[Reseña Blu-ray] Men in Black: International trae la saga marciana al siglo XXI

Mientras Mulder y Scully ponían de moda a los extraterrestres en televisión, la obsesión de la sociedad por la vida en otros planetas llegó al cine, culminando en uno de los grandes éxitos del cine de los 90, Men in Black. La película dirigida por Barry Sonnenfeld y protagonizada por  Will Smith y Tommy Lee Jones fue un auténtico taquillazo con casi 600 millones recaudados en todo el mundo, lo que dio lugar a una de las franquicias más rentables de Sony, generando dos secuelas estrenadas con una década de diferencia (2002 y 2012), pero con el mismo éxito.

Siete años después de MIB3 (la más taquillera de la saga con 624 millones recaudados globalmente), Sony Pictures ha decidido pulsar el botón de reset con un spin-off que se desarrolla en el mismo universo, pero se centra en otros personajes, Men in Black: International. Sustituyendo a Smith y Jones, que no repiten en esta ocasión, se encuentran Chris Hemsworth y Tessa Thompson, dúo dinámico (y espacial) que ya había enamorado a los fans de Marvel con su química como Thor y Valquiria en el Universo Cinematográfico Marvel.

Dirigida por F. Gary Gray (Straight Outta ComptonFast & Furious 8), que releva a Sonnefeld después de que este se ocupase de las tres anteriores, Men in Black: International renueva la franquicia con la incorporación de la Agente M (Thompson), haciendo que por primera vez una mujer coprotagonice una de sus entregas. Este personaje es el punto de partida e hilo conductor de la historia. Tras años intentando confirmar su existencia después de experimentar un contacto alienígena cuando era niña, M consigue ser contratada por la organización secreta MIB. Su primera gran misión le lleva a emparejarse con el arrogante y solitario Agente H (Hemsworth), con el que descubrirá una amenaza a la que MIB no se habían enfrentado nunca: un topo dentro de la propia organización.

Lo mejor de esta nueva Men (and Women) in Black es que no se limita a la reproducción nostálgica, sino que opta por renovarse casi por completo. A pesar de los guiños a la trilogía original y la presencia de Emma Thompson como la Agente O, MIB International está concebida como un reinicio, una actualización orientada a las nuevas generaciones, es decir, al público más joven, lo que sirve para expandir su universo más allá de lo visto hasta ahora. Por eso la nueva historia no cuenta con demasiada continuidad con respecto a las películas de Smith y Jones, las cuales no es estrictamente necesario haber visto para seguir el hilo.

Aunque no es exactamente lo que los fans de la trilogía esperaban (para ellos es inevitable echar de menos a los Hombres de Negro originales), MIB: International es un pasatiempo ligero y sin pretensiones al que no debemos exigirle demasiado. Pese a contar con una historia formulaica y predecible, la película funciona gracias sobre todo a su actitud desenfadada, a la compenetración de sus dos protagonistas y, sobre todo, al trabajo de una enérgica y carismática Tessa Thompson, con diferencia lo mejor del film.

Salvo algún chiste anticuado, MIB: International cumple muy bien como reboot y lleva la saga al siglo XXI, con mayor diversidad y mejor representación femenina. Además, como cabe esperar de MIB, la acción es explosiva y los extraterrestres muy originales e imaginativos. Destaca la incorporación de Peoncín (voz de Kumail Nanjiani en inglés), extraterrestre de bolsillo que tiene pinta de la típica “mascota” pesada, pero acaba dejándonos las mejores frases y los momentos más graciosos.

En resumen, estamos ante una MIB nueva pensada principalmente sobre todo al público más joven, no para treintañeros nostálgicos, una aventura convencional pero eficaz y divertida para desconectar y pasarlo bien.

RESEÑA DEL BLU-RAY

Sony Pictures ya ha puesto a la venta Men in Black: International en digital y múltiples formatos físicos. La película ha salido al mercado en España en DVD, Blu-ray, 4K UHD y dos ediciones metálicas limitadas en Blu-ray con contenido adicional no disponible en las otras ediciones, además del pack con la saga completa.

La edición analizada en esta ocasión es el steelbook limitado con la portada de Peoncín, que reserva la imagen de Chris Hemsworth y Tessa Thompson para el interior del estuche (aquí podéis ver fotos). La simpática ilustración de portada se complementa en la contraportada con una imagen del globo terráqueo, tal y como aparece en el film. Por último, los coleccionistas que odien los steelboks sin título en el canto pueden estar tranquilos, porque este lo lleva.

En cuanto a los contenidos adicionales, el steelbook lleva el disco que también se incluye en la edición Blu-ray normal, además de un disco adicional con extras que solo se encuentran en esta edición.

Los extras en común son lo siguientes:

  • 10 escenas eliminadas con un total de duración de 11:35 minutos
  • Tomas falsas (2 minutos)
  • Alien-cestry.com y Neuralizador: como si no hubiera ocurrido (anuncios de la base de datos de alienígenas protagonizado por Frank el carlino)
  • Reclutas nuevos, trajes clásicos
  • ¡Hagámoslo! Las escenas de acción más peligrosas
  • Mire aquí: aparatos, armas y vehículos
  • Expandiendo el universo de MIB
  • Les twins
  • Los Hombres de Negro conocen a la NBA
  • Frank el carlino y el gallinero de Peoncín
  • En caso de que hayas sido neuralizado: repaso de MIB

El disco adicional incluye:

  • Chris y Tessa salvan el mundo: alrededor del mundo con MIB: International.

A destacar las tomas falsas, que aunque breves (2 minutos), nos dejan momentos muy divertidos e incluso uno muy sexy protagonizado por Rebecca Ferguson y Tessa Thompson. También varias featurettes sobre los nuevos protagonistas y cómo se hizo la película (trajes, escenas de acción, armas, vehículos…), un repaso nostálgico a la saga (presentado por Frank el carlino, para los que su aparición en la película les haya sabido a poco), un crossover con la NBA y por supuesto, escenas eliminadas, con más momentos Hemsworth-Thompson, un final alternativo y la pieza estrella: una escena extendida en la que el Agente H se neuraliza a sí mismo tras acostarse con una alienígena.

En general, la edición cuenta con contenido abundante y está cuidada al detalle para satisfacer a los fans de la saga, tanto a los de toda la vida como a los nuevos. Pero sobre todo se convierte en imprescindible para los seguidores de dos de los actores más queridos del panorama actual, Chris Hemsworth y Tessa Thompson, quienes, tanto por la película como por las imágenes tras las cámaras, está claro que se lo pasaron en grande con el proyecto.

Men In Black: International – Reinicio para las nuevas generaciones

La obsesión de los 90 por los extraterrestres culminó en el éxito de Men in Black en cines. La película protagonizada por Will Smith y Tommy Lee Jones recaudó casi 600 millones de dólares en taquilla en 1997, impresionante cifra que dio a Sony una de sus franquicias más rentables y reafirmó el status de Smith como una de las mayores estrellas de Hollywood. La película generó dos secuelas, una en 2002 y otra una década más tarde, en 2012, siendo MIB3 la más taquillera a nivel mundial de la saga (624 millones).

En la era de la nostalgia, era cuestión de tiempo que los Hombres de Negro hicieran un comeback, como tantos otros iconos de los 80 y los 90. Pero en lugar de realizar una secuela directa con sus protagonistas originales (que seguramente no recibieron la oferta suficiente), Sony ha decidido pulsar el botón de reset y darle a la saga un lavado de cara con Men in Black: International, continuación/spin-off con nuevos personajes. Barry Sonnenfeld, que dirigió la trilogía original, cede la batuta a F. Gary Gray (Straight Outta ComptonFast & Furious 8), quien dirige un renovado reparto encabezado por Chris HemsworthTessa Thompson y el omnipresente Liam Neeson.

Men in Black se convierte en Men and Women in Black (no oficialmente, aunque sí a través de chistes y diálogos con voluntad modernizadora) con la incorporación de Thompson, cuyo personaje proporciona el hilo conductor de la historia. La Agente M ha conseguido fichar por MIB después de muchos años intentando confirmar su existencia. Su obsesión por la organización secreta viene desde la infancia, cuando experimentó un contacto alienígena que los Hombres de Negro no borraron de su memoria con el neuralizador. Ahora, la novata debe demostrar que tiene lo que hace falta para formar parte de MIB, para lo que se embarcará en una peligrosa misión alrededor del mundo junto al arrogante y solitario Agente H (Hemsworth), con el que descubrirá una amenaza a la que MIB no se habían enfrentado nunca: un topo dentro de la propia organización.

En lugar de caer en la reproducción nostálgica, la nueva Men in Black opta por renovarse casi por completo, presentándose como un nuevo comienzo que transcurre en el mismo universo y lo expande. Esta película no es un regalo a los fans de la trilogía original, sino una actualización dirigida a las nuevas generaciones. De ahí que no haya mucha continuidad con las anteriores entregas, que no hace falta haber visto para ver esta. Hay guiños que la conectan con las películas de Smith y Jones, y la (breve, pero como siempre fabulosa) presencia de Emma Thompson, que regresa como la Agente O, también sirve como enlace, pero por lo general, MIB: International es un reinicio, también en tono y espíritu. Algo que, sin duda, no casará bien con los más puristas, que echarán de menos a sus protagonistas originales.

MIB: International es un pasatiempo ligero y sin pretensiones al que, idealmente, no se le debería exigir demasiado. Es cierto que la historia es muy predecible y formulaica, pero funciona, sobre todo gracias a sus dos protagonistas, y en especial a una fantástica Thompson, que es con diferencia lo mejor de la película. Su química con Hemsworth (con quien repite después de Thor: Ragnarok) es evidente, y juntos forman un dúo muy divertido y compenetrado (y bueno, qué bien les queda el traje). Lo único que falla en esta pareja es cierta tendencia al humor rancio a la hora de manejar su tensión sexual no resuelta. El flirteo no hace daño, pero los chistes sobre lo buena que está una o lo mujeriego que es el otro anulan momentáneamente el progreso que supone tener a una mujer como protagonista en una saga eminentemente masculina. Si hay algo propio de los 90 que no hacía falta recuperar era eso.

Por lo demás, MIB: International es mejor de lo que parece. Como cabe esperar de la saga, la acción es explosiva y los aliens muy imaginativos. Destaca la incorporación de Peoncín, extraterrestre de bolsillo que corría el riesgo de convertirse en la típica mascota irritante y sobreexplotada, pero acaba haciéndose querer y dejándonos algunas de las mejores frases del film, gracias al excelente trabajo de voz de Kumail Nanjiani. En general, estamos ante una MIB nueva, orientada sobre todo al público más joven (insisto, no es un producto diseñado para treintañeros nostálgicos), una aventura convencional pero eficaz, con dos protagonistas que claramente se lo están pasando en grande, y nos piden que nos soltemos para divertirnos con ellos.

Pedro J. García

Nota: ★★★

Crítica: Silencio, de Martin Scorsese

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La última vez que nos encontramos con Martin Scorsese en el cine fue para asistir a la vorágine de sexo, droga y oro verde que protagonizaba Leonardo DiCaprio en El lobo de Wall Street. Para su siguiente largometraje, Silencio, el aclamado director pasa del exceso del Wall Street de los 80 a la más absoluta contención del Japón feudal. Este radical cambio de aires proporciona a Scorsese un terreno para explorar la que podría ser una de las historias más profundas y espirituales de su filmografía. Pero que el “silencio” y la austeridad de la propuesta no os engañen, Silencio también manifiesta la ambición característica del realizador estadounidense, solo que esta vez se refleja en pantalla de otra manera.

Basada en la novela homónima de Shushaku Endo, que ha sido adaptada para la gran pantalla por Jay Cocks (guionista que ha colaborado con Scorsese en La edad de la inocencia y Gangs of New York), Silencio nos traslada a Japón durante la segunda mitad del siglo XVII para contarnos una increíble historia de resistencia y sacrificio. Dos jóvenes jesuitas, Rodrigues (Andrew Garfield) y Garrpe (Adam Driver), viajan a este país en busca de su mentor, Ferreira (Liam Neeson), un misionero que, tras ser perseguido y torturado por los japoneses, ha renunciado a su fe. Ocultos en una vieja cabaña, donde subsisten a duras penas gracias a los furtivos habitantes cristianos del pueblo cercano, los dos religiosos comprueban el horror que los japoneses ejercen sobre los practicantes de esta fe, y en última instancia vivirán en sus propias carnes el suplicio y la violencia que tantos otro han sufrido por profesar lealtad a una religión distinta a la imperante.

silencioEn SilencioScorsese prescinde de florituras estilísticas (y de DiCaprio), optando por una narración mucho más pausada y contenida. Tanto es así que las casi tres horas de metraje (como veis, el director se mantiene fiel a sí mismo) se convertirán en un ejercicio de resistencia que acentúa el calvario que viven sus protagonistas durante la segunda mitad del film, y que con suerte invitará a reflexionar junto a ellos sobre las complejas cuestiones que la historia plantea. De esta manera, Scorsese lleva a cabo un apasionante tratado sobre la fe que puede resultar extenuante, que exige un esfuerzo extra por parte del espectador, pero que le recompensa con momentos de auténtica y dolorosa belleza.

Como decía, aunque Silencio es una de las obras más sobrias y aparentemente sencillas del autor, se trata también de uno de sus trabajos más ambiciosos. Meticulosamente realizada, visualmente sobrecogedora (incluso en los momentos más duros) y de una gran carga poética, el film supone un viaje espiritual que transcurre entre la épica emocional y la intimidad más desgarradora. El brutal trabajo interpretativo de Andrew Garfield y Adam Driver, que se abandonan física y espiritualmente a sus personajes, facilita la inmersión en la historia, un relato intenso y difícil de digerir, pero del que se sale de alguna extraña manera purificado.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: Un monstruo viene a verme

[Esta entrada puede contener spoilers de la película]

Antes de ponerse al frente de uno de los blockbusters más importantes de la próxima temporada, la segunda parte de Jurassic World, el barcelonés J.A. Bayona quiere dejar cerrado y con un lazo bien puesto lo que comenzó en 2007 con El orfanato y continuó en 2012 con Lo imposible. Su nueva película, Un monstruo viene a verme (A Monster Calls), pone punto y final a su personal trilogía sobre la relación madre-hijo (nada que ver con la Trilogía de las Madres de Dario Argento), para lo que vuelve a contar con la mayor parte del equipo con el que trabajó en las dos películas que lo han encumbrado como “cineasta artesano” y lo han convertido en uno de los directores españoles más solicitados y prominentes del momento.

Basada en el libro homónimo de Patrick Ness, que fue seleccionado como mejor novela del año para jóvenes en el Reino Unido, Un monstruo viene a verme narra la historia de Conor (Lewis MacDougall), un retraído niño de 12 años que debe hacer frente a la enfermedad de su madre (Felicity Jones), un cáncer que amenaza con llevársela de su lado para siempre. Las visitas de la abuela de Conor (Sigourney Weaver) y de su padre (Toby Kebbell) ante la recaída de la madre obligan al pequeño a enfrentarse a sus propios miedos e incertidumbres, y a reevaluar su relación con los tres y con sí mismo. Para ayudarle a comprender mejor su dolor, Conor recibe la visita de un monstruo gigante con forma de árbol antropomorfo que aparece exactamente a las 12:07. El Monstruo (magnífico Liam Neeson) advierte a Conor de que volverá hasta que le haya contado tres cuentos, tras los cuales él tendrá que narrarle su propia historia, es decir, su verdad.

Un monstruo viene a verme nos presenta a un Bayona spielbergizado casi al completo, un director interesado en retratar el asombro de la infancia ante lo maravilloso e irreal, y también el miedo ante lo desconocido. Sin embargo, el director catalán pone una suerte de muro entre dimensiones, asegurándose de que la fantasía se quede al otro lado. Bayona está interesado en explorar lo fantástico únicamente en relación al drama real que sacude a Conor y su familia. Es decir, el Monstruo es imaginario, una manifestación de su ira y dolor que representa a ese ser irrefrenable que todos llevamos dentro y necesitamos desatar de vez en cuando. Por eso, a pesar de contar con una criatura fantástica y elementos de cuentos de hadas y aventura épicaUn monstruo viene a verme es ante todo un melodrama psicológico acerca del proceso mental de un niño ante la idea de perder a su madre, sobre “un chico demasiado mayor para ser niño y demasiado joven para ser hombre” que aprende una de las grandes verdades que le ayudarán a crecer.

Para explorar el paisaje emocional de Conor, en el que tienen lugar sus “aventuras” junto al Monstruo, Bayona realiza un gran despliegue técnico, en el que recurre a la técnica de la captura del movimiento para dar vida al Monstruo. No obstante, el resultado es irregular: el Monstruo es una creación digital sobresaliente, pero puede resultar… eso, demasiado digital, y por tanto generar sensación de falsedad (y no me lo justifica que no esté ahí en realidad). Dejando esto a un lado, la presencia de esta enorme criatura arbórea (como han señalado muchos, una versión más grave e imponente de Groot de Guardianes de la Galaxia) y su relación con el protagonista recuerda a tantas otras aventuras fílmicas centradas en la amistad de un niño con un monstruo o gigante (títulos como El gigante de hierro, Donde viven los monstruos, o las recientes Mi amigo el gigante Peter y el dragón). Sin embargo, en Un monstruo viene a verme, la conexión emocional entre monstruo y niño es, a priori, mucho más estrecha e indivisible (este está en su cabeza), pero también más forzada y dolorosamente obvia.

Y he aquí uno de los problemas de Un monstruo viene a verme, que la sutileza no es precisamente su fuerte. Viniendo del creador de Lo imposible, una de las películas más abiertamente manipuladoras de los últimos años (y que conste que a mí me parece un gran trabajo cinematográfico, pero reconozco que hay pocas obras que zarandeen más al espectador para forzarle a sentir), y teniendo en cuenta el tema que trata, no es de extrañar que Un monstruo viene a verme esté tan hecha para emocionar, para provocar el llanto y la congoja por todos los medios. Esto no sería muy grave si los sentimientos que ponen en marcha esta máquina fuerza-lágrimas fueran genuinos, pero ahí es donde falla principalmente la película. Sus formas son casi inmejorables y sus actores están espléndidos (todos, pero principalmente MacDougall, que transmite las emociones más reales de la película), pero su fondo está mucho más hueco de lo que cree.

Bayona maneja unas cuantas ideas interesantes, sobre todo en lo que respecta a la importancia de las historias en nuestra vida (las moralejas no siempre son idílicas) y a la necesidad de escuchar esa voz horrible que aplacamos por miedo a parecer monstruos, y que es precisamente lo que nos hace humanos. Se trata de una conclusión liberadora muy similar a la de Inside Out, que nos hablaba de cómo la tristeza es tan importante como la felicidad y el resto de emociones en el proceso de crecimiento del niño. Pero es una pena que el director no confíe demasiado en la inteligencia del espectador y necesite dárselo todo tan mascado: la razón de la personalidad problemática de Conor, la relación entre los cuentos del monstruo y la experiencia familiar del niño (secuencias de animación algo pesadas a las que les falta una nota a pie de pantalla para explicarlo todo aun más claro), la naturaleza del Monstruo en relación a la psique del protagonista y su madre… En definitiva, Un monstruo viene a verme es una película bonita a todas luces, técnicamente impecable, y deja patente una vez más que Bayona tiene un enorme don para lo visual, lo que pasa es que está tan, tan confeccionada para tocar la fibra, tan sobre-explicada y sobre-trabajada, que puede transmitir lo contrario a lo deseado: simpleza, artificio y frialdad.

Pedro J. García

Nota: ★★★

Crítica: Mil maneras de morder el polvo

Seth MacFarlane ovejas

Albert Stark no es el típico héroe del Lejano Oeste. Es “el tipo que se esconde entre la multitud y se ríe de la camisa que lleva el héroe del Lejano Oeste”. Pero en Mil maneras de morder el polvo (A Million Ways to Die in the West), este cobarde hombre del montón se ve obligado a pasar a la acción y ponerse frente al cañón de la pistola. En su segunda película como director, Seth MacFarlane decide también ponerse delante de las cámaras y debuta como protagonista, extendiendo así su ego hacia todas las facetas de su producción.

Aunque no nos hacía falta este film para que pusiéramos cara al creador de Padre de familia (una cara por cierto que nos obliga a contemplar el parentesco con Casey Affleck), porque en los últimos años MacFarlane ha ido saliendo progresivamente de entre esa multitud desde la que observaba y se reía del mundo, para ponerse debajo de los focos -hasta el punto de convertirse en el peor presentador de los Oscars de la historia, sí, incluso por debajo de James Franco (Franco al menos no intentaba ser gracioso). Aunque sus productos sean un éxito, MacFarlane es un “autor” muy odiado, por su vertiente de cómico, por su repelente presencia pública y por su humor cáustico y políticamente correcto, con el que no todo el mundo comulga (en muchos casos no porque uno se escandalice, sino porque simplemente no es gracioso). Sin embargo, con Mil maneras de morder el polvo, el creador de Padre de familia (me) lo pone difícil para odiarlo con consistencia.

Mil maneras de morder el polvo

Tras el éxito de la aceptable Ted, MacFarlane decide revitalizar un género muerto, el western, y lo hace de la única manera que muchos se atreven a intentarlo: a través de la parodia. Sin embargo, las películas del Oeste son el único género que escapa a la naturaleza cíclica de los fenómenos y las modas del cine, así que de entrada, Mil maneras lo tenía complicado para hallar el favor del público masivo -y efectivamente así ha ocurrido, dándose de bruces en la taquilla. Una pena, porque como parodia, la película es todo un éxito, desmontando y metacomentando todo lo que define al western a la vez que homenajea certeramente al género de la fotografía decididamente cartoonesca a la fantástica partitura de Joel McNeely, los valores de producción son excelentes. El humor de Mil maneras se basa en el contraste anacrónico del universo idiosincrásico del Far West y la mentalidad y jerga de nuestros días. A partir de esa idea, MacFarlane explora los lugares comunes del western y las peculiaridades de la América de la Frontera para construir unos cuantos chistes recurrentes que, con mucho ingenio y agudeza, van estructurando la historia.

Sin embargo, si hay algo más difícil que ser consistente odiando, es ser consistente haciendo comedia. Y de eso sabe mucho MacFarlane, que a ratos da la sensación de que no entiende cómo funciona el humor. Mil maneras es otro ejemplo de la incontinencia del autor, que dispara mil balas a ciegas esperando atinar con alguna. La película es una sucesión continua de chistes y gags al estilo Family Guy de los cuales funcionan un tercio -debería llamarse Mil maneras de intentar hacer un chiste. Bien es cierto que la carcajada está asegurada con un buen puñado de ellos (normalmente los más estúpidos: “Mila Kunis”, los “ojazos” de la Seyfried), pero el resto nos hace pensar que MacFarlane no tenía a nadie que le dijese cuándo parar (algo que salta a la vista en todos sus trabajos). Y tener carta blanca puede ser algo muy peligroso.

El problema no es la escatología desmesurada del film, aunque esta da lugar a los gags más desinspirados -nunca fue más adecuado referirse al humor de una película como “humor caca-culo-pedo-pis“, porque tenemos en ella al menos uno o dos chistes sobre caca, culos, pedo y pis. Literalmente. Lo malo es que queda patente a lo largo del metraje que MacFarlane es capaz de realizar comedia inteligentemente provocadora y ofensiva (muy geniales los chistes racistas, aunque suene mal decirlo), one-liners brutales y slapstick del bueno (él concibe la acción real como la animación), pero no sabe cómo hacerlo sin rellenar el espacio entre ellos con chistes vulgarmente malos que deberían haber quedado descartados en la sala de edición. Por tanto, el rango de calidad de la comedia que hay en Mil maneras es tan amplio que la película será mejor o peor según los chistes que recordemos.

Charlize Theron Mil maneras

Aún con todo, Mil maneras de morder el polvo es una película que cuenta con muchos aciertos. Y es que más que un western, la cinta es por encima de todo una comedia romántica, la clásica historia del perdedor que consigue a la chica más guapa del instituto. A pesar de ser un impepinable error de casting (por así decirlo), MacFarlane al menos acierta identificándose con el nerd y trasladando los elementos del romance moderno al Lejano Oeste (la mean girl, el matón, la típica trama de emparejamiento para dar celos que acaba en enamoramiento). En este sentido, es Charlize Theron la que le saca las castañas del fuego al director, dando vida con sumo encanto y carisma a la forajida Anna, que hará que nos creamos que Albert es de verdad el underdog encantador y adorable que ella ve, algo que MacFarlane no logra por sí solo.

Mil maneras de morder el polvo es una comedia tremendamente facilona, a ratos insultantemente simple en lugar de simplemente insultante -que es a lo que aspira- y corrosiva por inercia. Además, el talento de su reparto está trágicamente desaprovechado en favor del protagonismo de MacFarlane –Neil Patrick Harris se arrepentirá toda su vida de ese interminable copro-gag, dentro de unos meses nos olvidaremos de que Liam Neeson y Amanda Seyfriend salen en esta película, y Sarah Silverman y Giovanni Ribisi, aunque más cómodos haciendo el cafre, también podrían preguntarse “¿para esto hemos venido?”. Sin embargo, de vez en cuando, en este festival de penes de oveja, gore (sí, gore), semen y cubos de diarrea podemos hallar momentos de verdadera chispa, incluso de dulzura e introspección. Y a pesar de la irregularidad de sus chistes, el film se las arregla para mantener el ritmo la mayor parte del tiempo, constituyendo al fin y al cabo un entretenimiento más que aceptable. Y por si eso no fuera suficiente, Mil maneras de morder el polvo contiene un par de cameos que son todo un sueño húmedo para el cinéfilo y el geek y que harán aplaudir a más de uno. Solo por esos ocurrentes crossovers la película ya merece la pena.

Valoración: ★★★

Crítica: Non-Stop (Sin escalas)

Non-Stop

Desde que en 2008 protagonizase Taken (en España Venganza), Liam Neeson ha encontrado la manera de relanzar su carrera como héroe de acción. Desde entonces ha participado en cosas como Ira de TitanesBattleship o Infierno blanco, mientras ha seguido trabajando en la franquicia Taken, cuya tercera entrega está al caer. Por eso, Jaume Collet-Serra, que ya trabajó con Neeson en Sin identidad, vuelve a confiar en él para su nuevo thriller de acción, Non-Stop (Sin escalas), en el que interpreta a un oficial del ejército norteamericano a bordo de un avión secuestrado por alguien que amenaza con matar a una persona cada 20 minutos si no se le dan 150 millones de dólares.

La premisa de Non-Stop es la base de cualquier thriller terrorista: una amenaza, víctimas del miedo post-11S y un héroe americano que salva el día. La película de Collet-Serra va cargada de clichés y lugares comunes, aunque el director catalán suple las carencias del guión y la total falta de originalidad de la propuesta con un buen pulso a la hora de manejar la tensión. Collet-Serra aprovecha las posibilidades que brinda un espacio limitado como el interior de un boeing y realiza un thriller efectivo que se las arregla para mantener el interés en la mayor parte del metraje (haciendo honor a su título), sobre todo gracias a un buen puñado de personajes bien dispuestos para poner en marcha el siempre divertido juego de sospechar de todo el mundo -incluso de una Julianne Moore más relajada de lo habitual, que hace de pasiva partenaire del héroe.

Cartel Non StopPero esto no es suficiente. Non-Stop se columpia entre la inverosimilitud y el absurdo que uno espera (y agradece) de una película de estas características, para acabar cayendo en el ridículo más absoluto. A medida que la trama se desarrolla, los personajes actúan de manera cada vez más incongruente (sobre todo en lo que respecta al tontísimo uso de las nuevas tecnologías), y el desenlace -por otra parte completamente predecible- desafía la suspensión de la incredulidad del más dispuesto. Cierto es que Collet-Serra también dosifica con acierto los momentos de alivio cómico, pero estos no son suficientes para salvar una película que acaba tomándose mucho más en serio de lo que debería. Sobre todo en su tramo final, cuando se descubre quién está tras el secuestro, y se procede a atragantar al espectador con el más sobre-explicativo y manido discurso sobre el terror y la farsa de la seguridad nacional en Norteamérica. Basta ya de reflexiones propias de una redacción de secundaria sobre el mundo después del 9-11, y basta ya de darnos mascado el mensaje de la película, como si no estuviera claro desde el principio.

La digna presencia de Liam Neeson es lo que mantiene a Non-Stop en el aire la mayor parte del tiempo, pero los giros sin sentido del guión, la total implausibilidad de su tramo final y la negativa de la película a entregarse abiertamente al disparate (a pesar de interesantes destellos de autoconsciencia) hacen que caiga en picado hacia el vacío. Tampoco ayuda que Collet-Serra no sea capaz de otorgar entidad a sus personajes femeninos, que, o bien son víctimas asustadas (Michelle Dockery), comparsas del héroe para forzar el factor romántico (Moore) o bonitas carcasas vacías (Lupita Nyong’o). Eso sí, como cine escapista para dejar puesto el piloto automático y dejarse llevar Non-Stop cumple su cometido. No falla, los thrillers aéreos siempre entretienen, y a pesar de sus muchos defectos, Non-Stop no es una excepción.

Valoración: ★★½