The Society: Jugar a ser adulto

Mientras cada nuevo intento de saga young adult se la pega en los cines, el drama adolescente es uno de los géneros más fértiles de la televisión. Y esto es algo que Netflix sabe perfectamente. El formato serial se ajusta fácilmente a este tipo de historias y sirve para enganchar y fidelizar al público más joven. La plataforma de streaming se ha especializado en series adolescentes con enfoque adulto y atrevido. Por trece razones, Las escalofriantes aventuras de Sabrina, Sex Education o Élite se encuentran entre sus programas más populares y más comentados en Internet. Por eso, The Society era una apuesta segura.

Creada por Christopher Keyser (Cinco en familia, Tyrant), The Society sigue los compases del thriller teen post-apocalíptico, pero (sorprendentemente) no está basada en ninguna serie de novelas. Al menos no abiertamente. La serie, cuya primera temporada consta de 10 episodios de una hora de duración, recuerda a muchas cosas que ya hemos visto. Quizá demasiadas. Tiene algo de Under the Dome, de Perdidos (y todas las series que trataron de imitarla en los años siguientes a su estreno), del cómic The WoodsThe 100Wayward Pines, distopías Y.A. como El corredor del laberinto, y por supuesto, El señor de las moscas.

Con estos referentes, no es difícil hacerse una idea de lo que uno se va a encontrar en The Society. La serie gira en torno a los adolescentes de un pequeño pueblo que, tras un corto viaje en autobús, regresan a casa para comprobar que todos los adultos han desaparecido y no hay manera de salir de allí. La confusión da paso a la euforia y el desenfreno por la ausencia de figuras autoritarias. Pero pronto se dan cuenta de que su situación podría ser permanente, por lo que deben organizarse para crear normas de convivencia, soluciones para lidiar con la escasez de recursos y un sistema para resolver los problemas que puedan surgir, incluido el crimen. Es decir, levantar una sociedad desde cero, en una situación extrema y sin la ayuda de sus mayores.

La premisa es sin duda atrayente, sobre todo para el público más joven y los aficionados a la distopía adolescente. Sin embargo, The Society no da tanta importancia al misterio central como cabría esperar, sino que lo usa como pretexto para construir una fábula sociopolítica protagonizada por adolescentes que se ven forzados a ser adultos. Esa es la base de un género que se dedica a reflejar la sociedad desde los ojos de los más jóvenes, y que en este caso abarca más terreno que otros títulos similares, mostrándonos a través de las vivencias de sus protagonistas cómo se crean y funcionan las instituciones, la estructura laboral, cómo operan (y se corrompen) las fuerzas de la ley, las contradicciones e injusticias que se generan, los movimientos políticos y la disidencia, el papel de la religión, la democracia, la jerarquía y la función de los líderes… En este caso una líder autoimpuesta, Allie (Kahtryn Newton), que sigue el patrón Daenerys Targaryen o Laura Roslin, oscilando entre salvadora y tirana a lo largo de la temporada.

The Society aborda todos estos asuntos a partir de las tumultuosas relaciones amistosas, románticas y sexuales entre sus protagonistas, por lo que el factor drama adolescente está constantemente presente para los que lo busquen. Sin embargo, esto hace que el elemento de misterio quede sepultado prácticamente toda la temporada en favor de la creación de una sociedad en la que, durante mucho tiempo casi nadie se pregunta cómo han llegado allí y cómo pueden volver a casa, si es que pueden.

Después de plantear en el primer capítulo la necesidad de averiguar qué ha pasado, no es hasta el séptimo cuando se menciona un comité de investigación que ha estado estudiando la situación (nosotros no lo hemos visto) para ofrecer posibles hipótesis a lo que está ocurriendo. Y hasta el noveno, cuando ya han pasado más de seis meses, no se les ocurre hacer una expedición por el bosque que rodea el pueblo para intentar encontrar una salida, y no se les pasa por la cabeza investigar al conductor del autobús que los dejó allí. Y ese es uno de los principales problemas de The Society, que en su empeño en mostrarnos los engranajes de la sociedad y centrarse en sus personajes (algo que normalmente agradecemos de las series), se olvida de desarrollar el otro elemento clave de la historia.

Es un problema de planificación narrativa. La serie tiene demasiada prisa por mostrarnos a los adolescentes formando esa sociedad para a continuación ponerla en duda, por lo que acaba forzándolo hasta la artificialidad. No tardan en crear un sistema legal, celebrar un juicio (como los de la tele) o convocar elecciones generales. Hay asesinatos, un psicópata literal, una víctima de violencia doméstica que intenta envenenar a su pareja y un golpe contra el “estado policial” de Allie. Es demasiado. Todo en la primera temporada, y todo sin hacer apenas alusión a lo que los ha llevado a esa situación, obligando continuamente al espectador a cuestionar la lógica del relato (una cosa es que lo más importante no sea el misterio, sino los personajes, y otra que el misterio exista solo cuando se le antoja a los guionistas). A esto se añade que del numeroso reparto, hay muy pocos personajes con los que podamos sentir empatía. Eso si conseguimos distinguir los unos de los otros. Se comportan de manera exagerada (de nuevo para ajustarse a la voluntad de metáfora social de la serie) e irritante más allá del tópico del adolescente televisivo, protagonizan conversaciones en las que se nota demasiado al adulto que escribe/habla por ellos, y las relaciones son muy confusas y mal desarrolladas.

A pesar de todo esto, The Society es intermitentemente interesante. De hecho, tiene capítulos verdaderamente potentes y puede resultar provocadora y dar que pensar a su audiencia. Pero necesita centrarse. Tiene buenos actores, ahora debe dibujar mejor a sus personajes y dejarlos ser adolescentes, hacerlos más humanos y menos arquetípicos, estructurar mejor la historia, hacerla más creíble y encontrar un mayor equilibrio entre el drama, la reflexión y el misterio. A pesar de no poseer ni un ápice de originalidad, The Society tiene ingredientes de sobra para crear algo con impacto. La pregunta es, ¿tendrá el público paciencia con estos personajes o los abandonará a su suerte como ha hecho con tantas otras series parecidas?

Detective Pikachu: El sueño hecho realidad de los fans de Pokémon

El año 1999 está considerado como una de las mejores cosechas cinematográficas de los últimos tiempos. Un ejercicio en el que títulos como Magnolia, MatrixAmerican BeautyEyes Wide Shut, El club de la lucha o South Park. Más grande, más largo y sin cortes nos emocionaron y sorprendieron. El mismo 1999 en que llegaron a nuestras manos los debuts de Britney y Xtina, la llegada del Euro, el nacimiento de Amaia (la buena), nuestra primera cita con Jar Jar Binks y el miedo temible efecto 2000. Pero otro acontecimiento marcó nuestras vidas a finales de ese 1999: la llegada, por fin, de Pokémon a España. Aunque esos bichos ya llevaban campando a sus anchas por Japón desde 1996, a nosotros nos tocó esperar tres años. Pokémon Edición Roja, Pokémon Edición Azul. Dos colores para relatar el mismo viaje iniciático de Ash desde Pueblo Paleta a ser el mejor (y más ético) entrenador Pokémon de la historia.

La pokéleyenda llegada del Lejano Oriente era increíble… y bastante polémica. Menos mal que las críticas de ultraviolencia y el miedo a ataques epilépticos (¿quién no se acuerda de esos cienes de chavales japoneses que fueron hospitalizados después de ver un capítulo, incidente que llegó a parodiarse en Los Simpson?) se fueron disipando y dejaron vía libre a que la epidemia se expandiese por España. Pokémon no era solo un éxito de ventas en videojuegos, sino que cambió nuestro estilo de vida. No había ni un solo niño o niña que no merendase viendo la serie de animación, o que no se supiese los nombres (en su orden, claro está) de los 151 animalejos. Todo el mundo tenía su favorito. En mi caso, Slowpoke, por afinidad intelectual. Los ríos de España no, pero las evoluciones de Eevee al dedillo.

En 1999, Pokémon no te convertía en un niño rata, sino que enriquecía tu infancia de la misma manera que los libros Barco de Vapor lo habían estado haciendo hasta ese momento. Veinte años después, el mito sigue tan vigente como el primer día. Cada lanzamiento relacionado con la franquicia es visto como un acontecimiento (¿Hace falta que recordemos la locura que supuso Pokémon Go?). Las convenciones se suceden y las ventas por merchandising son imparables. No obstante, podemos considerar a Pikachu como el segundo ratón más importante de la cultura popular, justo entre Mickey y Pérez. No es de extrañar que Pokémon: Detective Pikachu, la esperadísima adaptación en clave live-action de uno de los últimos videojuegos de la factoría se haya convertido en uno de los acontecimientos cinematográficos de esta primera mitad del año.

Tim Goodman es un buen chico, solitario, pero bueno. Lo dice su apellido y sus buenas obras. Trabaja como perito desde hace años, cuida de su abuela y no ha sido capaz de encontrar a su alma gemela… y por alma gemela no hablamos de novio o novia, sino de un Pokémon con el que compartir su andadura vital. Un trágico acontecimiento le llevará a Ryme City, ciudad en la que Pokémon y humanos trabajan mano a mano por un futuro mejor. En esa urbe se encontrará con una criatura rubia fatal que le obligará a salir de su zona de confort y a patearse los barrios bajos de la ciudad en busca de respuestas. Ese sensual gentleman no es otro que un Pikachu, pero no uno cualquiera, sino el antiguo compañero del padre de Tim. Todo un Pikachu detective. He aquí el origen de las trepidantes aventuras de una extraña pareja al más puro estilo Lemmon-Matthau. Uno está de vuelta de todo y es un adicto a la cafeína (Pikachu) y el otro intenta aportar sensatez y buen corazón (Tim) a la locura de su compañero. Ningún ataque tipo Planta o Dragón es capaz de domar a este ratón eléctrico.

Pokémon: Detective Pikachu es una notable recreación de una investigación policíaca de vieja escuela, pero con Pokémon de por medio. Las desventuras del pintoresco tándem formado por Goodman y Pikachu responden a los mismos parámetros de las cintas de Humphrey Bogart, pero sustituyendo el humo del tabaco y los contrabandos en puertos pesqueros por unos misteriosos polvos que asalvajan a los Pokémon y que hacen que Tim pueda comunicarse perfectamente con Pikachu. La química entre ambos personajes es envidiable. Justice Smith (Jurassic World: El reino caído y chico Luhrmann en la fallida The Get Down) es el corazón de la película y refleja a la perfección la usual inocencia y tenacidad del buen chico protagonista de este tipo de películas. Pero el verdadero robaescenas de Pokémon: Detective Pikachu no es otro que el mismísimo Pikachu. La animación y el diseño de personaje es completamente encomiable. Todo un prodigio que se ve amplificado por el estupendo trabajo de doblaje del mismísimo Ryan Reynolds, que, a pesar de llevar al personaje a terreno Deadpool (versión para todos los públicos), logra captar la esencia psicótica y adorable del personaje dotándole de una personalidad propia.

Pero más allá de cierta predictibilidad en los giros y algún que otro momento engorroso en la trama, Pokémon: Detective Pikachu es una verdadera delicatessen visual y todo un orgasmo para los fans de la franquicia. Ningún fan debería extrañarse si dos lagrimones surcan sus pómulos al ver los primeros Pokémon en pantalla. Resulta impresionante ver sus movimientos y la integración de la mayor parte de los mismos en el espacio. Aunque alguna que otra ausencia nos cabree (¡¿dónde está Slowpoke?!) y algún que otro icónico personaje quede difuminado (Snorlax merecía su propia escena), para la posteridad siempre quedará el divertidísimo interrogatorio a Mr. Mime, el drama de Cubone, los exabruptos de la Ludicolo, los preciosos Bulbasaur o ese Psyduck que merece un spin-off dirigido por Michael Haneke.

Con esta película, Rob Letterman sigue su redención comenzada con Pesadillas y en unos proyectos más hará que nos olvidemos de una vez por todas de El espantatiburones, posiblemente una de las peores experiencias que he vivido en una sala de cine, y que curiosamente, también era un acercamiento infantil al género noir. Destacable resulta la música del pluriempleado Henry Jackman, con ecos más que patentes de las composiciones de Joe Hisaishi para las cintas de Studio Ghibli, pero igualmente apropiada y disfrutable.

Pika-Pika. Déjate llevar por la cantinela. Hay que reiterar que Detective Pikachu es una película principalmente para niños y fans de Pokémon (que se volverán locos identificando a las especies que aparecen en cada plano), pero aun así, es un producto familiar bastante digno, funciona perfectamente como introducción a su universo y tiene alicientes de sobra (acción espectacular, buen sentido del humor, los one-liners de Reynolds) para los espectadores más casuales. Es imposible no caer rendido ante el Pikachu detective… ahora a esperar que esto no sea flor de un día y se convierta en toda una saga cinematográfica con diferentes aventuras por Johto, Hoenn, Sinnoh… y muchos Slowpokes.

David Lastra

Nota: ★★★½

Reseña Blu-ray: #SexPact (Blockers), la comedia sexual evoluciona

La tradición de la comedia sexual se remonta a los 70, década en la que el cine estalló en un frenesí erótico-festivo, y culminó en los 80 con la salidísima Porky’sEl género evolucionó y también se suavizó (acorde al puritanismo y la hipervigilancia que empezó a invadir la cultura audiovisual norteamericana), pero a finales de los 90 siguió dejándonos clásicos como American Pie, que aunaba la tradición del cine coming-of-age con la comedia verde. Aunque este tipo de películas han experimentado una transformación, incluso sofisticación, lo que apenas ha cambiado es que suelen narrar la revolución sexual de los personajes masculinos.

Esto está empezando a cambiar en el siglo XXI, donde cada vez tenemos más perspectivas femeninas de los géneros que tradicionalmente han estado dominados por el hombre (¿todos?). Sería el caso de #SexPact (cuyo título original es Blockers, en referencia a la expresión “cock blocker”, que se usa para describir a aquella persona que arruina a otros, a propósito o sin querer, la oportunidad de tener sexo), primera película como directora de Kay Canon, guionista nominada a tres Emmy de 30 Rock y de la saga musical Dando la nota. Canon le da la vuelta a la fórmula American Pie centrándose en tres chicas que hacen un pacto para perder la virginidad en la noche del baile de fin de curso.

Las adolescentes son Julie (Kathryn Newton), Sam (Gideon Adlon) y Kayla (Geraldine Viswanathan, toda una revelación), tres mejores amigas muy diferentes entre sí que desean atravesar al mismo tiempo el ritual de la primera vez. Sin embargo no lo tendrán fácil, ya que, tras enterarse por accidente del pacto de sus hijas, sus preocupados padres les seguirán los pasos y harán todo lo posible para impedir que sus inocentes niñas se entreguen a la vorágine del sexo y la perversión. Esto dará como resultado una noche de aventuras y loquísimos contratiempos tanto para las chicas como (sobre todo) para los sufridos padres.

En cuanto al humor, #SexPact no ofrece nada verdaderamente novedoso. La comedia, en la línea de las películas de la factoría Judd Apatow (en la producción están sus colaboradores habituales, Seth Rogen y Evan Goldberg, y su mujer, Leslie Mann, es una de las protagonistas), se apoya en la improvisación, los diálogos picantes y el gag escatológico, con un trasfondo muy emotivo y voluntad de retrato generacional. Entre litros de cerveza por el ano, orgías con los ojos vendados y cadenas de vómitos, el film nos habla de cómo el fin de una época tan importante como el instituto afecta tanto a los adolescentes como a sus padres, que se deben aceptar que ha llegado el día de verlos volar del nido. #SexPact tiene un argumento muy convencional, pero capta esta etapa de transición con sorprendente ternura y un acento femenino que aporta la frescura necesaria al género.

Hay que destacar especialmente a los tres protagonistas adultos, un divertidísimo John Cena (el famoso luchador se mueve con total confianza en la comedia), el marciano y siempre eficiente Ike Barinholtz (The Mindy Project), y por último, y por ello más importante, Leslie Mann, una de las actrices cómicas más infravaloradas del cine reciente, una mujer capaz de hacer reír y conmover profundamente con una mirada. La química que desprenden juntos y su relación con las protagonistas adolescentes otorgan un empaque emocional que eleva la película. #SexPact destaca entre otras cosas por tener a una adolescente queer, y manejar con mucho acierto y sensibilidad su salida del armario, y también por tratar con respeto, pero sin olvidar nunca el humor, el importante rito de paso de las protagonistas hacia la vida adulta. Esos son los detalles que hacen que #SexPact sea algo más que la típica comedia sexual.

Nota: ★★★½

Universal Pictures pone a la venta #SexPact en Blu-ray y DVD desde el 12 de septiembre. La edición en Blu-ray incluye un generoso apartado de contenidos adicionales que paso a detallar a continuación:

Escenas eliminadas: tres breves escenas de las que destaca una en la que las puertas de un ascensor no pueden cerrarse por culpa del gran trasero de John Cena.
Tomas falsas (2:39 min.)
Misión de rescate (5:15 min.): mini making of con imágenes del rodaje y entrevistas al equipo, incluyendo a los productores Seth Rogen, Evan Goldberg y James Weaver disfrazados de gallo (en referencia al “cock” censurado del título original).
El kit de supervivencia para padres adolescentes de John Cena (2:35 min.): el título lo dice todo, una especie de infomercial en el que Cena presenta los objetos imprescindibles para sobrevivir a la noche del baile de fin de curso de tus hijos.
Line-O-Rama (7:26 min.): selección de diálogos que muestran el trabajo de improvisación de los actores, y las múltiples líneas que pronuncian en una sola toma, de las que más tarde solo una entrará en la versión final.
La noche del baile (6:37 min.): otra featurette con entrevistas e imágenes tras las cámaras, esta vez centrada en las protagonistas femeninas y el rito del baile de fin de curso. Con el equipo compartiendo los recuerdos nostálgicos de su propia prom night.
Historia del sexo (2:06 min.): Ike Barinholtz hace un recorrido en clave de humor por la historia del sexo a lo largo de los siglos acompañado de secuencias animadas.
Chug! Chug! Chug! (3:20 min.): featurette centrada en la filmación de una de las escenas más memorables de la película, John Cena “bebiendo” cerveza por el ano.
Puke-a-Palooza (2:02 min.): otro divertido vídeo que profundiza en la técnica usada para crear y proyectar vómito. Incluye imágenes de los actores ensayando en la parte trasera del set con el aparato para vomitar.
Comentarios de la directora Kay Cannon.