Vengadores: Endgame: Un final “perfectamente equilibrado” [Crítica sin spoilers]

El cine tal y como lo conocíamos cambiaría en 2008 con el estreno de Iron Man. Por aquel entonces, poco podíamos imaginar lo que Marvel conseguiría a lo largo de la década posterior, pero el estudio tenía un plan, y este ha dado más frutos de lo que ni siquiera ellos mismos se imaginaron. Diez años y 21 películas después, llegamos al gran evento cinematográfico con el que se cierra una era, Vengadores: Endgame, el desenlace de una macrohistoria impecablemente diseñada y estructurada que ha amasado récords de taquilla, ha cambiado las reglas del blockbuster, y lo más importante, ha enganchado a cientos de millones de personas en todo el mundo.

Vengadores: Infinity War sacudió los cimientos del Universo Marvel con un final cliffhanger que alcanzó estatus icónico inmediato, y del que se seguirá hablando en el futuro. El chasquido de Thanos cambió el universo, eliminando a la mitad de los seres vivos que lo habitan, y generando una de las reacciones más viscerales entre los espectadores que se recuerdan en mucho tiempo. La devastación que provocó la derrota de los Vengadores, y el desvanecimiento de sus seres queridos y muchos de nuestros héroes favoritos, puso de manifiesto el gran logro de Marvel, la fidelización de la audiencia a través de sus personajes, y también sus mayores virtudes, la planificación narrativa a largo plazo y la paciencia. Si el chasquido nos afectó tanto (incluso sabiendo que sus trágicos efectos no serían permanentes), es porque sus personajes nos importaban. Y nos siguen importando.

En Marvel son maestros de la anticipación. Y esa anticipación nos ha llevado hasta aquí, hasta el “juego final”, el clímax de las primeras tres fases del UCM. Escribir una crítica de Endgame sin desvelar puntos claves de su argumento es una tarea complicada, por no decir imposible, pero lo intentaremos. El factor sorpresa es un elemento clave en la película de Joe y Anthony Russo. Es por ello que los trailers han jugado al despiste incluyendo imágenes en su mayoría pertenecientes a la primera media hora de metraje (o que no están en el montaje final) y ocultando la participación o el look de ciertos personajes. A pesar de haber desatado miles y miles de teorías, Endgame es la película más imprevisible del Universo Marvel. Por eso era de capital importancia no estropear ninguna de las innumerables sorpresas y giros argumentales del film, ya que su descubrimiento es esencial para vivir la mejor experiencia cinematográfica posible.

Endgame lidia con las consecuencias de la devastación provocada por Thanos en Infinity War, dando énfasis a los seis Vengadores originales, Iron Man, Capitán América, Viuda Negra, Ojo de Halcón, Thor y Hulk. Todos ellos unen fuerzas junto al resto de los héroes que sobrevivieron al chasquido para trazar un plan con el que derrotar definitivamente al Titán Loco y con suerte deshacer el desastre que ocasionó. El primer acto es con diferencia la hora más triste, madura y emocional de todo el Universo Marvel. Es entonces cuando Vengadores se convierte en The Leftovers, cuando los supervivientes deben enfrentarse a la vida sin sus compañeros de “trabajo”, sin sus seres queridos, sin su familia… mientras el mundo se adapta a su nueva realidad.

Y es ahí donde los hermanos Russo más se toman su tiempo. Endgame es la película más grandiosa y ambiciosa de Marvel, pero la duración de tres horas no se justifica (solo) por la necesidad de cerrar mil asuntos o incluir más batallas, sino por los momentos más pequeños; las escenas en las que se exploran los lazos entre los personajes, las que nos muestran a los superhéroes como seres humanos afrontando la pérdida y asumiendo la necesidad de pasar página. En esas interacciones, en esas miradas y esas lágrimas es donde Marvel esconde la esencia de lo que está contando, lo que hará que lo que pase a continuación nos afecte más profundamente. Porque en todos estos años, nos han estado contando una historia a la que no hemos prestado la atención suficiente porque siempre hemos tenido algo más explosivo o impactante que comentar: la de una familia. Más allá de los trajes, los superpoderes, las aventuras intergalácticas y la reflexión sobre lo que significa ser un superhéroe, Marvel ha construido una familia (o varias) a la que deseamos ver unida de nuevo, cueste lo que cueste.

Pero por supuesto, Endgame también es humor (Thor, Bruce y Scott protagonizan los momentos más divertidos y extraños, pero hay muchos más), es acción y espectáculo. Aunque el listón estaba alto después de Infinity War, los Russo consiguen superar en envergadura y alcance a la anterior entrega de los Vengadores. Y a todas las películas del Universo Marvel. Endgame incluye algunos de los planos más impresionantes y memorables de toda la saga, los mejores efectos visuales, combates que paran la respiración y la que es una de las batallas más épicas que se han visto jamás en una pantalla de cine.

Y lo mejor es que todo está medido para que nunca se pierda de vista el propósito de la historia, el objetivo final, para que todas las piezas encajen y la pirotecnia nunca eclipse a los personajes; un numerosísimo plantel de héroes que se dosifica de forma inteligente y mesurada (cualquier momento, por pequeño que sea, es importante, todos los regresos y apariciones sirven una función, y la incorporación de Capitana Marvel se realiza con coherencia y sin robar protagonismo a los que están ahí desde el principio). Es cierto que la trama abarca tanto y depende tanto de todo lo visto anteriormente, que por momentos puede apabullar o confundir, que hay alguna decisión difícil de digerir y que los agujeros de guion están a la vista de todos, pero teniendo en cuenta la titánica hazaña a la que se enfrentaba Marvel con tantísimos cabos que atar, y lo bien que la ha desempeñado, no dejan de ser detalles menores en un final enormemente satisfactorio.

Vengadores: Endgame es el gran acontecimiento que nos prometieron, una de esas películas que marcan generaciones. Sus tres horas resultan casi inabarcables, emocionalmente agotadoras (en especial su abrumador último acto y su conmovedor epílogo), pero no sobra ni un minuto. Todo cuanto acontece en ella responde a un meticuloso plan ejecutado a la perfección, y aun así se las arregla para sorprender y mantener alerta de principio a fin, para hacernos reír y llorar, para dejarnos clavados en la butaca y darnos una escena icónica detrás de otra. Pura catarsis.

Se trata de la culminación de diez años de extraordinario trabajo que se saldan con la película más emotiva de Marvel, la sublimación de su estilo narrativo y su equilibrada fusión de acción, épica, drama y comedia. También es la entrega en la que el reparto más se ha dejado la piel y el corazón, en la que más salta a la vista la importancia capital de los actores que hay tras los personajes. Y por último, es una gran celebración del Universo Marvel, un sentido autohomenaje repleto de guiños y un inmejorable regalo a los fans que han llevado al estudio a lo más alto con su fidelidad incondicional. En definitiva, un final redondo que está a la altura de las monumentales expectativas y hace que la espera haya merecido la pena.

Si Infinity War era el principio del fin, Endgame es el fin… y también un principio. De algo nuevo. Algo probablemente diferente. Indudablemente excitante. Cierre definitivo (y precioso) para algunos personajes, nuevo comienzo para otros, y un futuro lleno de posibilidades infinitas para los seguidores del estudio. La historia continúa expandiéndose y transformándose de forma imparable, y sea lo que sea lo que nos están preparando, Marvel se ha ganado nuestra entera confianza para los próximos diez años. Como mínimo.

Pedro J. García

Nota: ★★★★★

Crítica: Vengadores – La era de Ultrón

Capitán América AoU

Con Los Vengadores (2012), Joss Whedon asumía un reto de proporciones épicas: escribir y dirigir la primera “reunión” de los Héroes Más Poderosos de la Tierra, una película en la que las previas entregas individuales de Marvel habían de converger, donde todos los superhéroes debían encajar en la historia y esta tenía que servir como puente a la siguiente fase sin dejar de funcionar como una película autónoma. Juego de niños, vamos. A tenor del resultado (tercera película más taquillera de la historia y críticas generalmente positivas), no cabe duda de que Whedon superó la prueba con nota. Tanto es así, que la Segunda Fase del Universo Cinematográfico de Marvel no sería como es de no ser por el punto de inflexión creativo que supuso la película.

Gracias al éxito que tuvo el humor en el film, el estudio introdujo una dosis mayor de comedia en el UCM y Los Vengadores implantó el esquema definitivo a seguir por los siguientes “episodios”, en los que el director cumplió un rol de asesor que lo devolvía en cierto modo a sus años como showrunner televisivo. Las películas post-Avengers experimentaron un incremento de calidad (todas exceptuando quizás Iron Man 3), y Marvel se afianzaba como el estudio que no podía dar un paso en falso, al estilo del Pixar de antaño. Concretamente Capitán América: El soldado de invierno Guardianes de la Galaxia pusieron el listón tan alto que el reto que suponía la secuela de Vengadores para el autor era aún más complicado. Con Marvel en su apogeo y las expectativas disparadas más allá del Bifrost, ¿ha sido Whedon capaz de repetir la hazaña con La era de Ultrón? Sin duda. ¿Es suficiente a estas alturas? Eso ya no está tan claro. Si uno ve la película como el blockbuster veraniego que es, no tendrá problemas con ella, pero si se compara demasiado con la primera o se le exige más de la cuenta (y no nos engañemos, no se nos ha preparado para otra cosa), podría desmoronarse. En cualquier caso, no cabe duda de que estamos ante otro gran acontecimiento Marvel, una colosal y comunitaria experiencia cinematográfica que, a pesar de no superar a su predecesora, demuestra una vez más el enorme poder de la Casa de las Ideas.

ultron group

En Vengadores: La era de Ultrón recuperamos a los seis miembros originales del equipo gozando de una compenetración absoluta en el campo de batalla. La vertiginosa secuencia de apertura nos muestra a los superhéroes llevando a cabo una misión en la que cada uno de ellos cumple una función imprescindible. Además de advertirnos implícitamente de que no deberíamos parpadear demasiado si no queremos perdernos toda la información por segundo que nos ofrecen los abarrotados planos de la película, esta escena establece uno de los temas centrales del film: el trabajo en equipo es lo que hace que los Vengadores sean imparables. Es importante dejar clara desde el principio esta idea, puesto que el resto de la película se dedicará a la delicada misión de intentar desintegrar al grupo, provocando fisuras internas y una fricción entre los miembros que culminará sin duda en Civil War. Por eso, La era de Ultrón parece más bien una película de transición, una en la que un Whedon más instrumental se ha preocupado menos de dejar su sello personal y más de cumplir con los designios de Marvel (y Disney). En ella se respira continuamente el futuro de la saga; por ejemplo, la importancia de las Gemas y varios vistazos al Guantelete del Infinito nos recuerdan (una vez más) que lo más gordo está por llegar, y los mil y un cameos parecen encajados a la fuerza para aumentar la sensación de continuidad del UCM (#ItsAllConnected). Es más, la trama se enfoca en todo momento hacia la creación de una nueva formación de Vengadores, lo que hace que La era de Ultrón funcione más como enlace o antesala, y menos como película autónoma que la primera parte.

Wanda y Pietro Maximoff

Además de Capitán América, Iron Man, Hulk, Thor, la Viuda Negra y Ojo de HalcónLa era de Ultrón cuenta con los “mejorados” Wanda y Pietro Maximoff, hermanos gemelos de impresionantes poderes (prohibido decir “mutantes”) que no solo ponen en jaque a los Vengadores, sino también a Whedon, que tiene aún más personajes con los que hacer malabares narrativos. No obstante, en lugar de amenazar la coralidad de la película, se suman a ella sin apenas problemas. Los futuros MercurioBruja Escarlata son incorporados a la historia casi in media res, y a pesar del poco tiempo que tienen en pantalla, su arco argumental (el paso del lado oscuro al luminoso) se desarrolla satisfactoriamente (sobre todo en lo que respecta a Wanda), siempre supeditado a la historia principal, y como decíamos, con un ojo puesto en el futuro del UCM (¡esas visiones! ¡ese epílogo!). Solo dos quejas acerca de los hermanos. Primero, Elizabeth Olsen eclipsa a un apocado Aaron Taylor-Johnson, cuyo Mercurio recibe menos énfasis en la caracterización -quizá porque sabían que intentar hacer sombra al Quicksilver de X-Men podía salir mal. Y segundo, esos acentos de pega. Para la próxima, o pasan más tiempo con el coach de dicción o que se deshagan de ellos por completo.

Ultron

Wanda y Pietro no son las únicas caras nuevas del multitudinario elenco de La era de Ultrón. A la lista interminable de conocidos del UCM que desfilan por ella (Peggy Carter, Heimdall, los miembros principales de SHIELD menos Coulson, Erik Selvig, War Machine, Falcon…) se suman nuevos secundarios: la Dra. Helen Cho, Ulysses Klaw (primera semilla de Black Panther), el barón Wolfgang von Strucker, sin olvidar al Hulkbuster, que protagoniza uno de los numerosos set pieces de la secuela. Pero sin duda, los dos fichajes estrella de La era de Ultrón son el villano que da subtítulo a la película y uno de los personajes más populares de Marvel Comics, Visión. La cadena de acontecimientos que da lugar al “nacimiento” de ambos seres de inteligencia artificial resulta algo aturullada, saltando a la vista que han eliminado muchas escenas por exceso de metraje (se podría haber sacrificado alguna batalla que no aporta nada en favor de los personajes y la historia). Sin embargo, el momento en el que Ultrón adquiere su primer cuerpo y se libera de los “hilos” de su Gepetto (Tony Stark, contradiciendo a los cómics, en los que su creador es Hank Pym) dejamos de cuestionarnos cómo ha llegado a existir, porque estamos demasiado ocupados cayendo rendidos ante su magnético carisma y su amenazante presencia (excelente trabajo de James Spader como voz del villano, fundiendo megalomanía y humanidad, como ya se hizo con Loki). Y si Ultrón es un personaje interesante, aun con su precipitada caracterización y motivaciones a base de clichés, cuando la Visión entra en escena, la película alcanza un nuevo nivel (en parte estamos ante una historia clásica de robots). El sintezoide, interpretado a la perfección por Paul Bettany, ocupa poco tiempo en pantalla, pero es suficiente para despertar la fascinación y aumentar la expectación por verlo en las siguientes entregas del UCM.

AoU grupo

Ahora bien, con Wanda, Pietro, Ultrón y Visión, ¿queda tiempo para los Vengadores originales? Por supuesto. Es más, Whedon logra de nuevo lo que parecía imposible: darles un hueco a todos en la historia, hacer evolucionar sus amistades y alianzas (antes de que empiecen a romperse), y reservarles a cada uno de ellos varias escenas (aunque sean pequeñitas) para brillar por encima de los demás. En ocasiones esto se vuelve en su contra, ya que, como hemos dicho, son demasiados elementos los que el director debe manejar y no tiene más remedio que quedarse en la superficie o correr más de la cuenta; claro que por el lado bueno, hace que La era de Ultrón no nos dé tregua y tenga de todo para todos. Thor se ha convertido en el personaje más gracioso del grupo, y nos regala los momentos más simpáticos y tronchantes de la película (sobre todo gracias al running gag sobre quién será “digno” de levantar el Mjolnir), aunque es el Vengador original con menos tiempo en pantalla; Tony y Bruce comparten varias escenas en las que Whedon saca partido a los adorables “Science Bros” (todo un regalo para los shippers de esta pareja); Steve Rogers, al igual que Stark, sigue ocupando un puesto protagonista, pero es más bien simbólico, ya que parece estar reservándose para Civil War. Y así llegamos a las verdaderas estrellas de La era de Ultrón: Natasha Romanoff y, sobre todo, Clint Barton, los Vengadores supuestamente más débiles o prescindibles, convertidos aquí en miembros centrales del equipo por obra y gracia de Whedon.

Ya que no cuentan con sus propias películas en solitario, la Viuda Negra y Ojo de Halcón tienen que aprovechar al máximo su tiempo en las distintas entregas del UCM para justificar su presencia en el mismo. Y en La era de Ultrón sobran las razones para considerar a Romanoff y Barton Vengadores esenciales. Por un lado, el arquero protagoniza una de las tramas más sorprendentes de la película y pronuncia las frases más inspiradas del guión, a menudo cargadas de autoconsciencia y metahumor. Clint se convierte así en el comentarista oficial de Los Vengadores, llamando la atención sobre lo demencial de algunas situaciones o cuestionándose sarcásticamente su propio papel en el grupo. Pero lo más importante ocurre en el “intermedio” de la película (uno de los pocos momentos en los que descansamos de su ritmo acelerado), donde conocemos una vertiente del personaje que aporta más significado a su afiliación a los Vengadores y desvela vínculos más fuertes de lo que pensábamos entre ellos, especialmente entre los dos agentes de S.H.I.E.L.D.

ojo de halcón

Por otro lado, a Natasha ya la disfrutamos en todo su esplendor pateaculos en El soldado de invierno, y en La era de Ultrón vuelve a desempeñar un papel fundamental en el grupo, como guerrera, y principalmente como ancla del “grandullón” verde. Y he aquí uno de los problemas de la película, que hasta cierto punto deshace lo que Whedon y los hermanos Russo han hecho hasta ahora con el personaje (una de las pocas mujeres importantes en un universo eminentemente masculino, y recordemos, lo más parecido a mejor amiga y wingwoman de Steve Rogers en la secuela de Capitán América). El guión de Whedon no solo reduce en un momento dado la amistad de Natasha y Steve a un posible rollo de cara a sus compañeros (no era necesario), sino que explora un romance entre Romanoff y Banner (también precipitado) adentrándose en los farragosos terrenos de la comedia romántica. Y no es que “Nat” deba ser un personaje asexual o no merezca tener su historia de amor, faltaría más (los demás Vengadores la tienen), pero no hacía falta ponerla a ronronear durante toda la película, solo para forzar una relación que todavía no tenía cabida en la historia. La Viuda sigue siendo uno de los personajes femeninos más interesantes y prominentes del cine de superhéroes (quizás el que más), y afortunadamente, en La era de Ultrón se continúa explorando con mucha atención el lado más humano de la letal espía (cada vez más divertida, por cierto). Por eso preocupa que Whedon, defensor a ultranza de la causa feminista dentro del patriarcal Hollywood y creador de una de las heroínas más importantes de la historia, la haya convertido en la chica para todos (aunque solo sea para hacer un gag), la mujer del héroe, e incluso damisela en peligro que necesita ser rescatada por su príncipe verde (por no hablar de su analogía entre esterilidad y monstruosidad, muy desafortunada aunque tenga sentido en la historia). No sabemos en qué grado el autor es responsable de todo esto, ya que por todos es sabido que las decisiones creativas finales corresponden siempre al estudio y no es cosa suya que la Viuda sea la única mujer del grupo, pero decepciona encontrarse un material tan poco propio de él vinculado a su nombre. Es más, nunca le perdonaré la escena en la que Bruce cae sobre Natasha y aterriza con la cara entre sus pechos. No solo es ofensivo y supone un retroceso para el personaje, es un chiste pobre y anticuado.

Natasha Bruce

Y hablando de chistes, La era de Ultrón está plagada de ellos. A pesar de que los adelantos promocionales vaticinaban un cambio de tono con respecto a la primera Vengadores, así como un giro hacia el terror y la ciencia ficción reconocido por el propio director, el humor sigue teniendo una presencia capital. De hecho, en ocasiones resulta algo intrusivo, lo que nos obliga a hablar de “alivio dramático“, que tiene lugar entre constantes chascarrillos y repetitiva comedia física (“golpes” que funcionan como reflejo o segunda parte de los de la primera película). Aquí todos son bromistas natos (incluidos Ultrón y Visión) y cualquier momento es bueno para demostrarlo, no importa lo dramático que sea. Huelga decir que hay abundantes diálogos y one-liners para la posteridad y que las risas están garantizadas, pero la media de chistes buenos es inferior a la de la primera película (no me hagáis hablar de la infantil broma recurrente sobre la fobia de Rogers a las palabrotas) y la historia, decididamente más oscura, tal vez pedía menos comedia.

Convenientemente, el tercer acto de La era de Ultrón rebaja el humor y da paso a una recta final espectacular y explosiva en la que Whedon eleva (nunca mejor dicho) el factor épico del UCM, con la Tierra enfrentándose a su peor amenaza hasta la fecha. La acción se vuelve (aún más) monumental, imparable -y algo mareante y confusa, por qué no decirlo. Pero si bien la destrucción del clímax roza el nivel de caos visual de Man of Steel, la película se preocupa constantemente de mantener la lógica interna, y no pierde de vista nunca el propósito de todo esto: salvar a la humanidad, y además hacerlo juntos. Y ahí está la clave de Los Vengadores. Cuando vemos al equipo en formación de combate todo encaja. Estos personajes están ahí, hombro con hombro, luchando contra un enemigo común, y todos tienen una razón para hacerlo, todos tienen una historia, una motivación que les lleva a formar parte de ese grupo. Esa preocupación por los personajes ha calado en el funcionamiento interno del UCM, así como en la audiencia, y eso es lo que hace que Joss Whedon se despida de la franquicia por todo lo alto, habiendo contribuido en gran medida a darle la forma que tiene hoy en día. Como hemos visto, La era de Ultrón tiene sus más y sus menos, pero en última instancia, solo hace falta un plano, el que nos muestra a todos los Vengadores “reunidos” segundos antes de librar la batalla final, para que entendamos por qué estamos ahí nosotros también.

Vengadores 2

 

RESUMEN BIPOLAR

Lo peor:

– Demasiados chistes. Por estadística, algunos tienen que resultar fallidos, y eso es justo lo que ocurre. El humor puede llegar a ser excesivamente inocentón (incluso para Whedon), y no, no todo momento es bueno para introducir una broma.
– A ratos parece una película de transición, creada para conectar pasado y futuro del UCM. No vendría mal rebajar la serialidad, Marvel, que se os va de las manos.
– Algún diálogo sobre-explicativo con el que los héroes excusan las ausencias de la película (no hacía falta que Thor y Tony nos contaran que sus respectivas parejas están muy ocupadas con sus carreras como para aparecer aquí).
– Demasiados elementos y personajes que conjungar. Como resultado: tramas aceleradas, ideas a medio formar y caos narrativo.
– Las motivaciones de Ultrón podrían haberse trabajado más.
– Se nota que ha habido mucha tijera.
– Que, aunque tengamos cameos de sobra, nos hayan privado de ver a Loki o no hayan aprovechado para presentar a algún héroe de futuras entregas del UCM como Black Panther, Spider-Man o Captain Marvel (que eran los que se rumoreaban). Aunque con la superpoblación de héroes y villanos que hay, es lógico y en el fondo lo mejor.
– Lo mareante y confuso de las batallas. La acción puede llegar a saturar. Se nos da apenas una fracción de segundo para ver “splash pages” en los que nos solemos recrear mucho más tiempo en las páginas de un cómic, y por tanto se pierden los detalles.
– El acento de Pietro y Wanda.
– El agresivo product placement.
– El romance de Natasha y Bruce, simplemente no encajaba en esta película.
– El tratamiento de la Viuda Negra no está a la altura del personaje (ni de la persona que la está escribiendo), y deshace lo que se ha hecho con ella desde Vengadores. Da la sensación de que Marvel no sabe muy bien qué hacer con ella. ¿La solución? Más personajes femeninos importantes (a poder ser, no dependientes de uno masculino).
– Otra muerte que perderá su impacto (que tampoco es muy fuerte) cuando resuciten al personaje.
– Se puede palpar el tira y afloja de Whedon con Marvel/Disney. No es de extrañar que el director no se quede para la próxima y que en las entrevistas promocionales suene desencantado, desafiante, e incluso triste.
– Algún desliz en la post-producción digital que nos deja ver la cara de los dobles de riesgo.
– El chiste de Steve Rogers y las palabras malsonantes. No funciona ninguna de las 800 veces que se hace.
– La repetición del esquema narrativo de siempre con la destrucción de una ciudad al final. Va siendo hora de que Marvel empiece a variar la fórmula si no quiere que el público se canse.

Lo mejor:

– Que todos los personajes tengan su momento.
– El carisma tan grande que tienen todos los protagonistas y lo cómodos que están los actores en su piel.
– Ojo de Halcón lo peta.
– Que Whedon trate a Natasha y Clint como Vengadores esenciales en la historia.
– “Nathaniel”, “Traidor”.
– Las escenas de calma entre la acción son las mejores.
– Whedon ha realizado una oda al cómic, una película repleta de planos sacados directamente de las páginas de Marvel, lo que hará las delicias de los lectores de la Casa de las Ideas.
– Ultrón y sobre todo, Visión. Personajes que demuestran que bajo la capa de metal (y tejidos sintéticos) de la película hay un componente muy humano.
– Elizabeth Olsen, aunque no tenga mucho tiempo para lucirse.
– Scarlett Johansson se eleva por encima del guión. Ellos maltratan a su personaje, pero ella está mejor que nunca. Película en solitario YA.
– Que aunque es una película menos whedoniana que la primera, seguimos encontrando paralelismos con sus series y whedonismos a cascoporro.
– El profético primer contacto de Wanda y la Visión.
– Que como en todo lo que hace Whedon, la película te toca la fibra cuando menos te lo esperas y entre toda la destrucción sigue sobresaliendo la emoción.
– Los one-liners están a la altura de los mejores del UCM (“He’s fast, she’s weird”).
– Thor y el running gag del Mjolnir. Hacen bien en aprovechar la gran vis cómica de Chris Hemsworth.
– Los mil y un cameos y guiños al pasado y el futuro del UCM (aunque afecte a la estructura del film, son todo un regalo para fanboys).
– La espectacularidad de las escenas de acción y los efectos, sobre todo en el clímax.
– Los Science Bros.
– Cuando los chistes y los gags son buenos, son MUY buenos.
– La secuencia de créditos finales con la impresionante estatua de mármol de los Vengadores luchando, además de una imagen hermosa y potente, un excelente guiño a uno de los diálogos de la película.
– Que a pesar del mayor énfasis en la acción de esta entrega, lo más importante siguen siendo los personajes (gracias, Joss) y sus luchas internas, uno de los núcleos del film.
– Es una película ante todo divertida y las más de dos horas y media que dura se pasan en un suspiro.
– Ver al equipo reunido de nuevo y en acción sigue siendo lo más emocionante. Por encima de todo.

Valoración: ★★★½

Crítica: Thor – El mundo oscuro

Thor el mundo oscuro

Thor representa el aspecto más carnavalesco y camp del Universo Cinematográfico de Marvel. Mientras sus otras facciones se sumergen de lleno en lo fantástico, pero transcurren íntegramente en la Tierra (o sea, Midgard), las películas de Thor nos trasladan a través de portales interdimensionales al lucasiano Asgard, y al resto de los Nueve Reinos de Yggdrasil, para dar rienda suelta a la orgía de cromas, criaturas monstruosas, impresionantes escenarios y súper-vikingos que esperamos de una épica de estas características. Huelga decir que aquellos que se aburrieron en su primera visita a Asgard encontrarán cuesta arriba algunos pasajes de este nuevo viaje -particularmente aquellos al comienzo del itinerario. Sin embargo, Thor: El mundo oscuro se ha contagiado del espíritu de Los Vengadores, afinando considerablemente su artillería cómica para hallar el equilibrio perfecto entre pompa, humor y romance.

Esta segunda Thor tiene poco de oscura. A pesar de las incursiones en el reino que da título a la película, Svartálfheim (el mundo de los elfos oscuros), la luz y el color son la tónica general. La grandilocuencia tolkiana de las escenas en Asgard se ve contrarrestrada por el humor estilo pez fuera del agua/choque de culturas y la (mejorada) química entre la pareja protagonista (una simpatiquísima declaración de amor es la clave). A las escenas de Thor desenvolviéndose en la extraña Midgard (lo mejor de la primera película), se suman en esta parte las aventuras de Jane Foster en Asgard. Natalie Portman parece no pasárselo del todo mal dando saltos delante de la pantalla verde (eso ya es un logro), pero sigue siendo la testosterónica, musculosa y talentosa presencia de Chris Hemsworth la que nos proporciona los gags más inspirados del filme: Thor cogiendo el metro de Londres está a la altura de los mejores chistes de Los Vengadores.

Malekith Thor el mundo oscuro

Sin embargo, Thor: El mundo oscuro sale principalmente beneficiada por la presencia amplificada de dos robaescenas natos. En primer lugar, Kat Dennings está en estado de gracia (estoy empezando a pensar que vive en estado de gracia) como Darcy Lewis, desempeñando un papel más activo y gozando incluso de su propia microtrama, que nos da algunos de los momentos más divertidos de la película (necesitamos un one-shot o una película de Darcy y su becario ya). Las escenas con Dennings y los demás terrícolas nos dan un necesario respiro de lo que ocurre al otro lado del Bifrost. Pero si Thor: El mundo oscuro tiene una clara súper estrella esa es Loki, la más fascinante diva marveliana, el villano más magnético e irresistible. El personaje de Tom Hiddleston es quizás el más popular entre los seguidores del Universo Cinematográfico de Marvel (Tony Stark se desmarca, pero los fanboys se pirran por Loki), y por eso el estudio se ha asegurado de que tenga más presencia, llegando a añadir por demanda popular más dosis de Loki a última hora. Nosotros salimos ganando, pero el otro villano de la función, Malekith el Maldito sale escaldado. Desdibujado, endeble, olvidable olvidado, el personaje interpretado por Christopher Eccleston no tiene nada que hacer ante Loki, y tampoco parece que hayan intentado darle entidad suficiente como para que la pelea de gatas sea justa.

El poco peso de Malekith en la historia, o la práctica ausencia de Sif -que por la campaña publicitaria pensábamos que aparecería más-, son claros síntomas de planificación sobre la marcha según intereses comerciales. Este es, en un principio, el aspecto más problemático de Thor: El mundo oscuro. A pesar de que Kenneth Brannagh no logró conectar con todo el mundo con la primera Thor, sí que fue capaz de aportar cierta integridad e identidad que se ha desvanecido con la secuela. El mundo oscuro viene firmada por Alan Taylor, que tiene experiencia orquestando inabarcables mundos fantástico-medievales en Juego de Tronos, pero quizás sería más fiel a la realidad que en los créditos apareciese “Marvel Studios” como director.

Loki Thor el mundo oscuro

Por muy divertida que sea, Thor: El mundo oscuro carece de una estructura narrativa definida y salta de un lado a otro según sople el viento, dejando la sensación de que faltan fragmentos o de que se olvidan tramas y personajes. Esa es la línea que sigue el estudio, basada en la inmediatez y la demanda, poniendo un pie en la cultura colaborativa (escuchemos al fan y añadamos lo que nos piden), y buscando en todo momento la satisfacción del comprador. Antes que una película, El mundo oscuro es un producto, una pieza de un vastísimo engranaje comercial que se debe ajustar a un plan maestro. Y ojo, esto no es necesariamente negativo. Es más, Marvel está demostrando que seguir llenando las arcas y hacer feliz al fan no está reñido, sino todo lo contrario. De hecho, está haciendo todo un arte de ello.

Únicamente por el alto contenido autorreflexivo, los guiños a las otras franquicias marvelianas, los cameos (impagable el que facilita el propio Loki en una de las secuencias más brillantes del filme) y las escenas post-créditos (no una, sino dos, quedaos hasta el final final), la película supone una experiencia plenamente satisfactoria para el fan del Universo Cinematográfico de Marvel, una que deja con ganas de más, y cuanto antes mejor. El éxito de la estrategia queda así demostrado. Con excepción de un par de plomizas escenas de batalla, Thor: El mundo oscuro supone una muy divertida y oportuna incursión en el Marvel más festivo, el de los puentes de arco iris y los trajes barrocos, sin descuidar la acción más espectacular: un sorprendente pre-clímax en Svartálfheim y un trepidante clímax en Midgard componen la imparable recta final. Y además de seguir garantizando nuestra fidelidad para los siguientes capítulos (o precisamente para ello), la película nos da todo el Loki que deseábamos y más. Loki leyendo, Loki llorando, Loki piropeando a su hermano, Loki riéndose de todos (de nosotros los primeros), Loki siendo un cabrón, Loki melena al viento. Al igual que Robert Downey Jr. con su Tony Stark, Tom Hiddleston se ha fusionado completamente con su personaje, y nos tiene a todos encandilados. ¿Para cuándo una trilogía spin-off de Loki?

Valoración: ★★★★

Review: Agents of S.H.I.E.L.D. – “The Asset” (1.03)

The Asset

¡Ahí lo tenemos! El icónico plano whedonista de grupo avanzando hacia la cámara. Y solo hemos tenido que esperar hasta el tercer episodio para verlo.

¿Hablamos sobre “The Asset”? ¿Qué os ha parecido con respecto a los dos anteriores? La cosa va mejorando, ¿no? Aunque todavía queda mucho por hacer. Aquí os dejo mis impresiones, sin orden ni concierto, a lo loco (a lo Loki):

Ya nos avisaron de que la primera etapa de SHIELD destacaría por los episodios autoconclusivos (como toda serie made in Whedon), así que a nadie debería sorprender que “The Asset” sea más o menos igual que los dos capítulos anteriores -sobre todo que “0-8-4”. Una misión, más palabrería científico-técnica precediendo a las peleas y las explosiones de turno, más gadgets de mentirijilla, más giros predecibles… Pero también más información sobre los personajes y más cohesión como grupo. Esto va tomando forma.

Salta a la vista que los efectos especiales están muy por encima de la media. Esos coches y el camión volando durante el cold open no se ven en cualquier serie. Aunque no es ni de lejos lo más importante, ese tipo de cosas dan empaque a una serie que tiene que luchar con el sambenito de ser la hermana pequeña y pobre de Marvel.

La semana pasada dije que Melinda May era mi agente menos favorito. Lo retiro (pero insisto en que la culpa la tiene Ming-Na, no me la puedo tomar en serio). Esta semana estoy entre Ward y Skye. ¿A qué viene esa tensión sexual tan artificial? ¿En serio hacía falta forzarla tan descaradamente y tan pronto? Qué pocas chispas, qué incómodo y acartonado todo. Mirándolo por el lado bueno, sus escenas juntos en “The Asset” nos han servido para saber más de los dos personajes. De Ward aprendemos que su hermano le pegaba cuando era pequeño (vaya, Ward, ¿cómo se supera un trauma así?). De Skye que es una huérfana que ha crecido pasando de una familia adoptiva a otra, y que acabó dejando el instituto para adoptar la filosofía “si no esperas nada de nadie evitas las decepciones”. No es todo, también descubrimos que nuestra Annie particular tiene unas tet… Perdón. Joss no me ha criado para esto. Pero seguro que no han pasado desapercibidas a nadie.

Skye The Asset

Lo que sí tengo claro es quién es mi agente favorito por ahora: Leo Fitz. Nuestro nuevo Topher Brink (sin el complejo de Dios y con los niveles de adorabilidad por las nubes) tiene las mejores frases del episodio: “If we had a small monkey…”, “Boobs”. ¡Y por si fuera poco, come palomitas al borde de la taquicardia durante la misión de Skye!

SHIELD tantea terrenos con un breve momento “salvaje oeste” que nos recuerda inevitablemente a Firefly, como cada vez que vemos el cargo bay del avión de Coulson. You can’t take the sky from me. You can’t take Lola from me.

Cada vez soy menos capaz de pasar por alto el hecho de que Clark Gregg no sea precisamente el mejor actor del mundo (de hecho es uno de los más inexpresivos que he visto en mucho tiempo, con permiso de Ming-Na… vaya duelo de titanes). Aun es pronto, porque el personaje no le ha exigido demasiado, pero dudo que vaya a ser capaz de dar la talla interpretativamente. Espero equivocarme. Sigo adorando a Coulson (¡más referencias a su coleccionismo metidas con calzador en este capítulo!), pero por ahora siento que elevarlo de rango, de secundario (enlace dentro del Universo Cinematográfico de Marvel y alivio cómico de Los Vengadores) a protagonista de su propio buque marveliano está dejando demasiado a la vista sus carencias. A ver si con el tiempo se ajusta a su nuevo estatus.

Espero que se acaben pronto las bromas tipo “Bla bla bla jerga científica a velocidad de la luz”, “Chicos, en inglés, por favor”. No se puede usar en todos los capítulos. Por lo demás, el reparto se empieza a sentir más cómodo con los diálogos. Mención especial a Chloe Bennet (Skye) y Elisabeth Henstridge (Simmons), que por ahora han pillado el tono cómico whedoniano mejor que nadie.

Más conexiones azarosas con el Whedonverso: ¿Puede ser Simmons más Winifred Burkle? ¿Y no os ha recordado este episodio a las primeras misiones de Echo en Dollhouse?

Franklin Hall

El despegue de Agents of SHIELD está siendo algo turbulento. “The Asset” me ha resultado definitivamente más sólido y entretenido que “0-8-4”, y sigo insistiendo en que el potencial es enorme y hay que confiar en que se desarrolle a su ritmo. Pero dudo que aguante mucho más a base de episodios “standalone” que se pueden reducir al siguiente esquema: misión en la que un grupo de novatos se enfrentan a una grave amenaza global y la solucionan con un deus ex machina de dudoso funcionamiento (en el episodio anterior fue una balsa, en este un simple disparo en un cristal dentro de unas instalaciones de alta seguridad). De acuerdo, este tipo de cosas forman parte del pacto de ficción que firmamos cuando nos adentramos en una serie de estas características, y no podemos olvidar que estamos ante un producto Marvel, pero hay que esforzarse un poco más en cerrar este tipo de tramas, porque esto no es un cómic de los 60. No queremos guionistas perezosos que escriben los capítulos usando una plantilla. Es más, nosotros podemos aguantarlo, pero el público general no tanto, y por desgracia, de ellos depende que la serie sobreviva.

Habréis notado que me centro bastante en los aspectos negativos de la serie. Si lo hago no es porque esté descontento con ella, es porque no estoy todo lo contento que quiero estar. Con tres episodios emitidos, me reafirmo en todos los puntos fuertes de Agents of SHIELD que identifiqué en este artículo y no considero necesario repetirlos una y otra vez. Lo que hace falta es centrarse en lo que se puede y se debe mejorar para que Agents of SHIELD se convierta en la gran serie que todos queremos que sea. La escena post-créditos (parece que va a ser habitual, y me parece estupendo) nos indica que estamos a punto de presenciar el nacimiento de Gravitón. Este súper villano, alter ego del doctor Franklin Hall, apareció por primera vez en Los Vengadores #158 (1977). ¿Será nuestro Big Bad de la temporada? Espero que sí. Es justo lo que la serie necesita.

Ahora vosotros. ¿Qué os ha parecido “The Asset”?

Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. – 100% Whedon

CLARK GREGG

Joss Whedon está más que familiarizado con el término “potencial“, y de hecho suele construir sus obras y a sus personajes alrededor del mismo. Para hacer una buena serie de televisión cuya proyección más allá del piloto no solo sea longeva y rentable, sino que capte de verdad el interés a largo plazo del espectador, es necesario manejar con habilidad ese potencial. En los últimos años, el drama televisivo en abierto ha depositado una importancia capital en el piloto de una serie. Por esto, es muy habitual que se despliegue todo el arsenal en la primera hora, dejando al espectador con la sensación de no necesitar más. Con Marvel’s Agents of S.H.I.EL.D., Whedon hace todo lo contrario, demostrando más de quince años después del estreno de su primera serie, Buffy, cazavampiros, que su magia sigue intacta.

S.H.I.E.L.D. (a partir de ahora usaré solo el acrónimo, y quizás me deshaga de los puntos) es una fuente rebosante de potencial. Un potencial que Joss, su hermano Jed y su cuñada Maurissa Tancharoen, se guardan muy bien de no realizar del todo, porque saben perfectamente que esto sería contraproducente. Por eso, esta familia bien avenida dosifica con tiento y astucia la información, jugando muy bien la carta del factor sorpresa, continuando la fusión de acción y comedia que tan bien funcionó en Los Vengadores, y ofreciéndonos lo justo para que salgamos satisfechos, pero sobre todo ansiosos por saber más.

Joss Whedon suele confiar en el poder del stand-alone (episodios autoconclusivos) para levantar los cimientos de una historia que acabará demandando mayor énfasis en una gran trama general. El piloto de SHIELD (fuera puntos) sirve como (re)introducción al universo que conocemos por las películas de Marvel a la vez que funciona como episodio-modelo de una serie que transcurre en un área desconocida de ese universo (el Nivel 7). Un “caso de la semana” que precederá a muchos otros, y que siembra la semilla de un arco mayor (que quizás empieza con la pregunta “¿cuál es el secreto tras el regreso de Coulson?”) Los que conocemos cómo funcionan sus relatos sabemos lo que Whedon y su equipo nos están preparando.

IAIN DE CAESTECKER, ELIZABETH HENSTRIDGE

El piloto de SHIELD supone una carta de presentación impresionante en cuanto a despliegue (salta a la vista el presupuesto) pero prudente y discreta narrativamente hablando. Como esperábamos de él, Whedon comienza a erigir su discurso apoyándose en los personajes, y no en la pirotecnia marveliana. Es una cuestión de logística. No se puede volar Nueva York por los aires todas las semanas, y no se puede contar con Robert Downey Jr. más allá de las imágenes de archivo. Pero también es el modus operandi whedoniano. No hay problema, tenemos al agente Coulson, a un puñado de nuevos personajes que -aunque sea demasiado pronto y estén en fase de génesis- no nos avergüenza reconocer que ya queremos un poco (o mucho), y a Lola (OMG LOLA!). Los agentes de SHIELD están construidos específicamente para llevar todo el peso de la serie, para que solo con ellos nos baste para estar satisfechos. Así, las nuevas creaciones de Whedon revelan esa permanente búsqueda de aquello que hace humanos a sus personajes, algo que crea vínculos instantáneos con el espectador, como siempre.

El equipo reunido alrededor de la resucitada figura de Phil Coulson (Clark Gregg) -un Mal Reynolds en busca de tripulación para realizar misiones al margen de burocracias-, responde inequívocamente a los cánones whedonianos. Tres en concreto son los personajes que más nos recuerdan que estamos ante una obra del autor: Skye, quizás la mayor representante junto al pícaro Coulson del sentido del humor whedoniano (ese inconfundible cóctel de ingenuidad, cultura pop, autorreflexión y bobaliconería), y el dúo dinámico Fitz-Simmons, que personifican dos arquetipos del Whedonverso, y además por partida doble: son británicos y lab geeks. Tanto ellos como los miembros más veteranos y serios del equipo, Melinda May y Grant Ward, están caracterizados de manera que su individualidad brille por separado y estalle en grupo, como los scoobies, y los tripulantes de la Serenity -¿está Whedon aprovechando para hacer Firefly otra vez?-, los activos de la dollhouse y los propios Vengadores. El clásico espíritu de equipo Whedon. Qué ganas de ver el icónico plano de grupo avanzando hacia la cámara.

CLARK GREGG, BRETT DALTON, CHLOE BENNET

Como decíamos, todo se reduce al potencial. Y de eso va precisamente la primera misión de SHIELD. A través de Mike Peterson, el personaje interpretado por el whedonista J. August Richards (Gunn en Angel), y del equipo liderado por el agente Coulson, los Whedon-Tancharoen nos hablan de los que no son los elegidos, de aquellos que se enfrentan al Nuevo Mundo sin poderes sobrehumanos, de los que viven cerca de los focos pero nunca los pisan, los que lo ven todo sin que nadie los vea a ellos (“No podemos explicar todo lo que vemos, pero tenemos los ojos abiertos”). Los agentes de S.H.I.E.L.D. son humanos que se desenvuelven en una parcela de la realidad (“la línea que separa el mundo del mundo más extraño”) que les exigirá constantemente hallar el alcance y el límite de sus habilidades. En un mundo de súper héroes voladores, gigantes verdes, dioses, alienígenas y monstruos, estos hombres y mujeres deben buscar aquello que los convierte no en seres especiales, sino extraordinarios. Y nosotros estamos deseando presenciar esa búsqueda, a pesar de que ya intuimos desde el piloto qué es lo que los hace únicos.

 

Conexiones con el Whedonverso:

– ¿Quién más pensó en el “cargo bay” de la Serenity cuando Coulson y Ward entran al avión de SHIELD?

– J. August Richards no es el único actor whedonista que aparece en el piloto. También tenemos a Ron Glass, el pastor Book de Firefly, que hace de doctor de SHIELD. Como forma parte de la plantilla de la organización, es muy posible que lo veamos más.

– “You can’t stop the Rising Tide” (Skye), “Can’t stop the signal”. No puede ser coincidencia.

– Volvemos a ver al übervamp y a oír el Grr Argh! del logo de Mutant Enemy. Lo echábamos de menos, ¿eh?

Por qué ‘Los Vengadores’ pertenece legítimamente al Whedonverso

Que quede claro desde el principio. Sería absurdo atribuir a Joss Whedon la autoría absoluta de este macro-proyecto que es, y ha sido durante los últimos años, Los Vengadores. Para cuando el director y guionista se subió a bordo del buque marveliano -por tercera vez ya, recordemos que guionizó RunawaysAstonishing X-Men-, todo el trabajo previo a este esperadísimo mash-up superheroico estaba hecho. Por no decir que las líneas maestras de la historia llevaban escritas desde que en septiembre de 1963 Stan Lee y Jack Kirby publicasen el primer número de The Avengers. Dicho esto, puedo afirmar con rotundidad, convicción, y sobre todo incontinencia emotiva, que Los Vengadores es una obra incontestablemente whedoniana. Y es mi intención defender esta idea a continuación, estableciendo los numerosos paralelismos entre el filme y los anteriores trabajos del autor. Sin embargo, y a pesar de que Whedon se lleve la película a su terreno -en cierto modo, Marvel siempre fue su terreno-, el ex productor televisivo ha logrado crear un grandioso -que no grandilocuente, eso se lo dejamos a Nolan- espectáculo que busca la satisfacción del público no iniciado, mimando casi enfermizamente al fanboy obsesionado con Marvel y sin descuidar al whedonite más entregado -bueno, ¿no lo somos todos? La respuesta abrumadoramente positiva por parte de los tres frentes confirman lo que ya sabíamos: Whedon nació para este proyecto.

A pesar del extenso terreno allanado por las seis películas previas -sí, yo cuento la primera Hulk-, Los Vengadores es una historia iniciática, y es así cómo Whedon nos la presenta. Sin tratar de convertir la saga en lo que no es -lo que intentó sin éxito Ang Lee-, Whedon cuenta el origen del súpergrupo teniendo en cuenta todos los elementos ya dispuestos, para fabricar una historia que sirva como punto de convergencia de los relatos individuales de los personajes, pero que también funcione como génesis o Capítulo Cero. No es la primera vez que el autor se enfrenta a un reto creativo de estas características. El precedente es Serenity (2005), la película con la que trató de inaugurar una franquicia cinematográfica basada en su malograda serie Firefly (2002), y para la que Whedon relanzó las historias de los nueve tripulantes de la nave protagonista. Por aquel entonces, Whedon no contaba con las facilidades que da disponer de un puñado de súper héroes que llevan cinco décadas en las posiciones más privilegiadas de la cultura popular. Al final, Serenity solo interesó a los whedonites y browncoats -así se denominaron los fans de la serie. Con Los Vengadores, este desenlace no era una posibilidad.

En este caso, la experiencia previa de Whedon sirve al autor para salir de embrollos narrativos, y le permite brillar en lo que siempre ha destacado. En Los Vengadores se opta por la coralidad del reparto, otorgando momentos de protagonismo a todos y cada uno de los personajes, armónicamente repartidos a lo largo del metraje. No hay protagonistas, ni se ignora a ningún personaje a favor de los demás -otra cosa es que los egos de unos tengan más presencia escénica que los de otros. Se trataba de hacer que un grupo de súper héroes, que juntos son una “bomba de relojería”, estallasen de la mejor manera posible. Y vaya si lo hacen. Superados los conflictos internos -épicas batallas de egos en lapidarios diálogos marca de la casa-, se explota de nuevo la idea de grupo que deja a un lado sus diferencias para enfrentarse a un mal mayor. Y se hace buscando en todo momento la complicidad de un espectador que puede, y quiere entregarse emocionalmente. Es Whedon en estado puro. Hasta encontramos el característico plano de los personajes caminando en grupo hacia la batalla que no falta en ninguna de las obras whedonianas. Desde ese momento, el público está en el bolsillo.

Los Vengadores ofrece a Whedon la oportunidad de seguir insistiendo en algunos de los temas que conforman la tesis de su obra televisiva, principalmente el poder y la naturaleza de la corrupción, así como también la redención. A través del villano de la función, Loki -también el primer archi-enemigo al que se enfrentan los Avengers en cómic-, se explora la idea del mal como consecuencia -y también origen- de la ambición y la búsqueda de gloria. Así, Whedon, convierte a Loki en una “diva” que prepara su gran espectáculo en Las Vegas -bueno, estamos en Stuttgart, pero la analogía no sería igual de efectiva. La primera toma de contacto con su público recuerda inevitablemente a aquella Jasmine (Gina Torres) de la cuarta temporada de Angel (1999-2004), figura mesiánica que llega a la Tierra con la intención de convertirla a su culto -y después comérsela. Loki (un excelente Tom Hiddleston) se convierte de esta manera en un villano más caricaturesco -ese atuendo de gira crepuscular de madame del pop lo pedía a gritos-, dejando atrás los motivos que lo situaron en la senda del mal, y descargando al personaje de afectación y pathos. La escena que supone la derrota de Loki confirma una vez más que estamos ante una obra whedoniana. Hulk agarra por sorpresa y zarandea de la manera más cartoonesca al villano -que está pronunciando el discurso amenazante de turno-, sustituyendo con este momento cómico al convencionalismo -y sopor- de la escena de confrontación final que no falta en ninguna de las películas anteriores. Lo épico se busca por otros medios. Whedon echa mano en este y otros momentos de Los Vengadores de uno de sus recursos más utilizados en Buffy, cazavampiros (1997-2003): dar fin a los conflictos con un golpe de efecto cómico en lugar de alargar los enfrentamientos desesperantemente. En este caso, Hulk es el mini-demonio Gachnar, que es vencido de un pisotón en el episodio “Fear, Itself” (4.04). El excelente humor físico del que hace gala Los Vengadores se fusiona con los célebres diálogos saturados de one-liners que han caracterizado al autor a lo largo de los años, para dar como resultado un filme que no solo puede considerarse una gran película de acción, sino también una sobresaliente comedia.

En entrevistas realizadas durante los últimos meses, Whedon advertía que no era su intención llenar la película de guiños a sus fans. En todo caso, si había que hacer guiños era a los geeks marvelites. No os preocupéis, los hay, a montones -muchos más de los que yo jamás podré identificar. El autor se ha encargado de volcar en la película todos sus conocimientos sobre la casa de Stan Lee. Sin embargo, después de aquellas declaraciones, sorprende comprobar que el viejo Whedon está presente en cada uno de los 142 minutos -¿tantos? parecieron cinco- de Los Vengadores. Es más, se las arregla para incluir a dos de sus actores fetiche, Enver Gjokaj y Alexis Denisof, en una película que no le daba demasiado margen para el enchufismo -una pena no haber visto finalmente a Nathan Fillion como Hombre Hormiga. A las coincidencias señaladas en los párrafos anteriores se añaden una infinidad de paralelismos que van de lo más fortuito a lo más explícito. Por ejemplo, el fanboy que hay en mí os dirá que Bruce Banner se quita las gafas haciendo el mismo ademán que caracterizó a Rupert Giles a lo largo de las siete temporadas de Buffy, cazavampiros. O que Capitán América irrumpe en una escena saltando sobre una furgoneta, lo que recuerda demasiado a la entrada de Capitán Hammer en Dr. Horrible’s Sing-Along Blog (2008). Pero es que abandonando esta perspectiva conspiranóica, sigue resultando tremendamente fácil separar los rasgos puramente whedonianos del relato.

A través de los pasados de algunos de los personajes, Whedon cuela en el ramificado discurso de Los Vengadores breves reflexiones que nos transportan directamente a sus series. A pesar de haber sido creado por otro, la Viuda Negra, al igual que Kitty Pryde de los X-Men, es un personaje whedoniano por definición propia. En Los Vengadores se nos habla del peso que suponen para la agente de S.H.I.E.L.D. sus acciones en el pasado, y conocemos sus deseos expiatorios –Buffy y Angel están superpobladas de personajes que buscan la redención. El personaje de Scarlett Johansson es además un claro exponente del mensaje de emancipación femenina que ha articulado en gran medida la obra de Whedon. La primera escena de la Viuda Negra en Los Vengadores nos reintroduce al personaje en el clásico papel de damisela en apuros, para acabar revirtiendo este rol en una escena que podría pertenecer a la serie de la cazavampiros: la clásica paliza a los malos con los imprescindibles chascarrillos entre patada y puñetazo -algunos nos imaginamos por un instante que utilizaría como estaca una pata de la silla en la que estaba atada. Natasha Romanoff y Buffy Summers se convierten por un momento en la misma persona. A su vez, Ojo de Halcón -Jeremy Renner apareció en un episodio de la primera temporada de Angel– y la Viuda Negra -cuyo estilo peleando es reminiscente del de River Tam- comparten sus tormentos existenciales en una escena que alude directamente al discurso central de Dollhouse (2009): la búsqueda de identidad de unas personas cuyos pasados han sido borrados para trabajar al servicio de una organización secreta -por cierto, una oportunidad redentora para el propio autor, que jamás fue capaz de dominar las tramas militares de sus historias. Y si no, recordad la infame Iniciativa (Buffy).

Whedon exprime adecuadamente estas coincidencias temáticas, que vienen dadas por la historia de los personajes. Sin embargo, podemos ir más allá y encontrar numerosas escenas, diálogos e incluso planos que resultarán tremendamente familiares a los whedonites más hardcore: la nave de S.H.I.E.L.D. hace las veces de Serenity, permitiendo a Whedon volver a tratar con una ‘tripulación’ de héroes de naturalezas muy opuestas; también hay en la película un par de discursos motivacionales que no pueden faltar en la recta final de toda historia que venga firmada por Whedon; a un nivel más visual, el hundimiento de las instalaciones de S.H.I.E.L.D. al comienzo de la película es una revisitación del final de “Chosen”, el último episodio de Buffy, cazavampiros, en el que la Boca del Infierno se traga Sunnydale al completo; por otro lado, el sacrificio de Iron Man nos transporta hasta “The Gift” (Buffy, 5.22), en el que la heroína se zambulle en el portal interdimensional que amenaza con destruir la Tierra; y por último, tanto los deseos de los Vengadores de tomarse un día libre tras ganar la batalla, como la insistencia de Tony Stark en que vayan a comer a un sitio nuevo de shawarma, son reproducciones casi literales del divertido diálogo que mantienen los protagonistas de Buffy antes de adentrarse en la batalla final.

Pero la esencia más puramente whedoniana de Los Vengadores no se encuentra en estos instantes anecdóticos, sino en el cuidado tratamiento de la historia, y sobre todo, de los personajes. Como de costumbre, el director crea ese poderoso vínculo entre el espectador y los héroes, que le permitirá adoptar su clásica posición de demiurgo absoluto sobre la acción. Whedon humaniza a unos personajes que se nos antojaban algo vacuos en sus entregas individuales -con la excepción quizás de Tony Stark-, sacando el mayor provecho de sus intérpretes -el Bruce Banner/Hulk de Mark Ruffalo es uno de los personajes más memorables de la cinta-, y logrando que temamos por la vida de todos y cada uno de ellos en el vertiginoso clímax de la película, 40 sublimes minutos que ponen en evidencia todo lo que ha hecho Michael Bay. Eso sí, como antesala del desenlace, y para magnificar esa sensación de mortalidad de los personajes -a pesar de que sabemos de sobra que ninguno puede morir-, Whedon ya se ha encargado de recordarnos, por si a alguno se le había olvidado, quién maneja los hilos: tras convertir al agente Coulson en un geek al que empezamos a adorar peligrosamente, nos lo arrebata en una escena que nos desarma emocionalmente, nos enfurece, y en definitiva, nos introduce sin marcha atrás en el relato, desencadenadenando el frenético acto final. Aunque nos pese, al más puro estilo Whedon.

A través de la identificación, el autor construye una historia que implica al espectador a un nivel al que no nos tiene acostumbrado el género de súper héroes. Se trata de la enésima -y esta vez definitiva- relectura del cine de palomitas, a manos de la persona que comprende el verdadero alcance del término: el Dios geek, uno de nosotros. La película de Joss Whedon se siente cómoda con cualquier etiqueta, pero por mi parte, pienso colocar Los Vengadores junto a Buffy, Angel, Firefly, Dr. Horrible y Dollhouse en mi videoteca. Sin reparos.