Crítica: Blade Runner 2049

El futuro ya está aquí, y se parece mucho al que Ridley Scott imaginó en 1982, solo que nos lo encontramos incluso más desolado y oscuro. El proceso de gestación de la secuela de Blade Runner ha sido largo y complicado, pero por fin, la continuación del influyente clásico de la ciencia ficción llega a nuestras pantallas, 35 años después de su estrenoBlade Runner 2049 era un proyecto arriesgado y ambicioso en el que todo podía haber salido mal, y sin embargo, ha llegado a muy buen puerto, en una jugada similar a la que Mad Max: Furia en la carretera efectuó hace un par de años.

El de Blade Runner es un caso muy especial. Se trata de una película irrepetible, difícil de clonar, que se resiste a la industrialización, a pesar de que su impronta se pueda detectar en multitud de títulos sci-fi posteriores. Por eso, el reto de llevar a cabo una secuela, y además con tres décadas de diferencia con respecto a la original, era casi imposible. Afortunadamente, Scott aprendió que había más oportunidades de éxito si cedía las riendas de su creación a otro cineasta. El chiflado que asumió el desafío no es otro que Denis Villeneuve, que tras ganarse la confianza del espectador y la industria con Prisioneros Sicario, se consolidó con La llegada como uno de los cineastas más estimulantes (y solicitados) del momento. Y el canadiense, en busca del milagro, no solo ha salido airoso de tamaña empresa, sino que le ha dado la vuelta para realizar una de las mejores películas del año.

Villeneuve trabaja a partir de un guion escrito por Hampton Fancher (responsable de la original) y Michael Green (Logan) para reconstruir y expandir las fronteras del universo de Blade Runner, al que regresamos treinta años después de los acontecimientos de la primera película para conocer al oficial K (Ryan Gosling), un nuevo blade runner (recordemos, agentes de policía encargados de eliminar a los androides conocidos como replicantes) que, tras descubrir un secreto oculto durante muchos años que podría cambiar el curso de la sociedad, inicia una búsqueda para dar con Rick Deckard (Harrison Ford), desaparecido desde hace tres décadas. Y es mejor no conocer más detalles sobre la historia de antemano, ya que gran parte del encanto de Blade Runner 2049 es no saber exactamente hacia dónde nos va a llevar, sobre todo cuando creemos saberlo.

Villeneuve tenía dos opciones principales a la hora de acometer este dificultoso reboot: seguir el ejemplo de J.J. Abrams en Star Wars: El despertar de la fuerza y repetir la jugada o hacer como David Lynch en el regreso de Twin Peaks y crear algo completamente nuevo e inesperado a partir de algo conocido y venerado. Lo que ha hecho Villeneuve es una astuta combinación de ambas aproximaciones, una película que reproduce sin caer en el facsímil, que homenajea con devoción a la vez que emprende su propio camino, que maneja la nostalgia con inteligencia para que esta no la acabe fagocitando. Es decir, Blade Runner 2049 es una continuación con razón de ser, que ahonda en las cuestiones filosóficas de la película original (más profundamente, de hecho) a través de un nuevo personaje, planteando una interesante reflexión, debidamente actualizada, sobre lo que nos hace humanos, tema central de los mejores relatos de ciencia ficción. En definitiva, una secuela a la altura del clásico, que no se conforma con replicarlo.

Ni que decir tiene que Blade Runner 2049 también es un suntuoso e impresionante espectáculo cinematográfico, uno que se debe ver en las mejores condiciones técnicas posibles para apreciarse en todo su esplendor. A través de su magistral composición de planos, la increíble fotografía de Roger Deakins (que si hay justicia, esta vez se llevará el Oscar después de perderlo en 13 ocasiones), la estruendosa banda sonora de Hans Zimmer y Benjamin Wallfisch y el envolvente diseño de sonido, Villeneuve ha creado una experiencia inmersiva como pocas. Es cierto que para entrar, uno tiene que poner de su parte, ya que la película puede pecar de fría y distante (como hacía la primera), dificultando el proceso de conexión emocional. Pero si la propuesta de Villeneuve nos atrapa, es difícil que nos suelte en las casi tres horas que dura la película, de las que no se desaprovecha ni un solo minuto.

Además de ser una exhibición visual y sonora de una perfección y elegancia apabullantesBlade Runner 2049 es una fascinante historia en la tradición de la ciencia ficción más sugerente y cerebral, un relato sobre el alma, sobre la percepción y la necesidad de aferrarse a la realidad en un mundo que ha difuminado sus fronteras y nos ha deshumanizado (“Todos estamos buscando algo real”), ya sea a través del amor, el sexo o los recuerdos. Así podríamos definir el conflicto de K, un personaje complejo que Gosling saca adelante sin salirse de su zona de confort, poniendo su hermético estilo interpretativo al servicio de un guion imbuido de dolor contenido y romanticismo trágico. Lo hace, por supuesto, con ayuda de un reparto de excepción que da vida a un nuevo plantel de personajes (a los que se añade algún que otro cameo que es mejor no desvelar): Ana de Armas, Robin Wright, Mackenzie Davis, Dave Bautista, Jared Leto, Sylvia Hoeks (la gran revelación de la película) y por último, un Harrison Ford en plena forma. El carismático actor no solo lo da todo en las viscerales escenas de acción, sino que además lleva a cabo una de sus interpretaciones más conmovedoras de los últimos años, una que trasciende el carácter de “encargo” que suelen tener últimamente todos sus trabajos.

Villeneuve no deja nada al azar y Blade Runner 2049 es el ejemplo definitivo. Todo en ella está cuidado hasta el último detalle, haciendo que cada plano, cada línea de diálogo, cada sonoro puñetazo tenga un significado en el gran esquema de la película, un puzle narrativo en el que todas las piezas encajan cuidadosamente. Tras La llegada, el director sigue explorando los confines del mal llamado cine comercial, elevando de categoría el concepto de blockbuster. Blade Runner 2049 es una obra de belleza sobrecogedora y virtuosismo técnico, pero más allá de sus desbordantes imágenes, sus brutales secuencias de acción y su atmósfera embriagadora, también es un trabajo exigente que se niega a complacer por la vía fácil, gracias sobre todo a un brillante guion que subvierte las expectativas de la manera más audaz y que será diseccionado hasta la última coma en los próximos años.

Quizá la película no ofrezca las respuestas que muchos andan buscando, pero sí plantea nuevas preguntas, nuevos enigmas que renuevan nuestra pasión por el universo concebido por Ridley Scott. Sumergirse en Blade Runner 2049 es volver a comprobar de primera mano el poder transportador y transformador del cine. Definitivamente, la espera ha merecido la pena.

Pedro J. García

Nota: ★★★★½

Crítica: Star Wars – El Despertar de la Fuerza

Star Wars: The Force Awakens

La adquisición de Star Wars por parte de Disney en 2012 fue recibida con recelo por gran parte del público, que temió que la compañía exprimiese demasiado la gallina de los huevos de oro (como si no se llevara haciendo desde hace décadas) y la saga galáctica se acabase desvirtuando. Entre quejas, miedos y especulaciones, no se reparó demasiado en lo más importante de esta muchimillonaria transacción: el hecho de que alguien por fin le quitaba Star Wars de las manos a George Lucas. La persona que creó este venerado universo de ficción fue la misma que escupió sobre él con una infame trilogía de precuelas que, tal vez salvando la tercera entrega, resultaron ser un engendro nacido de la fiebre digital que Lucas atravesó durante el cambio de siglo. Con la tercera trilogía que da comienzo en 2015, Disney sabía exactamente qué no tenía que hacer para evitar repetir el fiasco de la anterior. Y lo primero era alejar a Lucas lo máximo posible de las nuevas películas. Así, la labor de dirigir el Episodio VII recaía en J.J. Abrams, discípulo aventajado de Spielberg que ya había demostrado su pericia a la hora de casar lo nuevo con lo antiguo en otra saga de las estrellas, Star Trek.

Star Wars: El Despertar de la Fuerza tenía ante sí una tarea muy fácil, superar a las precuelas de Lucas, y una algo más difícil, recuperar el espíritu de la saga original. ¿Y cuál es el veredicto? Más allá de la indescriptible sensación que provoca volver a ver en el cine esos rótulos iniciales (sin alterar) acompañados de la fanfarria inmortal compuesta por John Williams, no hay más que ver los primeros diez minutos de la película para comprobar que Abrams lo ha conseguido. El director ha logrado devolver el brillo (polvoriento) a la franquicia con una película de estructura y aspecto visual similar a Una nueva esperanza. Dejando atrás los escenarios íntegramente digitales de las precuelas, que parecían salidos de una aventura gráfica de los 90, y esos actores que olvidaban actuar desorientados y perdidos en interminables cromas, Abrams vuelve a hacer que los personajes de Star Wars pongan los pies en la tierra y se ensucien, asegurándose de que el espectador sienta que están ahí de verdad, que pueden ver y tocar todo lo que hay a su alrededor. Huelga decir que los efectos digitales ocupan un lugar muy importante en El Despertar de la Fuerza, pero afortunadamente no se abusa de ellos hasta eclipsar todo lo demás, sino que están al servicio de la historia, como debe ser (de hecho, hay más retoque digital en el rostro de Carrie Fisher para quitarle kilos y arrugas que en el resto de la película, pero eso es otro tema que dejaremos para otra ocasión).

Rylo

El guion de El Despertar de la Fuerza está escrito por Abrams y Michael Arndt (Toy Story 3, Los Juegos del Hambre: En llamas) junto a Lawrence Kasdan, guionista de El imperio contraataca El retorno del Jedi, un dato que habla por sí solo. La intención era escribir una continuación directa que aunara la aventura espacial clásica con la sensibilidad del mejor blockbuster actual, y en este sentido, El Despertar de la Fuerza es un triunfo, una película en la que todo es exactamente como debía ser. Desde el reparto, con un acertado casting de talentos jóvenes recogiendo el testigo de los veteranos de la saga, hasta la partitura de Williams, que ha rodeado las piezas más icónicas de Star Wars con nuevas composiciones que esta vez sí parecen nuevas y no un refrito de otros de sus scores, pasando por supuesto por los apartados de diseño de producción, vestuario y criaturas. Todo desprende un aroma inconfundible a La guerra de las galaxias, incluso a la magia artesanal de las creaciones de Jim Henson. Se nos traslada de nuevo a esos desiertos castigados por los soles del Episodio IV, a los pasillos y el mítico puente de mando del Halcón Milenario, a las cantinas abarrotadas de bichos de todas las especies y colores (para nuestro gozo, con mayor presencia de animatronics y menos extras realizados por ordenador, como se nos prometió). Todo esto hace que la película sea puro asombro, nostalgia y emoción, un espectáculo desbordante calibrado al detalle con la finalidad de contentar a los fans, que entrarán en éxtasis con las referencias a los Episodios IV-VI, sin por ello descuidar a los espectadores casuales en busca de evasión.

Para trazar ese puente entre generaciones (aunque Star Wars no necesita ser “traducida” para los nuevos públicos, porque no ha dejado de formar parte del imaginario colectivo), El Despertar de la Fuerza se centra principalmente en los nuevos héroes de la saga, Rey (Daisy Ridley), Finn (John Boyega), y en menor medida Poe Dameron (Oscar Isaac), además del villano Kylo Ren (Adam Driver) y por supuesto el adorable droide esférico BB-8. Por edades y perfiles, el nuevo reparto de protagonistas es análogo al original, con personajes que no son recortes planos sin emociones e intérpretes infinitamente mejores que los de las precuelas (solo chirría Domhnall Gleeson como dictador intergaláctico). Ridley y Boyega se convierten en el alma de la película, aportando una gran carga de energía y un sentido del humor excelente, Isaac tiene una presencia muy carismática, con un deje canalla a lo Han Solo, y Driver clava a un villano joven y confuso que existe demasiado a la sombra de Darth Vader. Por otro lado nos reencontramos con viejos amigos, como la mencionada LeiaC-3PO y R2-D2 en papeles más bien testimoniales, o Luke Skywalker, cuya trama  vertebra el film. Pero aquí el que se lleva de nuevo el gato al agua es Harrison Ford, que decidió que esta vez se lo iba a pasar genial haciendo la película, y salta a la vista. Rey y Finn aguantan muy bien el peso de la historia (sobre todo ella, la verdadera protagonista), pero cuando aparecen Han Solo y Chewbacca es cuando la fuerza despierta de verdad.

Leia Han Solo

La película no está exenta de problemas, principalmente en lo que respecta al ritmo, que se resiente al entrar en el tercer acto (en el fondo esto es un nuevo primer capítulo y se nota). Pero aun así, y exceptuando quizá alguna sorpresa arriesgada que cuesta saber cómo tomársela, El Despertar de la Fuerza cumple holgadamente las (desorbitadas) expectativas, llevando a cabo una perfecta síntesis de lo clásico y lo nuevo con la que se consigue algo singular: rejuvenecer y modernizar la saga apoyándose fuertemente en la trilogía original. Se trata de una película hecha con tanto mimo por su mitología como buen ojo mercantil, una superproducción ante todo divertida, en la que la comedia destaca tanto como la acción, y la historia y los personajes no son fagocitados por la pirotecnia. En definitiva, Abrams ha orquestado con éxito la película-evento que esperábamos ver, haciendo así que Star Wars recupere la vida que perdió hace quince años y dejándonos con ganas de más. “Chewie, estamos en casa”. Ahora sí.

Valoración: ★★★★

Crítica: El secreto de Adaline

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Esta es la historia de Adaline Bowman. Nos habla del tiempo y la soledad, pero sobre todo del amor, de su supervivencia a través de los años, de la huella que deja cuando se pierde, y de su poder para cambiarlo todo. Adaline (Blake Lively) dejó milagrosamente de envejecer cuando tuvo un accidente de coche a los 29 años. La correcta alineación de las estrellas y un rayo que cae sobre su vehículo sumergido en el agua la convierten en una mujer eternamente joven. En consecuencia, Adaline se ve obligada a llevar una vida solitaria y alejarse de aquellas personas que, al pasar mucho tiempo con ella, puedan desvelar su secreto. La muchacha vive rozando los 30 durante ocho décadas, cambiando de residencia cada diez años y en una dolorosa ocasión, rechazando al hombre de su vida para evitar que la idílica relación encontrase su fecha caducidad. Y así hasta nuestros días. Adaline vive en San Francisco, donde se prepara para su nuevo cambio de identidad con la intención de marcharse a vivir a una zona rural del país. Sin embargo, su vida dará un vuelco cuando conozca a Ellis Jones (Michiel Huisman), atractivo filántropo que hará que Adaline vuelva a vivir la encrucijada de destapar su maldición o hacer daño al hombre que ama. Un fin de semana en casa de los padres de Ellis finalmente lo cambiará todo para ella, cuando el azar le ponga la prueba más difícil de su larga vida.

Aunque lo parezca, El secreto de Adaline (The Age of Adaline) no está basada en una novela de Nicholas Sparks, sino que se trata de una historia original. Sin embargo, la película de Lee Toland Krieger (Celeste & Jesse ForeverThe Vicious Kind) se enmarca en la tradición del cine basado en la obra del autor de El diario de Noa, replicando su atmósfera etérea y ese gusto por la narración episódica (en Adaline hay dos capítulos muy diferenciados, dos películas en una). Pero sobre todo, El secreto de Adaline es otro cuento de hadas moderno (con narrador omnisciente incluido) para románticos empedernidos, un relato pseudo-fantástico con bien de almíbar en el que una pareja de bellos especímenes humanos (Lively y Huisman son asquerosamente guapos) viven una aventura llena de obstáculos en la que el amor triunfará por encima de todo… y todos acabarán comiendo perdices en familia (esperamos).

cartel EL SECRETO DE ADALINEEl componente fantástico de Adaline está muy cogido con pinzas. Sin embargo, su función se relega claramente a la de desencadenante y deus ex machina. La historia encuentra su base en la magia, pero las explicaciones al extraño caso de Adaline Bowman se limitan a dar los datos justos para mantener el aura de misterio y además hunden sus raíces en la astronomía, con la intención de no mojarse demasiado en cuanto al elemento sobrenatural. Es lo ideal, ya que de otra manera sería meterse en un berenjenal del que costaría mucho salir. Adaline no está interesada en la ciencia ficción por sí misma, sino en las posibilidades que esta puede brindar al relato amoroso, en el que una noción distinta del “para siempre” lo condiciona todo (tal y como suele ocurrir en el cine de vampiros). Dejando esto a un lado, El secreto de Adaline funciona muy bien gracias a su pareja protagonista, dos actores de exquisita presencia y suma elegancia que además poseen la química necesaria para sacar a flote una película así. Lively arrebata con su porte de maniquí y nos deja boquiabiertos con el vestuario que luce (un aliciente de esta película es observar cómo va cambiando su estilo a través de las décadas), mientras que Huisman se revela como el galán cosmopolita por excelencia, con su buena planta, su media melena y esa barba que no llega a ser hipster pero casi.

Sin embargo, más allá de su indudable belleza atemporal, la interpretación de la protagonista sorprende por su delicadeza e integridad (Adaline es igual de estilosa que Serena Van Der Woodsen, pero por lo demás, la actriz deja muy atrás sus días en Gossip Girl). Lively compone un personaje con entidad propia, caracterizado por un tipo de calma quebradiza que mantiene a raya la tensión y el miedo, refinado además por la sabiduría que ha adquirido con el paso del tiempo y la melancolía que esto conlleva (la actriz realiza un convincente trabajo de dicción y transmite bien esa experiencia, especialmente en las escenas junto a su hija octogenaria). Pero el arma secreta de El secreto de Adaline es su magnífico reparto de secundarios veteranos: una tierna Ellen Burstyn interpretando a la hija de Adaline, esa gran actriz en la sombra que es Kathy Baker, y sobre todo Harrison Ford, que nos regala sin que nos lo esperemos una de las interpretaciones más conmovedoras y sutiles de su carrera reciente, desvelándonos al mismo tiempo la verdadera intención de la película: no solo hablarnos del poder y la naturaleza del amor a través del tiempo, sino mostrarnos la diferencia con la que el amor se vive entre distintas generaciones.

Valoración: ★★★

¡Concurso! Consigue ARMAS DE MUJER en Blu-ray

 Este concurso ya ha finalizado. Atentos a fuertecito no ve la tele para futuros concursos.

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20th Century Fox Home Entertainment sigue editando en Blu-ray su catálogo de clásicos remasterizados, y en enero le toca el turno al clásico de los 80 ARMAS DE MUJER (Working Girl), ya a la venta en nuestro país. Para celebrar este lanzamiento y agradeceros vuestro apoyo incondicional, Fox y fuertecito no ve la tele os queremos dar la oportunidad de conseguir totalmente gratis una copia de la película, dirigida por Mike Nichols y protagonizada por Melanie Griffith, Harrison Ford y Sigourney Weaver.

Para participar, lo único que tenéis que hacer es responder a la siguiente pregunta:

¿CUÁL ES VUESTRO TRABAJO SOÑADO?

Podéis participar de dos maneras:

1. Respondiendo a la pregunta en esta entrada
2. Respondiendo en ESTA FOTO de la página de Facebook de fuertecito no ve la tele

Si participáis en los dos sitios tenéis más oportunidades de ganar.

Bases:

armas de mujer– De entre todos los participantes elegiremos a un ganador (via Sortea2) que se llevará totalmente gratis 1 copia de Armas de mujer Blu-ray (foto). El ganador la recibirá en su casa sin ningún gasto por su parte.

– El participante debe incluir su correo electrónico en el formulario de respuesta del blog (no aparecerá público) y se recomienda firmar con nombre y apellido (los pseudónimos son válidos). En Facebook no es necesario.

– Sólo contará una participación por dirección IP, las respuestas desde la misma IP con distinto nombre serán marcadas como spam. En Facebook solo se podrá participar una vez por cuenta personal.

– El plazo para participar en el concurso finaliza el jueves 22 de enero de 2015 a las 23:59 (hora peninsular española). El ganador será anunciado a partir del día siguiente en la página de Facebook de fuertecito no ve la tele.

– Concurso válido sólo para España (península e islas).

fuertecito no ve la tele se reserva el derecho de modificar o anular el concurso si fuera necesario.

¡Mucha suerte!

 

Belleza, inteligencia, encanto. Tess McGill (Melanie Griffith), lo tiene todo. De hecho, tiene todo lo que hace falta para triunfar excepto el corte de pelo adecuado, la ropa adecuada y lo más importante de todo, el trabajo adecuado. Atrapada durante demasiado tiempo trabajando en un pool de secretarias, Tess decide darle un giro a su vida. Cuando su clasista y seductorajefa (Sigourney Weaver) se rompe una pierna esquiando, Tess toma, literalmente, su lugar, incluyendo su casa, su gigantesco despacho con increíbles vistas y sus vestidos de 6.000 dólares. Convenientemente disfrazada, Tess se alía con un, inteligente y muy atractivo, inversor de Wall Street (Harrison Ford) y juntos idearán un negocio que puede lanzar a Tess a la fama o hundirla para siempre.

Contenidos adicionales del Blu-ray:

-Trailer para cines
– Anuncios para televisión: “Sé mi secretaria, “La mujer al mando” y “Muy famosa”

Crítica: Los Mercenarios 3

Stallone Los Mercenarios 3

La saga Los Mercenarios es el gran golpe maestro de Sylvester Stallone, una mina de oro que se sustenta principalmente en la nostalgia y en el simple placer de volver a ver una cara conocida, aunque esta cara esté totalmente cambiada por el cruel paso del tiempo y el todavía más cruel paso por el quirófano. La idea era reunir a lo más granado del cine de acción de los 80 y los 90 y poner a todos estos abueletes musculosos a pegar tiros como si no hubiera mañana. Tenía su gracia, y surtió efecto. Así, el elenco de míticos héroes del cine de acción y artes marciales se fue ampliando. Ninguno se quería perder la fiesta: Arnold Schwarzenegger, Bruce Willis, Jean-Claude Van Damme, incluso Chuck Norris. Con la presencia de estos actores en un par de escenas ya estaba todo hecho. Pero las ambiciones del jefe Stallone eran cada vez mayores, lo que le llevará a emular con Los Mercenarios 3 al Universo Cinematográfico de Marvel, y concretamente a Los Vengadores, confesa inspiración del padrino de la saga a la hora de desarrollar esta tercera parte.

Lo que mejor funcionaba de las primeras entregas de Los Merecenarios era su sentido del humor. Este era mucho más desenfadado y alocado en la segunda parte, que aparcaba el tono más serio de la primera para entregarse al chiste continuo, a la caspa sin complejos, y ponía a sus rudos protagonistas a hacer monerías que garantizaban la carcajada (sobre todo la del público objetivo). Los machotes Stallone, Jason Statham (principal representante del cine testosterónico actual), Dolph Lundgren (la desaprovechada gema oculta de la franquicia) o el histriónico Terry Crews se entregaban por completo a la autoparodia, y se reían de sí mismos en un meta-ejercicio de comedia que no era sino un guiño constante al espectador. Sin embargo, parece que la segunda parte agotó el arsenal de chistes (si hasta tenía a Chuck Norris interpretando a un meme de Chuck Norris), y en Los Mercenarios 3 se opta por una mayor sobriedad (tampoco demasiada, que conste), haciendo que las bromas y gags suenen agotados, reciclados, incluso más simples e infantiles que de costumbre.

Otro de los puntos fuertes de Los Mercenarios era la sensación de camaradería y lealtad, derivada de la celebración de la masculinidad militar, que estos actores trasladaban con acierto a la pantalla, algo que acercaba estas películas a los últimos capítulos de Fast & Furious. Esto se conserva en Los Mercenarios 3, donde lo más destacable sigue siendo la amistad que une a los protagonistas (que se quieren, pero no se abrazan, que eso es de maricas), y que además de ser el núcleo de la película, es lo que desencadena la historia de esta tercera parte. En ella, Barney Ross (Stallone) obliga a jubilarse a sus colegas, por miedo a que todos acaben muertos siguiéndolo a ciegas en sus suicidas misiones para salvar el mundo de malhechores, traficantes y megalómanos. Este punto de inflexión perjudica seriamente a la película, que al centrarse en los unidimensionales y aburridos nuevos Mercenarios pierde el ritmo, y sin Statham, Lundgren o Crews se vuelve insoportablemente plomiza y mecánica (sí, más que de costumbre).

Los Mercenarios 3

Además de renovar la franquicia y proyectarla hacia el futuro con la incorporación de jóvenes rostros como Kellan Lutz (no del todo desubicado, como ocurría en la infame Hércules), Glen Powell (que aporta sapiencia informática aumentando jocosamente la brecha entre generaciones) o la única mujer de la película, Ronda Rousey (a la que nunca se le permite hablar si no es para recordarnos que es una mujer), Los Mercenarios 3 sigue recurriendo a viejas glorias del cine, multiplicando el ya de por sí abarrotado reparto. En esta ocasión se apuntan Wesley Snipes (realmente divertido, aunque pase a segundo plano enseguida), Harrison Ford representando a la burocracia (sustituye a Bruce Willis tras un encontronazo con Stallone), un estupendo Mel Gibson como el villano de la función (el único que se toma en serio eso de actuar) y Antonio Banderas prestándose sin rechistar al papel más degradante, ridículo e insultante de la película, un antiguo legionario hiperactivo caracterizado por su incontinencia verbal y su desbordante entusiasmo, que en un momento de la película acaba entonando “El novio de la muerte“, seguramente para regocijo de muchos (a mi padre le va a encantar), y para espanto de tantos otros.

Pero en realidad Los Mercenarios 3 es básicamente la misma película que sus dos predecesoras. Stallone (junto a los guionistas Creighton Rothenberg y Katrin Benedikt) las clona para ofrecer los mismos ingredientes otra vez, solo que en esta ocasión todo se antoja más desganado y descafeinado: la violencia gráfica se rebaja unos cuantos enteros con respecto a la segunda parte (sigue habiendo saña y sadismo, pero hay menos sangre, para ajustarse a la absurda nueva calificación por edades PG-13), y como ya he señalado, el humor va a medio fuelle, con unos actores menos dispuestos a hacer el payaso. Lo que no cambia son los efectos dignos de una TV movie de SyFy (hay que pagar a todas esas estrellas y no queda dinero para la producción). Sin embargo, para los incondicionales del género, lejos de suponer un inconveniente, todo esto será un aliciente, una invitación a sentarse y disfrutar de los explosivos set pieces, de la fraternidad entre Stallone, Statham y compañía (los machos alfa también pueden ser sensibles, a su manera), y sobre todo del aroma añejo de los 90 y ese regreso a lo conocido del que hablaba. Al fin y al cabo, Los Mercenarios realmente funciona como Marvel en el fondo. Stallone sabe el valor que tienen todas estas leyendas del cine para el espectador, y es consciente de que su mera presencia desatará la euforia de otro tipo de fanboy, el padre de familia de 50 para arriba. Por eso, ni hace falta más, ni se molesta en darlo.

Valoración: ★★

Crítica: El juego de Ender (Ender’s Game)

ENDER'S GAME

Intentar adaptar al cine una novela muy querida es un acto temerario que, de salir adelante, se enfrentará sí o sí a la ira de una fracción del colectivo de fans de la obra en cuestión. Es el caso de El juego de Ender (Ender’s Game), el famoso libro de ciencia ficción escrito por Orson Scott Card hace ya casi tres décadas. El proyecto cinematográfico basado en la novela lleva muchos años intentando salir a la luz. La dificultad de trasladar a la pantalla la carga filosófica y los pensamientos de su protagonista, Ender Wiggin, hacían que el propio autor considerase que la novela era intraducible al lenguaje cinematográfico. Hasta ahora. Después del largo y tortuoso camino, El juego de Ender llega por fin a su destino: los cines de todo el mundo. Yo no he leído la popular novela de 1985 que adapta la cinta de Gavin Hood (realizador de X-Men Orígenes: Lobezno), por lo tanto mi perspectiva es la de espectador de cine que valora la película por sí misma, y no como adaptación.

Dicho esto, quizás el mayor problema de El juego de Ender sea precisamente que, aunque no se esté familiarizado con el material de referencia, salta a la vista en todo momento que la historia de Ender Wiggin ya ha sido contada anteriormente, y estamos asistiendo a una versión condensada de la misma. A pesar de que Hood realiza los pertinentes cortes para ajustarla al metraje de dos horas, o quizás por ello, su película adolece de un extraño sentido del ritmo, causado indudablemente por la dependencia de la novela. El comienzo del film transcurre de manera precipitada, sin aportar suficiente información (la exposición es confusa y falta contexto), sin dar tiempo para que los personajes (sobre todo el protagonista) se asienten en el relato antes de dar comienzo la acción. Por el contrario, una vez Ender llega a la Escuela de Batalla, asistimos a numerosos pasajes en los que el tiempo se dilata en exceso haciendo que la película parezca una eterna introducción.

ENDER'S GAME

Con El juego de Ender, Hood intenta levantar un puente entre la ciencia ficción más sesuda y el entretenimiento puro, obteniendo un resultado irregular. La película es un lustroso y espectacular sci-fi militar protagonizado por niños del que subyace una estimulante y ocasionalmente provocadora reflexión sobre la guerra (precisamente por la edad de los cadetes). El apartado técnico y visual es sobresaliente, los efectos digitales consiguen que algunas escenas en la Sala de Batalla dejen sin aliento, y el niño protagonista, Asa Butterfield, hace un trabajo soberbio con su personaje, sacando máximo provecho de la logística en la que se desenvuelve (atención a la impactante escena en las duchas); no así el resto de personajes, bastante desdibujados, en especial los adultos (Harrison Ford y Viola Davis pasaban por ahí). Sin embargo, a El juego de Ender le cuesta mucho mantener el interés y se pierde en incontables escenas de entrenamientos y simulacros que, a pesar de cumplir su función de mostrarnos la superdotada psique de Ender, lastran inevitablemente la narración.

Se nos recuerda constantemente que “hay que estar preparado para cuando llegue la batalla real“, dejando claro en todo momento que El juego de Ender no es una cinta de acción al uso, y que lo importante no es la batalla en sí, sino la mente de Ender, y su apasionante proceso de aprendizaje. Pero no es suficiente. El polémico final de El juego de Ender justifica todo lo ocurrido hasta el momento, y mediante un genial golpe de gracia, aporta una nueva e interesante perspectiva que aumenta su valor de revisionado (quizá esta sea una de esas películas que mejoran cuanto más se ven). No obstante, un gran desenlace como el de esta película puede justificar su estructura en mayor o menor medida, pero no compensa la mala gestión narrativa con la que se ha acometido la historia. Por esta razón, aunque no hayamos leído la novela, al final no podemos evitar plantearnos si adaptar El juego de Ender fue una buena idea.

Valoración: ★★★