Querida J.K. Rowling, si Dumbledore es homosexual, que lo sea de verdad

Este artículo se publicó originalmente el 16 de noviembre de 2018 en eslang. Lo recupero a propósito de la noticia de que la tercera entrega de Animales Fantásticos se centrará en el personaje de Dumbledore, cuya sexualidad ha sido objeto de debate desde que fue desvelada por su autora.

Corría el año 2007, el último libro de Harry Potter acababa de salir al mercado y la saga cinematográfica que adaptaba las novelas de J.K. Rowling iba por su quinta película, Harry Potter y la Orden del Fénix. Fue entonces cuando la famosa autora británica dejó caer la bomba sobre sus fans: “Dumbledore es gay”. Lo hacía durante una ronda de preguntas en un acto público en Nueva York, volviendo a confirmarlo más adelante en Internet. Los lectores más acérrimos llevaban tiempo recogiendo las migas, sospechando que Dumbledore era homosexual y había estado enamorado de otro poderoso mago, Gellert Grindelwald. Pero aun así, que Rowling sacase al personaje oficialmente del armario causó un impacto enorme entre los seguidores de la saga.

Las críticas no tardaron en aparecer. Rowling había esperado a que todas las novelas estuvieras publicadas para confirmar la homosexualidad de Dumbledore, convirtiéndola en una suerte de addendum que lo cambiaba todo sin cambiar nada. A la escritora la acusaron de practicar el queer baiting (utilizar la homosexualidad de un personaje para contentar al público LGBT+ sin intención de desarrollarla), de no atreverse a visibilizar la homosexualidad en un universo supuestamente diverso, y en definitiva, de sacar a Dumbledore del armario tarde y mal, para luego ni siquiera hacer referencia a ello en las películas restantes de Harry Potter. Años más tarde, con el anuncio de la saga de precuelas Animales Fantásticos, llegó la oportunidad de enmendar el error. Las nuevas películas, de cuyos guiones se encarga la propia Rowling, narrarían el pasado de Dumbledore, interpretado en su versión más joven por Jude Law. Por tanto, se daba por hecho que estas profundizarían en la orientación sexual del personaje. Sin embargo, el tiempo nos ha enseñado que es mejor no precipitarse.

Animales Fantásticos: Los crímenes de Grindelwald es la primera película que cuenta con Law en el papel del mago de Hogwarts, mientras que Johnny Depp repite como Grindelwald en un rol más extendido tras su breve aparición al final de la primera, Animales Fantásticos y dónde encontrarlos. Precedentes como Thor: Ragnarok, Star Wars: Los últimos Jedi o el remake de La Bella y la Bestia (donde sus supuestos personajes LGBT+ no eran confirmados dentro de la película, sino en entrevistas o redes sociales) hacían que los fans exigieran a Rowling y Warner Bros hacerlo mejor. La primera decepción llegó con el anuncio por parte de Rowling de que la película no haría alusión directa a la condición de hombre gay de Dumbledore. La paciencia empezaba a agotarse e Internet montaba de nuevo en cólera. Para calmar los ánimos, el director de la cinta, David Yates, cambiaba el discurso a un mes del estreno, asegurando que la homosexualidad de Dumbledore estaría “clara” en la nueva entrega. La película llega esta semana a los cines y después de verla, podemos confirmar que el realizador solo decía una verdad a medias, y que la realidad es más próxima a lo que nos habían dicho inicialmente: Los crímenes de Grindelwald pasa de puntillas por el tema. Y que nos lo esperásemos, no hace que la decepción sea menor.

Concretamente hay cuatro escenas en torno a la relación sentimental de Dumbledore y Grindelwald en las que se podía haber tocado de frente el tema, pero en ninguna de ellas se hace alusión explícita, sino que se aborda de manera ambigua y con medias tintas, dejando al espectador la tarea de interpretar lo que está ocurriendo (cosa que no sucede con las relaciones heterosexuales, claro). En la primera de estas escenas asistimos al primer encuentro de Dumbledore y Newt (Eddie Redmayne). El primero le encomienda una misión a su exalumno: viajar a París para enfrentarse a Grindelwald y detener sus oscuros planes. La razón que el mago le da para no hacerlo él mismo, a pesar de ser mucho más poderoso, es un simple “porque yo no puedo”. Por el tono de sus palabras se entiende que oculta un motivo mayor, pero es pronto para desvelarlo.

La segunda escena en que se hace referencia velada a la sexualidad de Dumbledore tiene lugar en Hogwarts. Allí, alguien define su relación con Grindelwald de la siguiente manera: “eran tan cercanos como hermanos”, a lo que el mago responde “éramos algo más cercanos que hermanos”. En este caso, no nos cabe duda de lo que quiere decir. Es más concreto, pero tampoco llega a ser una alusión directa. Si la entendemos es porque poseemos información que nos han propiciado fuera de la película. Pero un espectador casual o un niño que no cuente con ese dato externo no tiene por qué interpretarlo así. Para él, ser “más cercanos que hermanos” no tiene por qué tener connotaciones románticas. De hecho, así también se puede definir una amistad intensa sin que haya factor sexual (sería diferente si dijera “éramos más que amigos”, pero no es el caso). Al final, la película está haciendo lo que muchas familias hacen con sus hijos LGBT+ de cara a los demás, referirse a sus parejas como “su amigo”. Y que cada uno entienda lo que quiera.

La que sin duda será considerada la alusión más directa es la que sucede durante la secuencia del Espejo de Oesed, un artilugio mágico que, al mirarse en él, muestra “los deseos más profundos y desesperados de nuestro corazón”. Dumbledore ve a Grindelwald en el espejo. Es fácil detectar el subtexto gay de esta escena, pero en ningún momento se convierte en texto. En el espejo podemos observar a Dumbledore y Grindelwald entrelazando sus manos para realizar un pacto de sangre. El gesto desprende cierta intimidad y sensualidad que nos indica que hay algo más que amistad, pero de nuevo, esta interpretación viene condicionada por la información adicional con la que contamos, no por la escena en sí. Si Rowling no nos hubiera dicho que Dumbledore es gay, la escena podría leerse simplemente como un pacto de sangre entre dos amigos íntimos.

Por último, la película tiene una nueva oportunidad de concretar la homosexualidad de Dumbledore durante el final. Tras los acontecimientos del clímax, el mago se reencuentra con Newt, con quien mantiene una conversación en la que, a pesar de todo lo ocurrido, sigue manteniéndose ambiguo con respecto a Grindelwald. Dumbledore desvela a Newt que hizo un pacto con el villano mediante el que se prometieron no enfrentarse el uno al otro, pero no explica por qué. En una escena anterior, Dumbledore elogia a Newt por no buscar poder y hacer siempre lo correcto; es la persona adecuada para confiar un secreto como el suyo, pero aun así decide callárselo, dejando el asunto entre líneas, donde ha permanecido toda la película.

En Internet son muchos los que defienden esta decisión de mantener la sexualidad de Dumbledore como algo impreciso o abierto a la interpretación. Algunos afirman que la sexualidad de un personaje no es importante para la historia, pero claro, eso solo se dice cuando el personaje en cuestión es homosexual. Además, en el caso de Los crímenes de Grindelwald resulta que no solo es importante, sino que es esencial. También los hay que argumentan que Dumbledore es una persona muy privada y no está preparado para hablar de algo tan traumático, por lo que aun no puede desvelar su secreto. Es una explicación coherente, pero resulta que los fans saben que el personaje es gay, por lo que esta explicaría por qué él se lo oculta a los demás personajes, pero no por qué la película nos lo oculta a nosotros. Lo mismo se podría decir a los que dicen que en la saga original no se desveló hasta el final el amor de Snape por Lily, dos personajes heterosexuales. En este caso, la sexualidad de Dumbledore y su relación con Grindelwald no puede ser un giro sorpresa final, porque ya nos la han concretado por otros medios. Por tanto, esa no es razón para callársela. Y hablando de Harry Potter, también se excusa la omisión alegando que en la saga original tardaron cuatro o cinco películas en introducir romances. Pero claro, no se tiene en cuenta que a) los protagonistas fueron niños durante esas primeras películas (en cuanto crecieron lo suficiente empezaron a emparejarlos o darles intereses amorosos), y b) en las dos primeras entregas de Animales Fantásticos hay numerosas relaciones heterosexuales.

También se argumenta que la película transcurre en los años 30, una época en la que la comunidad LGBT+ sufría mucha más opresión y simplemente no podía vivir su sexualidad abiertamente, por lo que no es algo que se pueda mostrar en pantalla. De nuevo, este razonamiento cae por su propio peso. En primer lugar, que tuvieran que ocultarse de la sociedad, no quiere decir que los homosexuales no existieran en el pasado, y tampoco que no se pueda concretar su sexualidad en el ámbito privado de la ficción, como demuestra la existencia de muchas películas y series de época que ahondan en personajes y relaciones LGBT+ (Maurice, Wilde, Dioses y monstruos, Brokeback Mountain, Call Me by Your Name, Man in an Orange Shirt). Y en segundo lugar, ¿qué sentido tiene pedir exactitud histórica en una saga sobre magia en la que, además, el racismo por color de piel no existe según su propia creadora? Con los coches voladores y las criaturas fantásticas no hay problema, pero resulta que visibilizar a una persona LGBT+ no es históricamente correcto. La homofobia puede manifestarse de muchas maneras, a veces de forma inconsciente, y esta es una de ellas.

Ojo, no estamos pidiendo que Dumbledore se suba a la torre más alta de Hogwarts y grite “¡Soy gay y amo a Grindelwald!”, aunque esto sea lo que algunos están interpretando en nuestras quejas. Solo pedimos que se deje de marear la perdiz. Que si el personaje es gay, lo sea abiertamente de cara al espectador, no en forma de guiño que no será entendido por todos. Que no haga falta dar tantas explicaciones y justificaciones para manifestar la sexualidad de alguien solo cuando es LGBT+, mientras vemos a los personajes hetero besarse, flirtear, prometerse en matrimonio, lanzarse hechizos de amor o tener hijos sin que se critique tanto lo “poco importante que es para la trama” (hay más de 100 personajes abiertamente heterosexuales en HP, frente a solo uno gay). Y por supuesto, que los grandes estudios dejen de claudicar ante el conservadurismo de los mercados más intransigentes por un más que evidente miedo a enfadarlos y perder millones en taquilla. En definitiva, que la saga se quite de una vez por todas la capa de invisibilidad gay.

Somos conscientes de que aun nos encontramos en el inicio de una historia a la que le quedan (como mínimo) tres entregas más. Rowling nos ha prometido que la relación entre Dumbledore y Grindelwald se explorará más a fondo en el futuro (al fin y al cabo, los personajes aun no se han reencontrado en las películas), pero no es suficiente. Las promesas están muy bien, pero las acciones tienen más valor, y en Los crímenes de Grindelwald hay muchas oportunidades perdidas de demostrarlo. Si la sexualidad de Dumbledore no es un problema en sí, sino que han decidido tratar así el tema por motivos narrativos, vale, pero entonces que nos lo demuestren incluyendo otros personajes LGBT+, nuevos o de los cientos que hay ya en este universo. Sería muy fácil, si quisieran. Rowling y Warner tienen en sus manos un poder enorme para contribuir a cambiar la sociedad con un poco de representación, pero siguen posponiéndolo como si fuera un compromiso que en el fondo desean eludir. Seguiremos esperando. Total, es a lo que estamos acostumbrados.

Crítica: Animales Fantásticos – Los crímenes de Grindelwald

Hasta cierto punto, Animales Fantásticos y dónde encontrarlos era una película independiente y cerrada. A pesar de los planes que J.K. Rowling tenía para la nueva franquicia del universo mágico de Harry Potter, si la precuela no hubiera rendido lo suficiente en taquilla y no se hubieran hecho más entregas, habría quedado como una curiosidad autoconclusiva. Pero claro, estamos hablando de una de las sagas más populares de todos los tiempos, la Star Wars de las nuevas generaciones. Por supuesto que iba a continuar, y que ese capítulo inicial iba a dar paso a una nueva serie de películas que, como ocurrió con la saga original, se volverían cada vez más complejas y oscuras.

Tras la introducción al mundo de Newt Scamander (Eddie Redmayne), ambientado en los años 30Animales Fantásticos: Los crímenes de Grindelwald se adentra por completo en la trama que la primera película adelantaba en su desenlace: la amenaza de Gellert Grindelwald, villano interpretado por Johnny Depp que según muchos podría ser más poderoso y malvado que el propio Voldemort. En esta segunda entrega, las criaturas mágicas del título siguen siendo importantes, pero ya no son el foco de la historia, que se ramifica considerablemente con nuevos personajes y nuevas revelaciones sobre los que conocimos hace dos años, y lo que creíamos saber de la saga original.

Al final de la primera parte, Grindelwald era capturado por el MACUSA (Congreso Mágico de los Estados Unidos de América). Los crímenes de Grindelwad arranca con su fuga de la prisión, una secuencia de apertura con la que la película empieza por todo lo alto (literalmente). Una vez en libertad, Grindewald se dedica a reunir seguidores en el mundo de los magos, ocultándoles sus verdaderos planes: crear una legión de hechiceros purasangre con la que gobernar sobre el mundo no mágico. Para detenerlo, un joven Albus Dumbledore (Jude Law) acude a su antiguo alumno, Newt Scamander, que viaja hasta París, donde tratará de encontrar a Credence (Ezra Miler) para intentar impedir el ascenso de Grindelwald con la ayuda de viejos conocidos y nuevos aliados.

En Los crímenes de Grindelwad, Rowling (que vuelve a firmar el guion) y el director David Yates empiezan a construir algo grande con la saga. La relativa sencillez de la primera parte da paso a un relato más ambicioso y retorcido que, sin embargo, por momentos se vuelve en su contra. La autora se ha encargado de llenar la película de guiños y sorpresas para los fans de Harry Potter, que vibrarán especialmente con el regreso a Hogwarts (para conocer cómo fue el pasado) y la reaparición de algún que otro personaje conocido (en su versión joven), pero se ha olvidado de escribir una historia coherente. Con Los crímenes de Grindelwald, Rowling demuestra que, por muy bien que se le dé la literatura, escribir guiones no es lo suyo.

Como no podía ser de otra manera, la película no escatima en imaginación, creatividad y espectáculo, pero falla en el departamento más importante, construyendo una trama confusa y embarullada en la que la autora sale de todos los berenjenales en los que se mete a base de continuidad retroactiva. Por otro lado, y aunque esto pueda sonar absurdo, la película abusa de la magia. Me explico. Rowling muestra una dependencia absoluta de los hechizos como deus ex machina para solucionar sus entuertos narrativos, un truco (nunca mejor dicho) que acaba cansando y demuestra falta de recursos.

Los crímenes de Grindelwald abre multitud de frentes de cara a desarrollarlos en los siguientes capítulos, ampliando así este universo pasado para acercarlo y conectarlo cada vez más al “futuro” de Harry Potter. Uno de ellos es la historia de Credence, que se revela como uno de los personajes más importantes de las precuelas (si no el que más). Otra sería la (polémica) relación entre Dumbledore y Grindelwald, que tal y como desveló Rowling en redes sociales, esconde tintes románticos. Y la palabra clave es “esconde“, porque si bien hay varias escenas que aluden a esta relación, nunca lo hacen directamente, confiando en el que el espectador que posee información al respecto externa a la película, entienda lo que nos están diciendo entre líneas. Es decir, otra oportunidad perdida. A pesar de esto, la elección de Jude Law como Dumbledore es una de las más acertadas de la película, y su trama promete de cara a las próximas películas.

En general, a nivel interpretativo tampoco sale mal parada. Redmayne rebaja los mohínes mientras Newt va saliendo de su cascarón, y tanto el reparto que vuelve como las nuevas adiciones realizan un trabajo correcto (mención especial a la omnipresente Zoë Kravitz, muy emotiva en el papel de Leta). En cuanto a Depp, hay que decir que, polémicas ajenas a la película aparte, da la talla como Grindelwald, huyendo también de los manierismos y la afectación de su papeles más recientes para dar vida a un villano más comedido en el plano físico, pero de presencia amenazante y convincente como alegoría de un dictador. Con él, la saga apunta a una revisión de la Segunda Guerra Mundial con la magia como telón de fondo que, bien desarrollada, puede ser interesante.

También hay que elogiar de nuevo el despliegue técnico y visual, así como el estupendo diseño de producción y vestuario, que se vuelve más variado y estimulante con las nuevas localizaciones (incluyendo bastantes influencias asiáticas, para contentar al mercado cinematográfico más potente del mundo). El principal problema de Los crímenes de Grindelwald no es estético, claro, es su ritmo irregular y la poca claridad con la que está contada. Especialmente durante su recta final, Rowling se pierde en las sobrexplicaciones, el bombardeo de información y los giros argumentales que más que aclarar, confunden, espesan la historia y desdibujan a los personajes. Hay una escena en concreto que tiene lugar en un panteón familiar que hará que más de uno se rasque la cabeza intentando seguir el hilo de lo que la autora nos está contando, y un giro sorpresa final que probablemente dividirá a la audiencia entre el asombro y la indignación. Para bien o para mal, Rowling lo ha vuelto a hacer.

Los crímenes de Grindelwald está hecha especialmente para los fans, pero incluso el espectador más indulgente no es inmune a la caprichosa escritura de la autora. Al final, tras un intenso clímax, la película queda como un capítulo mal contado que sirve sobre todo para poner los cimientos del futuro, es decir, otro preámbulo de algo que parece que va a llegar y no llega, lo cual no deja de resultar frustrante a pesar de ser conscientes de que solo es el comienzo de la historia. Como siempre, habrá que tener paciencia y confiar en que los errores sean subsanados en futuras entregas. Pero algo falla cuando, para disfrutar de una saga haya que perdonar tanto.

Pedro J. García

Nota: ★★★

Crítica: Animales fantásticos y cómo encontrarlos

FANTASTIC BEASTS AND WHERE TO FIND THEM

Ocho largometrajes, una secuela en forma de obra de teatro, parques temáticos, una web que mantiene al día sobre los asuntos de Hogwarts… El universo de Harry Potter más allá de los libros sigue tan vivo como nunca, incluso más. Sin embargo, desde el final en 2011 de la saga protagonizada por Daniel Radcliffe, nos ha faltado algo, concretamente esa emoción de esperar una nueva película perteneciente a este universo. J.K. Rowling ha decidido devolver la magia a los cines con Animales fantásticos y cómo encontrarlos (Fantastic Beasts and Where to Find Them), nueva saga nacida a partir del manual homónimo publicado en 2001, un breve libro no narrativo que cataloga las diferentes especies de criaturas del mundo mágico. Pero no temáis, esto no es El hobbitEsto es algo infinitamente mejor.

Con guion escrito por la propia Rowling en solitario, Animales fantásticos nos lleva de Inglaterra a Nueva York para expandir el Potterverso presentándonos los entresijos del mundo mágico en Estados Unidos durante los años 20 del siglo pasado. Allí conocemos a Newt Scamander (Eddie Redmayne), mago británico y empleado del Ministerio de Magia que viaja a la Gran Manzana por un motivo desconocido, junto a su “inseparable” maletín mágico, una suerte de bolso de Mary Poppins llevado hasta sus últimas consecuencias, donde oculta y protege a diferentes especies de “bestias” fantásticas. En Nueva York, Newt se topa con un muggle (allí conocidos como “nomaj“), Jacob (Dan Fogler), una trabajadora del MACUSA (Mágico Congreso de USA), Tina Goldstein (Katherine Waterson), y su seductora hermana, Queenie (Alison Sudol), que tiene el poder de leer la mente. Mientras Newt trata de recuperar con la ayuda de sus nuevos amigos a los animales que ha perdido en la ciudad, este se meterá en problemas con la ley, ya que las reglas de la comunidad mágica en Nueva York son distintas a las del Reino Unido. En última instancia, sus encontronazos con el MACUSA y uno de sus mandamases, Percival Graves (Colin Farrell), le llevarán a destapar un misterio mayor que pondrá en peligro a la ciudad y el secreto de la comunidad mágica.

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Con Animales fantásticos y cómo encontrarnos, Rowling da una lección sobre cómo hacer una precuela, una primera entrega de una saga (en este caso de cinco partes) y una buena película de aventuras. Poniendo los cimientos de una nueva parcela del Potterverso y estableciendo férreamente su mitología -relacionada directamente con Harry Potter, pero con sus propias reglas y fundamentos-, Animales fantásticos desvela una razón de ser más allá del interés lucrativo. Claramente, Rowling ama su creación y se ha encargado de hacerle justicia con una historia completamente nueva en la que evita moverse por inercia. La película está dirigida por David Yates, lo que aporta consistencia tonal y estética con respecto a la saga Harry Potter, cuyas cuatro últimas partes fueron realizadas por él. Y es que desde que aparece el logo de Warner Bros., con una sintonía muy conocida de fondo, nos sentimos de nuevo en casa. Pero como decía, Animales fantásticos no opta por repetir la jugada, sino que se preocupa por construir algo nuevo, algo distinto, algo verdaderamente emocionante.

Animales fantásticos continúa el espíritu de Harry Potter, pero a la vez halla el suyo propio. El pequeño detalle de las edades de los personajes es en realidad enorme. Newt, Tina, Queenie y Jacob son adultos, lo que en esencia presenta una perspectiva completamente nueva en oposición al entorno infantil y posteriormente adolescente de Harry Potter. Pero no solo eso, el nuevo emplazamiento (una Nueva York de los años 20 recreada con suma belleza y elegancia) proporciona un escenario lleno de posibilidades que Rowling aprovecha para empezar a contar una historia diferente. Animales fantásticos tiene su corazón propio, lo que hace que pueda ser disfrutada por cualquiera, sea Potterhead o no, pero los fans de Harry Potter se sentirán especialmente arropados gracias a sus conexiones con el mundo mágico de Hogwarts (hechizos conocidos, referencias), detalles bien dosificados y guiños que emocionan sin distraer del propósito actual, y que apuntan a una mayor conexión en el futuro con la saga anterior.

FANTASTIC BEASTS AND WHERE TO FIND THEM

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Como decía al principio, Animales fantásticos no es El hobbit. Estamos ante una película que funciona perfectamente como pieza individual y a la vez como primer capítulo de una historia mayor. Rowling se estrena como guionista cinematográfica con un libreto consistente y equilibrado, lo que da como resultado una película de aventuras ejemplar, un blockbuster eficaz y con almaAnimales fantásticos conserva todas las características de la escritura de Rowling, su ingenio y sentido del humor, el cariño en el tratamiento de los personajes, la creatividad e imaginación desbordante a la hora de inventar criaturas y diseñar una mitología extensísima, ese gusto por el misterio, los secretos que impulsan la historia y los giros sorpresa y revelaciones que la ponen patas arriba. Después de Animales fantásticos nos quedamos con ganas de más, pero no porque sintamos que la película se haya quedado incompleta o la percibamos negativamente como el fragmento de un todo (hay final, y además es precioso), sino porque nos ha dado suficientes alicientes para que queramos seguir explorando su universo más allá de este primer episodio. Asuntos pendientes que en ningún momento lastran la historia, sino que la enriquecen y nos dejan ver el enorme potencial de esta nueva franquicia.

Pero no todo va a ser positivo. El eslabón más débil de Animales fantásticos, y no es uno pequeño, es su protagonista, Eddie Redmayne. El oscarizado actor británico ha demostrado con creces su talento, pero también que es propenso a que sus personajes se le vayan de las manos. En este caso, su Newt Scamander puede llegar a resultar bastante irritante por culpa de los mohínes de Redmayne, su pose constantemente encorvada, su voz exageradamente temblorosa… Su interpretación se corresponde con el carácter del personaje, dañado, frágil y retraído, pero Redmayne sobreactúa esa timidez e introspección hasta el punto de distraer demasiado. Con suerte, el actor se hará con el personaje a medida que este evolucione y salga de su cascarón en las siguientes cuatro películas. Le daremos por tanto el beneficio de la duda.

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Por lo demás, Animales fantásticos es un espectáculo cinematográfico de primera, una película que, lejos de seguir el camino de la sobre-explotación fácil de algo que se vende solo, se esfuerza por crear algo con sustancia y estilo propio. Los nuevos personajes son una delicia (qué detalle que el muggle más destacado del film y claro representante del fandom de Harry Potter, el entrañable Jacob, tenga tanto protagonismo y cumpla nuestro sueño de vivir una aventura en el mundo mágico), las criaturas son muy ocurrentes y adorables, los efectos digitales hacen que las imágenes salten de la pantalla aunque no estemos viendo la película en 3D, el ritmo no decae y hay un equilibrio perfecto entre acción y desarrollo narrativo, la música de James Newton Howard es simplemente grandiosa… En definitiva, Animales fantásticos es una auténtica gozada, divertida, ingeniosa, con encanto a raudales y el asombro propio del mejor cine de fantasía. Gracias, J.K., por renovar nuestro sueño de ser magos en este mundo gris.

Pedro J. García

Nota: ★★★★