Las comparaciones son odiosas: Inhumans vs. The Gifted

inhumans-vs-the-gifted

En los cómics de superhéroes es muy habitual ver enfrentamientos entre las distintas especies que pueblan sus mundos en grandes eventos crossover que siempre prometen sacudir los cimientos de su universo. Uno de los que ha tenido lugar más recientemente en Marvel Comics opone a los Inhumanos y la Patrulla X, que en años recientes han sido objeto de varias polémicas por el tratamiento que la editorial les ha otorgado a raíz de su complicada situación en el terreno audiovisual. En pantalla, dicho crossover sería sencillamente imposible, ya que aunque en las páginas de los tebeos comparten universo, en cine y televisión, sus derechos pertenecen a estudios distintos. Inhumanos es de Marvel Studios mientras que los X-Men pertenecen a 20th Century Fox. Por eso, ya que un crossover audiovisual queda descartado, solo nos queda trasladar la batalla a la plaza de Internet para determinar cuál de las dos especies sale ganando.

Marvel Studios lleva una década generando éxito tras éxito en la gran pantalla, mientras que 20th Century Fox ha tenido más problemas para sacar el máximo partido a sus propiedades marvelianas, Los 4 Fantásticos, X-Men y sus personajes derivados, aunque recientemente ha encontrado la manera de hacerlo: experimentando con los géneros y arriesgando con las calificaciones por edades. En televisión, la cosa cambia. Marvel no ha conseguido despegar en ABC, con Agents of S.H.I.E.L.D. ahogándose en las audiencias a pesar de haber mejorado con cada temporada, Agent Carter cancelada y las series de Netflix empezando fuerte y perdiendo fuelle hasta llegar al mashup que ha decepcionado a muchos fans, The Defenders. Por otro lado, la rama live-action de Fox no se había aventurado en la ficción televisiva hasta este año, que estrenaba la provocativa y psicodélica Legión, con muy buena recepción por parte de público y crítica.

Para inaugurar el otoño, Marvel y Fox han lanzado sendas series superheroicas y, lógicamente, han despertado inevitables comparaciones. En primer lugar, la Casa de las Ideas ha presentado a la familia real de Attilan con Inhumans, cuyos dos primeros episodios han pasado primero por cines IMAX con resultados muy pobres. Por otro lado, los mutantes se han pasado de FX (donde se emite Legión) a la network en abierto Fox, donde ha dado comienzo otro asunto familiar, The Gifted, drama del universo X-Men esta vez orientado a un público más amplio y, digamos, tradicional que las marcianas aventuras de David Haller. En sus primeras semanas en antena, la audiencia ha proclamado una clara ganadora. Veamos por qué.

inhumans

Lo de Inhumans ha sido la lenta y agonizante crónica de una muerte anunciada. En 2014, el mandamás de Marvel Studios Kevin Feige anunciaba su película para la Fase 3 del Universo Cinemático Marvel. Sin embargo, el proyecto sufrió varios contratiempos hasta caerse del calendario y quedar pospuesto de forma indefinida. A finales de 2016 Marvel anunció que Inhumans seguía adelante, pero no como película, sino como serie de ABC. Feige había escurrido el bulto hacia la tele, donde el villano real Ike Perlmutter (CEO de Marvel Entertainment) lleva a cabo sus fechorías al margen de su archienemigo. Los fans pusieron el grito en el cielo. Una propiedad tan exuberante y fantástica como los Inhumanos no encajaba en el estilo más bien low cost de la cadena del alfabeto. Su preestreno en la pasada Comic-Con confirmó los mayores temores de la audiencia. Inhumans era un desastre y la proyección de su piloto había provocado risas entre los asistentes a la convención. Su paso por IMAX sirvió para que los pocos que la vieron se preguntaran cómo era posible que alguien hubiera dado su visto bueno para proyectar en pantalla grande algo tan cutre. Y su estreno a finales de septiembre en televisión, donde ocupaba la franja horaria de la muerte, los viernes, se saldaba con cifras de audiencia muy pobres, como era de esperar.

Pero, ¿de verdad la serie es tan mala como para haberse dado semejante batacazo? Realmente no. Es peor. Después de ver los primeros cuatro episodios solo puedo unirme a la voz colectiva que clama “¡¿Por qué?!” Es sencillamente increíble que Marvel dejase que algo tan extremadamente pobre en todos los aspectos viese la luz del día. No sorprende que detrás del proyecto se encuentre Scott Buck, el responsable del otro gran traspiés de Marvel TV, Iron Fist, quien después de estas dos series tendrá problemas (o eso esperamos) para volver a tomar las riendas de algo creativo en la compañía. Si Inhumans ya estaba condenada al fracaso, es Buck quien ha terminado de estrellarla contra la pared. La serie parece haber sido concebida como una especie de Juego de Tronos del Universo Marvel, pero el resultado, lejos de parecerse al éxito de HBO, más bien se acerca a lo que sería Hawaii 5.0 con (unos pocos) superpoderes.

Todo falla en Inhumans: un triste diseño de producción que hace que Attilan parezca una nave industrial escasamente amueblada por IKEA en lugar de un fastuoso reino situado en la Luna, vestuario que más bien parece cosplay (sin ánimo de ofender a los cosplayers), interpretaciones acartonadas y distantes (Serinda Sawn y Anson Mount no están mal teniendo en cuenta las circunstancias, pero ver a Iwan Rheon intentado luchar contra su acento británico y sufrir mientras trata en vano de resultar amenazante en sus escenas es muy incómodo – este no es nuestro Ramsay), diálogos de una ineptitud mayúscula, personajes planos y secundarios de una insulsez absoluta, creatividad y estilo visual de imaginación nula (parece que se esfuerzan en apagar los colores cuando tendría que ser al contrario), soluciones insultantes para abaratar costes de producción (a Medusa, cuya característica distintiva principal es su poderosa larga melena pelirroja, le rapan la cabeza en el primer capítulo)… Vamos, que Inhumans es una chapuza de la cabeza a los pies, una serie aburrida y falta de inspiración en la que nada funciona. Solo la presencia de Lockjaw, el perro teletransportador gigante, puede ayudar a tragar el engrudo, pero una mascota resultona no levanta una serie.

the-gifted

En Fox, por el contrario, han empezado la temporada con mejor pie. Creada por Matt Nix (Burn Notice) y con piloto dirigido por el mismísimo Bryan Singer, The Gifted da al espectador desde el principio lo que se espera de una serie de superhéroes: acción, suspense, personajes llamativos, despliegue visual y superpoderes. La serie gira en torno a un matrimonio que acaba de descubrir que sus dos hijos adolescentes son mutantes y se ven forzados a escapar del gobierno y refugiarse junto a una red underground de mutantes, considerados terroristas por las autoridades. El piloto de The Gifted va directo al grano, está bien construido, combina drama y acción de manera acertada y presenta una historia con mucho potencial a explorar, mientras que los siguientes capítulos confirman el buen camino que la serie ha escogido.

Sin ser la panacea de los superhéroes, The Gifted hace bien todo lo que Inhumans hace mal. La puesta en escena y los efectos visuales son notables, las interpretaciones muy sólidas (ahí está nuestra Amy Acker, a la que siempre es un placer volver a ver, y la robaescenas nata Emma Dumont), y la historia engancha, con personajes y relaciones mucho más atractivas y cuidadas que las de los habitantes de Attilan. Otro aspecto en el que The Gifted sale ganando es en su forma de reflejar en su historia nuestro mundo, y en concreto la sociedad norteamericana tras la elección de Trump como presidente. Los cómics del universo mutante siempre han establecido paralelismos con la lucha contra la opresión de las minorías, de la comunidad LGBT+ o todo aquel que sea “diferente” a lo normativo. Y The Gifted saca provecho de esta idea para llevar a cabo una serie comprometida en lo que se refiere a la defensa de los derechos de los marginados por la sociedad y las víctimas del odio, uno de los principales hilos conductores de su argumento. Pero por encima de todo, The Gifted es entretenimiento digno y eficaz, una serie bien hecha con la que Fox sigue llevando a los mutantes por el buen camino, uno más convencional después de varias jugadas arriesgadas que le han salido muy bien.

the-gifted-2

Así que el veredicto no puede ser otro: The Gifted gana el primer asalto. Y dudamos que Inhumans vaya a llegar al segundo. ABC no se ha pronunciado con respecto al futuro de la serie de Marvel, pero no pinta demasiado alentador (si no continúa, se ampararán en la excusa de que siempre fue concebida como una miniserie, que puede ser cierto, pero también es un claro plan de fuga). The Gifted, por otro lado, tampoco es que esté machacando los índices de audiencia, pero su acogida ha sido mucho más cálida, a la gente le está gustando y sus números por ahora parecen estabilizarse en la zona segura. En la gran batalla televisiva de 2017 Inhumanos vs. Mutantes ha ganado el rival más fuerte. Lo ideal habría sido que fuéramos los espectadores los que saliéramos ganando con dos buenas nuevas series de supehéroes, pero nos conformaremos con que al menos se salve una.

Perdidos, "Happily Ever After" (6.11)

Desmontando a Desmond

A pesar de que, como a la mayoría de seguidores de Perdidos, Desmond Hume siempre me ha caído en gracia, los episodios centrados en él me suelen dejar bastante indiferente. “The Constant” y “Jughead” me parecen dos de los episodios más sobrevalorados de la serie. Es curioso, porque Desmond es un personaje especial. Sus ausencias prolongadas crean una anticipación extrema que multiplica exponencialmente el placer que supone reencontrarse con él. Pero volver a ver a Desmond (que cada vez se parece más a Dustin Hoffman, si eso es posible) no es lo único bueno de episodios como estos. “The Constant”, o el episodio de esta semana, “Happily Ever After”, consiguen una hazaña casi prodigiosa: hacer avanzar la trama a través de un personaje “secundario” y sin centrar la acción en la isla (lo mismo que ocurrió con Richard Alpert en “Ab Aeterno”, aunque aquello fue, si cabe, más mítico, porque de Ricardus no sabíamos apenas nada). Es cierto que Desmond está conectado con dos de los personajes que guardan las claves de la isla, Charles Widmore y Daniel Faraday, y que es por ello que la historia de su personaje nos va a revelar detalles esenciales para seguir descifrando el misterio. Pero el juego de conexiones entre personajes y de preguntas con respuesta fuera de su propia realidad espacio-temporal es una labor de guión excepcional. A pesar de que estos episodios suponen puntos de inflexión narrativos en cada temporada, presentándonos el comienzo del desenlace, un camino claro que seguir, hay algo en mí que me impide disfrutarlos del todo. Si amo a Desmond, y me encanta que la trama avance, ¿qué me pasa, doctor?

Sin embargo, esto no me ha ocurrido exactamente con “Happily Ever After”, así que es posible que no tenga que mirármelo. Es más, el episodio de esta semana me ha parecido casi perfecto, en la línea de lo que estamos viendo hasta ahora en esta temporada final. La historia alternativa de los losties se está desentramando con una sutileza y un ritmo ejemplares. De acuerdo, seguimos dejando en suspenso a todos los personajes (sin ir más lejos, el disparo a Sun en el episodio anterior, que como el de Shannon en la segunda temporada, queda en stand-by, aunque esta vez nos “importe” menos saber qué pasa), pero por fin tenemos algunas de las claves que nos conducirán al desenlace. Y como ya había ocurrido anteriormente, vienen de la mano de Faraday, y gracias a Desmond. Han sido hasta ahora once episodios en los que hemos asistido a una fascinante deconstrucción de los personajes, que ha desembocado en un episodio que da sentido a todo lo acaecido hasta ahora. Y lo mejor es que aún quedan personajes.

“Happily Ever After”, como su título indica, es una historia de amor por encima de todo. El amor es el motor de Desmond Hume, que está enamorado de una mujer que no conoce, o que no recuerda haber conocido en su vida. Esto, inevitablemente, me remite a la historia de Anthony y Priya en Dollhouse, en la que los dos activos, a pesar de sufrir barridos mentales y perder sus recuerdos, siguen sintiendo un profundo amor el uno por el otro, arraigado y protegido en el recoveco más impenetrable de sus cuerpos. La historia de Desmond y Penny en “Happily Ever After” podría resumirse de la misma manera. Desmond empieza a recordar (como todos los activos de Dollhouse, que tienen flashes de sus verdaderas vidas), comienza a ser consciente de que algo va mal. Daniel Faraday le da las claves para comprender lo que está pasando. Esas no son sus vidas reales y deben despertar.

Pero sería injusto otorgar todo el crédito a Hume y Faraday. “Happily Ever After” es también un episodio sobre Charlie Pace. El rockero británico vuelve a Perdidos a cumplir de nuevo su papel como profeta alucinado. La intervención de Charlie, que más que Charlie, parece su personaje de FlashForward (Dominic Monaghan está algo confundido), refuerza la idea del amor como principal tema de “Happily Ever After”, y como una de las mayores constantes de la serie (cada uno, que le dé la importancia que cree que tiene el amor en Perdidos, yo creo que es un vehículo perfecto para contarnos los cuentos del destino que rigen la historia, aunque la de Perdidos no sea una historia de amor per se). Al igual que Desmond ve a Penny, y Faraday ve a una chica pelirroja de ojos azules, Charlie tiene visiones sobre una chica rubia y “arrebatadoramente bella” cuando está a punto de morir en el avión en el episodio “LA X” (6.01), y sabe que es el amor de su vida y que siempre estarán juntos. Cada oveja con su pareja.

Charlie, y más tarde Daniel, guían a Desmond hacia la epifanía que todos necesitábamos. El primero usa métodos más radicales que el segundo. Pero claro, Charlie es una estrella del rock, es obvio que para hacer caer del burro a Desmond tenía que conducir el coche hasta el fondo del agua. Esto dice mucho de Charlie y su situación desesperada en los sideflashes, y pone en duda una de las teorías más extendidas sobre esta realidad alternativa: que se trata de las fantasías de los losties hechas realidad, las vidas que siempre quisieron llevar. La teoría se va al garete cuando vemos pasar ante los ojos de Desmond su vida con Penny, mientras le hacen el escáner (el que no haya sentido el amor de estos dos en esas imágenes, con esa breve pero bella pieza musical tan acorde con el momento, es que está muerto por dentro). Un mundo en el que Desmond no está con Penny no puede ser la fantasía de nadie. Desmond y Penny son nuestra obsesión de la semana, y ahora más que nunca, ansiamos su reencuentro. Si es la mitad de bonito que la escena en el estadio en este “Happily Ever After”, preparaos para llorar.

Penny: Have we met before?
Desmond: I think we’d remember if we had.

Cabe preguntarse si los guionistas serán capaces de dotar de coherencia y uniformidad a toda la serie, o si por el contrario, esta será reducida únicamente (es un decir) a la trama de la sexta temporada. ¿Es esto lo que llevamos “esperando” (énfasis en las comillas, porque yo no espero nada en concreto) seis años? ¿Es lo que nos querían contar desde el principio? Estoy seguro de que la respuesta es sí, y sin embargo, no soy capaz de razonar el por qué en estos momentos (fe ciega lo llaman). Al menos, no puedo estar más satisfecho en cuanto a lo que más me importa de esta serie, los personajes. Si la trama de Perdidos ha sido conveniente y necesariamente estirada a lo largo de las temporadas, haciendo que la tarea de obtener el big picture, es decir, la vista general, sea casi imposible, al menos tenemos la satisfacción de estar asistiendo con toda certeza al ciclo completo de los personajes. La sonrisa de Desmond al final de “Happily Ever After” nos indica que él lo ha comprendido todo, y nos llena de esperanza. Pronto lo haremos nosotros también.