Crítica: The Disaster Artist

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Si no habéis visto The Room, ya estáis tardando, porque es imprescindible para disfrutar The Disaster Artist a todos los niveles. La llaman la peor película de la historia y se ha convertido en un título de culto, sobre todo en Estados Unidos, un fenómeno que ha ido creciendo desde su (auto)estreno en 2003 hasta llenar sesiones interactivas de medianoche al estilo de The Rocky Horror Picture Show. La historia detrás de The Room es tan increíble como la película en sí, y James Franco, que es muy dado a indagar en la realidad con su cine para explorar el lado más excéntrico del ser humano (ahí tenéis King Cobra como prueba), era quien tenía que contarla.

Franco se pone detrás y delante de la cámara en The Disaster Artist para intentar desentrañar el enigma de Tommy Wiseau, el “artista desastre” cuya mente indescifrable concibió The Room, y mostrarnos los entresijos del rodaje de una película que contó con un presupuesto de seis millones de dólares que, a día de hoy, se desconoce de dónde salieron, aunque no en qué se gastaron (entre otras cosas, Wiseau compró el equipo en vez de alquilarlo, rodó simultáneamente en digital HD y 35mm y corrió con los gastos de la premiere).

Mientras descubrimos alucinados el making of de las que ya son algunas de las frases más míticas del cine (“You’re tearing me apart, Lisa!”, “I did not hit her! It’s not true! It’s bullshit! I did not hit her! I did naaht! Oh hi Mark”), Franco se mimetiza con Wiseau de manera pasmosa, adoptando su particular acento (se dice que de algún lugar Europa del este), sus ademanes y su tronchante risa desganada y casi nunca oportuna (carcajadas the-disaster-artist-posteraseguradas cada vez que se ríe), para componer el retrato de un lunático fascinante cuyo proceso creativo escapa al entendimiento. Transformándose por completo en Wiseau y humanizando al personaje, Franco lleva a cabo un trabajo interpretativo sublime. Nunca ha estado mejor.

Lo acompaña su hermano, Dave Franco, que interpreta a Greg Sestero, uno de los protagonistas de The Room y autor del libro en el que se basa The Disaster Artist. Aunque la interpretación de James es más llamativa por la naturaleza marciana del personaje, el pequeño de los Franco también lleva a cabo su mejor actuación hasta la fecha, aportando la necesaria nota de cordura para anclar emocionalmente el relato. Y además de los hermanos Franco, el film cuenta con un reparto fantástico que incluye a los habituales de la comedia USA (Alison Brie, Seth Rogen, Megan Mullally, Judd Apatow) y cameos por doquier (qué placer volver a ver a Melanie Griffith en otra película sobre cine trash, después de la genial Cecil B. Demente).

The Disaster Artist es una absoluta maravilla dentro del subgénero del cine dentro del cine, una cinta divertídisima, brillante, y a ratos conmovedora que nos habla sobre un artista inclasificable (porque dudamos que lo sea) y una amistad forjada y condicionada por el sueño (atrofiado) de Hollywood. Una de las mejores películas del año.

Pedro J. García

Nota: ★★★★½

Cine inédito en salas (septiembre 2017)

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Por una circunstancia u otra, cada año cientos de películas se quedan sin estreno en salas comerciales. No importa que estén dirigidas por realizadores de renombre o protagonizadas por grandes estrellas, la cartelera es un lugar muy competitivo y no todas consiguen llegar a figurar en la marquesina de tu parada de bus más cercana. Sony Pictures Home Entertainment sigue rescatando estos films que en muchos casos han cosechado buenas críticas a su paso por festivales o en estrenos limitados en su país, para seguir aumentando su interesante catálogo de títulos directos a DVD y Blu-ray.

Hoy toca repasar los estrenos inéditos en salas del mes de septiembre, y todos tienen una cosa en común: el drama. Cuatro cintas que, desde diferentes perspectivas, géneros y periodos históricos, nos hablan de las dificultades y las penurias del ser humano. Un drama histórico dirigido por el incombustible James Franco, la primera película como directora de Katie Holmes, una película de boxeo protagonizada por un Miles Teller recién salido de Whiplash y un thriller psicológico sobre la anorexia escrito por Troian Bellisario.

En lucha incierta (In Dubious Battle, James Franco)

en-lucha-inciertaActualmente, James Franco protagoniza la nueva serie de David Simon (The Wire) para HBO, The Deuce, en la que interpreta a gemelos por arte de magia digital. Aunque yo tengo la teoría de que en realidad no son efectos especiales, sino que realmente hay dos James Franco. Solo así se explica el volumen de trabajo que acomete el actor. Workaholic autoconfeso, toca todos los palos, actúa, dirige, produce, pinta, ha hecho comedia, drama, documentales… Uno siempre espera cierto nivel de excentricidad y riesgo en sus proyectos, por eso resulta especialmente sorprendente encontrarse con su nueva película como director, En lucha incierta, drama histórico de corte clásico basado en la novela de John Steinbeck sobre un grupo de trabajadores en la California de los años 30 que se subleva en contra de los ricos terratenientes para protestar contra sus injustas condiciones laborales.

En los últimos años, Franco se ha labrado una carrera caracterizada por la provocación y la subversión, pero con En lucha incierta se prueba los zapatos de Steven Spielberg y Ron Howard para llevar a cabo un trabajo academicista, una película clásica con reparto impresionante (Ed Harris, Vincent D’Onofrio, Robert Duvall, Bryan Cranston junto a los jóvenes Nat Wolff y Selena Gomez) en la que no hay ni una salida de tono. Si acaso la única el propio Franco como intérprete, que se reserva el papel protagonista, un sabio y valiente mentor que destapa la vena más narcisista de un actor que se esfuerza demasiado por convencer a la audiencia de que es un héroe. Por lo demás, En lucha incierta supone un trabajo más que correcto del que destacan su conseguida ambientación y su fantástico elenco.

Todo lo que teníamos (All We Had, Katie Holmes)

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Es curioso. En Dawson crece, era Dawson (James Van Der Beek) el que aspiraba a ser director de cine. En cambio, en la vida real, ha sido Joey, es decir, Katie Holmes, quien ha seguido por el camino de la realización. Después de años apareciendo más en la prensa del corazón que en la pantalla, Holmes se pone delante y detrás las cámaras para su opera prima como directoraTodo lo que teníamos, drama independiente que nos muestra un lado hasta ahora inédito de la actriz con un personaje complicado y completamente desprovisto de glamour, una madre que hará todo lo posible por proteger a su hija adolescente.

Rita Carmichael (Holmes) ha tenido una vida muy inestable, saltando de trabajo en trabajo y de hombre en hombre en busca de un hogar para su hija, Ruthie (Stefania Owen). Cuando su intento de afincarse en un nuevo pueblo se ve truncado, deberán luchar juntas por salir adelante, llegando a parar a un diner de poca monta en el que encontrarán nuevas amistades, y la oportunidad de salir a flote. Con Todo lo que teníamos, Holmes desvela una sensibilidad melancólica muy marcada como narradora con una familiar dramedia indie repleta de personajes peculiares que, si bien recurre a todos los clichés del género, destaca por estar hecha con evidente dedicación y, sobre todo, por el trabajo interpretativo de Holmes, que sale mejor parada como actriz que como directora, y de la joven Stefania Owen, un gran acierto de casting.

Eternamente hermanos (Feed, Tommy Bertelsen)

eternamente-hermanosTroian Bellisario es famosa por interpretar a una de las “mentirosas” de la serie Pretty Little Liars, pero más allá del éxito adolescente de la televisión norteamericana, la actriz tiene inquietudes artísticas y creativas que la han llevado a escribir y producir su primer largometraje, Feed, en el que se vuelca personalmente para hablar de un tema que le toca muy de cerca, los desórdenes alimenticios y, en concreto, la anorexia, enfermedad que ha padecido en la vida real.

La mala suerte ha querido que Eternamente hermanos (que es como se titula oficialmente el film en España) haya coincidido en el tiempo con otra cinta de temática similar, Hasta los huesos, película original de Netflix protagonizada por Lily Collins que se ha llevado mucha más prensa (buena y mala). La de Bellisario es, sin embargo, una propuesta diferente. Eternamente hermanos se aproxima a su complicada temática desde el prisma del thriller psicológico para dar forma al trastorno de su protagonista empleando los mecanismos del suspense, incluso del terror. Olivia (Bellisario) y Matthew Grey (Tom Felton – Harry Potter) son dos mellizos de 18 años criados que destacan en el instituto por su popularidad y logros académicos. Después de un trágico accidente, Olivia deberá aprender a vivir sin su otra mitad, lo que le llevará a desarrollar una enfermedad que pondrá en peligro su futuro.

Eternamente hermanos no es ninguna maravilla, pero hay que elogiar su honestidad y el hecho de que Bellisario, comprensiblemente, no glamouriza la anorexia en ningún momento, sino que da voz a un problema muy grave que no suele tratarse en profundidad en la cultura audiovisual.

Sacrificio de leyenda (Bleed for This, Ben Younger)

sacrificio-de-leyendaTras su paso por los festivales de Telluride, Toronto, Londres o Austin, y su premio a la Película del año en el Washington West Film Festival, Sacrificio de leyenda llega a Blu-ray y DVD en España (es la única película de esta entrada que, además de salir en DVD, ve la luz también en alta definición). Ben Younger (El informadorSecretos compartidos) dirige un biopic de boxeo producido por Martin Scorsese y protagonizado por un Miles Teller aun contagiado de la energía agotadora y el poderío físico de su excelente trabajo en Whiplash.

Teller da vida a Vinnie Pazienza, campeón del mundo de boxeo que, tras un accidente en coche queda gravemente lesionado. Negándose a que el accidente trunque su carrera, Pazienza se somete a un duro proceso de rehabilitación para volver a luchar, con la ayuda de los médicos, su familia y su entrenador Kevin Rooney (Aaron Eckhart). Contra todo pronóstico, el boxeador regresa al ring para demostrar la fuerza del espíritu humano e inspirar a toda una generación de deportistas y aficionados al boxeoSacrificio de leyenda sigue al pie de la letra el manual del cine deportivo y los biopics para ofrecer una experiencia que ya hemos visto muchas veces de una forma u otra (RockyMillion Dollar Baby, El luchador), pero que llega a buen puerto gracias a la encomiable labor interpretativa de su protagonista, un actor entregado en cuerpo y alma al personaje y a la película.

Crítica: Alien Covenant

En 2012, Ridley Scott retomó las riendas de la saga Alien para dirigir su primera precuela, Prometheus, con la que el director redibujaba la mitología que había introducido en Alien: El octavo pasajero y llevaba la franquicia hacia el espectáculo épico propio de los blockbusters actuales. A continuación se desarrollaron planes para continuar Prometheus de manera simultánea a la saga Alien, cuya quinta entrega iba a ser realizada por Neill Blomkamp (District 9, Chappie). Sin embargo, Scott decidió cancelar Alien 5 y convertir la segunda parte de Prometheus en Alien: Covenant, en la que sigue desarrollando la nueva historia presentada en la precuela con el objetivo de conectarla con el clásico original, como si la tercera y cuarta partes no hubieran existido nunca.

Prometheus supuso una decepción para muchos. La mayor queja de los espectadores no fue el hecho de que esta se alejase considerablemente del espíritu de las primeras películas (al fin y al cabo, no se confirmó que se trataba de una precuela de Alien hasta que la película llegó a los cines y es lógico que tuviera un estilo diferenciado), sino un guion repleto de incongruencias y agujerosJohn Spaihts (PassengersDoctor Strange) y Damon Lindelof (uno de los showrunners de Perdidos) firmaron un libreto lleno de sinsentidos y personajes que se comportaban de manera absurda, según las necesidades de la trama. Alien: Covenant era la oportunidad de Scott para corregir el curso después de aquel accidentado rearranque, y para ello, el director ha decidido devolver la saga a sus orígenes con un híbrido entre Alien Prometheus, y lo más importante, orquestando el esperado regreso del xenomorfo.

Ambientada 10 años después de los acontecimientos de PrometheusAlien: Covenant nos sube a bordo de la nave espacial Covenant, mientras esta se dirige hacia el remoto planeta Origae-6 para establecer una nueva colonia. La tripulación y los 2.000 embriones humanos que viajan en la nave se encuentran sumidos en un profundo hipersueño, del que despiertan tras un desastroso accidente. Obligado a reevaluar la misión, el capitán de la nave (Billy Crudup) decide desviar la misión de su curso hacia un planeta inexplorado que parece cumplir las condiciones para albergar vida humana. Una vez allí, lo que parece un tranquilo paraíso natural resulta ser un oscuro y siniestro lugar que oculta una amenaza mortal de la que será casi imposible escapar, así como un secreto que oculta la clave de la creación de los xenoformos.

Alien: Covenant supone un retorno al suspense y el terror de Alien, el octavo pasajero. A medias. Para la primera mitad del film, Scott recupera los elementos más icónicos del clásico de 1979, incluidos los parásitos saltando a la cara desde su huevo y el “nacimiento” de los aliens rompiendo la caja torácica de su huésped y poniéndolo todo perdido ante los despavoridos ojos de los demás tripulantes. La película contiene pasajes auténticamente brutales que hacen honor a su calificación Rated-R, y la sangre y el gore bañan la acción en numerosas ocasiones, asegurándose así de que los fans de Alien que quedaron descontentos con Prometheus queden más satisfechos esta vez. Claro que, a pesar de esto, Alien: Covenant no deja de ser Prometheus 2, y ahí es donde empiezan los problemas.

Haciendo gala de su característica terquedad, Scott decidió hacer oídos sordos a las críticas de Prometheus y en consecuencia acaba incurriendo en los mismos fallos que su predecesora, desaprovechando una oportunidad de oro para hacer mejor las cosas. Que quede claro que Alien: Covenant no es un completo desastre ni mucho menos, de hecho hay mucho que disfrutar en ella, pero supone una importante decepción al verla tropezar de nuevo con la misma piedra. Y esta piedra vuelve a ser un guion más preocupado por la construcción de la cada vez más intrincada mitología de la saga que por la coherencia, lo que inevitablemente resulta en una sucesión de desaciertos: diálogos que chirrían, personajes planos que solo están ahí para ejercer de víctimas del monstruo y supuestos expertos que actúan de la manera más torpe y menos profesional posible cometiendo errores absurdos (sí, como en Prometheus, aquí también tocan lo que no deben a pesar de conocer perfectamente los protocolos), situaciones que rozan la comedia involuntaria, una línea temporal excesivamente confusa, ejecución irregular y arrítmica, y un final muy predecible.

Afortunadamente, también hay alicientes para hacer más llevadero el chasco. El primero de todos es su notable ambientación y apartado visual. Si obviamos al neomorfo bebé, una criatura digital que parece más propia de finales de los 90 que de 2017 (y que recuerda a los infames xenomorfos de Alien 3), Alien: Covenant entra muy bien por los ojos. Como adelantábamos antes, esta entrega es más oscura, más sangrienta e inquietante, y posee una cualidad pesadillesca muy marcada (otra cosa quizá no, pero Scott conserva su capacidad para provocar con sus imágenes). Por otro lado, la acción también cumple, con set pieces contundentes y enfrentamientos con los aliens de una violencia gráfica mucho más cafre de lo que esperábamos. Pero lo más destacable de la película es quizá el papel de Michael Fassbender, que ha acabado adquiriendo una importancia capital en la cronología de Alien.

El actor alemán interpreta a un nuevo androide, Walter, una versión simplificada de David, el humano sintético de Prometheus que reaparece aquí convertido en un megalómano que recita Ozymandias, adora “La entrada de los dioses al Valhalla” de Wagner (obviamente), y por si no ha quedado claro ya, aspira a ser Dios y controlar toda la creación. Las interacciones entre David y Walter (excelente planificación para unirlos en escena) nos dejan los tramos más interesantes del film, pero también los más delirantes y excéntricos, alguno incluso cargado de tensión sexual entre ambos robots (todo un sueño para admiradores de Fassbender y creadores de fan fiction y fan art). De hecho, David y Walter son los personajes más definidos y complejos de la película, paradójicamente más que cualquiera de los humanos: una más bien insulsa Katherine Waterson se queda a años luz de Ripley, incluso de Elizabeth Shaw, y el resto de tripulantes son intercambiables, incluido el ya habitual personaje gay de blockbuster que si pestañeas no te enteras de que lo es.

Alien: Covenant arranca muy bien, proyectando ecos de la Nostromo, rescatando la estética original de Alien (como se ve ya desde los pósters promocionales) y devolviendo el terror más angustioso a la saga, pero a medida que avanza deriva hacia lo que siempre ha sido (y lo que muchos temíamos): la segunda parte de Prometheus. Tiene sentido, Scott está uniendo lo que comenzó en 1979 con lo que reinició en 2012, los Ingenieros con los xenomorfos, pero el resultado de este proceso es por ahora muy inconsistente. Por un lado, Alien: Covenant funciona correctamente como blockbuster de acción, aunando el factor espectacular con una inclinación más poética y filosófica que resulta en una fusión a ratos extrañamente hipnótica. Pero por otro, falla como intento de reencauzar una saga que parece tener claro hacia dónde se dirige, pero no tanto cómo llegar a su destino.

Nota: ★★★

[Crítica] La fiesta de las salchichas: Desperdicio de comida

El exitoso tándem formado por Seth Rogen y Evan Goldberg lleva ya casi una década pisando fuerte en la taquilla estadounidense, primero en cintas como Supersalidos Superfumados (donde el primero actúa y ambos escriben), y más tarde asumiendo total control creativo de sus proyectos, co-escribiendo y co-dirigiendo juntos películas con resultados tan dispares como Juerga hasta el finThe Interview, o aventurándose en televisión con la serie PreacherRogen y Godlberg, junto a su pandilla de amiguetes humoristas se han hecho un nombre con un tipo muy específico de cine que se podría denominar “comedia gamberra con corazón” o “bromance comedy”. El siguiente paso de estos dos enfant (no tan) terribles les lleva al cine de animación, donde nos presentan La fiesta de las salchichas (Sausage Party), aventura realizada por ordenador que se orienta única y específicamente al público adulto.

Para esta nueva andanza, ideada a tres bandas junto Jonah Hill, han contado con Conrad Vernon (Shrek 2, Monstruos contra Alienígenas, Madagascar 3: de marcha por Europa) en la dirección y un reparto de voces formado por los indispensables de su cine: Kristen Wiig, Bill Hader, Michael Cera, James Franco, Danny McBride, Craig Robinson, Paul Rudd, Nick Kroll, David Krumholt, Edward Norton y Salma Hayek, además de Rogen y Hill. Con todos estos nombres involucrados, es fácil imaginarse qué nos podemos encontrar en La fiesta de las salchichashumor fumado, provocación, incorrección política y una historia muy pasada de rosca. Pero la libertad que proporciona la animación les ha empujado a ir un paso (o veinte) más allá para acabar realizando la que es quizá su película más bestia hasta la fecha.

Esta suerte de Toy Story obscena y salvaje se ambienta en un supermercado en el que los alimentos y utensilios cobran vida y ven a los humanos como dioses encargados de elegirlos para llevarlos al “Más Allá”. Frank (Rogen), una salchicha confinada en su pack de diez, sueña con ser elegido algún día junto a su amada, Brenda (Wiig), un curvilíneo pan de perrito caliente con quien desea vivir feliz en el Paraíso. Un día, un bote de mostaza devuelto por un cliente del supermercado les advierte de la verdad que hay más allá de las puertas automáticas del supermercado: el mundo es en realidad un infierno en el que los humanos someten a los alimentos a las más indescriptibles atrocidades. Tras un accidente con un carrito de la compra, Frank, Brenda y un grupo de alimentos del supermercado emprenderán un viaje para volver a sus respectivas secciones, en el que aprenderán la verdad sobre su existencia y en última instancia se verán obligados a hacer algo contra los humanos para sobrevivir.

La fiesta de las salchichas es una irreverente parodia de las películas de Disney, Pixar o DreamWorks (opening musical incluido), una “clásica” aventura de regreso a casa pasada por el filtro de South Park, es decir, animación para adultos con cantidades industriales de sal gruesa, sexo, palabrotas y humor ofensivo para escandalizar a base de bien. La historia se construye básica y casi enteramente a base de estereotipos raciales y culturales y no hay prácticamente nada fuera de límitesLa fiesta de las salchichas puede llegar a ser absolutamente demencial, en especial durante su recta final y clímax (narrativo y literal) a lo John Waters, donde se le va la olla de tal manera que uno no puede creerse lo que está viendo en pantalla (la película da un nuevo significado al término “food porn”). Esta osadía sin cortapisas lleva a Rogen y Goldberg a idear unas cuantas escenas aisladas que destacan especialmente, como dicho final, el accidente en el carrito (brutalísima parodia del cine bélico), la participación de Chicle (caricatura de Stephen Hawking que disparará hacia la estratosfera el sentido de culpa del espectador por encontrarlo tan gracioso), o la verdad sobre lo que ocurre en la cocina de los humanos, un festival de “gore” alimenticio que remite a la (ya de por sí cruel) escena de “Les Poissons” en La Sirenita.

Sin embargo, el impacto que generan estos puntuales momentos divertidos se diluye por culpa del decepcionante tratamiento general, con una historia que se burla de los tópicos de otros para caer en los suyos propios, y que alardea de humor autoconscientemente ofensivo (machista, racista, y todos los -istas que hay) sin preocuparse de darle algo de garra e inteligencia (como sí hace South Park, y ahí está la diferencia entre ambas), lo que hace que la mayor parte del tiempo sea una comedia simplemente pueril y simplona, y que su humor derive continuamente hacia el cuñadismo. No ayuda tampoco que sea más bien pobre técnica y visualmente (una cosa es el feísmo, otra diferente es lo cutre) y que su ritmo sea atropellado. Y es que la historia es en realidad tan rudimentaria que la película puede resultar bastante pesada y plasta (como un cuñado, vaya).

La fiesta de las salchichas tiene sus puntazos, un par de gags memorables que desatarán carcajadas y dejarán con la boca abierta a más de uno, un humor tan vulgar y animal que invita a celebrar que alguien (más) se haya atrevido a hacer algo así en Hollywood. Pero a la vez, obliga a lamentarse por lo que podía haber sido y no es. Porque se puede hacer humor ofensivo e inteligente, está demostrado, o se puede hacer como esta película, para la que los últimos 20 años no existen. A pesar de algún que otro destello de ingenio, La fiesta de las salchichas desaprovecha su oportunidad de dejar huella de verdad en favor de lo fácil, de los estereotipos más hastiados (no me hagáis hablar del personaje de Salma Hayek) y las ideas políticas más planas, quedándose así en una simple “película para tíos” (habla por sí solo que Jorge Cremades haya participado en la campaña publicitaria en España). Sin ánimo de ofender a los “tíos”…

Pedro J. García

Nota: ★★

 

11.22.63: El tiempo perdido

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11/22/63 es una de las novelas más leídas y veneradas del prolífico Stephen King. Según cuenta el autor, este libro llevaba gestándose desde 1971, justo antes del lanzamiento de su primera novela, Carrie. Por esta razón, se podría decir que 11/22/63 es un proyecto de toda la vida, uno de los más importantes para la carrera del famoso escritor estadounidense. King aparcó la preparación de la novela durante muchos años, porque esta requería un trabajo de documentación exhaustivo que el autor no estaba preparado para llevar a cabo al inicio de su carrera, pero nunca abandonó del todo el proyecto, que, al igual que ocurrió con Under the Dome, retomó más tarde, cuando las circunstancias fueron más propicias.

El libro, que se publicó finalmente en 2011 con gran éxito de ventas (como no podía ser menos) y un recibimiento entusiasta por parte de los lectores, cuenta la historia de un hombre que viaja en el tiempo a través de un portal oculto en un típico diner para prevenir en asesinato de John F. Kennedy, el 22 de noviembre de 1963. Sin dejar de lado el género fantástico, King se distanciaba del tipo de novelas que le habían otorgado la fama, para adentrarse en el drama histórico. Vestida de historia sobre viajes en el tiempo y relato romántico11/22/63 es en cierto modo la crónica de un periodo de tiempo muy importante en la historia de Estados Unidos, una época de cambio, entre finales de los 50 y mediados de los 60, donde el idealismo de los años felices daba paso a una etapa de tumulto social e incertidumbre. Con más de 900 páginas, 11/22/63 es una lectura absorbente que, como casi todo lo que escribe King, clamaba por una adaptación audiovisual.

La plataforma de vídeo online Hulu es la encargada de trasladar las páginas a la pantalla (a España nos la trae la cadena Fox), con una miniserie de ocho episodios producida por el propio King, en colaboración con el imparable J.J. Abrams11.22.63 (cambiamos las barras por puntos para la versión televisiva y ponemos el día primero para el título oficial en España, 22.11.63), tiene la difícil tarea de adaptar una obra monumental, repleta de información y giros, que transcurre a lo largo de cinco años y se cuece a fuego lento. Durante un tiempo se pensó en convertirla en película, pero esto habría sido una empresa imposible. El formato miniserie era el idóneo para este libro en concreto, y el nivel de la ficción dramática de los canales alternativos auguraba una adaptación a la altura que esquivase la maldición de King, cuya obra pocas veces se ha llevado a la pantalla de manera satisfactoria.

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Bridget Carpenter (Friday Night LightsParenthood) se encarga de desarrollar el proyecto, para lo que, como es lógico, ha tenido que efectuar cuantiosos cambios con respecto a la novela. En esencia, 11.22.63 se mantiene muy fiel al libro, pero la naturaleza del medio televisivo obliga a esquematizar y el formato serial a reordenar los puntos de inflexión del relato. Por eso, la historia comienza en 1960 en lugar de 1958, por eso se reducen los viajes de su protagonista, Jake Epping (James Franco), se cortan muchos pasajes o se cambia el papel de algunos personajes, para ajustarse a la narración episódica televisiva. Lo que viene siendo cualquier adaptación de un libro de esta envergadura. Carpenter da comienzo a la miniserie de forma acertada, estableciendo el tono con certeza, y extrayendo la esencia de la novela para contar lo más importante. Pero a medida que avanza, 11.22.63 va perdiendo fuelle, y no consigue brillar tanto como prometía, yendo de más a menos para convertirse en una decepción. Y no ya solo como adaptación, porque tenemos que ser capaces de separar ambos medios, sino como serie. 11.22.63 no está a la altura, simplemente no logra la trascendencia y el impacto que su historia podía haber propiciado, no está bien planificada desde el punto de vista narrativo, y se queda en el terreno de lo convencional. Podría haber sido extraordinaria, pero se conforma con ser correcta.

Carpenter no dosifica bien la información, no parece saber siempre cuándo pausar o acelerar, provocando que la serie adolezca de un ritmo muy irregular, y la historia pierda interés paulatinamente, cuando debería ser al contrario. Pero el problema principal de 11.22.63 es otro, aunque está derivado de lo mismo: su práctica falta de desarrollo de personajes. A nivel interpretativo, la serie cumple (olvidémonos de la lamentable pero afortunadamente breve participación de T.R. Knight): Sarah Gadon está encantadora, George MacKay es muy buen sidekick (acertadamente, el papel de Bill Turcotte gana peso con respecto al libro), y el protagonista, James Franco, está mejor de lo que se esperaba. Claro que, por desgracia, su personaje apenas muestra síntomas de evolución durante los años que permanece en el pasado (y esto es culpa suya y del guion), lo que hace que sea difícil involucrarse emocionalmente con su historia (simplemente no se nos muestra bien el vínculo que Jake desarrolla con el mundo de los 60, clave para entender su viaje personal). Tampoco ayuda que se pase de puntillas por los temas sociales, aunque entendemos que no hay tiempo para entretenerse con ellos, o que no explore de forma interesante a los personajes de Lee Harvey Oswald (Daniel Webber) y su mujer, Marina Oswald (Lucy Fry). Al final, la serie se queda en la superficie en todos los aspectos, no logra expresar la relevancia de la época que retrata y sus personajes no transmiten demasiado. Por eso, aunque su final (afortunadamente fiel al del libro) sea ciertamente bonito, habría sido más conmovedor si los protagonistas y la historia hubieran tenido más aristas.

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A nivel técnico, 11.22.63 está a la altura de lo que se espera de un drama televisivo actual. La ambientación de los años 60 es fantástica, la factura es notable, y en general es un producto muy cuidado. Sin embargo, desaprovecha una oportunidad de oro al no hallar el núcleo emocional de la historia y no hacer que sus personajes apenas crezcan a lo largo de sus ocho capítulos. Mientras, pierde el tiempo estirando tramas que no aportan demasiado para acabar apresurando los acontecimientos en los dos últimos episodios (que al menos remontan con respecto a los anteriores para dejar con mejor sabor de boca). Si bien ha escapado de la maldición de King, 11.22.63 supone una desilusión, sobre todo por lo bien que arranca. Como le dice Sadie a Jake en una escena clave de la serie: “La película nunca es mejor que el libro”. Es un tópico muy facilón (aunque también un guiño muy simpático teniendo en cuenta el historial audiovisual de King), pero esta miniserie corrobora que es cierto.

Crítica: Todo saldrá bien

James Franco Todo saldrá bien

Después de una etapa centrada casi exclusivamente en el documental, Wim Wenders regresa al drama de personajes, género con el que se labró su reputación como uno de los cineastas europeos más destacados y se ganó su lugar en el Olimpo del cine de autorTodo saldrá bien (Every Thing Will Be Fine) nos devuelve a un Wenders interesado en explorar las relaciones humanas a través del dolor de la pérdida, la culpabilidad y la dificultad para comunicarse.

La vida del afamado escritor Tomas Eldan (el omnipresente James Franco) da un vuelco el día que, tras una discusión con su novia, atropella a un niño con el coche, resultando en la muerte del pequeño. Años después, Tomas es incapaz de soportar el peso de la culpa y vive atrapado en una eterna búsqueda de redención, a pesar de que es consciente de que fue un accidente y no existe otro culpable más que el azar. Aquel fatídico día ha condicionado a Tomas, tanto en su trabajo (prepara una nueva novela en la que verterá todo lo que no puede decir en voz alta) como en su relación con Sara (la no menos omnipresente Rachel McAdams), ya de por sí condenada por sus problemas de convivencia. Para afrontar el fantasma del pasado, el escritor vuelve a ver a Kate (Charlotte Gainsbourg), la madre del pequeño atropellado, con la que entablará una amistad que afectará profundamente al otro hijo de la mujer, que sobrevivió al accidente.

El film narra la vida de estos personajes en el transcurso de doce años, y a través de varias estaciones, lo que obligó a Wenders y el equipo a extender la producción al doble Todo saldrá bien posterde lo habitual (seis meses en lugar de tres), con la intención de plasmar con realismo el paso del tiempo en la pantalla. El comienzo del proyecto se encadenó con el final del documental nominado al Oscar Pina, con el que Wenders utilizó la tecnología 3D para hallar nuevos terrenos de expresividad fílmica. La experiencia con el formato despertó el gusanillo del realizador, que decidió volver a recurrir al 3D para esta película.

Todo saldrá bien está concebida para explorar las aplicaciones de las tres dimensiones en un género para el que en un principio no están diseñadas, el drama psicológico. Wenders experimenta con la cámara en busca de los límites del encuadre obteniendo planos interesantes y generando una atmósfera envolvente (si acaso demasiado oscura, como suele ocurrir con esta técnica de filmación). Sin embargo, la historia de Tomas carece de las capas necesarias para que el uso del formato deporte verdaderos resultados, y llega un momento en el que el 3D parece existir únicamente para sustituir la ausencia de profundidad psicológica del film, fallando a la hora de encontrar en los personajes y la historia la transcendencia que no son capaces de mostrar por sí solos.

Wenders compone un drama de carácter solemne y ritmo pausado que nos habla entre otras cosas sobre la paternidad, la soledad, y el dolor y el sufrimiento del artista como parte de su proceso creativo. Pero el trabajo del director resulta excesivamente frío y presuntuoso, como si estuviera evitando a toda costa caer en las redes del melodrama. El empeño de Wenders por mantener en todo momento la seriedad y la frialdad contemplativa del relato, unido al trabajo correcto sin más de sus intérpretes, hace que Todo saldrá bien acabe siendo demasiado distante, difícil de penetrar, y en última instancia mucho más vacía y “unidimensional” de lo que pretendía. Solo la excelente partitura de Alexandre Desplat y un clímax oscuro y perturbador que nos remite al cine de Michael Haneke hacen que Todo saldrá bien despierte momentáneamente de la hibernación emocional en la que se encuentra sumida.

Valoración: ★★½

Crítica: Una historia real

James Franco Una historia real

En Una historia real (True Story), Michael Finkel (Jonah Hill), reportero en alza del New York Times, es automáticamente despedido y desacreditado después de publicar un reportaje falseado. Como consecuencia, Finkel decide autoexiliarse obligadamente a su Montana natal, donde vive su esposa, Jill (Felicity Jones). Desde allí tratará por todos los medios de encontrar un modo de volver a ejercer su profesión, pero el descrédito le precede y ningún medio está dispuesto a tenderle una mano. Cuando su carrera parece acabada, una llamada de teléfono lo cambia todo. Desde prisión, Christian Longo (James Franco), un hombre acusado de asesinar a su mujer y tres hijos, ofrece a Finkel contarle su historia mientras espera su juicio, con la idea de publicar un libro después del veredicto.

Finkel acepta escuchar la historia de Longo, que, tras haberse apropiado de su identidad para huir de la policía, le confiesa ser un ferviente admirador de su trabajo periodístico. A pesar de que pone en peligro la ya de por sí frágil relación con su mujer, el periodista centra todos sus esfuerzos en tratar de adentrarse en la mente del presunto asesino a través de sus conversaciones y de las cartas que este le envía desde prisión. El caso de Longo consume por completo a Finkel, que se ve atrapado por la personalidad enigmática y evasiva del acusado, un hombre extraordinariamente difícil de descifrar que parece estar utilizando al periodista, aunque no esté claro para qué. Longo ofrece detalles de su vida y de la noche del supuesto homicidio a cambio de lecciones de periodismo, lo que conduce a una intensa relación entre ambos hombres que se transforma gradualmente en un juego psicológico en el que no parece haber forma de encontrar la verdad sobre Longo.

Una Historia Real_PosterUna historia real está basada en el libro del Michael Finkel verdadero y supone el debut en el largometraje del director de teatro Rupert Goold. Llama la atención en un drama tan severo como este la presencia de dos de los rostros más reconocibles de la comedia norteamericana actual, James Franco y Jonah Hill (que han trabajado juntos en varias películas). Ambos actores ya han demostrado que tienen su lado serio (Franco sigue desorientando, empeñado en cultivar su imagen de artista del Renacimiento, y Hill tiene una nominación al Oscar por El lobo de Wall Street), pero verlos juntos en un contexto dramático como este resulta desorientador cuanto menos. Sin embargo, Franco y Hill no son los responsables de que Una historia real no termine de tomar forma. Ellos llevan a cabo un trabajo más que correcto y logran aparcar con éxito su imagen de cómicos fumados, pero el material no es lo suficientemente interesante, lo cual es muy significativo, teniendo en cuenta los escalofriantes acontecimientos reales que narra.

El trabajo de Goold es preciso e inteligente, pero el director decide aproximarse a la historia desde un prisma excesivamente analítico y desapasionado, lo que se vuelve en su contra. La relación que se establece entre los dos protagonistas no es tan profunda como cabría esperar, y aunque el director (y co-guionista) se empeñe en que pensemos lo contrario, faltan capas en la historia y una mayor gradación psicológica en sus diálogos. Mientras trata de plasmar la naturaleza esquiva de la verdad, a Woold se le olvida insuflarle vida al relato, que solo parece despertar en una soberbia escena protagonizada por Felicity Jones al final de la película. Desafortunadamente, es una secuencia aislada. Por lo demás, Una historia real se queda en la superficie de un perturbador misterio que pedía un acercamiento más visceral y arriesgado.

Valoración: ★★½

Las 20 mejores películas de 2013 – Una lista de Fuertecito

La siguiente lista está compuesta exclusivamente por películas estrenadas en España entre el 1 de enero y el 31 de diciembre de 2013.

Spring Breakers

20. Spring Breakers (Harmony Korine)

Probablemente sea la película más sobrevalorada del año. Incluso de la década. Pero lo que está claro es que Spring Breakers marca. Vamos, que los (pocos) que la han tachado de “olvidable” seguirán recordando a todos durante años lo olvidable que es. El trabajo más comercial (es un decir) de Harmony Korine es un tratado absolutista y nihilista sobre una generación de adolescentes hedonistas (sí, cumple con todos los -istas) protagonizado por cuatro (más bien tres) maniquíes intercambiables en bikini. A golpe de dubsteptwerking y hip hopSpring Breakers nos taladra con el vacío más pesadillesco. Harmony va sobrado de pretensión (¿tiene derecho a generalizar así?) y roza la narcolepsia narrativa en su intento de trasladar a la pantalla su pesimista discurso, pero no cabe duda de que Spring Breakers es una obra importante, un documento exagerado, afectado e iconoclasta que ataca los sentidos con su espléndida factura y espíritu destroyer. La única película de esta lista (en un simbólico último puesto) que está incluida no tanto por lo que pienso de ella sino por su impacto a lo largo de 2013.

Tom Hanks

19. Capitán Phillips (Captain Phillips, Paul Greengrass)

La introspectiva y soberbia interpretación de Tom Hanks es la clave para que el enfoque de Greengrass resulte efectivo. Pero no es hasta los últimos cinco minutos de la película cuando, en retrospectiva, nos percatamos del increíble trabajo de Hanks y su papel en la cruda dramatización que pone en marcha Greengrass. La inolvidable y descarnada escena final da sentido a todo, es la catarsis definitiva. Nos derrumbamos con Richard, con Hanks, un hombre derrotado no solo por la aterradora experiencia personal que acaba de vivir, sino también por haber contemplado de primera mano el horror del terrorismo y los efectos del capitalismo en los países subdesarrollados (“no es mi sangre”). Casi sin que nos percatemos de lo que está haciendo, sin entrar en grandes reflexiones ni emitir juicios morales recalcitrantes, un Greengrass metódico y casi invisible nos deja huella con el inteligente estudio de un personaje extraordinario. [Crítica completa]

The Bling Ring (2013)

18. The Bling Ring (Sofia Coppola)

Más corrosiva que nunca (aunque no lo parezca a simple vista), la directora de Lost in Translation elabora con The Bling Ring un divertido, descorazonador, y a ratos aterrador tratado sobre el culto a la fama y el lujo a través de un grupo de adolescentes cegados por el destello y la ostentación de las marcas de alta costura. Niñas (y un niño) pertenecientes a familias acomodadas, “educadas” en casa con chándals de Juicy Couture y alfabetizadas gracias a sus manuales de papel couché y revistas de moda de dos kilos y medio. Manteniendo una distancia prudencial con su discurso (que puede confundirse con reivindicación o admiración), y sin querer sacar grandes conclusiones sobre una generación (pero casi haciéndolo), Coppola satiriza sobre el vacío existencial de unos chavales definidos y anulados por sus parafilias. [Crítica completa]

Mud

17. Mud (Jeff Nichols)

En Mud, Nichols emplea las mismas herramientas narrativas y estilísticas que en su anterior obra (Take Shelter), pero las reorganiza para enarbolar un relato sobre la adolescencia y la pérdida de la inocencia. Mud huele a tierra mojada del Misisipi, a la América profunda de los grandes lagos y la vida pesquera, a rudos hombres con grandes botas que no han conocido más ducha que el agua dulce del río, a hastío y resignación. Nichols, que escribe también el guión, cultiva con pasión contenida la tradición de los relatos clásicos norteamericanos en una película que cuenta la transición hacia la vida adulta de sus particulares Tom Sawyer y Huckleberry Finn. […] Mud fluctúa entre la ensoñación y el idealismo de la infancia que comprende el amor en términos absolutos y la dura realidad de la vida, en la que hace falta algo más que preguntar “¿quieres ser mi novia?” para sellar un contrato amoroso para la eternidad. [Crítica completa]

Tom Hiddleston Chris Hemsworth

16. Thor: El mundo oscuro (Thor: The Dark World, Alan Taylor)

Únicamente por el alto contenido autorreflexivo, los guiños a las otras franquicias marvelianas, los cameos y las escenas post-créditos, la película supone una experiencia plenamente satisfactoria para el fan del Universo Cinematográfico de Marvel, una que deja con ganas de más, y cuanto antes mejor. El éxito de la estrategia queda así demostrado. Thor: El mundo oscuro supone una muy divertida y oportuna incursión en el Marvel más festivo, el de los puentes de arco iris y los trajes barrocos, sin descuidar la acción más espectacular. […] Y además de seguir garantizando nuestra fidelidad para los siguientes capítulos, la película nos da todo el Loki que deseábamos y más. Loki leyendo, Loki llorando, Loki piropeando a su hermano, Loki riéndose de todos (de nosotros los primeros), Loki siendo un cabrón, Loki melena al viento. ¿Para cuándo una trilogía spin-off de Loki? [Crítica completa]

Blue Jasmine

15. Blue Jasmine (Woody Allen)

Abordar en el cine una enfermedad mental con cierta profundidad y sin caer en tremendismos o afectaciones es una tarea complicada. Convertir el trastorno psicológico en un recurso cómico efectivo sin ofender o traspasar la delgada línea entre el buen gusto y lo políticamente incorrecto requiere aún más maña. Blue Jasmine es extraordinaria porque su director y guionista, Woody Allen, hace todo eso y más. A base de diálogos punzantes (como de costumbre), matices muy sutiles y brutal perspicacia antropológica (como cuando es el mejor Woody Allen que puede ser), el director levanta una complejamente sencilla historia con un claro epicentro: la arrebatadora interpretación de Cate Blanchett. [Crítica completa]

One Direction This Is Us

14. One Direction: This Is Us (Morgan Spurlock)

This Is Us no es A Hard Day’s Night, pero bien podría haberlo sido. Lo que sí es es una de las películas más divertidas y emotivas del año. Así de claro. […] También proporciona momentos sorprendentemente introspectivos y reveladores capaces de provocar más de un nudo en la garganta: una tímida pero valiosa reflexión sobre la fama por parte de los protagonistas de la historia y las declaraciones de los padres de las criaturas, que fluctúan entre el orgullo más exaltado y la tristeza más profunda. Si hay una escena que engloba este agridulce sentimiento a la perfección es aquella en la que Liam vuelve a casa durante unos días de descanso de la gira y se encuentra con un recortable de cartón a tamaño natural de sí mismo en su habitación. Su madre lo usa para sentir que su hijo sigue en casa. ¿Reír o llorar? [Crítica completa]

Frozen El reino del hielo

13. Frozen: El reino del hielo (Frozen, Chris Buck, Jennifer Lee)

En 2013, Disney ha hallado por fin el puente más estable entre pasado y futuro. Con Frozen: El reino del hielo el estudio recupera el lustre de sus mejores años sin dejar de mirar hacia delante, para darnos el mejor Clásico Disney en más de una década. […] Buck y Lee sacan todo el partido a la mejor animación 3D y orquestan un portentoso e imaginativo espectáculo visual con bellísimos pasajes que dejan sin aliento (atención a la escena en la que Elsa construye su castillo). Afortunadamente, en esta ocasión el resto de elementos están a la altura del despliegue de medios. Frozen está cargada de momentos de calidez abrumadora, de comedia inteligente y magia espectacular. […] Y por último (pero no por ello menos importante), Frozen se erige como un colosal y esplendoroso musical de Broadway. [Crítica completa]

Solo Dios perdona

12. Solo Dios perdona (Only God Forgives, Nicolas Winding Refn)

En esta su última aventura antes de ponerse manos a la obra con Barbarella, Nicolas Winding Refn juega a ser Gaspar Noé y no sale mal parado. El director de Drive adapta de manera inteligente el saber hacer del enfant terrible franco-argentino tanto en lo argumental (Noé es un maestro de la venganza visceral), como en lo visual y su peculiar manera de representar la violencia de un modo explícito y desagradable (aunque en este caso, Winding Refn no llegue a ir tan lejos como su amigo). No obstante, el realizador de Irreversible aparece destacado en los agradecimientos de Solo Dios perdona (Only God Forgives) (Texto de David Lastra) [Crítica completa]

12 años de esclavitud

11. 12 años de esclavitud (12 Years a Slave, Steve McQueen)

12 años de esclavitud es un triunfo absoluto del cine, un trabajo comprometido y visceral en el que Steve McQueen lleva a cabo un valioso documento sobre la esclavitud en Norteamérica que bien podría haberse titulado 12 Oscars, por favor. McQueen evita los excesos melodramáticos y dosifica esa frialdad calculada que ha caracterizado su cine hasta ahora para levantar una obra inmensa, conmovedora, descarnada. Una historia contada desde la distancia adecuada (con cierto aire europeo) para que el espectador experimente de primera mano el dolor, sin sacrificar por ello la reflexión. 12 años de esclavitud es un gran relato norteamericano, un film magistralmente dirigido y acompasado (prodigiosas elipsis invisibles), e interpretado en carne viva. La experiencia inolvidable que supone la película se resume en dos de los planos más brillantes del año: las cuerdas del violín de Solomon Northup rompiéndose al darse de sí y el catártico momento en el que un inconmensurable Chiwetel Ejiofor rompe la cuarta pared y nos hace partícipes directos de su horrible experiencia. Absolutamente arrolladora.

Si fuera fácil

10. Si fuera fácil (This Is 40, Judd Apatow)

Judd Apatow no firma feel-good movies, sino más bien feel-depressed movies. Y This Is 40 no es una excepción. Su cine es cada vez menos complaciente, sus personajes más agrios -ni el adorable Paul Rudd se salva-, y el público estadounidense ya no responde a él con el mismo entusiasmo. […] El rechazo de Apatow a establecer una clara distinción entre géneros está afianzando su estilo y su tesis, a la vez que lo distancia del gran público. Para él, comedia y drama son lo mismo, y no hay risa sin dolor. Por eso su cine es cada vez más autobiográfico. This Is 40 es una sesión de terapia para el matrimonio Apatow-Mann, un aireo de trapos sucios, inseguridades y diferencias que de alguna manera sirve para sobrellevar su propia crisis de los 40. El director universaliza su experiencia personal, y se ofrece a él y a su familia como sujetos de pruebas con los que el espectador se compara en todo momento. Puede ser una experiencia algo incómoda, pero si fuera fácil, no sería una película de Judd Apatow. [Crítica completa]

Nana

9. Nana (Valérie Massadian)

Primitiva y salvaje en el sentido más precioso y puro de la palabra, es decir, “donde viven los niños”. Nana se presta a ser llamada “cuento” o “fábula“, pero es mucho más que eso. Es una mirada a la niñez descontaminada y sincera, temeraria y naturalista. Un sueño de regresión, donde lo perturbador es mágico y el mundo es un lugar posible de abarcar, entender y reinar por una niña de 4 años. Es mejor no entrar demasiado en detalle sobre lo que ocurre en esta película, puesto que su experiencia trasciende cualquier tipo de concreción y no hay tal cosa como un argumento que pueda resumirla. [Crítica completa]

La cabaña en el bosque

8. La cabaña en el bosque (The Cabin in the Woods, Drew Goddard)

La cabaña en el bosque es una comedia de terror (con un pie en el sci-fi) que desarma los mecanismos argumentales del género en un astuto ejercicio de deconstrucción (o autopsia) narrativa. Aportando una visión fresca y original como hiciera Pesadilla en Elm Street (Wes Craven) en los 80, y revitalizando el género con altas dosis de sátira y humor meta, como Scream en los 90, La cabaña en el bosque aporta una nueva perspectiva que reajusta nuestras expectativas (no sin antes manipularlas habilidosamente) y condiciona toda la producción terrorífica posterior. […] Whedon y Goddard se adueñan de todos, absolutamente todos, los lugares comunes del slasher, y orquestan un inteligente espectáculo de tramoya que no cesa en ningún momento de sorprender y sublimar. [Crítica completa]

Jane Levy

7. Posesión infernal (Evil Dead, Fede Álvarez)

Absolutamente enervante y desquiciante, burra y demencial. […] Con el equipo de productores original -Raimi, Tapert y el gran Bruce Campbell- y bajo la mirada de un director novel, la película se mantiene más o menos fiel a su referente, pero se adapta a las sensibilidades de la muy experimentada y suspicaz audiencia. […] ¿Cómo acometer la empresa de hacer una nueva Evil Dead cuando es, oficialmente, la tercera versión de la historia, y sobre todo, cuando ya se han explicitado y desmitificado todos sus mecanismos narrativos en La cabaña en el bosque? Muy sencillo: yendo más allá que todas ellas juntas. [Crítica completa]

La gran belleza

6. La gran belleza (La grande bellezza, Paolo Sorrentino)

La fiesta con la que Paolo Sorrentino abre La gran belleza es una de las secuencias mejor rodadas y montadas de la historia del cine, y funciona como una declaración de intenciones a viva voz. El último trabajo de Sorrentino es una colosal stravaganza felliniana, una extensa y apasionada carta de amor a Roma, a la opulencia y la decadencia berlusconiana, al lujo de las grandes firmas de alta costura conviviendo con el espíritu mamachicho. Un vigoroso y exultante ejercicio estético arraigado en la más profunda de las melancolías. “Roma I love you, but you’re bringing me down”. [Crítica completa]

The Master

5. The Master (Paul Thomas Anderson)

Paul Thomas Anderson nos da otra lección sobre la vida (y van…). En esta ocasión construye un complicado relato fragmentado en el que transforma la vida de Freddie Quell en un baile en el que no para de cambiar de pareja. Pobre diablo, mentiroso, ciudadano del mundo, alquimista, fotógrafo, obseso sexual, converso, sectario, pero siempre violento, Freddie es un personaje monstruoso y real, y así nos lo transmite un Joaquin Phoenix inmenso. Aunque su digestión no sea tan directa o “fácil” como en sus anteriores propuestas, PTA puede estar tranquilo porque The Master es otra obra maestra dentro de su filmografía. Suena “Changing Partners” y una inexplicable sonrisa aparece en nuestras caras. Otra vez lo ha vuelto a conseguir. (Texto de David Lastra)

GRAVITY

4. Gravity (Alfonso Cuarón)

Gravity supone una experiencia única, algo que no puede compararse a nada de lo que hemos visto hasta ahora en una sala de cine, un trabajo de filigrana técnica, sonora y visual que marca un antes y un después en el medio. La de Cuarón es una de las películas más fascinantes y cautivadoras que hemos podido ver en los últimos años, un viaje que necesitamos vivir en la oscuridad de un cine, con unas gafas que en lugar de alienarnos de la historia, como suele ocurrir, nos aislarán del mundo de manera que sintamos que nosotros mismos estamos en órbita junto aSandra Bullock y George Clooney. [Crítica completa]

THE PERKS OF BEING A WALLFLOWER

3. Las ventajas de ser un marginado (The Perks of Being a Wallflower, Stephen Chbosky)

Es muy probable que esas personas incapaces de olvidar aquel extraño sentimiento llamado adolescencia fueran en su día wallflowers, como Charlie, Sam y Patrick. Los que ven cosas, y de repente lo entienden todo. Los que se permiten salirse de la norma establecida y soñar. Los que pueden ser cualquier cosa y en cierto modo ya lo son: novelista, director de películas de vampiros, budista punk. Don’t dream it. Be it. Marginados, desplazados, diferentes. Únicos. […] Las ventajas de ser un marginado está repleta de instantes excelentemente articulados que retratan con acierto las profundas contradicciones de la adolescencia. Stephen Chbosky demuestra un buen ojo clínico a la hora de construir a sus personajes y hacerlos portavoces de su certera visión de la adolescencia. Y sus actores hacen un trabajo impecable a la hora de darles vida. [Crítica completa]

La vida de Adèle

2. La vida de Adèle (La vie d’Adèle, Abdellatif Kechiche)

Compuesto en gran medida a base de primeros y primerísimos primeros planos que facilitan una experiencia inmersiva absoluta, el film nos adentra en el microcosmos de una adolescente en pleno proceso de descubrimiento de su sexualidad, para pasar a continuación a explorar una relación de la manera más exhaustiva posible. Kechiche destaca a la hora de capturar la excitación y el hormigueo del enamoramiento adolescente, y su cámara dibuja con trazo certero la sensación de descubrimiento y de deseo (el plano detalle del pliegue de la axila de Emma siendo observado por Adèle es uno de los más importantes del año). […] Entregada, temeraria e inconsciente, precipitada al abismo sin paracaídas, Exarchopoulos finaliza su descarnado recital interpretativo, consumida por el personaje, sin piel, hecha trizas, convertida en ella. [Crítica completa]

Antes del anochecer

1. Antes del anochecer (Before Midnight, Richard Linklater)

Linklater sigue poseyendo la agudeza y perspicacia del Woody Allen de los 70 y 80 a la hora de aproximarse y desmenuzar las relaciones entre hombres y mujeres, pero es mucho menos sardónico, mucho más cercano que aquel. Con Antes del anochecer se acerca por momentos al Ingmar Bergman de Secretos de un matrimonio. [Antes del anochecer] nos atrapa en eternos planos secuencia con prolongados diálogos que absorben y fascinan por su naturalidad y realismo, evidenciando en ellos a unos actores en estado de gracia y un guión increíblemente brutal. Estos diálogos se clavan, y duelen, para después abandonarnos, dejarnos completamente solos, aturdidos, devastados. Nos queda volver a levantar todo desde los cimientos, reconstruir, volver a empezar, como a Jesse y Celine. […] Una película tan sencilla como profunda e inexplicable, tan ligera y divertida como cruel y dolorosa. [Crítica completa]

Menciones honoríficas: Los amantes pasajeros, Amor, Blue Valentine, Cruce de caminosUna cuestión de tiempo, Django desencadenado, Don Jon, Dos días en Nueva York, Expediente Warren: The Conjuring, Grand PianoKick-Ass 2, Una familia de Tokio, Lincoln, La mejor oferta, Memorias de un zombie adolescente, Monstruos University, Mucho ruido y pocas nueces de Joss Whedon, Parque Jurásico 3D, Rush, Star Trek en la oscuridad, Stoker.

Crítica: Juerga hasta el fin (This Is the End)

1170481 - This Is The End

Existe en Hollywood una generación de jóvenes actores que únicamente se diferencian del veinte y treintañero de a pie por su éxito y sus desorbitadas cuentas bancarias. La hornada Freaks and Geeks ha esquivado el gen problemático que sí ha afectado a las generaciones inmediatamente posteriores. Este grupo de actores no son conocidos por ingresar todas las semanas en centros de rehabilitación o rellenar páginas de papel couché, sino por sus trabajos y sus personalidades artísticas. Fumados, sí, pero también centrados. Tomando como punto de partida la imagen pública de todos ellos, Seth Rogen y Evan Goldberg han construido con Juerga hasta el fin (This Is the End) una suerte de Gran Hermano -o más bien un Dead Setde la generación Apatow.

Juerga hasta el fin, basada en el corto de los mismos creadores Jay and Seth versus the Apocalypsepropone una de las historias más originales y prometedoras de la cartelera en mucho tiempo. En una de sus habituales visitas a Los Ángeles, Jay Baruchel se reencuentra con su amigo de toda la vida Seth Rogen, que lo invita a la fiesta de inauguración de la nueva casa de James Franco. Allí se congregan colegas anónimos, estrellas y pseudo-estrellas del panorama de la comedia actual (aquello parece a ratos una fiesta de 1170481 - The End Of The WorldNBC), además de alguna que otra popstar (Rihanna) y una visitante del otro lado del charco, Emma Watson. En el transcurso de la fiesta, el Apocalipsis da comienzo en el exterior. Baruchel, Rogen, Hill, Franco (que está inconmensurable), y los eslabones más débiles de la película, los antipáticos Danny McBride y Craig Ferguson, se quedan encerrados en casa. Fuera parece que las puertas del Infierno se han abierto de par en par y Los Ángeles es pasto de las llamas del averno. La cosa parece bastante grave, porque “los actores famosos son los primeros en ser rescatados en estas situaciones“, y sin embargo nadie viene a por ellos. Se masca la tragedia, pero hay reservas suficientes de marihuana para sobrellevarla.

Todos los actores se interpretan a sí mismos, aunque más bien todos son una proyección amplificada y aberrante de la percepción que el público tiene de ellos. Caricaturas generadas a partir de rasgos descontextualizados o rumores que los reducen a la mínima expresión, pero que también los convierten en divertidísimos arquetipos. Baruchel es un hipster canadiense anti-yanqui, Rogen es un osito de peluche con un botón en la barriga que permite oír su risa, Jonah Hill es un pelota remilgado con el ego subido por su nominación al Oscar, y Franco es un colgado excéntrico con irrefrenables tendencias homosexuales. De los numerosos y geniales cameos (atención al de Channing Tatum, brutal) destaca un absolutamente excesivo y demencial Michael Cera, que lleva su imagen de “rarito” hasta límites insospechados. A ratos, Juerga hasta el fin parece una sátira sobre la fama, un tratado acerca de lo que une y distancia al actor del individuo anónimo. Pero solo a ratos. El resto del tiempo la película es simplemente una otra comedia disparatada y ramplona, un elogio de marihuana y depravación que es raro que no haya sido rebautizado en España como “Superfumados y supersalidos contra el fin del mundo“.

Juerga hasta el fin se presenta como el gran acontecimiento meta del momento. Sin embargo, la película de Rogen y Goldberg no tarda en despachar a las estrellas que abarrotan la casa de Franco -uno de los grandes atractivos de la cinta es ver morir a toda esta gente- para convertirse rápidamente en algo así como una sitcom de fumados. Hasta su desenfrenado tramo final, los seis protagonistas apenas salen de la casa -que vemos rodeada de destrucción en planos de transición, al más puro estilo telecomedia para toda la familia. Y aunque la película sea ocasionalmente desternillante, y nos proporcione algunos de los momentos cinematográficos más memorables del año, el conjunto no está a la altura de las circunstancias.

1170481 - The End Of The World

Dejando a un lado el importante factor sobrenatural, Juerga hasta el fin no es más que una buddy movie, una película hecha por un grupo de colegas con ganas de pasarlo en grande, y por tanto, una cinta más deudora de Superfumados -Pineapple Express- que de Supersalidos -Superbad- (ambas escritas por Goldberg). Y esa es su mayor virtud, y su principal problema. A pesar de que logran que no nos aburramos ni un solo segundo, todo lo que a estos amiguetes les mata de la risa quizás no sea tan gracioso para nosotros, y esto resulta en más de un gag desatinado y desfasado. Los golpes de genialidad cómica son más bien aislados. Juerga hasta el fin destaca sobre todo por su habilidad para hacer reír a base de imágenes impactantes -léase Emma Watson cortando un pene gigante con un hacha- y situaciones extremas. Está claro que Rogen y Goldberg se las han bastado solos para hacer una de las películas más divertidas del año, y con eso deberíamos darnos con un canto en los dientes, pero no les habría venido mal la mano de un Judd Apatow o un Paul Feig. Quizás así Juerga hasta el fin hubiera tenido algo más de corazón, y de cabeza.

Crítica: Oz, un mundo de fantasía

A mediados de los 80, Disney ya se sumergió en los mundos de L. Frank Baum con una demencial secuela del clásico El mago de Oz (The Wizard of Oz, Victor Fleming, 1939) titulada Oz, un mundo fantástico (Return to Oz, Walter Burch, 1985). Ahora se atreve con la historia de cómo Oscar Diggs llegó a la Ciudad Esmeralda para convertirse en el magnánimo y todopoderoso regente de Oz. Titulada casi idénticamente a la secuela protagonizada por Fairuza Falk -por cierto, Willy Wonka and the Chocolate Factory también se llamó Un mundo de fantasía en Latinoamérica y España-, Oz, un mundo de fantasía es la colorista y ultradigital visión de Oz que nos proponen Sam Raimi (Evil Dead) y Joe Roth (productor de la Alicia de Burton).

A los aficionados al cine de Raimi les alegrará comprobar que el realizador consigue que su sello personal se haga un pequeño hueco en la película. En Oz, un mundo de fantasía hay alguna que otra concesión al estilo que Raimi ha cultivado en sus películas de terror: la tensión expresada a base de zooms y ángulos propios de la serie B, la presencia (muy breve y camuflada) de su muso Bruce Campbell, y una clara voluntad por potenciar el aspecto terrorífico y grotesco de la historia, particularmente en su recta final. Pero no nos engañemos, el auteurismo que nos empeñamos en encontrar en Oz no es lo más destacable de la película, y por supuesto, no redime el fracaso artístico que acaba siendo. La identidad de Raimi se disuelve por completo en esta orgía de cromas y secuencias manufacturadas exclusivamente para el 3D que debería estar en Disneyland, y no en una sala de cine. Claro que lo peor de esta Oz no es su cualidad de atracción de parque temático, sino la absoluta desgana con la que se ha acometido la historia, y el triste desaprovechamiento de unos personajes que podrían haber dado mucho de sí.

La culpa también es de un reparto del que solo se salva -afortunadamente- el protagonista. James Franco es un verdadero acierto de casting. Su amplia sonrisa de bribón y sus ademanes chulescos pero infantiles lo convierten en el Oscar Diggs perfecto. Franco resulta creíble como el paso evolutivo inmediatamente anterior al Oz que todos conocemos. Pero su encanto no es suficiente para aguantar todo el peso de una película tan desbordantemente inconsistente. El relato también nos muestra los orígenes de tres de las brujas de Oz. Pero Mila Kunis, Rachel Weisz y Michelle Williams parecen competir encarnizadamente por el título de ‘peor interpretación de la película’. Sinceramente, me resulta imposible decantarme por una. ¿Una Kunis irritante dejando en evidencia sus desoladoras carencias como intérprete de drama, una Williams que se desplaza torpe y desganada frente la pantalla verde y que no se deshace de la misma mueca en toda la película o una Weisz que parece estar imitando a la Charlize Theron de Blancanieves y el cazador? Se mire por donde se mire, un auténtico desastre.

Oz, un mundo de fantasía es básicamente la misma película que Alicia en el País de las Maravillas de Tim Burton, con todo lo que ello conlleva. Ambas parecen pertenecer al mismo universo de trágicos cromas y desprenden ese acomodadizo sentido del espectáculo basado en la seguridad que proporciona el digital. Se salvan los personajes secundarios, impresionantemente animados, del mono volador y la niña de porcelana con daddy issues -el único gran personaje de la película, malgastado como todos. Sin embargo, la historia hace aguas en todo lo demás. El guion parece un primer borrador, con unos diálogos que transmiten la sensación de haberse conformado con lo primero que ha venido a la mente -porque lo importante es el despliegue visual y el plus por las gafas 3D- y una ineptitud alarmante a la hora de sorprender o transmitir cualquier tipo de emoción. No son suficiente reclamo los incesantes paralelismos con la película de 1939, es necesario construir un relato con entidad propia, y Oz, un mundo de fantasía no lo hace. Escudándose constantemente en dos leit motifs -“con fe todo es posible” y “más vale ingenio que magia”– la película de Raimi elabora un mensaje que pone en duda continuamente los meros cimientos de su discurso. Oz, un mundo de fantasía celebra en última instancia el trampantojo, la ilusión, el encanto de la artesanía manual y la técnica, pero lo hace después de habernos llevado en un agotador y mareante viaje a través de un mundo en el que nada es verdad. Puede que la película nos esté pidiendo -o exigiendo- que asumamos que esta es la nueva magia del cine de Hollywood, e incluso sugiriendo que si Meliés existiera en nuestro presente, sería un mago de lo digital. Pero a mí me cuesta enormemente tener fe en este futuro del cine.

Clásicos recuperados: Freaks & Geeks

John Hughes estaría orgulloso

Creada por Paul Feig, en colaboración con Judd Apatow, Freaks & Geeks nace al final de la década de los noventa a la sombra de otras series sobre adolescentes, como Dawson crece (1998-2003). Hasta el momento, los dramas centrados en las vidas de un grupo de adolescentes no habían conseguido aunar el favor de la crítica y el público. Freaks & Geeks continuaría, por desgracia, esta tradición. A pesar de un entusiasta colectivo de seguidores y unas críticas más que decentes, la serie de Feig se daba semana a semana de bruces con la realidad: la gente prefería evadirse con ¿Quién quiere ser millonario? antes que con un grupo de adolescentes marginados a los que, no nos engañemos, semana a semana no les pasaba nada. Si nos fijamos en los dramas norteamericanos en prime time, todos se apoyaban (y se apoyan) en una acusada serialidad, que si bien permitía elaborar tramas episódicas, enganchaba al espectador con cliffhangers e historias románticas que se desarrollaban a lo largo de los episodios.

Freaks & Geeks nacía como una serie fuertemente anclada en la realidad, con mayores dosis de costumbrismo y pocos artificios narrativos. Los “romances” de la serie nunca llegaban a pasar a primer plano, y cuando lo hacían, no respondían a los cánones, sino que más bien se convertían en historias extrañas y algo incómodas, propias de series como The Office (de la que Feig dirigiría más tarde un buen número de episodios). Los episodios solían cerrar una historia concreta que podía influir en los siguientes, pero que no daba pie a la elaboración de arcos argumentales que ocupasen varios episodios (solo el descubrimiento de la infidelidad del padre de Neil, a mitad de la temporada, se acercaría a esto). Además, la serie rara vez recurría a los temas polémicos que veíamos en otras series, como la mencionada Dawson crece. En Freaks & Geeks, ningún adolescente iniciaba un romance prohibido con una profesora. Es más, en Freaks & Geeks, todos los adolescentes despreciaban y trataban con recelo y distancia a sus profesores y guías académicos. Es por todo esto, quizás, que la serie no se convirtió en un éxito de audiencia. Está claro que este tipo de historias llegan a un sector muy reducido de la audiencia, y la cadena en la que se emitía, NBC, no se contentaba con tener a un apasionado grupo de freaks y geeks siguiendo la serie todas las semanas. Es la misma historia de siempre. La serie se canceló dos días después de la emisión del episodio 1.13, “Chokinand Tokin” (dando tiempo suficiente para que el último episodio constituyese un final para la serie y esta no quedase incompleta como tantas otras series canceladas). Feig confiesa en la edición en DVD de la serie que quizás el hecho de que el episodio se centrase en el habitual consumo de marihuana de los freaks (sin apenas interés moralizante) y llevase a uno de los geeks (Bill) a una experiencia cercana a la muerte, fue una de las razones de la cancelación.

Como ya sucedería con otras series canceladas antes de tiempo (My So-Called Life, Firefly), el culto de Freaks & Geeks fue tan poderoso, que la serie se mantendría en el candelero mucho tiempo, convirtiéndose en un referente indispensable del drama adolescente de calidad en la televisión norteamericana. La serie cuenta con dos ediciones en DVD. La primera de ellas llevó cuatro años en ser completada, puesto que los creadores se negaban a sacar la serie cambiando la música (práctica habitual en Estados Unidos, debido a los problemas con los derechos de las canciones). Más tarde se editaría una edición para coleccionistas (Yearbook Edition) que emulaba la forma del anuario del Instituto McKinley y llevaba horas y horas de contenido extra, ideales para el fan más completista. Se sentía el amor de Feig y Apatow por su creación, y por los que la habían apoyado hasta el final.

Freaks & Geeks cuenta la historia de dos hermanos, los Weir, y su día a día en el instituto durante el curso escolar 1980-81. Sam, el pequeño, forma parte de los geeks, los apestados del instituto, fanáticos de Star Wars y Dragones & Mazmorras, castigados a diario por manifestar físicamente el complicado paso de la pubertad a la adolescencia (de la ausencia de vello en las axilas de Sam se ríen hasta sus amigos). Lindsay, la hermana mayor, está en el último año de instituto. Hasta el momento había sido la estudiante ejemplar (era la mejor de los mathletes), pero luchando en su paso de la adolescencia a la adultez, Lindsay decide romper con su pasado y se acerca a los freaks, el grupo de marginados sociales que, al contrario que los geeks, son populares por su estilo de vida alternativo y su resistencia a adherirse a las normas sociales. A través de los 18 fantásticos episodios que conforman Freaks & Geeks, asistimos a la evolución de estos dos hermanos, que luchan por ser aceptados y encontrar su identidad. La de Lindsay es una historia más satisfactoria. Ella debe luchar a diario con el pasado que la acecha en los pasillos del instituto. Este pasado empollón y recatado viene representado por su antigua amiga Millie, uno de los mejores personajes de la serie, que a menudo pone patas arriba los débiles argumentos que la unen a los freaks. Sin duda, Angela Chase (Claire Danes en My So-Called Life) es el antecedente más inmediato de Lindsay. Ambas series vienen a contarnos más o menos lo mismo a través de sus protagonistas. Aunque el hilo conductor de My So-Called Life era el amor de Angela por Jordan Catalano, ambas series podían resumirse como “historias sobre adolescentes que se buscan a sí mismos”.

Uno de los aciertos de Freaks & Geeks con respecto a My So-Called Life fue la descarga de protagonismo de los padres de los adolescentes. Si bien en Freaks & Geeks se podía hablar de falta de profundidad en las figuras paternas (algo parecido, aunque no tan extremo, a lo que sucedía en la primera temporada de Skins), se agradecía que los padres de Sam y Lindsay no fueran más que secundarios que aparecían en pantalla lo justo y necesario para dar sentido (y a menudo solucionar) los conflictos emocionales de sus hijos. Un abrazo de Sam o Lindsay a su padre (genial Joe Flaherty) en el momento justo, nos contaba mucho más de su relación con sus padres que cualquier trama de adulterio o crisis matrimonial en Dawson crece o The OC. Esta puede ser otra de las claves de la cancelación. Por lo general, las serie de adolescentes en prime time incorporan tramas “adultas” para no restringir la audiencia y atraer a un espectro mayor de la población. Pero esto no suele ser suficiente para asegurar el éxito. Por lo general, una serie de adolescentes en prime time en una network siempre será un caso perdido.

Está claro que Freaks & Geeks es una serie con la que sería más fácil identificarse de haber crecido entre taquillas de instituto. Pero como ya hizo John Hughes en los 80, Feig y Apatow consiguen universalizar los conflictos de los adolescentes y los acercan a todas las sensibilidades (o si no lo hacen ellos, ya ponemos nosotros de nuestra parte). Porque freaks y geeks hay en todos los institutos de todo el mundo, y cabe la gran posibilidad de que si estás leyendo esto, tú fueras uno de ellos. Víctimas de bullying, empollones, trekkies, calculines y desastres en educación física, una vez superados los problemas de identidad (aunque queden resquicios), una vez convertidos en adultos (o algo parecido), el visionado de series como Freaks & Geeks (o de películas como El club de los cinco o Superbad) es un visionado pleno. Por eso quizás es tan complicado encontrar una serie de adolescentes que sea buena, porque las que lo son, no son para ellos. Son para nosotros.