Sobre el crossover de ‘Los Simpson’ y ‘Padre de familia’

Fox tuvo una primera Premiere Week 2014 horrible. Desde hace un par de años está que no levanta cabeza, y sus series (especialmente sus comedias) están alcanzando mínimos irrisorios. Se dice incluso que Fox es la nueva The CW, haciendo alusión a los índices de audiencia peligrosamente cercanos al 1.0 en la demo 18-49 que lleva cosechando desde el año pasado. Claro que la audiencia target de CW es más específica, y por tanto se espera que sea más limitada, así que Rupert Murdoch tiene de qué preocuparse. Por suerte para la cadena, el regreso el pasado domingo de dos de sus buques insignia, Los Simpson y Padre de familia, salvó su semana en la hora 11, como dicen por allá. El incremento en la audiencia de ambas series se debió sin duda al factor crossover que juntó a las familias Simpson y Griffin en un especial de doble duración. La estrategia del crossover por cierto también benefició a Once Upon a Time esa misma noche, que regresó por todo lo alto con la incorporación de los personajes de Frozen a su colección de “fábulas” de Disney. Pero centrémonos en el acontecimiento animado televisivo del año (al menos hasta el próximo domingo, que vuelve Bob’s Burgers).

Os voy a ser sincero, estaba más desinformado de lo que creía con respecto al crossover de Los Simpson Padre de familia. Había asumido que estaría dividido en dos episodios, uno de una serie y otro de otra, así que pensando que daría comienzo en el estreno de la 26ª temporada de la serie de Matt Groening y continuaría en el arranque de la 13ª de Padre de familia, vi el capítulo de Los Simpson pensando que en cualquier momento harían acto de presencia los Griffin. En lugar de eso, me encontré con otro acontecimiento que Fox ha estado todo el verano anticipando: la muerte de un otro habitante de Springfield. En “Clown in the Dumps” (26×01), el padre de Krusty el payaso fallece, y mi reacción a tal anticlimático acontecimiento, y al episodio en general fue la siguiente: Eh!” (léase con la voz del rabino Hyman Krustofsky, por si no estaba claro).

Simpsons Family Guy crossover

Además de esta muerte, el episodio pasó sin pena ni gloria, no fue más que otro refrito sin chispa de viejas ideas y gags (por ejemplo, el programa de Krusty a lo largo de los años mostrando la evolución del payaso en consonancia con cada época), o sea, un jarro de agua fría para aquellos que no hemos seguido la serie en sus últimas (¿10?) temporadas y aún nos sorprendemos de lo muchísimo que se ha desvirtuado cuando nos topamos con un capítulo. Afortunadamente, no todo en “Clown in the Dumps” fue olvidable. El gag del sofá se mantiene como lo único verdaderamente fresco, interesante y estimulante de la serie, y el primero de la 26ª temporada no dejó indiferente a nadie. Los Simpson sigue confiando este espacio de su serie a cineastas y artistas consagrados, y también a animadores experimentales, como el último, Don Hertzfeldt, nominado al Oscar por su cortometraje Rejected. El couch gag de Hertzfeldt es uno de los más extraños, arriesgados y desconcertantes que hemos visto en la serie. Una auténtica maravilla en mi opinión. Os lo dejo a continuación, por si no lo habéis visto todavía, o por si, como yo, queréis verlo una y otra vez con los ojos como platos:

THE SAMPSANS EPASODE NUMBAR 164,775.7
HAIL HAIL MOON GOD

¿Y en cuanto al tan publicitado crossover? Pues nada mal, si os digo la verdad. Nunca he sido fan de Padre de familia, es más, en más de una ocasión he mostrado mi rechazo hacia la serie de Seth MacFarlane, pero os estaría engañando si os dijera que el episodio de Los Simpson me gustó más, solo por ser Los Simpson. Nada más lejos de la realidad. Aunque me cueste reconocerlo, Family Guy aún conserva algo de la agudeza y capacidad de observación que Los Simpson perdió hace mucho tiempo. El crossover tuvo sus más y sus menos, pero en general fue un buen trabajo de autocomentario, autocrítica y homenaje por parte de MacFarlane a Groening. Hubo sal gruesa, claro, porque técnicamente era un episodio de Padre de familia, y porque Los Simpson hace mucho tiempo que empezaron a sazonar sus episodios con este ingrediente. Pero hasta los últimos 10 minutos, reinó el respeto (es más, la reverencia), el ingenio y el absurdo -el del bueno, el del tipo “I’m a Family Guy” “I’m a The Simpsons”.

The Simpsons Guy” (13×01) se remontó a la primera etapa de Los Simpson para analizar todo lo que la convirtió en un fenómeno cultural, y lo hizo emparejando a los personajes de ambas series para que estos se encargasen de repasar sus elementos más icónicos y las diferencias entre una ficción y otra (véase la broma telefónica), con mejores y peores resultados: muy aprovechada la relación Bart/Stewie (genial la admiración que profesa el pequeño de los Griffin al mayor de los Simpson), menos fructífera la de Lisa y Meg o Brian y Pequeño Ayudante (mucho mejor habría sido poner juntos a los cerebritos de ambas familias, Lisa y Brian). Asimismo, los constantes guiños al carácter de estrategia publicitaria del crossover resaltaban la autoconsciencia del producto de manera ingeniosa (como cuando Peter reconoce que le está costando seguir adelante, porque está acostumbrado a “hacer esto durante media hora sólo”).

Matt Groening Seth MacFarlane

La sobredosis de meta fue considerable (cameos de Bob’s Burgers American Dad incluidos), y culminó en la brillante escena del juicio por plagio de cervezas, en la que un puñado de habitantes de Springfield aparecían sentados junto a sus análogos de Quahog, despachando los mejores chistes del capítulo condensados en el menor tiempo. Por esta inspirada escena hay que elogiar a MacFarlane (¿qué me pasa, doctor?), por reconocer abiertamente que su serie es una copia, y por utilizar este evento televisivo para celebrar el legado de Los Simpson, serie a la que Padre de familia debe su mera existencia. Claro que todo esto se va un poco al traste en el segmento final, en el que asistimos a la chicken fight entre Peter y Homer, un gag agotado y sin gracia, y con el que, junto al horrible, vergonzoso, vomitivo gag del lavado de coches, la serie de MacFarlane acaba fagocitando por completo a la de Groening.

Crítica: Las aventuras de Peabody y Sherman

Peabody y Sherman

La nueva propuesta de Dreamworks Animation Studios, Las aventuras de Peabody y Sherman, está basada en unos dibujos animados de finales de los 50 y comienzos de los 60 de escasa repercusión en España (más allá de su cameo en Los Simpson). Mr. Peabody & Sherman era un sketch fijo dentro de El show de Rocky y Bullwinkle (dos personajes animados que ya tuvieron una olvidada adaptación cinematográfica en 2000). En él, Peabody (se pronuncia pí-bodi), un beagle científico famoso por ser el ser más inteligente del planeta, y su hijo adoptivo, un niño humano llamado Sherman, viajaban con su máquina del tiempo y revivían los acontecimientos más importantes de la historia, conociendo a personajes clave como Napoleón, Leonardo Da Vinci o Cleopatra.

Esta adaptación moderna, de la mano de Rob Minkoff (el realizador con menos talento del tándem que dirigió El rey león), conserva la historia original, ajustándola a los parámetros actuales del cine de animación digital. Esto quiere decir que Las aventuras de Peabody y Sherman es una cinta indudablemente enérgica, colorista y bienintencionada, tal y como cabe esperar de cualquier película del estudio, Peabody y Sherman_Poster Oficialpero también tremendamente corriente y formulaica, como ocurre con el 90% de la animación digital hoy en día. Se distancia ligeramente de otras películas animadas por su marcada estructura episódica y sigue la acertada senda del estudio alejándose del fotorrealismo en favor de una simpática animación cartoon, pero en el fondo es exactamente igual que todas las demás.

En Las aventuras de Peabody y Sherman todo transcurre según lo preprogramado. No falta el mismo mensaje y las lecciones de siempre, ni los guiños a los papis (algunos sorprendentemente picantes), que darán el visto bueno a la película por su valor educacional y su capacidad para embelesar a sus pequeños gritones durante hora y media. Y tampoco falla ese factor emotivo ya imprescindible en cualquier película de animación moderna que se precie. Desde que Pixar perfeccionó el arte de tocar la fibra con sus personajes animados, no hay ni una que prescinda de su clímax lacrimógeno. Sin embargo, en Las aventuras de Peabody y Sherman, a pesar de las buenas intenciones, lo sentimental se antoja demasiado calculado y artificial, como un elemento más de la fórmula que se ha aplicado siguiendo el manual al pie de la letra. Solo el ocasional set piece, donde se domina la acción con soltura, y las siempre infalibles paradojas de las historias de viajes en el tiempo, evitan que Las aventuras de Peabody y Sherman caiga en el tedio absoluto. Eso sí, no hace falta viajar al futuro para saber que esta película no durará en nuestra memoria mucho tiempo.

Valoración: ★★½