Crítica: Zombieland – Mata y remata

Lo de que no hay segundas partes buenas es un tópico que ya no se oye tanto. No porque no sea cierto en muchos casos, sino porque hay tantos ejemplos para contrarrestarlo que ya no tiene sentido defenderlo. Por otro lado, la moda actual de la nostalgia y el revival nos ha devuelto muchas series y películas del pasado, remontándonos hasta los 60 con resultados por lo general bastante aceptables, cuando no excelentes (Blade RunnerMad MaxMary Poppins). Si sumamos estas dos tendencias obtenemos Zombieland: Mata y remata, secuela tardía que llega exactamente una década después de su antecesora para demostrar que se puede repetir la partida y hacerla incluso más divertida.

Bienvenidos a Zombieland llegó en 2009 como respuesta yanqui a Zombies Party (Shaun of the Dead), con la que el género zombie recibió un gran impulso renovador a través de la comedia. Zombieland obtuvo muy buena taquilla en Estados Unidos (75 millones de dólares, cifra alta para una comedia de terror) y tuvo un recibimiento internacional moderado (26 millones), pero lo que la ha convertido en un verdadero éxito es el paso del tiempo, que la ha cimentado como film de culto. Diez años después, el público la reivindica como una de las películas de zombies más divertidas e ingeniosas, por lo que era el momento perfecto para darle una continuación.

Zombieland: Mata y remata reúne al cuarteto original formado por Woody Harrelson, Jesse Eisenberg, Emma Stone y Abigail Breslin. Que hayan repetido todos (sobre todo Stone, que tras su reciente Oscar y con la agenda a rebosar podría haberse puesto más exquisita) es uno de los grandes alicientes de esta segunda parte, que también vuelve a contar con Ruben Fleischer (Venom) en la silla del director y los guionistas originales Rhett Reese y Paul Wernick (Deadpool). Con todos los participantes originales de vuelta, Zombieland: Mata y remata recupera el espíritu gamberro de la primera parte sin dificultades, como si apenas hubiera pasado el tiempo.

En la secuela, Columbus (Eisenberg), Tallahassee (Harrelson), Wichita (Stone) y Little Rock (Breslin) siguen juntos después de todo este tiempo, lo que ha hecho que su improvisada y excéntrica familia se parezca cada vez más a una familia tradicional. La rutina y los deseos de emancipación de la más pequeña (ya no tan pequeña) los llevan a separarse y emprender un loco viaje desde su actual residencia, la Casa Blanca, hasta una comuna hippie en el corazón del país. En el camino se encontrarán nuevos aliados y enemigos, y deberán luchar contra un nuevo tipo de zombie evolucionado, más rápido, inteligente y difícil de matar.

Lejos de quedarse en la mera repetición sin gracia, Zombieland: Mata y remata recupera los elementos más representativos de la primera parte (los rótulos con las reglas de Columbus, la acción over the top, la estética de videojuego, los diálogos ingeniosos) y los mezcla con nuevos personajes y situaciones que aportan frescura a la vez que mantienen su esencia intacta. Mata y remata es 100% fiel a la primera Zombieland, pero consigue evitar el estancamiento y acaba resultando incluso más divertida y trepidante. Al igual que en la anterior, no hay lo que se dice un argumento sólido, sino una sucesión de escenas hilarantes, inspirados gags y chistes geniales que aportan ritmo y no dejan ni un minuto para el aburrimiento.

Los protagonistas originales siguen en forma y vuelven a sus personajes sin problemas. Pero en esta ocasión están acompañados de nuevas incorporaciones a cada cual más acertada. Además de Avan Jogia como el pacifista Berkeley o Luke Wilson y Thomas Middledicth como unos descacharrantes dobles de Tallahassee y Columbus, destacan la carismática Rosario Dawson, que encaja sin dificultades en el grupo (Dawson tiene química con todo el mundo, es increíble), y la robaescenas oficial de la película, Zoey Deutch como Madison, típica rubia tonta y superficial que la actriz de The Politician eleva con una de las interpretaciones cómicas del año. Para llorar de la risa.

Zombieland: Mata y remata es una secuela a la altura, incluso a ratos superior a la original. Repleta de momentazos, buenos chistes y referencias pop y acción brutal (los efectos son estupendos, la violencia contundente y el clímax espectacular), con un reparto inmejorable, una escena post-créditos épica y las dosis perfectas de emoción, la película satisfará sin duda a los fans de este loco universo postapocalíptico, y cualquiera dispuesto a aprenderse las reglas para adentrarse en él.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: Ahora me ves 2

Ahora me ves 2 1

Ahora me ves… se convirtió en una de las sorpresas del verano de 2013. En la temporada de los blockbusters y las secuelas, era la película que nadie esperaba, de la que no se sabía demasiado, y sin una gran campaña promocional, acabó siendo un éxito. Todo un logro en los tiempos que corren para una propuesta “original”. Desde luego, su fórmula era refrescante: cuatro magos son reclutados por un misterioso benefactor y reaparecen convertidos en “Los Cuatro Jinetes”, un supergrupo de ilusionistas que llevan a cabo grandes hazañas a lo Robin Hood ante un público mundial que los adora. La ilegalidad de sus “trucos” (como robar un banco en Las Vegas, su primer gran golpe), les pone en el punto de mira del FBI, dando lugar a un juego del gato y el ratón en el que nada es lo que parece, y “cuando más cerca miras, menos ves”. Con esta idea, Ahora me ves… trataba de resucitar la gloria de los grandes magos de los 90 (no en vano, David Copperfield está entre los productores) para adaptarla a la escéptica y resabiada audiencia moderna.

Tres años después, los Jinetes vuelven a las andadas en la secuela, titulada Ahora me ves 2 (todos coincidimos en que habría sido mejor título Now You Don’t – Ahora no me ves), en la que se ponen todas las cartas sobre la mesa: Ahora me ves vuelve más franquiciada, convertida ya completamente y sin reparos en saga cinematográfica con mimbres para durar muchos años y generar múltiples secuelas, incluso spin-offs (si la jugada le sale bien a eOne Films, claro). En la primera película, Ahora me ves se presentaba como una especie de Ocean’s Eleven de la magia, y en esta segunda entrega se sigue insistiendo en el esquema del cine de golpes y atracos, pero se añade un componente aun más espectacular y trepidante, acercándola asimismo a los blockbusters y las películas de acción protagonizadas por grupos de especialistas que llevan a cabo misiones peligrosas alrededor del mundo. Es decir, Ahora me ves 2 es en parte Ocean’s Eleven, en parte película de superhéroes, en parte Fast & Furious.

Y es que si la primera parte ya era una película autoconsciente y desenfadada que pedía un acto de fe a cambio de pasar un buen rato, en Ahora me ves 2 la implausibilidad y el sinsentido se convierten en armas arrojadizas contra el cinismo. Aquí hemos venido a pasarlo bien, no a buscarle los tres pies al gato (porque si nos ponemos, le sacamos trescientos y nos perdemos todo lo bueno que nos ofrece). La película sabe de sobra lo inverosímil que es, lo mucho que desafía la suspensión de la incredulidad, y no solo le da igual, sino que lo enfatiza, con la intención de que sus ganas de pasarlo en grande sin importar lo demás se contagien al público. Con un ritmo endiablado, set pieces divertidísimos (el robo del chip es tan tan sumamente tonto que se vuelve épico), diálogos de gran velocidad cargados de humor, y grandes dosis de aventura y acción (cortesía del nuevo director, John M. Chu), Ahora me ves 2 no da apenas tiempo para pensar las cosas demasiado, conquistando con su descaro irresistible y triunfando como pasatiempo ligero pero digno.

Ahora me ves 2 2

Uno de los puntos fuertes de Ahora me ves… era su excelente reparto. El casting de esta saga no podía ser mejor, y continúa acertando en la secuela, con dos fantásticas incorporaciones. Lizzy Caplan, que se une al divertido equipo formado por Jesse Eisenberg, Dave Franco, Woody Harrelson y Mark Ruffalo, en sustitución de Isla Fisher, y no solo hace que no la echemos de menos, sino que se alza como una de las mejores bazas de la película, con un timing cómico impecable y una chispeante personalidad ante la que es imposible no caer rendidos (con ella uno casi se olvida del déficit de personajes femeninos de estas películas). Por otro lado, Daniel Radcliffe se lo pasa en grande interpretando al villano de la película, un “niñato” prodigio de la tecnología que rapta a los Jinetes para que lleven a cabo el atraco más imposible hasta la fecha, y que los magos usarán para exponer las prácticas poco éticas de la mente maestra que está detrás de todo. Y por si eso fuera poco, vuelven los grandes Morgan Freeman y Michael Caine, y Harrelson hace doblete interpretando a su hermano gemelo de gigante dentadura, otro experto en hipnosis con el que tiene una rivalidad muy chistosa. Una locura todo, vamos.

Ahora me ves 2 toma la fórmula de su predecesora, le añade un puñado de nuevos y atractivos ingredientes y agita la mezcla para elevar las cotas de espectacularidad y distracción (nunca mejor dicho). La acción se vuelve más fardona, los espectáculos de ilusionismo más imposibles, los trucos más rebuscados. Ahora me ves 2 flirtea constantemente con el ridículo, sí, pero es que justo ahí está la gracia, en su desvergüenza. Es el juego que propone, y si uno se presta a él, acabará fácilmente hipnotizado por su carisma y su divertidísima propuesta.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Crítica: Batman v Superman – El amanecer de la justicia

Batman v Superman

Hace tres años, Warner Bros. lanzaba oficialmente su nuevo Universo Cinematográfico DC con el estreno de El hombre de acero (Man of Steel). Sin embargo, la película de Zack Snyder no recibió el beneplácito unánime de la audiencia (ni de la crítica, aunque eso sobre decirlo), por lo que quedó más bien como un prólogo a la macro-historia que iba a empezar a contar, ahora de verdad, con Batman v Superman: El amanecer de la justicia (Batman v Superman: Dawn of Justice). Con excepción de la trilogía del Caballero Oscuro dirigida por Christopher Nolan -que no pertenece a esta nueva etapa de DC pero ha marcado su personalidad- Warner no ha sido capaz de afianzarse en su estilo, como sí ha hecho la competencia, Marvel StudiosEl hombre de acero ponía de manifiesto los problemas de su aproximación (la de Snyder y David S. Goyer) al cine de superhéroes, y hacía necesario que estos fueran erradicados de cara a la inminente expansión de su universo de ficción. Por eso, Batman v Superman es un amanecer en más de un sentido. Es un nuevo comienzo, una oportunidad para enmendar errores y situarse en el camino correcto. ¿Ha aprendido Snyder de la experiencia? ¿Arregla Batman v Superman lo que supuestamente rompió o no supo construir El hombre de acero? Sí… Pero no.

Más allá de la polémica por la caracterización de Kal-El, para muchos una traición al personaje de los cómics, dos de las quejas principales con respecto a la primera película sobre el hombre de Krypton (y a la ouvre comiquera de Snyder en general) se referían a su tono excesivamente serio y grandilocuente (oscuridad no equivale a profundidad), y a su tendencia a la acción desmedida, lo que jugaba en detrimento de la historia. Afortunadamente, Snyder ha escuchado las quejas y ha intentado ponerles remedio. O al menos eso parece. En primer lugar, Batman v Superman sigue siendo muy solemne (al fin y al cabo, es DC), pero se permite bastantes momentos de humor que hacen que la historia respire y el espectador obtenga el alivio cómico tan necesario en este tipo de películas (se rumoreaba que el estudio iba a prohibir los chistes en sus producciones, y nos alegramos de que sea incierto o haya cambiado de parecer). Y en segundo lugar, la película sirve al principio para compensar los fallos del apoteósico clímax de El hombre de acero, hasta el punto de redimirla e invitar a los que se sintieron contrariados por ella a mirarla con otros ojos.

En gran medida, Batman v Superman lidia con las consecuencias de lo ocurrido en la anterior película, para la que funciona como secuela directa, especialmente durante la primera hora y media. Después de un prólogo en el que volvemos a ver morir a los padres de Bruce Wayne (sí, otra vez, aunque afortunadamente se quite esto de en medio enseguida), el film entronca con el clímax de El hombre de acero, mostrándonoslo desde la perspectiva del Hombre Murciélago. A partir de ahí, Snyder nos ofrece reflexiones sobre la responsabilidad del héroe que sirven para completar de forma retroactiva lo visto en El hombre de acero y dan forma a uno de los temas principales de Batman v Superman, que también es uno de los lugares comunes más socorridos del género y en especial de la creación de Jerry SiegelJoe Shuster: la idea del superhéroe como amenaza para la humanidad. Un “falso Dios” que debe aprender a usar su poder en un mundo que por un lado lo venera ciegamente mientras que por otro aquellos en el poder pretenden politizarlo.

Henry Cavill Batman v Superman

Batman v Superman es uno de los blockbusters más ambiciosos jamás realizados, y no solo en lo que se refiere al factor espectacular, sino también en lo que respecta al discurso filosófico/teológico/existencial que ofrece y a su potente propuesta cosmética (en el caso de Snyder ambas cosas fuertemente ligadas). No obstante, la película peca de querer abarcar demasiados temas y Snyder, como de costumbre, acaba tratándolos de forma simplista y aturullada, anteponiendo la metáfora, la iconografía y la solemnidad lapidaria al desarrollo de personajes, a los que no se molesta en dar motivaciones claras. Claro que esto no impide que BvS esté repleta de escenas y diálogos que pondrán los vellos de punta a los fans de los personajes del cómic, a los que se recompensa (o engatusa) con multitud de easter eggs y guiños, como viene siendo ya obligado en este tipo de cine expansivo y transmedia. Y es que lo que más salta a la vista viendo Batman v Superman es cómo está hecha para servir al futuro (ya presente) Universo DC, cómo está constantemente dando “forma” al universo compartido que inaugura, haciendo referencia a lo que veremos en próximas películas, especialmente al crossover en el que todo convergerá siguiendo el patrón de Los Vengadores (y antes que ella, de todos los cómics de superhéroes), La Liga de la Juticia. Así, Batman v Superman introduce, a menudo con calzador y una acuciante falta de ideas (mejor no hablar de esos sueños…), la información y los cameos necesarios para poner los cimientos de las próximas películas, para seguir las líneas del plan maestro y asegurarse la fidelización del público que ya no consume (consumimos) superproducciones, sino superseries cinematográficas.

Pero todo esto debería estar ya asumido. Es la nueva forma de hacer cine comercial, y si funciona, será por algo. Y en este sentido, Batman v Superman funciona, es el espectáculo formulaico que cabía esperar, una superproducción épica, explosiva, y por lo general, satisfactoria (incluso a ratos emocionante) a pesar de su falta de estructura y dirección. Al menos hasta que llega su tercer acto (o cuarto, en realidad es fácil perder la cuenta con dos horas y media de metraje). Hasta entonces, la película ha logrado que el exceso de frentes abiertos y la necesidad de presentar a tantos personajes de peso no juegue demasiado en su contra (aunque haya tramos descentrados y aburridos por esta razón), y se preocupa por mantener una coherencia dentro del disparate intrínseco al género. Sin embargo, después del primer clímax, la impresionante (y breve) batalla de Batman contra Superman en Gotham (una secuencia de gran intensidad y contundencia que podría, y quizá debería haber sido el desenlace), Snyder nos tiene preparado un alargadísimo tramo final que echará tierra sobre todo lo que ha levantado hasta ese momento, y en cierto modo revocará la redención conseguida con respecto a El hombre de acero. Estos cuarenta últimos minutos caen otra vez en el error de la destrucción excesiva (aunque esta vez eviten las bajas civiles) y los deus ex machina, con lo que la película se vuelve repetitiva, confusa y agotadoraBatman v Superman también acaba insensibilizando con su descerebrada violencia cartoon (sin sangre) y sus caóticas imágenes digitales (qué feo el acabado del CGI) en las que es muy difícil, a veces casi imposible, distinguir lo que está pasando. Para cuando la destrucción ha terminado, la exaltación ha dado paso al entumecimiento, y Snyder aprovecha para colar una serie de falsos finales muy torpemente hilados en los que vuelca toda la información necesaria (la que no ha habido manera de encajar antes) para adelantar los siguientes capítulos de la historia. Así, Batman v Superman va de más a menos, trabajando correctamente los elementos individuales para luego no otorgar unidad al conjunto y ahogarse en las incongruencias, prometiendo una cosa para darnos otra vez lo mismo. Va a ser que Snyder no ha aprendido tanto como creíamos.

Lex Luthor

La inconsistencia de la película también se ve reflejada en el reparto. Dice mucho que el intérprete más destacado de Batman v Superman sea Henry Cavill (que no es mal actor, pero tampoco suele destacar por su enorme talento interpretativo), de nuevo perfecto como Clark Kent/Superman. En cuanto a las nuevas incorporaciones, Ben Affleck da el perfil para el Batman de Frank Miller (los fans de su iteración del Hombre Murciélago babearán con su caracterización) y propone una versión madura del personaje que aporta novedad a su hiper-familiar mito, pero la inexpresividad absoluta del actor hace que el personaje (que ya sabemos que no es la alegría de la huerta) roce el tedio (atención a la nula química que tiene con Diana Prince). A Gal Gadot es muy pronto para juzgarla como Wonder Woman, ya que su participación es más bien un aperitivo de lo que podremos ver en su película en solitario, pero de momento da buenas vibraciones. Pero sobre Jesse Eisenberg como el megalómano Lex Luthor sí podemos pronunciar ya un veredicto: fallido. Su personaje sufre por la tendencia del actor a la caricatura y el abuso de los tics, en una interpretación desmesurada y sobreactuada que roza el ridículo en varias escenas. Por otro lado, Jeremy Irons no es un mal Alfred Pennyworth, ejerciendo (junto a otro secundario, Laurence Fishburne) como responsable de la mayor parte de chistes de la película, pero no está a la altura de Michael Caine (que disimulaba mucho mejor lo poco que le importaba estar ahí). Y por último, hay que destacar a una muy digna Diane Lane, y a Holly Hunter en un papel breve pero muy contundente, que nos deja una de las secuencias más impactantes y memorables de la película, la que transcurre en el Capitolio de Washington.

Aun con todo, la película contiene suficientes aciertos como para no tirar la toalla con el Universo DC (yo destaco además de los ya mencionados la banda sonora de Hans ZimmerJunkie XL). La mayor parte del tiempo, Snyder controla sus pulsiones extremistas y machistas (aunque algo se le escapa), y en momentos de lucidez pone su fuerte sentido de la estética al servicio de la historia (algo que no suele ocurrir). Como resultado, tanto los acontecimientos y sorpresas de su copioso argumento, como el jugoso simbolismo de la historia darán a los espectadores bastantes momentos para disfrutar y debatir durante mucho tiempo (aunque las conclusiones que ofrece Snyder no estén a la altura). Batman v Superman responde a su naturaleza de cine evento y sin duda satisfará (incluso enloquecerá) a muchos fans del cómic y el cine de superhéroes, aunque a la vez dará más argumentos para que sus detractores o escépticos sigan hablando de ‘superhero fatigue‘ (aunque no esté tan claro que exista tal cosa) y menospreciando el género. Si algo nos enseña esta película es que, al igual que le ocurre a Superman, no se puede contentar a todo el mundo.

Valoración: ★★★

Crítica: El amor es más fuerte que las bombas

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El amor es más fuerte que las bombas (cuestionable título en español para Louder Than Bombs) es el tercer largometraje del realizador noruego Joachim Trier, después de las aclamadas RepriseOslo, 31 de agosto. Esta supone su primera película rodada íntegramente en inglés con un reparto de intérpretes internacionales encabezado por tres estrellas: Gabriel Byrne, Isabelle Huppert y Jesse Eisenberg. Grabada y ambientada en Nueva YorkEl amor… nos habla de una familia dividida tres años después de la muerte en un accidente de carretera de la madre, Isabelle Reed (Huppert), una afamada fotógrafa corresponsal. Saltando entre el presente y el pasado con sensibilidad onírica, Trier nos muestra cómo este trágico evento ha transformado las vidas de tres personajes masculinos: su marido y sus dos hijos.

El amor… es un retrato inteligente y elegante sobre la familia y la ausencia, un trabajo austero, pero profundamente sensible, que nos habla entre otras cosas de los problemas de comunicación en una familia, la paternidad y la adolescencia, hallando una fuerza poética en las historias cotidianas de los protagonistas. El padre, Gene (Byrne) y los hijos, el treintañero Jonah (Eisenberg) y el adolescente Conrad (Devin Druid), se encuentran en momentos decisivos de sus vidas, puntos de inflexión y transformación en los que el pasado y los secretos les impiden avanzar. Gene trata de reconectar con sus hijos, pero es incapaz de comunicarse con ellos (“¿Tan difícil es hablar conmigo?”), especialmente con el menor, un joven introvertido y aislado que se ajusta al perfil de freak y se encuentra sumido en la fase más problemática de la adolescencia. Por otro lado, nullJonah visita a su padre meses después de haber sido padre por primera vez para asistir a una exposición retrospectiva dedicada a la obra de Isabelle, pero lo hace sin su nueva familia, con la excusa de no poder viajar con el bebé, y un motivo oculto: escapar de una relación quebradiza y una paternidad para la que aun no está preparado.

Anclados en la muerte de la madre, los tres personajes se encuentran atrapados en un espacio donde el pasado y el presente forcejean, un lugar solitario en el que los tres deambulan con un peso en común, pero evitando cruzarse. En un relato eminentemente masculino (que no patriarcal o supremacista), las figuras femeninas (excelentes secundarias Amy Ryan, Rachel Brosnahan y Ruby Jerins) aparecen y desaparecen para ayudar a los protagonistas a mirar hacia el futuro, mientras que el fantasma de la madre (etérea y perfecta Huppert), a quien cada uno de ellos recuerda de una forma distinta, sigue observándolos, abrazándolos, acogiéndolos en su seno protector, y por tanto, impidiendo que estos pasen página y continúen con sus vidas. A pesar de que la película a menudo juega a mezclar los sueños y la realidad, difuminando las líneas narrativas de la historia, Trier compone un relato sin excesivos artificios donde lo que prevalece es una reflexión muy personal sobre la familia y la pérdida. Es decir, aunque corre el riesgo de que su lirismo y fragmentación acaben sepultando la historia, el director logra que esta llegue a buen puerto y acabe transmitiendo lo que se propone, gracias en parte al uso de una narración en off preciosa, que aporta cohesión y eleva la trascendencia de la película.

El amor es más fuerte que las bombas es un film de apariencia fría y actitud distante que, al igual que sus protagonistas, busca poner sus sentimientos en contacto con la realidad. Para ello, Trier realiza una película amable a la par que agresiva, cálida y gélida a la vez, con la que nos recuerda la dificultad de afrontar el pasado y abrir una línea de diálogo con nuestra familia, pero también lo necesario que es intentarlo.

Valoración: ★★★★

Crítica: American Ultra

American Ultra

Texto escrito por David Lastra

Es 2015 y seguimos en plena edad de oro de la comedia… y a juzgar por los futuros proyectos de cara a 2016 (el hype de Cazafantasmas III tiene gran parte de la culpa), esta parece no tener fin. En estos últimos años, a los consagrados Judd ApatowPaul FeigRicky GervaisTina Fey, se les han unido nombres como Lena DunhamSimon PeggAmy SchumerDan HarmonEdgar Wright o la dupla Phil LordChristopher Miller. Gracias a los maestros y a las recientes incorporaciones, hemos disfrutado de momentos cinematográficos impagables (el duelo de discursos de damas de honor en La boda de mi mejor amiga, el personaje de McLovin en Supersalidos o cualquier escena en la que compartan plano Channing TatumJonah Hill en la saga de Infiltrados en…) y productos televisivos de alta escuela (30 RockGirlsThe Office), pero como toda nueva ola, también tiene su reverso oscuro. Es el caso de la infinidad de comedietas que intentan adherirse a la moda pero que no tienen ni puñetera gracia… ¡alguna hasta con Adam Sandler como protagonista! Con American UltraNima Nourizadeh (director del taquillero Project X) intenta apuntarse al grupo de cabeza, pero fracasa y además comete el mayor crimen posible a la hora de hacer una comedia: aburrir.

Aunque él no se acuerde, Mike ha sido entrenado bajo el programa Ultra para ser un arma infalible. Desde la cancelación del proyecto y gracias a un lavado de cerebro al más puro estilo Jason Bourne, su existencia se reduce a ver la televisión, colocarse con/sin su novia, esbozar un cómic que nunca hará y trabajar en un pequeño supermercado. Todo cambia el día en que uno de los jefecillos de la CIA organiza una operación secreta para terminar (a.k.a. exterminate) con Mike. Tan secreta no es porque, gracias a un chivatazo, la que fuera encargada del extinto programa Ultra, la agente Lasseter, se entera y decide actuar como una madre coraje y proteger a su pequeño, procediendo a la activación del protocolo de ataque del antiguo agente. La caza ha comenzado. Bonito punto de partida, no muy novedoso, pero sí apto para la consecución de una buena película de sábado por la noche o hasta de una cult movie en toda regla… pero no. Todo en American Ultra son medias tintas, no terminando de explotar en ningún momento, bueno, de manera literal sí, en varias ocasiones.

American Ultra

El gran error de American Ultra es el incluirse motu proprio dentro de la vertiente gamberra de la nueva comedia, cuando sus bazas cómicas no están a la altura. Naturalmente no está al nivel de la generacional Supersalidos, pero es que su pretendido despiporre argumental no se acerca en ningún momento a la muy reivindicable Juerga hasta el fin. El tándem formado por Nourizadeh y uno de los nuevos niños bonitos de Hollywood, Max Landis (guionista de Chronicle), fracasa a la hora de construir la incoherencia necesaria para el desarrollo argumental de una buddy movie de este tipo. Los dos personajes centrales no son nada más que meros esbozos del personaje tipo de adolescente perpetuo, sin llegar a ser los héroes que deberían ser. Aprovecho el momento para salvar de la quema a Kristen Stewart, que más que menos logra salvar su personaje y sigue con buen pie su rehabilitación cinematográfica tras la saga Crepúsculo. Al no hacernos reír, ni conmovernos, American Ultra termina funcionando mejor como película de acción. Resultando como una especie génesis de una saga de aventuras con Mike como agente secreto emporrado. Pero si entonces la incluimos en el nicho de las nuevas comedias de acción, sería devorada al instante por obras maestras como Infiltrados en clase.

Acompañando a Kristen Stewart, tenemos a otro de los actores jóvenes más odiados en internet y antigua pareja de Kristen en AdventurelandJesse Eisenberg. Jesse vuelve a demostrar las dotes miméticas que nos deslumbraron en La red social, convirtiéndose completamente en Michael Cera. Es imposible no pensar en Cera (el Michael Cera personaje) durante la película, especialmente al ver y escuchar al Mike pre-activación. Completan el reparto los televisivos Topher Grace, de buen chico en Aquellos maravillosos 70 a malo de la peli, Connie Britton (en un papel que iba a ser para Sharon Stone) repitiendo el rol de mujer luchadora que ya vimos en Friday Night LightsAmerican Horror Story, y Tony Hale, haciendo de un Buster Bluth con el trabajo de Gary Walsh (nota del autor: su papel de Arrested Development con el oficio de su personaje en Veep).

American Ultra es el segundo strike para Nima Nourizadeh en su intento por entrar en el gran club. En su defensa está que su videoclip para LDN de Lily Allen molaba bastante.

Valoración: ★★