Unbreakable Kimmy Schmidt: ¡Es un milagro!

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¿Alguien se puede sacar de la cabeza la contagiosa sintonía de cabecera de Unbreakable Kimmy Schmidt? No, ¿verdad? ¿Pero alguien quiere hacerlo? Es escuchar esas primeras notas y los coros celestiales con los que empieza la canción y los niveles de felicidad se salen de la gráfica. Y si tenéis suerte, lo mismo os pasará con la serie en sí, comedia creada por Tina Fey y Robert Carlock (30 Rock) que está hecha básicamente para hacer feliz al espectador, una explosión de color, extravagancia y buen rollo que hace justicia al leit motiv de su opening: “Females are strong as hell!” 

Sin embargo, Unbreakable Kimmy Schmidt no es para todo el mundo. En más de un aspecto, la serie es muy similar, prácticamente igual que 30 Rock, principalmente en lo que respecta al humor, tan marciano, autorreferencial, absurdo e idiosincrásico como el de la brillante serie de NBC. E incluso para los que disfrutan esta propuesta surrealista y alocada, Kimmy Schmidt puede ser lo que los anglosajones denominan ‘hit or miss’. Es decir, que lo mismo te da en la cara con el peor chiste de la historia que te deja caer un gag tan genial que recordarás (y usarás como gif) durante el resto de tus días, o bien te deja un rato pensando si es lo primero o lo segundo… “Bunny and Kitty being best friends, together forever the fun never ends” ♪ ♫ ¿Por dónde iba? Ah, sí. Esa es pues, su mayor baza y a la vez su mayor debilidad, un ‘todo vale’ (pero dentro de unos parámetros de corrección, no política, sino humana) que hace que la serie resulte algo irregular, a pesar de ser siempre divertida.

Para quien no la haya visto nunca, Kimmy Schmidt es la historia de una joven optimista y bondadosa (uno no sabe donde termina Ellie Kemper y empieza Kimmy) que trata de recuperar su vida después de su cautiverio de quince años en un búnker. Raptada por el Reverendo (Jon Hamm), Kimmy permanece aislada junto a otras tres ‘hermanas’ bajo tierra, creyendo que el mundo se ha acabado. Pero cuando es rescatada descubre que no solo no se ha acabado, sino que lo tiene a su disposición, por lo que decide irse a vivir a Nueva York a buscarse la vida. Sin embargo, Kimmy se ha perdido quince años de evolución (o involución, según se mire), y vive estancada como pre-adolescente en los 90, como demuestran sus referencias anticuadas, su desconocimiento de los avances tecnológicos o su colorista e inocente sentido de la moda. A pesar de todo, Kimmy conserva la buena disposición ante las adversidades, se empeña en aprender para ponerse al día y convertirse en adulta, es una brillante bola de energía, y se mantiene ‘irrompible’ e impermeable a la maldad/realidad que la rodea (aunque tenga que descubrir que para crecer a veces hay que romperse y que no es necesariamente bueno que siempre sea Navidad). En definitiva, un buen ejemplo de la ‘strong as hell female’ de la que habla el opening.

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Al menos hasta que la segunda temporada llega a su ecuador. Lejos de tener las piernas cortas, la premisa de Kimmy Schmidt ha dado mucho de sí en estos nuevos capítulos, y promete tener más cuerda para el próximo año. A nivel de chistes y tramas, la segunda temporada no se ha diferenciado mucho de la primera, pero en cuanto a la historia de Kimmy, hemos avanzado bastante. Para empezar, con estos capítulos se nos ha dejado claro que aun nos queda mucho por saber sobre lo que ocurrió en el búnker (el cliffhanger final da fe de ello, y garantiza la presencia de Jon Hamm en la tercera temporada, ¡yay!) y no solo eso, sino que el síndrome post-traumático de Kimmy no solo se basa en su experiencia como rehén de la Secta del Reverendo, sino que se remonta años atrás. Para indagar en el pasado de Kimmy, la segunda temporada va dejando píldoras a lo largo de los capítulos (los eructos, los prontos violentos, los triggers) e introduce un nuevo personaje, una psicóloga alcohólica encarnada por la propia Tina Fey (que el año pasado interpretó a una parodia de Marcia Clark que, afortunadamente, no ha repetido) para unir las piezas del puzle de Kimmy. A través de sus sesiones de terapia y sus viajes nocturnos en Uber (el nuevo trabajo de Kimmy), la protagonista halla el origen de sus problemas: su madre (“siempre es la madre”). Así, en el último capítulo de la temporada asistimos al reencuentro de Kimmy con la mujer a la que culpa de su tragedia (Lisa Kudrow), un ‘enfrentamiento’ en busca de explicaciones que, a pesar de no ayudarle obtener las respuestas esperadas, le sirve para madurar y crecer como persona.

“¿Por qué te gustan tanto las montañas rusas?”
“A veces solo quieres gritar como una loca y una montaña rusa es el único sitio donde puedes hacerlo sin que nadie te mire raro”.

Pero Unbreakable Kimmy Schmidt no es solo Kimmy Schmidt. Sus secundarios se han vuelto aun más grandes que en la primera temporada. Jacqueline (Jane Krakowski) también ha crecido como persona, y aunque sigue siendo una especie de Jenna Marooney descafeinada, su personaje está evolucionando (forzada por sus ‘precarias’ circunstancias) para tener consciencia de las injusticias del mundo en el que ha vivido hasta ahora, y por tanto de sí misma (atención a cómo la serie, lejos de recular, ha transformado la polémica trama de las raíces indias de Jacqueline en algo más comprometido). La entrañable Lillian (Carol Kane), que es como Phoebe Buffay 30 años después, también ha tenido su propio arco de temporada, en el que la hemos visto luchando contra la gentrificación/hipsterizamiento de su querido barrio de Brooklyn, una historia de amor más épica que lo suyo con Robert Durst (Fred Armisen). Y por último, y por ello más importante, Titus Andromedon, la gran estrella de Unbreakable Kimmy Schmidt. Tituss Burgess es un animal escénico, da igual que esté en segundo plano, la mirada se va inevitablemente hacia él y su maravillosa expresividad. Y lo suyo en esta segunda temporada ha sido una barbaridad. Qué espectáculo, qué timing para la comedia, qué de matices, y de momentos para la posteridad. Su trama romántica con el adorable Mikey (Mike Carlsen) ha sido un gran acierto, y ha hecho que el personaje crezca aun más si cabe. Como Kimmy, los tres secundarios han emprendido su propio viaje de autoconocimiento (que está lejos de haber acabado) y así, Unbreakable Kimmy Schmidt ha sabido ir más allá de sus rebuscados (en el mejor sentido) chistes y juegos de palabras para no estancarse.

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Claro que, como decía al principio, esta serie no es para todo el mundo. O conectas con su humor o no. Pero si lo haces, te espera un divertidísimo viaje repleto de cameos geniales (grande y muy oportuno el de Joshua Jackson) y fantásticas estrellas invitadas (Amy SedarisAnna Camp), inteligentes referencias pop (como la que identifica al Reverendo con Don Draper, y que solo los que han visto Mad Men pillarán), momentos musicales (de hecho, UKM podría considerarse un semi-musical) y surrealismo para para un tren (¡El Eccehomo de Borja!). Pero lo mejor de Unbreakable Kimmy Schmidt es que no se queda ahí, sino que también sabe ser introspectiva, romántica, reivindicativa, y sobre todo un infalible chute de optimismo y empoderamiento. Todos juntos: They alive dammit! It’s a miracle!

Crítica: Malditos vecinos (Neighbors)

Rose Byrne Seth Rogen Malditos vecinos

Del director de Forgetting Sarah Marshall, Nicholas Stoller, los productores de Juerga hasta el fin, y… bueno, de toda esa gente que siempre está en todas las comedias de estudio USA, nos llega Malditos vecinos (Neighbors). Es la historia de una pareja de treintañeros que se muda a un apacible vecindario para criar a su primera hija, de pocos meses. Un día después de la mudanza, la pareja descubre que la casa de al lado ha sido alquilada a una fraternidad, lo que dará pie a una disparatada guerra vecinal entre el matrimonio y los superhormonados universitarios.

El matrimonio está interpretado por el imprescindible Seth Rogen y Rose Byrne, que sigue explotando su excelente vis cómica después de suponer la revelación de Bridesmaids (con permiso de Kristen Wiig, que se llevó toda la atención). Rogen y Byrne aportan la nota más humana a la vorágine de locura lisérgica y übersexual que se desata cada dos escenas en la fraternidad. Ellos dos representan las ideas que siempre vertebran las comedias de la escuela Apatow, la crisis de los 30 y los 40, la ansiedad por el paso del tiempo, la amenazante llegada de las nuevas generaciones, y la negativa a aceptar que la vida loca queda atrás y lo que nos espera son años de responsabilidades, trabajo y pañales.

Esa es la idea con la que comienza Malditos vecinos, a medio camino entre Animal House This Is 40. La película abre con una escena de sexo en el sofá en la que Mac (Rogen) y Kelly (Byrne) comentan en voz alta lo espontáneos que están siendo, negándose a aceptar que porque ahora sean padres se ha acabado su juventud y su libido ha disminuido. La verdadera amenaza que supone la fraternidad no es el ruido o la suciedad, ni la música atronadora a altas horas de la madrugada, y mucho menos las drogas y el sexo, es el constante recordatorio a Mac y Kelly de que ya no son universitarios.

Más que por el bienestar de la niña (aunque también), esto es básicamente lo que les lleva a perder los papeles luchando contra los cabecillas de la fraternidad, Pete, interpretado por Dave Franco -que gana terreno a su hermano por méritos propios-, y sobre todo Teddy Sanders, Zac Efron en un papel hecho a medida de sus cualidades interpretativas físicas: un cabezahueca seductor y zalamero, sin aspiraciones, imposíblemente bello y apolíneo (como si estuviera “diseñado en un laboratorio gay”), demasiado centrado en su cuerpo y su pelo como para ponerse a pensar en otra cosa, y mucho menos en el futuro más allá de la universidad. Para gozo de muchos y muchas, Efron se pasa casi la totalidad del filme descamisado luciendo palmito o con ropa diez tallas menos que la suya, sin relajar un músculo ni una décima de segundo. Y es que para eso está. Buen trabajo, Zac:

Zac Efron Malditos vecinos

Lo más divertido de Malditos vecinos -que es una película divertida de principio a fin- son las secuencias en las que Mac y Kelly intentan parecer modernos y enrollados para confraternizar con los jóvenes y ganarse su complicidad –Rogen y Byrne están fantásticos haciendo el ridículo y es imposible no empatizar con ellos. Durante las fiestas en la fraternidad, Stoller despliega todas sus armas creativas y realiza escenas muy potentes visual y sonoramente, fluorescentes y ensordecedoras orgías psicotrónicas que revelan una mayor ambición estilística de lo que nos tiene acostumbrado este cine. Es entonces cuando el realizador se muestra más inspirado y los actores ponen toda la carne en el asador.

Por lo demás, Malditos vecinos cumple con todos los requisitos del género. Garantiza carcajadas -casi todas las mías provinieron del personaje de Lisa Kudrow-, nos proporciona gags físicos cafres e hilarantes (atención a los airbags), practica con éxito ese humor estúpidamente inteligente y autorreflexivo, y se regodea confiada en la sal gruesa, haciendo del mal gusto un arte (véase la escena de los pechos de Byrne). Además, se agradece que el metraje no ascienda esta vez a las dos horas y se quede en poco más de 90 minutos, lo que juega definitivamente en su favor -aunque aún así la historia se alargue más de lo debido y acabe repitiéndose. Sin embargo, Malditos vecinos evidencia algo que sabemos desde hace un tiempo: estas comedias blockbuster se empiezan a parecer demasiado entre sí y han perdido espontaneidad y frescura. Las escenas de improvisación (real o guionizada) ya cansan, y aunque por lo general siguen haciendo reír -que es lo importante-, uno se pregunta si esta gente dejará en algún momento de hacer siempre lo mismo.

Valoración: ★★★

Por enésima vez: NO habrá reunión de FRIENDS

Friends finale

Quitáoslo de la cabeza ya.

Todos los meses volvemos a lo mismo de siempre. Es sin duda señal de lo mucho que la gente sigue negándose a aceptar que Friends acabó.  “Me dio más pena el último episodio de Friends que lo nuestro”, que decían los Astrud. Ahora que se acerca el 10º aniversario de su final, y el vigésimo de su estreno, aumenta el deseo de saber qué ha sido de estos seis amigos durante todo este tiempo, lo que lleva a que la gente vuelva a especular con una posible celebración en forma de reunión.

Sin embargo, ayer en una entrevista para Entertainment Weekly, los creadores de la mítica sitcom, Marta Kauffman y David Crane, aseguraron por enésima vez que NO habrá reunión, película, undécima temporada, spin-off ni nada por el estilo. Estas son fueron sus declaraciones al respecto:

Kauffman: Sinceramente, mi respuesta es la misma de siempre: La serie terminó. Y seamos sinceros, han pasado 20 años. Ninguno tiene el mismo aspecto de entonces. Y os pasaríais todo el rato diciendo ‘joder, qué viejos están’.

Crane: Si queréis ver Friends, encended la tele. Por increíble que parezca, la serie sigue ahí. Y además, podéis disfrutar de estos maravillosos actores en muchos otros proyectos. Marta y yo lo hemos hablado muchas veces, siempre es igual: La gente habla de las ganas que tiene de una reunión, a nosotros nos parece una mala idea, y ellos no están de acuerdo. Pero creo que si se la diéramos a los fans, habría muchas críticas negativas.

Kauffman: Es lo que tienen los finales. Son definitivos.

Crane y Kauffman confiesan que Warner Bros les ha presionado muchas veces para que organicen la reunión, pero ellos responden: “No nos parece muy buena idea. Trabajamos muy duro para ponerle el mejor broche posible a la serie. ¿Por qué nos hacéis esto?” También aseguran que viven con el miedo constante de que el estudio llegue a un acuerdo con los actores sin contar con ellos: “Estaba en un bar con un amigo una noche para celebrar una premiere o algo así, y entraron un montón de chavales de unos 20 años. Les oí decir ‘¡Es definitivo! ¡Van a hacer otra temporada de Friends!’ Y me quedé parada pensando ‘¿Les digo algo’?” explica Kauffman, a lo que Crane, mucho más temeroso de que el proyecto se desarrolle a sus espaldas, añade: “Cuando leo alguna noticia que dice que la serie vuelve definitivamente, no puedo evitar pensar por una milésima de segundo: ‘¿Ya ni se molestan en preguntarnos porque saben que vamos a decir que no, así que que nos jodan’?”

A raíz de esta entrevista, Courteney Cox también se ha pronunciado con respecto a una hipotética reunión de Friends. Fue anoche durante su intervención en el programa de David Letterman. Y su postura es incluso más categórica que la de Kauffman y Crane: “No va a suceder“.

Courteney-Cox

La actriz de Cougar Town opina que las posibilidades narrativas para una película son muy escasas, teniendo en cuenta que la serie se rodaba en un plató, y transcurría la mayor parte del tiempo en el apartamento de Monica (desalojado y desamueblado por completo en el último episodio). Friends, como cualquier sitcom grabada en estudio, posee un formato imposible de trasladar a la gran pantalla sin alterar por completo su esencia. Además, cuadrar las agendas de lo seis actores sería una misión imposible: “Llevo diez años intentando organizar una cena para los seis”, dijo Cox, muy Monica Geller ella, “pero no hay manera. Yo puedo llevarme a las niñas, y seguramente Matthew Perry no tendría problema. Pero Matt LeBlanc tuvo que cancelar la última vez, y David Schwimmer vive en Nueva York, así que no va a ser posible”.

Lo dicho, sabemos que es difícil aceptarlo, pero ya no se nos puede decir más claro. NO habrá reunión de Friends, así que atesorad vuestros DVD de la serie, disfrutad de las reposiciones, explorad los trabajos posteriores de sus actores (The Comeback, Episodes, Web Therapy, Cougar Town…), y asumid que bien está lo que bien acaba. Porque si LeBlanc lo superó (bueno, creemos que lo hizo), vosotros también podéis:

Sólo hay cinco personas más en el mundo que saben lo que significa estar en Friends. Solo cinco. David, Matthew, Lisa, Courteney y Jen. Ya está. Marta y David se acercaban, pero cuando dejaban el plató, nadie sabía qué hacían con sus vidas. Nosotros no podíamos dejar el plató nunca, metafóricamente hablando. Y todavía no podemos. Seguimos en ese plató. Y estaremos allí para siempre.

Para mí, lo más importante del mundo es la cara de la gente cuando te cruzas con ellos en la calle, en el supermercado o haciendo cola. Siempre notas en ellos que fuiste -quizás sigues siendo y lo serás siempre- parte de su familia. Las películas son más bien un acontecimiento. Te arreglas, vas a cenar y luego al cine. Estás fuera de tu elemento. Pero con la televisión, la gente te está viendo desde la cama, comiendo en la mesa de la cocina. Estás con ellos en casa.

Yo no quería que eso se acabase nunca.