American Horror Story – Apocalypse: Regreso al futuro

Con ocho temporadas ya en su haber, American Horror Story es una de las mayores instituciones e impulsoras de la nueva antología televisiva. La serie de Ryan Murphy y Brad Falchuk regresa cada otoño puntual a la cita con sus entregados fans, a los que no les importa las veces que la serie los ha decepcionado o se ha desinflado después de un inicio prometedor. Después del declive que empezó a experimentar con Freak Show Hotel y la división que provocaron las diferentes (y en mi opinión infravaloradas) Roanoke Cult, AHS ha vuelto a sus raíces con uno de los mayores eventos televisivos del año, el crossover entre dos de sus temporadas más populares, Murder HouseCovenAHS Apocalypse es la temporada de los fans, la que recompensa su fidelidad incondicional dándole lo que más deseaban.

Con los primeros dos episodios de AHS Apocalypse, Murphy y Falchuk empezaban despistando. La temporada comenzaba con el fin de mundo, literalmente, planteando un futuro postapocalíptico en el que los supervivientes son en su mayoría mujeres y homosexuales (gracias por tanto), y una trama que no era exactamente lo que nos imaginábamos al pensar en ese prometido crossover. Tras esta suerte de prólogo, el tercer capítulo daba un giro para revelarse como lo que era realmente: una secuela directa de Coven, con elementos temáticos y personajes de Murder House entrelazados. Los gays y las mujeres seguían dominando la temporada (como toda la serie), y esta arrancaba de verdad con la fantasmagórica aparición de Cordelia Goode, Myrtle Snow y Madison Montgomery, que orquestaban el retorno de las brujas más queridas del universo AHS. Y con ellas, el humor más autoconsciente, las frases lapidarias y una mitología fantástica y folklórica que desde que fue introducida hace cinco años, necesitaba desarrollarse más a fondo.

Sin embargo, la trama central de Apocalypse no se construye solo alrededor de las brujas, sino principalmente de un personaje de Murder House, Michael Langdon. El niño diabólico que se dedicaba a masacrar niñeras ha crecido para convertirse en el mago más poderoso del mundo (conocido como el Alfa), y ahora amenaza con hacerse con el título de Supreme, nunca antes ostentado por un hombre (no hace falta explicar la metáfora). A lo largo de la temporada y a través de continuos saltos en el tiempo, asistimos al fascinante desarrollo de un ser de profunda oscuridad y ambición que ha enamorado a la audiencia. La irresistible interpretación de Cody Fern, que ya nos había conquistado meses antes con su participación en otra antología de Murphy, The Assassination of Gianni Versace: American Crime Story, convierte a este perturbado personaje en el plato fuerte de Apocalypse. Con permiso de las brujas, tan divinas como cuando las conocimos (o más).

La temporada ha sido concisa, y su brevedad (diez episodios, la mayoría de menos de 40 minutos) ha evitado que se vaya demasiado por las ramas o descarrile de mala manera como le ha pasado muchas veces a la serie en el pasado. Aunque precisamente por eso también da la sensación de que esta vez se han quedado cortos y podían haber hecho más. No habrían venido mal un par de capítulos más para desarrollar más a fondo ese Apocalipsis con todas sus implicaciones y preparar la batalla final épica que parecía prometer al principio; y ya de paso darle más momentos para brillar a las brujas (sobre todo a las jóvenes, que por momentos parecen figurantes).

Eso no quiere decir que la resolución, el enfrentamiento final del aquelarre contra Michael, no haya sido satisfactoria. Al contrario. Este año, Murphy y Falchuk han sabido conducir la historia hacia un único objetivo y cerrarla con eficacia y trascendencia, que ya es más de lo que se puede decir de muchas temporadas. Aunque el episodio estrella haya sido el sexto (“Return to Murder House”), donde asistimos al esperado regreso de Jessica Lange y otros veteranos de la serie, el último capítulo ha sido el broche de oro a una temporada hecha para los seguidores. Murphy ha abrazado por completo la autorreflexividad y el autohomenaje en la entrega menos independiente de la serie, donde los regresos se han sucedido uno detrás de otro para gozo de la audiencia y las diferentes partes de su caótico universo han convergido para dar lugar a una narrativa más ambiciosa e interconectada, a la que había empezado a apuntar hace unos años.

Tan irreverente, excéntrica, descarada y petarda como en sus mejores momentos, pero ahora además con la gran Joan Collins robots satanistas con la forma de Kathy BatesAHS Apocalypse ha sacado provecho de la cualidad icónica que han alcanzado sus personajes (me atrevería a decir que Myrtle Snow es el verdadero corazón de la serie) y la presencia emblema de su camaleónico reparto (Sarah Paulson y Evan Peters siguen compitiendo por ver quién interpreta más personajes diferentes en una sola temporada y una excelente Billie Lourd se postula como una de las nuevas reinas murphyanas). Con todos ellos ha llevado a cabo el mayor alarde de fan service de la serie hasta la fecha, haciendo que presente, pasado y futuro se den la mano en una celebración del poder femenino.

Apocalypse ofrece clausura, y además lo hace con emoción, pero aun así sabe a poco. La serie está renovada para (al menos) dos temporadas más, y solo queda esperar que una de ellas sea una continuación de este Apocalypse. Llegados a este punto, no puede llegar a su fin sin otro gran crossover que termine por unir definitivamente todas sus temporadas.

Mi verano de serie (Segunda parte)

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Aquí estoy de nuevo, listo para seguir hablando de mi verano seriéfilo, que ha dado tanto de sí que tuve que dividir este artículo en dos partes para que no se me fuera de las manos. La primera mitad de mis aventuras estivales tumbado en el sofá la podéis leer aquí. ¿La habéis leído ya? Bien, a continuación tenéis la esperada secuela.

Empiezo con una historia de la que ya he hablado en profundidad en el blog, y que he recomendado por activa y por pasiva en mis redes sociales, Man in an Orange Shirt. Se trata de una miniserie de BBC escrita por Patrick Gale, sobre el apasionado romance furtivo entre dos soldados británicos de la Segunda Guerra Mundial (Oliver Jackson-Cohen y James McArdle), y el efecto que causa su relación en la mujer del primero (Vanessa Redgrave). Man in an Orange Shirt está dividida en dos partes, la primera ambientada en el pasado, y la segunda en el Londres actual, donde conocemos al nieto de uno de los soldados (Julian Morris), un joven gay incapaz de abrir su corazón a los demás, que se refugia en el sexo con desconocidos. Como ya me he deshecho en elogios hacia la miniserie, no me quiero repetir, así que os remito a la crítica que escribí recientemente. Solo una cosa: si tenéis la oportunidad de verla, aprovechadla. Tengo la teoría de que cuanta más gente la vea, mejor será el mundo.

Hablando de miniseries de temática LGBTQ que son de interés universal (como debería ser siempre), también he visto When We Rise, ambiciosa ficción de ABC en ocho partes que sigue la estela de American Crime llevando a la cadena del alfabeto por el camino del drama de prestigioWhen We Rise tiene detrás un par de nombres de pedigrí. La serie está producida por los responsables de Mi nombre es Harvey MilkDustin Lance Black y Gus Van Sant (El indomable Will Hunting, Elephant), que además también dirige el primer episodio. When We Rise es una apasionada crónica sobre la lucha por los derechos de la comunidad LGBTQ que abarca más de cuatro décadas. Ahora bien, aunque su temática sea importante y su valor indudable, la serie peca de fría, reconstruyendo notablemente los acontecimientos pero fallando a la hora de conectar emocionalmente, quizá por culpa de un reparto que no parece del todo ubicado (sobre todo Guy Pearce, pero en general todos los actores más conocidos, poco creíbles como las versiones adultas del mucho más eficaz reparto joven). Recomendable para informarse sobre las injusticias vividas y los logros conseguidos por la comunidad, pero poco destacable como pieza dramática.

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La que sí he vivido a todos los niveles es Rectify, una de las mejores series de los últimos años que casi nadie ha visto, y que apenas ha formado parte de la conversación seriéfila, muy injustamente. Este drama de la cadena Sundance nos cuenta la historia de un hombre erróneamente acusado de violar y asesinar a una joven, que tras 17 años encarcelado, regresa a su pueblo, donde ya no se le mira con los mismos ojos. La serie es un soberbio estudio sobre el espíritu humano y la vida en una pequeña comunidad que nos habla de la culpa, el perdón y la búsqueda de la felicidad, y que está a la altura de los mejores dramas televisivos de la historia. Una serie que me arrebató por completo, tanto por sus portentosas interpretaciones (iba a empezar a nombrar a los actores, pero es que todos están increíbles) como por la delicadeza con la que cuenta la historia. Conmovedora, demoledora, tan triste como luminosa, y sobre todo, altamente recomendable.

También he aprovechado este verano para continuar series que empecé no hace mucho, pero dejé aparcadas por falta de tiempo, o porque otros estrenos acapararon mi atención y acabaron desplazándolas. Estoy hablando por ejemplo de American Gods, la adaptación de la novela de Neil Gaiman por parte de Bryan Fuller (Pushing DaisiesHannibal) que emite Starz (en España la tiene Amazon Prime). Terminé hace poco la primera temporada, y aunque cuando la empecé me temí lo peor (Fuller es un gran esteta, pero a veces me parece excesivamente pedante y superficial), me acabó conquistando por completo. Sobre todo a raíz del episodio 4, “Git Gone” (el que cuenta la historia de Laura –Emily Browning), una de las horas más preciosas que he visto este año en televisión. Ese capítulo en concreto es una maravilla, pero el resto de la serie no desmerece. Ambiciosa, provocadora, sensual, loquísima, de imaginación desbordante, de factura impresionante, con Gillian Anderson haciendo de Marilyn, Bowie o Lucille Ball, y sin olvidar a Ian McShane, que está enorme. No se puede pedir más. Ardo en deseos de ver la segunda temporada.

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Otras dos series que empecé cuando se estrenaron, pero dejé en la recámara hasta no hace mucho son The Exorcist TabooSobre la primera ya hablé en su día, después de ver su piloto. No esperaba que un reboot televisivo de una película tan irrepetible (y que tanta huella dejó en mi vida) como El exorcista fuera a satisfacerme tanto. Elegante, bien contada, bien interpretada (Alfonso Herrera es mejor actor de lo que se lo reconocemos, y esta serie es la prueba), y más terrorífica que la mayoría de series (supuestamente) de miedo (la soporífera Outcast, de temática similar, palidece en comparación). Y lo mejor, hacia la mitad de la temporada hay un brillante giro sorpresa en la historia que le da la vuelta a la serie y la convierte en algo distinto a lo que creíamos.

Sobre Taboo, el carísimo drama místico de Tom Hardy, que supuso pérdidas económicas para el actor, solo puedo decir que entra muy bien por los ojos, que está muy bien hecha, pero que, habiendo terminado la primera temporada, no sabría muy bien decir de qué va. Y apuesto lo que sea a que los responsables de la serie tampoco lo tenían muy claro. Confusa, embarullada, poco accesible, pero lo suficientemente hipnótica y atractiva como para haberme quedado hasta el final. Ya veremos si me apunto también a la segunda temporada. Aunque claro, Hardy es mucho Hardy, y va a ser difícil resistirse a sus estúpidamente sensuales gruñidos primitivos.

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Cambiamos de tercio para hablar de tres comedias. Las tres de Netflix. Imagino que os pasará lo mismo, la plataforma ha cogido tal ritmo con los estrenos de sus series originales que es imposible estar al día. “Pero no hay por qué verlas todas”, me diréis algunos. Ya lo sé, creedme que lo sé. Pero eso decídselo a mi yo completista, o a mi yo sin filtro, que por una cosa u otra, casi todas las series de Netflix me atraen (menos Narcos, hasta ahí no llego). A lo que iba. Este verano he seguido con una de mis comedias recientes favoritas, Love, y la segunda temporada me ha parecido incluso mejor que la primera, tan agridulce como la anterior, pero más centrada, más inspirada. He vivido la relación de Gus y Mickey al máximo, casi en primera persona, los buenos momentos (y hay muchos, porque cuando Judd Apatow se pone tierno, optimista y romántico, no hay quien le gane), los malos (Apatow tampoco tiene rival boicoteando la felicidad de sus personajes) y los insoportablemente frustrantes (para los que echamos de menos Girls, esto es droga de la buena). Love merece más reconocimiento del que tiene, y Gillian Jacobs y Paul Rust deberían estar entre los nominados al Emmy este año. Ah, y Bertie es un tesoro, quiero demasiado a Bertie.

Para que no me pase como con Love (y Master of None, cuya segunda temporada aun tengo en la recámara), decidí ver Descolocados (Disjointed) y Atípico (Atypical) nada más estrenarse. La primera tenía un claro (y único) reclamo para mí: Kathy Bates. Pero ni siquiera ella es capaz de hacer que merezca la pena invertir mi (no tan preciado) tiempo en la serie. Descolocados no es más que otra sitcom de la factoría Chuck Lorre, una comedia de risas enlatadas propia de CBS, casposa y sin gracia, que, al estar en Netflix, puede desmarcarse diciendo tacos y salirse con la suya haciendo que toda su historia gire alrededor de la marihuana. Además, tiene la particularidad de que incluye secuencias animadas e interludios en forma de vídeos de YouTube o anuncios televisivos (el product placement es nivel desayunos de Médico de familia) para rellenar su increíble vacío de ideas. Por su (ínfima) calidad, Descolocados es comparable a la lamentable The Ranch, con la diferencia de que en esta se está malgastando trágicamente el talento de Bates. Cada vez tengo más claro que lo de Mom es la excepción que confirma la regla.

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En cuanto a Atípico, voy a pecar de poco original y decir que es bastante… típica. Esta dramedia familiar que bien podría haberse emitido hace 8 años en Showtime o actualmente en ABC (con censura) es la película indie de Sundance que hemos visto en incontables ocasiones. Pero aun así, es difícil no sucumbir a sus muchos encantos. Empezando por su protagonista, Sam (magnífico Keir Gilchrist), un adolescente autista en busca del amor con el que se visibiliza este colectivo de personas poco representadas en televisión, siguiendo por su sentido del humor, entrañable pero nunca demasiado ñoño, y terminando por Jennifer Jason Leigh, que como productora de la serie, se reserva bastante protagonismo, y brilla con otro de sus papelones, una madre sobreprotectora en plena crisis de mediana edad (estará entre las nominadas al Emmy el año que viene con toda seguridad, y será bien merecido). Sin olvidar a los secundarios, un simpático plantel de personajes que complementan perfectamente al protagonista (Brigette Lundy-Paine, la hermana de Sam, es toda una revelación, y el personaje más interesante de la serie). Atípico no inventa nada, es la clásica historia coming-of-age que tanto le gusta contar a los norteamericanos, pero es tan cálida, tan bonita, tan divertida, que le perdono sus defectos (y tiene unos cuantos). Recomendable para los fans de aquella joya injustamente ignorada que fue United States of Tara o películas teen como Las ventajas de ser un marginado.

Sigo en Netflix, pero cambio de tercio para hablaros de una de mis mayores sorpresas del veranoAnne with an E (o simplemente Ana), la nueva adaptación de Ana de las Tejas Verdes, el clásico de Lucy Maud Montgomery. Os cuento, tenía curiosidad, pero tampoco me moría por verla. En mi semana de vacaciones a finales de julio me la puse para desayunar. Y pasó lo que tenía que pasar. De esto que te pones algo pensando que va a ser una serie de planchar (o de tener al fondo mientras comes), y acabas completamente metido, deseando que llegue el desayuno del día siguiente para ver el siguiente capítulo. Me zampé Anne with an E con café, zumo y galletas, y ya la asociaré para siempre a mis desayunos vacacionales. Qué serie más bonita, qué maravilla de casting, qué protagonista más perfecta (Amybeth McNulty es un portento, personifica a la perfección el melodramatismo exagerado, la energía y la ilusión del personaje), qué fresca, qué divertida, qué emotiva, qué bien retrata el paso de la infancia a la adultez… He leído muchas quejas sobre las licencias que se ha tomado con respecto a los libros, pero esto a mí me importa más bien poco. Sin compararla con el original o las versiones anteriores, Anne with an E aguanta muy bien el tipo como serie, y quiero más.

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Más cosas. Ha vuelto Halt and Catch Fire, y al igual que Rectify, se trata de una de las mejores series que no estás viendo. Claro que nunca es tarde si la serie es buena. Si no la veis, dadle una oportunidad. Al principio puede parecer otra copia de Mad Men, pero con el tiempo va afianzándose en su propia identidad para convertirse en uno de los dramas televisivos más satisfactorios del momento. Su cuarta temporada ha empezado subiendo mucho el listón, con los personajes más asentados que nunca, los actores más cómodos y la historia cogiendo un rumbo muy interesante. Otra nueva serie de época que acabo de empezar, esta de estreno más reciente, es The Last Tycoon, drama de Amazon protagonizado por Matt Bomer, Kelsey Grammer, Lily Collins y Rosemarie DeWitt que también se puede describir como otra Mad Men wannabe. Ambientada en el Hollywood de los años 30, The Last Tycoon nos muestra los entresijos de las majors de cine a través de la figura de un productor atribulado, que se queda a años luz de Don Draper, aunque Bomer lo haga realmente bien. Es una serie correcta, con estupendo diseño de producción y vestuario y buenas interpretaciones, pero no destaca especialmente entre tanta oferta de calidad.

Aguantad, que ya queda poco. No hace mucho retomé otra serie que empecé hace eones y dejé parada, pendiente de seguir cuando llegase el momento adecuado. Y ese momento llegó en una noche tonta y sofocante de agosto, cuando decidí que lo que pegaba era ver Spartacus. Concretamente Gods of the Arena, la miniserie precuela que sucedió a la primera temporada. Hacía mucho tiempo que no veía la serie, por eso me sorprendió darme cuenta de lo terrible que es. Un péplum que es pura pornografía, burda, gratuita, casposa, y lo peor, con ínfulas de drama de calidad. ¿La voy a seguir viendo? Claro, a todos nos gusta un poco de porno de vez en cuando.

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Termino con dos asuntos pendientes a los que por fin he hecho frente. A principios de verano empecé a ver RuPaul’s Drag Race, el popular talent show de drag queens que ocupa el 80% de mi timeline de Twitter y Tumblr. Me sentía completamente desplazado sin ver este programa, así que ya era hora de hacer algo al respecto. He visto las dos primeras temporadas, y aunque me queda mucho para estar al nivel de fanatismo de mis contactos (observé desde fuera la locura del Werq the World el otro día), ya siento que pertenezco un poquito más a mi comunidad (la de seriéfilos, la LGBTQ y la del Twitterverse). Y por si os interesa mi opinión: Bebe Sahara Benet me pareció una justa ganadora (aunque también me habría quedado satisfecho si hubiera ganado Nina Flowers) y no tengo favoritas de la segunda edición (no, no soy fan de Raven, lo siento, y Jujubee era la que mejor me caía, pero como drag no me decía nada). Todas unas bichas, como Taylor Swift.

Y me he dejado para el final el mayor asunto pendiente seriéfilo de mi vida: Dawson crece. La serie de Kevin Williamson marcó mi adolescencia, como la de tantos otros, pero dejé de verla en la quinta temporada, y desde entonces (hace 15 años, que se dice pronto) no me había atrevido a ver el final y cerrar ese ciclo de mi vida. Pues bien, la pasada primavera llegó el momento de encararme al pasado para mirar definitivamente al futuro. En lugar de ponerme directamente la sexta, decidí ver la serie entera desde el principio. Qué nostalgia más grande con las dos primeras temporadas (la primera sigue siendo un clásico adolescente con todas las de la ley), cuantísimo me influyó (yo era Dawson, y durante el revisionado me di cuenta de que también era insoportable, como Dawson). La tercera me pareció mucho mejor de lo que recordaba (Dawson descolgando sus pósters de Spielberg me parece uno de los momentos más dramáticos y uno de los puntos de inflexión en un personaje mejor escritos de la historia de la tele). En la cuarta, la serie empezó a decaer si remedio, y las dos últimas temporadas están universalmente consideradas como las peores de la serie.

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Dawson crece es el ejemplo paradigmático de por qué una serie de adolescentes no debería continuar en la universidad. Las temporadas 5 y 6 (en las que la serie debería haberse rebautizado Joey’s Creek) son desesperantes, aburridas, absurdas hasta el paroxismo (Pacey broker de bolsa, con eso lo digo todo), con tramas sin sentido, relaciones insípidas y nuevos personajes que no aportan absolutamente nada. La ausencia de Williamson se nota trágicamente, y por eso se agradece que se ocupe del final, dos capítulos que arreglan en la medida de lo posible el estropicio previo y despiden la serie con una nota muy emotiva, dando más protagonismo al mejor (y más maltratado) personaje de la serie, Jen. He de confesar que no lloré viendo el final (supongo que tragarme la serie en maratón me dejó insensibilizado), pero aun así me pareció un buen desenlace, coherente, lleno de amor hacia sus personajes, y deferencia a la audiencia que tanto tuvo que aguantar. Dawson crece termina como tenía que terminar (y Joey termina con quien tenía que terminar), así que al menos, aunque fuera durante 80 minutos, sentí que no había perdido del todo el tiempo. Lo dicho, ya no tengo asuntos pendientes, ya puedo morir tranquilo.

Y ya puedo dar la bienvenida oficial al otoño. Hasta aquí el repaso a mi verano de series. Como en la primera parte, os animo a que me contéis qué habéis visto vosotros estos últimos meses. Espero que esta vez me hagáis más caso.

American Horror Story Roanoke: Una nueva pesadilla

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Este año pocos artículos tipo “Todo lo que sabemos de…” os habréis encontrado con respecto a la sexta temporada de American Horror Story. Y si habéis visto alguno, poco o nada os habrá desvelado de la nueva iteración de la exitosa serie de FX, porque toda información sobre su historia, reparto, personajes, subtítulo y tema central se ha mantenido bajo estricto secreto hasta la mismísima noche del estreno en Estados Unidos. Esa ha sido la ingeniosa base de la campaña promocional del regreso de AHS, hecha este año más que nunca para confundir y despistar. Hasta 36 teasers con un centenar de referencias a películas de terror que han hecho que Internet se estruje la sesera para adivinar de qué iba este año la serie. Un esfuerzo en vano, porque como decía, todo ha sido un señuelo, un juego para aumentar la expectación y obligar al espectador a acudir a la inauguración para ser testigo de la retirada del velo.

La sexta temporada de American Horror Story se estrenó el pasado 14 de septiembre, y para sorpresa de todos los que esperábamos una nueva locura desfasada al estilo de las anteriores, la serie de Ryan Murphy y Brad Falchuk regresaba con un formato novedoso, muchos cambios, y un título… que no nos quedaba claro de buenas a primeras: American Horror Story: My Roanoke NightmareMy Roanoke Nightmare: An American Horror Story, o como la conoceremos oficialmente American Horror Story: Roanoke. La confusión reinaba durante la season premiere, porque nos encontrábamos con algo radicalmente distinto a lo que habíamos visto en las decepcionantes Freak ShowHotel. Además del cambio de estilo, esta temporada tendrá menos episodios, diez en concreto, haciendo que la historia se cierre antes de Acción de Gracias y evitando así el parón de Navidad. Por otro lado, los episodios se titulan simplemente “Chapter 1”, “Chapter2″… y no hay títulos de crédito propiamente dichos. Está claro que después del exceso de las anteriores temporadas, Murphy y Falchuk han optado por simplificar, por el “menos es más” (les habrá costado la vida), y el resultado, aunque desorientador, es muy refrescante dentro del universo AHS.

Al menos esto es lo que ocurre en el primer episodio de la temporada, que viene con un formato interesante. Roanoke está rodada al estilo del falso documental, en la tradición de los seriales de crímenes reales. En ella, los protagonistas “reales” de la historia narran su terrorífica experiencia en la colonia de Roanoke, con testimonios mirando a cámara, mientras que por otro lado vemos una reconstrucción ficticia de los hechos con actores. Los primeros están interpretados por Lily Rabe, André Holland y Adina Porter, mientras que sus alter egos ficticios están encarnados respectivamente por Sarah Paulson, Cuba Gooding Jr. y Angela Bassett, que protagonizan la recreación de los eventos para el documental My Roanoke Nightmare. Al principio puede resultar bastante desconcertante ver a estas parejas de actores interpretando al mismo personaje, pero eh, aunque venga con un envoltorio distinto, esto es American Horror Story, y no sería la misma serie sin su buena dosis de meta.

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Roanoke es en realidad un sencillo regreso a los orígenes de AHS que nos recuerda a la primera temporada de la serie, Murder House, la que (nunca mejor dicho) puso los cimientos de este universo en constante expansión y cada vez más conectado. La historia de Roanoke también parte de una mudanza, la de un matrimonio que se va a vivir a Carolina del Norte, concretamente a un viejo caserón situado en medio de un tenebroso bosque y cuyos vecinos más cercanos son una familia de rednecks que no les dan la bienvenida más cálida precisamente. Es decir, el destino ideal para empezar una nueva vida. Allí, Shelby Miller (Paulson), prototípica blanca privilegiada yogamaníaca, empieza a experimentar acontecimientos extraños en ausencia de su marido, amenazas terroríficas y presencias fantasmales fuertemente ligadas a la tormentosa historia del lugar. Comienza el clásico dilema: huir de allí o reclamar el lugar como “nuestra casa” y no dejarse intimidar (para que la serie continúe). Se han gastado todos sus ahorros en ella, así que la decisión se toma sola. Está claro: nos quedamos.

Así comienza Roanoke, una temporada que, a priori, parece haberse acordado de que también puede dar miedo y recurrir al terror tradicional, un elemento que en los tres años anteriores ha brillado por su ausencia en la serie la mayor parte del tiempo. En “Chapter 1” hay claros (por no decir atronadores) ecos de El proyecto de la bruja de BlairLa matanza de Texas, películas que, como Roanoke, hunden sus raíces en la América más profunda, la del folklore colonial y los paletos de dentaduras carniceras rodeados de moscas, y en las que la serie se inspira para definir su imaginería decididamente macabra (el hombre con cabeza de cerdo, cadáveres de animales, la lluvia de dientes). Es decir, aunque sea muy pronto para sacar conclusiones, Roanoke es por ahora la temporada de AHS más “American” y más “Horror”. Pero es que se podría decir que es incluso la más “Story” en mucho tiempo. Ya sabemos que las series de Murphy suelen divagar my pronto y, con alguna excepción, acaban perdiendo el norte. Pero Roanoke parece más interesada en narrar la historia de forma más tradicional, ciñéndose únicamente a lo necesario. El buen resultado de American Crime Story y la decepción del público ante las anteriores temporadas de AHS parece haber empujado a Murphy a reformular su serie antológica de forma inteligente y oportuna. Quizá por eso la carta de presentación de Roanoke es tan austera y la temporada comienza con solo tres personajes principales (con breve y contundente primera toma de contacto con los de Kathy Bates y Denis O’Hare, que prometen), sin violentos saltos temporales o geográficos, sin número musical (todavía). Lineal, sobria, contenida.

Aunque la confusión aun nos dure y no debamos comernos de vista a la serie con un solo capítulo, el primer episodio de Roanoke ha hecho algo de manera formidable: presentar una historia atractiva sin gastar demasiados cartuchos, recordarnos que se puede pasar miedo viendo una serie y dejarnos con ganas de saber qué pasa después. Un arranque sólido e intrigante para una serie que necesitaba urgentemente un cambio de dirección.

American Horror Story Hotel: No se aceptan devoluciones

Kathy Bates Hotel

Quien hace check-in en el Hotel Cortez para empezar la quinta temporada de American Horror Story es, muy probablemente, porque sabe qué se va a encontrar en sus pasillos y habitaciones. Por eso la huraña recepcionista interpretada por Kathy Bates se apresura a advertirnos que no hay “refunds”. Lo siento, si habéis llegado hasta aquí (suponiendo que habéis visto o al menos catado las cuatro temporadas anteriores), no tiene mucho sentido quejarse del servicio de habitaciones o el olor que sale del cuarto de baño. American Horror Story es una de esas series que dan exactamente lo que anuncian. Se trata de una ficción de Ryan Murphy, una de las identidades autorales más asentadas y reconocibles del medio televisivo (si no la que más), así que no le pidamos peras al olmo. A otras series les podemos exigir que todo tenga sentido, a las de Murphy (por ahora) no.

American Horror Story le podemos pedir espectáculo, sangre, sudor y culos. Le podemos pedir que nos ponga cachondos y nos revuelva el estómago, que nos escandalice (aunque cada vez cueste más) y que nos haga cuestionarnos la moralidad de lo que estamos viendo (para luego concluir que todo da igual mientras haya espectáculo, sangre, sudor y culos). Y eso es exactamente lo que nos da el primer capítulo de AHS HotelShock value a borbotones, iconoclastia para parar un tren, estilo, garbo y sobre todo sexo, drogas y rock ‘n rollAHS vuelve más segura de sí misma que nunca, pisando si cabe más fuerte, pavoneándose e importándole una mierda lo que los demás piensen de ella. Hotel nos agarra por las partes pudendas, las masajea, las lubrica, les da una descarga eléctrica, y no las suelta en ningún momento. Esta serie se experimenta por los ojos y por la entrepierna, que en el caso de la serie de Murphy vienen a ser lo mismo.

Wes Bentley

La carta de presentación de AHS Hotel es, como lo han sido las temporadas anteriores, una oda (algo tosca y evidente, claro está) al cine y la cultura pop. Ahí tenéis a Lady Gaga y Matt Bomer “viendo” Nosferatu (eligiendo presas) en un cine al aire libre mientras suena Joy Division, su evidente homenaje a El pueblo de los malditos con los “niños perdidos” del Cortez, sus inconfundibles ecos al Overlook de El resplandor o la muy pertinente/obvia inclusión del “Hotel California” de los Eagles. “Cheking In” es giallo, es torture porn, es terror expresionista, un cuento neogótico de fantasmas, vampiros y crímenes, una serie de viñetas de horror intercaladas por videoclips de Chris Cunningham o Floria Sigismondi (las apariciones espectrales dan yuyu de verdad). La puesta en escena es más erótica y carnal que nunca. La cámara recorre los pasillos del Hotel Cortez abusando del objetivo de ojo de pez incluso más Coven, haciendo que el ya de por sí suntuoso y escalofriante escenario art déco sea aun más fascinante, más extraño y retorcido, como una casa de los espejos de la que no se puede escapar. Y dentro de un solo capítulo, los saltos entre atmósferas están más acusados que en cualquier otra temporada. El ambiente sucio y macabro de la habitación 64 (como sacada de Hostel), el neón de la sala de torturas, la ostentosidad de la suite de Gaga y Bomer (“la vida de los ricos y famosos”), el hogar fincheriano de Wes Bentley y Chloë Sevigny (en las escenas policiales, Hotel se divierte jugando a ser Se7en), o el retro-futurismo de la recámara secreta donde se esconden los niños. No forman un todo coherente, pero ni falta que hace.

Y ya que mencionamos a Gaga tantas veces, respondamos a la pregunta que ha preocupado a muchos seguidores de AHS desde que se anunció su incorporación a la serie: ¿da la talla la cantante? Pues de momento sí. Como cabía esperar, encaja como un guante (nunca mejor dicho) en su universo, comparte su estética, su actitud, su seguridad, su compromiso con la demencia y el exceso. Claro que por ahora no ha tenido que “actuar” demasiado, se ha limitado a ser Lady Gaga, una marciana barroca y mamarracha que ha respondido a la llamada de su planeta y se encuentra en él como en casa. Los demás personajes ayudan a que la artista no desentone, al estar concebidos en su mayoría como estrellas malcriadas de Hollywood, personalidades extravagantes y caprichosas perdidas en un paraíso de sexo, estupefacientes y humo de tabaco. Sarah Paulson como la yonqui Hypodermic Sally (esta serie sigue siendo la mejor poniendo nombres), Max Greenfield como la diva ochentera Gabriel (otro yonqui), Denis O’Hare como un empleado travestido del Cortez que se hace llamar Liz Taylor, y sobre todo la otra mitad de Gaga, Donovan (Bomer), con quien forma una pareja de vampiros modernos que claramente emulan a Catherine Deneuve y David Bowie en El ansia (The Hunger). Toda una exhibición de talento interpretativo puesta al servicio del escándalo y la provocación en la que (perdónenme) de momento no echo de menos a Jessica Lange.

Gaga Bomer

Murphy y Falchuk querían elevar el listón de lo que se puede mostrar en televisión, jalear e impactar más incluso que los cuatro años anteriores. Y con “Checking In” lo han conseguido, dando el pistoletazo de salida a la temporada más violenta y depravada hasta la fecha. Una escena del crimen en la que un hombre (aun vivo y sin ojos) sigue estando erecto dentro de su pareja muerta (Grey’s Anatomy Extreme), una violación anal al personaje de Max Greenfield por parte del Addiction Demon (no se han pensado mucho el “monstruo” oficial de la temporada) con un dildo-taladro cónico de metal drilldo (escalofríos y Kegel anal involuntario viendo esta escena), y la pieza estrella de esta exposición de horrores pop, la orgía sangrienta de Gaga y Bomer, brutal secuencia en la que la pareja se deja la piel para deleite de nuestros morbosos ojos (Bomer además se pasa el capítulo en cueros – Murphy, gorrión, muchas gracias). Y aun con todo, Hotel no llega a los niveles de sensacionalismo y gratuidad de otra serie de la cadena, The Bastard Executioner. Aquí, al fin y al cabo, la violencia está enmarcada en un contexto casi de comedia autoconsciente, de terror de medianoche en el que todo vale… de (risas) ARTPOP. (El sexo no tenemos que justificarlo).

Con Hotel, AHS se rinde por completo al estilo por encima de la sustancia, al estímulo sensorial por encima de la lógica narrativa (en esto último Murphy nunca ha estado demasiado interesado). No nos debería sorprender, este es el camino que emprendió con la (infravalorada y divertidísima) Coven. Temporadas como Asylum nos han demostrado que AHS puede ser algo más si se lo propone, pero si seguimos aquí a estas alturas es porque sabemos y aceptamos que no siempre se lo propone. De momento, Hotel es un contenedor de ideas inconexas, trazas de historias y tramas aun por definir, de personajes llamativos, secuencias eróticas y (ya era hora) terroríficas de verdad (el cadáver saliendo del colchón, wow), de imágenes diseñadas para atrapar (por la vista y la entrepierna, recordad), y sublimes momentos musicales. Aun es pronto para saber si todo acabará teniendo sentido o relación. Pero sería de ingenuos esperarlo. De momento, os recomiendo disfrutar de lo que Hotel nos ofrece. Es clara y no engaña a nadie. Si hasta os lo dice en luces de neón, por si no estaba ya claro el mensaje: “Why are we not having sex right now?” Hacedle caso. AHS no se ve, se folla. Si no vais a follar con ella, no os molestéis en hacer check-in.

Ahs Hotel

American Horror Story Freak Show: Lo monstruoso y lo sublime

Jessica Lange Life on Mars

Solo ha hecho falta una escena: Jessica Lange, es decir, Elsa Mars, en el centro de su carpa de circo, ataviada con un traje azul pastel y maquillada con carmín fucsia, rubor circense y sombra de ojos también azul, look homenaje a la leyenda británica David Bowie, interpretando una catártica versión de “Life on Mars” del Duque Blanco. Esta poderosa interpretación, en la que Lange lo da todo a pesar de haber quedado más que patente que lo suyo no es cantar, es el gran número final de “Monsters Among Us“, el esperadísimo primer episodio de American Horror Story Freak Show, una secuencia mágica, eléctrica, icónica que sirve como colofón al que es quizás el mejor comienzo de temporada de la serie. Como decía, solo ha hecho falta una escena para que Freak Show nos conquiste (y eso que las expectativas estaban por las nubes), sin embargo, en este “Monsters Among Us” hay más, mucho más. Damas y caballeros, pasen y vean. El mayor espectáculo televisivo del año ya ha comenzado.

Como ya sabéis, American Horror Story es una anthology series, y por lo tanto, (en un principio) sus diferentes temporadas son independientes entre sí, con una nueva historia comenzando cada año. Sería fácil achacar a Ryan Murphy y Brad Falchuk la repetición de esquemas, arquetipos y lugares comunes temporada tras temporada, sin embargo, Freak Show es la prueba de que los productores no están especialmente interesados en innovar y ofrecer con cada temporada algo diametralmente opuesto a la anterior, sino en ir construyendo año tras año un discurso que se va desplegando y solidificando con ayuda de diferentes personajes, situaciones y localizaciones. En este sentido, Freak Show podría entenderse como la gran tesis final de AHS (aunque no sea ni de lejos su última entrega ni sepamos por qué derroteros irá el año que viene). AHS siempre ha sido “the freakiest show“, como canta Elsa Mars, pero esta es la temporada que convierte en literal la idea que siempre ha servido de engranaje central para la serie: la monstruosidad, lo diferente y extraño percibido como abominable, rechazado por no adherirse a la norma, y aquí convertido en pasatiempo de feria. Freak Show tiene por tanto más en común con Asylum que con Coven -no en vano, ahí está Pepper ejerciendo como nexo de unión entre ambas temporadas.

Jimmy Darling

El primer episodio nos presenta a la plantilla de fenómenos del “Fraulein Elsa’s Cabinet of Curiosities“: la mujer más pequeña del mundo, los hermanos microcefálicos, el hombre lagartija, la mujer barbuda (espléndida Kathy Bates, aunque no la hayamos visto mucho todavía), contorsionistas, enanos, etc. Pero atención, no hemos conocido a todos los personajes. Nos queda por dar la bienvenida a Angela Bassett, Michael Chiklis, Denis O’Hare o Emma Roberts. Esto viene a demostrar que Murphy narra desde una posición privilegiada (la del que sabe que tiene nuestra atención incondicional), sin serle necesario calzar a todos los personajes en una hora, como suele ocurrir con los pilotos televisivos. Por eso, “Monsters Among Us” se centra especialmente en la santísima trinidad de AHS: Lange, Sarah Paulson y Evan Peters. Después de una temporada como FranKENstein rubio y teen en Coven, donde no tuvo mucho que hacer, Peters vuelve a la vida con Jimmy Darling (AHS sigue teniendo los mejores nombres de la tele), un personaje que nos recuerda más a su Kit Walker (Asylum), galán (alternativo e irresistible) con enormes manos de langosta que se las lleva de calle con un solo guiño, y que explota su deformación para dar placer clandestino a las féminas (mujeres de bien que secretamente anhelan ser poseídas por lo extraño).

La primera vez que vemos a Jimmy Darling, éste va vestido como Marlon Brando en Salvaje (1953). Además de decirnos que va a sexualizar a Peters un año más (¿reconocisteis su trasero en la sex tape que le muestra Elsa a la contorsionista?), Murphy nos deja patente así que esta temporada más que nunca AHS hunde sus raíces en el cine clásico, algo que salta a la vista en la fantástica puesta en escena y el exuberante diseño de producción. El ejercicio de mitomanía y erotismo cinéfilo que supone “Monsters Among Us” es el elogio definitivo de la tele al cine, de un medio todavía fértil y en ebullición a la ya muy lejana época dorada de Hollywood. Entra Elsa Mars, vedette crepuscular, una Norma Desmond en el ocaso de una carrera que nunca empezó, mujer obsesionada con las grandes estrellas del cine, particularmente Marlene Dietrich, con la que se mimetiza constantemente. Lange vuelve a ponerse en la piel de una mujer que se enfrenta al paso del tiempo, una diva en horas bajas que lucha por sobrevivir a su obsolescencia. Y si bien lo cierto es que a grandes rasgos es lo mismo de siempre, Lange se las arregla para darle un nuevo enfoque. Mars (por ahora) no es una mujer de armas tomar como Fiona Goode (Coven), y aunque ha mostrado señas de crueldad, no es una villana ni una femme fatale, es más bien una Baby Jane patética y lastimera, y por primera vez, una freak más. Después de su monumental “Life on Mars” (cuyo publico son solo dos personas, de las que depende la supervivencia de su negocio) la vemos llorar como una niña, consciente de la farsa que se ha construido, y de que la carpa del circo es para ella lo único que aún sostiene esa ilusión. Esto es lo que convierte a Elsa Mars en el personaje ideal para que Lange se marche de la serie por todo lo alto.

Sarah Paulson AHS Freak Show

Por otro lado tenemos a la atracción principal de Freak Show, la mujer de dos cabezas, Bette y Dot Tattler, interpretada por partida doble por Sarah Paulson. Las siamesas Bette y Dot (una seria y desconfiada, otra ingenua y risueña) son la última esperanza de Mars para salvar su circo (y su sueño) en tiempos de cine, y suponen el mayor reto hasta la fecha para Murphy y Falchuk (y Paulson, claro). La jugada podía haber salido mal (y a mí desde luego me tenía inquieto), pero “Monsters Among Us” nos demuestra que a estos señores les sobra inventiva y creatividad para sacar a flote algo tan complicado desde el punto de vista técnico, recurriendo a mil y una triquiñuelas visuales para no tener que depender del ordenador todo el tiempo (que lo queramos o no, siempre acaba chirriando): pantallas partidas, planos aberrantes y expresionistas (la pobre Paulson terminará con torticolis), planos generales con dobles y Paulsons de látex… Eso sí, todo siempre al servicio de la historia y coherente con el consolidado estilo de la serie, sin duda una de las más visualmente estimulantes del panorama reciente.

Pero este nuevo viaje murphyano al subconsciente americano estaría incompleto sin esa presencia terrorífica en forma de asesino en serie que acecha en todas las temporadas, en este caso, como no podía ser de otra manera, un payaso asesino. Twisty the Clown es junto a Bloody Face la creación más pesadillesca de Murphy y Falchuk, una visión demoníaca que rapta niños y masacra a plena luz del día (esa primera aparición bebe directamente del primer asesinato del Asesino del Zodiaco en la película de David Fincher). La Júpiter (un pequeño pueblo de Florida) de los 50 que recrea Freak Show es vibrante, exultante, y se nos presenta “in glorious technicolor!!!” (el humor, como el dolor, siempre proviene de los lugares más inesperados), por eso Twisty ejerce un contraste muy llamativo, y supone la garantía de que, después de Coven, este año quizás sí pasemos algo de miedo. Claro que a estas alturas nos debería quedar claro que el “horror” de AHS no se refiere tanto al miedo en el sentido del cine de terror moderno. Murphy lleva cuatro años desvelándonos el terror que forma parte de cada ser humano, engendro o persona “normal”, humanizando al monstruo y hallando lo macabro bajo la belleza y la perfección, convirtiendo la intolerancia y el temor a lo diferente en la verdadera fuente de los horrores de la serie: ahí tenéis a los freaks descuartizando a su “bully” al final del episodio, para salvaguardar su refugio y comenzar un levantamiento contra sus opresores (“If they wanna call us monsters, fine. We’ll act like monsters”). De esta manera, con su cuarta entrega American Horror Story se reafirma en su potente discurso, y lo hace habiendo alcanzado la perfección formal, como la serie en la que el disparate y la trascendencia van de la mano, y lo monstruoso y lo sublime son lo mismo.

Todo lo que sabemos por ahora de ‘American Horror Story: Freak Show’

American Horror Story Freak Show

Ya sabéis cómo va esto. Cuando acaba una temporada de American Horror Story comienzan los rumores, las especulaciones y el incesante goteo de información oficial. La espera de casi un año entre temporada y temporada de sus series ha obligado a las televisiones de cable y de pago a diseñar campañas de marketing que se extienden desde el primer minuto después de la series finale hasta el estreno de la siguiente temporada. La cuestión es estar absolutamente todos los días en el candelero, y las redes sociales y la gran cantidad de medios dedicados a la cultura audiovisual en Internet se lo ponen en bandeja.

Por eso nada más terminar American Horror Story: Coven, Ryan Murphy no tardó ni una hora en desvelar los primeros secretos sobre la cuarta temporada de su serie de terror. Venían en forma de dos píldoras de información muy jugosas: Que la temporada estaría parcialmente ambientada en el año 1950, y que Jessica Lange estaba practicando su acento alemán para dar vida a su personaje, en la que será su última temporada en la serie antes de retirarse, según anunció la propia actriz el año pasado. Internet comenzó a indagar, a elucubrar teorías, y la que sonaba con más fuerza era la que decía que la temporada estaría ambientada en un circo.

El rumor llegó a ser desmentido por FX, pero hace poco el guionista Douglas Petrie dejó caer que era verdad, a lo que siguió poco después la confirmación de Ryan Murphy. Está claro que Murphy y FX estaban intentando despistar, pero era demasiado tarde, el rumor habría cobrado mucha fuerza y era inútil seguir negándolo. De hecho, ya no tenía sentido retrasar más el anuncio, puesto que Petrie había dado la exclusiva accidentalmente, después de ser engañado por los presentadores del podcast Nerdist, Moira Kirkland y Ben Blacker, que le aseguraron que la noticia de que la temporada transcurriría en un “circo de los horrores” ya había salido a la luz. A lo que Petrie respondió “Sí, esa es la idea, pero aún no tenemos título”.

Ryan Murphy tweet

Así que ya sabemos a ciencia cierta que la cuarta temporada de AHS transcurrirá en un circo ambulante, un carnaval de fenómenos de la naturaleza, al más puro estilo de la serie de culto de HBO Carnivàle, y que su título oficial es, de manera muy apropiada (y sin haberse roto mucho la cabeza): AMERICAN HORROR STORY: FREAK SHOW.

Jessica Lange Freak Show

¿Y qué más sabemos sobre Freak Show? Pues ya tenemos suficientes datos como para empezar a morir de la expectación (y de la espera). A continuación os ofrezco un resumen con toda la información confirmada por los creadores de la serie y/o publicaciones especializadas. Iré actualizando esta entrada a medida que conozcamos más detalles sobre la temporada.

– La historia transcurrirá a caballo entre el año 1950 y otro año por confirmar.

– La temporada estará ambientada en Jupiter, un pueblo del condado de Palm Beach (Florida).

– Jessica Lange interpretará a una expatriada alemana que dirige el último circo de freaks en Estados Unidos.

– Los actores de American Horror Story que regresarán oficialmente para Freak Show son: Jessica Lange, Kathy Bates, Sarah Paulson, Evan Peters, Angela Bassett, y Frances Conroy.

– Los intérpretes confirmados darán vida a los artistas del circo que son rescatados por el personaje de Jessica.

– [29/03/14] Michael Chiklis, conocido sobre todo por The Shield, se incorpora al reparto. Chiklis interpreta al padre del personaje de Evan Peters y ex marido del personaje de Kathy Bates (por lo que suponemos que Bates dará vida a la madre de Peters).

– [29/03/14] Ayer en el panel de Paley Fest dedicado a AHS, Ryan Murphy confirmó que todos los actores que asistieron “forman parte de alguna manera u otra de la nueva temporada”. Esto quiere decir que además de los intérpretes previamente confirmados, también participarán en Freak Show Gabourey Sibide, Emma Roberts, Dennis O’Hare y Jamie Brewer, todos presentes ayer en Paley Fest.

– [29/03/14] Aunque Freak Show estará ambientada en Florida, se grabará en Nueva Orleans, como Coven.

– [29/03/14] Ryan Murphy también desveló en Paley Fest que está negociando la participación de varios actores de las dos primeras temporadas, y que lo que falta para confirmarlos es cuadrar las agendas.

– [09/05/14] En una entrevista a Entertainment Weekly Ryan Murphy desvela que Freak Show tendrá un payaso asesino (no sabemos si del espacio exterior), y que, atención “será el payaso más terrorífico de la historia”. Murphy también ha confirmado que otro de los freaks clásicos que formarán parte del circo de Jessica Lange será la mujer barbuda.

– [09/05/14] Freak Show heredará algo del sentido del humor alocado de la temporada anterior, Coven, pero Murphy asegura que será más oscura, como Asylum.

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– [12/06/14] Sarah Paulson presenta en Twitter a su personaje en Freak Show. O mejor dicho, a SUS PERSONAJES, porque la Paulson va a interpretar a una mujer con dos cabezas, llamadas Bette y Dot. La actriz ha declarado esta semana a E! News que cuando leyó el guión de Freak Show pensó “Holy Shit!” y lo describe como un híbrido de Coven y Asylum. “Va a tener un tono más oscuro, parecido al de Asylum, pero combinado con el humor de Coven”, ha dicho Paulson. Aquí os dejo el tweet en el que la actriz ha presentado a Bette y Dot: 

https://twitter.com/MsSarahPaulson/status/477151870700384256/photo/1 

– [18/06/14] Aunque para muchos era evidente, Sarah Paulson ha confirmado que su foto con dos cabezas es simplemente un montaje con el personaje de Lana Winters (Asylum), hecho por la compañía de efectos digitales para enseñársela a Ryan Murphy. Y que el aspecto de la mujer de dos cabezas, Bette y Dot, a la que dará vida en Freak Show será muy distinto al de la foto.

– [08/07/14] El actor Wes Bentley, conocido por sus papeles en American Beauty y Los juegos del hambre, se incorpora al reparto para un arco argumental de dos episodios. Será en el capítulo doble de Halloween (en un principio previsto para el 21 y el 28 de octubre), e interpretará a Eddie, una persona del pasado del personaje de Kathy Bates, que vuelve para vengarse de ella.

– [13/07/14] FX lanza el primer teaser de Freak Show [actualización: se trata de un elaborado fan made, no es oficial]:

– [27/07/14] Se filtra la hoja de casting de Freak Show, en la que podemos ver los nombres de los personajes a los que interpreta el reparto. Y atención, porque la hoja nos desvela que vuelve Naomi Grossman, interpretando al mismo personaje al que dio vida en Asylum, ¡Pepper! Aquí tenéis a los principales actores y sus personajes:

  • Jessica Lange como Elsa Mars
  • Emma Roberts como Maggie
  • Sarah Paulson como las hermanas siamesas Bette y Dot
  • Michael Chiklis como Evan del Toreado
  • Kathy Bates como Ethel Darling
  • Angela Bassett como Desiree Dupre, ex mujer de del Toreado
  • Evan Peters como Jimmy Darling, hijo de del Toreado y Ethel Darling
  • John Carroll Lynch como el payaso asesino

– [11/08/14] Patti LaBelle, la mujer detrás de “Lady Marmalade” se une al reparto de Freak Show como artista invitada para un arco de cuatro episodios. LaBelle interpretará a la madre del personaje de Gabourey Sidibe, una mujer que será clave para desvelar los secretos del payaso asesino.

– [14/08/14] Ryan Murphy anunció anoche (por la tarde en EEUU) por Twitter que Jyoti Amge, la mujer más pequeña del mundo, se incorpora al reparto de Freak Show. No es la primera vez que Amge participa en un programa de la tele, ya que formó parte del Gran Hermano indio. Aquí tenéis la foto con la que Murphy acompañó la noticia, que nos da además el primer vistazo a Elsa Mars, el personaje de Jessica Lange esta temporada.

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– [19/08/14] Denis O’Hare ha compartido en Twitter una foto de su primer día en el rodaje de Freak Show y en ella muestra una cesta de bienvenida junto al guión de un episodio. El título del capítulo, “Edward Mondrake Part 1” nos indica que AHS vuelve a inspirarse en la historia, según SpoilerTV. Edward Mordake fue una persona real del siglo XIX, heredero de un par inglés que sufría de diprosopia, o sea, duplicación cráneo-facial. Vamos, que Mordake tenía dos caras, una de ellas en la parte posterior de la cabeza, y aunque no podía realizar las mismas funciones que con la cara de delante, podía reír y llorar. Además, Mordake decía que la segunda cara le susurraba cosas durante la noche, y se refería a ella como a su “gemelo malvado”.  Todo indica que Mordake será interpretado en Freak Show por Wes Bentley y aparecerá en el ya clásico episodio doble de Halloween, que se emite en Estados Unidos el 21 y el 28 de octubre.

– [20/08/14] FX lanza el primer teaser de Freak Show y anuncia fecha de estreno de la temporada: 8 de octubre.

– [22/08/14] Segundo teaser de Freak Show:

– [24/08/14] Matt Bomer aparecerá como actor invitado en un episodio de Freak Show. El actor está nominado este año al Emmy por su papel en The Normal Heart, que también dirigió Murphy. El productor de AHS ha declarado: “Hago lo posible por que haga todo lo que le pido. Le mandé un mensaje que decía ‘Te lo ofrezco a ti primero, y es un papel muy retorcido'”.

– [27/08/14] Tercer teaser de Freak Show:

– [27/08/14] FX lanza el póster oficial de Freak Show donde vemos por primera vez al reparto principal caracterizado.

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– [28/08/14] Cuarto teaser:

– [29/08/14] Quinto teaser:

– [03/09/14] Sexto teaser:

– [04/09/14] Séptimo teaser:

– [06/09/14] Octavo teaser:

– [07/09/14] FX lanza el primer teaser que incluye a los personajes de Freak Show. Esta es la versión extendida (1 minuto). La canción que suena en la promo es “Carousel” de Melanie Martinez:

– [12/09/14] Noveno teaser:

– [13/09/14] Entertainment Weekly publica en exclusiva 14 imágenes del estreno de Freak Show:

– [15/09/14] Décimo teaser:

– [18/09/14] Undécimo teaser:

– [18/09/14] Breve preview del primer episodio, “Monsters Among Us”:

– [18/09/14] FX lanza dos nuevos pósters.

– [19/09/14] Duodécimo teaser:

– [19/09/14] Nueva promo de Fox que compila los previos teasers:

– [20/09/14] Nuevas imágenes oficiales de los personajes en blanco y negro:

– [22/09/14] Galería completa de retratos de personajes (color) en alta resolución (fuente: PopSugar):

– [28/09/14] Ryan Murphy ha anunciado a través de Twitter que el estreno de Freak Show el 8 de octubre será con un episodio “supersized”, es decir, de mayor duración a la habitual, concretamente ¡90 minutos!

4Si tenéis más información contrastada sobre Freak Show que se me haya escapado, compartidla conmigo y la añadiré a esta entrada. Y no la perdáis de vista para ir descubriendo antes que nadie todos los datos que vayan surgiendo.

Y si tenéis mono de AHS y os apetece leer sobre la serie, os recomiendo los artículos de #fnvlt sobre Murder HouseAsylum Coven.

American-Horror-Story Players

The Office, "Manager and Salesman" (6.15)

The Office sigue su trayectoria ascendente después de un pequeño bajón (nada dramático, solo ligeramente preocupante) de la primera mitad de la temporada. El último episodio emitido, “Manager and Salesman” ha sido enorme. La incorporación de Kathy Bates al reparto de la serie en la sexta temporada es mucho más que un reclamo publicitario. La NBC es conocida por infestar sus series de estrellas invitadas, casi siempre de primera fila (lo vimos en Friends, Will & Grace, y ahora en 30 Rock). Es interesante ver a estos grandes actores desenvolviéndose en la pequeña pantalla, y especialmente en un género como el de la docucomedia. Bates interpreta a la nueva propietaria de Dundler Mifflin, y viene a representar el cambio dentro de la serie, un cambio que como es habitual, solo es temporal o superficial. Es decir, la nueva estructura de Dundler Mifflin, Sabre no es más que un puente hacia nuevas tramas que permitan brillar a la serie donde siempre ha brillado, sin resultar repetitiva.

Fue un acierto de este episodio que Michael y Jim lucharan por el puesto de manager, para más tarde hacer lo mismo con el de vendedor. Pudimos ver a Michael sentado en las mesas de los vendedores, intentando encajar todos sus juguetes en su espacio personal, y anunciando a viva voz su primera venta (algo que dejaron de hacer en 1993, según sus nuevos compañeros). Este fugaz cambio dio lugar a uno de los momentos más divertidos del episodio, pero me alegro de que se quede en eso, y no sea la tónica del resto de la temporada.

Por su parte, Jim continúa su ascensión al cinismo más radical. Lo que pasa es que al principio era un simple vendedor, y su hastío habitual estaba más justificado, o al menos se le permitía sin juicio alguno (era con el que más podíamos empatizar). El mismo Jim (porque es el mismo, no nos engañemos), en un puesto de mando es un Jim más condescendiente y repelente, o más bien nosotros lo percibimos así. Jim y Pam ya no son lo que eran, pero son lo que deben ser, su evolución es lógica.

Y frente a la normalidad absoluta de Jim y Pam, el resto de la oficina sigue su viaje a los rincones más recónditos de la vergüenza ajena y la locura más bizarra. Andy Bernard es la nueva estrella de The Office, sin duda. Nunca pensé que ese personaje de la tercera temporada, al que no conseguía ver como habitual en la serie, llegaría a estar casi a la altura del gran Michael Scott. Andy es ya un icono de The Office, y su deliciosa (y para muchos nada creíble) relación con Erin viene a rellenar el hueco dejado por Jim y Pam. Las tarjetas de San Valentín de Andy dieron algunos de los mejores momentos del episodio. Uno de ellos protagonizado por la enorme (¿hay alguien en esta serie que no sea enorme?) Kelly Kapoor, que como no podía ser de otra manera, cree que Andy se ha enamorado de ella, y siguiendo las reglas doradas de las comedias románticas, asume que siempre ha tenido el amor delante de las narices y nunca se dio cuenta. Genial.

The Office sigue siendo la serie más divertida de la parrilla actual, y la única que consigue sacar adelante una grupo de personajes numerosísimo, sin que ni uno solo de ellos esté mínimamente desdibujado. Bueno, quizás Ryan haya perdido el norte… pero esto forma parte de su nueva personalidad tras su experiencia en lo más alto de Dundler Mifflin. Verlo cambiar su estilo en cada episodio, en busca de una identidad que se le escapa de las manos, es otro ejemplo del detallismo magistral de The Office.