Crítica: Novitiate

Novitiate es el debut en el largometraje de Maggie Betts, directora norteamericana que ha contado con un elenco principalmente femenino para contar una sugerente historia de fe, entrega y deseo reprimido ambientada en uno de los puntos de inflexión más importantes de la Iglesia Católica, y del siglo XX.

La película transcurre en la década de los 60 y sigue a Cathleen (Margaret Qualley – The LeftoversDeath Note), una joven postulante a monja que desde pequeña decide prometerse a Dios, a pesar de la oposición de su madre (Julianne Nicholson). Su llegada al convento coincide con el Concilio Vaticano II, uno de los eventos históricos que transformaron el devenir de la religión católica al prohibir algunas de las costumbres más anticuadas de la iglesia. El film nos muestra los efectos de estos cambios en el convento, donde la estricta Madre Superiora (Melissa Leo) lucha por preservar la tradición, ocultando los nuevos decretos del Papa XXIII a sus postulantes y novicias.

Con enorme respeto y sensibilidad, Betts realiza un interesante, ocasionalmente apasionante, retrato de la vida de reclusión y sacrificio de las monjas, apuntando sin vicios maniqueos o sentencias fáciles a los problemas de una iglesia que, quizá, llevaba siglos entendiendo mal la manera de manifestar la fe y el sacrificio. La figura de la Madre Superiora, interpretada por una desmesurada y aterradora Melissa Leo, representa los valores estancados de una organización arcaica que creía fervientemente en el castigo corporal y llevaba el padecimiento de sus hermanas pecadoras hasta el extremo.

La juventud católica de los 60 viene representada por un sólido reparto de actrices a las que hemos visto sobre todo en series de televisión: Morgan Saylor, Dianna Agron, Liana Liberato, Maddie Hasson o Eline Powell acompañan a Qualley en su viaje de autodescubrimiento, personificando diferentes grados de compromiso con el noviciado: de la abnegación absoluta, que indica que entre ellas puede estar una futura Madre Superiora, a la laxitud, que lleva en varios casos al abandono por una vida mejor. En un principio, Cathleen pertenece al primer grupo, haciendo que destaque como una de las postulantes más prometedoras a ojos de sus maestras, pero su experiencia en el convento hará que se incline cada vez más hacia el segundo y llegue a plantearse si ya no está preparada para lo que ha querido toda la vida.

Dejando a un lado la imponente interpretación de Melissa Leo (que resulta memorable, pero como le suele ocurrir a la actriz, también se le va de las manos por momentos, cayendo en la sobreactuación), Novitiate es la confirmación del talento de Qualley, una joven promesa a la que vamos a ver mucho en los próximos años. Su trabajo dando vida a Cathleen, sus dilemas morales y encrucijadas personales, son el centro de una película delicada, introspectiva, contenida y, especialmente durante su clímax, muy intensa. Con un final que invita al espectador sacar sus propias conclusiones, Betts cierra un relato que no deja de ser sobre la adolescencia femenina, una historia de maduración enmarcada en un entorno atípico que magnifica los dolores del crecimiento.

Novitiate ya está a la venta en Blu-ray y DVD de la mano de Sony Pictures Home Entertainment. La edición en Blu-ray incluye los siguientes contenidos adicionales:

Comentario con la guionista/directora Margaret Betts
Escenas extendidas y eliminadas
Final alternativo
Conversaciones con el reparto

Crítica: Black Mass (Estrictamente criminal)

BLACK MASS

Sur de Boston, años 70. El agente del FBI John Connolly (Joel Edgerton) tiene un plan para acabar con la mafia italiana del lugar: contar con la estimable colaboración de James ‘Whitey’ Bulger (Johnny Depp), miembro de la mafia irlandesa que accede a convertirse en informante de Connolly para eliminar a su enemigo común. La alianza entre los federales y el mafioso se intensifica hasta volverse incontrolable, desencadenando la violencia y el crimen en la ciudad, arrastrando familias (de agentes y criminales) y convirtiendo a Whitey en el mayor capo de la zona, uno de los gángsters más salvajes y poderosos de la historia de Boston.

Con Black Mass, Scott Cooper (Corazón rebelde, Out of the Furnace) lleva el thriller clásico de mafiosos hacia un terreno más moderno sin sacrificar las características que lo definen. Cooper construye un drama elegante de diálogos impecables en el que, en lugar de imitar u homenajear el cine gángsters de los 90, conduce el género por un camino más estilizado y contemporáneo (el score de Junkie XL le da impulso en este sentido), recordando más a David Fincher que a Martin Scorsese. Los guionistas Mark Mallouk y Jez Butterworth (Al filo del mañana) optan por una mayor transparencia narrativa a la hora de contar la leyenda de Whitey Bulger, empleando el recurso del testimonio en flashforward a la policía para desgranar el relato de forma cronológica. Una opción que, lejos de simplificar el discurso o subestimar al espectador, le hace partícipe más directo de la historia y le permite seguirla con una claridad que no suele formar parte del cine sobre crimen organizado. Una muestra de que se puede hacer cine negro para un público más amplio.

Black MassPara tener poca experiencia tras las cámaras, Cooper dirige con el pulso y la confianza de un veterano, manteniendo una homogeneidad considerable tanto en el tono como en la atmósfera de la película. Black Mass es un trabajo gris, de gran intensidad, un film en el que la violencia te hipnotiza y los actores te sacuden. Y es que su apartado interpretativo es impecable. Cooper cuenta con un envidiable reparto de rostros conocidos secundando a los protagonistas: Benedict Cumberbatch demuestra una vez más su enorme versatilidad adoptando acento bostoniano para dar vida al hermano de Whitey (aunque, como de costumbre, roza la imitación, y por tanto la caricatura). Kevin Bacon y el ubicuo Corey Stoll no se dejan ver mucho, pero cumplen de sobra (a Stoll siempre es un placer verlo, y más si te lo encuentras de sorpresa, que es algo muy habitual). Peter Sarsgaard y Jesse Plemons desatan su excentricidad con dos secundarios memorables. Los personajes femeninos tienen poco peso en la historia, pero Dakota Johnson, Julianne Nicholson y Juno Temple se encargan de sacarle el máximo partido a su tiempo en pantalla, protagonizando algunas de las escenas más potentes e impactantes (la visita de Whitey al cuarto de la mujer de Connolly pone los pelos de punta). Y Rory Cochrane ofrece un magnífico y sutil recital de emociones, dejándonos los mejores primeros planos del film.

Por último, Depp se redime de los recientes pasos en falso de su carrera con un sorprendente y magnético trabajo en el que podemos ver cómo se va deshaciendo de sus tics para humanizar al personaje de forma ejemplar. Claro que, mientras el actor de Eduardo Manostijeras y sus intimidantes ojos claros de pupilas dilatadas se llevan toda la atención (como si estuviéramos contemplando a un Jack Nicholson más esforzado), es Edgerton quien aguanta estoicamente el peso de la historia, demostrando un talento que Hollywood no está sabiendo aprovechar. La interesante relación entre White y Connolly es el eje que vertebra Black Mass, y por suerte, Edgerton y Depp son los instrumentos mejor afinados de la película.

Valoración: ★★★½