No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas [Reseña Blu-ray]

¿Qué es el karma sino una excusa para esconderse debajo de las sábanas y no afrontar los problemas? Eso es, excusas. Baratas. “Todo me sale mal”, “¡¿Qué he hecho yo para merecer esto?!”. Probablemente, el universo no te ha echado mal de ojo, sino que tú tienes la culpa (o parte de ella) de los infortunios que te hacen sentir la persona más desdichada del planeta (newsflash: no lo eres). Despierta, espabila y coge la vida por los cuernos (o mejor por los huevos), porque solo tienes una y malgastarla es de ser gilipollas de remate.

Esta es una de las lecciones que nos da No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas, comedia romántica española dirigida por María Ripoll (Lluvia en los zapatos, UtopíaAhora o nunca) y protagonizada por Verónica Echegui, Álex García, David Verdaguer, Alba Galocha, Cecilia Freire, Elvira Mínguez y Jordi Sánchez. Se trata de la adaptación al cine de la novela homónima de Laura Norton, uno de los mayores éxitos editoriales de los últimos años en nuestro país, cuyo guion corre a cargo de Carlos Montero (Física o química, autor de los libros Los tatuajes no se borran con láserEl desorden que dejas) y Breixo Corral (Tres bodas de más, Anacleto: Agente Secreto). Y que llega en un momento de esplendor para la comedia romántica española.

No culpes al karma nos lleva a Malasaña, el barrio moderno por excelencia de Madrid, para introducirnos en el desesperado y caótico mundo de Sara (Echegui), una chica soñadora pero apocada y proclive a que se le tuerzan las cosas desde que era una adolescente atolondrada con gafas. Ante la llegada de su novio (Verdaguer), que lleva un año fuera, Sara hace planes para que todo salga perfecto, sin embargo, su vida se convertirá en un caos absoluto por culpa de su familia. Unos padres que deciden divorciarse en el peor momento para ella y una hermana menor (Galocha) que anuncia su boda con el irresistible Aarón (García), un famoso cantante que resulta ser el amor del instituto de Sara. El piso de la joven se convertirá así en un centro neurálgico de confusión e inestabilidad, una casa de locos en la que Sara intentará en vano poner orden mientras se pregunta qué ha hecho para que todo le pase a ella.

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Como decía, No culpes al karma es una rom-com de manual, una archiconocida historia de amor (loco) que celebra el género al que pertenece pasando por todos y cada uno de sus lugares comunes, a la vez que añade pinceladas de humor picante y escatológico que la convierten en un producto de nuestro tiempo, una visión más gamberra y descarada del cine romántico, acorde con lo que se está haciendo tanto en Estados Unidos como en nuestro país. Ahora bien, bajo la apariencia superficial y frívola de la película nos encontramos con un poso de realidad que también es ya habitual en los relatos urbanos protagonizados por jóvenes, un contexto de crisis, desengaño y confusión en el que los protagonistas andan perdidos, buscando su lugar en el mundo, tratando de mantener las relaciones y luchando por un futuro profesional que parece una utopía (Sara regenta una tienda de plumas, sea lo que sea eso). Es decir, muy a su manera, No culpes al karma también reflexiona sobre la generación perdida (aunque al final se le olvide), y lo hace, muy oportunamente, ubicándola en el barrio de Malasaña, escena hipster donde las haya que la película retrata con acierto, con sus tiendas artesanas, sus plazas con terracitas, sus noches de jarana, sus calles llenas de vida y su tontería supina.

Con un reparto entregado, que evidentemente se lo está pasando en grande (en especial Echegui, muy comprometida con la comedia y el humor físico), y del que destacan los secundarios, en especial el veterano Jordi Sánchez como el padre-niño de Sara, No culpes al karma se puede definir  como una feel-good movie en toda regla, una comedia de enredos vitalista y ligera (como una pluma) con el sempiterno triángulo amoroso, abundantes momentos ridículos (las escenas del zoo y el desfile de moda se llevan la palma), humor histriónico, slapstick y números musicales (sin duda lo peor de la película), un cóctel moderno y con buena presentación estética (destaca la colorista dirección artística) que se propone sacar diversión de las situaciones más desastrosas y humillantes para dejarnos un clásico mensaje optimista: “La vida merece la pena por estos momentos pequeños”.

karma-bdSony Pictures Video pone a la venta No culpes al karma de lo que te pasa por gilipollas en Blu-ray y DVD. El Blu-ray contiene un montón de extras. Y cuando digo “un montón”, no exagero:

Un making of de más de 20 minutos en el que se puede comprobar lo divertido que fue el rodaje; abundante material promocional extraído de diferentes cadenas de televisión; Spots, tráilers, tomas falsas; Un gran número de secuencias eliminadas y extendidas; el videoclip del tema central de la película, “Cada vez”, interpretado por Álex García; “Repartiendo karma”, apariciones en televisión del equipo de la película; y reel de fotos.

Crítica: Cuerpo de élite

Tres hombres, un catalán, un vasco y un madrileño, se pierden en la selva y son capturados por unos caníbales… Un madrileño entra en un bar en Barcelona y pide una caña… Esto va un andaluz y le pregunta a su amigo catalán… Murcia. Los chistes regionales han existido desde el principio de los tiempos y nunca nos abandonarán. Su éxito popular se basa en una ¿acertada? mezcla de tópicos racistas, machistas, homófobos y en su corta duración. Esa pequeña dilatación en el tiempo y la rapidez a la hora de contarlo son dos aspectos clave para que el chiste regional funcione. De esa manera, se podrán despertar los instintos primarios (de australopithecus ni más ni menos) del receptor, impidiendo que este analice la gracieta de manera objetiva y/o civilizada. Son golpes humorísticos que subrayan las supuestas diferencias de filosofía y comportamiento entre los múltiples territorios autonómicos y marcan de manera taxativa la visión exterior de sus oriundos en el resto del territorio.

Estos chistes regionales han protagonizado grandes momentos en reuniones familiares y/o escolares, y aunque el arte de contar un chiste haya pasado un poco de moda (este tipo de humoristas ya no tiene cabida en televisión y la edad de oro del monólogo terminó de una vez por todas) ha sabido reconvertirse en un subgénero cómico en sí mismo. De un par de frases que se jactaban de la tozudez vasca y el gracejo andaluz, hemos pasado a una saga de películas taquilleras que tienen como base ese tipo de chistes. La fórmula funcionó tan bien que se ha convertido en la moda actual de la ficción española. Tanto en televisión como en cine, se explota ese aspecto tan español que es el humor basado en tópicos con cierto toque caca, culo, pedo, pis. Mientras nos mantenemos a la espera de la tercera parte de la saga Ocho apellidos vascos, llega a nuestras pantallas Cuerpo de élite, la comedia regional de la temporada, ideada por Adolfo Valor y Cristóbal Garrido (guionistas de Promoción fantasma y El club de los incomprendidos).

Partiendo de una premisa similar a la de Amanda Waller, este equipo intenta reunir lo mejorcito de las fuerzas y cuerpos de seguridad para hacer frente a una supuesta amenaza terrorista. Un excelente punto de partida para realizar la comedia regional definitiva. Un ertzaintza aburrido entre papeles tras el cese de hostilidades de ETA, un mosso de esquadra especialista en negociaciones, una guardia civil andaluza religiosa, un legionario ecuatoriano más español que la cabra de la susodicha fuerza militar y un agente de movilidad madrileño tan íntegro en su trabajo como machista en sus quehaceres diarios. En esta andadura, les acompañan una científica murciana gangosa, un técnico gallego indeciso y dos políticos. Ya tenemos los jugadores, ahora la aventura. Tras la creación de este grupo de especialistas, empezamos a entrever que algo huele a podrido en el gobierno estatal. Comienza entonces un juego de dobles caras, grandes giros, sorpresas, personajes resucitados y un final explosivo. ¿Estamos entonces ante la gran película de gags regionales? No, rotundo.

El guión del tándem Valor-Garrido es una sucesión de chistes alargados y sin gracia. Únicamente algún que otro momento destacable se cuela a lo largo de la cinta, especialmente la recreación del momento en que Esperanza Aguirre arrolló la moto de un agente de movilidad o algún que otro momento políticamente incorrecto relacionado con ETA. Este humor acartonado lastra (y se alimenta de) el ritmo de la película. Joaquín Mazón (Con el culo al aire, Allí abajo) no logra que su película fluya en ningún momento, dando la sensación de avanzar a bandazos, mediante una concatenación de momentos de relleno para que el ‘one punch line’ de turno llegue. El verdadero drama viene cuando ese chiste no tiene ninguna gracia.

Pero el mayor crimen de Cuerpo de élite es desperdiciar al ‘dream team’ del humor televisivo en España de las últimas dos décadas: Joaquín Reyes y Carlos Areces de La hora chanante y Muchachada nui, Silvia Abril de Homo Zapping y Andoni Agirregomezkorta de Vaya semanita. Verdaderos iconos del humor absurdo, injustamente desaprovechados (una vez más) en la gran pantalla. Completan la terna de cómicos malgastados Jordi Sánchez (La que se avecina, Plats bruts), Vicente Romero (Con el culo al aire), César Sarachu (Camera Café), Miki Esparbé (Divendres) y Pepa Aniorte (Los Serrano). Una vez más, Areces vuelve a ser de lo más salvable como Ministro del Interior, aunque sea repitiendo su registro de malvado que tan bien le funcionó en Anacleto. Agente secreto. Pero si hay alguien que destaca especialmente esa es María León. Ganadora de un Goya por hacernos llorar de lo lindo en La voz dormida, ratifica su título de mejor actriz cómica del año (realmente ya lleva unos cuantos siéndolo) y se especializa en brillar en películas fallidas (como ya hizo en Rey gitano). León es la única que sabe coger el punto al tópico que le corresponde. Su guardia civil andaluza, muy religiosa y visceral tiene algún que otro momento gracioso, aunque su personaje termine reducido a lo que justamente critican en varios momentos de la película.

A pesar de contar con todos los ingredientes, este Escuadrón Suicida patrio no logra salvar la papeleta, ni mucho menos dignificar la comedia española actual. Otra oportunidad perdida.

David Lastra

Nota: ★★