Kristen Stewart es una bomba de relojería en la disfrutable ‘Los Ángeles de Charlie’

En cada generación, nace una elegida… Heroína equivocada, pero ya me entendéis. Cada cierto tiempo, los iconos del pasado vuelven, se regeneran y se renuevan de cara a las nuevas generaciones. Los Ángeles de Charlie se apuntan a la moda de los reboots con una nueva versión dirigida por Elizabeth Banks (Dando la nota) que trata de llevar la franquicia al siglo XXI con un flamante nuevo trío de Ángeles al frente y una mujer al cargo de la misión detrás (y delante) de las cámaras.

La nueva iteración de Los Ángeles de Charlie cuenta con Kristen Stewart (Personal Shopper), Naomi Scott (Aladdin) y la recién llegada Ella Balinska como relevo de las anteriores Ángeles, Drew Barrymore, Lucy Liu y Cameron Diaz. Tres jóvenes actrices que no viene a borrar lo visto en las entregas de 2000 y 2003 dirigidas por McG, sino a extender y actualizar la saga que tiene su origen en la mítica serie de los 70 del mismo nombre.

Es decir, el reboot no es total, sino más bien una continuación que transcurre en el mismo universo, el cual unifica mediante simpáticos guiños al pasado y cameos. En este nuevo comienzo, la Agencia Townsend se ha expandido globalmente y opera con varios equipos de Ángeles guiados por sus correspondientes Bosleys. Elizabeth Banks interpreta a la Bosley de la impredecible Sabina (Stewart) y la disciplinada Jane (Balinska), a las que se suman la nueva incorporación del equipo, Jane (Scott), una joven ingeniera de sistemas clave en el desarrollo de una codiciada tecnología que podría poner el mundo en peligro de caer en las manos equivocadas. Juntas deberán entrar en acción en una aventura alrededor del mundo para evitar que esto ocurra.

El clamor por una nueva Los Ángeles de Charlie era prácticamente inexistente. Si acaso, los espectadores habrían preferido una tercera entrega con Barrymore, Liu y Diaz, pero Sony optó por un relanzamiento para nuevas generaciones similar al de la exitosa Jumanji: Bienvenidos a la jungla y sobre todo la fallida Men in Black: Internacional, con la que guarda más similitudes. Este ha sido uno de los factores que la versión de Banks no haya sido recibida con los brazos abiertos, demostrando así que el público se ha cansado de reboots y franquicias (a menos que sean de superhéroes).

Ahora bien, debate sobre si era necesaria o no aparte (la respuesta la conocemos todos), la nueva Los Ángeles de Charlie está aquí y resulta que, si nos animamos a verla, nos encontraremos con un pasatiempo desenfadado, altamente imperfecto, pero muy disfrutable. Y es que la gente se ha tomado su existencia muy serio, cuando ni la propia película se toma en serio a sí misma. Banks sigue el espíritu mamarracho y divertido de las anteriores películas, que con el paso del tiempo han acabado ocupando un lugar especial en nuestro recuerdo, pero que no son precisamente obras maestras (si sirve como indicativo, la primera tiene un 5,5 en IMDb y la segunda un 4,9), sino más bien divertimentos exagerados y tontorrones para pasar un buen rato.

Y eso es justo lo que ofrece la reinterpretación de Banks, intriga y acción con mucho sentido del humor, cambios de vestuario, una buena banda sonora y una gran capacidad para reírse de sí misma. Claro que lo mejor de Los Ángeles de Charlie son sus tres energéticas protagonistas, en especial una explosiva y carismática Stewart, con la que Balinska y Scott mantienen una química indudable y contagiosa. Las tres dan la talla de sobra tanto en las escenas de acción como en los momentos de comedia, formando un equipo infalible y perfectamente compenetrado. Todos giran alrededor de ellas, Banks, un Patrick Stewart que pasaba por ahí, Sam Claflin pasándoselo genial parodiando a un ridículo gurú tecnológico y el novio de Internet Noah Centineo como “el chico de la película”.

El problema es que las habilidades de sus protagonistas no se ven del todo aprovechadas por una trama demasiado genérica y una historia a la que le falta sustancia. En lugar de sorprender, el guion transcurre por terreno demasiado conocido y la premisa “artefacto peligroso que hay que sustraer de manos enemigas para salvar el mundo” la hemos visto demasiadas veces.

Afortunadamente, Los Ángeles de Charlie posee suficientes atractivos y momentos de diversión como para hacer la vista gorda a una carencia que, si pensamos en las anteriores películas, tampoco debería ser tan importante (vamos, que no es James Bond ni pretende serlo). Abrazando abierta y orgullosamente el feminismo y con evidente cariño por la propiedad que está manejando, Banks ha realizado una Charlie’s Angels más moderna y empoderadora– yendo incluso adonde otros grandes estudios no se atreven haciendo que una de sus Ángeles sea abiertamente queer-, una película sexy, llena de estilazo y humor petardo para satisfacer a cualquiera que decida verla sin tomársela muy en serio y descubra que no es tan mala como creía.

Pedro J. García

Nota: ★★★

El siglo de las mujeres

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En su ya continuada labor rescatando títulos que no llegan a las salas comerciales para su distribución en el mercado del vídeo doméstico en nuestro país, Sony Pictures Home Entertainment sigue añadiendo interesantes propuestas independientes a su catálogo, como es el caso de Mujeres del siglo XX (20th Centurty Women) y Certain Women: Vidas de mujer, dos cintas con acento femenino a reivindicar.

Dos de los cineastas más reconocidos del panorama independiente actual, Mike Mills y Kelly Reichardt, nos traen sus últimos trabajos cinematográficos, películas que tuvieron una excelente acogida en los circuitos festivaleros y los certámenes de premios más importantes de la pasada temporada. De hecho, el caso de Mujeres del siglo XX es especialmente llamativo, puesto que estuvo nominada a un Oscar (mejor guion original) y dos Globos de Oro (mejor comedia, mejor actriz de comedia), pero ha tardado un año en ver la luz en nuestro país. Más vale tarde que nunca, porque es uno de los films más hermosos y cautivadores del año pasado.

"Tú lo has visto como persona ahí afuera, en el mundo. Yo nunca lo haré".

“Tú lo has visto como persona ahí afuera, en el mundo. Yo nunca lo haré”. Bening personifica prodigiosamente el anhelo prematuro y la melancolía de la madre que ve cómo su hijo se transforma en un adulto.

Mujeres del siglo XX nos traslada a California a finales de la década de los 70 para presentarnos a Dorothea Fields (Annette Bening), una mujer divorciada que cría a su hijo adolescente, Jamie (Lucas Jade Zumann), en un ambiente de amor, libertad y feminismo, con la ayuda de Abbie (Greta Gerwig), una fotógrafa que vive en su casa, William (Billy Crudup), un carpintero también inquilino de Dorothea, y Julie (Elle Fanning), la magnética mejor amiga del chico. La película narra el proceso de crecimiento de Jamie y la importancia de la influencia femenina en su educación y su manera de ver el mundo, pero la experiencia del chico es en realidad un pretexto para llevar a cabo el retrato de tres mujeres en etapas muy distintas de su vida, tres personajes femeninos fascinantes en el que es uno de los años más importantes de sus vidas.

Rebosante de encanto bohemio y un lirismo nostálgico embriagadorMujeres del siglo XX tiene el poder de transportar al espectador directamente a la época en la que transcurre, y contagiarlo así de su espíritu reivindicativo y liberador. La película destaca sobre todo por el buen hacer de su reparto coral: sus estupendos protagonistas adolescentes, ese torbellino de energía y carisma que es Greta Gerwig y sobre todo la siempre infalible Annette Bening, en el que es uno de los mejores papeles de su carrera (y también de los más infravalorados, porque a pesar de las nominaciones y premios que recibió, no se le prestó la suficiente atención). Mills (Thumbsucker) firma otro de esos pequeños grandes relatos norteamericanos sobre el paso del tiempo, la búsqueda de uno mismo, la familia y la conexión humana capaces de remover, incluso de cambiar algo por dentro a quien se tope con ellos.

Por otro lado, Kelly Reichardt (Wendy and Lucy, Night Moves) continúa cimentando su reputación de auteur laureada con su más reciente trabajo, Certain Womenuna historia de vidas cruzadas, basada en tres relatos cortos de Maile Meloy, sobre los avatares de cuatro mujeres enfrentándose al día a día de sus vidas en Montana. Un fresco íntimo, minimalista y costumbrista interpretado impecablemente por un elenco encabezado por cuatro grandes actrices: Laura Dern, Michelle Williams, Kristen Stewart y Lily Gladstone.

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Las cuatro mujeres de Certain Women son Laura (Dern), una abogada resignada al sexismo diario por parte de sus clientes y colegas de profesión que se ve envuelta en una peligrosa situación con rehenes; Gina (Williams), una esposa y madre cuyo empeño por construir el hogar de su vida le acaba enfrentando con su marido; Beth (Stewart), una joven licenciada en Derecho que conduce cuatro horas todas las semanas para dar clases en un pueblo remoto, donde se hace amiga de la cuidadora de caballos de un rancho cercano (Gladstone), nuestra cuarta mujer, quien desarrolla una fuerte atracción por la visitante.

Mientras Mills utiliza con mucho éxito el humor, la poesía visual, la música y la nostalgia para llevar a cabo su retrato femenino colectivo en Mujeres del siglo XX, Reichardt opta por una mirada más fría y distante en Certain Women, en la que sus mujeres brillan de forma natural opuestas al entorno árido y deprimente en el que les ha tocado vivir. Aunque Dern y Williams cumplan como de costumbre, son Stewart y, sobre todo, la desconocida Gladstone las auténticas revelaciones del film (si es que a estas alturas podemos seguir calificando con ese apelativo a Stewart, muy consagrada ya como musa del cine indie), protagonistas de una preciosa historia de enamoramiento contada en el contexto de la soledad más acuciante con la sutilidad y la aspereza que caracteriza a la cineasta.

Mujeres del siglo XXCertain Women son perfectos ejemplos de cine de mujeres y hecho por mujeres para todo el mundo, y ya están disponibles en formato DVD de forma exclusiva en los puntos de venta físicos y online de fnac.

Billy Lynn: la incómoda verdad de Ang Lee

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Billy Lynn pasó por las salas de cine el año pasado, pero poca gente le prestó atención. La película más reciente de Ang Lee nació de la sinergia creada entre la inquietud artística del director taiwanés y los esfuerzos comerciales de Sony Pictures por llevar el cine al futuro a través de la tecnología más puntera. Billy Lynn fue injustamente recibida en su estreno, pero su llegada al mercado doméstico es la segunda oportunidad que la película necesitaba para brillar y encontrar su público.

Una de las razones por las que Billy Lynn no causó impacto en taquilla es quizá el tema que trata. O más que el tema en sí, la forma en la que lo aborda y las respuestas que da. La película cuenta la historia de un soldado estadounidense de 19 años (el debutante Joe Alwyn) que, junto a sus compañeros del escuadrón Bravo, regresa a casa de la guerra de Irak convertido en un héroe para realizar la “gira de la victoria” y formar parte del espectáculo de la Super Bowl.

A través de una serie de flashbacks que ocurren durante la antesala del show, descubrimos la verdad sobre lo ocurrido en el campo de batalla, estableciendo así una reveladora comparación entre la realidad de la guerra y la percepción distorsionada que los estadounidenses tienen de lo que allí ocurre, así como de sus aclamados héroes. Una verdad incómoda y comprometida que ningún patriota yanqui quiere escuchar (en especial los de los estados más conservadores como Texas), no porque menosprecie a sus militares (cosa que la película no hace ni remotamente), sino porque los humaniza, obligando a los que se quedan en casa a afrontar la realidad. De ahí que, a pesar de no ser abiertamente una película anti-bélica, y de la sensibilidad y el tacto con el que está hecha, el público estadounidense prefiriera hacer oídos sordos, evitar la reflexión y continuar viviendo en la fantasía de las medallas de honor, los héroes perfectos y los fuegos artificiales.

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Con Billy LynnLee lleva a cabo un excelente estudio de personajes para hablarnos del síndrome postraumático que experimentan muchos soldados a su regreso de la guerra, y oponerlo a la fantasía heroica, de la que muchas empresas intentan sacar partido económico, sobre todo en Hollywood (entre otras cosas, el film narra el desalentador proceso para llevar la historia de Lynn y su tropa al cine). Para ello, el director se vale de un estupendo reparto, encabezado por el recién llegado Joe Alwyn, que realiza un trabajo excepcional transmitiendo a la perfección las complejidades del personaje y expresando su profunda melancolía y preocupación con la mirada, y Garrett Hedlund, en la que es una de sus mejores interpretaciones hasta la fecha.

Pero Billy Lynn es ante todo un experimento, una inversión de futuro. Se trata de la primera película presentada en 60 frames por segundo (recordemos que El Hobbit se hizo en 48), un formato revolucionario con el que Sony Pictures busca que el público se vaya familiarizando con lo que ellos llaman el futuro del cine en casa. Y es que si Billy Lynn pasó desapercibida en cines, quizá es porque en realidad estaba diseñada para su disfrute en los televisores 4K, donde encuentra la segunda vida para la que fue pensada. El aspecto de la película en 60fp, su resolución cuatro veces superior a la de un HD normal, así como los colores más vivos y el mayor contraste que facilitan el HDR (High Dynamic Range) proporciona una experiencia hiperrealista que puede chocar al principio (la sensación tradicional de cine se pierde en favor de una definición que asusta), pero que, una vez acostumbrados, empuja a sumergirse en la acción.

Sin embargo, lo más importante sigue siendo lo que se nos cuenta, y afortunadamente, Billy Lynn no es solo una demostración tecnológica, sino también una nueva prueba de la creatividad y la capacidad emotiva de Lee, quien utiliza las nuevas tecnologías para presentar una historia muy familiar bajo una mirada más original y estimulante.

billy-lynn-4kSony Pictures Video presentó Billy Lynn en Ultra-HD el pasado jueves 8 de junio en Madrid, en un evento en el que, además de proyectar la película en sus equipos más avanzados, reiteró el compromiso de la distribuidora con la recuperación de películas inéditas en nuestro país para su lanzamiento directo a vídeo, trabajos aclamados que por una razón u otra no llegaron a las salas.

A las recientemente editadas Hunt for the WilderpeopleUn gato callejero llamado BobSiempre amigas se sumarán próximamente The Edge of Seventeen, Bleed for ThisFree Fire, y la nominada al Oscar a mejor guion original 20th Century Women.

Crítica: Personal Shopper

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No todo es jauja en la vida de una celebrity. La fama cuesta, y mantener ese halo de perfección las 24 horas del día es una misión harto imposible. De nada vale esa belleza natural (o adquirida) si no viene acompañada por un duro y estricto trabajo delante y detrás de las cámaras. Realmente ese detrás de las cámaras es irreal, ya que todas sus actividades, tanto relacionadas directamente con su profesión en apariciones oficiales en saraos, como las estrictamente privadas son siempre recogidas alguna que otra cámara, por lo que su vida fuera de campo queda casi relegada únicamente al váter de sus residencias. Pese a todo, siempre logran solventar todos esos problemas, manteniendo su estatus impoluto… y si no lo logran, es que no son estrellas de verdad.

Pero este éxito no es producto únicamente del buen hacer de la propia estrella, sino del equipo de personas que ayudan a crear y mantener esa imagen… y entre todos ellos destaca una figura que sobrepasa en importancia a la del manager, estilista, entrenador o dealer, y esa es la del personal shopper, anglicismo que no es sino la forma estilizada de refererirse a esa chica o chico que vale para todo. Su deber es el de realizar todas y cada una de esas minucias cotidianas con las que la estrella no debe mancharse las manos. Tareas tales como compra de alimentos macrobióticos, elección de vestuario haute couture, préstamos de joyas exclusivas, gestión de correos personales, recogida de botellas vacías de la borrachera del día anterior… En resumen, el personal shopper es la figura encargada de preservar que esa imagen de perfección no se vaya a la mierda de buenas a primeras. Ese es el sino de la protagonista de Personal Shopper, la película con la que Olivier Assayas (Después de mayo) ganó el premio a mejor dirección en Cannes y le sirvió como reencuentro con Kristen Stewart después de la gratificante experiencia en Viaje a Sils Maria.

Kyra (Nora von Waldstätten, Un mundo sin fin y actriz habitual del cine de Assayas) es la It-girl de momento, pero Kyra también es un desastre de primera. Maureen (Kristen Stewart) es la pobre chica encargada de lidiar con semejante papeleta y conseguir que Kyra termine siendo una leyenda. Pero ella aspira a ser algo más y aunque no llegue al extremo de la Eve Harrington de Eva al desnudo o la Agatha Weiss de Maps to the Stars, Maureen cree que ella tendría que ser la que vistiese esos modelos de marca y no la niñata de su jefa… y aunque lo tenga prohibido, se prueba sus vestidos, duerme en su cama y come su comida. Al hacerlo, Maureen hace su sueño realidad: ser otra persona. Ni mejor, ni peor. Otra persona.

Recogiendo el testigo de su anterior colaboración con Olivier Assayas, la Valentine de Viaje a Sils Maria con la que consiguió ser la primera actriz estadounidense en ganar un César, Kristen Stewart perfecciona sus valías como asistente personal, y si en la anterior ocasión tenía que estar a la sombra de una gran dama francesa de la interpretación preocupada por el advenimiento de la nueva ola, en Personal Shopper se pasa al otro bando, al de las estrellas emergentes. Pero esta película no es simplemente la otra cara de la moneda, sino una cosa mucho más complicada y marciana, por no decir fantasmagórica.

personal-shopperPersonal Shopper es una propuesta tan bizarra que parece salida de la mente del Almodóvar más ochentero que del propio Assayas. Ya que la heroína interpretada por Stewart no es una asistente personal al uso, sino que también ejerce de médium en sus ratos libres. No es que Maureen sea la máxima autoridad mundial en ocultismo, pero ella ha hecho sus pinitos en esa especialidad. Está especialmente interesada en comunicarse con su hermano recientemente fallecido para así poder comprobar a ciencia cierta si existe algo después de la muerte. Esas dos vertientes argumentales tan disparejas, se ven complementadas a su vez por un misterio vía whatsapp muy en el estilo de Brian De Palma (el interesante, el de hace unas cuantas décadas) y al de Paul Verhoeven (el de ahora) que podría descolocar, pero que hace que la historia sea aún más entretenida.

Como ocurría en el caso de Isabelle Huppert y Elle, la sublime interpretación de Kristen Stewart compensa con creces ciertos agujeros en la trama y hace que la propuesta realista fantástica de Assayas resulte completamente convincente. Stewart compone una de las mejores interpretaciones del año y su mejor trabajo hasta la fecha, perfeccionando la parsimonia cuasi autoparódica que ya nos mostró en Viaje a Sils Maria y añadiendo la adecuada inocencia y rabia millennial con un cierto toque desencantado que necesita el personaje.

Puede que esta Personal Shopper no sea tan redonda como la anterior colaboración entre Assayas y Stewart, pero esta última la supera con creces en capacidad adictiva y potencial de culto en años venideros. Tenga o no tenga asistente personal, hágase un favor y cómprese (o dé la orden de hacerlo) una entrada para Personal Shopper. No se arrepentirá.

David Lastra

Nota: ★★★★½

Crítica: American Ultra

American Ultra

Texto escrito por David Lastra

Es 2015 y seguimos en plena edad de oro de la comedia… y a juzgar por los futuros proyectos de cara a 2016 (el hype de Cazafantasmas III tiene gran parte de la culpa), esta parece no tener fin. En estos últimos años, a los consagrados Judd ApatowPaul FeigRicky GervaisTina Fey, se les han unido nombres como Lena DunhamSimon PeggAmy SchumerDan HarmonEdgar Wright o la dupla Phil LordChristopher Miller. Gracias a los maestros y a las recientes incorporaciones, hemos disfrutado de momentos cinematográficos impagables (el duelo de discursos de damas de honor en La boda de mi mejor amiga, el personaje de McLovin en Supersalidos o cualquier escena en la que compartan plano Channing TatumJonah Hill en la saga de Infiltrados en…) y productos televisivos de alta escuela (30 RockGirlsThe Office), pero como toda nueva ola, también tiene su reverso oscuro. Es el caso de la infinidad de comedietas que intentan adherirse a la moda pero que no tienen ni puñetera gracia… ¡alguna hasta con Adam Sandler como protagonista! Con American UltraNima Nourizadeh (director del taquillero Project X) intenta apuntarse al grupo de cabeza, pero fracasa y además comete el mayor crimen posible a la hora de hacer una comedia: aburrir.

Aunque él no se acuerde, Mike ha sido entrenado bajo el programa Ultra para ser un arma infalible. Desde la cancelación del proyecto y gracias a un lavado de cerebro al más puro estilo Jason Bourne, su existencia se reduce a ver la televisión, colocarse con/sin su novia, esbozar un cómic que nunca hará y trabajar en un pequeño supermercado. Todo cambia el día en que uno de los jefecillos de la CIA organiza una operación secreta para terminar (a.k.a. exterminate) con Mike. Tan secreta no es porque, gracias a un chivatazo, la que fuera encargada del extinto programa Ultra, la agente Lasseter, se entera y decide actuar como una madre coraje y proteger a su pequeño, procediendo a la activación del protocolo de ataque del antiguo agente. La caza ha comenzado. Bonito punto de partida, no muy novedoso, pero sí apto para la consecución de una buena película de sábado por la noche o hasta de una cult movie en toda regla… pero no. Todo en American Ultra son medias tintas, no terminando de explotar en ningún momento, bueno, de manera literal sí, en varias ocasiones.

American Ultra

El gran error de American Ultra es el incluirse motu proprio dentro de la vertiente gamberra de la nueva comedia, cuando sus bazas cómicas no están a la altura. Naturalmente no está al nivel de la generacional Supersalidos, pero es que su pretendido despiporre argumental no se acerca en ningún momento a la muy reivindicable Juerga hasta el fin. El tándem formado por Nourizadeh y uno de los nuevos niños bonitos de Hollywood, Max Landis (guionista de Chronicle), fracasa a la hora de construir la incoherencia necesaria para el desarrollo argumental de una buddy movie de este tipo. Los dos personajes centrales no son nada más que meros esbozos del personaje tipo de adolescente perpetuo, sin llegar a ser los héroes que deberían ser. Aprovecho el momento para salvar de la quema a Kristen Stewart, que más que menos logra salvar su personaje y sigue con buen pie su rehabilitación cinematográfica tras la saga Crepúsculo. Al no hacernos reír, ni conmovernos, American Ultra termina funcionando mejor como película de acción. Resultando como una especie génesis de una saga de aventuras con Mike como agente secreto emporrado. Pero si entonces la incluimos en el nicho de las nuevas comedias de acción, sería devorada al instante por obras maestras como Infiltrados en clase.

Acompañando a Kristen Stewart, tenemos a otro de los actores jóvenes más odiados en internet y antigua pareja de Kristen en AdventurelandJesse Eisenberg. Jesse vuelve a demostrar las dotes miméticas que nos deslumbraron en La red social, convirtiéndose completamente en Michael Cera. Es imposible no pensar en Cera (el Michael Cera personaje) durante la película, especialmente al ver y escuchar al Mike pre-activación. Completan el reparto los televisivos Topher Grace, de buen chico en Aquellos maravillosos 70 a malo de la peli, Connie Britton (en un papel que iba a ser para Sharon Stone) repitiendo el rol de mujer luchadora que ya vimos en Friday Night LightsAmerican Horror Story, y Tony Hale, haciendo de un Buster Bluth con el trabajo de Gary Walsh (nota del autor: su papel de Arrested Development con el oficio de su personaje en Veep).

American Ultra es el segundo strike para Nima Nourizadeh en su intento por entrar en el gran club. En su defensa está que su videoclip para LDN de Lily Allen molaba bastante.

Valoración: ★★

Crítica: Siempre Alice

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Texto escrito por David Lastra

Perder algo es la mayor catástrofe para el ser humano. Ya sea la pérdida de un ser querido por fallecimiento o el extravío de un guante o un bonobús. La desaparición duele y el temor a la posible pérdida paraliza y horroriza a cualquiera. Pero la merma más terrorífica no es ese vacío ante la ausencia del otro, la mayor debacle personal es cuando el que se pierde es uno mismo. No hablamos de alguna que otra conducta que se desvía del buen camino, sino de la pérdida absoluta de la identidad perfecta que hemos ido construyendo a base de acumular conocimientos y hostias. El bicho que termina con todo eso es el Alzheimer. Dicha enfermedad irrumpe y termina progresivamente con todo aquello, de manera inexorable. Poco a poco la persona se ve despojada de su bien más preciado: su identidad. No ser perfectos nos hiere. Una pérdida propia que afecta a los allegados, ya que no solo nos estamos perdiendo nosotros, sino que estamos haciendo que los demás nos pierdan a nosotros. Ese es el punto de partida de Siempre Alice, la nueva película de Richard Glatzer y Wash Westmoreland (directores de Quinceañera y La última aventura de Robin Hood), protagonizada por Julianne Moore (¿hace falta decir de qué conocemos a esta mujer?).

A través de las pautas de un melodrama social clásico, Siempre Alice muestra de forma detallada los estadios de una reputada lingüista profesora de la Universidad de Columbia desde el momento de su diagnóstico precoz de Alzheimer familiar hasta una de sus últimas etapas. Sin llegar a ser un producto magistral, se agradece el loable equilibrio a la hora de mostrar semejante drama, ya que en las manos equivocadas (Susanne Bier, por ejemplo) se hubiese convertido con total seguridad en un dramón lacrimógeno de sobremesa televisiva. El poso amargo y esperanzador bien construido recuerda al que nos dejó ¿Qué hacemos con Maisie? el año pasado, cinta que curiosamente también protagonizaba Julianne Moore.

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Como es normal, el buen hacer de la película encuentra su apoyo principal en su intérprete protagonista, que sabe cómo hacerse con esta compleja Alice desde el primer momento. Uno de los mayores miedos ante este proyecto era ver a una Julianne Moore sobreactuada y desbocada ante semejante huracán emocional. Por el contrario, Moore sabe medir y acotar su conocido dramatismo extremo y componer una Alice descarnada y terrena, completamente realista. Encarnando a su familia, encontramos a Alec Baldwin, que se reencuentra con Julianne después de su efímero romance en la serie 30 Rock, a un viejo conocido como Silas Botwin (Hunter Parrish) y Kate Bosworth, olvidada Lois Lane de la aún más olvidada Superman Returns. Mención aparte merece Kristen Stewart, la única capaz a la altura interpretativa de Moore en la cinta. La que fuera Bella Swan en la saga Crepúsculo vuelve a demostrar que cuando quiere (y le dejan, porque a ver quién lo hace bien con los guiones de sus aventuras con Edward Cullen), ella puede hacerlo muy bien. Esperamos que no quede mucho más para disfrutar de Camp X-Ray y Sils Maria.

La única pega de esta Siempre Alice es que la doctora Alice  Howland pasará a la historia como el personaje que hizo que Julianne Moore consiguiese su primer Oscar, cuando todos queríamos que ese honor lo tuviese Amber Waves de Boogie Nights.

Valoración: ★★★

On the Road, Tierra prometida y otros estrenos de cine (19-04-13)

 

Tierra prometida (Promised Land, Gus Van Sant, 2013)

La nueva película de Gus Van Sant supone su reencuentro con Matt Damon desde que este protagonizara en 1997 El indomable Will Hunting. Tierra prometida es tanto de su realizador como de sus protagonista (de hecho, Van Sant sustituyó a Damon como director), que firma el guion en tándem con John Krasinski (The Office), como ya hiciera con Ben Affleck para Will Hunting. Van Sant, Damon y Krasinski nos proponen una estimulante y, por qué no decirlo, moralizadora historia acerca de la práctica del fracking (fracturación hidráulica) y el poder de las grandes corporaciones sobre el pequeño negocio.

Dos representantes de una compañía de gas natural, Steve Butler (Damon) y Sue Thomason (Frances McDormand) visitan un pueblo rural de Pensilvania, y ejerciendo de vendedores puerta a puerta, tratan de convencer a los habitantes de que permitan el fracking en sus tierras, con la promesa de prosperidad, cambio e ingentes beneficios. Un profesor de la escuela y el representante de una organización ecológica (Krasinski) les pondrán la tarea muy difícil.

Tierra prometida es prácticamente un cuento de hadas, y así hay que tomársela si se pretende disfrutar de la propuesta. Seguramente el debate sobre la verosimilitud de la historia, o una posible crítica al panfletismo (sea del bando que sea) que practica, eclipsará lo verdaderamente importante de la película: que está ejemplarmente contada, realizada, interpretada y musicada. Tierra prometida es un producto impecable para salir del cine con la sensación de haber visto eso, cine.

Un lugar donde refugiarse (Safe Haven, Lasse Hallström, 2013)

Para saber exactamente lo que esperar de Un lugar donde refugiarse, solo hace falta echar un vistazo a su cartel. Estamos ante otra adaptación de una novela de Nicholas Sparks, escritor de El diario de Noa y La última canción (los tres pósters son prácticamente idénticos, buscadlos si no me creéis), otra película abiertamente orientada al público femenino que consume este tipo de productos -sin ir más lejos, hace un rato he visto un concurso en Facebook para promocionar la película cuyo premio era un set de maquillaje. Un lugar donde refugiarse viene firmada por Lasse Hallström, el anteriormente respetable director de cintas como Las normas de la casa de la sidra o Chocolat, que pone con esta película el último clavo en su féretro cinematográfico.

Un lugar donde refugiarse cuenta la historia de una mujer (Julianne Hough) que huye de la ley y va a parar a un pequeño pueblo costero, donde sus habitantes la reciben con los brazos abiertos, en especial un viudo (Josh Duhamel) con dos hijos, con el que inicia un idílico romance. Podéis imaginar exactamente cómo transcurre la película a partir de ahí: horribles baladas, escenas románticas bajo la lluvia…

No sabría cómo describir el horror que he sufrido viendo esta película. Me siento físicamente asaltado. Yo soy de los que piensan que El diario de Noa es una de las películas más sobrevaloradas de la historia, pero Un lugar donde refugiarse la convierte en una obra maestra. En mi intento de buscar el lado bueno de las cosas, mi intención era sugerir que los fans de Noa quizás encuentren algo disfrutable esta nueva adaptación de Sparks, sin embargo, me cuesta creerlo. Decir que es un telefilm barato es, además de evidente y trillado (será que no hay TV Movies mejores…), quedarse MUY corto. Por si la pastelosa historia de amor vista mil veces (y contada de la misma manera mil veces) no fuera suficiente, Un lugar donde refugiarse incorpora un desastroso factor thriller y un increíble (literalmente, para echarse las manos a la cabeza) giro sorpresa, que pasa de insultar al espectador directamente a abofetearlo.

Un été brûlant (Un verano ardiente) (Philippe Garrel, 2011)

Un verano ardiente nos devuelve a un Philippe Garrel completamente desganado y desinspirado con una irregular historia de amores que consumen y se consumen. Paul (Jérome Robart) inicia una amistad con Frédéric (Louis Garrel), un espíritu atormentado que está profunda y dependientemente enamorado de su esposa, una hermosa actriz de cine, Angèle (Monica Belluci). Frédéric invita a Paul y a su pareja, Élisabeth (Céline Sallette) a pasar un verano en Roma con él y su mujer. En el transcurso de las vacaciones (que no son tal cosa, porque estos personajes viven en un permanente estado de paseo por la vida), la relación entre Frédéric y Angéle se complica.

Salvan a la película de hundirse en el tedio más absoluto las interpretaciones de Louis Garrel (en un/otro papel hecho a su medida) y una Monica Belluci triste, desgarradora, espléndida y valiente, demostrando que aunque su carrera cinematográfica siga girando en torno a su belleza, es capaz de construir personajes verdaderamente complejos. De no ser por ellos dos, Un été brûlant no tendría razón de ser o existir.

Nana (Valérie Massadian, 2011)

Primitiva y salvaje en el sentido más precioso y puro de la palabra, es decir, “donde viven los niños”. Nana se presta a ser llamada “cuento” o “fábula“, pero es mucho más que eso. Es una mirada a la niñez descontaminada y sincera, temeraria y naturalista. Un sueño de regresión, donde lo perturbador es mágico y el mundo es un lugar posible de abarcar, entender y reinar por una niña de 4 años. Es mejor no entrar demasiado en detalle sobre lo que ocurre en esta película, puesto que su experiencia trasciende cualquier tipo de concreción y no hay tal cosa como un argumento que pueda resumirla.

La realizadora de Nana, Valérie Massadian, escribió una “Carta a Kelyna” (la magnífica niña protagonista) después de la finalización de la película, para la que vivieron juntas, experimentando el campo y la vida, durante cinco meses. Os dejo con algunas de las palabras que Massadian dedicó a Kelyna: “Esta película existe porque tú habitas donde yo me siento fuerte, en un pequeño pueblo donde la tierra se nos mete en las uñas y los hombres todavía se paran a mirar. Hemos intercambiado secretos, nos hemos conocido poco a poco. Aprendí tu manera de mirar las cosas, tu mirada, tu cuerpo, el tiempo que se expande en tus movimientos, tu locura, y tú hiciste lo mismo conmigo. Filmar contigo ha sido como bailar contigo. […] Nuestra película, Kelyna, se parece a las películas antiguas, a los antiguos cuentos para niños, simples y un poco crueles. Yo pienso las películas como gestos de amor, de mí a ti, de ti a mí, de nosotros a otros. Ahora hay que ofrecérsela a los demás”.

On the Road (En la carretera) (Walter Salles, 2012)

“¿Quiénes somos? Yo sé que tengo 23 años. Sé que dependo económicamente de mis amigos y de mi familia. Y sé que no hay oro al otro lado del arcoiris”.

Por regla general, una gran obra maestra de la literatura nunca generará una gran obra maestra del cine. Es el caso de On the Road, película de Walter Salles (Diarios de motocicleta) basada en la célebre novela de Jack Kerouac. Sin embargo, teniendo en cuenta la dificultad de trasladar al lenguaje cinematográfico una historia que se resiste a dejar las páginas del libro, Salles lleva a cabo un trabajo nada desdeñable.

En On the Road, el realizador brasileño capta con acierto la melancolía y la ausencia de propósito y rumbo de una juventud de los años 40 que se asemeja en muchos sentidos a nuestra querida generación perdida. Sal Paradise, Dean Moriarty, Marylou o Carlo Marx son los precursores de los protagonistas de GIRLS. Ambas generaciones se caracterizan por la vacuidad de sus existencias, por la búsqueda desesperada de una identidad, de las experiencias que permitan hallar algún propósito existencial, que ayuden a sentirse vivo. Pero también por el autoengaño y la renuncia a las responsabilidades. Nuestro trabajo es ser nosotros. En el camino nos perdemos, y en él nos encontramos.

On the Road es todo un trabajo de pasión, y un notable ejercicio cinematográfico. Además de un interesante catálogo de interpretaciones: desde una Kristen Stewart insólita hasta un excesivo y contundente Viggo Mortensen, pasando por una Amy Adams brillante a pesar de aparecer solo un minuto. Y sobre todo, un sorprendente y magnético Garrett Hedlund, la verdadera revelación de la película, y la razón por la que sería injusto ignorarla.