‘Godzilla vs. Kong’ es un espectáculo impresionante que merece ser visto en cine

Por Pedro J. García

Desde que comenzó la pandemia, los grandes estudios de cine han aplazado sus estrenos más importantes a la espera de una vuelta a la normalidad. Pero ante la lentitud del proceso y la idea de que quizá el cine no vuelva nunca a ser lo que era antes de la crisis sanitaria, este año empiezan a llegarnos las grandes apuestas que quedaron en stand by, utilizando diferentes ventanas y estrategias comerciales en un panorama de incertidumbre y prueba y ensayo.

Un modelo que parece estar imponiéndose es el estreno simultáneo en salas y plataformas de streaming. Es el elegido por Warner Bros. para todas sus películas de 2021, que en Estados Unidos están llegando a los cines y a HBO Max a la vez. Sin embargo, en España -donde HBO Max todavía no ha aterrizado- por ahora sus lanzamientos están siendo exclusivamente en cines, tratando de atraer de nuevo al público a la oscuridad de la sala para experimentar en todo su esplendor los blockbusters que tanto hemos echado de menos en el último año.

Y es que no hay mejor manera de ver Godzilla vs. Kong, la nueva superproducción de Warner después de Wonder Woman 1984, un espectáculo de acción, destrucción y efectos visuales tan impresionante que requiere ser visto en una sala de cine, con una pantalla grande, sonido atronador y el asiento vibrando con cada golpe o estruendo de la película. Porque no importa que tengas el mejor sistema de cine en casa, no hay nada como la experiencia de vivirlo en una sala.

Godzilla vs. Kong es la cuarta entrega del MonsterVerse que Warner lleva construyendo, con mayor o menor tino, desde el estreno en 2014 del reboot de Godzilla. Después de la muy estimable Kong: La Isla Calavera (2017) y la igualmente ambiciosa, pero inferior Godzilla: El rey de los monstruos (2019), llega el evento que los fans de este monstruoso universo de ficción estaban esperando, el crossover definitivo y el enfrentamiento más épico que el cine nos tenía reservado para este año en el que las cosas no han salido como nadie había planeado.

El famoso kaiju y el gigantesco gorila se ven las caras en una película dirigida por el irregular Adam Wingard (Tú eres el siguiente, The Guest, Death Note), que en este caso pone su buen ojo para la estética y la acción al servicio de la maquinaria mayor de un gran estudio, con excelentes resultados. Decir que Godzilla vs. Kong es grande es quedarse corto. De hecho, cualquier calificativo se queda pequeño y no hace justicia al monumental y sensorialmente desbordante espectáculo que es.

La película retoma la acción poco después de la secuela de Godzilla. La organización Monarch tiene encerrado a Kong para protegerlo de Godzilla, que sigue merodeando desde el océano a la espera de una nueva oportunidad de enfrentarse a su mítico adversario. La única manera de resolver esta rivalidad ancestral es devolver a Kong a su hogar original, lo que lleva a sus protectores, liderados por Ilene Andrews (Rebecca Hall) y con la ayuda de Nathan Lind (Alexander Skarsgård) a iniciar un (literal) viaje al centro de la tierra con el titán, acompañados de Jia (Kaylee Hottle), una niña huérfana y sorda que ha desarrollado un vínculo especial con él.

Mientras, en la superficie, el dueño de Apex Industries, Walter Simmons (Demián Bichir), tiene planes distintos para utilizar los hallazgos de la Tierra Hueca con el objetivo derrotar a Godzilla. El trío formado por la adolescente Madison (Millie Bobby Brown), su amigo Josh (Julian Dennison) y el conspiranoico presentador de podcast Bernie (Brian Tyree Henry) se infiltran en las instalaciones de Apex para descubrir qué trama Simmons, descubriendo algo mucho más grande de lo que jamás imaginaron. Sus caminos convergen en Godzilla y Kong, que protagonizan no uno, sino varios enfrentamientos con consecuencias catastróficas tanto en el mar como en Hong Kong.

Ese es el argumento a grandes rasgos de Godzilla vs. Kong, pero creedme cuando os digo que eso es lo de menos, y que en realidad hay mucho más. No solemos ver estas películas por el guion, sino por la acción y las luchas a escala titánica. Y Godzilla vs. Kong se asegura en todo momento de que no falte nada de lo que los espectadores queremos de ella.

El crossover aprende de los errores de las anteriores entregas para pulir y perfeccionar una fórmula que aquí funciona a las mil maravillas. En lugar de aburridas tramas protagonizadas por los humanos menos interesantes del mundo, los personajes están siempre supeditados a la acción. Es decir, incluso cuando la película se centra en ellos, siempre tiene que ver con los monstruos. Aquí no hay espacio para el aburrimiento. Godzilla vs. Kong nos muestra a sus dos atracciones estrella desde el primer minuto y nos da acción sin descanso hasta el final, encadenando secuencias que dejan con la boca abierta y manteniendo en todo momento el ritmo de una historia que no decae y está llena de puntos álgidos y sorpresas.

Sí, el guion es caótico, enrevesado, absurdo, confuso… pero como decía, eso es lo de menos. Lo importante aquí es la acción y la diversión, y Godzilla vs. Kong no escatima en ninguno de esos departamentos, tanto es así que al final los fallos e incoherencias del guion o el villano genérico son fáciles de pasar por alto. La película tiene todo lo que los fans del género piden: peleas a escala descomunal, devastación, homenajes y reverencia al cine de kaijus, más mitología sobre los monstruos, imágenes de una belleza pocas veces vista en un blockbuster (aunque si habéis visto las anteriores, esto no os sorprenderá) y unos efectos visuales para quitarse el sombrero. El acabado visual es de los más impecables y consistentes que se han visto recientemente en este tipo de películas.

Godzilla vs. Kong es una auténtica locura, y lo digo en el mejor sentido de la palabra. No da tregua. Los enfrentamientos entre Godzilla y Kong son simplemente alucinantes, la película no deja en ningún momento de provocar asombro con sus imágenes y con su acción, proporcionando al espectador una experiencia cinematográfica lo más parecida a un viaje inmersivo al centro mismo del conflicto (la llegada a la Tierra Hueca es de lo más emocionante que he vivido en el cine en mucho tiempo). No solo está bien hecha, sino que alcanza otro nivel.

Godzilla vs. Kong es diversión en estado puro, una película de monstruos y catástrofes ejemplar y un acontecimiento digno de ver en pantalla grande. Cuando piensas que ya te lo ha dado todo, te sorprende con algo nuevo, sin miedo a agotar cartuchos, al contrario, poniendo toda la carne en el asador. Esta es la película del MonsterVerse que queríamos, un enfrentamiento increíblemente épico que nos hiciera vibrar en la butaca, que nos recordara la emoción casi infantil de vivir algo tan grande, ruidoso y espectacular en una sala de cine. Lo echábamos mucho de menos.

Nota: ★★

Hunt for the Wilderpeople, la (otra) joya de Taika Waititi

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Aprendeos bien el nombre: Taika Waititi. Porque os lo vais a encontrar muy a menudo y vais a querer recomendarlo correctamente. Este director neozelandés se ha convertido en uno de los talentos más prominentes y con más personalidad del cine reciente. Frecuentemente asociado a otro neozelandés notable, Jemaine Clement, Waititi empezó a despuntar como una de las fuerzas creativas de la serie de HBO Flight of the Conchords, marciana fusión de comedia y musical que asentaba las bases del estilo que ambos cultivarían (y pulirían) en sus siguientes proyectos. Waititi estrenaba en 2010 la aclamada Boy, pero no sería hasta 2014 cuando recibiría el reconocimiento internacional gracias a la revelación Lo que hacemos en las sombras, hilarante falso documental co-dirigido por él, de nuevo junto a Clement, que seguía el día a día de un grupo de vampiros en la tradición de The Office. La buena recepción del film en festivales y círculos de aficionados al cine fantástico aseguraron una secuela centrada en sus rivales licántropos, We’re Wolves, y terminaron de lanzar a Waititi como uno de los directores de mayor proyección del momento.

Tanto es así que en Hollywood se tenían que fijar en él, cómo no. Concretamente la todopoderosa Marvel, que fichó al director para ponerlo al frente de Thor: Ragnarok, la tercera parte de las aventuras del Dios del Trueno, que promete un llamativo cambio de estilo con respecto a sus dos antecesoras. Pero antes de comprobar cómo se las arregla un autor tan personal y hasta cierto punto extravagante como Waititi dentro de la maquinaria de Marvel, recuperamos la gran joya con la que sucedió a Lo que hacemos en las sombras, Hunt for the Wilderpeople, una de las mejores películas de 2016 que sin embargo no se estrenó en cines en España y había permanecido inédita en nuestro país hasta su reciente lanzamiento directo a Blu-ray y DVD, con el tontorrón subtítulo de A la caza de los ñumanos.

Era una tragedia que Hunt for the Wilderpeople no estuviera disponible en España, pero más vale tarde que nunca. Ya podemos disfrutar de esta encantadora y original película, que llega precedida de entusiastas críticas, ganadora de 14 galardones en festivales de cine y nombrada entre el mejor cine del pasado año por muchas publicaciones especializadas. Hunt for the Wilderpeople cuenta la peculiar historia de Ricky Baker (la fantástica sorpresa Julian Dennison), un niño de 12 años apasionado del hip hop que ha estado yendo de una casa de acogida a otra hasta parar en una granja en mitad de la nada, concretamente en la campiña neozelandesa. hunt-for-the-wilderpeopleAllí lo acogen la cariñosa tía Bella (Rima Te Wiata), su marido, el cascarrabias tío Hec (Sam Neill en uno de sus mejores papeles), y su nuevo perro, al que apoda muy apropiadamente Tupac. Cuando la tragedia azota a su nueva familia y amenaza con enviar a Ricky a otra casa justo cuando ha aprendido a apreciar su nuevo hogar, el niño decide huir al monte seguido de su tío. Debido a una serie de malentendidos, y por culpa de unas autoridades ineptas (descacharrante Rachel House como la trabajadora social Paula) y unos embrolladores medios de comunicación, Ricky y Hec se convierten en fugitivos de la ley. Tío y sobrino adoptivo emprenden una aventura por la naturaleza donde se toparán con personajes de lo más curioso (Rhys Darby, amigo y muso de Waititi, se lleva el mejor), con la que estrechará sus vínculos mientras aprenden a superar sus diferencias, y tras la que estarán dispuestos a hacer cualquier cosa para evitar que las fuerzas del orden los separen.

Hunt for the Wilderpeople es un delicioso y sorprendentemente conmovedor cóctel de comedia, acción y emoción protagonizado por dos actores en estado de gracia. Sam Neill conquista con un personaje huraño y retraído al que dota de gran humanidad, mientras que el joven Julian Dennison se convierte por méritos propios en uno de nuestros nuevos héroes del cine independiente. Ricky es la bomba, y observarlo desenvolverse en el campo, chocando con su tío y luchando por lo que cree conforma una de las experiencias más divertidas y enternecedoras del cine reciente. Si Hunt for the Wilderpeople es un trabajo tan extraordinario es gracias sobre todo a estos dos fabulosos personajes y su relación, pero también al talento como narrador y el estilo inconfundible de Waititi. El director imprime a la película un reconfortante aire de calidez, espontaneidad e inocencia, manteniéndonos alerta y constantemente involucrados con sus personajes a base de brillantes estallidos de humor, un acertado toque de realismo mágico y grandes dosis de emotividad.

Con un magnífico sentido del ritmo y la comedia, una historia ligera a la par que profunda, diálogos cargados de matices y una trepidante recta final que confirma la destreza todoterreno del cineasta (viendo esta película no sorprende que Marvel haya querido contar con él), Hunt for the Wilderpeople tiene bien merecida su reputación de gema oculta que merece la pena ser descubierta. Pon a Ricky Baker en tu vida, no te arrepentirás.

Hunt for the Wilderpeople, A la caza de los ñumanos ya está disponible en formato Blu-ray DVD, de la mano de Sony Pictures Home Entertainment.