¡Shazam!: La magia y el asombro llegan a DC

Ha sido un camino difícil para DC desde que estrenase El hombre de acero, la primera película de su actual universo de superhéroes. Falta de planificación, interferencias continuas por parte del estudio, visiones creativas en conflicto y continuos cambios tras las cámaras resultaron en el consiguiente desinterés de la audiencia, que le daba la espalda con Liga de la Justicia. Tras la decepción de su primer gran crossover, DC se vio obligada a reestructurar (otra vez) y replantearse su enfoque, rebajando sus ambiciones de universo interconectado en favor de películas más independientesWonder Woman marcó la pauta a seguir, el impresionante éxito de Aquaman demostró que DC estaba por fin en el camino correcto, y ahora, su última entrega, ¡Shazam! es la prueba definitiva de que ha remontado el vuelo.

El habitual del cine de terror David F. Sandberg (Nunca apagues la luz, Annabelle: Creation) dirige la adaptación del superhéroe de DC originalmente conocido como Captain Marvel, antes de que una disputa por el copyright le obligara a cambiarse el nombre. La historia gira en torno a un problemático adolescente de acogida llamado Billy Batson (Asher Angel), que tras un encuentro con un mago adquiere el poder de convertirse en un superhéroe adulto con solo gritar la palabra “Shazam”. Zachary Levi (Chuck) es su alter ego superheroico, un hombre con cuerpo de dios y poderes extraordinarios como Superman que, literalmente, lleva un niño dentro. Junto a uno de sus nuevos hermanos de acogida, Freddy (Jack Dylan Grazer), Billy/Shazam explorará sus poderes, primero como haría cualquier niño, para divertirse y hacer travesuras, y más tarde para detener a las fuerzas del mal, personificadas en el Dr. Thaddeus Sivana (Mark Strong), quien también tuviera un encuentro con el mismo mago, con resultados terroríficamente distintos.

Aunque posee muchos de los rasgos distintivos del sello DC (entre ellos, la obsesión por las madres, que de hecho se explora más a fondo en esta película), ¡Shazam! rebaja la oscuridad y se distancia considerablemente de la seriedad y la solemnidad de las primeras entregas de la etapa moderna del estudio, siguiendo la estela de las mucho más luminosas Wonder Woman Aquaman, pero con un tono mucho mejor definidoEl humor forma parte esencial del film y da en la diana la mayor parte del tiempo, contrario a lo que pueda indicar su campaña promocional (aislar los chistes puede crear una impresión equivocada, ya que funcionan mucho mejor en el contexto de la película y conociendo a los personajes), no solo haciendo reír, sino también utilizándose de forma inteligente para caracterizar a sus protagonistas y reflejar su edad. Esto da como resultado una película más optimista y colorista, una comedia de acción ligera y sin pretensiones pero con profundidad emocional y atención al detalle, demostrando que una cosa no tiene por qué estar reñida con la otra.

¡Shazam! se ambienta en la actualidad, pero de no ser por la tecnología y el flossing (tranquilos, es solo un segundo de la película y encaja perfectamente), podría ser una película juvenil hecha en los 80. Además de la evidente y reconocida inspiración en Big, a la que se le dedica un simpático homenaje, el espíritu y la energía del cine de pandillas y el toque Spielberg recorren todo el metraje, captando fielmente la magia y el asombro del cine familiar fantástico de esa época. Es fácil sentirse niño otra vez viendo ¡Shazam!, recordar aquellas aventuras que nos fascinaban y aterraban a partes iguales, y que necesitábamos ver una y otra vez hasta dar de sí nuestro VHS. Y todo sin recurrir a la nostalgia mercantilizada que hoy en día se encuentra en todas partes, sino extrayendo la esencia de aquellas películas para aplicarla al cine de superhéroes actual.

Además de ser tremendamente entretenida y tener el guion más sólido del Universo DC actual, ¡Shazam! sobresale por un corazón enorme que late con fuerza de la primera a la última escena. Esto es gracias al tratamiento juvenil libre de cinismo que se le ha dado, pero también, y sobre todo, a su excelente reparto, encabezado por un carismático y cercano Zachary Levi, que encuentra aquí el vehículo perfecto para conquistar a la audiencia con su entusiasmo infantil y encanto geek. Levi es el alma de ¡Shazam!, y su química con el elenco adolescente es pura magia, especialmente en sus escenas con el brillante Jack Dylan Grazer (la revelación de It), junto al que desarrolla la amistad que sustenta los cimientos de la historia y no solo nos deja los momentos más graciosos, sino también los más humanos y emotivos de la cinta.

Si hubiera que ponerle pegas a la película, sería un arranque demasiado embarullado y (cómo no) su villano. El Dr. Sivana supone una considerable mejora comparado con los anteriores antagonistas de DC (no era muy difícil), pero no deja de ser un cliché cuya historia no logra captar el interés necesario (si estáis deseando que acaben sus escenas para volver a Shazam y los niños, no os preocupéis, es normal). Afortunadamente, a medida que avanza la película, la caracterización del villano se adentra en terreno paródico, lo que acaba salvando al personaje, sobre todo durante la recta final, donde protagoniza junto a Shazam uno de los enfrentamientos finales más tronchantes del cine de superhéroes. En última instancia, Sivana sale airoso como villano porque la película no se lo toma del todo en serio y porque su conflicto interno aporta la clave para unir a los protagonistas en el explosivo tramo final.

Y hablando del final, ¡Shazam! logra dominar algo que a DC se le resistía hasta ahora: el último acto. Lo consigue huyendo de la excesiva e impersonal orgía de destrucción digital de sus anteriores películas para centrarse en los personajes. Tan sencillo como eso. El clímax de ¡Shazam! es una absoluta gozada, un broche de oro que subraya los puntos fuertes de la película (el humor, la imaginación y la amistad entre sus personajes), otorgando protagonismo al equipo/familia formado por Billy y sus nuevos hermanos, un entrañable grupo al que nos quedamos con las ganas de volver a ver en una secuela con mucho potencial. Veinte minutos finales que elevan el conjunto a base de buenas escenas de acción en las que distinguimos lo que está pasando y gratísimas sorpresas que, si no estáis muy familiarizados con los cómics en los que se basa, no querréis que os estropeen.

¡Shazam! es cine de superhéroes en estado puro, una película en la que se puede respirar el amor por el género, y que se ve beneficiada por el cambio de estrategia de DC, que la alivia de la obligación de tener que enlazar a la fuerza con el resto de la saga a base de cameos que no vienen a cuento o tramas que acaban en nada. Aquí no hay tanta prisa, las conexiones con otras películas del estudio son más bien anecdóticas y sirven para construir en Filadelfia un mundo propio en contraste con el que ya conocemos, donde los superhéroes son iconos pop convertidos en figuras de acción, reales pero inalcanzables, y Shazam se alza como una de las balizas de este nuevo DC. Hay una escena pequeña pero muy significativa en la que un niño está jugando con unos muñecos de Batman y Superman y, al ver a Shazam volando por su ventana, los deja caer al suelo. Clarísima metáfora y toda una declaración de intenciones.

A pesar de recurrir a muchos tópicos, ¡Shazam! es una de las historias de orígenes más inspiradas y redondas del cine de superhéroes reciente. Se trata de una película familiar con aroma clásico, pero favorecida por el bagaje que conlleva hacer una cinta de superhéroes en 2019. Warner aprende de los errores y acierta de lleno. Salta a la vista que esta vez han puesto mucho más cariño en el proyecto, y no solo se han preocupado de la proyección económica, sino también de hacer una buena película y conectar con el público (esta no parece hecha y deshecha por ejecutivos en un despacho). Divertida, emocionante, dulce pero pícara, con un estilo visual muy cuidado y sin sobrecarga digital, chistes realmente buenos, mucho ritmo y un acertado equilibrio entre acción, drama y comedia, definitivamente ¡Shazam! es la palabra mágica para DC.

Pedro J. García

Nota: ★★★★

Crítica: It

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A pesar de que las novelas de Stephen King siempre han tenido una marcada sensibilidad cinematográfica, su voluminosa obra es una de las que más problemas ha causado a la hora de ser traducida de las páginas a la pantalla. Pocas adaptaciones han dado con la clave, y para muestra, dos de las más recientes: La niebla, serie de Netflix que ha obtenido un recibimiento bastante negativo, y La Torre Oscura, la decepcionante adaptación al cine de la extensísima saga fantástica del mismo nombre que se ha dado un brutal batacazo en taquilla. Afortunadamente, parece que se ha conseguido romper la maldición de las adaptaciones de King con la nueva versión de una de las novelas más populares del de Maine, ItSu primera parte llega a los cines dispuesta tanto a convencer a los nostálgicos que tienen grabado a fuego en la retina a Tim Curry en la miniserie de los 90, como a conquistar a las nuevas generaciones de aficionados al terror.

Dirigida por Andy Muschietti (que debutó en el largo con Mamá), It narra la historia siete jóvenes inadaptados que viven un verano inolvidable en el pequeño pueblo de Derry, Maine a finales de los 80. A los miembros de este “Club de los perdedores”, como ellos se autodenominan, los une ser el blanco de la pandilla de los matones del instituto y haber sido marginados por diversos motivos: problemas familiares, abusos, o en el caso de Bill (Jaeden Lieberher), la pérdida de su hermano. Desde que el pequeño Georgie (Jackson Robert Scott) se desvaneció una tarde lluviosa que salió a perseguir su barco de papel hasta colarse en un desagüe, se han sucedido en Derry numerosas desapariciones de niños en extrañas circunstancias. Todas tienen en común al siniestro payaso Pennywise (Bill Skarsgård), una entidad que emerge desde las alcantarillas cada 27 años para alimentarse de los temores de sus presas. Los Perdedores deberán unir fuerzas para superar sus miedos y poner fin a la pesadilla enfrentándose a “Eso”.

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La historia la conocemos de sobra, tanto si hemos leído la novela como si nos zampábamos las más de tres horas de miniserie cada dos días (no la veáis ahora, es mucho peor de lo que recordáis). Y por eso es todo un alivio y una alegría comprobar que la nueva versión le hace justicia. Con It, Muschietti ha creado una robusta pieza de terror clásico en la que lo más importante y lo mejor no son los monstruos o los sobresaltos, sino los personajes, un excelente grupo de niños cuyo casting está a la altura del de Stranger Things (el film en general, como ya nos adelantaron en su día, está bastante influenciado por el fenómeno de Netflix). Ellos son el alma de una película que, además de ser un eficaz cuento de terror, es una emocionante y emotiva disección de la amistad, los miedos y los traumas de la infancia, así como un relato impregnado de nostalgia sobre los primeros años de la adolescencia y el proceso de madurez con el que se va dejando la niñez atrás.

La sensibilidad de los 80 no solo se ve reflejada en la estética de la película, sino también en su manera de retratar la infancia sin hipervigilancia paternal y la amistad entre los personajes, evocadora de las películas de pandillas de aquella época, y concretamente de otra basada en King, Cuenta conmigoIt saca provecho de su calificación para mayores de 18 años con diálogos cargados de palabras malsonantes y alusiones al sexo (los niños dicen más tacos que en una de Tarantino y es fascinante) que pintan un dibujo de la pubertad más acorde a lo que se hacía (y se vivía) hace 30 años que a lo que se suele ver en el cine protagonizado por preadolescentes hoy en día. Lo mismo ocurre con la violencia, mucho más contundente, más gráfica y sangrienta de lo habitual en el cine mainstream. It contiene imágenes ciertamente impactantes, sobre todo al estar protagonizadas por menores, pero la violencia y la imaginería macabra de la película no se antoja gratuita, sino que es esencial para el desarrollo de los personajes, al servir para manifestar sus miedos, el principal motor de la historia.

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It funciona a todos los niveles, como aventura de terror, como alegoría de crecer, como adaptación, como pieza cinematográfica independiente (la escisión de la novela en dos partes permite dejar bien cerrado este primer capítulo). Es aterradora, divertida, entrañable. Pero esto no quiere decir que sea redonda. Sus virtudes son indudables, pero sus defectos también saltan a la vista. Algunos provienen del material original y otros son exclusivamente achacables a la película. En cuanto a lo primero, aunque no se puede dudar que King creó una gran historia, es difícil pasar por alto su lamentable tratamiento de la única niña del club de los perdedores, Beverly, víctima de abusos, objeto de deseo de sus compañeros y casi siempre asociada al sexo. Muschietti, por su parte, trata de mejorarlo pero no es suficiente, llegando incluso a sexualizarla él también en alguna escena (eso sí, Sophia Lillis está perfecta, que eso quede claro, y Beverly es, a pesar de todo, el personaje más valiente de la película).

El otro problema principal de It es narrativo. Su estructura argumental es más que nada una yuxtaposición de momentos o viñetas, de escenas de suspense que conducen hacia el típico golpe de efecto, y que no forman un todo fluido hasta la parte final, lo que afecta inevitablemente al ritmo. Además, los sustos en los que culminan estas escenas son los de siempre. Sí, cumplen su misión de hacer saltar en la butaca, pero no brillan por su ingenio, abusando de la trampa y las criaturas digitales (excepciones serían la escena de las diapositivas o la visita en grupo a la casa abandonada, geniales). Y en relación a esto, solo queda hablar de Pennywise. Skarsgård cumple. El sueco inquieta e hipnotiza bajo el maquillaje del Payaso Bailarín, pero el efecto no dura demasiado y este acaba pasando a segundo plano, relegado a simple truco y eclipsado por los demás personajes (“Ven por el payaso, y quédate por los niños”). De hecho, el verdadero monstruo de la película no es él, sino los agresores que hacen la vida imposible a los Perdedores, principalmente el líder de los matones, Henry Bowers (Nicholas Hamilton), y el padre de Beverly (Stephen Bogaert), dos odiosos personajes que protagonizan escenas más crueles, enfurecedoras y terroríficas que el payaso.

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A pesar de los problemas citados, It sale a flote en todo momento. Muschietti acierta de pleno creando la atmósfera de Derry, reproduciendo y actualizando los elementos más icónicos de la historia y diseñando con suma atención al detalle imágenes espeluznantes y de gran plasticidad que alimentarán las pesadillas de más de uno (y que crearán una nueva ola de coulrofobia). Además, la película pone muy difícil aburrirse con su acertada combinación de suspense, aventura, drama y comedia. Ya quiera asustarnos, hacernos reír o conmocionarnos, siempre está pasando algo que impide que quitemos ojo de la pantalla.

Pero por encima de todo, It merece los mayores elogios por el magnífico trabajo de su reparto juvenil (todos están fantásticos, pero hay que aplaudir especialmente a Jack Dylan Grazer y Finn Wolfhard, dos robaescenas en toda regla). Al utilizar el terror para hablarnos de los personajes y cómo estos se encaran a sus traumas, It consigue una conexión emocional con ellos que se encuentra en pocas películas de miedo. Nos ponemos en la piel de los Perdedores para ver el mundo a través de sus ojos (los adultos, que son idiotas y en muchos casos los responsables de esos traumas, no ven a Pennywise o las estremecedoras visiones que Eso crea), regresamos a la infancia, revivimos nuestros temores y nos armamos de valor para superarlos con ellos. Ese vínculo, esa celebración de la amistad y el compañerismo ante la adversidad, es lo que hace que la película acabe siendo un triunfo. Y lo que hace que nos preguntemos si el Capítulo Dos será tan bueno como este, sabiendo que ya no estarán los niños.

Pedro J. García

Nota: ★★★★