Crítica: Star Trek – Más Allá

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En 2009, la longeva saga de ciencia ficción y aventuras Star Trek recibía un lavado de cara con un reboot capitaneado por el solicitado J.J. Abrams. Sin dejar de rendir homenaje y ser fiel a la Star Trek clásica, la nueva película y su muy notable secuela, Star Trek: En la oscuridad, conducían la propiedad creada por Gene Roddenberry hacia el campo de las superproducciones actuales para rejuvenecer la saga e insuflar nueva vida a sus populares personajes. Con la tercera entrega de esta etapa moderna (decimotercera en total), Star Trek: Más Allá (Star Trek Beyond), la franquicia continúa su evolución hacia el puro blockbuster veraniego de acción bajo la batuta de un nuevo director, Justin Lin, conocido sobre todo por la saga Fast & Furious, de la cual ha dirigido cuatro películas.

Como adelantaban los tráilers, el humor y el tono han virado hacia terreno Guardianes de la Galaxia (no es solo una ilusión de la campaña promocional, hasta hay una escena análoga al “dance-off” de Star-Lord, pero más a lo grande y con los Beastie Boys de fondo, una secuencia formidablemente vistosa pero algo fuera de lugar). Y como también era de esperar, Más Allá da más énfasis a la acción desmedida y el despliegue espectacular, lo que en este caso juega en detrimento de la estructura de la película y los personajes, que están puestos al servicio de la acción, y no al contrario, como ocurría en las entregas previas.

En este nuevo capítulo, la tripulación de la USS Enterprise es atacada por una avanzada alienígena en forma de colmena que destruye la nave y deja a los héroes atrapados en un planeta hostil, donde se enfrentan a un nuevo enemigo, Krall (Idris Elba), que amenaza con destruirlos a ellos y a la Federación por razones que solo él conoce (énfasis en esto, porque aunque él tenga muy claro su plan y podamos intuir de qué va la cosa, la mayor parte del tiempo no sabremos qué está haciendo o por qué). La separación de la tripulación al “naufragar” en el planeta facilita la creación de “parejas”, cuyas interacciones son la base de la mitad del metraje. Y si bien las combinaciones Bones-Spock, Kirk-Chekov o Uhura-Sulu nos dejan buenos momentos (la mayoría cómicos), el esquema general de la historia y la evolución de los personajes sufre por un tratamiento más ligero y superficial.

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Es decir, Más Allá antepone la acción y el humor facilón al verdadero desarrollo de sus personajes, con chistes a base de topicazos, frases lapidarias que hemos oído en infinidad de ocasiones (y que aquí suenan más vacías que de costumbre), y diálogos del montón. Así, Uhura (Zoe Saldana) queda relegada a un muy distante segundo plano, y hace (o dice) más bien poco durante la película; las interacciones entre Kirk y Spock (el núcleo emocional de las dos anteriores películas) se mantienen al mínimo, y a cambio Más Allá se convierte por momentos en una buddy film con el vulcano (Zachary Quinto) y McCoy (Karl Urban) como “la extraña pareja” de Star Trek, y el siempre simpático Scotty (Simon Pegg, del que esperaba más al guion) con la flamante nueva incorporación de la saga, Jaylah (Sofia Boutella), sin duda lo mejor de Más Allá. En este sentido, hay momentos divertidos aislados, pero en general falta cohesión, y aunque el reencuentro de los tripulantes y la puesta en marcha del plan contra Krall hace que el ritmo mejore, la visión global falla y huele a refrito, el villano flojea (Elba, como Oscar Isaac en X-Men: Apocalipsis, es otro actor de gran talento desaprovechado y sepultado bajo kilos de látex) y el guion funciona a base de una aturullada acumulación de momentos desconectados, multitud de guiños para los trekkies de siempre y set pieces que cuesta dar forma en la cabeza. El resultado es una película sin duda enérgica, pero visiblemente descentrada.

Ahora bien, si la analizamos como puro espectáculo y pasatiempo escapista, que parece ser la intención, Más Allá puede considerarse un éxito dentro de este género o modalidad del cine comercial. Es vertiginosa, es visualmente apabullante, los efectos digitales están muy por encima de la media (increíble la llegada a la base estelar Yorktown, la destrucción de la Enterprise o las batallas espaciales), y aunque la acción resulta excesivamente mareante, la película contiene imágenes para sacar los ojos de las órbitas y además funciona muy bien en los combates cuerpo a cuerpo, haciendo gala de un gran empaque visual y una contundencia física de la que la mayoría de aventuras hiper-digitales de hoy en día carecen -es decir, aunque lo digital lo domine casi todo, Más Allá no parece un videojuego todo el ratogracias en parte a su lealtad a los efectos de maquillaje y a la importancia del diseño de producción.

Pero claro, el despliegue técnico y visual y la diversión evasiva no lo es todo, como nos demostró Abrams con las dos anteriores películas (o con la nueva Star Wars, o Joss Whedon con Los Vengadores). Hace falta algo más, y Más Allá parece haber perdido lo que le había hecho conectar con los nuevos espectadores, suponiendo un paso atrás con respecto a sus predecesoras, para seguir el camino del blockbuster sin exigencias, del cine que no se molesta en ir “más allá” de su condición de evento. No hay nada de malo en una superproducción como esta, que ofrece aventuras sin pretensiones y sin engaños, y por suerte siempre nos quedará el buen hacer del excelente reparto (aunque aquí esté peor empleado) liderado por un segurísimo Chris Pine interpretando a un no tan seguro Kirk. Pero la decepción es inevitable si se busca ese “algo más”. Algo que sabes que puede darte, porque lo ha hecho anteriormente.

Pedro J. García

Nota: ★★★

Crítica: Fast & Furious 6

Fast & Furious 6 (Justin Lin, 2013)

Corría el año 2001 (que se dice pronto, pero ha pasado más de una década) cuando The Fast and the Furious, A todo gas en España, irrumpió con fuerza en la cartelera mundial, con una propuesta que combinaba coches tuneados, chicas en shorts y mucha acción desenfrenada. El éxito de la película original (un clásico del género lo queramos o no) desató una auténtica fiebre por el tuning y propició un gran número de secuelas. Resulta impresionante que una franquicia hollywoodiense como esta no solo no haya perdido fuelle en la box office con los años, sino que con cada entrega haya logrado alcanzar nuevos récords. Y así vamos ya por la sexta película, después de una quinta parte que logró convertirse en uno de los mejores estrenos de la historia del cine.

Los personajes que conocimos en la primera F&F interpretados por Vin Diesel y Paul Walker -Dominic Toretto y Brian O’Conner respectivamente- son ahora fugitivos de la ley. Llevan varios años saltando de un lado a otro del planeta, huyendo, escondiéndose, y ya de paso, desarmando carteles de droga o bandas traficantes de armas. Sin dejar nunca de aprovechar la más mínima oportunidad para competir en carreras callejeras ilegales. En Fast & Furious 6, los personajes han alcanzado un punto de inflexión en sus vidas -Brian y la hermana de Dom, Mia, son padres- y comienzan a sentir morriña por el hogar. El agente Hobbs -interpretado por Dwayne Johnson, La Roca-, que les puso las cosas difíciles en la anterior película, regresa con un trato: si la banda de Dom y Brian acaba con una organización terrorista de pilotos mercenarios que se extiende por el globo, todos recibirán el indulto y podrán volver a Los Ángeles.

Desde que Justin Lin tomara las riendas de la saga en Tokyo Drift (inexplicablemente Tokyo Race en España), y sobre todo desde el reboot que supuso Fast & Furious (2009),  F&F ha experimentado una gran transformación a lo largo de los años. Lo que comenzó como una película de acción de espíritu noventero sin demasiadas complicaciones ha derivado en una de las más ambiciosas franquicias del género testosterónico. Fast & Furious 6 refleja los cambios que ha sufrido la serie (usaremos el término en su sentido más televisivo) para esta segunda trilogía. La incorporación de The Rock en Fast & Furious 5 y las cada vez más espectaculares, nitroglicerínicas y desmadradas escenas de acción la alejan de sus inicios para acercarla a terreno Los Mercenarios.

Pero Lin no solo ha convertido F&F en una franquicia de acción absolutamente contemporánea, sino que ha entendido la importancia del vínculo entre el espectador y los personajes de una saga longeva, y ha sabido estrecharlo debidamente. Como si del último capítulo de una serie de televisión se tratase, Fast & Furious 6 reúne a todo el elenco (incluidos los muertos) y proporciona cierre -provisional- para todos los personajes, no sin antes rendirles homenaje a base de guiños y meta-referencias, y sacando en todo momento el mayor provecho de los elementos más familiares para el espectador que lleva ya 12 años con ellos. Al final, en F&F, lo más importante ya no son los coches, sino la familia.

Claro que la película no escatima en bólidos, velocidad y detonaciones. Lin completa un ciclo con Fast & Furious 6, sin duda la mejor de la saga, entregándose por completo a la acción más demencial, absurda y explosiva, convirtiendo a sus personajes en superhumanos -en esta película, vuelan, literalmente- y con la promesa de una tercera trilogía -sí, habéis leído bien, habrá Fast & Furious F 7, 8 y 9-, que sin lugar a dudas continuará por la misma senda, como indica la incorporación de Jason Statham como nuevo (y temible) enemigo de Dom, Brian & co. Que alguien vaya llamando a Bruce Willis para decirle que ya estamos listos para su cameo.