Crítica: Ant-Man y la Avispa

Todavía no nos hemos recuperado de Vengadores: Infinity War y ya tenemos aquí la nueva entrega del Universo Cinematográfico MarvelAnt-Man y la Avispa (Ant-Man and the Wasp). La primera parte es una de las películas de menor calado del estudio, pero también una de las mejores. Ant-Man se estrenó justo después de Vengadores: La era de Ultrón y funcionó como respiro entre aquella y el siguiente gran crossover, Capitán América: Civil War. Y su secuela llega para cumplir el mismo papel en la Fase 3, relajar a la audiencia antes de la llegada de la esperadísima (y seguramente mucho más épica) Captain Marvel y el gran final, Vengadores 4.

Mucho se ha especulado sobre el rol que Ant-Man y la Avispa desempeñaría de cara a Vengadores 4 y su lugar en la cada vez más abarrotada línea temporal de Marvel. Pues bien, la película de Peyton Reed transcurre antes de los acontecimientos de Infinity War y en su mayor parte es independiente del arco central del MCU, con el que entronca al final. Lo que tenemos aquí es otra aventura de Scott Lang (Paul Rudd), esta vez con la Avispa de Hope Van Dyne (Evangeline Lilly) compartiendo protagonismo (es la primera vez que un personaje femenino figura en el título de una película de Marvel), y poco más. Es decir, no se trata de una película llena de cameos y giños para potenciar la continuidad y la interconexión de este universo. Y mejor así.

Después de su participación en Civil War, Scott debe lidiar con las consecuencias de sus actos en forma de arresto domiciliario. Los días pasan lentamente y las visitas de su hija, Cassie, lo mantienen ocupado y feliz durante su condena. A pocos días de quedar libre, Hope y su padre, Hank Pym (Michael Douglas) regresan a su vida y le encargan una urgente misión: ayudarles a encontrar a Janet Van Dyne (Michelle Pfeiffer), con la que el Hombre Hormiga estableció una conexión sensorial durante su peligrosa incursión en el reino cuántico. La tarea de traer de vuelta a la madre de Hope y mujer de Hank se complica con la aparición de un nuevo enemigo, Fantasma, y los trapicheos del malvado diseñador de armas Sonny Burch (Walton Goggins).

Ant-Man y la Avispa es una continuación orgánica de la primera entrega, mucho más relajada y ligera que la mayoría de películas del Universo Marvel. Pero también la menos memorable en un tiempo. Se agradece de nuevo el cambio de aires con una aventura de dimensiones más abarcables y mucho menos en juego, donde lo que está en manos de los héroes no es el destino del universo, sino el suyo propio y el de su familiaAnt-Man y la Avispa es divertida y tiene corazón, y aunque a estas alturas, decir esto sobre una película de Marvel es como no decir nada, no debemos subestimar el valor de una película de aventuras bien hecha solo porque no sea tan grandiosa como otras. Dicho esto, la secuela no es imprescindible, sus chistes son menos ingeniosos que la primera vez y su trama está menos trabajada, lo que hace que se desvanezca rápidamente.

Ahora bien, Marvel ha perfeccionado de tal manera su forma de hacer cine que, aun siendo una entrega menor, Ant-Man y la Avispa cumple con lo que se espera del estudio y viene genial después de la abrumadora Infinity War. Reed utiliza los poderes de sus héroes (manipulan su tamaño, así como el de la materia a su alrededor) para componer escenas de acción cargadas de humor y con efectos visuales excelentes que, si bien no llegan al nivel de inventiva de la primera parte (nada aquí está a la altura de la pelea en el maletín o el clímax en la habitación de Cassie), resultan muy vistosas, ágiles y divertidas. Esta es quizá la película de Marvel en la que la panificación y el montaje están más refinados, sacando provecho de cada vez que un personaje reduce o aumenta su tamaño para impulsar la acción o hacer reír.

Pero sin duda, lo mejor de Ant-Man sigue siendo su protagonista, Scott Lang, uno de los héroes más encantadores del Universo Marvel. Evangeline Lilly está estupenda como la Avispa, y de hecho, Hope es quien lleva las riendas del film (ya era hora de que un personaje femenino pasase al frente), pero es Paul Rudd (siendo Paul Rudd) el que se lleva el gato al agua. Otra vez. También hay que mencionar a Michael Peña, que vuelve a conquistar con su entusiasmo, naturalidad e irresistible sentido del humor (sus resúmenes a la velocidad de la luz siguen siendo tronchantes). Y por supuesto, Michael Douglas (más desatado que en la primera) y la mítica Michelle Pfeiffer, que sale poco (contábamos con ello), pero qué placer y privilegio es verla siempre. Finalmente, después de dejarnos traumatizados con Thanos, Marvel vuelve a su tradición de los villanos desaprovechados y olvidables, con un grupo de malhechores de lo más insulso, más propios del malo de la semana en una serie de televisión.

En resumen, Ant-Man y la Avispa es una disfrutable comedia de acción que se sostiene por sí sola a la vez que encaja perfectamente en los planes del universo de ficción al que pertenece (la impactante primera escena de los créditos finales conecta directamente con Infinity War, como era de esperar). Aunque no es tan creativa como la primera y su trama resulta menos interesante (la pseudociencia se va de las manos y es fácil desconectar con la historia), son sus simpáticos personajes, y los pequeños momentos que protagonizan, lo que hace que resulte tan refrescante y nos deje una sonrisa en la cara.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Crítica: Wilson

wilson

El terreno de las adaptaciones cinematográficas de cómics está ocupado casi enteramente por los superhéroes. Marvel y DC dominan el panorama de tal manera que cuando hablamos de una película basada en un cómic, inmediatamente nos viene a la mente un vigilante enmascarado o con capa. Pero lo cierto es que hay vida comiquera más allá de los superhéroes, y gran parte del público lo descubrió en 2001, con la llegada de una de las mejores adaptaciones de tebeo de la historiaGhost World, dirigida por Terry Zwigoff a partir de la novela gráfica (y guion) del autor de culto Daniel Clowes. Esta película, nominada al Oscar a mejor guion, puso algo de manifiesto: los cómics no-superheroicos también son una gran fuente de ideas para el cine. Con el tiempo, el reinado de Marvel Studios dejó poco espacio para este tipo de películas, pero de vez en cuando aparece una que nos recuerda que no todo forma parte de un universo cinemático: American SplendorScott Pilgrim vs. el mundoPersépolisLa vida de Adèle, y ahora Wilson.

Wilson supone el regreso de Daniel Clowes a las labores de guion de largometraje, diez años después de la fallida El arte de estrangular (Art School Confidential), con la que intentó repetir en vano la jugada de Ghost World. Basada en su propio cómic del mismo título publicado en 2010, esta comedia nos da la bienvenida de nuevo al mundo según Clowes, visto a través de esa lente cínica, deprimente y sin embargo divertida que siempre ha definido su obra gráfica. La película cuenta la historia de un hombre solitario y neurótico (Woody Harrelson) que busca contacto humano en una sociedad completamente inmersa en la vida 2.0 y es percibido como un lunático cuando intenta entablar conversación con extraños. El anhelo de los viejos tiempos lleva a Wilson a reconectar con su ex mujer, Pippi (Laura Dern), con la que se embarca en una aventura suburbana para conocer a su hija adolescente (Isabella Amara), a quien ella dio en adopción, y así hallar un propósito, quizá hasta la felicidad.

wilson-poster-espanolLa crítica a la sociedad hiperconectada que Clowes efectúa aquí nos desvela a un hombre que se ha quedado en cierto modo estancado en el cambio de milenio, algo que perjudica gravemente a la película. Esa misantropía propia e indivisible al autor resulta ya anticuada, sobre todo en el medio cinematográfico (el cómic aporta una cualidad intemporal que hace que esto no resulte tan grave), haciendo que Wilson parezca más bien una película de hace 10 años. Esto impide que el film vaya más allá de la superficie, quedándose en lo genérico, en lo convencional, en la crítica fácil y el síndrome “Anciano le grita a una nube” (por mucho final feliz que haga ver las cosas de otra manera). La capacidad de observación del comportamiento social sigue siendo uno de los puntos fuertes de Clowes, pero en Wilsonesa voz cáustica y melancólica que encontramos en sus novelas gráficas se pierde en favor de los clichés del cine indie (de los que sabe mucho el realizador de la película, Craig Johnson, director de The Skeleton Twins).

Afortunadamente, Wilson posee varias cualidades que la redimen, en especial algunos pasajes cómicos que sobresalen por encima del conjunto (Wilson intentando ligar en el supermercado, la escena junto a character actress Margo Martindale), pero principalmente sus dos protagonistas. Harrelson habita por completo la piel de Wilson, y a pesar de cierta inconsistencia tonal a la hora de construir el personaje (a veces humano, a veces caricatura), consigue hacer más llevadera una película en la que tampoco ocurre nada especialmente destacable, haciendo de su excentricidad y su honestidad brutal la mayor arma contra la indiferencia. Claro que ahí está la gran Laura Dern ejerciendo de contrapunto, algo más estable y cuerda (aparentemente), pero con esa divertida volatilidad que caracteriza siempre a la actriz (sin olvidar a la eterna secundaria Judy Greer, una institución indie en sí misma). Harrelson y Dern hacen que Wilson funcione a pesar de todo, pero ni el carisma indudable de estos dos intérpretes es suficiente para que, una vez finalizada la película, esta se desvanezca de la memoria como si la hubiéramos visto en 2009.

Pedro J. García

Nota: ★★½

Crítica: Grandma

grandma

Todos sabemos que sobrevivir en Hollywood siendo una actriz de más de 40 es toda una odisea. Llegar a los 50 y seguir estrenando películas todos los años es una hazaña que solo unas pocas logran. Y si las estrellas de cine de más de 60 que forman parte de la “A-List” se pueden contar con los dedos de una mano, imaginaos lo difícil que es haber superado los 75 y seguir trabajando en la meca del cine. Es el caso de Lily Tomlin, veterana actriz y comediante que está viviendo su gran año en 2015, después de 45 de carrera artística. Son pocas las oportunidades que el cine y la televisión dan a las actrices de su edad para encabezar proyectos, y este año Tomlin ha destacado en dos. La serie de Netflix Grace and Frankie, donde comparte protagonismo con otra alegre setentañera, la espléndida Jane Fonda, y la película que hoy nos ocupa, Grandma.

Ambas ficciones sirven para reivindicar y celebrar a la tercera edad en la ficción audiovisual. La serie lo hace en forma de sitcom fresca y picante sobre dos amigas que se enfrentan al capítulo tardío de sus vidas como un nuevo comienzo, y la película como una dramedia independiente sobre los errores y las decisiones que dan forma a nuestra vida, que parecen haberse marchado y vuelven llamando a la puerta. Es decir, mientras Grace and Frankie mira hacia el futuro, Grandma es un recorrido por el pasado. Y en ambos casos, Tomlin es lo más destacable. No en vano, el director de la cinta, Paul Weitz (American PieUn niño grande), prepara el escenario para el total y absoluto lucimiento de la actriz, que acepta el reto con determinación. Tomlin conmueve, hace reír, irrita y fascina con un personaje divertido, imperfecto y profundamente humano, uno sin duda hecho a su medida.

CartelCine GRANDMA.inddPero Grandma no solo da visibilidad a las mujeres de más de 70 años en el cine, sino que aporta su granito de arena para mejorar la representación en el cine de la homosexualidad durante la tercera edad (lo mismo que hace precisamente Grace and Frankie en la tele con los hombres). Aunque nos gustaría no tener que resaltarlo, el hecho de que la protagonista de la película sea una abuela lesbiana y su orientación no sea solo un accesorio supone toda una osadía que agradecemos, y que Weitz trata con total respeto y naturalidad. Pero eso no es todo. Grandma también aborda un tema controvertido como el embarazo adolescente, y lo hace sin atisbo de moralina o adoctrinamiento, con honestidad, inteligencia, incluso frialdad. Veamos. Después de romper con su novia (la omnipresente Judy Greer), Elle (Tomlin) recibe la inesperada visita de su nieta Sage (Julia Garner), que necesita reunir 600 dólares para un aborto antes de que acabe el día. Elle está en bancarrota, así que dedica el día a buscar el dinero junto a Sage, reclamando favores y visitando amigos y amantes del pasado en lo que se convierte en una especie de road movie suburbana. Es una premisa sencilla pero contundente que da como resultado una pequeña gran película.

Conocer, descubrir y acompañar a la excéntrica y volátil Elle en su viaje por el pasado supone una experiencia llena de descubrimientos y secretos desenterrados en la que no se esquiva la amargura y la tristeza que conlleva dicho ejercicio regresivo, pero que por encima de todo constituye una película dulce, amable, y a ratos conmovedora. Grandma es un estupendo retrato generacional que nos habla por encima de todo de lo difícil que es ser madre y ser hija (fantásticas tanto la adolescente Julia Garner como la infalible Marcia Gay Harden) e ilustra con elocuencia el momento en el que el rencor entre generaciones se convierte en perdón.

Valoración: ★★★½

Crítica: Hombres, mujeres y niños

MEN, WOMEN, AND CHILDREN

Hombres, mujeres y niños es ya el sexto largometraje en menos de una década del director de JunoUp in the Air, Jason Reitman. Después del traspiés de Una vida en tres días (repudiada por el propio realizador y reivindicada por un servidor), Reitman lleva a cabo su Short Cuts particular, una dramedia multigeneracional con reparto coral que sigue la vida diaria de varias familias en la era de la hiperconectividad. En ella traza un retrato de nuestros días caracterizado por la sumisión absoluta del ser humano a Internet y la consecuente deshumanización de la sociedad, convertida en una masa de zombies del wi-fi, entes desangelados que existen y se desplazan hundidos en las pantallas de sus smartphones. Tal es la insistencia de Reitman en este mensaje que, más que una adaptación de la novela Men, Women and Children de Chad Kultgen, su film parece la versión cinematográfica de esta foto/meme.

Reitman compone un fresco 2.0 de historias que nos vienen a alertar de los diversos peligros de vivir en las redes sociales, y lo hace catalogando las diferentes patologías relacionadas con este problema en un ecléctico conjunto de personajes: adolescentes enganchados a la red que han perdido la capacidad para comunicarse en el MR (Mundo Real), un chaval (Ansel Elgort) adicto a un juego de estrategia online (MMORPG) que se preocupa más de su avatar que de su propio futuro, una madre (Jennifer Garner) que controla todos los pasos que da su hija en el ciberespacio para protegerla de los horrores que acechan, otra madre (Judy Greer) que prostituye a su hija en páginas de pago para costearle el sueño de Hollywood que ella nunca fue capaz de realizar, o un matrimonio (Adam Sandler y Rosemary DeWitt) que ve cómo su libido ha desaparecido por completo y decide buscar refugio por separado, primero en páginas pornográficas y más tarde en webs de contactos.

Hombres mujeres y niñosNo es que la tesis tecnofóbica sobre la vida moderna que Reitman enarbola con Hombres, mujeres y niños esté precisamente infundada. Los ejemplos citados en el párrafo anterior, a pesar de estar construidos como arquetipos exagerados o incluso alegorías, son tan increíbles-pero-ciertos como Kim Kardashian. La presión escolar, la desidia y la apatía de las nuevas generaciones, los efectos secundarios de consumir compulsivamente pornografía en Internet (que ya nos ilustró Joseph Gordon-Levitt en Don Jon), la confusión de los padres que no saben cómo educar a unos hijos que simplemente no existen fuera de su “segunda vida”. Todo eso es un problema, y además uno muy grave, de acuerdo, pero debe haber formas menos irritantes y más efectivas de hacernos llegar el mensaje que este panfleto aleccionador que parece diseñado para mostrar a los niños después del colegio, o sea, uno de esos “afterschool specials” tan arraigados en la cultura yanqui.

Ni las estimables interpretaciones de un excelente reparto de habituales del indie (más Adam Sandler de nuevo en un papel serio, donde debería quedarse para siempre), ni el buen hacer de un grupo de jóvenes actores rebosantes de talento y potencial (Olivia Crocicchia, Kaitlyn Denver, Elena Kampouris), ni siquiera la voz de Emma Thompson (la narradora), son baza suficiente para que pasemos por alto la flagrante sobredosis de moralina de la película y consigamos sentirnos identificados (grave teniendo en cuenta lo familiar que nos debería resultar todo). Hombres, mujeres y niños es un sermón de dos horas en el que Reitman (que es demasiado joven para estar dándonos ya estas lecciones tan condescendientes) elabora un discurso demagógico y recurre a trucos baratos de melodrama televisivo para respaldar su reduccionista doctrina. Esta suerte de fábula moderna con voluntad pedagógica está totalmente desprovista de áreas grises y propone una solución simplista a los problemas planteados: desenchufar el router. Pero nosotros, en lugar de hacerle caso al profe, lo que hacemos es meternos en Facebook a ponerlo a caer de un burro. Porque es lo que se merece.

Valoración: ★★