Spider-Man – Lejos de casa: La gran aventura europea de Peter Parker

[Entrada actualizada con información del lanzamiento en formato doméstico de la película]

Los acontecimientos de Vengadores: Endgame restauraban el orden tras la devastación provocada por Thanos en Infinity War, pero el regreso a la normalidad conllevaba cambios importantes y varias pérdidas insondables en las filas de los Héroes Más Poderosos de la Tierra. Si Endgame fue el gran clímax de la Saga del Infinito, la Fase 3 de Marvel concluye oficialmente con Spider-Man: Lejos de casa (Spider-Man: Far From Home), la segunda aventura en solitario del héroe arácnido interpretado por Tom Holland. Presentada como un epílogo a este ciclo de 10 años y 23 películas, la película lidia con esas consecuencias desde la perspectiva de nuestro héroe adolescente favorito.

Peter Parker necesita desesperadamente unas vacaciones. El joven héroe se enfrenta a la vida sin su mentor, Tony Stark (Robert Downey Jr.), figura esencial en el desarrollo de su identidad, y a las consecuencias del chasquido de Thanos en su vida diaria en el instituto: mientras unos compañeros desaparecieron y regresaron cinco años más tarde como el resto de desvanecidos, otros sobrevivieron y siguieron creciendo en este tiempo, provocando una importante brecha entre ellos. El mundo ha cambiado, y Peter siente la presión que esto conlleva en su rol como superhéroe, lo cual se suma a las preocupaciones que ya de por sí tiene cualquier chico de 16 años.

¿La mejor solución para desconectar? Un viaje de estudios. Peter, Ned (Jacob Batalon), MJ (Zendaya) y sus compañeros se embarcan en un tour de verano por Europa que los lleva a Venecia, Praga y Londres. Sin embargo, sus vacaciones serán interrumpidas por Nick Furia (Samuel L. Jackson), que le encomienda la misión de detener a los Elementales, monstruos formados por las principales fuerzas de la naturaleza (aire, tierra, agua y fuego) que están sembrando el caos en el viejo continente. Para ello contará con la ayuda de un extraño aliado, Mysterio (Jake Gyllenhaal), héroe proveniente de otra dimensión que lleva un tiempo siguiendo la pista a las misteriosas criaturas. Y al propio Peter Parker.

Lejos de casa continúa el tono más ligero y el enfoque juvenil de Spider-Man: Homecoming, pero se vuelve más ambiciosa y eleva considerablemente la escala de la franquicia con más acción, una gran amenaza global y un importante conflicto personal para Spider-Man que impulsa su maduración como superhéroe. Si en Homecoming, Peter era nuestro amigo y vecino Spider-Man, ocupándose de malhechores callejeros y villanos más humanos, en Lejos de casa se ve obligado a actuar como un Vengador para acabar con un peligro mayor. El reto que plantean los Elementales le llevará a salir de la sombra de Iron Man para tratar de averiguar quién es sin él (¿Es él el nuevo Iron Man que el mundo necesita desesperadamente?). Eso sí, a pesar de habernos dejado, la presencia de Tony se hará sentir a lo largo de toda la aventura europea de Peter, gracias a la tecnología que este le dejó en herencia, y a la huella que imprimió en el como figura paterna.

Jon Watts, director de Homecoming, repite en Lejos de casa, realizando un buen trabajo a la hora de hilar tramas nuevas y antiguas y disponer las capas de humor, acción, desarrollo de personajes, y también romance. Hay momentos en los que se le va un poco de las manos y puede provocar confusión (pasan tantas cosas que es inevitable), pero por lo general, supera el desafío con nota. Es difícil analizar lo que ocurre en la película sin desvelar datos importantes sobre el argumento, pero es mejor así. Lejos de casa es una de las películas con más giros y sorpresas de Marvel, y destapar los secretos antes de tiempo arruinaría la experiencia. Digamos simplemente que lo que ocurre en el film y en sus dos impactantes escenas post-créditos conlleva importantes implicaciones para el futuro de la franquicia del Trepamuros, y del UCM en general.

De lo que sí podemos hablar abiertamente es del reparto. Holland vuelve a bordar el personaje, confirmando una vez más que nació para interpretarlo. El actor británico ES Peter Parker. Su compromiso y entusiasmo saltan a la vista en cada uno de los planos en los que aparece, dotando a la película de sinceridad, encanto y humanidad. Por otro lado, Zendaya adquiere mayor protagonismo, dejándonos conocer mejor a su MJ (aunque todavía nos queda mucho por saber sobre ella) y desarrollando con Peter la relación más adorable de Marvel. Su indudable química es de lo mejor de un film que no tiene miedo a entregarse con los brazos abiertos al amor (en una saga que no suele hacerlo mucho), recordándonos que estamos viendo una película de Spider-Man, y también una de instituto.

También hay que mencionar al reparto secundario juvenil, “repetidores” (Jacob Batalon, Angourie Rice, Tony Revolori) y novatos (incluido el primer actor transgénero del Universo Marvel, Zach Barack), que forman un simpático plantel adolescente con el que se refleja la diversidad étnica y cultural de los institutos de hoy en día. En el frente adulto debemos destacar de nuevo a Marisa Tomei como Tía May, aunque su participación vuelve a saber a muy poco, y la aparición de Samuel L. Jackson y Cobie Smulders como Nick Furia y Maria Hill, ejerciendo como nexo entre Spidey y los Vengadores. Por último, Jake Gyllenhaal como Mysterio se convierte en la atracción principal de Lejos de casa, con permiso del Trepamuros. El actor, al que Marvel llevaba mucho tiempo rondando, ha encontrado el papel perfecto para él. Gyllenhaal está simplemente sensacional, construyendo en Mysterio uno de los personajes más sorprendentes y fascinantes del UCM.

Aunque a la película le cuesta un poco arrancar, cuando lo hace, llega a lo más alto y no baja. Lejos de casa es divertidísima, emocionante, inteligente, romántica, fresca y visualmente vibrante. Watts eleva considerablemente el listón de Homecoming con secuencias de acción espectaculares y de lo más imaginativo, que parecen salidas directamente de las páginas del cómic. Su detallismo a la hora de diseñar el aspecto del film y orquestar la acción se salda con set pieces muy vistosos (gracias en parte a haber rodado en localizaciones europeas reales) e imágenes llenas de información y guiños. Todo esto, sumado a los giros que cambian lo que creíamos saber (algunos arriesgados y potencialmente polémicos), hace que el valor de revisionado se dispare por encima de lo habitual. Es decir, para verla completa, hace falta verla dos veces. De hecho, es una de esas películas que te dejan con la necesidad de repetir, pero también de saber qué pasará a continuación. Aunque ya hemos visto a Holland encarnando al personaje en cinco ocasiones, el viaje de Peter no ha hecho más que empezar y Lejos de casa prueba que el futuro es suyo.

Pedro J. García

Nota: 🕷️🕷️🕷️🕷️

PELI Y MANTA CON TU AMIGO Y VECINO SPIDER-MAN

Como no podía ser de otra manera tratándose de Sony Pictures y de una película del Universo Marvel, Spider-Man: Lejos de casa sale a la venta en España en multitud de formatos y ediciones para satisfacer a los coleccionistas.

La película, que recaudó más de 1.100 millones de dólares en todo el mundo convirtiéndose en la tercera más taquillera de 2019 hasta la fecha, llega como de costumbre en DVD, Blu-ray, Blu-ray 3D y 4KUHD, además de estar disponible en alquiler y venta digital y en un pack que reúne las siete películas del Trepamuros hasta ahora, desde la primera entrega protagonizada por Tobey Maguire hasta Lejos de casa, pasando por las dos partes de Andrew Garfield.

Además de las ediciones habituales, para celebrar el lanzamiento por todo lo alto, Sony Pictures Home Entertainment ha puesto a la venta la película en dos ediciones limitadas en caja metálica (4K UHD + Blu-ray y 3D + Blu-ray), ambas con un disco adicional de extras y un libreto/diario de viaje con fotos y recuerdos de la aventura europea de Peter Parker.

EDICIONES Y CONTENIDO ADICIONAL

La EDICIÓN DVD incluye los siguientes extras:

  • “Lista de recados de Peter”, un cortometraje – Peter tiene unas cuantas cosas que hacer antes de irse a su viaje de estudios. ¡Un corto totalmente nuevo!
  • Escenas eliminadas
  • Tomas falsas del reparto

La EDICIÓN BLU-RAY incluye los extras del DVD y los siguientes contenidos exclusivos de este formato:

  • Huevos de Pascua ocultos – Deja que E.D.I.T.H. te descubra algunos de los easter eggs que podrías haberte perdido.
  • Muy, muy lejos de casa – El reparto nos cuenta sus experiencias rodando en las históricas localizaciones europeas que vemos en la película.
  • Ahora me ves – Contemplamos la evolución de Mysterio y comprobamos cómo Jake Gyllenhaal era el actor perfecto para este papel.
  • Furia y Hill – Los veteranos del UCM Cobie Smulders y Samuel L. Jackson vuelven a deleitarnos como la Agente Maria Hill y Nick Furia.
  • Gracias, Sra. Parker – Una mirada a la reinvención de la Tía May de la mano de Marisa Tomei.
  • ¡Y mucho más!

La EDICIÓN BLU-RAY 3D + BLU-RAY incluye un disco 3D con la película en este formato, y el Blu-ray estándar con la película y sus extras.

La EDICIÓN 4K UHD + BLU-RAY incluye un disco 4K UHD con la película en ultra alta definición, y el Blu-ray estándar con la película y sus extras.

La EDICIÓN LIMITADA EN CAJA METÁLICA 4K UHD + BLU-RAY + BLU-RAY DE EXTRAS (disponible en todos los puntos de venta hasta fin de existencias) viene acompañada del libreto “Diario de viaje de P. Parker”. Incluye un disco 4K con la película en ultra alta definición, el Blu-ray estándar con todos sus extras, y un Bonus Blu-ray con el siguiente contenido exclusivo:

  • Un lanzatelarañas de categoría mundial – Un repaso exhaustivo de Spider-Man extendiendo sus telarañas por todo el planeta, con nuevas entrevistas y nuevas imágenes tras las cámaras del reparto y el equipo.

La EDICIÓN LIMITADA EN CAJA METÁLICA BLU-RAY 3D + BLU-RAY + BLU-RAY DE EXTRAS (disponible en todos los puntos de venta hasta fin de existencias) incluye un disco 3D con la película en este formato, el Blu-ray estándar con todos sus extras, el Bonus Blu-ray y el libreto “Diario de viaje de P. Parker”.

Crítica: Life (Vida)

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El ser humano siempre ha mirado hacia las estrellas, y el cine se ha encargado de reflejar esta obsesión por el cosmos una y otra vez. En los últimos años, con la carrera hacia Marte en la agenda de la NASA, Hollywood se ha volcado especialmente en la exploración del espacio y la búsqueda de vida en otros planetas desde diversos ángulos y géneros. InterstellarGravity, MarteLa llegadaPassengersFiguras ocultas… A esta corriente reciente de películas de temática espacial se suma Life (Vida), thriller de ciencia ficción dirigido por Daniel Espinosa (responsable de la inerte El niño 44) y protagonizado por Jake Gyllenhaal, Rebecca Ferguson y Ryan Reynolds.

Life transcurre íntegramente en la órbita terrestre, a bordo de una Estación Espacial Internacional habitada por seis tripulantes que están llevando a cabo una de las misiones más importantes de la historia, el análisis de la primera prueba de vida extraterrestre en Marte. El equipo comienza a conducir sus investigaciones con la muestra biológica, un organismo unicelular bautizado como Calvin, que responde a las pruebas evolucionando a un ritmo asombroso. Al principio, la fascinante estructura y el comportamiento instintivo de esta forma de vida despierta la admiración de los tripulantes, pero pronto demostrará ser mucho más inteligente de lo que esperaban, y en consecuencia, mucho más peligroso. Cuando Calvin se desarrolla y ataca a los tripulantes para subsistir en un ambiente hostil, lo que ha empezado como una histórica misión científica deviene en una pesadilla de la que los astronautas intentarán escapar, mientras hacen lo posible por que la letal criatura no llegue a la Tierra.

Efectivamente, Life es justo lo que parece, una fusión entre Alien Gravity. Espinosa la concibe desde el thriller y el terror, narrándola como si esta fuera por momentos un slasher en el que un monstruo asesino se encarga de dar muerte a sus víctimas, una a una y de las formas más variopintas y retorcidas. Pero también se trata de una aventura espacial de supervivencia, en la que la acción y la estrategia cobran una gran importancia. La película se apoya continuamente en el clásico de Ridley Scott y su tramo final transcurre de manera similar al de la cinta protagonizada por Sandra Bullock, por lo que la sensación de déjà vu es inevitable. Es decir, lo peor de Life es su absoluta falta de originalidad.

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Tampoco se puede decir que la película sobresalga en materia de guion. Aunque logra mantener el interés en todo momento, la historia se ve perjudicada por una gran cantidad de agujeros narrativos, situaciones inverosímiles y puntos cruciales de la trama dejados al azar y la coincidencia (el film no sabe salir de las encrucijadas que se presentan a cada momento sin echar mano del deus ex machina). Para tratarse de los científicos y especialistas más destacados del mundo, esta tripulación no siempre brilla por su inteligencia. Claro que ahí está parte de la gracia, en ver cómo la criatura desafía a los que creían tener la ventaja estratégica y los pone en situaciones límite. En lo que sí se esfuerza la película es en dotar a estos personajes de emociones y personalidades definidas, a través de diálogos que, si bien pueden pecar de tópicos y cursis, contribuyen a que estos sean algo más que carne de cebo para el monstruo.

En este sentido hay que elogiar la elección del elenco mezcla de nacionalidades, y en concreto la labor de los secundarios, Hiroyuki Sanada, Olga Dihovichnaya y Ariyon Bakare, por encima incluso de sus estrellas principales. Y es que sobre todo los dos protagonistas masculinos parecen moverse por inercia en todo momento. Gyllenhaal está como adormecido, ausente, y Reynolds sigue explotando la personalidad bromista que ha adoptado gracias a Deadpool, quizá demasiado, con su presencia reducida casi a la mera anécdota. Es Ferguson la que acaba llevando las riendas del film desde todos los frentes.

Jake Gyllenhaal;Rebecca Ferguson

Ahora bien, aunque todo esto suene mal, lo cierto es que Life está lejos de ser un desastre. Al contrario. Afortunadamente, sabe compensar sus carencias con grandes dosis de acción claustrofóbica y sobresaltos, proponiendo una atractiva experiencia inmersiva (podemos sentir la gravedad cero junto a los personajes), manejando la tensión con pulso ejemplar y exprimiendo bien su premisa para garantizar 100 minutos sin aburrimiento. La falta de originalidad y consistencia narrativa acaba pesando menos gracias a su sentido del ritmo y el suspense, así como a unos excelentes efectos visuales, sobre todo en lo que se refiere al entorno de la estación espacial y la anatomía de Calvin, un ser digital de diseño muy llamativo, tan elegante como amenazante. Es decir, Life no aporta nada al género espacial, pero como entretenimiento es más que eficiente, y como espectáculo da la talla con creces. Además, cuenta con uno de esos finales que dejan con la boca abierta y despiden la película por todo lo alto (en este caso no literalmente).

Pedro J. García

Nota: ★★★

Crítica: Animales nocturnos

Actores que se meten a estrellas de pop, cantantes que persiguen el Oscar en interpretación, novelistas que prueban a ser guionistas… La industria del espectáculo, como cualquier otro ámbito, siempre ha estado llena de gente que intenta salir de su zona de confort profesional para probar a ver si puede hacer lo mismo que los demás. Intrusismo, nepotismo, oportunismo… Muchos de ellos no nos dan razones para justificar el salto a lo “desconocido” más allá del mero capricho, pero hay unos pocos que lo argumentan con pruebas convincentes. Sería el caso de Tom Ford, el famoso diseñador de moda que en 2009 sorprendió gratamente con su primera película como director, Un hombre soltero (A Single Man), una obra sensible y profunda que atestiguaba que, además de su evidente talento para lo estético, Ford tenía muy buena mano para contar historias y caracterizar personajes.

Han tenido que pasar unos años para que el modisto/realizador se aventure con su segunda película, Animales nocturnos (Nocturnal Animals), pero la espera ha merecido la pena, ya que con ella demuestra que lo suyo no fue la suerte del principiante, sino que efectivamente Ford tiene verdadero talento cinematográfico. Oscura, sensual y elegantemente imperfecta, Animales nocturnos continúa la disección que Ford inició de las esferas más altas de la sociedad con su opera prima, de la gente distinguida y refinada que se ahoga en sus jaulas de diseño y deambula en sus acomodados vacíos existenciales (ya sabéis lo que dicen, “escribe sobre lo que conoces”). Pero amplía sus horizontes como autor añadiendo un componente de suspense que al final (y afortunadamente) acaba dominando la película.

Basada en la novela Tony and Susan de Austin WrightAnimales nocturnos se centra en Susan Morrow, una exitosa galerista de Los Ángeles interpretada por Amy Adams (este año de nuevo en racha gracias a esta y La llegada) que comparte su privilegiada vida con su segundo marido, un empresario y heredero con aspecto de príncipe azul moderno (Armie Hammer). Un fin de semana en el que este se encuentra en uno de sus viajes de negocio, Susan recibe un paquete en el correo. Se trata de un borrador de la novela escrita por su ex marido, Edward Sheffield (Jake Gyllenhaal), del que lleva diecinueve años sin saber nada. Susan comienza a leer el libro, que Edward le ha dedicado personalmente, y se ve inmediatamente atrapada y devastada por su contenido. La novela, titulada Animales nocturnos, es un thriller violento y demoledor que obliga a Susan a recordar su historia de amor con el autor, truncada por la diferencia de clases y la ambición, y revivir las decisiones que la han llevado hasta el lugar en el que se encuentra. Así, Susan descubrirá que las palabras que ha escrito Edward son en realidad dardos envenenados dirigidos hacia ella, el resultado de un plan vindicativo gestado a lo largo del tiempo.

Animales nocturnos es dos películas en una. Por un lado un drama psicológico centrado en explorar la psique de una mujer arrepentida en plena crisis de mediana edad y la confeccionada realidad en la que vive, y por otro un crudo e intenso thriller de venganza clásico. El choque de estilos provoca un contraste muy interesante, aunque también desconcertante. Y es que a Ford le cuesta dar cohesión a los dos segmentos entrelazados del film, resultando en un ritmo descompasado y una mayor dificultad para conectar con la historia de su protagonista. Pero en el fondo, se trata de eso precisamente: las escenas que transcurren en la realidad se experimentan como interrupciones de la asfixiante historia de ficción que la condiciona, poniendo en perspectiva los problemas de Susan. Es decir, Animales nocturnos (el libro) es un castigo para ella, una horrible tragedia vivida por una familia de clase media creada no solo para hacer daño a Susan (Isla Fisher, siempre comparada con Adams, interpreta en un giro muy astuto y meta a su “alter ego” en el libro), sino también para hundirla aun más en sus rich people problems. Y eso es lo que, en última instancia, da coherencia al film, que sus dos partes, por muy dispares que sean, hablan de lo mismo, que ambas forman una inquietante historia de venganza.

Para pertenecer al 1%, Tom Ford tiene una visión muy autoconsciente del mundo privilegiado en el que vive y una gran capacidad como observador social. Aunque a veces sea difícil distinguir entre la pretensión y la autocrítica, la película posee cierta maliciacualidad satírica que se manifiesta en los pequeños detalles. Un iPhone hecho añicos que no hace ni pestañear a su dueña, compañera de la galería de Susan interpretada por Jena Malone (“Da igual, de todos modos mañana salía el nuevo”), un discurso sobre la relatividad de la tragedia según la posición social que suena tan autocomplaciente como cínico (que seamos ricos no quiere decir que no suframos por nuestras cosas), un rostro esperpénticamente modificado por la cirugía estética que se convierte en objeto de burla, o la impactante exposición con la que Ford abre la película, ¿provocación sublime o arrogante? En realidad no importa, ya que resulta igualmente fascinante.

En cualquier caso, el verdadero golpe que Ford asesta al espectador ocurre durante la parte “ficticia” del film. Como hemos dicho, el director lleva a cabo una película dentro de otra, un intenso y grotesco thriller, que, como no podía ser de otra manera, se ambienta en la América profunda (Texas para ser más concretos), ese decadente e insalubre escenario en el que se desarrollan los crímenes más atroces, las cacerías más sanguinarias, donde la locura es tan común como la obesidad mórbida. Allí, Ford lleva a cabo un sobresaliente ejercicio de tensión narrativa y puesta en escena con el que sume al (segundo) personaje de Gyllenhaal, Tony (y por ende al de Adams, y al espectador), en una horrible pesadilla sin salida. Le acompañan un mayúsculo Michael Shannon y un explosivo Aaron Taylor-Johnson, que apunta directamente a los nervios dando vida a un paleto desquiciado en la que es una de sus mejores interpretaciones hasta la fecha. La historia de Tony (desgarrador Gyllenhaal) es tan absorbente e implacable, que cada vez que Susan tiene que dejar el libro desbordada por sus páginas, debería suponer un respiro para el espectador, pero en realidad nos saca violentamente de lo que verdaderamente nos interesa.

Es cierto que, a pesar de filmar con un gusto indudablemente exquisito, Ford no hila ambas partes de la historia de la manera más fluida, además de que la de Adams puede resultar excesivamente fría, incluso superficial, por no hablar de los numerosos clichés que la componen. Sin embargo, aun con sus problemas, Animales nocturnos es una obra cinematográfica profundamente estimulante y embriagadora, un trabajo de altura con el que Ford deja clara su ambición y desvela que su talento solo es equiparable a su crueldad.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: Demolición

Jake Gyllenhaal Demolition

Jake Gyllenhaal… ¿qué clase de nombre es ese? Suena a superhéroe o algo por el estilo. Esa pregunta nos la hacíamos hace quince años cuando conocimos a un adolescente apocado y bastante tocado de la cabeza en Donnie Darko. Pronto nos aprendimos cómo se escribía ese apellido y nos prometimos no fallarle para que nunca estuviese solo. Durante estos años, le hemos visto salvar dramas indies (The Good Girl, El compromiso), dar visibilidad (Brokeback Mountain), enseñar cacho (Amor y otras drogas, Jarhead) y pegársela con blockbusters (El día de mañana, Prince of Persia o Everest). Gyllenhaal ha sabido construir una notable carrera gracias a una serie de varones duros cortados por el mismo patrón: el desquicio. Sus papeles en Nightcrawler, Enemy, Zodiac o Prisioneros lo han afianzado como uno de los intérpretes más solventes de su generación, y a su colección de hombres más o menos desequilibrados se le une Davis, protagonista de Demolición, la nueva cinta de Jean-Marc Vallée.

Davis es un hombre que de buenas a primeras ve cómo su vida perfecta se va al garete. La desaparición de su esposa en un accidente de tráfico en el que él mismo conducía lo deja sumido en un estado cuasi zen que le impide reaccionar de manera normal ante la pérdida. Esta ausencia de sentimientos le lleva a obsesionarse con un hecho tan nimio y común como una barrita atorada en una máquina expendedora en el hospital donde su mujer acaba de fallecer. Lejos de dejarse llevar por la rabia (emoción lógica ante el aperitivo perdido y la muerte de un cónyuge), Davis decide escribir una reclamación a la empresa que gestiona la máquina. De esa manera, conoce a Karen, peculiar encargada de responder ese tipo de misivas, interpretada por Naomi Watts (Mulholland Drive, Birdman), y sobre la cual empieza a construir una especie de segunda vida. Pero para tener una nueva oportunidad, hay que terminar el pasado de una vez por todas. Demolición narra la destrucción completa del viejo Davis y el inicio de un nuevo Davis, pero, ¿se puede hacer desaparecer de una vez por todas los demonios del pasado?

La cinta de Vallée se centra en la idea de que puede que Davis crea que haya podido acabar con el pasado, pero lógicamente el pasado no ha terminado con él. Demolición muestra un Davis trastornado, alejado de la realidad, que actúa por impulsos sin importar las consecuencias. Un comportamiento que puede llegar a provocar alguna que otra sonora carcajada en el espectador más insensible, pero su enajenación no es ninguna tontería. He aquí uno de los grandes problemas del film: no saber posicionarse, ni saber jugar sus bazas. El director de Dallas Buyers Club intenta crear el melodrama de superación definitivo. Para ello cuenta con un actor especialista en este tipo de papeles (Gyllenhaal), la mujer que mejor llora en toda la historia del cine (Watts) y ciertas secuencias espectaculares (el accidente, la demolición real del hogar), ¿por qué razón entonces no consigue su cometido? La razón tiene nombres y apellidos: Jean-Marc Vallée. Encumbrado hace una década con la sobrevalorada C.R.A.Z.Y., el realizador canadiense se ha consolidado como un gran director de actores, o por lo menos los premios y las candidaturas lo avalan: Matthew McConaughey y Jared Leto hicieron doblete en los Oscars con Dallas Buyers Club, Reese Whiterspoon consiguió otra candidatura con Alma salvaje y dio el espaldarazo definitivo a la que va a ser la nueva Mary Poppins, Emily Blunt en La Reina Victoria. Para seguir con esa tónica, Vallée eligió a Gyllenhaal para dar vida a Davis. Esta conjunción debería haber colocado de una vez por todas en la terna de candidatos al Oscar a mejor actor, pero todo ha quedado en agua de borrajas… Gyllenhaal recurre una vez más a sus trucos más conocidos pero no logra en ningún momento llegar a ese punto de genialidad que sí consiguió en Enemy o Nightcrawler. En esta ocasión se acerca más a su experiencia en Southpaw, otro papel hecho por y para los premios que fue justamente ninguneado. Al no lograr la excelencia interpretativa en esta ocasión, la película se desmorona, pero no solo por culpa de Gyllenhaal (él es lo más salvable), sino por las labores artísticas de Vallée como director.

Demolición

Todo pierde fuelle a medida que Vallée va dejando al descubierto su verdadera naturaleza. Su sentimentalismo desbarata el posible interés que debería tener la enajenación del personaje y hace que la oscuridad de Davis tenga la misma profundidad psicológica que la de un protagonista de una película de sobremesa. Como espectador, se puede aceptar todo tipo de comportamientos ante la pérdida, pero lo que no se debe aceptar es dejarse tomar el pelo (o por lo menos no de manera consciente). En vez de ahondar en el conflicto emocional de Davis, Bryan Sipe, guionista de la cinta y encargado de la adaptación cinematográfica de una novela de Nicholas Sparks (dato nada gratuito), decide incluir subtramas que resultan tan innecesarias que parecen buscar únicamente las lágrimas y/o los tags a la hora de catalogar la película (homosexualidad, bullying, mujer, etc.). y un tramo final que sobrepasa todos los límites de la pornografía sentimental.

Vallée entrega otra película a medio hacer, ya que sigue estando más preocupado en provocar esa lágrima fácil y vacua que en causar un impacto mayor. Demolición nos vende una especie de guía de autoayuda semibuenrollista que no sabe (o no se atreve a) hacer una reflexión adulta sobre la incomunicación y/o la paulatina ausencia de sentimientos que sufrimos en nuestra generación.

David Lastra

Nota: ★★½

Crítica: Everest

Everest

Hace dos años, Alfonso Cuarón nos llevó al espacio con su imprescindible Gravity, una película casi interactiva en la que el espectador se sumergía en la pantalla de cine y vivía en primera persona la emocionante odisea de la astronauta Ryan Stone (Sandra Bullock). Este año, Baltasar Kormákur (2 Guns) nos propone algo parecido con Everest, film también rodado con la últimas técnicas en 3D que busca crear una experiencia inmersiva en la sala de cine (donde esta película alcanzará su mayor potencial), en la que formaremos parte de una expedición para llegar a la cima de la montaña más alta del mundo.

Everest lleva al cine la mayor tragedia acontecida en el legendario monte del Himalaya, cuando en 1996 una fuerte tormenta de nieve sacudió a varias expediciones que trataban de alcanzar la cima. El guion, escrito por William Nicholson (nominado al Oscar por ShadowlandsGladiator) y Simon Beaufoy (ganador del Oscar por Slumdog Millionaire) está basado en varios libros y entrevistas con los supervivientes, con el ensayo Into Thin Air (Mal de altura) como fuente principal. Su autor es el periodista Jon Krakauer, aquí interpretado por Michael Kelly (House of Cards), que vivió de primera mano la tragedia y sirve aquí como uno de los hilos conductores de la película.

En un principio, Everest iba a estar protagonizada por Christian Bale, pero éste la rechazó para participar en Exodus: Dioses y reyes. Su marcha y sustitución por el menos conocido Jason Clarke (El amanecer del Planeta de los Simios, Terminator Génesis) provocaba un cambio importante en la película, que pasaba a ser más coral. En efecto, Everest nos presenta un amplio elenco de actores (entre ellos muchas caras conocidas de Hollywood: Josh Brolin, Emily Watson, Jake Gyllenhaal, Keira Knightley, Robin Wright, John Hawkes) que se reparten el tiempo en pantalla equitativamente. Clarke ejerce de guía de la expedición en la que se centra la película (Gyllenhaal hace lo propio con la secundaria), pero esta no adopta un solo punto de vista, sino que salta de uno a otro, ofreciendo retales de historias personales que solo llegamos a conocer superficialmente. Y ese es el principal problema de Everest, que no logra (quizá no quiera) profundizar realmente en sus personajes, y por tanto se queda corta en los momentos en los que aspira a ser un drama humano.

Everest cartelEn una de las escenas centrales de Everest, Krakauer pregunta a los montañistas (la mayoría turistas de aventura con los bolsillos llenos) por qué arriesgan sus vidas para llegar a la cumbre. Ninguno sabe contestar, y lo cierto es que Kormákur no está interesado en darnos respuestas a esa pregunta (quizá no existan, quizá no sean necesarias en la vida real, pero claro, esto es cine). La mayor parte del tiempo, el director evita la ficcionalización hollywoodiense, anteponiendo la técnica a la emoción (a excepción del desenlace, donde la historia se permite entrar en terreno lacrimógeno). Esta aproximación metódica nos deja un trabajo centrado y sobresaliente en el apartado visual que sin embargo resulta excesivamente frío y distante en todo lo demás. En consecuencia, los personajes no llegan nunca a formarse del todo, lo que hace que el vínculo que se establecía con Ryan Stone no se repita con los montañistas del Everest.

Everest se podría adscribir al cine de catástrofes de los 70 o la corriente de telefilms noventeros que instigó ¡Viven!, con la principal diferencia de que en este caso, el espectáculo y el reparto son de primera. Kormákur filma las escenas de acción con inteligencia y precisión, eludiendo la pirotecnia y sobredramatización propias del blockbuster, para mantener el realismo en todo momento (a ratos coqueteando con el documental sobre alpinismo). Cuando arrecia la tormenta, a 45 minutos del final, Everest nos sacude con fuerza. Se puede sentir el vértigo, la desesperación y la angustia de los alpinistas, incluso la falta de oxígeno. Tristemente, el nudo en el estómago es más parecido a lo que podemos sentir en una atracción o simulador de realidad virtual (por eso es recomendable en la pantalla de cine más grande posible) que a una experiencia cinematográfica plena. Como película de catástrofes, Everest sobresale por encima de la media, como drama se queda sepultado bajo la nieve.

Valoración: ★★★

Crítica: Nightcrawler

Nightcrawler Jake Gyllenhaal

Texto escrito por David Lastra

 

Atendiendo a los principios, valores y obligaciones del periodismo, podemos destacar cinco puntos fundamentales a cumplir para lograr la excelencia dentro del ámbito comunicacional.

1. Un periodista siempre tiene que buscar la verdad, o por lo menos ser preciso.

2. La voz del periodista tendrá que ser siempre independiente.

3. El periodista tiene que buscar siempre la imparcialidad en sus noticias.

4. El periodista debe ser un ejemplo de humanidad.

5. El periodista debe asumir su responsabilidad ante sus noticias.

Si nos atenemos a esos cinco mandamientos deontológicos, podemos afirmar sin lugar a dudas que Louis Bloom es un empleado modelo. A fuerza de profesionalidad y trabajo, Bloom se convierte en uno de los más reputados nightcrawlers de Los Ángeles. Para aquel o aquella que no lo sepa, los nightcrawlers son los reporteros que se encargan de recoger en sus cámaras las imágenes más sórdidas de los accidentes de tráfico más estrambóticos, reyertas entre bandas con heridos y persecuciones policiales. El híbrido perfecto entre los paparazzi de La dolce vita y los curas y demás demonios burgueses de Saló o los 120 días de Sodoma. Nightcrawler es el cómo se hizo de la mierda que sale en los telediarios estadounidenses (realidad completamente extrapolable a los españoles). Nightcrawler es la historia de Louis Bloom, una historia de amor entre un hombre y su cámara.

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Morador habitual de la noche oscura del alma, Bloom (personaje interpretado por Jake Gyllenhaal) va a la deriva ante una desasosegada realidad sin pareja, trabajo, ni ningún motivo para levantarse cada noche (que no mañana) que no sea la televisión. Esa realidad cambia ante el descubrimiento del empleo de sus sueños: nightcrawler. El comienzo del devenir noctámbulo del protagonista encuentra numerosos lugares comunes con una de las obras cumbres del cine postmoderno, Crash. La gran diferencia es que allí donde el maestro canadiense se regodeaba en el impacto físico de los accidentes automovilísticos en la libido del ser humano, el director de esta, Dan Gilroy (debutante tras las cámaras, y guionista de The Fall. El sueño de Alejandría y El legado de Bourne), prefiere mostrarnos las consecuencias en la economía de nuestro protagonista. La fascinación de Louis Bloom va pareja a la posibilidad del éxito financiero y el reconocimiento profesional y no al de la carnalidad metálica de las vaginas crurales como era el caso de James Ballard. El voyeurismo genético de Bloom como ser humano muta hasta niveles insospechados. En esta ocasión, la base desquiciada del personaje interpretado por Gyllenhaal es un cimiento importante para la creación del ave de rapiña definitivo, el merodeador perfecto, el Peter Parker del hombre del saco. Antes de abandonar la referencia cronenbergiana, destacar la inclusión en varios pasajes del score de James Newton Howard de riffs de guitarras eléctricas cuyas disonancias recuerdan a la partitura que Howard Shore compuso para la cinta de David Cronenberg.

Tras un titubeante comienzo, Nightcrawler impone su desquiciamiento al espectador más exigente, aparcando los ejercicios onanoestilísticos que prometía la frase promocional del cartel con aquello de ‘De los productores de Drive’, acercándose más a los infiernos propios del ya citado Cronenberg que a los placeres visuales de Nicolas Winding Refn. La disección elegantemente sucia de la noche profesional perfecta de Bloom agobia, emociona y embriaga como si fuésemos sus copilotos/cómplices. Esta hora final larga, es una lección de narración sin igual, un ejercicio fílmico que debía haber contado con mayor suerte en las nominaciones a los premios de la Academia (el film se encuentra presente en un solo apartado, mejor guión original).

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El Bloom ideado por Gilroy encuentra su reencarnación idónea en Jake Gyllenhaal. Protagonista de las carpetas de todo adolescente errático y maldito gracias a su Donnie Darko, sigue explotando el rol que mejor casa con su mirada lánguida y su media sonrisa psicópata. Si bien, su modus operandi en este film recuerda más a su Robert Graysmith en Zodiac, aunque a un nivel más esquizoide. Otro placer es encontrarse a Rene Russo en el papel de la jefa de noticias de la cadena donde Bloom vende sus piezas de arte (a.k.a. vídeos de accidentes). Russo resurge de sus cenizas tras una década en el ostracismo profesional (a pesar de haber sido la mismísima madre de Thor en las nuevas producciones cinematográficas asgardianas de Marvel). Su resurrección recuerda a la que hace poco protagonizó Kristin Scott-Thomas en Solo Dios perdona. Dos monstruosas interpretaciones también obviadas por los galardones, pero que engrandecen ambas películas.

Nightcrawler no gozará con el culto inmediato de cintas como la citada Drive, pero su calado en las próximas décadas aventuramos a decir que podría ser mayor al no perder ni un gramo de vigencia su propuesta. ¿O es que alguien alumbra el comienzo del fin de la telebasura?

Valoración: ★★★★

Crítica: Prisioneros

Prisioneros Hugh Jackman

Ningún hombre, por muy normal, por muy bondadoso que sea, está completamente libre de convertirse en un monstruo ante determinadas circunstancias. Esta es la idea que pone en marcha Prisioneros, la nueva película de Denis Villeneuve (Incendies), un thriller de misterio que da comienzo con el rapto de dos niñas de un barrio residencial. La calma y el silencio en el que desaparecen como si se las hubiera llevado el viento se transforma pronto en una violenta tormenta, y las dos familias se sumen en el caos y la desesperación mientras la policía lleva adelante una investigación para dar con ellas. Sin embargo, uno de los padres, Keller Dover (Hugh Jackman), cree ir un paso por delante y se niega a esperar sentado viendo cómo el transcurso de los días disminuye las esperanzas de encontrar a las niñas con vida.

La insoportable tensión in crescendo y la sobriedad en la realización de Prisioneros nos recuerda indudablemente al David Fincher de Zodiac, película con la que guarda bastantes similitudes formales y temáticas (y con la que comparte a Jake Gyllenhaal). Villeneuve diseña cuidadosamente un rompecabezas (o un laberinto) con el que la desesperación también se apodera de nosotros cuando las piezas no encajan del todo. Mientras, Keller nos conduce en su descenso hacia la deshumanización, a la destrucción casi total de su moralidad, planteando cuestiones que no podremos evitar aplicarnos a nuestras propias (hipotéticas) experiencias. Hugh Jackman personifica el terror y la angustia más insondable con una apabullante y visceral interpretación que nos desvela (una vez más) su enorme versatilidad como actor.

Prisioneros cartel españolPero el resto del reparto (de prisioneros) está a la altura. Jake Gyllenhaal construye uno de los personajes más sólidos de su carrera, un hombre cuyos fantasmas nunca llegan a salir a la luz, a pesar de que podemos verlos asomar en su rostro constantemente gracias a una interpretación llena de matices. Maria Bello, Viola Davis y Terrence Howard representan los distintos grados de desolación e impotencia ante la situación. Son padres que, al contrario que Keller, actúan con normalidad, se sientan a ver el tiempo pasar lentamente, se meten en la cama esperando a que la pesadilla acabe y la policía les devuelva a sus hijas sanas y salvas. Los tres muestran un interesante rango de emociones y reacciones que aportan el contrapunto necesario al personaje de Jackman. Por otro lado tenemos a un sobresaliente Paul Dano dando vida a uno de esos seres extraños que nació para interpretar, y a Melissa Leo, que desafortunadamente es el eslabón más débil de la película.

Prisioneros es un thriller austero y crudo con cierto aire de clásico americano en el que vamos experimentando de primera mano cómo se derrumba todo alrededor de los personajes. Sin embargo, a medida que se va arrojando luz sobre el misterio, y el puzle empieza a completarse, la película se sume irremediablemente en el déjà vuPrisioneros navega constante y peligrosamente entre lo sublime y lo convencional, entre el drama psicológico más absorbente y el whodunnit más predecible. Al final, Villeneuve no puede evitar caer en las redes de lo común, y después de más de dos horas manejando la tensión con gran maestría, procede a desenlazar el relato atando cabos sin fuerza, dejando agujeros destapados a su conveniencia (¿por qué un policía va a todas partes solo durante la investigación a pesar del peligro?) y desvelándonos que, después de todo, quizás lo que estábamos viendo no era tan extraordinario como creíamos.

Valoración: ★★★