Crítica: madre!

La transgresión comienza con el título. Es madre!, con minúscula inicial y signo de exclamación al final. Esta película no podía tener un título normal con ortografía convencional, porque es de todo menos esas dos cosas. Si conocéis a Darren Aronofsky, no os sorprenderá que su nueva película sea excéntrica, arriesgada y polémica, y que a la vez trascienda todos esos calificativos. Estamos hablando del inclasificable autor de esa extraña maravilla que es Cisne negro, la divisiva La fuente de la vida o la injustamente vilipendiada Noé, relato bíblico con el que el realizador neoyorquino se constató como uno de los autores más subversivos del Hollywood reciente.

Pero esas películas son tranquilos paseos en el parque comparados con la locura de madre!, un proyecto temerario por naturaleza, que se vuelve completamente surrealista si tenemos en cuenta que ha sido amparado por un gran estudio como Paramount, es decir, los responsables de las franquicias TransformersNinja Turtles. Claro que madre! cuenta con nombres lo suficientemente poderosos como para tirarse a la piscina (de cabeza y sin agua), Aronofsky y Jennifer Lawrence, que por cierto, es su pareja en la vida real, lo que añade más morbo al asunto; además del oscarizado Javier Bardem y dos secundarios de lujo, Ed Harris y Michelle Pfeiffer. Un cóctel de talento al servicio de la idea más demencial que ha salido de una major en muchos años.

Sobre el argumento de madre! es mejor no saber demasiado. Quedémonos con la breve sinopsis que facilita Paramount y que no desvela nada de lo que nos espera en la película: “La relación de una pareja se pone a prueba cuando dos extraños se presentan en su casa, interrumpiendo su tranquila existencia”. La pareja está formada por Lawrence y Bardem, que llevan por nombre Madre y Él. Los extraños son Harris y Pfeiffer (Hombre y Mujer), dos pesos pesados de Hollywood completamente entregados a la propuesta de Aronofsky. Y lo que ocurre en el interior de esa casa es mejor descubrirlo por uno mismo. Una cosa está clara: nada puede prepararte para lo que Aronofsky te tiene reservado, especialmente durante el tercer acto del film.

madre! puede ser muchas cosas y nada a la vez. Es una alegoría de la fama y el culto a los ídolos, un inquietante y escabroso cuento de hadas, otro relato bíblico (Aronofsky es consistente en sus obsesiones), un drama “romántico” sobre la incomunicación y la desconexión en el matrimonio, una hiperbólica crítica social y denuncia al sexismo (la diferencia de edad entre Bardem y Lawrence no solo tiene sentido, sino que es esencial a la historia) y una parábola ecologista. Puede ser todo eso, puede ser algo completamente distinto, o puede estar completamente vacía, dependiendo de la experiencia de cada espectador. Porque madre! no es una película corriente, y por tanto no se puede valorar de forma corriente. Escapa a cualquier tipo de crítica convencional, no se puede calificar de buena o mala, está por encima de eso. Lo único que se puede decir con rotundidad es que es una de esas películas que nos llegan muy de vez en cuando para dividir completamente a la audiencia y no dejar indiferente a nadie. Una película que provoca y zarandea, que hay que ver para creer, pero que no me atrevería a recomendar a nadie, aunque a mí me haya parecido una absoluta genialidad.

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En madre!, Aronofsky ha contado con completa libertad creativa, y salta a la vista. Se detectan en ella claras influencias de Lars Von Trier o de Roman Polanski (el personaje de Lawrence es una mezcla entre Catherine Deneuve en Repulsión y Mia Farrow en La semilla del diablo), pero al final, madre! es 100% Aronofsky, un cineasta que no solo se ha negado a que Hollywood lo domestique, sino que lo ha puesto al servicio de su singular visión. Y luego está Lawrence, una actriz a la que ya creíamos conocer, y que en esta película nos sorprende y nos golpea con su mejor interpretación hasta la fecha, por la que debería y no ganará el Oscar, porque ya se lo llevó por las prisas de la Academia por subirla a lo más alto. Bardem está fantástico, pero Lawrence es el corazón de la película (nunca mejor dicho), el punto de vista a través del que vivimos la pesadilla más enervante y desquiciada que se pueda imaginar. Y por último, merece mención aparte una inconmensurable, magnética y divertida Michelle Pfeiffer, una fiera de la interpretación a la que Aronofsky regala un papel breve pero memorable al que la actriz saca mucho jugo.

madre! es una experiencia visceral (el director eliminó el score de Jóhann Jóhannsson para magnificar la ansiedad y la zozobra), extrema, extenuante, anárquica, punk, como el mismo Aronofsky la califica, una película que se resiste a una definición cerrada y que durante su media hora final se convierte en la locura más inaudita que un gran estudio ha respaldado en mucho tiempo. madre! nos presenta a un autor sin cortapisas dando rienda suelta a su gran sentido del estilo y su vena más freudiana sin miedo a caer al vacío sin red. Sí, las metáforas no son precisamente sutiles y el contenido y la violencia de algunas de sus imágenes son cuestionables, pero lo que no se le puede negar a Aronofsky es su osadía. No hay nada como madre! y por eso el debate sobre su calidad es absurdo e inútil. Lo único que importa es que existe, y esa es su mayor virtud.

Pedro J. García

Nota: ★★★★★

Crítica: Piratas del Caribe – La venganza de Salazar

¡La vida pirata es la vida mejor! O al menos lo era en 2003, año en que se estrenaba con enorme éxito La maldición de la perla negra, la primera entrega de Piratas del Caribe. Basándose en una famosa atracción de sus parques temáticos, Disney devolvía el espíritu aventurero más clásico al cine, convirtiendo a su pintoresco protagonista, el Capitán Jack Sparrow (Johnny Depp), en uno de los piratas más icónicos de la historia, muchas décadas después de que los relatos de bucaneros hubieran dejado de estar de moda. Todo un logro, sin duda. Lógicamente, a la primera Piratas le siguieron varias secuelas, cada una peor que la anterior, hasta llegar a la cuarta, En mareas misteriosas, con la que que la saga tocaba fondo.

Seis años han pasado entre la universalmente abucheada cuarta parte y esta quinta que nos llega ahora, Piratas del Caribe: La venganza de Salazar, dirigida por los artífices de la nominada al Oscar Kon-TikiJoachim Rønning y Espen Sandberg. Disney ha empleado este intervalo para replantear la franquicia mientras dejaba que el mal sabor de boca se disipase. “¿De qué manera podemos recuperar el rumbo?”, se preguntó la Casa de Mickey. Y la respuesta les estaba mirando a la cara todo el tiempo (desde los despachos de Lucasfilm concretamente): volver a los orígenes. Así, La venganza de Salazar repite a grandes rasgos el esquema de La maldición de la perla negra, presentando a una joven nueva pareja, Henry Turner (Brenton Thwaites) y Carina Smyth (Kaya Scodelario), sucesores (en el caso de él literalmente) de Will Turner y Elizabeth Swann, después de que Orlando Bloom y Keira Knightley pasaran de salir en la cuarta parte. Depp, por su parte, sigue siendo el alma de la saga, pero su personaje recupera en esta ocasión un rol relativamente más secundario, de nuevo como alivio cómico y acompañante de los héroes de nuevo cuño, retirándose cuando le corresponde para dejar que los demás personajes brillen. Algo que se agradece, teniendo en cuenta que el público está cada vez más harto de los mohínes de Depp.

De esta manera, La venganza de Salazar vuelve al cóctel de acción, romance, misterio sobrenatural y humor con el que se ganó el beneplácito del público, con una historia más centrada y mejor estructurada que la anterior (cosa que no era muy difícil) y grandes dosis de imaginación para paliar en la medida de lo posible el inevitable cansancio de la saga. En esta ocasión, el Capitán Jack Sparrow se reencuentra con su antiguo némesis, el aterrador Capitán Salazar (Javier Bardem), que ha escapado del Triángulo del Diablo con la intención de surcar los mares en su navío maldito y matar a todos los piratas que se crucen en su camino. Incluido Sparrow. La única esperanza del pirata es encontrar el legendario Tridente de Poseidón, artilugio mágico que otorga a quien lo posea el poder de controlar los mares. Junto a Henry, Carina, y su tripulación de despojos, Sparrow emprende una nueva odisea en altamar para truncar los planes de Salazar.

Uno de los mayores aciertos de La venganza de Salazar es su villano titular, interpretado por Javier Bardem. El actor español sigue el ejemplo de su mujer, Penélope Cruz, y se une a la saga con infinitamente mejores resultados que ella (lo cual tampoco era complicado). Bardem compone a un buen villano, temible y grandilocuente, que se beneficia de un diseño y unos efectos digitales sobresalientes (el efecto del agua fuera del mar es fantástico), pero sobre todo de la presencia y el carisma del actor español. En cuanto a las jóvenes incorporaciones, Thwaites cumple (es igual de soso que su padre, así que nada que objetar), pero es Scodelario quien se lleva el pez al agua, interpretando con mucha energía a una heroína suspicaz, decidida y sabelotodo, que se suma a la corriente moderna de mujeres de armas tomar de Disney. La presentación de la pareja formada por Henry y Carina, la (gratificante) presencia de Geoffrey Rush como el Capitán Barbossa, más el retorno (aunque sea muy breve) de Bloom y Knightley en sus papeles originales, responde a una clara estrategia: regresar al pasado y recuperar el favor de los fans de la saga.

Pero afortunadamente, La venganza de Salazar no se queda el mero truco nostálgico (sí, han pasado 14 años desde la primera película, podemos hablar ya de nostalgia), sino que se esfuerza en crear una nueva aventura que se sostenga por sí misma. El film empieza con mucha fuerza, con un prólogo impresionante en el que visitamos el Holandés Errante, donde es fácil dejarse atrapar por el embrujo de su atmósfera casi terrorífica. Lo que viene a continuación es algo irregular, pero por suerte nunca cae al nivel de En mareas misteriosas, gracias sobre todo al buen hacer de sus directores manejando el timónDestacan especialmente las secuencias de acción, set pieces memorables por su sentido del humor (Sparrow robando el banco), por su violencia y oscuridad (los ataques de Salazar) y por su excelente acabado visual (la llegada a la isla de las estrellas y la lucha por el Tridente en el fondo del mar dejan imágenes mágicas preciosas). El ritmo solo decae en el tramo previo al clímax, pero el resto del metraje aguanta bien el tipo, proporcionando sólido entretenimiento escapista la mayor parte del tiempo.

Es cierto que Piratas del Caribe ya no es lo que era. La novedad queda muy atrás, las leyendas se agotan (sobre todo cuando calzas tantas en una sola historia) y la fórmula pierde frescura después de usarla tantas veces (¿Cuántas películas de Disney culminan con una emotiva escena de sacrificio? ¿Es ya obligatorio siempre rejuvenecer digitalmente a sus personajes?). Sin embargo, La venganza de Salazar capea el temporal de forma imaginativa y con mucha picaresca, llegando a buen puerto en lugar de dejarse hundir por los contratiempos. Los principales problemas que pueden deslucir la película a pesar de sus loables esfuerzos son los externos. La audiencia original se ha hecho mayor, la popularidad de Depp está en horas muy bajas y existe cierta fatiga con las secuelas (especialmente las que tienen al actor entre su reparto, ejem, Alicia a través del espejo). Claro que la escena post-créditos de La venganza de Salazar sugiere que esto no se ha acabado ni por asomo, planteando una sexta parte que a ver qué pirata se resiste a ver.

Pedro J. García

Nota: ★★★½

Crítica: El consejero

El consejero 2013

A sus 80 años, Cormac McCarthy, prestigioso novelista ganador del Pulitzer por La carretera (2006), se anima por primera vez en su carrera a escribir un guion para el cine. Ridley Scott es el director que le anima a emprender esta nueva aventura profesional. McCarthy firma en solitario el libreto de El consejero (The Counselor, 2013), drama criminal sobre un abogado de éxito (Michael Fassbender) que está a punto de casarse con su mujer (Penélope Cruz), cuando se convierte en blanco de un cártel de narcotraficantes por un caso que llevó en el pasado. McCarthy lleva a cabo su tarea recayendo en todos los vicios que uno espera del literato que se mete al audiovisual, demostrando que toda una vida dedicado a escribir novelas no capacita necesariamente a uno para escribir guiones de cine.

El consejero propone un distanciamiento del narco-thriller convencional cubriendo la película con un velo filosófico que pone énfasis en lo que transcurre en las (supuestamente) complejas psiques de sus protagonistas. El film reflexiona sobre las consecuencias El Consejero_Póstermientras invisibiliza el engranaje narrativo y deja al espectador unir los puntos para averiguar de qué actos provienen esas consecuencias. No hay problema en que una película nos proponga un reto de estas características, que innove, y desafíe lo institucional. Pero McCarthy y Scott se esfuerzan tanto en evitar los mecanismos habituales del género (o del lenguaje fílmico en general), que obtienen una película increíblemente confusa y caótica, saturada de diálogos sesudos y palabrería pedante que no proviene de los personajes en ningún momento. En definitiva, un ejercicio narrativo tan pretencioso como frustrante que deja clara una cosa: para hacer que una película sea (o parezca) más inteligente no es necesario disfrazarla de libro.

Además de la incoherente estructura de la película, y la irritante pomposidad de sus diálogos (como diría Antonio Machado, “ayudadme a comprender lo que os digo y os lo explicaré mejor”), El consejero supone un malgasto antológico de talento interpretativo. Scott escoge a sus actores según el grado de encasillamiento que sufren. Michael Fassbender cumple con lo que se espera de él: interpretación desgarrada e incontenida (moqueo incluido). Penélope Cruz es la mujer florero invisible. A Brad Pitt le falta entonar el “Yankee Doodle” lanzando su sombrero vaquero al aire. Y lo de Javier Bardem es muy triste: parece que en Hollywood solo lo quieren para interpretar a excéntricos horteras de peinado imposible. La excepción es quizás Cameron Diaz, que a pesar de estar de Razzie, protagoniza un inolvidable coito con un Ferrari que nos hace ver a la actriz de La máscara con otros ojos y compensa todo lo anterior. De hecho, cuando El consejero se pone cafre y sensacionalista es cuando más acierta. Una pena que las excelentes incursiones en la violencia gráfica y lo macabro no estén al servicio de una buena historia.

Valoración: ★★

Críticas: Alacrán enamorado, LOL

Alacrán enamorado (Santiago Zannou, 2013)

Interesante aproximación a un grave problema social de nuestro país que no se cimenta en los habituales discursos demagógicos, rancios y sensibleros, sino que lleva a cabo una potente denuncia -al racismo en todas sus vertientes, el de las palizas nocturnas, el político, el “de barra de bar”-, apoyándose principalmente en un grupo de personajes muy bien dibujados. Estos no se diluyen en el panfletismo de un director (y en este caso un escritor, Bardem), sino que se mantienen en el centro del relato en todo momento, como lo más importante del mismo.

Alacrán enamorado está hecha con astucia e inteligencia, no es un producto que infravalore o adoctrine a la audiencia, como suele ocurrir con este tipo de cine (Aranoa, qué poco te echamos de menos), y cuenta una historia de manera concisa, sin andarse por las ramas, y sabiendo en todo momento lo que el espectador necesita y lo que no le hace falta.

A destacar -de entre todos los excelentes intérpretes- a Carlos Bardem, no solo porque la película sea una adaptación de su libro homónimo, sino porque el papel que interpreta en ella es digno de todos los elogios. Y por supuesto, a un sorprendente Álex González, a quien pertenece el próximo Goya a Mejor Actor.

LOL (Lisa Azuelos, 2012)

Lo único que salva esta película es que sí hay química entre Demi Moore y Miley Cyrus, y que son muy adecuadas para sus papeles de madre e hija, por muy desafortunado que parezca el casting.

Pero ya está, no hay más. Estamos ante una cinta con ínfulas de retrato generacional que en realidad no es más que un insulso romance teen en la era WhatsApp. Quizás sí podamos sacar un par de conclusiones sobre los adolescentes de hoy en día, pero por muchas emotivas moralejas y aunque Azuelos se esfuerce en romantizarla, el vacío que vemos en ella es desolador.

Si Cyrus pretende desmarcarse de su etapa Disney con papeles como este, mejor que cambie de agente.