Crítica: Poltergeist

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Dejémoslo claro desde el principio, un remake de Poltergeist, el clásico de terror para toda la familia estrenado en 1982, era innecesario. Tanto como casi la totalidad de los remakes, reboots y retodo que está produciendo Hollywood últimamente. Es obvio que la Meca del Cine está falta de ideas, pero por lo general, el público responde de forma positiva ante estos relanzamientos de franquicias y demás estrategias nostálgicas ideadas para evitar que la taquilla se hunda. Así que mientras esperamos (seguramente en vano) una nueva época dorada en la que las ideas originales marquen el pulso del cine (un nuevo 1999-2001 por ejemplo), concretamente el de terror, esto es lo que hay.

Quizá porque lo he asumido, porque me he resignado a que este es el estado actual del género (demos las gracias por las excepciones que nos ayudan a sobrellevarlo, como BabadookIt Follows) o porque prefiero no menospreciar lo que el público demanda, he visto la nueva Poltergeist con ojos más indulgentes. O quizá sea mucho más sencillo que eso y después de todo la película de Gil Kenan sea en realidad mucho mejor de lo que parece, y de lo que esperábamos. Estamos ante un remake bien hecho, muy fiel al original pero con los pertinentes cambios para actualizarla (aquí la tele es de plasma, los móviles y iPads juegan un papel importante, y tenemos un dron que retransmite imágenes desde otra dimensión, ahí es nada). La sensación de estar viendo la misma historia otra vez es inevitable, los momentos clave y las escenas más icónicas del clásico de Tobe Hooper están ahí, pero no estamos ante una reconstrucción plano a plano (no hagáis caso de los exagerados que digan que sí). En su lugar, Kenan toma la historia y le imprime su propio ritmo, haciendo que la trama fluya orgánicamente, como si se hubiera pensado en el siglo XXI.

Esto conlleva una pega, que al final, la sensación de déjà vu no proviene tanto de nuestra experiencia con la película original (programada hasta la saciedad en las tardes de TVE cuando éramos unos críos), sino más bien del hecho de que han convertido Poltergeist en otra Insidious (de hecho, aquí se nos deja seguir la cuerda dentro del armario y ver qué hay en “el otro lado”). A pesar de partir de un material previo que sin duda sirvió de inspiración, este remake es la respuesta de Fox a las películas de James Wan. Terror estilizado, aséptico, juvenil, es decir, PG-13 (calificación por edades que habría recibido la original si no fuera porque Spielberg no la inventó hasta un par de años después). Poltergeist es por tanto un film de terror para todos los públicos, uno no exento de sus dosis de perversidad, pero en general inofensivo. Es decir, válido tanto para una sesión de madrugada como para un domingo por la tarde, justo como la original. No nos extraña por tanto que Fox confiara la película a Kenan, que se dio a conocer con aquella nostálgica aventura de terror para niños que fue Monster House.

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Otro nombre detrás del proyecto que llama la atención es el de Sam Raimi, que participa en Poltergeist en calidad de productor ejecutivo. Y creedme cuando os digo que, a pesar de la ausencia de gore, se nota su mano en la película. Poltergeist no es una comedia de terror como Arrástrame al infierno o (en menor medida) Posesión infernal, pero hace gala de un humor comedido y algo bobo, pero también muy efectivo, que nos recuerda un poco al director de Spider-Man. Entre susto y susto se cuelan diálogos divertidos y momentos muy inspirados de comedia ligera (muchos de ellos provienen del equipo de investigadores paranormales). Esto funciona sobre todo gracias al reparto. Y es que otro de los aciertos de Poltergeist es su casting, aspecto que se suele descuidar en este tipo de películas.

La familia protagonista está encabezada por dos talentazos infravalorados e infrautilizados, Sam Rockwell y Rosemary DeWitt. Ambos resultan creíbles y naturales en todo momento, tanto para hacer chistes como para los pasajes más dramáticos. Rockwell brilla especialmente como papá bromista, pero también sorprende con una excelente escena dramática en la que se entrega por completo. También destaca Jared Harris, sustituto oficial de Zelda Rubinstein como guía de Carol-Ann, aquí rebautizada Maddie (Kennedi Clements), en su camino hacia la luz. Harris es el personaje más caricaturesco, es la Lin Shaye de esta película, y está tan divertido como Rockwell, sin llegar a pasarse de gracioso y ahogar el aspecto terrorífico de la película. Por último, los tres niños están sencillamente perfectos, sobre todo la pequeña Maddie, que nos recuerda mucho a Heather O’Rourke, entre adorable y escalofriante, y con unos enormes e inquietantes ojos que hipnotizan. Sin desmerecer a Saxon Sharbino, típica adolescente moderna con una dimensión más humana y simpática de lo normal, y especialmente a Kyle Catlett, fantástico como el enclenque hermano mediano, en cierto modo nuestro punto de vista en la historia.

Poltergeist no es nada nuevo, en ningún sentido. Pero es una película muy decente, un recorrido clásico por el género de las casas encantadas, con bien de sustos (mucho más creativos y menos tramposos de lo habitual hoy en día), un equilibrio bien medido de suspense, miedo y humor, y sin demasiadas complicaciones. Con apenas 90 minutos de metraje (y un final muy abrupto que hace que se echen de menos 10 más, eso sí), Poltergeist se salva con dignidad de la quema de los remakes que nadie pidió (que nosotros sepamos).

Valoración: ★★★½

Crítica: El extraordinario viaje de T.S. Spivet

"The Selected works of T.S.Spivet".? Photo: Jan Thijs 2012.

Texto escrito por Daniel Andréu

Jean Pierre Jeunet lo va a tener complicado para quitarse la coletilla de “el director de Amélie”, y más si se embarca en proyectos como el que nos ocupa. El título original de su última película es The Young and Prodigious T.S. Spivet, basada en la novela de Reif Larsen Las obras escogidas de T.S. Spivet. Si ya de por sí el título recordaba al de su gran éxito (aquel Le fabuleux destin d’Amélie Poulin), en España directamente han tenido la genial y sutil idea de rebautizarla El extraordinario viaje de T.S. Spivet.

La primera película en inglés de Jeunet 16 años después de Alien Resurrection podría haber sido una oportunidad para orquestar su gran regreso al mainstream, pero en lugar de ello el director francés ha elegido contar una pequeña  historia familiar, sencilla y con poca intención de hacer ruido. Con la campaña de marketing adecuada se podría haber convertido en un sleeper capaz de capear la marea de taquillazos veraniegos, pero por desgracia poca gente le ha hecho caso.

Spivet PosterLo que empieza pareciéndose demasiado a la estructura de Amélie, concretamente en la presentación de los personajes, va cogiendo forma y entidad progresivamente. El uso de la tecnología 3D resulta bastante acertado para una película tan íntima como esta y proporciona una nueva forma de expansión para el mundo interno del director. Como siempre en el cine de Jeunet, la imagen está saturada de colores y formas (gran trabajo de fotografía de Thomas Hardmeier), y cada plano está cuidado con un preciosista y calculado desorden.

Pero lo más importante aquí es la historia, para la cual Jeunet se traslada a la tranquilidad del campo, un paisaje cinematográfico que recuerda bastante a Tideland de Terry Gilliam, director al que Jeunet le debe bastante. En este bucólico escenario se desarrolla casi toda la acción. Y ese es uno de sus principales aciertos, ya que ayuda a enfatizar en todo momento la importancia de la historia y los personajes. Todos los actores transmiten cercanía y ayudan a componer una relación familiar más que creíble. El pequeño Kyle Catlett (el niño de The Following) aguanta por sí solo y con buena nota el peso de la película. Habrá que ver si su buen trabajo aquí es el principio de una carrera destacada en el cine o si su “cara de palo”, idónea para este papel, es su único registro.

El viaje personal de T.S. hacia el olimpo científico es totalmente implausible, pero no así sus sentimientos y sus intenciones. Es por esto por lo que resulta tan fácil ponerse en su lugar y dejarse llevar por la historia, por muy extravagante que sea. Gracias a él, los miembros de su familia, y a la sensibilidad con la que el director afronta la narración, la película llega a buen puerto y se convierte en una experiencia que, sin mayores pretensiones, resulta más que agradable.

Valoración: ★★★½