Crítica: Hércules (Brett Ratner, 2014)

Hercules 2014

Que el currículo de Brett Ratner no es precisamente garantía de calidad lo sabemos todos. Este productor y director tan prolífico como vilipendiado por los cinéfilos de pro se ha labrado un nombre haciendo secuelas de segunda y de tercera, así como destrozando franquicias (X-Men fue la mayor damnificada). Por eso cuando uno se acerca a Hércules, su nueva película como realizador y enésima versión de la historia del héroe de la mitología griega, no puede evitar adentrarse con cautela. Por si fuera poco, la película llega rodeada de polémica. Por un lado la campaña de Alan Moore para boicotear el estreno después del tratamiento que recibió por parte de Radical Comics y Paramount Pictures el fallecido Steve Moore, responsable del cómic en el que se basa la cinta, Hércules: The Thracian War (no me detendré en explicar los detalles, podéis leer las declaraciones de Alan aquí). Y por otro, la desaparición de Hilas, amado de Hércules que sí aparece en el cómic, probablemente porque Dwayne ‘The Rock’ Johnson no estaba dispuesto a retozar con otro hombre en el cine (ni el estudio a consentirlo).

Todo esto podría hacer pensar que Hércules es un desastre de proporciones épicas, y sorprendentemente, nada más lejos de la realidad. Quizá las circunstancias alrededor de la película sean algo escabrosas, pero lo cierto es que, si logramos (y queremos, claro) abstraernos de cualquier “ruido” externo, Hércules resulta ser una cinta de aventuras y acción más que digna. Ratner dirige un espectáculo contundente, repleto de acción de primera y directo al grano cuya falta de pretensiones y tono a caballo entre la épica y la comedia lo convierte en un producto de consumo fácil sin que por ello el espectador sienta que está siendo subestimado. Sin ir más lejos, el filme de Ratner está a años luz en todos los aspectos de Hércules: El origen de la leyenda, la reciente versión protagonizada por Kellan Lutz (de acuerdo, hacía falta poco para superar aquella atrocidad), tiene más vida, y su espíritu guasón y camp la acerca más bien a cosas como Hércules: Sus viajes legendariosXena: La princesa guerrera. O a lo que estas series serían hoy en día, con mayor presupuesto y libertad para dar rienda suelta a la vena violenta de la historia.

Hercules_The_Thracian_Wars_posterY es que toda la rabia y la violencia gráfica que la saga Los mercenarios ha perdido con su paso a la calificación PG-13 se puede encontrar en Hércules (atención, también calificada PG-13), en la que las batallas y los combates cuerpo a cuerpo alcanzan un nivel enorme de fisicalidad y vehemencia. El excelente trabajo de sonido nos hace partícipes directos de cada mamporro, y por supuesto, la (algo ajada y muy “madura”) presencia de La Roca potencia esa sensación de que solo mirando la pantalla vamos a salir con algún hueso roto de la experiencia. Visualmente, Hércules también es mejor de lo que cabía esperar, y desde luego no es el festival de caspa que puede parecer a primera vista. Los efectos digitales, a excepción de algún plano general, son notables (a destacar los animales realizados por CGI, y concretamente el león de Nemea durante “Los doce trabajos” de Hércules) y el resto de elementos de la producción nos transportan al péplum clásico, con un toque de rudeza y salvajismo a lo Conan, el bárbaro. Por otro lado, teniendo en cuenta que estamos ante una adaptación de cómic, se agradece que no haya sobresaturación digital, slow-motion o trabajo de cámara tramposo en el que no distinguimos apenas nada de lo que está ocurriendo en el campo de batalla. En las fantásticas (e insisto, muy cafres) escenas de enfrentamientos bélicos, Hércules saca al Rey Leónidas que lleva dentro pero, afortunadamente, Ratner no emula al Zack Snyder de 300.

Y la misma sencillez y concisión con la que Ratner se aproxima a las secuencias de acción se aplica también al tratamiento de la historia y los personajesYa desde el prólogo se nos insiste en que no estamos ante la historia de siempre, sino una relectura de la leyenda que trata los elementos sobrenaturales como eso mismo, leyenda (y aún así, a los puristas les agradará saber que es más fiel a la mitología que la mayoría de películas sobre el tema). Hércules nos narra las aventuras de un hombre de fuerza sobrehumana que lidera un variopinto grupo de mercenarios y cuyos actos heroicos dan lugar a los relatos sobre su procedencia semi-divina. En la película, el mito queda relegado a segundo plano en favor del aspecto humano del héroe, lo que permite elaborar un discurso sobre la lealtad, la amistad y la familia que aplicado a la banda de Hércules (secundarios plenamente caracterizados y carismáticos, lo cual es de agradecer) nos proporciona algunos de los momentos más destacables de la película. Sin embargo, lo que hace que Hércules se mantenga a flote durante todo su (relativamente escaso pero bien aprovechado) metraje y nos haga olvidar que estamos viendo la misma película otra vez (así como amortiguar el daño que provoca la interpretación de Ralph Fiennes como Euristeo) es su elevado contenido en humor y autorreflexividad. Hércules se distancia de sus predecesoras por su desenfado y descaro (golpe a la película de Kellan Lutz incluido), y atención, por ser una película altamente meta, elementos que se han obviado en su desacertada campaña de márketingLos chistes continuos, da igual que sean buenos o malos, son la mayor baza de la película, y desvelan una falta de ambición (más allá de ofrecer un producto sencillamente divertido) que resulta sumamente refrescante dentro del género.

Valoración: ★★★½

Crítica: Hércules – El origen de la leyenda

Hércules Kellan Lutz

Solo hace falta ver el trailer de Hércules: El origen de la leyenda (Hercules: The Legend Begins) para construir una crítica detallada y argumentada sobre la película de Renny Harlin. No es mi caso, que conste (para críticas de películas que no ha visto el periodista ya tenéis los diarios), yo la he visto, y sufrido, de principio a fin. Al menos Harlin ha evitado una de las lastras de este cine mal llamado épico, la excesiva duración, reduciendo la tortura a poco más de hora y media. Y aún así, Hércules: El origen de la leyenda, revisión de la historia del héroe y semidiós griego protagonizada por el neumático Kellan Lutz (uno de los vampiros segundones de la Saga Crepúsculo), no tiene redención posible. 2014 acaba de empezar, pero ya tenemos firme candidata a peor película del año.

Sorprendentemente, Hércules no está creada por los responsables de Spartacus, la serie de televisión. Tras el proyecto están el mencionado Renny Harlin, uno de directores de cine de acción más incompetentes en activo, y el equipo de producción de cintas como
Hercules_posterLos mercenarios, John Rambo u Objetivo: La casa blanca. Y aún confirmando este dato, cuesta creer que la película no sea obra de los creadores de la serie de Starz sobre el famoso gladiador. Porque Hércules es básicamente una Spartacus sin sangre y sin desnudos (si los imponentes senos de Kellan Lutz no cuentan como desnudo). Y no hay nada más triste que la copia de una copia. Si Spartacus nació como un pastiche de 300 y Gladiator, Hércules es un desastre épico (en este caso el calificativo viene bien) que amasa sus referentes con desidia en un producto sin atisbo de identidad propia. Y por si las comparaciones no fueran ya inevitables, Hércules cuenta con el mismísimo Spartacus 2.0, Liam McIntyre, como uno de sus protagonistas. No cabe duda pues de que la idea era hacer un Hercules: Lions and Manboobs.

Harlin aplica la perezosa fórmula del cine de acción noventero en el que se ha “especializado” (héroes unidimensionales, malos caricaturizados, argumentos esquema), para presentarnos el conocido relato de los orígenes del semidiós hijo de Zeus y Alcmena un poco menos arraigado en la fantasía y más centrado en la batalla y la lucha cuerpo a cuerpo (con las trágicas incongruencias históricas que fusionan Grecia y Roma ni nos molestamos). Pero la película hace gala de una fisicalidad inocua, sin corromper los abultados músculos (en 3D natural) o la cara atacada de spray bronceador de Lutz, clavando las espadas en axilas para acomodar el teatro de la violencia que rebaje la calificación por edades. Y sobre todo, Hércules evidencia una inutilidad absoluta en todos los aspectos técnicos y artísticos.

Aparatosos cromas, horrendas animaciones digitales que ni las primeras temporadas de Xena, la princesa guerrera (ese león), secuencias de acción mal coreografiadas (¡Hola, doble de Kellan!), primeros planos constantemente desenfocados (para matarte, Harlin), y otras atrocidades hunden Hércules: El origen de la leyenda en el más absoluto de los ridículos cinematográficos. Pero, aunque parezca mentira, eso no es lo peor de todo. Lo peor es que alguien confiara en que Kellan Lutz se convirtiese en actor de la noche a la mañana. Ya sea en sus edulcoradas y mariposeantes escenas junto a Gaia Weiss (ahí está la marca “Summit”) o en los (vergonzosos) discursos ebrios de testosterona a lo Leónidas, Lutz demuestra que sus dotes interpretativas son inversamente proporcionales a su índice de masa muscular.

Valoración: ★