Katniss Everdeen y el feminismo distópico

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Texto escrito por Juan Naranjo

En alguna ocasión he provocado risas irónicas y ojos en blanco cuando, en discusiones sobre asuntos relacionados con el feminismo en los Mass Media de hoy en día, he citado a la saga de “Los Juegos del Hambre” como un referente más que positivo de buenas prácticas y de empoderamiento femenino, dentro de la literatura juvenil reciente y dentro del cine blockbuster.

En esos casos, los que me han tomado a chufla se creían que lo que me parecía feminista era una chica mona con una trenza de espiga que dispara flechas a los malos, y que está inmersa en un triángulo amoroso típicamente hollywodiense… Pero el motivo por el que he defendido esta idea (y la seguiré defendiendo) es porque LJDH es un producto en el que se presentan personajes y escenas de un elevado rango de diversidad, y de alta representatividad femenina, de forma natural y sin aspavientos, cuestionando los roles tradicionales de género y las cuotas de minorías en la pantalla. Y esta representación no sólo hace referencia a la heroína protagonista, sino a todo el mundo que le rodea y a todas las situaciones a las que se enfrenta.

Tenía esta percepción tan positiva desde que leí los libros… pero esta idea cristalizó del todo en mi mente gracias a una escena de la última entrega, “Sinsajo, Parte 2“, en la que la saga se da por finalizada. Estaba sentado en la sala, y me di cuenta de que estaba viendo una escena que, a pesar de que parece cotidiana y ordinaria, era revolucionaria. En esta escena, tres mujeres, todas presumiblemente mayores de cincuenta, y una de ellas de color (y no es que estemos sobrados de representaciones de ninguno de los dos grupos en el cine comercial actual), hacían de líderes políticos y militares de sus regiones, y mantenían una conversación en la que se discutía sobre la conveniencia o no de atacar militarmente un puesto estratégico fiel a un gobierno dictatorial, con el fin de derrocarlo.

Sobre la conversación de estas tres mujeres flotaban diversos dilemas morales (la legitimidad o no de la venganza a sangre fría cuando hay civiles de por medio; la vaga sospecha de que se está derrocando un gobierno dictatorial para imponer otro también por la fuerza), que nada tenían que ver con hijos, maridos o padres, sino con el destino de una nación, el camino de una revolución, y el bienestar de un pueblo y un ejército. Puede que desde los mejores tiempos de “Orange is the New Black” no viese una escena en la que tantas mujeres hablaban de asuntos que les importan a ellas, y no a los varones de su entorno.

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En esta conversación con tres líderes sociales y militares femeninos, se estudiaba la posibilidad de usar el carisma de una joven, “el rostro de la revolución”, para posibilitar una pronta rendición del enemigo, reduciendo así el número de bajas. Y todo ello estaba filmado por una artista, “la mejor directora del Capitolio“, que abandona su acomodada vida para adherirse a la revolución. Cinco mujeres dominan ese nudo crucial de la historia: las cinco son importantes por sus habilidades y su trabajo, no por quienes son sus esposos, sus amantes o sus padres. De ninguna de estas mujeres (sólo de la protagonista) sabemos ningún dato sobre su vida personal, amorosa o familiar. Ninguna de estas mujeres es una abnegada y perfecta cuidadora, sino que nos encontramos ante un grupo de imperfectos líderes, de valientes guerreras, de febriles libertarias.

Cabe recordar que, además, todo este mundo imaginado, toda esta iconografía reconocible a un primer vistazo, toda esta mitología que ya se ha instalado en el imaginario del espectador medio, está basado en la obra literaria de una mujer, millonaria y exitosa gracias a su trabajo y talento. Una mujer que volvió a poner de moda un género, y que nos ayudó a recordar que la literatura adolescente es digna y respetable, aunque no la haya escrito un varón y aunque no se publicase a mediados del siglo XX. Que a veces parece que las cosas sólo son respetables y dignas de tener en cuenta si han acumulado una vetusta capa de polvo. Parece que si algo lo ha escrito una chica que encima es joven, sólo puede ser valorado por otras chicas jóvenes; mientras que lo que construyen y crean los varones debe ser universal (aunque en su obra las mujeres sean simples arquetipos o, directamente, no aparezcan). Las mujeres de Panem son deslenguadas, crueles, líderes, salvadoras, imperfectas, egoístas, iracundas… y cuando son víctimas, lo son en la misma medida que los hombres. Panem es un territorio libre de paternalismo. Panem es un territorio en el que, en realidad, lo que se está derrocando es el patriarcado.

La visibilidad y la diversidad no vienen sólo dadas en esta saga por el tema feminista. Hay multitud de asuntos tratados con la normalidad que merecen y que me hace ver este conjunto de libros y películas como un referente valioso en una sociedad plural. Como he dicho, tenemos diversidad de edades (algo poco común en las distopías y en las recientes sagas llevadas al cine), pero también tenemos diversidad racial (la adorada Rue, negra a pesar de la polémica suscitada por esa elección de casting; Cinna; Boggs). E incluso hay una considerable visibilidad en lo relativo a la diversidad funcional: así, tenemos a Beetle (en silla de ruedas) o a Pollux (un avox sin lengua). En la saga incluso se trata el tema de la salud mental, ya no sólo en el famoso episodio de Peeta, sino también en el estado emocional de la madre de las protagonistas, inmersa en una depresión desde el principio de la saga. Incluso se trata el tema de los abusos, y no me refiero a los del Capitolio contra todo Panem, sino a los ejercidos por los padres de Peeta contra él mismo durante su infancia, o a como el dictador obliga a Finnick, probablemente el único personaje sexualizado de toda la saga, a ser alquilado sexualmente entre los mejores postores de la aristocracia capitolina. Creo que, al igual que en la otra gran saga adolescente, Harry Potter, es el colectivo LGTB el único excluido: uno puede imaginar algo de Cinna (¿o soy el único?) e incluso de Cressida o Caesar, al igual que lo hacíamos con Dumbledore pero, al menos hasta donde yo sé, tristemente ese tema no se toca en esta saga, invisibilizando a un colectivo y desperdiciando una oportunidad de que los lectores y espectadores adolescentes y LGTB tuvieran algún referente positivo en la cultura mainstream.

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Mucha gente no se toma en serio esta saga precisamente por ser una saga, y porque creen que esto trata de un triángulo amoroso entre una chica mona y dos chulitos. Mucha gente no se da cuenta de que estamos ante una de las historias más apasionantes y más grandes de los últimos años. La gente se ha quedado con la superficie, con el romance adolescente, y ha olvidado lo realmente importante en esta obra: la lucha por los derechos sociales, la revolución e, incluso, el tiranicidio. Qué fácil es ridiculizar y no tomarse en serio algo escrito por una mujer y protagonizado por otra. Para que la jugada hubiese sido perfecta, me hubiese gustado que las películas estuviesen dirigidas por alguna de las múltiples y talentosas directoras de cine que siguen yendo de estudio en estudio tratando de conseguir una oportunidad detrás de las cámaras en algo más que “películas para chicas”. Parece que en Hollywood tener vagina te imposibilita rodar cintas de acción, distopías y hasta cualquiera de las miles de pelis de superhéroes (masculinos) que nos asaltan cada semana en la cartelera.

La gente no toma en serio, por ser joven y guapa, a una realidad del cine como Jennifer Lawrence, a la que ya habían nominado a un Oscar a los 20 años, y que ya tiene más de una docena de películas en su haber. Parece que hay que perpetuar la idea machista de que belleza y juventud son sinónimos de idiotez y arribismo. Al mundo sólo le valen las chicas jóvenes y guapas si son objetos sexuales. Si son talentosas y profesionales (como lo son actriz y personaje) parece que es mejor no tomárselas en serio. Y es que Katniss Everdeen es, en toda la saga, cualquier cosa menos un objeto sexual: por supuesto que, en momentos muy puntuales, muestra sus deseos… pero en ningún momento se le sexualiza. Me apena especialmente que socialmente no se valore lo suficiente  a una actriz que tiene un sentido del humor maravilloso (y que es de ella misma de quien más se ríe), y que encima tiene la cabeza muy bien amueblada, y está luchando mucho por la visibilidad de la mujer, así como del colectivo LGTB, en Hollywood.

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La gente se cree que esto es Crepúsculo. La gente no sabe una puta mierda. Y no se dan cuenta de que, en realidad, Katniss está CERO interesada en uno y en otro, y que sólo está metida en un follón muy gordo por echar un cable a su hermana y, de camino, a todos los oprimidos. Ella lo único que quería era seguir cazando ciervos… todo lo demás es un marrón que se encuentra y del que ya no puede salir por cómo se precipitan los acontecimientos. En esta historia los tíos no son el sueño de la chica protagonista: son sólo dos moscones que, más que otra cosa, se interponen en sus planes. Dos moscones contrapuestos: el gran soldado americano que elimina cualquier posibilidad de que el conflicto territorial se resuelva pacíficamente; el perfecto yerno que es un lastre durante toda la saga y que, en un momento dado, casi ahoga a la protagonista con sus propias manos.

Así que, si tengo que ser sincero, me da igual que los críticos vapuleen estos libros o estas pelis. Me da igual que la gente lo considere una idiotez adolescente. Quien crucifica un género sin tener ni idea de él, y quien demoniza todo lo que se haya escrito o filmado después de los años setenta, así como quien da por sentado que todo lo enfocado para un público generalista es malo… tiene una opinión irrelevante en este asunto, y a mí no me interesa lo más mínimo.

A mí lo que me importa es que mis alumnas, apenas adolescentes, ya no quieren ser Ariel ni Brenda Walsh, quieren ser Hermione o Katniss, sabias y guerreras, y eso me hace confiar en las próximas generaciones y en el destino del mundo.

Hoy me he despedido de Katniss, pero estará para siempre en mi corazón.

Juan Naranjo es profesor de Geografía e Historia en Secundaria, e investigador de la Universidad de Málaga. Sus intereses e investigaciones incluyen una serie de temas muy diversos: feminismo, Guerra Civil, cine y literatura.

Crítica: Los Juegos del Hambre – Sinsajo, Parte 2

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El recorrido de Los Juegos del Hambre ha sido uno de los más interesantes del cine juvenil reciente. Comenzó elevando considerablemente las cotas de tensión, impacto y violencia de este tipo de películas, y se fue poniendo el listón más alto con sus siguientes entregas, con las que construía un oscuro y fascinante universo distópico. A lo largo de cuatro años, la saga ha madurado y ha ganado compromiso y riesgo. Sin descuidar el espectáculo, Los Juegos del Hambre ha elaborado un emocionante e incendiario tratado anti-bélico que culmina en Sinsajo, Parte 2 (Mockingjay, Part 2), la entrega más sombría y osada de la saga.

Contrario a la opinión popular, creo que la decisión de dividir Sinsajo en dos partes -dejando a un lado que se trataba de una estrategia puramente comercial- ha beneficiado a la historia y ha permitido crear necesarios momentos de paz y reflexión. La Parte 1 transcurrió a su propio ritmo, y tomó forma en un thriller político que cocinaba a fuego lento la revolución que culmina en la Parte 2, que es una película bélica con todas las de la ley (Francis Lawrence las rodó a la vez, pero ha sabido darle su tono diferenciado a cada una). Sí, se ha estirado la historia y se nota, pero también ha contado con más tiempo para explorar mejor a los personajes y enriquecer su discurso. Si bien en la anterior película muchos de los secundarios (especialmente los rebeldes que acompañan a Katniss en su campaña) no eran más que rostros intercambiables, en Sinsajo, Parte 2 adquieren mayor entidad, protagonizando breves momentos de sutil caracterización que hacían falta. Por fin nos importan (aunque sea un poco) más allá de Katniss, y eso contribuye a que el desenlace tenga un peso dramático aun mayor.

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Pero sin duda alguna, el núcleo emocional de la saga sigue siendo la visceral interpretación de Jennifer Lawrence como el Sinsajo, la Chica en Llamas, el símbolo de la revolución. Lo que han hecho con este personaje a lo largo de cuatro años es admirable. De heroína romántica adolescente a peón en el juego político de sus mayores, adultos sedientos de poder que han levantado un sistema totalitario que los jóvenes deben derribar. Katniss Everdeen es quizá el personaje mejor escrito en este tipo de cine, una heroína con muchas aristas (casi ninguna suya), cuya caracterización está directamente supeditada al desarrollo de la historia y el discurrir político de Panem. Lawrence ha contribuido sin duda a que Los Juegos del Hambre se convierta en la franquicia juvenil más respetada de los últimos años. La actriz ha rebajado la histeria con la que se aproximó al personaje en las películas anteriores para dar paso a una tensión contenida que la mantiene centrada en su objetivo durante las dos horas finales de la historia y que descarga en una desgarradora escena durante el fragmentado clímax del film.

Sinsajo, Parte 2 se divide en tres actos claramente diferenciados. En el primero quizá es donde más se nota la necesidad de estirar la trama, dedicando demasiado tiempo a explicar la estrategia para la ofensiva final, el ataque al Capitolio. Esto da como resultado una primera hora de ritmo atropellado, necesaria pero algo aburrida, que sin embargo da paso a un segundo acto absolutamente brutal. Aunque ya hemos visto secuencias espectaculares en la primera hora (destaca la entrada a la Ciudad del Capitolio), la película cobra vida cuando los rebeldes se adentran bajo tierra. De la aventura con trampas mortales (pero de verdad) a lo Indiana JonesLos Goonies se da paso a una lúgubre pesadilla en la que entran en escena los “mutos“, monstruos sanguinarios que en realidad son personas genéticamente alteradas por el Capitolio para usar como arma. Las vertiginosas secuencias de acción se encadenan sin dar respiro (la batalla de rebeldes contra mutos es sin duda la pieza de acción central del film), las bajas se acumulan (incluyendo algún personaje muy querido), y en definitiva, todo se va a la mierda. Esto da lugar a un acto final que, lejos de escapar del poso trágico y amargo de la saga, se baña en él.

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Aunque Sinsajo, Parte 2 nos proporciona un final feliz que llega literalmente en los últimos dos minutos y en forma de epílogo (donde se resuelve el irritante triángulo amoroso), la película podría ser considerada como el blockbuster de aventuras más triste y deprimente de los últimos años. Y esto es un cumplido, por supuesto. Los Juegos del Hambre no se ha tomado a la ligera las ideas que maneja y ha sabido conjugar con acierto la pirotecnia con el mensaje (de hecho, a medida que el diseño de producción o los efectos mejoraban, el discurso ganaba empaque). Se ha atrevido a ir donde ninguna otra saga juvenil ha ido antes, y en este final no ha tenido reparos en mostrar las motivaciones y las consecuencias de la guerra que ha vertebrado las dos últimas entregas (el recuento de muertes es sorprendentemente alto). Sinsajo, Parte 2 evita la vía fácil, ahonda en las implicaciones morales del conflicto y busca la manera de que las piezas encajen y sirvan de conclusión para el discurso anti-bélico de la saga. Así, la historia concluye de forma valiente y trascendente, demostrando un nivel de responsabilidad y osadía sin precedentes. Las personas que hay detrás han creído en lo que estaban haciendo, y esto salta a la vista.

De distopía Y.A. a obra de ciencia ficción comprometida, Los Juegos del Hambre ha logrado ofrecer una alternativa digna y más adulta dentro del género, una saga que se ha permitido tomarse en serio, porque ha hecho bien las cosas, porque ha diseñado su historia y su universo con atención al detalle y sentido del propósito. Sinsajo, Parte 2 es un final a la altura de las circunstancias, un broche de oro que lleva este tipo de blockbusters hacia un terreno más reflexivo y espinoso, ofreciendo entretenimiento de primera y acción sofisticada sin sacrificar enjundia o subestimar a su audiencia. Los Juegos del Hambre se ha negado a ser un espectáculo vacío, y se despide haciendo hincapié en ello, proporcionando algo mejor que un final feliz. Un final difícil de digerir que nos invita a pensar.

Valoración: ★★★★

Crítica: Los Juegos del Hambre – Sinsajo (Parte 1)

Sinsajo Parte 1

En llamas finalizaba de la manera más televisiva posible, con un cliffhanger en el que nuestra maquinal heroína, Katniss Everdeen, era rescatada/raptada del Vasallaje de los 25 (Quarter Quell) por una nave, dejando atrás a sus compañeros, Peeta Mellark y Johanna Mason entre otros. Como si hubiera transcurrido una semana entre capítulo y capítulo (pero con la realidad de haber esperado un año con el relato suspendido en el aire) nos reencontramos con Katniss en Sinsajo – Parte 1, que retoma la acción justo donde la dejó la anterior película. La Chica en Llamas es transportada al Distrito 13 de Panem, donde los rebeldes planean un golpe contra el gobierno del tirano Presidente Snow. Tal y como descubrimos en En llamas, Katniss se ha convertido en el Sinsajo, en el símbolo de una rebelión que se está gestando sin que la joven sea consciente del papel crucial que ejerce en ella. Sinsajo – Parte 1 nos muestra cómo Katniss va tomando conciencia de ese papel, mientras a su alrededor se pone en marcha una compleja maquinaria estratégica y publicitaria dedicada a levantar al pueblo de Panem contra el Capitolio.

Sinsajo, Parte 1 se distancia de la anterior entrega en dos aspectos esenciales. En primer lugar, ya no se celebran los Juegos del Hambre, por lo que (afortunadamente) no estamos ante otra repetición del mismo esquema narrativo de la primera película, como ocurría con En llamas, lo que permite mayor libertad para contar la historia y margen para la sorpresa (del espectador que no ha leído los libros, se entiende). Y en segundo lugar, y más importante aún, Sinsajo – Parte 1 no es exactamente una cinta de acción o aventuras, sino más bien una película política. A pesar de ocasionales incursiones en la acción blockbuster y breves pero contundentes secuencias bélicas, Sinsajo se pasa la mayor parte del metraje explorando los entresijos de la campaña de propaganda de la rebelión, y moldeando la figura pública de Katniss Everdeen. Tanto es así, que en ocasiones, en lugar de Los Juegos del Hambre, parece que estamos viendo la sexta temporada de The Good Wife. Y ojo, es un cumplido.

En llamas puso el listón alto al convertir una “simple” saga Young Adult en algo mucho más sustancial, en algo importante (o al hacernos creer que estamos ante algo sustancial e importante, que es casi tan admirable, o más), y Sinsajo – Parte 1 continúa esa trayectoria in crescendo con un capítulo más contenido, pero igualmente épico y oscuro (figurada y literalmente). Estamos ante una película rebosante de simbolismo (aunque a veces peque de explicarlo excesivamente), salpicada de escenas de gran intensidad (el asedio al Distrito 13, el impactante final), pasajes de belleza melancólica (“The Hanging Tree”, preciosa canción entonada por Katniss), e introspectivos momentos de lucidez y caracterización (bravo por Elisabeth Banks y su maravillosa Effie Trinket), todo hilvanado a la perfección por una de las partituras más emocionantes y fastuosas de James Newton Howard.

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Es cierto que los personajes secundarios quedan desaprovechados a pesar del “tiempo extra” con el que se contaba -la Presidenta Alma Coin es un personaje más plano de lo que debería, y de los rebeldes que acompañan a Katniss en su tour promocional solo la Cressida de Natalie Dormer muestra rasgos de personalidad-, pero la película vuelve a ser de Katniss Everdeen, y es el Sinsajo quien está bajo los focos en todo momento. En este sentido, hemos de aplaudir el hecho de que el protagonismo de Katniss se haya manejado de forma tan inteligente, huyendo de las convenciones del género, pero por contra, ha provocado que a Jennifer Lawrence se le vaya un poco de la mano el personaje, con una (sobre)interpretación histérica basada en alaridos y pucheros perennes que ya no subrayan solo la vulnerabilidad y el terror del personaje, sino también los excesos interpretativos y mohínes de la laureada actriz.

Dividir una última entrega en dos partes es una estrategia cuya rentabilidad ha sido demostrada de sobra tanto en cine como en televisión (Harry PotterCrepúsculoBreaking Bad). Después de ver Sinsajo, Parte 1, la decisión de sesgar el desenlace sigue siendo cuestionable, e injustificada más allá de las razones económicas. Sin embargo, la división ha permitido que el intenso relato de la saga se airee, y se ha beneficiado al centrarse en un objetivo final más definido que en las anteriores películas, lo que imprime mayor sentido del propósito. Los que se adentran en la tercera parte de la franquicia lo hacen sabiendo que la historia volverá a quedar incompleta, que esto no es una película en el sentido tradicional de la palabra, y que, tal y como ocurrió el año pasado con la segunda entrega de El hobbit, la gran batalla se reserva para el último capítulo. Por eso, mientras las dos primeras Juegos del Hambre se perdían en largas escenas expositoras que retrasaban el comienzo de los Juegos, Sinsajo, Parte 1 está construida como un gran preámbulo de dos horas que prepara exhaustivamente el terreno para el gran clímax. Sabiendo esto, la película es más libre de evolucionar a su propio ritmo, de explorar en mayor profundidad la moralidad de los conflictos e indagar en los personajes, especialmente en Katniss, a medida que ésta va trascendiendo su cualidad de mera herramienta propagandística para erigirse como heroína autónoma. De esta manera, la historia nos invita abiertamente a formar parte de la revolución y nos prepara para la batalla, pero primero se asegura de que la entendemos, de que creemos en los ideales que la motivan. Y es por esta razón que en Sinsajo, Parte 1 no sobra ni una escena, lo que la convierte paradójicamente en la entrega más íntegra de la saga.

Valoración: ★★★★

Crítica: Los juegos del hambre – En llamas

Los juegos del hambre Peeta Katniss

Cuando una súper producción, una película para adolescentes o una franquicia basada en YA Novels (Young Adult Novels) apunta más alto de lo habitual y se atreve a desafiar la norma, solemos valorarla en ejercicio comparativo tanto o más que por sus méritos propios. Es el caso de Los juegos del hambre, que engloba las tres categorías mencionadas. Una saga definitivamente muy por encima de cualquier otra película de su género que sin embargo vive bajo el efecto Tumblr: “cualquier cosa que veamos en Internet parecerá mucho mejor de lo que es en realidad”.

En el mundo de las franquicias cinematográficas teen no hay una fórmula infalible. Cada cierto tiempo nos llega un producto con el poder de apasionar y consumir a millones de adolescentes y no tan adolescentes (entre los que yo me encuentro). De entre mil y un intentos fallidos de encontrar la saga que mantenga Hollywood en pie emergió triunfante en 2012 Los juegos del hambre. Ha pasado más de año y medio desde que la primera entrega sorprendiera al mundo entero con una de las mayores recaudaciones de la historia del cine, y la espera (demasiado larga según los estándares de este tipo de cine por capítulos) no ha menguado la expectación, sino todo lo contrario. El fandom ha crecido exponencialmente, y la segunda parte, En llamasllega a los cines rodeada de un hype inusitado y un mareante despliegue publicitario.

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Después de que Crepúsculo abdicara (para desconsuelo de muchos, y regocijo de muchos más), Los juegos del hambre se ha hecho con la corona del cine Young Adult, y la lleva con el porte y la entereza que la saga vampírica de Stephenie Meyer nunca tuvo. Como decía, no hay fórmula que, aplicada a cualquier saga literaria, dé como resultado un éxito. Pero sí sabemos concretamente cuáles son los ingredientes que han hecho de Los juegos del hambre un ardiente fenómeno mundial: una ambientación distópica que la acerca a la ciencia ficción adulta y atrae a un público más heterogéneo, un mayor compromiso ideológico (de nuevo característica del sci-fi clásico), menos remilgos a la hora de mostrar (o sugerir) la violencia, un estelar diseño de producción, interpretaciones por encima de la media, y la figura de Katniss Everdeenheroína carismática, icono y referente generacional que se opone a las lánguidas y pasivas protagonistas de este tipo de cine.

En llamas recupera y amplifica todos estos elementos (desorbitado presupuesto mediante) para llevar a cabo una versión más pulida y contundente de la primera parte. Desde la primera escena se respira el aire más denso que se cierne sobre el Distrito 12 y el resto de regiones obreras de Panem, víctimas del régimen totalitario del Capitolio. Como mandan las leyes de las franquicias fantásticas, esta parte es más oscura, más solemne, más espectacular. En llamas deja entrever el germen de la revolución que culminará en la entrega final, dividida en dos partes. Y lo hace a través de escenas cargadas de tensión que transcurren en dos niveles: el de la lucha interior de Katniss (Jennifer Lawrence descarnada, excesiva, al borde del colapso nervioso) y el del pueblo que está a punto de levantarse contra el gobierno. Francis Lawrence logra entrelazar con acierto ambos estratos en un relato que no deja de ser nunca sobre Katniss Everdeen, pero en el que el verdadero protagonista es el pueblo que la toma como baliza de esperanza. Y además lo hace prescindiendo de la innecesaria cámara en mano de la que abusó Gary Ross en la primera película.

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Pero En llamas es en realidad una iteración paso por paso de la primera película. En esta asistimos a unos Septuagésimo Quintos Juegos del Hambre en los que los tributos son vencedores de ediciones anteriores. Un Greatest Hits compuesto por marionetas controladas por un gobierno que necesita hacer purga de héroes para evitar la rebelión (brillante idea de Suzanne Collins). El funcionamiento es idéntico al de los anteriores Juegos -con creativas variaciones que impiden el hastío en todo momento-, pero las implicaciones son mucho mayores. En llamas consigue dejarnos clavados en la butaca, nos atrapa en su primera escena y no nos suelta hasta que aparecen los créditos. Sin embargo, el impacto de la primera entrega ha disminuido considerablemente y, a pesar de las ominosas palabras de Haymitch (Woody Harrelson) a Katniss y Peeta (un muy notable Josh Hutcherson), no obtenemos la sensación de que efectivamente se enfrenten a asesinos profesionales esta vez. Quizás porque, como se insiste durante toda la película, ellos no son el enemigo. La historia evoluciona, madura, y toma nuevos derroteros.

Por eso precisamente Lawrence se centra menos en la violencia y más en la estrategia durante los Juegos, habiendo explorado el lado más sádico del régimen en la Gira de los Vencedores -donde se encuentran los planos más despiadados de la película. Pero a pesar de mantener la tensión durante todo el metraje (146 minutos que transcurren como si fueran 90), En llamas no desata la conmoción que sentimos al ver a los tributos (niños) siendo lanzados a la Arena en la película original. Eso sí, en compensación obtenemos personajes más definidos y memorables en los “nuevos” gladiadores, entre los que destaca la nueva robaescenas oficial de la saga: Johanna Mason (Jena Malone).

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En llamas planta los cimientos de algo grande, muy grande, y añade capas con sorprendente destreza y sutilidad, desvelando así que Los juegos del hambre es un relato mucho más organizado y profundo de lo que parecía. Pero lo que es un acierto de cara a la estructura global de la historia es un handicap para este capítulo en concreto. En llamas es lo que en el ámbito televisivo llamaríamos “capítulo de transición”. Tan necesario como mermado. Lawrence no persigue en ningún momento la entidad como obra independiente y no tiene reparos en sajar la película, sin clímax, sin conclusión, en favor del plan maestro. La seguridad de que la historia continuará y el espectador regresará convierte En llamas en un episodio de serie en el que solo se echa de menos un “to be continued” -algo que cabe esperar también de la tercera parte. Lo mismo que le pasó a Star Wars y El señor de los anillos con El imperio contraataca o Las dos torres respectivamente. La estrategia del cliffhanger o el final abierto es parte esencial de la experiencia serial (ahora también en cine), pero despoja a esta película de resolución, de sentido de la unidad, de lo que hace que el cine sea cine, revelando los imperantes intereses comerciales tras la obra. Esto no impide que alcemos la mano y nos unamos a la resistencia (es demasiado emocionante como para no hacerlo), pero plantea una cuestión importante: ¿es que en Hollywood ya no están interesados en hacer películas?

Valoración: ★★★½

‘Los juegos del hambre: En llamas’ – Rueda de prensa en Madrid

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Los juegos del hambre: En llamas se estrena en España el próximo 22 de noviembre. Su equipo está recorriendo algunas capitales europeas para presentar la película, y hoy (13-11-13) le ha tocado el turno a Madrid. El trío protagonista de Los juegos del hambreJennifer LawrenceJosh Hutcherson y Liam Hemsworth, junto al director de la película, Francis Lawrence, y su productora, Nina Jacobson, han iniciado esta mañana el tour promocional español en el Hotel Villamagna del Paseo de la Castellana, donde han atendido a los medios. La visita culminará esta noche en la gran premiere de En llamas, en la Plaza de Callao.

LJDH1Con un poco de retraso (lo habitual en estos eventos), el equipo de la película ha posado para los fotógrafos en el photocall. Los actores han sido complacientes con los medios y se han quedado un buen rato delante de las cámaras (no hay nada peor que una estrella que llega una hora tarde y se va en 10 segundos). En persona corroboramos lo que ya sabíamos de sobra, que Jennifer Lawrence es todo lo contrario a una diva. La reina del gif es cercana, jovial, con el justo punto de bobaliconería. Y aunque ha estado más comedida de lo habitual, ha deslumbrado con su simpatía (y su nuevo corte de pelo). Sus dos compañeros, Josh Hutcherson y Liam Hemsworth han posado con la misma profesionalidad. Hutcherson se ha mostrado especialmente atento a las peticiones de los fotógrafos. Un encanto de chico.

Inmediatamente después del photocall ha dado comienzo la rueda de prensa. Los cinco miembros del equipo de En llamas han respondido a las preguntas de los medios durante unos 25 minutos. Mientras el moderador/traductor realizaba las introducciones, Jennifer Lawrence ha escrito algo en el folio que había en el sitio de su compañero Liam Hemsworth, que entraba justo después de ella. Y cuando este se ha sentado y lo ha visto, se ha reído. Nunca sabremos cuál era el mensaje. Se aceptan teorías. Lo cierto es que Jennifer y Josh se han pasado toda la rueda escribiendo (o garabateando), y riéndose de lo que se estaban contando. Espero que alguien haya guardado esos folios. Pero dejemos las anécdotas (tampoco ha habido demasiadas), y centrémonos.

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A continuación os dejo con las declaraciones más destacadas (que básicamente componen la rueda de prensa íntegra):

“Una característica importante del personaje de Katniss Everdeen es que es una persona introvertida y que reacciona ante determinadas situaciones con normalidad. Es muy interesante interpretar a alguien que no exterioriza demasiado sus sentimientos, porque si lo hiciera no plantearía reto alguno para mí” -Jennifer Lawrence sobre interpretar a un personaje que conecta con el pueblo, y la relación con su imagen de persona humilde y cercana a sus fans. “Que la gente me llame J-Law es todo un honor para mí y me hace muy feliz. En general me alivia mucho caer bien a la gente“.

Después de su primera intervención, Lawrence pregunta guasona y entre risas nerviosas “¿Qué tal lo he hecho?”

LJDH3“Estoy muy contento de haber trabajado en esta saga. Cuando participas en una franquicia de este tipo es muy difícil mantener el nivel de calidad durante todas las entregas o conseguir que estas vayan cada vez a mejor. Con Los juegos del hambre cada película es mejor que la anterior. Cuando acabemos, quiero interpretar personajes muy distintos entre sí. Y además me gustaría escribir y dirigir” – Josh Hutcherson

“Yo no me juego tanto en la vida como Katniss, pero sé muy bien lo que esta siente al volver al Distrito 12. Es como una extraña en su propia casa. Ella no cree haber cambiado, ni se siente diferente, pero todo el mundo la trata como si lo fuera. Se ha convertido en una extranjera, y yo sé exactamente lo que se siente” -Jennifer Lawrence

A la pregunta “¿Es Katniss Everdeen la heroína que nuestra sociedad necesita?”, Lawrence responde: “Katniss Everdeen es sin duda un gran modelo de conducta para la juventud de hoy en día“.

El director de la película, Francis Lawrence, que cuenta en su filmografía con otras adaptaciones como Constantine o Soy leyenda, habla sobre lo que supone incorporarse a una franquicia cuya primera película ha sido dirigida por otro: “Nunca había trabajado en una secuela, como tampoco he hecho nunca un episodio de televisión en el que no haya tomado partido en su desarrollo creativo, así que antes de incorporarme a un proyecto que ya tenía unos parámetros definidos me aseguré de que tendría libertad creativa. Estaba deseando trabajar con este reparto, porque es increíble y todos son actores con mucho talento. Me encantan los libros en los que se basan las películas, y desde el punto de vista narrativo, el segundo me ofrecía muchas posibilidades. Vemos más el mundo en el que se ambienta, hay mucho más en juego, las emociones se intensifican y los personajes empiezan a tomar nuevos caminos, cambian con respecto a la última vez. Dije que sí al proyecto por el reparto, pero también porque me permitieron contribuir a la creación de este mundo y contar una nueva historia. Así que fue una decisión fácil”.

LJDH4“Josh y yo hicimos una escena muy divertida. Estamos en la playa al atardecer, intentando decidir si abandonamos o no el grupo. Y estábamos tan cansados que fue la primera vez que nos tomamos en serio el uno al otro como actores. La primera vez en tres años” -Jennifer Lawrence

Uno de los periodistas asistentes pregunta a Lawrence si está al corriente de la situación económica y social en España (esta es de las que siempre caen), y si cree que lo que nos hace falta es una revolución liderada por alguien como Katniss Everdeen. La actriz rechaza prudentemente y con sentido del humor la pregunta: “No, no voy a instar una revolución en España, me voy a mantener al margen”. No sin antes reflexionar sobre la relación entre el universo de Los juegos del hambre y nuestra sociedad actual:

“Vivimos en un mundo en el que la historia se repite una y otra vez, en el que el pueblo se ha visto obligado constantemente a luchar por su libertad, pero el mundo de Los juegos del hambre es distinto. Todos los personajes de esta película, incluida Katniss, están furiosos con el gobierno, cansados de cómo se trata a las personas en los distritos, y son muy conscientes de las consecuencias de la guerra. Para mí, el mensaje más potente de los libros es lo poderosa que puede llegar a ser una sola voz. En nuestro mundo todos tenemos una voz. Gracias a las redes sociales, no importa quién seas, o cuánto dinero tengas, puedes hacer que tu voz sea escuchada. Nos enteramos de lo que ocurre en Oriente Medio gracias a la gente que graba vídeos con sus teléfonos y los sube a Facebook”. -Jennifer Lawrence

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Para terminar la rueda de prensa, Francis Lawrence habla sobre la violencia en el film: “Una de las cosas que más me interesaban de la película era poder explorar las consecuencias de la violencia. Sobre todo las emocionales, y en concreto la pérdida, en oposición a otras aproximaciones más sangrientas o gráficas. Por eso busqué la manera de mostrar las implicaciones psicológicas de la violencia sin que estas escenas produjeran asco o malestar. En este sentido nadie me puso ninguna pega, ni me aconsejaron que suavizase la violencia”.

Todas las fotos ©fuertecito no ve la tele (Madrid, 13-11-13). Podéis ver más imágenes de la rueda de prensa (con mejor resolución) aquí.