Crítica: El regreso de Ben

Las relaciones materno/paterno-filiales siempre han sido una constante en el cine norteamericano, especialmente en el denominado indie. Pero en los últimos dos o tres años se han convertido en el tema favorito de cineastas, promesas del cine y actores veteranos con ganas de reafirmar su talento ante el público. Mujeres del siglo XXLady Bird, Wonder, Boy Erased, Beautiful Boy… Todas estas películas giran en torno a la figura de un adolescente y las dificultades que conlleva para su madre o padre criarlo y protegerlo. Lo más curioso es que estos títulos han formado una suerte de “colección” en la que muchas comparten intérpretes. Ocurre en la más reciente en sumarse al ciclo, El regreso de Ben (Ben Is Back), protagonizada por Julia Roberts (Wonder) y el it boy nominado al Oscar Lucas Hedges (Lady Bird, Boy Erased).

Es Nochebuena en casa de los Burns. La mañana transcurre con normalidad para todos hasta que algo le hace dar un giro de 180 grados. Ben (Hedges), el hijo mayor de Holly (Roberts), está esperando a su familia en el porche. Su madre le da la bienvenida entusiasmada, como cualquier madre que lleva meses sin ver a su niño, pero el resto de la familia observa con recelo el regreso del muchacho. Es un recibimiento feliz, pero insoportablemente tenso. Ben es drogadicto y debería estar en rehabilitación, pero su buen progreso le ha permitido volver a casa por Navidad. Aunque todo marcha sobre ruedas al principio, pronto queda claro para Holly que su hijo no está bien. Las siguientes 24 horas serán una prueba de resistencia y lealtad sin condiciones en la que Ben tendrá que enfrentarse a su pasado y Holly hará lo posible por salvar a su hijo de las garras de su enfermedad.

El nominado al Oscar a mejor guion por Un niño grande y padre en la vida real del protagonista, Peter Hedges, escribe y dirige este drama familiar que aborda la adicción y la recuperación con mucho tacto y franqueza. Por su temática, la película corre el riesgo de adentrarse en terreno telefilm de Antena 3, pero afortunadamente logra evitarlo gracias a un guion excelentemente construido, diálogos muy matizados, momentos de emotividad sincera y unas interpretaciones soberbias. En este tipo de historias es frecuente recurrir a la moralina y la lección fácil, pero Hedges es mucho más sutil a la hora de mostrar los efectos y consecuencias de la adicción. Su guion y dirección van desgranando la problemática progresivamente y sin prisas, haciendo que el pasado vaya recalando poco a poco sobre el presente, y dosificando la información inteligentemente.

En su recta final, el guion da un giro sorprendente mediante el cual el drama familiar se transforma en thriller. La última media hora de El regreso de Ben es un descenso a los infiernos en el que acompañamos a un adicto entrando en la boca del lobo y a una madre desesperada y aterrorizada en busca de su hijo. La tensión doméstica y emocional se convierte en suspense, y la película toca a su fin con un clímax sobrecogedor. Aunque acabe cayendo en lo obvio durante un desenlace algo efectista que en cierto modo empaña lo visto hasta ese momento, la película brilla la mayor parte del tiempo por su sutileza y honestidad, emocionando y angustiando, como antes decíamos, sin caer en la sensiblería.

Por supuesto, El regreso de Ben no funcionaría tan bien de no ser por las interpretaciones de sus dos protagonistas y el trabajo de sus estupendos secundarios (Courtney B. Vance, Kathryn Newton). Lucas Hedges sigue dando forma a personajes profundamente humanos con tanta fuerza como delicadeza, probando una vez más por qué es uno de los talentos jóvenes de Hollywood más a tener en cuenta. Pero si él está sobresaliente, lo de Julia Roberts es una clase magistral de interpretación. La mítica actriz de Pretty WomanErin Brokovich realiza uno de los mejores trabajos de su carrera en un papel que le permite hacer toda una demostración de su rango interpretativo. Roberts personifica a la perfección el desolador conflicto de la madre que ve impotente cómo su hijo se escapa de sus manos y siente toda la responsabilidad de salvarlo. En su rostro vemos alegría, amor, esperanza, miedo, desesperación, sobreprotección, éxtasis, resignación, dolor, ira, y todas las emociones que caben en 100 minutos. Un recital digno de todos los laureles.

El regreso de Ben te rompe por dentro y su recta final te deja con el corazón en un puño. Eludiendo las sobreexplicaciones y los mensajes simplistas de panfleto motivador, la película compone un retrato precioso y doloroso de una familia rota por la adicción intentando juntar las piezas de su vida. Volver a casa puede suponer un acto muy difícil, incluso poco recomendable según qué circunstancias, pero el regreso al hogar de Ben nos enseña que, a veces, allí es donde podemos encontrarnos y redimirnos.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: Agosto

AUGUST: OSAGE COUNTY

Crítica escrita por Daniel Andréu

Ha pasado ya mucho tiempo desde aquella Celebración (Thomas Vinterberg, 1998) constituyera uno de los ejemplos más recordados de los últimos años en este subgénero de “reuniones familiares con incómodos roces y oscuros secretos saliendo a la luz”. Aquella inauguración del movimiento Dogma 95 no fue la primera película de este tipo, y por supuesto no fue la última. Muchos han intentado acercarse a este lugar común con mayor o menor suerte, como el caso que nos ocupa: Agosto (August: Osage County, John Wells).

Cualquiera puede hacer una película con una temática similar, no debería ser propiedad exclusiva del cine independiente, pero si no eres capaz de hacer algo con naturalidad deberías dejarlo y probar otra cosa. Este consejo va dedicado a todo el equipo responsable de esta película, empezando por los hermanos Weinstein en la producción. Cuando un producto así se llena de actores hollywoodienses tan conocidos como Meryl Streep, Julia Roberts o Ewan McGregor entre otros, da la sensación de que han sido escogidos para cubrir las carencias con las que parte el proyecto. Efectivamente este es el caso de Agosto, y desgraciadamente ni Hollywood ni nadie es capaz de salvar el conjunto.

Sin haber visto o leído la obra original por la que la también autora del guión Tracy Letts ganó el premio Pulitzer, está claro que el problema viene de la raíz. La sensación que transmite la película durante todo su metraje es de tener un único y clarísimo objetivo, ser lo más indie posible. Aunque sea un mundo que también está lleno de mucha pose y falsedad, sí es cierto que ese tono es algo que a alguna gente le sale natural y a otra no. En Agosto no hay naturalidad ni relajación en ningún momento, cada plano y cada momento están subrayando lo falsamente minoritaria que pretende ser y se olvida de todo lo demás. Sin desvelar nada al lector, ese secreto familiar mil veces visto en otras películas que se ve venir desde el principio y que provoca la mayor crisis de la película, me parece que es motivo de peso para darles una buena colleja a la guionista y a los productores del film.

AUGUST: OSAGE COUNTY

No existe ningún personaje creíble y es culpa del guión, que basa su supuesta efectividad en a ver quién suelta el secreto más gordo, a ver quién provoca la situación más incómoda o a ver quién vive el momento más épicamente dramático. Los pobres actores hacen lo que pueden con sus personajes y realizan un buen trabajo. Julia Roberts (con sus labios-salchichas) demuestra por enésima vez algo que ya no hace falta, que es una buena actriz; Ewan McGregor (con sus omnipresentes dientes) sigue despistando al personal yendo entre las interpretaciones más sosas y las más vivas, como la de esta película; y el resto mantiene el nivel pero sin dejar ese tono caricaturesco que lastra el trabajo actoral en conjunto. Es el mayor fallo de una adorable Juliette Lewis, que sin embargo queda ensombrecido por el exceso de Meryl Streep. A esta señora hay que adorarla, y está claro que se tira un pedo y le sale una interpretación como la de Agosto, pero llega a ser realmente incómodo ver cómo se esfuerza tantísimo en poner caras y ser lo más excéntrica posible. A veces no se sabe si es una actriz o un payaso buscando la tontería más extrema.

La sensación que deja la película es de ser un gran “quiero y no puedo”. Al igual que Coldplay no hacen rock alternativo o Haruki Murakami no hace literatura para las minorías, Agosto no constituye película indie. Por suerte, el espectador se podrá refugiar en que el film no llega a traspasar la línea entre lo agradable y lo molesto, y en que resulta realmente entretenida a pesar de sus diversos fallos.

Valoración: ★★★