Crítica: Vacaciones

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En España, la saga National Lampoon’s Vacation no goza de la popularidad que sí tiene en Estados Unidos, donde desde su lanzamiento en 1983 ha generado numerosas secuelas que se han extendido hasta la actualidad. La comedia escrita por John Hughes y dirigida por Harold Ramis se tituló en nuestro país Las vacaciones de una chiflada familia americana (quizá ahí está la razón de que no se instalase en nuestro imaginario colectivo como sí lo hicieron otras comedias de los 80), y fue uno de los trabajos que lanzó al estrellato a Chevy Chase, que participó en todas las entregas posteriores menos una TV movie a modo de spin-off en 2003. Después de su turbulento paso por Community y su desprecio público hacia la ficción televisiva, Chase regresa al cine por todo lo alto (no) para entregar el relevo de la franquicia Lampoon a Ed Helms en su nueva secuela, titulada simplemente Vacaciones (Vacation).

Helms se está labrando una carrera en el cine como uno de los rostros más reconocibles de la comedia Rated R, y en Vacaciones continúa explotando el personaje que inició en la serie The Office y presentó al gran público en la saga Resacón. El actor interpreta siempre al mismo tipo pardillo y pusilánime con buenas intenciones que se mete a sí mismo y a aquellos a su alrededor en situaciones embarazosas, para deleite y/o sufrimiento del respetable. En Vacaciones le acompañan Christina Applegate (la Jennifer Aniston de saldo) y dos niños muy graciosos, Skyler Gisondo y Steele Stebbins, que roban protagonismo a los adultos en numerosas escenas. Los cuatro forman la nueva generación de los Griswold y juntos intentan trasladar el espíritu de la saga Lampoon a la actualidad, donde, según Helms advierte en uno de los momentos más meta de la película: “es continuación de Vacation, pero funciona como una película independiente“. Efectivamente, la intervención de Chevy Chase y Beverly D’Angelo como la pareja original Clark y Ellen Griswold se reduce a una breve escena cerca del final de la película. El resto del metraje funciona como reboot de la saga. Vamos, que Helms tiene razón, no hace falta ver las seis películas anteriores para ver esta (de ahí que se haya eliminado lo de “National Lampoon” del título).

vacaciones posterDespués de muchos años visitando la misma aburrida cabaña en el lago, los Griswold emprenden un viaje en coche (importado de Albania) a través del país para visitar el parque temático Walley World, el mismo al que el padre de Rusty (Helms, Anthony Michael Hall en la original) llevaba a su familia en la primera película. Lo que el pater familias planea ilusionado como un remedio contra la rutina se le va de las manos al convertirse en una salvaje aventura en la que los incidentes, a cada cual más disparatado, se encadenan para resultar en el viaje más desastroso, y en consecuencia memorable, de sus vidas. Vacation es la aproximación más formulaica posible a la road movie cómica, un film de enredos que nos conduce por la misma ruta cinematográfica que ya hemos recorrido en incontables ocasiones y nos bombardea con déjà vus en todas sus escenas. El humor zafio y gamberro de Vacaciones nos recuerda a la mencionada saga Resacón en Las Vegas, y también a Horrible Bosses o la reciente Somos los Miller. No es coincidencia, claro, todas ellas comparten equipos, actores y hogar en Hollywood (Warner Bros.). Y como en todas ellas, aquí también hay un amago de emotividad al final (en forma de moraleja sobre la familia) para compensar la avalancha de pringue que nos ha echado encima, pero es tan poco genuino como la comedia que le precede.

Más que un largometraje, Vacaciones es una (desigual) sucesión de sketches o segmentos que se recrean insistentemente en el humor verde y escatológico (esta película incluye una de las escenas más asquerosas que he visto en mucho tiempo; involucra una bañera, setas y vello púbico, y no diré más). Su única intención es despertar la risa fácil con chistes de caca-culo-pedo-pis, pero llevándolos al extremo, con situaciones de lo más bestia, y recreándose en la incorrección política (incesto, pedofilia, vómitos, violencia contra animales y heces por doquier). Lo malo es que todo esto ya lo hemos visto en los títulos citados en el párrafo anterior (esta y Somos los Millers son básicamente la misma película), y ya no resulta irreverente o provocador, sino que evidencia una ausencia de ideas en un trabajo que hace suya la ley del mínimo esfuerzo. Dicho esto, sería hipócrita si no reconociera que Vacaciones tiene sus puntazos y que algunos gags son realmente buenos (yo aprecio el humor incómodo y extraño, y aquí hay un par de momentos muy buenos en ese sentido, sobre todo los protagonizados por los hermanos). Además, los cameos (Charlie Day, Kaitlin Olson, Norman Reedus…), la divertida (y caldeante) presencia de Chris Hemsworth (con su pene-dildo), y la duración, que apenas supera la hora y media, hacen que la película se digiera fácilmente (es un decir, porque a más de uno y de una puede que le revuelva el estómago). Es decir, que sirve para un rato tonto (para ser justos, es a lo que aspira), pero más allá de eso, no hay más.

Vacaciones es una alocada y deslenguada comedia de poca monta que se propone traer una saga de los 80 al presente y lo que hace es convertirla en un producto ya anticuado de serie, otra película clonada de usar y tirar con poca fecha de caducidad.

Valoración: ★★½

Clásicos recuperados: Freaks & Geeks

John Hughes estaría orgulloso

Creada por Paul Feig, en colaboración con Judd Apatow, Freaks & Geeks nace al final de la década de los noventa a la sombra de otras series sobre adolescentes, como Dawson crece (1998-2003). Hasta el momento, los dramas centrados en las vidas de un grupo de adolescentes no habían conseguido aunar el favor de la crítica y el público. Freaks & Geeks continuaría, por desgracia, esta tradición. A pesar de un entusiasta colectivo de seguidores y unas críticas más que decentes, la serie de Feig se daba semana a semana de bruces con la realidad: la gente prefería evadirse con ¿Quién quiere ser millonario? antes que con un grupo de adolescentes marginados a los que, no nos engañemos, semana a semana no les pasaba nada. Si nos fijamos en los dramas norteamericanos en prime time, todos se apoyaban (y se apoyan) en una acusada serialidad, que si bien permitía elaborar tramas episódicas, enganchaba al espectador con cliffhangers e historias románticas que se desarrollaban a lo largo de los episodios.

Freaks & Geeks nacía como una serie fuertemente anclada en la realidad, con mayores dosis de costumbrismo y pocos artificios narrativos. Los “romances” de la serie nunca llegaban a pasar a primer plano, y cuando lo hacían, no respondían a los cánones, sino que más bien se convertían en historias extrañas y algo incómodas, propias de series como The Office (de la que Feig dirigiría más tarde un buen número de episodios). Los episodios solían cerrar una historia concreta que podía influir en los siguientes, pero que no daba pie a la elaboración de arcos argumentales que ocupasen varios episodios (solo el descubrimiento de la infidelidad del padre de Neil, a mitad de la temporada, se acercaría a esto). Además, la serie rara vez recurría a los temas polémicos que veíamos en otras series, como la mencionada Dawson crece. En Freaks & Geeks, ningún adolescente iniciaba un romance prohibido con una profesora. Es más, en Freaks & Geeks, todos los adolescentes despreciaban y trataban con recelo y distancia a sus profesores y guías académicos. Es por todo esto, quizás, que la serie no se convirtió en un éxito de audiencia. Está claro que este tipo de historias llegan a un sector muy reducido de la audiencia, y la cadena en la que se emitía, NBC, no se contentaba con tener a un apasionado grupo de freaks y geeks siguiendo la serie todas las semanas. Es la misma historia de siempre. La serie se canceló dos días después de la emisión del episodio 1.13, “Chokinand Tokin” (dando tiempo suficiente para que el último episodio constituyese un final para la serie y esta no quedase incompleta como tantas otras series canceladas). Feig confiesa en la edición en DVD de la serie que quizás el hecho de que el episodio se centrase en el habitual consumo de marihuana de los freaks (sin apenas interés moralizante) y llevase a uno de los geeks (Bill) a una experiencia cercana a la muerte, fue una de las razones de la cancelación.

Como ya sucedería con otras series canceladas antes de tiempo (My So-Called Life, Firefly), el culto de Freaks & Geeks fue tan poderoso, que la serie se mantendría en el candelero mucho tiempo, convirtiéndose en un referente indispensable del drama adolescente de calidad en la televisión norteamericana. La serie cuenta con dos ediciones en DVD. La primera de ellas llevó cuatro años en ser completada, puesto que los creadores se negaban a sacar la serie cambiando la música (práctica habitual en Estados Unidos, debido a los problemas con los derechos de las canciones). Más tarde se editaría una edición para coleccionistas (Yearbook Edition) que emulaba la forma del anuario del Instituto McKinley y llevaba horas y horas de contenido extra, ideales para el fan más completista. Se sentía el amor de Feig y Apatow por su creación, y por los que la habían apoyado hasta el final.

Freaks & Geeks cuenta la historia de dos hermanos, los Weir, y su día a día en el instituto durante el curso escolar 1980-81. Sam, el pequeño, forma parte de los geeks, los apestados del instituto, fanáticos de Star Wars y Dragones & Mazmorras, castigados a diario por manifestar físicamente el complicado paso de la pubertad a la adolescencia (de la ausencia de vello en las axilas de Sam se ríen hasta sus amigos). Lindsay, la hermana mayor, está en el último año de instituto. Hasta el momento había sido la estudiante ejemplar (era la mejor de los mathletes), pero luchando en su paso de la adolescencia a la adultez, Lindsay decide romper con su pasado y se acerca a los freaks, el grupo de marginados sociales que, al contrario que los geeks, son populares por su estilo de vida alternativo y su resistencia a adherirse a las normas sociales. A través de los 18 fantásticos episodios que conforman Freaks & Geeks, asistimos a la evolución de estos dos hermanos, que luchan por ser aceptados y encontrar su identidad. La de Lindsay es una historia más satisfactoria. Ella debe luchar a diario con el pasado que la acecha en los pasillos del instituto. Este pasado empollón y recatado viene representado por su antigua amiga Millie, uno de los mejores personajes de la serie, que a menudo pone patas arriba los débiles argumentos que la unen a los freaks. Sin duda, Angela Chase (Claire Danes en My So-Called Life) es el antecedente más inmediato de Lindsay. Ambas series vienen a contarnos más o menos lo mismo a través de sus protagonistas. Aunque el hilo conductor de My So-Called Life era el amor de Angela por Jordan Catalano, ambas series podían resumirse como “historias sobre adolescentes que se buscan a sí mismos”.

Uno de los aciertos de Freaks & Geeks con respecto a My So-Called Life fue la descarga de protagonismo de los padres de los adolescentes. Si bien en Freaks & Geeks se podía hablar de falta de profundidad en las figuras paternas (algo parecido, aunque no tan extremo, a lo que sucedía en la primera temporada de Skins), se agradecía que los padres de Sam y Lindsay no fueran más que secundarios que aparecían en pantalla lo justo y necesario para dar sentido (y a menudo solucionar) los conflictos emocionales de sus hijos. Un abrazo de Sam o Lindsay a su padre (genial Joe Flaherty) en el momento justo, nos contaba mucho más de su relación con sus padres que cualquier trama de adulterio o crisis matrimonial en Dawson crece o The OC. Esta puede ser otra de las claves de la cancelación. Por lo general, las serie de adolescentes en prime time incorporan tramas “adultas” para no restringir la audiencia y atraer a un espectro mayor de la población. Pero esto no suele ser suficiente para asegurar el éxito. Por lo general, una serie de adolescentes en prime time en una network siempre será un caso perdido.

Está claro que Freaks & Geeks es una serie con la que sería más fácil identificarse de haber crecido entre taquillas de instituto. Pero como ya hizo John Hughes en los 80, Feig y Apatow consiguen universalizar los conflictos de los adolescentes y los acercan a todas las sensibilidades (o si no lo hacen ellos, ya ponemos nosotros de nuestra parte). Porque freaks y geeks hay en todos los institutos de todo el mundo, y cabe la gran posibilidad de que si estás leyendo esto, tú fueras uno de ellos. Víctimas de bullying, empollones, trekkies, calculines y desastres en educación física, una vez superados los problemas de identidad (aunque queden resquicios), una vez convertidos en adultos (o algo parecido), el visionado de series como Freaks & Geeks (o de películas como El club de los cinco o Superbad) es un visionado pleno. Por eso quizás es tan complicado encontrar una serie de adolescentes que sea buena, porque las que lo son, no son para ellos. Son para nosotros.