Will & Grace, gracias por volver, os necesitábamos

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El hombre o la mujer aun no han inventado la máquina del tiempo, pero el cine y la televisión se están encargando de que no haga falta. Entre 2016 y 2017 hemos tenido en nuestras pantallas nuevas temporadas de Expediente XLas chicas Gilmore Twin Peaks, además de una continuación de Padres forzosos, por no hablar del éxito de productos nostálgicos de la década de los 80 como Stranger Things o la película It, y la llegada de secuelas tardías como Blade Runner 2049. Es decir, para volver atrás en el tiempo solo hay que ir al cine o encender la tele (o el ordenador o dispositivo móvil de preferencia).

Esta burbuja de los revivals y los reboots también ha propiciado el clima perfecto para el regreso de una de las sitcoms más queridas de finales de los 90 y principios de los 2000. No hablamos de Friends, cuyo muy hipotético revival no tiene apenas posibilidades de ocurrir, como ya han dicho sus estrellas por activa y por pasiva, y a pesar de la insistencia de los muchos fans que necesitan ver a los seis amigos de Manhattan reunidos de nuevo. No, nos referimos a la otra serie más exitosa del mítico Jueves de Comedia de NBC, Will & Grace, la revolucionaria y transgresora comedia creada por David Kohan y Max Mutchnick en 1998 que, aunque no tuvo tanta repercusión en nuestro país como en Estados Unidos, pasó a la historia como una de las series más vistas y premiadas de su época.

Once años después de su final original, Will & Grace regresa para adaptarse a un panorama televisivo que ella misma contribuyó a cambiar. Estamos hablando de una serie emitida en el prime time de una cadena en abierto durante los 90 con un protagonista gay (y un secundario robaescenas todavía más gay). Si bien es cierto que durante los ocho años que se mantuvo en antena no se libró de las críticas, sobre todo por el tratamiento de Will (Eric McCormack), al que no se le dejaba vivir el romance y el sexo con la libertad que sí disfrutaba Grace (Debra Messing) como personaje, no se puede negar que la serie avanzó la causa LGBTQ en televisión, contribuyendo a la mayor visibilización y la normalización que vivimos hoy en día. Pero como todavía queda mucho por hacer y cierto individuo de tez naranja está amenazando las libertades de tantas personas, Will & Grace ha decidido volver para reclamar su lugar de honor en la lucha por un mundo más tolerante, divertido, y sobre todo, más gay.

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Este otoño, el cuarteto maravillas formado por Eric McCormack, Debra Messing, Sean Hayes y Megan Mullally ha recuperado a los personajes que los convirtieron en iconos de la televisión y por los que consiguieron pleno de Emmys (Mullally tiene dos, los demás uno cada uno). Verlos en el primer episodio de la novena temporada, más de una década después de despedirnos de ellos, provoca una sensación extraña, incluso desorientadora (¿Dónde estoy? ¿Qué año es? ¿Qué está pasando?). Pero una vez pasados los primeros minutos, se transforma en tranquilidad y confort: es como si no se hubieran ido nunca, como si nunca hubieran dejado de interpretar a estos personajes. La facilidad con la que los cuatro se transforman de nuevo en Will, Grace, Jack y Karen y demuestran que siguen siendo cuatro monstruos de la comedia (sobre todo cuando están juntos) hace que todo miedo y duda acerca del revival se disipe: Will & Grace no ha vuelto en vano. De hecho, ha vuelto en el mejor momento posible.

Con Trump en la Casa Blanca, nunca son suficientes las voces en contra de sus políticas de opresión y represión, y Will & Grace ha sentido que la necesitábamos. El primer episodio del revival es un dardo envenenado a la administración Trump, media hora de comedia punzante y combativa en la que no se menciona ni una sola vez el nombre del presidente, porque no hace falta. La carga política de “11 Years Later” (dirigido por el mítico James Burrows, que se encargó de los 187 episodios originales y realizará también los nuevos) disminuye en los siguientes episodios, donde el cuarteto protagonista retoma sus neuróticas vidas y complicadas relaciones, ignorando por completo el divisivo final original (para ello se recurre al cliché noventero por excelencia: todo fue un sueño). El mundo a su alrededor ha cambiado (los móviles forman parte de su vida diaria, las referencias culturales han evolucionado), pero a grandes rasgos, ellos siguen siendo los mismos de siempre. En este sentido, lo más interesante de la “nueva” Will & Grace es ver cómo sus protagonistas lidian con el paso del tiempo y con la realidad de que ya no son tan jóvenes (aunque los cuatro estén envidiablemente fantásticos).

Ahí es donde Will & Grace suele sobresalir especialmente. Además de hacer reír a carcajadas con sus chispeantes diálogos y su magistral comedia física, siempre supo sacar provecho de las miserias, preocupaciones y excentricidades de sus personajes para rascar en la superficie de sus divertidas personalidades y salpicar la comedia con ocasionales momentos de drama, crudeza y contundentes dosis de realidad que la distanciaban de otras sitcoms mucho más amables. Will y Grace siguen viviendo juntos, inmersos en la misma amistad disfuncional que ejercía como núcleo de la serie original y que les impedía (y les impide) madurar y encontrar la estabilidad en el amor. Jack reniega de su pasado (no quiere saber nada de “Just Jack!”) y está explorando nuevas opciones profesionales (o eso dice) mientras se enfrenta a la nueva escena del sexo casual, negándose a quedar obsoleto por su edad. Y Karen… bueno, Karen es la bomba impredecible de siempre, tan cáustica, ofensiva e hilarante como hace once años, pero, eso sí, más republicana que nunca, y algo incompleta por la ausencia de su Rosario (Shelley Morrison se retiró hace años).

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Sin embargo, no parece que la serie se haya quedado estancada en el pasado, sino que lo está utilizando para examinar el presente y mirar al futuro. Por ejemplo, en el segundo episodio Will empieza a salir con un chico mucho más joven que él (Ben Platt). Cuando se da cuenta de lo desconectado que está el joven con la lucha por los derechos de la comunidad LGBTQ, Will renuncia al sexo con él para darle un sermón sobre lo que su generación hizo para que millennials y gen-Z disfruten ahora de mayor libertad para ser ellos mismos, sacrificando el placer personal por educar a las nuevas generaciones y que estas no se olviden del trabajo que nos queda. Es decir, Will & Grace está inevitablemente condicionada por el pasado (los cameos, uno de los mayores reclamos de la serie original, no pueden faltar), pero no permite que la nostalgia o el “cualquier tiempo pasado fue mejor” le impida avanzar y deja espacio para que sus personajes intenten madurar, por imposible que parezca (siguen siendo lo peor, y por eso los queremos tanto).

Por ahora, Will & Grace está funcionando excepcionalmente bien en los índices de audiencia y NBC la renovó para otra temporada antes del estreno de esta, de la que además extendió el número de episodios, de 10 a 16. La recepción ha sido generalmente positiva. Aunque es evidente que el formato de sitcom multicámara con público en directo se ha quedado anticuado, la serie consigue mantenerse fresca y mordaz gracias a la inigualable química de su reparto, sus afilados diálogos, la laxitud de la cadena dejándole ser (incluso) más picante que antes y su compromiso a la hora de reflejar la actualidad y denunciar la injusticia y la hipocresía. Pero por encima de todo, su capacidad para hacer llorar de la risa está intacta. Messing, McCormack, Hayes y Mullally siguen en plena forma y sus personajes tan geniales, graciosos e irreverentes como siempre, así que por mí, que Will & Grace dure ocho temporadas más.

Especial Pilotos 2013-14 – Parte VI

Pilot

The Millers

Emisión: Los jueves CBS

Opinión sobre el piloto: ¿En serio Rodrigo García ha abandonado sus labores como showrunner en Raising Hope para hacer ESTO? Es lógico que un productor no quiera estar años y años encadenado a una serie, y que si tiene la oportunidad de trabajar en CBS (el hogar de las comedias más vistas de la tele) no va a rechazarlo, pero cuando uno ve el piloto de The Millers no puede evitar pensar “¡eres un vendido, Rodrigo!” Esta nueva sitcom se emite justo después del monstruo de audiencias que es The Big Bang Theory, así que ya era un éxito antes de estrenarse. Ya veremos si en las próximas semanas a la gente le merece la pena quedarse en el sofá media hora más por esta aburrida familia, epítome de la anti-química.

The Millers representa esa tendencia a las comedias de risas enlatadas (esta se lleva el premio a las más falsas) que parecen programas de sketches baratos o parodias de sitcom que aparecen en series de mayor calidad. Es decir, The Millers parece mentira y de mentira, y ni siquiera se molesta en disimularlo (“Y ahora entra el mejor amigo negro del protagonista que en realidad es como su mascota”). A grandes rasgos es lo mismo que Dads, pero en lugar de dos amigos aguantando a sus respectivos padres en casa, son dos hermanos (Jayma Mays ausente y Will Arnett adormecido, como en todos sus papeles que no son Gob Bluth) aguantando a sus padres recién divorciados. En los actores veteranos Beau Bridges y Margo Martindale puede esconderse el secreto de The Millers. Ellos están bastante bien (sobre todo Martindale) y si la serie sigue funcionando será por su culpa. Pero esto no es suficiente para aguantar la sarta de chistes malos, escatología y sexualidad geriátrica que componen la serie. The Millers es la confirmación de que las comedias de CBS son los viejos verdes de la tele.

Puntuación: 4/10

Razones para quedarse: Margo Martindale representa todo lo malo de la serie, y aun así resulta graciosa. Tiene su mérito.

Razones para abandonar: Si no somos fans del humor CBS (caca, culo, pedo, pis, PENE) no se nos ha perdido nada aquí.

 

Welcome to the Family

Welcome to the Family

Emisión: Los jueves en NBC

Opinión sobre el piloto: Se me agotan los calificativos para describir estas comedias de nueva hornada porque todas son iguales. Afortunadamente, Welcome to the Family está ligeramente por encima de la media. Es la típica comedia coral sobre una familia numerosa (todas quieren ser Modern Family) que habla de los lazos que nos unen, de las relaciones entre padres e hijos y entre familias políticas. Welcome to the Family es amable y bienintencionada, con un punto de locura bastante equilibrado, pero le falta bastante carisma (su elenco está formado por olvidables secundarios de otras series) para que resulte realmente destacable.

Welcome to the Family parece una comedia de ABC. Hace aproximadamente un año, NBC anunció un cambio de estrategia en su oferta de comedia. Este es el resultado, series más accesibles que copian temáticas y formatos de las cadenas de mayor audiencia, y que bajan dramáticamente el listón de calidad en la era post-30 Rock de la cadena. NBC opta por el encefalograma plano cómico con la esperanza de que le dé tan buenos resultados como a la competencia. El frío recibimiento de Welcome to the Family confirma que la cadena sigue completamente perdida.

Puntuación: 5,5/10

Razones para quedarse: Que es una comedia inofensiva y no es la peor manera de perder 20 minutos a la semana.

Razones para abandonar: ¡Basta ya de intentar vendernos la misma serie una y otra vez! Y esta encima parte de la premisa de “adolescente embarazada que se queda con el niño y demuestra que aunque se renuncie a la vida que se tenía planeada se puede ser feliz”. Si tenéis hermanas o hijas adolescentes no les dejéis ver Welcome to the Family o pensarán “Oye, pues quedarse embarazada no parece tan malo, igual mi vida se convierte en una comedia llena de amor y situaciones hilarantes”.

 

Sean Saves the World

Sean Saves the World

Emisión: Los jueves en NBC

Opinión sobre el piloto: Y si Welcome to the Family es ABC, Sean Saves the World es CBS. ¿Adónde ha ido a parar la creatividad de NBC? En fin. Sean Hayes vuelve a la que fue su casa durante ocho años: el mítico jueves de comedia de NBC. Y quizás los ejecutivos de la cadena pensaron que esto era suficiente para garantizarse un éxito. Sean Saves the World bien podría haberse llamado The Sean Hayes Show, porque él es la atracción principal, el único cebo, pero la cadena ya tenía una serie con ese tipo de título (la de Michael J. Fox). Es más, podría haberse titulado The Jack McFarland Show y a nadie le habría extrañado. Hayes retoma su personaje de Will & Grace tal cual lo dejó (si es que lo dejó en algún momento), sin ningún tipo de reparos. La serie incluso cuenta con el director de comedia TV más prolífico, James Burrows, que dirige el piloto (y también el de The Millers, por cierto). No puede ser más evidente la intención de la cadena. Pero los tiempos de Friends y Will & Grace quedan ya muy lejos y ya nadie se traga este cartón piedra tan descarado.

Sean Saves the World es la enésima comedia protagonizada con un padre soltero que tiene que compaginar su vida profesional con la educación de su hija y que además debe lidiar con su castrante madre, metomentodo que le recuerda todos sus errores y fracasos (hay dos escenas idénticas en esta y en The Millers, la de la madre hablando de su sexualidad y el hijo diciendo “¡No necesito oírlo!”) Parece que es imposible arrancar una comedia de otra manera (todas deberían llamarse Getting Back on Their Feet). Qué sequía de ideas más grande.

El “giro” en Sean Saves the World es que el protagonista es gay. Lo que podría distinguirla de otras series es en realidad una excusa más para que Hayes alargue la estela de su Just Jack. Sin embargo, al actor se le ha pasado bastante el arroz (cómicamente hablando, aunque físicamente se empieza a parecer a una diva crepuscular con toneladas de maquillaje). Aquí está crecido, consciente en todo momento de que él es la estrella, creyéndose más gracioso de lo que es. Pero la realidad es que su humor físico está en baja forma, su timing cómico está desincronizado y en general se ha quedado anticuado (anticuado tipo “gags slapstick de sitcom de los 70”) Todo a juego con la terrible factura de la serie (da la sensación de que en cualquier momento se les va a caer encima uno de los paneles de cartón que hacen pasar por paredes). Pero Sean Saves the World no solo fracasa a la hora de hacer reír, sino que cuando se pone seria resulta igualmente fallida. Hayes es aun peor haciendo drama que comedia, y la moralina con la que se remata el piloto es tan impostada y artificial como todo lo demás. La NBC ha caído muy bajo este año.

Puntuación: 2,5/10

Razones para quedarse: Absolutamente ninguna (no, ni siquiera Megan Hilty). Si echáis de menos a Jack McFarland, revisionad Will & Grace, que aguanta bien el tipo.

Razones para abandonar: ¿Hace falta decir algo más?