de la isla, Charles Widmore y Daniel Faraday, y que es por ello que la historia de su personaje nos va a revelar detalles esenciales para seguir descifrando el misterio. Pero el juego de conexiones entre personajes y de preguntas con respuesta fuera de su propia realidad espacio-temporal es una labor de guión excepcional. A pesar de que estos episodios suponen puntos de inflexión narrativos en cada temporada, presentándonos el comienzo del desenlace, un camino claro que seguir, hay algo en mí que me impide disfrutarlos del todo. Si amo a Desmond, y me encanta que la trama avance, ¿qué me pasa, doctor?

Sin embargo, esto no me ha ocurrido exactamente con “Happily Ever After”, así que es posible que no tenga que mirármelo. Es más, el episodio de esta semana me ha parecido casi perfecto, en la línea de lo que estamos viendo hasta ahora en esta temporada final. La historia alternativa de los losties se está desentramando con una sutileza y un ritmo ejemplares. De acuerdo, seguimos dejando en suspenso a todos los personajes (sin ir más lejos, el disparo a Sun en el episodio anterior, que como el de Shannon en la segunda temporada, queda en stand-by, aunque esta vez nos “importe” menos saber qué pasa), pero por fin tenemos algunas de las claves que nos conducirán al desenlace. Y como ya había ocurrido anteriormente, vienen de la mano de Faraday, y gracias a Desmond. Han sido hasta ahora once episodios en los que hemos asistido a una fascinante deconstrucción de los personajes, que ha desembocado en un episodio que da sentido a todo lo acaecido hasta ahora. Y lo mejor es que aún quedan personajes.

“Happily Ever After”, como su título indica, es una historia de amor por encima de todo. El amor es el motor de Desmond Hume, que está enamorado de una mujer que no conoce, o que no recuerda haber conocido en su vida. Esto, inevitablemente, me remite a la historia de Anthony y Priya en Dollhouse, en la que los dos activos, a pesar de sufrir barridos mentales y perder sus recuerdos, siguen sintiendo un profundo amor el uno por el otro, arraigado y protegido en el recoveco más impenetrable de sus cuerpos. La historia de Desmond y Penny en “Happily Ever After” podría resumirse de la misma manera. Desmond empieza a recordar (como todos los activos de Dollhouse, que tienen flashes de sus verdaderas vidas), comienza a ser consciente de que algo va mal. Daniel Faraday le da las claves para comprender lo que está pasando. Esas no son sus vidas reales y deben despertar.

Pero sería injusto otorgar todo el crédito a Hume y Faraday. “Happily Ever After” es también un episodio sobre Charlie Pace. El rockero británico vuelve a Perdidos a cumplir de nuevo su papel como profeta alucinado. La intervención de Charlie, que más que Charlie, parece su personaje de FlashForward (Dominic Monaghan está algo confundido), refuerza la idea del amor como principal tema de “Happily Ever After”, y como una de las mayores constantes de la serie (cada uno, que le dé la importancia que cree que tiene el amor en Perdidos, yo creo que es un vehículo perfecto para contarnos los cuentos del destino que rigen la historia, aunque la de Perdidos no sea una historia de amor per se). Al igual que Desmond ve a Penny, y Faraday ve a una chica pelirroja de ojos azules, Charlie tiene visiones sobre una chica rubia y “arrebatadoramente bella” cuando está a punto de morir en el avión en el episodio “LA X” (6.01), y sabe que es el amor de su vida y que siempre estarán juntos. Cada oveja con su pareja.

Charlie, y más tarde Daniel, guían a Desmond hacia la epifanía que todos necesitábamos. El primero usa métodos más radicales que el segundo. Pero claro, Charlie es una estrella del rock, es obvio que para hacer caer del burro a Desmond tenía que conducir el coche hasta el fondo del agua. Esto dice mucho de Charlie y su situación desesperada en los sideflashes, y pone en duda una de las teorías más extendidas sobre esta realidad alternativa: que se trata de las fantasías de los losties hechas realidad, las vidas que siempre quisieron llevar. La teoría se va al garete cuando vemos pasar ante los ojos de Desmond su vida con Penny, mientras le hacen el escáner (el que no haya sentido el amor de estos dos en esas imágenes, con esa breve pero bella pieza musical tan acorde con el momento, es que está muerto por dentro). Un mundo en el que Desmond no está con Penny no puede ser la fantasía de nadie. Desmond y Penny son nuestra obsesión de la semana, y ahora más que nunca, ansiamos su reencuentro. Si es la mitad de bonito que la escena en el estadio en este “Happily Ever After”, preparaos para llorar.

Penny: Have we met before?
Desmond: I think we’d remember if we had.

Cabe preguntarse si los guionistas serán capaces de dotar de coherencia y uniformidad a toda la serie, o si por el contrario, esta será reducida únicamente (es un decir) a la trama de la sexta temporada. ¿Es esto lo que llevamos “esperando” (énfasis en las comillas, porque yo no espero nada en concreto) seis años? ¿Es lo que nos querían contar desde el principio? Estoy seguro de que la respuesta es sí, y sin embargo, no soy capaz de razonar el por qué en estos momentos (fe ciega lo llaman). Al menos, no puedo estar más satisfecho en cuanto a lo que más me importa de esta serie, los personajes. Si la trama de Perdidos ha sido conveniente y necesariamente estirada a lo largo de las temporadas, haciendo que la tarea de obtener el big picture, es decir, la vista general, sea casi imposible, al menos tenemos la satisfacción de estar asistiendo con toda certeza al ciclo completo de los personajes. La sonrisa de Desmond al final de “Happily Ever After” nos indica que él lo ha comprendido todo, y nos llena de esperanza. Pronto lo haremos nosotros también.

Perdidos, "The Package" (6.10)

Cómo conocí a Jin y Sun

¿Soy yo o este último episodio de Perdidos ha sido más gracioso y cachondo de lo normal? Por momentos he llegado a pensar que estaba viendo una sitcom sobre un grupo de náufragos muy distintos entre sí que se ven forzados a limar asperezas para hacer de la estancia en la isla una experiencia más llevadera, viviendo por ello mil y una situaciones disparatadas. Diría que “The Package” me ha recordado a La isla de Gilligan si la hubiera visto alguna vez. Imaginad risas enlatadas después de este diálogo entre Ben (ya parte integral del grupo, qué emoción) e Ilana:

Ben: ¿Qué? Por cuarta vez, estaba buscando mangos (risas tímidas por la cara de Ben) y ya estaba inconsciente cuando la encontré. ¿Por qué no me crees?
Ilana: Porque estás hablando. (Carcajada enlatada).

o de este:

Jack (a Sun): Puedes entender lo que digo, pero solo puedes hablar en coreano.
Miles: ¿Se golpea la cabeza y se le olvida el inglés? ¿Se supone que nos lo tenemos que tragar?
Lapidus: Lo dice el que habla con los muertos. (Carcajada y aplauso).

Además de esto, tenemos a Hurley interviniendo para decir una o dos frases características de su personaje, y perdiendo la exclusividad graciosa. Después está No-Locke, que es el viejo loco, un extraterrestre (“Tranquilos amigos, vengo en son de paz”) Me encanta este Locke (porque no es él, claro), es un tío muy divertido y su amistad disfuncional con otra loca genial, Claire, es de lo mejor de la sexta temporada.

Igual que en Friends estaba “Nos estábamos tomando un descanso”, Sun también tiene su frase característica graciosa, que como no podía ser de otra manera, repite en este episodio: “He venido para encontrar a mi marido”, claro que después añade “y no para salvar el mundo”. Por fin Sun dice algo más esta temporada. Aunque antes, en un giro inesperado y propio de la comedia de enredos más canónica, Sun se golpea la cabeza y olvida todo el inglés que sabe. (Sí, ahora imaginad un efecto de sonido de dibujos animados cuando Sun se da contra la rama y se cae al suelo). Luego tenemos a Sawyer desplazando su centro de gravedad hacia atrás, y levantando la barbilla, melena al viento, porque algo le huele a chamusquina. Sawyer está más Sawyer Season 1 que nunca. Y para terminar, Sayid, que junto a Locke forman el matrimonio del mal. Y si no leed esto:

Locke: Me voy, que tengo que hacer un recado.
Sayid: ¿Cuándo vas a volver?
Locke: Por la mañana. Cuida del campamento mientras yo no estoy.
Sayid: Ya no siento nada.

Bueno, también está Jin despertando en una estación Dharma y esperando a que aparezca el Jigsaw. Esto no es muy sitcom, pero me ha parecido muy gracioso.

En “The Package” intervienen todos los personajes, ya sea para hacer bulto en los campamentos o para, literalmente, decir una frase y no volver a aparecer. ¿Qué quiere decir esto? ¿Los guionistas no creen que Jin y Sun puedan aguantar solos un episodio de Perdidos sin aburrir al personal? Seguramente sea cierto. Aunque a mí la historia del matrimonio siempre me ha resultado interesante, por algún motivo, un episodio centrado en ellos normalmente me parecerá “menor” o de relleno. Aún así, creo que “The Package” es uno de los mejores episodios de lo que llevamos de temporada.

Con este episodio, me he dado cuenta de que la realidad alternativa (a partir de ahora, los side-flashes) es una idea brillante (vale, lo sospechaba ligeramente). Aunque nunca se ha dejado de lado el interés por el desarrollo, o más bien, por el retrato de los personajes, con los side-flashes uno tiene la sensación de asistir a un regreso al interior de los personajes. No había manera más astuta de cerrar el círculo. Gracias a los side-flashes, obtenemos una descripción de los personajes suspendida en el tiempo, una visión pura y completa de sus psyches, sin “contaminación” alguna. En el piloto vimos a Jin ordenando a Sun que se aprochase el botón de la camisa, y automáticamente emitimos juicios sobre las personalidades de los coreanos, que además duraron bastante tiempo. Con este episodio, vemos lo que habría pasado después (es un decir). Cuando vemos a Sun desabrochándose el botón en el hotel, para desafiar a Jin “¿No me vas a decir que me abroche el botón?” asistimos a un ciclo completo. La realidad en la isla no ha existido nunca para ellos, pero a nosotros nos ha servido para conocer a los personajes y al regresar al comienzo, somos conscientes de ello. No se me ocurre manera más genial y retorcida de retratar a unos personajes.

La trama principal (por llamarlo de alguna manera) de Perdidos sigue avanzando a pasos agigantados, aunque sea casi imperceptible. Los guionistas, en un alarde de descaro, se están permitiendo incluir información nueva en los side-flashes, porque en la isla nos están dando información de sobra para llevarnos al final. “The Package” sufre la resaca post-Richard Alpert en Pasión de Gavilanes, y aún así consigue mantener el tipo, gracias a una extraordinaria labor por parte de los guionistas. Aunque algunos, como Widmore, sigan viendo todo esto como “una combinación de mitos, cuentos de fantasmas y ruidos de noche en la jungla”.

Y ya solo me queda hablar de Jack Shephard, mi personaje favorito de Perdidos. Pero en lugar de decir nada sobre él, os dejo esto:

Do you trust me?

Perdidos, "Ab Aeterno" (6.09)

La partida interminable

Escribir algo sobre el episodio de Perdidos de cada semana es una tarea complicada, porque para cuando uno se pone a ello ya ha discutido el episodio hasta la saciedad, en foros, en persona con amigos, en su propia mente. Si habitualmente, escribir una review sobre esta serie es más una tarea de síntesis de opiniones (que a menudo cambian o evolucionan en estas discusiones, a veces acaloradas), que una labor de análisis propiamente dicha, con el último episodio, “Ab Aeterno” (6.09), esto va más allá, pues es un episodio de los que hacen ruido, que no deja indiferente a nadie, que provoca reacciones e invita a no quedarse callado después de verlo.

Por eso, lo que voy a hacer en esta entrada es recoger algunas impresiones sobre el episodio, añadir mi opinión al respecto, y después, ampliarlas con ideas de cosecha propia (que a estas alturas no serán solo mías, claro):

1. A muchos espectadores de Perdidos, esta temporada les está pareciendo lenta y aburrida. Es lógico. Desde la segunda mitad de la tercera temporada, y en especial a lo largo de las dos siguientes, la acción primó sobre la reflexión y la introspección. Esta última temporada es una vuelta a los orígenes. Y ya muchos no se acuerdan, pero la primera temporada de Perdidos, por muy mítica que sea, era pausada, contemplativa, llena de diálogos sobre la vida de los personajes que en muchas ocasiones poco aportarían a las temporadas posteriores. Sin embargo, esta vuelta a los orígenes no puede ser pura y absoluta, porque el camino recorrido es largo y está lleno de eventos que hacen que cada momento reflexivo, de diálogo en plano contra plano de esta sexta temporada sea un momento crucial, y al que no sepa disfrutar eso, y se aburra eperando que pasen cosas, le digo: Abre los ojos, o los oídos. Ya están pasando.

2. Muchos se quejan de los errores de continuidad y de los fallos técnicos de este episodio. Que si no es lógico que el barco llegue tan alto como para destruir la parte superior de la estatua y acabar en un relativo buen estado en tierra firme (uno de los momentos que más ha desafiado la suspensión de la credulidad del espectador de lo que llevamos de serie). Que si Richard podía haber cogido el clavo con el pie, en vez de rendirse al no poder alcanzarlo con la cabeza. Que si cuando Jacob y el hombre de negro vieron llegar el barco, hacía un día estupendo y en este episodio, hay una tormenta casi apocalíptica. Pues bien, por una parte, tienen todo el derecho a quejarse. Una serie que destaca por su detallismo extremo, y por tener a la audiencia más exigente, no debería tener descuidos tan grandes. Por otra, yo les digo: Superadlo. Es una pena si eso os estropea el visionado de un episodio como “Ab Aeterno”.

3. Otros dicen que el hecho de que la acción de “Ab Aeterno” se ambiente en las Islas Canarias juega en detrimento del episodio. Siempre que una serie norteamericana se acerque geográfica o temáticamente a nuestro país, va a estar entrando en un terreno farragoso. Es muy complicado encontrar secundarios que tengan el acento exacto del lugar al que se supone que pertenecen, eso cuando los responsables de las series se preocupan por el contrario (que no es lo habitual). Lo que siempre ocurre es que acabamos viendo a sudamericanos interpretando a españoles, con acentos híbridos extraños (muchas veces son más norteamericanos que otra cosa), y construcciones gramaticales latinas y por consiguiente, seriamente contaminadas del inglés. El primer problema, el del acento, tiene una solución: olvidarse de España y ambientar este tipo de tramas en Latinoamérica (con la consiguiente pérdida de gracia de todo el asunto). Pero esto es una decisión artística, y si los de Perdidos querían las Canarias, hay que aguantarse. Sin embargo, el tema de las construcciones gramaticales tiene una sencilla solución. Señores, contraten a un asesor de castellano que les diga que esa frase que suena tan horriblemente mal tiene que cambiarse. Claro que yo no sé cómo hablaban en las Canarias hace siglo y medio (aunque dudo mucho que fuera como en La loba herida). Así que esta reflexión la debería hacer un experto en la materia.

4. Otros tantos se quejan de que sigue faltando información. A estos quiero gritarles directamente, perder los estribos con ellos y decirles que dejen de ver Perdidos, y se vayan a ver El mentalista. No quiero ser intolerante, pero es que quejarse de esto tras un episodio como “Ab Aeterno”, que explica lo explicable y más, que nos remonta a las primeras temporadas y ata cabos sin sacar apenas a ningún protagonista de la serie, me parece una suprema estupidez. Esta gente se queja ya más por inercia que por otra cosa. Miedo me dan cuando se emita el final de la serie. Creo que puede haber revueltas a nivel mundial. Gente prendiendo fuego a contenedores , y a guionistas, porque Perdidos no ha respondido a sus puñeteras preguntas y porque ¡¡falta información!! En serio, por el bien de la humanidad, dejad de ver la serie.

5. Por suerte, este episodio ha provocado más respuestas positivas que negativas, aunque por lo que he escrito anteriormente parezca lo contrario. Richard Alpert es un gran personaje, y obtener al fin las respuestas que dan sentido a su existencia en la isla supone poco más que un hito dentro de la propia serie. Como no podía ser de otra manera, el desencadenante de la historia de Ricardus es una mujer, un amor eterno. La presencia de Isabella en Perdidos lleva la serie a terreno culebronesco, pero es que no puede ser de otra manera. Cuarenta y cinco minutos es muy poco tiempo para convencernos del amor entre Ricardo e Isabella, por lo que hay que recurrir a lo arquetípico y dejarse las complejidades para otras historias de amor (como la de Kate-Sawyer-Juliet-Jack), lo que sumado a los acentos latinoamericanos y el romanticismo acusado de la ambientación, resulta en una telenovela de época que algunos han encontrado difícil aguantar.

6. Por último, tengo que decir que nunca me había gustado tanto Jacob y todo lo que conlleva la historia de su personaje y su relación con el hombre de negro. “Ab Aeterno” es el máximo exponente de lo que ha venido a llamarse la cultura colaborativa. Que los guionistas hayan incluido a la serie la teoría más extendida entre los fans durante la primera temporada, la de que todos están muertos y la isla es el infierno, más allá de una simple referencia, es un ejemplo más del gran juego que es Perdidos para los guionistas (algo que no me canso de repetir, lo sé). Pero no es tan simple como esa “explicación”. No se trata más que de otra artimaña para confundir, para que sigamos elaborando teorías y que la recta final sea de todo menos complaciente. Muchos acabarán (o acabaremos, quién sabe) indignados y sin ganas de volver a jugar, pero será una partida que nadie olvidará.

Jack, el hombre

Y esto lo escribía Gérard Imbert en su libro El transformismo televisivo, antes de haber visto a Jack en el faro, entre otras cosas.

 

Lost es un espacio ficcional pero, a la par, profundamente ambivalente, en el que se diluyen las categorías –en particular la frontera entre realidad y ficción, identidad y alteridad-, donde lo trascendente se confunde con lo inmanente: un espacio en el que el hombre se ve proyectado para expiar no se sabe qué pecado, segura y simplemente el de ser un hombre, un hombre sin trascendencia. En este espacio no hay lugar para el héroe, aunque haya acciones heróicas –y esto es típicamente postmoderno-, porque el hombre vive en un gueto, no puede salir de él y partir a la conquista del objeto de valor. Como en la obra de Jean-Paul Sartre Huis clos (A puerta cerrada), el hombre está condenado a convivir consigo mismo y con su espejo, que son los demás, su espejo y su infierno. “L’enfer, c’est les autres”, escribía Sartre: “El infierno, son los demás”… (2008:136).

 

Perdidos, "Lighthouse" (6.05)

En el país de los locos

A veces pienso que Perdidos debería llamarse Jack llora. En el episodio “Lighthouse”, el doctor Shephard llora hasta tres veces. Es el personaje de televisión que más recurre al llanto para expresar emociones. Llora cuando está agotado, llora emocionado, llora de impotencia, llora porque de repente es consciente de quién es, o porque intenta saber quién es y no lo consigue. Me fascina. No hay otro personaje igual en Perdidos. Es un niño grande, repelente y antipático, que se pone de morros cuando algo le molesta o le confunde, un gran profesional de la medicina que puede llegar a ser un tonto de remate en su vida personal, un héroe por auto imposición, que se niega a asumir que dejó de serlo hace mucho tiempo, o que sencillamente nunca lo fue. Jack me recuerda a mí. Una serie de actos o incluso apariencias le llevan a forjarse una imagen que hasta él mismo se cree, y que como estamos viendo, lleva a las últimas consecuencias. Jack se ha vuelto loco porque quiere ser quien cree que es y no puede, porque quiere que La Isla le devuelva esa identidad que otros ya han descubierto que no le pertenece. Jack es una decepción, para su familia, para sus compañeros de aventuras en la isla, para él mismo. Pero él es el único que lucha por comprenderse, por arreglarse. Los demás, la mayoría de espectadores incluidos, se han dado por vencido. A Jack, como a mí, le cuesta años asumir la verdad, asumirse, que ese hombre que salvaba a náufragos del fuselaje asesino después del accidente de avión ya no existe, o nunca existió, fue solo un reflejo en el agua. Jack está más perdido que nunca, y que nadie, pero parece que empieza a encontrarse…

Jack: I came back here because I was broken. And I was stupid enough to believe this place would fix me.

Dejando a Jack a un lado, “Lighthouse” ha sido en mi opinión un episodio irregular. Por un lado, ha sido muy “temporada 4” (dentro de una temporada muy “temporada 1”). Una vez acabado, y a pesar de contener momentos importantes e información esencial (siempre nos quejamos de la falta de información, y siempre nos dan información de sobra, la justa y necesaria para un episodio de 40 minutos), no he podido evitar tener la sensación de que “Lighthouse” vuelve a recurrir demasiado a las frases golpe de efecto/subidón de música/corte a negro. No digo que no las haya en episodios anteriores, solo que al terminar, me he quedado con la sensación de que el episodio se reducía a eso, de la misma manera que a veves pienso que la temporada final se está reduciendo a ver quién conoce a quién o con quién se encuentra quién en la realidad alternativa. Pero es solo una sensación intermitente. Por supuesto, esta temporada es mucho más que eso. O eso es lo que yo quiero creer.

Por suerte, el episodio tiene las dosis perfectas de acción y locura para compensar esa sensación regresiva a la cuarta temporada. Para empezar, Hurley está sembrado. No solo es el único alivio cómico de Perdidos, sino que es el enlace perfecto entre espectador y relato lostiano. La escena del faro ha sido genial. Jack le pregunta a Hurley “¿Cómo es que no lo habíamos visto nunca?”, a lo que este responde “Porque no lo estábamos buscando”. Toma. Más claro imposible. Dedicado a todos los que se quejan de los deus ex machina de Perdidos. Hurley nos invita a que sigamos dejándonos llevar por la historia (se ríe de nuestras teorías sobre la serie), y que si es posible, reduzcamos el número de preguntas, porque, en la mayoría de ocasiones, la respuesta será “porque sí”.

Y mención aparte merece la loca Claire. Su intervención en “Lighthouse” eleva las cotas de bizarrismo de Perdidos considerablemente. No hay frase o acto de Claire en “Lighthouse” que no resulte fascinante e increíble. La macabra cuna de Aaron, su cara de “mira qué Rousseau soy” cuando se prepara para coser a Jin, el (predecible) asedio con el hacha a su prisionero (que advierte a Jin de lo loca que está Claire, como si de dos víctimas de asesino en serie atadas en su sótano se tratase), y sobre todo, sobre todo, el momento “No estoy sola, tengo un amigo especial, y puede volar”. Es todo tan propio, tan genial. Aplausos para Claire.

En mi opinión, “Lighthouse” ha sido otra prueba de fidelidad y compromiso. Los elementos fantásticos del episodio me han parecido soberbios, además de justificados, o justificadores (algo que no necesitamos, pero que cuando tenemos, sienta bien). La escena en el faro ha sido de lo mejorcito de lo que llevamos de temporada, muy similar a la escena de la cueva del episodio anterior. Perdidos es más cuento de hadas que nunca, las continuas referencias a Alicia en el país de las maravillas y a El mago de Oz nos invitan a escuchar atentos el cuento, y dormirnos después, sin darle más vueltas a la cabeza.

Yo no estoy perdido

¿Puede haber algo más absurdo que llegar a la sexta temporada de Perdidos y empezar a quejarse de…?:

A) Los elementos sobrenaturales de la serie. Y en especial el templo y el agua resucitadora. Como si no llevasen cinco años dejando bien clarito el género de la serie: Ciencia Ficción. Los poderes especiales de Walt en la primera temporada, Miles comunicándose con los muertos, los saltos en el tiempo. Todo eso vale, pero el templo o Locke-humonegro “ya es demasiado”… En fin.

B) Los guionistas. A estas alturas del juego, muchos siguen indignándose por los golpes de efecto y las preguntas sin resolver. Estos son los que se sentirán “estafados” al final, porque se sienten así desde el principio. Los hay que creen que los que no nos hemos cansado de esto (yo tuve mi lapsus en la cuarta temporada, pero acabé asumiendo las reglas del juego), estamos totalmente ciegos, y no vemos que los guionistas están quedándose con nosotros. Que en realidad ellos (los guionistas) son los que están perdidos y van dando palos de ciego, mientras nosotros no nos enteramos de nada, pero estamos enganchados y eso les vale (bueno, en esto hay parte de verdad, claro). Me resulta muy sorprendente que haya gente que piense que Perdidos no esté totalmente medida al milímetro. Estoy de acuerdo en que no todo estaba pensado desde el principio. Algo así es imposible, y no deberíamos exigírselo a ninguna serie, ni siquiera una como esta. Me encanta la gente omnipresente, que ha asistido a todas las reuniones de guionistas de Perdidos y nos dan la exclusiva, como intentando hacernos caer del burro: “Que los guionistas van escribiendo sobre la marcha, y vosotros os lo tragáis todo”. Creen que somos idiotas, y los ilusos son ellos.

Si no abandonaste la serie en la cuarta temporada, ¿por qué te quejas de estas cosas ahora?

Mis disculpas por esta entrada reaccionaria. Llevo varios días leyendo comentarios de este tipo, y en lugar de comentar a fondo los tres primeros episodios de la sexta (que me han parecido igual de buenos que lo visto anteriormente, ni mejor ni peor, puro Lost sin cambio alguno), me apetecía desahogarme.

Perdidos en el calabozo

Desde que empezó la segunda edad dorad de la televisión norteamericana, y a partir del éxito de Perdidos, hemos asistido a un auge imparable en la producción de series y a una clara evolución en la manera de contarlas. Se han creado muchas series, y cuando las ideas han empezado a escasear, se ha hechado mano de las viejas glorias, como El coche fantástico o V. Los remakes de series televisivas convertidos en películas en la década pasada han dado paso a relecturas de éxitos televisivos, pasados por el tamiz de las nuevas formas narrativas de la ficción dramática del país. Por eso, yo creo que va siendo hora de que alguien se plantee retomar la serie de dibujos de los 80, Dragones y mazmorras (que por cierto, quedó inacabada, con un último episodio escrito que jamás llegó a hacerse), y convertirla en un drama de aventuras de 40 minutos con un gran arco o misterio y muchos Monster of the Week. Yo, desde luego, haría el pedido del set en DVD ya mismo. Dragones y mazmorras al estilo Perdidos (en una cadena como ABC o NBC) no solo sería una idea difícil de estropear, sino que podría poner remedio al déficit (esto es una apreciación personal, claro) de series de género fantástico y aventuras, al margen de SyFy.