Crítica: Thor Ragnarok

A pesar de la fuerza y grandiosidad que caracteriza al personaje, Thor siempre ha sido uno de los eslabones más débiles del Universo Cinemático Marvel. El personaje interpretado por Chris Hemsworth ha brillado junto a Los Vengadores, pero sus entregas en solitario, Thor (2011) y Thor: El mundo oscuro (2013), no han tenido tan buena acogida por parte de público y crítica como las de otros héroes de este cosmos de ficción. Seguramente por esta razón, Marvel ha decidido que a la tercera va la vencida y le ha dado a la franquicia del Dios del Trueno un significativo lavado de cara con Thor: Ragnarok.

La película número 17 de Marvel es en cierto modo un reboot de Thor (muy metafórico corte de pelo incluido), un volantazo con el que Kevin Feige se aleja del tono serio y grandilocuente implantado por Kenneth Branagh en la primera entrega y emprende un nuevo rumbo, sin por ello sacrificar la épica intrínseca de la historia del hijo de Odín. Como se pudo ver en sus adelantos promocionales y como se confirma al ver el film, el modelo a seguir para realizar este reset ha sido Guardianes de la Galaxia. Adoptando el patrón de la franquicia de James Gunn, la nueva Thor tiene más comedia, más acción estrambótica y sobre todo, más color. La psicodelia, los sintetizadores, los láseres y la paleta cromática más chillona y cegadora se apoderan de los Nueve Reinos para darnos una aventura más ligera y completamente imbuida del espíritu de los 80 (el de Golpe en la pequeña China Flash Gordon), hermanando así a Thor con Starlord y su banda de forajidos intergalácticos.

Tras las cámaras se encuentra Taika Waititi (director de joyas como Lo que hacemos en las sombrasHunt for the Wilderpeople), una elección a priori chocante por parte de Marvel, que sin embargo se revela completamente acertada, además de coherente con la nueva estrategia creativa de Feige. La peculiar personalidad y el humor excéntrico de Waititi se pueden detectar a lo largo de toda la película, pero más allá de dejar su sello inconfundible, el realizador neozelandés ha sabido adaptar el idiosincrásico estilo de su cine al esquema general de Marvel. Es decir, Thor: Ragnarok es clara e inequívocamente un trabajo de Taika Waititi (como atestiguan entre otras cosas los cameos y secundarios interpretados por los habituales de su cine, como Rachel House, Sam Neill o él mismo), pero también es una película de Marvel. Esta vez, director y estudio han hallado el equilibrio y entendimiento adecuados para que la visión de uno no ahogue la del otro, como ha pasado ya en varias ocasiones (Ant-ManVengadores: La era de Ultrón), y que la voz individual del cineasta le dé una nueva capa de barniz a la franquicia sin que esta quede irreconocible (algo que, por otra parte, Feige no permitiría).

Siguiendo asimismo la estela de las más recientes secuelas de Marvel, Thor: Ragnarok es una película repleta de ideas, sorpresas, easter eggs y cameos (incluido el Doctor Strange en una aparición un poco metida con calzador), con numerosas tramas entrelazadas que conectan la historia con el pasado y el futuro del UCM. El film arranca con Thor preso al otro lado del universo, intentando escapar para evitar que la profecía del Ragnarok se cumpla y destruya su planeta natal, suponiendo el fin de la civilización asgardiana. Allí, Loki (Tom Hiddleston) continúa haciendo de las suyas, mientras Heimdall (Idris Elba) está desaparecido y los Tres Guerreros custodian las puertas del reino. Asgard entra en crisis con la aparición de Hela (Cate Blanchett), una poderosa nueva amenaza que busca hacerse con el control del universo. Tras su primer enfrentamiento con ella, Thor va a parar a Sakaar, un recóndito planeta en el que deberá sobrevivir a una competición letal de gladiadores, donde tendrá que luchar contra su “amigo del trabajo”, el Increíble Hulk, con quien protagoniza el reencuentro más esperado por los fans de Marvel. Junto a él y su nueva aliada, Valquiria (Tessa Thompson), Thor intentará huir de las garras del Gran Maestro (Jeff Goldblum) y regresar a Asgard para acabar con Hela.

Ese es el argumento muy a grandes rasgos de Thor: Ragnarok. Si creéis que he desvelado algo importante, no os preocupéis, no lo he hecho. Como decía, la película está llena de giros, y descubrirlos es uno de sus mayores alicientes (siempre que Marvel no los estropee todos antes de tiempo). Aunque también es cierto que su ajetreada y ramificada trama puede llegar a jugar en su contra. A Thor: Ragnarok le ocurre como a otras entregas marvelianas, pasan tantas cosas y hay tantos frentes abiertos que esto provoca por momentos falta de cohesión narrativa y una fragmentación que afecta al ritmo, a lo que contribuye además un metraje quizá excesivamente largo. Si una película de Marvel pedía una aventura de hora y media, como Waititi había bromeado (“90 minutos de película y 40 de créditos”), era esta. Esa habría sido su mayor osadía.

Y ese es el mayor problema de una película que, no obstante, funciona con la eficacia probada de casi todas las entregas de Marvel. Thor: Ragnarok da lo que se espera de la Casa de las Ideas, pero también es su película más alocada y marciana hasta la fecha. Desde las impresionantes batallas y escenas de acción (hay planos épicos para enmarcar, además de mucha comedia física), al hilarante humor (80% improvisado, según Waititi, y lleno de golpes geniales), pasando por la electrizante banda sonora de Mark Mothersbaugh (el primer score realmente memorable de Marvel, aunque no sea nada que no hayamos escuchado en Stranger Things Turbo Kid) y su estrafalario diseño de producción, maquillaje y peluquería, la película se zambulle en lo retro de forma más desenfadada si cabe que Guardianes de la Galaxia y, a su manera, también más arriesgada.

Otro de los puntos fuertes de Thor: Ragnarok es su fabuloso reparto. Hemsworth lleva a cabo su interpretación más afinada como Thor, gracias sobre todo al impulso de Waititi para que dé rienda suelta a su fantástica vis cómica y haga el ganso con Ruffalo y Hiddleston, que también se prestan a pasarlo en grande. Así, Thor, Hulk y Loki nos dan dos divertidas buddy films por el precio de una, con la novedad de que en esta ocasión el Gigante Esmeralda habla, lo que Waititi utiliza para hacer reír mientras explora la dualidad del personaje.

Por otro lado, las nuevas incorporaciones son inmejorables. De hecho, aquí no hay un robaescenas como suele ser habitual, sino un reparto formado por robaescenas. Tessa Thompson es una de las grandes revelaciones de la película, dejándonos una Valquiria inesperada pero muy carismática. Jeff Goldblum brilla interpretando a un chiflado divertidísimo que hará las delicias de sus admiradores, ya que se limita a ser él mismo (y no hay nadie más guay que Goldblum). El propio Waititi da vida a un secundario hecho para conquistar al público (sobre todo a su publico), Korg, un adorable (sí, adorable) guerrero extraterrestre que bien podría ser un personaje de una hipotética versión alenígena de Lo que hacemos en las sombras. Y por último, Cate Blanchett, ante la que es imposible cerrar la boca cada vez que aparece en pantalla. Después de su madrastra de Cenicienta, la actriz australiana vuelve a explotar su registro más exagerado con una malvada de presencia, sensualidad y elegancia arrebatadoras y una vertiente burlesca muy desarrollada. Sin embargo, la película no escapa de la maldición de los villanos desaprovechados, dejándonos con la sensación de que podía haber hecho mucho más con ella.

Thor: Ragnarok tiene sus problemas, como todas las de Marvel (el citado exceso de tramas, un abarrotado tercer acto, un CGI algo inconsistente en las cortas distancias) y esta heterodoxa e hipercómica reinvención del Dios el Trueno no casará con muchos fans (por no hablar de los detractores de Marvel), pero hay que felicitar al estudio por atreverse a salirse del molde y dejar que el director lleve realmente las riendas del proyecto. Visualmente, el film es una absoluta gozada (la espectacular fotografía corre a cargo de nuestro Javier Aguirresarobe, por cierto) y nos da el infalible cóctel de acción, humor y emoción que ha encumbrado a Marvel a lo más alto, pero gracias a ese enfoque tan personal de Waititi y a que no se toma tan en serio como sus predecesoras, Ragnarok deja mucho margen para la sorpresa, convirtiéndose así no solo en la mejor y más divertida entrega de Thor, sino también en la película más extraña y diferente de Marvel.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Las comparaciones son odiosas: Inhumans vs. The Gifted

inhumans-vs-the-gifted

En los cómics de superhéroes es muy habitual ver enfrentamientos entre las distintas especies que pueblan sus mundos en grandes eventos crossover que siempre prometen sacudir los cimientos de su universo. Uno de los que ha tenido lugar más recientemente en Marvel Comics opone a los Inhumanos y la Patrulla X, que en años recientes han sido objeto de varias polémicas por el tratamiento que la editorial les ha otorgado a raíz de su complicada situación en el terreno audiovisual. En pantalla, dicho crossover sería sencillamente imposible, ya que aunque en las páginas de los tebeos comparten universo, en cine y televisión, sus derechos pertenecen a estudios distintos. Inhumanos es de Marvel Studios mientras que los X-Men pertenecen a 20th Century Fox. Por eso, ya que un crossover audiovisual queda descartado, solo nos queda trasladar la batalla a la plaza de Internet para determinar cuál de las dos especies sale ganando.

Marvel Studios lleva una década generando éxito tras éxito en la gran pantalla, mientras que 20th Century Fox ha tenido más problemas para sacar el máximo partido a sus propiedades marvelianas, Los 4 Fantásticos, X-Men y sus personajes derivados, aunque recientemente ha encontrado la manera de hacerlo: experimentando con los géneros y arriesgando con las calificaciones por edades. En televisión, la cosa cambia. Marvel no ha conseguido despegar en ABC, con Agents of S.H.I.E.L.D. ahogándose en las audiencias a pesar de haber mejorado con cada temporada, Agent Carter cancelada y las series de Netflix empezando fuerte y perdiendo fuelle hasta llegar al mashup que ha decepcionado a muchos fans, The Defenders. Por otro lado, la rama live-action de Fox no se había aventurado en la ficción televisiva hasta este año, que estrenaba la provocativa y psicodélica Legión, con muy buena recepción por parte de público y crítica.

Para inaugurar el otoño, Marvel y Fox han lanzado sendas series superheroicas y, lógicamente, han despertado inevitables comparaciones. En primer lugar, la Casa de las Ideas ha presentado a la familia real de Attilan con Inhumans, cuyos dos primeros episodios han pasado primero por cines IMAX con resultados muy pobres. Por otro lado, los mutantes se han pasado de FX (donde se emite Legión) a la network en abierto Fox, donde ha dado comienzo otro asunto familiar, The Gifted, drama del universo X-Men esta vez orientado a un público más amplio y, digamos, tradicional que las marcianas aventuras de David Haller. En sus primeras semanas en antena, la audiencia ha proclamado una clara ganadora. Veamos por qué.

inhumans

Lo de Inhumans ha sido la lenta y agonizante crónica de una muerte anunciada. En 2014, el mandamás de Marvel Studios Kevin Feige anunciaba su película para la Fase 3 del Universo Cinemático Marvel. Sin embargo, el proyecto sufrió varios contratiempos hasta caerse del calendario y quedar pospuesto de forma indefinida. A finales de 2016 Marvel anunció que Inhumans seguía adelante, pero no como película, sino como serie de ABC. Feige había escurrido el bulto hacia la tele, donde el villano real Ike Perlmutter (CEO de Marvel Entertainment) lleva a cabo sus fechorías al margen de su archienemigo. Los fans pusieron el grito en el cielo. Una propiedad tan exuberante y fantástica como los Inhumanos no encajaba en el estilo más bien low cost de la cadena del alfabeto. Su preestreno en la pasada Comic-Con confirmó los mayores temores de la audiencia. Inhumans era un desastre y la proyección de su piloto había provocado risas entre los asistentes a la convención. Su paso por IMAX sirvió para que los pocos que la vieron se preguntaran cómo era posible que alguien hubiera dado su visto bueno para proyectar en pantalla grande algo tan cutre. Y su estreno a finales de septiembre en televisión, donde ocupaba la franja horaria de la muerte, los viernes, se saldaba con cifras de audiencia muy pobres, como era de esperar.

Pero, ¿de verdad la serie es tan mala como para haberse dado semejante batacazo? Realmente no. Es peor. Después de ver los primeros cuatro episodios solo puedo unirme a la voz colectiva que clama “¡¿Por qué?!” Es sencillamente increíble que Marvel dejase que algo tan extremadamente pobre en todos los aspectos viese la luz del día. No sorprende que detrás del proyecto se encuentre Scott Buck, el responsable del otro gran traspiés de Marvel TV, Iron Fist, quien después de estas dos series tendrá problemas (o eso esperamos) para volver a tomar las riendas de algo creativo en la compañía. Si Inhumans ya estaba condenada al fracaso, es Buck quien ha terminado de estrellarla contra la pared. La serie parece haber sido concebida como una especie de Juego de Tronos del Universo Marvel, pero el resultado, lejos de parecerse al éxito de HBO, más bien se acerca a lo que sería Hawaii 5.0 con (unos pocos) superpoderes.

Todo falla en Inhumans: un triste diseño de producción que hace que Attilan parezca una nave industrial escasamente amueblada por IKEA en lugar de un fastuoso reino situado en la Luna, vestuario que más bien parece cosplay (sin ánimo de ofender a los cosplayers), interpretaciones acartonadas y distantes (Serinda Sawn y Anson Mount no están mal teniendo en cuenta las circunstancias, pero ver a Iwan Rheon intentado luchar contra su acento británico y sufrir mientras trata en vano de resultar amenazante en sus escenas es muy incómodo – este no es nuestro Ramsay), diálogos de una ineptitud mayúscula, personajes planos y secundarios de una insulsez absoluta, creatividad y estilo visual de imaginación nula (parece que se esfuerzan en apagar los colores cuando tendría que ser al contrario), soluciones insultantes para abaratar costes de producción (a Medusa, cuya característica distintiva principal es su poderosa larga melena pelirroja, le rapan la cabeza en el primer capítulo)… Vamos, que Inhumans es una chapuza de la cabeza a los pies, una serie aburrida y falta de inspiración en la que nada funciona. Solo la presencia de Lockjaw, el perro teletransportador gigante, puede ayudar a tragar el engrudo, pero una mascota resultona no levanta una serie.

the-gifted

En Fox, por el contrario, han empezado la temporada con mejor pie. Creada por Matt Nix (Burn Notice) y con piloto dirigido por el mismísimo Bryan Singer, The Gifted da al espectador desde el principio lo que se espera de una serie de superhéroes: acción, suspense, personajes llamativos, despliegue visual y superpoderes. La serie gira en torno a un matrimonio que acaba de descubrir que sus dos hijos adolescentes son mutantes y se ven forzados a escapar del gobierno y refugiarse junto a una red underground de mutantes, considerados terroristas por las autoridades. El piloto de The Gifted va directo al grano, está bien construido, combina drama y acción de manera acertada y presenta una historia con mucho potencial a explorar, mientras que los siguientes capítulos confirman el buen camino que la serie ha escogido.

Sin ser la panacea de los superhéroes, The Gifted hace bien todo lo que Inhumans hace mal. La puesta en escena y los efectos visuales son notables, las interpretaciones muy sólidas (ahí está nuestra Amy Acker, a la que siempre es un placer volver a ver, y la robaescenas nata Emma Dumont), y la historia engancha, con personajes y relaciones mucho más atractivas y cuidadas que las de los habitantes de Attilan. Otro aspecto en el que The Gifted sale ganando es en su forma de reflejar en su historia nuestro mundo, y en concreto la sociedad norteamericana tras la elección de Trump como presidente. Los cómics del universo mutante siempre han establecido paralelismos con la lucha contra la opresión de las minorías, de la comunidad LGBT+ o todo aquel que sea “diferente” a lo normativo. Y The Gifted saca provecho de esta idea para llevar a cabo una serie comprometida en lo que se refiere a la defensa de los derechos de los marginados por la sociedad y las víctimas del odio, uno de los principales hilos conductores de su argumento. Pero por encima de todo, The Gifted es entretenimiento digno y eficaz, una serie bien hecha con la que Fox sigue llevando a los mutantes por el buen camino, uno más convencional después de varias jugadas arriesgadas que le han salido muy bien.

the-gifted-2

Así que el veredicto no puede ser otro: The Gifted gana el primer asalto. Y dudamos que Inhumans vaya a llegar al segundo. ABC no se ha pronunciado con respecto al futuro de la serie de Marvel, pero no pinta demasiado alentador (si no continúa, se ampararán en la excusa de que siempre fue concebida como una miniserie, que puede ser cierto, pero también es un claro plan de fuga). The Gifted, por otro lado, tampoco es que esté machacando los índices de audiencia, pero su acogida ha sido mucho más cálida, a la gente le está gustando y sus números por ahora parecen estabilizarse en la zona segura. En la gran batalla televisiva de 2017 Inhumanos vs. Mutantes ha ganado el rival más fuerte. Lo ideal habría sido que fuéramos los espectadores los que saliéramos ganando con dos buenas nuevas series de supehéroes, pero nos conformaremos con que al menos se salve una.

[Crítica] ‘Spider-Man: Homecoming’: El día libre de Peter Parker

spiderman-homecoming-1

Que “un gran poder conlleva una gran responsabilidad” es algo que Marvel Studios tiene muy claro. Sobre todo desde que llegó a su acuerdo con Sony Pictures para compartir a uno de los superhéroes más populares de todos los tiempos, Spider-Man. Con Capitán América: Civil War, el Trepamuros hizo su esperado debut en el Universo Cinemático de Marvel, después de dos franquicias y dos iteraciones diferentes (y muy recientes) bajo el techo de Sony. El gran crossover dirigido por los hermanos Russo llegaba abarrotado de superhéroes, pero el nuevo Hombre Araña se las arregló para destacar entre todos ellos. La introducción de Tom Holland en el UCM se saldó con una reacción muy positiva por parte del público, y la consiguiente expectación por ver cómo se desenvolvía en su primera aventura en solitario dentro de este universo en expansión.

Pues bien, Spider-Man: Homecoming aprueba con nota su primer curso, continuando la racha imparable de Marvel Studios. Dirigido por Jon Watts, este nuevo reboot nos lleva de vuelta a las aulas para presentarnos a un Peter Parker adolescente y descubrirnos cómo es su vida después de pelear por primera vez junto a Los Vengadores. Con Tony Stark (Robert Downey Jr.) y Happy (Jon Favreau) como mentores y supervisores, Peter regresa a la normalidad en su barrio de Queens, donde espera a que lo llamen para embarcarse en su próxima misión con los Héroes Más Poderosos de la Tierra. Pero esa llamada tan deseada nunca llega, por lo que el muchacho tendrá que explorar sus poderes y su nueva responsabilidad como justiciero enmascarado por su cuenta. Así, Peter deberá compaginar su vida como estudiante con su labor como superhéroe y hallar su propia identidad antes de poder unirse oficialmente a Los Vengadores. Por supuesto, sus problemas cotidianos y la irrupción en su vida de un villano, El Buitre (Michael Keaton), le dificultarán considerablemente la tarea.

spiderman-homecoming-2

Tal y como Kevin Feige, el mandamás de Marvel Studios, adelantó hace meses, Spider-Man: Homecoming es la primera entrega en una saga que toma prestada la idea de una película por curso de Harry Potter. Por tanto, estamos ante el primer año de Spider-Man, el curso en el que todavía no tenemos muy claro quiénes somos, o cómo llegar a ser quienes queremos ser. Sin embargo, Homecoming no es exactamente una origin story, más que nada porque la película evita contarnos de nuevo el origen del Hombre Araña. En su lugar, la picadura de araña o la muerte del tío Ben se mencionan casi de forma anecdótica, sin apenas darle peso en el relato, en lugar hacer que el espectador tenga que verlo por tercera vez en tan poco tiempo (tampoco esperéis oír el famoso lema con el que empieza esta crítica). El origen de Spider-Man es conocido por todos, así que Marvel se ha permitido obviarlo para centrarse en las novedades del personaje y su afiliación a Los Vengadores.

Y las novedades que plantea Homecoming son numerosas y sirven para reinventar el personaje y su historia a base de licencias creativas, eso sí, sin traicionar su esencia. Para empezar, el nuevo traje de Spider-Man es un híbrido del uniforme clásico y la armadura de Iron Man que sugiere una variación más tecnológica del héroe arácnido (con IA incluido, Karen, voz de Jennifer Connelly). Los personajes a su alrededor también han cambiado con respecto a sus versiones más icónicas. La tía May (Marisa Tomei) ya no es la anciana de siempre, sino una AILF en toda regla, el bully Flash Thompson ahora tiene el aspecto de Tony Revolori (totalmente opuesto a su imagen tradicional), y no hay rastro de Mary Jane, J.J. Jameson o el archienemigo más emblemático de Spider-Man, El Duende Verde. Todo esto responde a esa necesidad de hacer de esta aventura el Año Uno del que hablaba, un Primer Curso de la Escuela de Superhéroes de Queens, para esquivar así el hastío de la repetición antes de introducir todos los elementos más reconocibles del personaje, cuando este esté asentado en su nueva piel.

spiderman-homecoming-3

El rejuvenecimiento de Spider-Man aporta frescura y energía al Universo Marvel, con un planteamiento menos grandilocuente, rebajando la escala del peligro para no empezar la casa por el tejado y dejar espacio para tirarla por la ventana en el futuro de la franquicia. Por encima de todo, Spider-Man: Homecoming es una película de instituto, es decir, algo distinto a lo que hemos visto hasta ahora en el UCM. Y como tal, Watts y el equipo de Marvel han visto oportuno realizar con ella un homenaje al cine de John Hughes, el padre del cine teen moderno (El club de los cincoTodo en un día, La mujer explosiva). Homecoming es lo que sería una cinta de superhéroes si estuviera dirigida por Hughes. Estratificación social entre taquillas, dolores de crecimiento, geeks que se enamoran de la chica más guapa del instituto y se convierten en los héroes de la historia, alianzas amistosas ante la adversidad, escapadas a media noche por la ventana del dormitorio, el siempre trascendental baile anual… todo magnificado por las preocupaciones propias de la edad y el peligro de los villanos de cómic, y actualizado para adaptar los estereotipos del género a nuestros tiempos con un reparto más diverso (cabe destacar a Zendaya, que interpreta a Michelle, un homenaje directo al personaje de Ally Sheedy en El club de los cinco).

De hecho, más que el trepidante despliegue de acción, son las escenas del día a día en el instituto, la entrañable amistad entre Peter y Ned (Jacob Batalon), las clases, la imprescindible sala de detención, o las conversaciones con May (Tomei está espléndida y muy juguetona), lo que hace que Homecoming sobresalga (quien esto escribe echó de menos más escenas de este tipo). Si acaso, el único pero a este respecto (y no es pequeño) es el hecho de que los personajes femeninos tienen poco peso en la historia, siendo relegadas en todo momento a un segundo plano, algo que esperamos que se corrija en siguientes capítulos.

spiderman-homecoming-4

Volviendo a nuestro protagonista, en Homecoming Tom Holland confirma lo que ya sospechamos viéndolo verlo en Civil War: Es un Peter Parker perfecto. Puede que el Peter Parker definitivo. Natural, ingenioso, hiperactivo, y muy divertido. A pesar de la participación de Tony Stark como reclamo o cebo para la audiencia (ojo, tampoco sale tanto y su presencia está bien justificada), es Holland quien lleva las riendas de la historia en todo momento, brillando tanto en las escenas cómicas como en las dramáticas (su mejor momento es el más vulnerable, solo, desesperado, intentando salir de debajo de los escombros, como en una de las viñetas más memorables del cómic). Pero como no hay héroe sin villano, hay que destacar también a Michael Keaton como Adrian Toomes, un malo de Marvel en condiciones, para variar. Rizando el rizo de lo meta al volver a hacer de hombre pájaro después de ser Batman e interpretar a un actor a la sombra del superhéroe que le dio la fama en Birdman, Keaton da vida a un villano más real, un enemigo con presencia, entidad y motivación, alejado del tópico del megalómano con sed de poder. Su enfrentamiento con Peter nos conduce a un clímax de gran tensión que, afortunadamente, no recurre a la destrucción de una ciudad o el enésimo fin del mundo, sino que transcurre a un nivel mucho más personal y dramático.

Eso sí, el factor espectacular está ahí, con ambiciosas e imaginativas escenas de acción que sirven como esqueleto narrativo y van aumentando progresivamente en asombro e intensidad. Los set pieces de Homecoming son sencillamente soberbios, especialmente el que tiene lugar en el obelisco de Washington, y también el que transcurre durante un accidente de ferry (Spider-Man en estado puro). Pero lo que hace que la película se desmarque de otras entregas superheroicas es, más que sus stunts, su espíritu jovial y su humanidad. Peter Parker no ha hecho más que empezar, está aprendiendo, y por tanto, tropezará con muchas piedras antes de poder equipararse a sus mayores. Aunque Homecoming satisface como película individual, se deja muchas cosas en el tintero -personajes por explorar (solo hemos rozado la superficie de Flash, May o Michelle), poderes a desarrollar (el sentido arácnido no aparece), la relación de Spidey con Los Vengadores-, dando una buena muestra de su potencial que no gasta todos sus cartuchos y deja con ganas de más.

spiderman-homecoming-5

Spider-Man: Homecoming es el mejor baile de bienvenida que Marvel podía organizarle al Trepamuros. Una película en la tradición marveliana, donde no falta la inalterable fusión de humor, acción y emoción que ha llevado al estudio a lo más alto, los abundantes guiños (tanto a los cómics como al futuro del Universo Marvel), y sus ceremoniosas escenas post-créditos (la segunda es una de las mejores del UCM, si no la mejor). Todo con un aire más desenfadado y ligero, lo que supone un respiro de la vertiente más épica del género. Poco se le puede reprochar a Spider-Man: Homecoming (si acaso su larga duración, de más de dos horas, aunque lo cierto es que tampoco le sobra nada, o el mencionado problema de la representación femenina); no es perfecta o grandiosa (porque no aspira a serlo), pero sí intachable en lo que se propone. Estamos ante una película de superhéroes ágil, luminosa y colorista, como manda el manual de Marvel, con buenas interpretaciones, diálogos ocurrentes, situaciones divertidas, muchos detalles escondidos que la hacen muy apta para el revisionado, y en la que se puede respirar el amor por los cómics en los que se basa (a pesar de los cambios, con los que los más puristas del tebeo quizá no comulguen).

Nuestro amigo y vecino Spider-Man ha vuelto a la forma, con más entusiasmo e ilusión que nunca, logrando lo imposible: renovar el interés del público por un personaje que empezaba a ser sinónimo de agotamiento. Yo ya estoy contando los días para la próxima vuelta al cole de Peter Parker y todo lo que nos tenga reservado su segundo curso escolar.

Pedro J. García

Nota: ★★★★