Crítica: Matar o morir. Peppermint

Han pasado ya 17 años desde el estreno de Alias y sus fans seguimos reivindicándola como una de las mejores series de acción y espionaje. Creada por J.J. Abrams (Perdidos) a partir de una idea descartada de su primera serie, Felicity (en la que estuvieron a punto de desvelar que la protagonista era en realidad una espía que llevaba una doble vida), Alias nos dio a conocer a Jennifer Garner en uno de esos papeles icónicos que definen una carrera. Sin embargo, tras el final de la serie, la actriz no siguió el camino trazado por Abrams, sino que viró su trayectoria hacia el drama y el cine familiar.

En todos estos años, nos hemos acostumbrado a ver a Garner sobre todo en papeles de mamá (Juno, Alexander y el día terrible, horrible, espantoso, horrorosoCon amor, Simon) o interpretando a mujeres protectoras y cariñosas (Dallas Buyers Club). Y no es que no haya defendido estos roles con talento y esfuerzo (todo lo contrario, no importa de qué proyecto se trate, su total entrega traspasa la pantalla), pero los que conocimos a Sydney Bristow sabemos que puede dar mucho más de sí, y que merece una plataforma mayor para demostrarlo. Por eso nos alegramos tanto al enterarnos de que la actriz volvía a la acción con Matar o morir. Peppermint, donde por fin la volvemos a tener como absoluta protagonista y pateando culos como si no hubiera mañana.

El director de Venganza (Taken), Pierre Morel, dirige este thriller de venganza (valga la redundancia) protagonizado por un letal ángel de la guarda que protege las calles de Los Ángeles. Garner aúna sus dos facetas más conocidas, la de heroína de acción y la de madraza, en el papel de Riley North, una mujer que ve cómo su marido y su hija son brutalmente asesinados. Cuando el sistema le falla, ella decide tomarse la justicia por su mano y perseguir a los miembros del cartel de la droga responsables del atroz crimen. Con la policía y el FBI siguiendo muy de cerca su rastro, Riley llegará a grandes extremos para  ajustar cuentas con los hombres que le arrebataron a su familia.

Por si no está claro tras esta breve descripción, sí, Morel ha vuelto a hacer la misma película otra vez. No solo Taken, sino también John Wick y cualquier otro thriller de venganza protagonizado por Jason Statham y similares. Peppermint repite uno a uno todos los lugares comunes del género, construyendo una historia que nos han contado mil veces, con los mismos conflictos, los mismos arquetipos de personajes, los mismos diálogos y el mismo torrente de ultraviolencia. La principal diferencia es ver a una mujer en un papel hasta hace poco reservado exclusivamente para el hombre. Y una además mejor preparada y más implicada que la mayoría de sus análogos masculinos.

Peppermint se salva (a duras penas) por el excelente trabajo de Garner, tanto en las escenas dramáticas como en las de acción. Pese a que la transformación de Riley en una máquina de matar resulta completamente inverosímil, Garner consigue que te creas al personaje y su dolor. Y aunque la historia haga aguas por todos los lados, es ella quien mantiene el barco a flote. El listón no está muy alto y Peppermint cumple más o menos con lo que se espera de este tipo de cine, pero si merece remotamente la pena, es por disfrutar de la fuerza, carisma y virtuosismo en los combates cuerpo a cuerpo de la actriz (los fans de Alias saben de lo que hablo). Volver a ver a Garner empuñando una pistola y realizando acrobacias para acabar ella sola con todos es un subidón. Cuánto mejor sería si además la película estuviera a su altura.

Pedro J. García

Nota: ★★½

Con amor, Simon: La comedia romántica adolescente que lo cambia todo

Según un estudio reciente realizado por GLAAD, la representación del colectivo LGBT+ en el cine estrenado por los grandes estudios durante el último año ha batido un mínimo histórico, con tan solo 14 personajes identificados como LGBT+ en un total de 109 películas. Y el número se reduce drásticamente si hablamos de protagonistas, claro.

El triunfo en los Oscar de Moonlight y la fuerte repercusión de Call Me by Your Name han creado la ilusión de una época de esplendor para el cine queer, y si bien es cierto que se están rompiendo barreras y haciendo mejores películas en este ámbito, no deja de ser un avance relegado al cine independiente. Aun es muy difícil encontrarse a un personaje LGBT+ en una película mainstream, sobre todo cuando los estudios se empeñan en borrarlos, aludiendo a su orientación sexual en entrevistas pero no mostrándola en pantalla (Dumbledore, Valquiria, Amilyn Holdo, Ayo, Lando Calrissian, Zia de Jurassic World: El reino caído).

Por eso, lo que ha hecho 20th Century Fox en 2018 es especialmente encomiable. En una era en la que las majors se dan palmaditas en la espalda por incluir personajes LGBT+ imaginarios, Fox lo ha hecho de verdad, ha estrenado la primera película mainstream para adolescentes con protagonista gay, Con amor, Simon (Love, Simon). Sin ambigüedades, sin lecturas ocultas para “proteger a los niños”. Abiertamente gay y orientada a adolescentes.

Y ahí está el quid de la cuestión. Con amor, Simon es una película teen prototípica, una comedia de instituto que bebe directamente de la tradición del cine de John Hughes y la envuelve de un halo muy actual para contar una historia de amistad, amor y crecimiento personal propia de esta etapa vital tan definitoria. Con la única y gigante diferencia de que el protagonista, Simon Spier (Nick Robinson), es homosexual. La revolución de Con amor, Simon es esa, situar a un personaje queer en un contexto tradicionalmente reservado para los personajes heterosexuales y convertirlo en el protagonista de su propia historia, no un alivio cómico, un secundario para cumplir una cuota y quedar bien o un sidekick: el personaje principal.

Dirigida por Greg Berlanti (el arquitecto de las series de DC en The CW, otro oasis LGBT+) y basada en la recomendable novela de Becky Albertalli Yo, Simon, homo sapiens, la película narra la historia de un chico de diecisiete años que todavía no le ha contado a su familia y amigos que es gay. Cuando otro estudiante del instituto, Blue, se identifica como homosexual anónimamente a través de una red social, Simon entablará una amistad online con él que le llevará a enamorarse, a pesar de que ninguno de los dos sabe realmente quién es el otro. Por si ser adolescente fuera poco, a la presión y la incertidumbre que conllevan salir del armario (algo que se tiene que hacer una y otra vez) y las dudas sobre Blue se añade el chantaje de otro compañero del instituto, que ha descubierto que Simon es gay. Intentar sobrevivir a estos problemas le ayudará a descubrirse y aceptarse a sí mismo, marcando el fin de su etapa adolescente y el inicio de su nueva vida, en la que podrá vivir su historia de amor como los demás.

Con amor, Simon no es solo importante y necesaria, sino que además es una buena película. Este tipo de historias son tan poco frecuentes que a veces nos conformamos con que simplemente existan, pero en este caso, el film hace mucho más que desempeñar una importantísima labor socialCon amor, Simon es un relato coming-of-age ejemplar, una película de instituto divertidísima y una comedia romántica adorable y refrescante.

Berlanti halla el equilibrio perfecto entre comedia y drama, con momentos de humor hilarantes (Natasha Rothwell, la profesora de teatro, es genial y el montaje de salidas del armario heterosexuales es una de las escenas más inspiradas del año y merece ser viral), diálogos trascendentales y golpes de emoción que provocan un nudo en la garganta, como los conmovedores discursos que los padres de Simon (estupendos Jennifer Garner y Josh Duhamel) ofrecen a su hijo tras enterarse de que es gay. Preciosas y motivadoras palabras de poder reconfortante que, junto al inolvidable discurso de Michael Stuhlbarg al final de Call Me by Your Name, deberían grabarse a fuego en la mente de todos los padres del mundo, para saber exactamente cómo actuar si sus hijos salen del armario.

También hay que elogiar la labor de un reparto redondo, compuesto por jóvenes promesas de Hollywood como Katherine Langford (Por trece razones), Alexandra Shipp (X-Men: Apocalipsis), Jorge Lendeborg Jr. (Brigsby Bear), Miles Hozier (Por trece razones), Joey Pollari (American Crime) o Keiynan Lonsdale (The Flash), y encabezado por un protagonista absolutamente perfecto, Nick Robinson (Jurassic World), que deposita todo su talento y corazón para dar vida a Simon y hacernos partícipes de su emocionante y tumultuoso viaje personal.

Con amor, Simon ya está cambiando vidas. La representación es sumamente importante para los jóvenes LGBT+, y verse reflejados en los problemas de Simon está llevando a muchos a aceptar su condición y salir del armario. Estamos ante una película indudablemente generacional, una de esas que marcan a quien la ve, sobre todo si está atravesando por lo mismo (o si ya lo vivió y le hubiera gustado recibir el mismo apoyo que Simon), pero que no solo es recomendable para la audiencia juvenil, sino también para sus padres. Su valor como agente de cambio es enorme y su efecto va a durar más allá de su paso por salas de cine, mejorando algo cada vez que un adolescente la descubra. Esperemos que con el tiempo, Con amor, Simon no se quede en excepción, sino que se vea como un antes y un después, el comienzo de un cine comercial más inclusivo y normalizador.

Pedro J. García

Nota: ★★★★½

Crítica: Hombres, mujeres y niños

MEN, WOMEN, AND CHILDREN

Hombres, mujeres y niños es ya el sexto largometraje en menos de una década del director de JunoUp in the Air, Jason Reitman. Después del traspiés de Una vida en tres días (repudiada por el propio realizador y reivindicada por un servidor), Reitman lleva a cabo su Short Cuts particular, una dramedia multigeneracional con reparto coral que sigue la vida diaria de varias familias en la era de la hiperconectividad. En ella traza un retrato de nuestros días caracterizado por la sumisión absoluta del ser humano a Internet y la consecuente deshumanización de la sociedad, convertida en una masa de zombies del wi-fi, entes desangelados que existen y se desplazan hundidos en las pantallas de sus smartphones. Tal es la insistencia de Reitman en este mensaje que, más que una adaptación de la novela Men, Women and Children de Chad Kultgen, su film parece la versión cinematográfica de esta foto/meme.

Reitman compone un fresco 2.0 de historias que nos vienen a alertar de los diversos peligros de vivir en las redes sociales, y lo hace catalogando las diferentes patologías relacionadas con este problema en un ecléctico conjunto de personajes: adolescentes enganchados a la red que han perdido la capacidad para comunicarse en el MR (Mundo Real), un chaval (Ansel Elgort) adicto a un juego de estrategia online (MMORPG) que se preocupa más de su avatar que de su propio futuro, una madre (Jennifer Garner) que controla todos los pasos que da su hija en el ciberespacio para protegerla de los horrores que acechan, otra madre (Judy Greer) que prostituye a su hija en páginas de pago para costearle el sueño de Hollywood que ella nunca fue capaz de realizar, o un matrimonio (Adam Sandler y Rosemary DeWitt) que ve cómo su libido ha desaparecido por completo y decide buscar refugio por separado, primero en páginas pornográficas y más tarde en webs de contactos.

Hombres mujeres y niñosNo es que la tesis tecnofóbica sobre la vida moderna que Reitman enarbola con Hombres, mujeres y niños esté precisamente infundada. Los ejemplos citados en el párrafo anterior, a pesar de estar construidos como arquetipos exagerados o incluso alegorías, son tan increíbles-pero-ciertos como Kim Kardashian. La presión escolar, la desidia y la apatía de las nuevas generaciones, los efectos secundarios de consumir compulsivamente pornografía en Internet (que ya nos ilustró Joseph Gordon-Levitt en Don Jon), la confusión de los padres que no saben cómo educar a unos hijos que simplemente no existen fuera de su “segunda vida”. Todo eso es un problema, y además uno muy grave, de acuerdo, pero debe haber formas menos irritantes y más efectivas de hacernos llegar el mensaje que este panfleto aleccionador que parece diseñado para mostrar a los niños después del colegio, o sea, uno de esos “afterschool specials” tan arraigados en la cultura yanqui.

Ni las estimables interpretaciones de un excelente reparto de habituales del indie (más Adam Sandler de nuevo en un papel serio, donde debería quedarse para siempre), ni el buen hacer de un grupo de jóvenes actores rebosantes de talento y potencial (Olivia Crocicchia, Kaitlyn Denver, Elena Kampouris), ni siquiera la voz de Emma Thompson (la narradora), son baza suficiente para que pasemos por alto la flagrante sobredosis de moralina de la película y consigamos sentirnos identificados (grave teniendo en cuenta lo familiar que nos debería resultar todo). Hombres, mujeres y niños es un sermón de dos horas en el que Reitman (que es demasiado joven para estar dándonos ya estas lecciones tan condescendientes) elabora un discurso demagógico y recurre a trucos baratos de melodrama televisivo para respaldar su reduccionista doctrina. Esta suerte de fábula moderna con voluntad pedagógica está totalmente desprovista de áreas grises y propone una solución simplista a los problemas planteados: desenchufar el router. Pero nosotros, en lugar de hacerle caso al profe, lo que hacemos es meternos en Facebook a ponerlo a caer de un burro. Porque es lo que se merece.

Valoración: ★★

Crítica: Alexander y el día terrible, horrible, espantoso, horroroso

Alexander and the Terrible, Horrible, No Good, Very Bad Day

El pequeño Alexander, de 11 años, se ha levantado con el pie izquierdo. Suele tener más días malos que buenos, pero hoy es especialmente desastroso. Como le ocurría a Lisa Simpson en aquel episodio de los 22 cortos de un minuto de Springfield, a Alexander se le queda pegado un chicle en el pelo. Nada que no se solucione con un buen tijeretazo y un trasquilón. Pero ese es el menor de sus problemas, comparado con lo que le espera el resto del día. Su familia está tan absorta en sí misma, que no es capaz de darse cuenta de lo difícil que es ser Alexander y que el universo confabule en contra de ti a diario. Por eso, en la víspera de su cumpleaños, el niño desea que su familia viva un día “terrible, horrible, espantoso, horroroso”, para que tanto sus padres como sus hermanos mayores sepan por fin qué se siente al ser tan desgraciado. Y bueno, ya sabéis lo que dicen: Ten cuidado con lo que deseas, porque se puede hacer realidad.

Alexander y el día terrible, horrible, espantoso, horroroso es el llamativo título de la nueva película de Walt Disney Studios, basada en el libro infantil de Judith ViorstAlexander and the Terrible, Horrible, No Good, Very Bad Day. El film está co-producido por Lisa Henson de la Jim Henson Company y dirigido por Miguel Arteta (ese director indie que despuntó hace una década con The Good Girl y se quedó como director de encargos y lo que surja). Siguiendo la fórmula testada de la comedia familiar que los laboratorios Disney lleva décadas utilizandoAlexander y el día terrible nos divierte con las continuas calamidades que sacuden a la familia Cooper, en el que, como no podía ser de otra manera, es uno de los días más importantes para cada uno de sus miembros: la madre (Jennifer Garner), que trabaja en una editorial de libros infantiles, se juega un ascenso organizando una lectura pública con Dick Van Dyke, el deshollinador de Mary Poppins (una de las múltiples autorreferencias que suelen plagar últimamente el cine de Disney); el padre (Steve Carell) lleva siete meses en paro y tiene una entrevista de trabajo muy importante; el hermano (Dylan Minette) va a asistir al baile de fin de curso con su despótica y superficial novia, de lo que depende el futuro de su frágil relación; y la hermana (Kerris Dorsey) debuta esa tarde como Peter Pan en la función musical del instituto. Ni que decir tiene que la suerte no se porta bien con ninguno de ellos, para sorpresa de Alexander (la revelación Ed Oxenbould), que está convencido de haber arruinado la vida de su familia con su deseo.

Alexander póster español afterCon un agradecido metraje de 82 minutosAlexander y el día terrible se conforma con ser una amable comedia disneyana manufacturada para su disfrute en familia, idónea para esas tardes tontas de domingo en las que estamos bajos de defensas. Es cierto que todo en ella es tópico y predecible, y que como siempre, la empalagosa moraleja hace que la película pierda fuerza, pero Alexander se las arregla para mantenerse fresca y divertida en todo momento. Y lo consigue gracias a un ritmo frenético que no deja un solo segundo sin acontecimientos, un humor alocado, más afinado de lo que cabe esperar de este tipo de cine (estupendo slapstick e ingeniosos juegos de palabras que se pierden en su versión doblada), y cierto aire transgresor (dentro de los parámetros de la casa de Mickey Mouse), que da lugar a gags algo más atrevidos de lo habitual -tanto que uno de ellos, que involucra la palabra “pene” y es genial, será censurado para su emisión en Disney Channel.

Alexander y el día terrible continúa además la tendencia del estudio a transmitir sus valores familiares redibujando sus convenciones y reformulando estereotipos, como ya llevan años haciendo sus películas animadas. No solo a base de detalles pequeños pero importantes (como el hecho de que en la representación escolar de Peter Pan, Wendy sea una niña asiática), sino con grandes proclamas: la hermana mayor no es la típica chica tonta superficial, sino que este arquetipo se reserva para el coqueto hermano mayor, mientras que la hermana recibe estímulo de sus orgullosos padres por sus aspiraciones intelectuales y artísticas, en lugar de cultivar su apariencia y dotes sociales como señorita que es; de igual manera, estos alientan las pasiones geek del pequeño Alexander (fan de todo lo que tenga que ver con Australia), dejando en todo momento a sus hijos ser como son; y quizás lo más significativo: el tópico papel del padre ausente que descuida a sus hijos por su trabajo lo desempeña la madre (una fantástica y divertidísima Jennifer Garner cuyo talento está siendo desaprovechado), mientras que el padre no se siente amenazado ni emasculado en ningún momento por ser el encargado de cuidar a los niños mientras su mujer pone el pan en la mesa, rechazando por completo todo atisbo de política de géneros. Muy, pero que muy bien.

Valoración: ★★★