Hemlock Grove: ¿Por qué me cuesta tanto dejarte?

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De los estrenos originales de Netflix durante 2013, hubo una serie que pasó desapercibida entre los vítores a House of Cards, la expectación alrededor de Arrested Development y la revelación que fue Orange Is the New Black. El servicio norteamericano de VOD estrenó Hemlock Grove, serie de terror creada por Eli Roth, sin obtener demasiada repercusión. Y lo cierto es que es totalmente lógico, porque de toda su oferta de ficción original esta es sin lugar a dudas la más problemática y la que tiene un público objetivo más limitado.

Hemlock Grove es algo así como la True Blood de Netflix. Una historia de terror pseudo-gótico ambientada en un pequeño pueblo de Norteamérica en el que todo el mundo se conoce y todos guardan secretos, en muchos casos relacionados con lo sobrenatural. Como la serie de Alan Ball, Hemlock Grove se regodea en sus escenas de sexo y violencia, con constantes desnudos, una fuerte carga erótica perturbada (con dosis de incesto) y alto contenido en (soft) gore. No cabe duda de que estamos ante una producción del responsable de Cabin Fever y la saga torture porn Hostel. Sin embargo, el formato serial de Hemlock Grove obliga a que la sangre y demás fluidos salpiquen la historia solo en momentos puntuales, dedicando la mayor parte de los episodios a descifrar las tumultuosas relaciones entre las dos familias protagonistas, los Godfrey y los Rumancek.

La historia da comienzo con el asesinato de una joven del pueblo a manos de lo que parece un animal salvaje. A partir de este gastadísimo lugar común, Hemlock Grove genera un gran número de tramas, en su mayor parte inconexas y a la deriva. El factor fantástico de la serie se manifiesta más en su lisérgico e hipnotizador aspecto visual (uno de sus puntos fuertes) que en la propia presencia de criaturas sobrenaturales. Estas se mantienen ocultas bajo fachadas humanas la mayor parte del tiempo, dejando que la mitología se desarrolle a base de insinuaciones, sueños, y con grandes lagunas para que el espectador se pierda en ellas.

Hemlock Grove Bill Skarsgard

Hemlock Grove no puede definirse como una serie de vampiros o de hombres lobo, a pesar de que en técnicamente lo es. Aquí lo que tenemos son variaciones menos conocidas de estos mitos fantásticos, asociadas a los folclores ruso, rumano y escandinavo. Así, en lugar de vampiros tenemos al Upir, y conocemos a la versión más salvaje de los hombres lobo, los Vargulf. Pero estos no pasan a primer plano en ningún momento. Se prefiere mantener un halo de misterio (o de desorientación y confusión como es el caso) hasta la impactante recta final de la temporada, en la que descubrimos quién es el asesino de Hemlock Grove a la vez que lo álter egos monstruosos de los personajes toman forman.

El componente whodunit de Hemlock Grove es lo que hace que la serie pierda el norte en muchas ocasiones. La investigación a manos del sheriff del pueblo y una doctora especializada en animales salvajes -reunión de actores de Battlestar Galactica, Aaron Douglas y Kandyse McClure– es lo que hace que algunos episodios de la serie rocen lo insoportable, ya sea por la ineptitud absoluta a la hora de desenlazar el caso como por el desarrollo del peor personaje de la serie (y de la televisión en 2013), la doctora Clementine Chasseur. La interpretación de McClure es el acto de violencia más estomagante que podemos ver a lo largo de los 13 episodios de Hemlock Grove.

Hemlock Grove Roman Peter

Los actores de Hemlock Grove cumplen con las expectativas del género. Claro que nadie espera interpretaciones dignas de Emmy en una serie como esta. Lo que tenemos aquí es exceso y extravagancia. La nota más afectada la ponen los Godfrey, ociosos herederos agonizando en un pueblo de paletos: la matriarca Olivia Godfrey, una Famke Janssen idónea en el papel de diva camp, con un acento británico de carnaval, y una presencia viperina tan ridícula y aparatosa como fascinante; Su hijo Roman, un galán adolescente desgarbado y hedonista, Bill Skarsgård en un papel que evoca al de su hermano Alex en True Blood, y que es indiscutiblemente uno de los puntos más fuertes de la serie, en parte gracias a su interesante relación amistosa (con tintes homoeróticos) con otro bad boy, el joven Vargulf gitano Peter Rumancek (Landon Liboiron); Y luego está su hermana, Shelley (Nicole Boivin), una adolescente mutante gigante muda sin manos (sí, todo eso). También está por ahí la musa del terror Lili Taylor (lo raro sería que no saliera en algún sitio), haciendo de mamá piquillo; y una adolescente preñada de un ángel, una niña lunática obsesionada con los hombres lobo que se lía con un cadáver cercenado, y un científico loco que dirige experimentos poco ortodoxos en la compañía de los Godfrey. Vamos, una locura sin pies ni cabeza.

Como habréis comprobado, es bastante complicado resumir esta serie, o contar a grandes rasgos lo que uno se puede encontrar en ella. Pero ese es el mayor atractivo de esta ficción guarra y sucia de espíritu Serie B, completamente inmersa en lo bizarro, que dispara sin ton ni son a ver si acierta en algo, desprovista de cualquier tipo de dirección o autocontrol. Sin embargo, como suele ocurrir con muchos productos audiovisuales de dudosa calidad, hay algo que nos atrapa y no nos deja salir. Ya sea por culpa de los suculentos labios de un irresistiblemente autoconsciente Skarsgård, de las truculentas transformaciones físicas que hacen competencia a las muertes de vampiros en True Blood, los increíbles cromas cuando los personajes van en coche, o las húmedas y vibrantes secuencias oníricas, Hemlock Grove es todo un accidente televisivo, una serie mala de la que cuesta apartar la mirada.

Teen Wolf (Temporada 3B): Pesadilla en Beacon Hills

Teen Wolf Season 3B

“You two supernatural teenage boys. Don’t test my entirely un-supernatural level of patience” -Mamá McCall

¿Qué hacemos cuando nos hemos perdido? Volver sobre nuestros pasos, y si es necesario, empezar de nuevo. Jeff Davis se perdió en el bosque el año pasado y, afortunadamente, ha vuelto a encontrar el camino en 2014. Su Teen Wolf se había convertido en un embrollo saturado de datos enciclopédicos, pistas ocultas y sinsentidos que el creador de la serie no supo encajar en la historia que había creado, y que había hecho evolucionar formidablemente durante dos temporadas (de caspa a culto en dos años). Lo importante era demostrar que se había estudiado sus libros de mitología, mandando a tomar por saco la lógica interna y descuidando a sus protagonistas en favor de un montón de nuevos personajes y tramas desmembradas. Todo en busca de la sorpresa a largo plazo y el impacto de una audiencia entregada a la que subestimó trágicamente (si creía que podía colarnos cualquier cosa porque estábamos obsesionados con su serie, la llevaba clara), trazando un plan maestro que solo tenía sentido en su mente. En otras palabras: A Jeff Davis se le subió a la cabeza, y su ambición y fanfarronería estuvieron a punto de cargarse Teen Wolf.

Con los dos primeros episodios de la segunda mitad de la tercera temporada (que es como si fuera una nueva temporada completamente, así que a partir de ahora no volveré a referirme a ella con esa larga descripción), Teen Wolf regresa a los orígenes, para seguir adelante y permitirse ser mejor que nunca. Es el siguiente paso natural de una serie tras encontrar su voz, crecer y perder el norte. En “Anchors” (3.13) y “More Bad Than Good” (3.14) regresamos a la Beacon Hills que conocíamos. Volvemos al instituto (con cada uno de esos icónicos planos en los que los personajes abren vigorosamente las puertas del Beacon Hills High me retuerzo de placer), y al bosque, escenario principal de la primera temporada. Pasan a segundo plano los grandes edificios vacíos de esa metrópolis abandonada que ha resultado ser la parte alta de Beacon Hills (los nuevos decorados en Los Ángeles). Al menos en este comienzo de temporada, los cuarteles generales de la wolfie gang vuelven a ser las aulas del instituto, la cafetería, el patio. Y ver a nuestros personajes favoritos de nuevo en su hábitat natural nos devuelve la conexión que habíamos perdido con ellos.

Teen Wolf Anchors

Es muy pronto para sacar conclusiones, por supuesto, pero si los dos primeros episodios de esta temporada son indicio alguno, Davis ha renunciado un poco a sus fantasmadas para devolvernos a sus personajes. Esto no quiere decir que vaya a dejar de jugar al despiste, de manipular y de buscar a sus Big Bads y sus arcos argumentales en Wiki-Mito. Pero al menos se ha dado cuenta de que lo que más nos gusta es ver a Scott y Stiles interactuar (club de detectives adolescentes FTW), a Lydia descargar bombas de verdad, a Derek colgado de los brazos sin camiseta (nos hemos resignado a verlo sufrir, y él también, parece), los vestuarios del instituto (siempre en penumbra, y mejor llenos de vapor), las hormonas desatadas que hacen que todos los diálogos tengan doble lectura sexual (“We need an alpha who can get it… up”), las bobadas adolescentes (“What’s up with the scarf, Isaac?”). Y el sentido del humor. Sobre todo eso. A pesar de no abandonar su gusto por la tragedia (se las hace pasar canutas al niño de nuestros ojos, Stiles), Davis se deja a un lado el dramatismo grandilocuente (que ni Batman vuelve, vamos) y el forzado clímax permanente de los anteriores episodios para centrarse en la comedia (gracias por Mamá McCall), el suspense y la aventura. Y para ello, los dos primeros capítulos están construidos a partir de un misterio que se abre en un episodio y se cierra en el siguiente. Un nuevo “ataque animal” protagonizado por una niña-coyote, que Davis utiliza para recordarnos el origen de la serie, pero también para hacer avanzar a sus personajes después de los acontecimientos de “Lunar Ellipse” (3.12). Afortunadamente, ellos son su “ancla”, y le han devuelto los pies a la tierra.

Lo que Davis sí ha conservado de la anterior temporada es su impecable sentido estético. Siempre lo he dicho, Teen Wolf es una de las series más visualmente atractivas que hay en la tele, y esta temporada se reafirma en ello. Claro que el showrunner juega con una clara ventaja: sus actores son un regalo para la vista y poco hay que hacer para que un plano en los que salgan ellos sea bello. Sin embargo, con este arranque de temporada, Davis nos sigue demostrando que estos bien parecidos especímenes de adolescentes de 25 son mucho más que trozos de carne con ojos. Con la manada de alfas desarticulada, y sin caer de nuevo en el error de incorporar doscientos nuevos personajes (de momento solo tenemos a Papá Scott y a la pizpireta y adorkable Kira, aunque miedo me da ese plano final en “More Bad Than Good”), queda tiempo de sobra en Teen Wolf para prestar atención a sus protagonistas.

Teen Wolf More Bad than Good

Cual Buffy Summers en las temporadas 2 y 6, Stiles, Scott y Allison lidian con las consecuencias de haber muerto y vuelto a la vida. Allison ha perdido su destreza con el arco, Scott no se puede convertir en hombre lobo sin perder el control y correr el riesgo de convertirse para siempre en animal, y Stiles (que claramente ha dado otro estirón y ha aumentado sus horas de gimnasio, gracias) vive entre sueño y vigilia, sin saber si está despierto o no. Por cierto, Davis sabe que las secuencias oníricas son uno de los puntos fuertes de la serie, y este año ha empezado a usarlas como es debido (mención especial al impresionante prólogo de “Anchors” y a las pesadillas gore de Allison, con Kate Argent como otro de los enlaces al comienzo de la serie). A lo largo de estos dos primeros episodios, el trío original de Teen Wolf encuentra sus anclas y da un paso hacia su reinserción en la vida. Especialmente Scott, que gracias a su BFF vuelve a rugir muy fuerte (previamente Stiles había regresado a la realidad también gracias a su mejor amigo), como el alfa que es, y como Simba, para guiar a la niña-coyote de vuelta a la forma humana (“No ha habido nadie como yo / Tan fuerte y tan veloz / Seré el lobo más voraz / Y así será mi VOZ!). Scott recupera el control sobre sí mismo, y Davis hace lo propio con su serie. Mientras, los apolíneos Derek y Peter Hale son rehenes de un ¿clan? hispano (Derek: “no hablo español”), y evidentemente, se pasan los dos capítulos semidesnudos, empapados de sudor y tensando músculos todo el rato. No cabe duda, esta es mi Teen Wolf. Bienvenida de nuevo.