‘Bumblebee’ insufla alma (nostálgica) a la saga Transformers

En 2007, Michael Bay convirtió el fenómeno Transformers en una de las sagas cinematográficas más taquilleras de la historia del cine. La primera adaptación live-action de la popular franquicia de juguetes y dibujos animados, protagonizada por Shia LaBeouf y Megan Fox, recaudó más de 700 millones de dólares en todo el mundo. Las siguientes entregas no hicieron más que mejorar esa cifra, dos de ellas (El lado oscuro de la luna y La era de la extinción) llegando a superar los mil millones de dólares globalmente. Sin embargo, mientras la saga escalaba en taquilla, cada película era peor valorada que la anterior, culminando en 2017 en el relativo fracaso de El último caballero con 605 millones, casi la mitad que la entrega precedente, La era de la extinción (1.104 millones).

La gente había perdido el interés en Transformers, así que había llegado el momento de renovar la franquicia de alguna manera. Las atronadoras orgías de efectos digitales y destrucción de tres horas habían pasado factura a la audiencia, y lo que la saga necesitaba era una simplificación y un cambio de aires. La respuesta: un spin-off precuela centrado en uno de los personajes favoritos de la audiencia, Bumblebee. De esta manera, Transformers podía empezar de nuevo sin tener que continuar la embarullada trama de la saga principal, que en El último caballero ya se había hundido en el absurdo y la incoherencia más insalvables.

Abandonando la línea temporal principal, Bumblebee se traslada hasta los 80 para narrarnos el origen del más famoso Autobot amarillo, y ya de paso resetear la saga contándonos cómo su especie llegó a la Tierra. En la dirección nos encontramos el primer cambio radicalMichael Bay cede la batuta a Travis Knight, avalado por su trabajo como animador y productor en el estudio LAIKA y director de la preciosa Kubo y las dos cuerdas mágicas. Una elección sorprendente, pero en línea con la voluntad de renovación creativa del estudio. A cargo del guion tenemos otra refrescante novedad. Después de cinco películas escritas y dirigidas exclusivamente por hombres, Christina Hodson se convirtió en la primera mujer guionista de Transformers. Su trabajo fue tan bien valorado que le llevó a fichar por DC para hacerse cargo de los guiones de Birds of PreyBatgirl.

Con Bumblebee, Knight y Hodson consiguen aportar a la saga lo que más le hacía falta: corazón. Ambientando la historia en los 80 y centrando su historia en la amistad entre una adolescente y un robot, la película se aleja de la acción descerebrada de las películas de Bay para acercarse más al cine familiar clásico de Steven Spielberg, quien sigue figurando como uno de los productores ejecutivos en la saga. La nostalgia ochentera (tan presente en la cultura audiovisual desde hace unos años) forma parte esencial de Bumblebee, una película con la que Travis emula con éxito el cine fantástico de aventuras de esa época. La diferencia es que en esta ocasión, el héroe de la historia es una heroína, Charlie (Hailee Steinfeld), una chica de 18 años apasionada de los coches que aun está lidiando con la muerte de su padre.

Y aquí es donde Bumblebee más se desmarca de sus predecesoras. La película no solo tiene protagonista femenina absoluta (en una saga tradicionalmente masculina), sino que además Charlie no está objetificada ni sexualizada para la mirada masculina en ningún momento (todo lo contrario a lo que Bay hizo con Megan Fox y Rosie Huntington-Whiteley). El tratamiento del personaje es verdaderamente ejemplar. Se trata de una adolescente independiente, imperfecta y con personalidad, alejada del estereotipo de la chica en apuros (es experta mecánica y no necesita que la salve ningún hombre), con un arco argumental centrado en la amistad y la autorrealización, aderezado con una simpática trama romántica secundaria (con un adorable Jorge Lendeborg Jr.) que nunca llega a definir al personaje. Detalles que hacen que salte a la vista que el guion está escrito por una mujer y Bay no está en la dirección, afortunadamente.

Como decía, el alma de la película es la bonita relación que se desarrolla entre Charlie y Bumblebee, una amistad que bebe directamente de clásicos como E.T., Cortocircuito y El gigante de hierro. Pero a Bumblebee tampoco le falta la acción por la que se caracteriza Transformers. Lo bueno es que en esta ocasión está mejor dosificada (y se ve mejor), dejando respirar a la película y al espectador entre persecuciones y set pieces. Si bien rebaja la escala de grandiosidad con respecto a la saga principal, los efectos digitales siguen siendo excelentes, tanto en lo que respecta a la animación de los Autobots y Decepticons como a la integración de las criaturas CGI con los humanos, clave para que la amistad entre Charlie y Bee resulte más creíble y emotiva (que un abrazo entre una humana y un amasijo de metal resulte tan cálido tiene mérito). Solo tropieza en la obligatoria trama gubernamental, que además de resultar rutinaria, no aprovecha la vis cómica de John Cena.

En definitiva, Bumblebee es lo mejor que le podía pasar a Transformers. Es simple, sí, pero también entrañable, imaginativa y divertida. Una de esas películas orientadas a los más jóvenes, que se gana con creces el derecho a caer en el tópico texto de contraportada: “Para disfrutar en familia una y otra vez”.

Pedro J. García

Bumblebee ya está disponible en España de la mano de Paramount Pictures en los siguientes formatos: DVD, Blu-ray, 4K UHD y dos ediciones especiales en caja metálica (una Blu-ray + DVD disponible en todos los puntos de venta y una 4K UHD + Blu-ray exclusiva de Amazon).

Las ediciones en alta definición incluyen más de una hora de contenido adicional, con escenas eliminadas y extendidas (incluida una escena inicial que no se vio en cines), un Motion Comic inédito que continúa las primeras aventuras terrestres de Bumblebee, y la función “Visión Bee”, que nos permite ver a la primera generación de Transformers en Cybertron con los ojos de Bumblebee.

Al filo de los diecisiete: Tierra trágame

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“¿Por qué soy tan grotesca? ¿Por qué te gusto? Ni siquiera yo me gusto” -Nadine

Todos hemos sido adolescentes, por eso las películas que abordan esta dificultosa etapa vital a veces nos tocan tan de cerca. Por eso solemos sentirnos tan identificados con personajes de diecitantos aunque rondemos la treintena o la cuarentena. Y por eso, cuando una película de este tipo acierta en su retrato del paso de la adolescencia a la adultez, se hace con todas las papeletas para convertirse en cinta de culto (aunque sea para unos pocos). Es el caso de Al filo de los diecisiete (The Edge of Seventeen), la divertida opera prima de Kelly Fremon Craig que se suma a la cosecha reciente de títulos teen esenciales, a la que también pertenecen Las ventajas de ser un marginado Yo, él y Raquel.

Al filo de los diecisiete es la clásica historia coming-of-age que el cine norteamericano nos ha contado tantas veces. Nadine (Hailee Steinfeld), una adolescente inadaptada y problemática que se define como un “alma vieja”, está atravesando la época más difícil de su vida. Cuatro años después de la muerte de su padre, la chica intenta sobrevivir en el instituto, pero todo le sale mal. Su mejor amiga (Haley Lu Richardson), es decir, su única amiga, empieza a salir con su hermano (Blake Jenner), con el que siempre se ha llevado a matar, su cáustico profesor de historia (Woody Harrelson) no hace más que echar tierra sobre sus preocupaciones, y para empeorar las cosas, le ha mandado por accidente un mensaje muy comprometido (y muy verde) al chico que le gusta. A los diecisiete, cualquier minucia supone el fin del mundo, pero quizá sus problemas no sean tan graves como pensaba. Una serie de infortunios y malas decisiones llevarán a Nadine a ver su situación con más perspectiva y empezar a mirar a los demás con otros ojos.

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En la tradición del cine de John Hughes (referente imprescindible para tantos cineastas modernos y padre del género que no podemos obviar al hablar de este film), Al filo de los diecisiete sobresale dentro de su género porque se toma en serio el doloroso proceso de crecer… pero no demasiado. La directora nos da acceso al mundo interior de Nadine para que lo pasemos mal junto a ella y suframos sus continuas humillaciones y meteduras de pata, pero nunca para convertirla en objeto de burla, siempre tratando al adolescente con entendimiento y compasión, extrayendo comedia libre de condescendencia de lo rara que puede ser la fase del instituto. Esa es una de las cosas que hacen que Al filo de los diecisiete funcione tan bien, cómo equilibra comedia y drama, cómo construye su humor irreverente sobre una base profundamente inteligente y sensible, y por último, cómo afronta la tragedia y el melodrama con gracia y honestidad, sin abusar del almíbar.

Otra cosa que hace que Al filo de los diecisiete esté por encima de la media es su excelente reparto. Hailee Steinfeld (nominada al Oscar por Valor de ley, y al Globo de Oro por este papel) habita la sufrida piel de Nadine para darnos una de sus mejores interpretaciones hasta la fecha. Con ella nos mortificamos, nos desesperamos, nos frustramos, y en última instancia maduramos. La catártica escena en la que Nadine pide perdón a su hermano es el remate perfecto al fantástico recital de emociones que la joven actriz nos vuelve a regalar. Pero Al filo de los diecisiete no es solo la historia de Nadine, también la de una amistad y la de una familia. A este respecto, hay que elogiar al magnífico reparto de secundarios. Woody Harrelson y Kyra Sedgwick construyen personajes adultos que, para variar, no sobran, mientras que el reparto joven brilla con especial intensidad, sobre todo Blake Jenner (que ya destacó en Todos queremos algo) y el divertidísimo Hayden Szeto.

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Al filo de los diecisiete capta la adolescencia a través de una experiencia muy culturalmente específica (las taquillas, las fiestas en casa en ausencia de los padres, los estratos sociales de la secundaria), pero esencialmente universal, ya que Nadine personifica inequívocamente la rabia adolescente, los dolores del crecimiento o la relación con el sexo que todos hemos experimentado durante esta etapa. Con diálogos tan ingeniosos como reveladores, bastante acidezmala leche, pero también oportunas pinceladas de ternura, emotividad y optimismoAl filo de los diecisiete es una buena muestra de lo mucho que puede dar de sí su género, un título sin duda imprescindible para los amantes del buen cine teen.

Al filo de los diecisiete ya está a la venta en DVD de la mano de Sony Pictures Home Entertainment. La edición incluye los siguientes contenidos adicionales: Escenas eliminadas. Tomas falsas. Tráilers.

Crítica: Dando la nota – Aún más alto

Kendrick Bellas

Dando la nota (Pitch Perfect) fue uno de los éxitos sorpresa de 2012, un sleeper pop que no solo funcionó mucho mejor de lo que se esperaba en taquilla, sino que pasó rápidamente a convertirse en película de culto para la generación Tumblr. Aunque su acción transcurre en la universidad, Dando la nota es en esencia una película de instituto, por eso muchos no dudaron en coronarla como la Mean Girls de los 2010’s o describirla como “Glee bien hecha” (yo mismo en la crítica que escribí en su día, antes de que Pitch Perfect se convirtiera en un fenómeno).

La película consagró a Anna Kendrick como nueva novia/It girl/amiga friki/ídolo tuitero/icono cool de América y convirtió a Rebel Wilson (Amy la Gorda) en una estrella. Había que darse prisa para generar una secuela aprovechando el momento. La popularidad de estas actrices está en lo más alto y varios éxitos recientes (LucyCincuenta sombras de Grey) han demostrado que el cine hecho y protagonizado por mujeres también puede triunfar en taquilla (duh!). Teniendo esto en cuenta, Universal ha demostrado tener reflejos muy “afinados” y ha hecho las cosas bien. Tanto que en su primer fin de semana, la secuela de Pitch Perfect dirigida por Elizabeth Banks, Dando la nota: Aún más alto (en USA simplemente Pitch Perfect 2), ha recaudado más que la primera película en todo su recorrido comercial en cines estadounidenses, rompiendo unos cuantos récords y asegurando una tercera entrega.

Dando la nota es un pelotazo es indiscutible y debemos celebrar que una película protagonizada casi íntegramente por mujeres en la que la rivalidad es sana (nunca por un hombre) y donde se celebra la camaradería (entre ambos sexos) y el trabajo en equipo haya cosechado tanto éxito, sobre todo teniendo en cuenta cómo está el panorama. El cine de Hollywood promete un cambio para los próximos años, y en parte se lo debemos a las Barden Bellas. Ahora bien, Dando la nota: Aún más alto no supone ninguna revolución en sí misma. Se trata de una clásica secuela fabricada (con prisa) aprovechando el tirón del éxito, que reproduce casi al pie de la letra a su predecesoraAún más alto es una segunda parte de manual. Es más espectacular y numerosa, traslada su acción al contexto internacional -el campeonato mundial de acapella que tiene lugar en Copenhague-, aumenta aun más la variedad del repertorio musical (hits actuales, éxitos de siempre, hip hop, country, temas de los 90…), y pone mucho más en juego. Pero a pesar de esto, el factor sorpresa se desvanece y lo que en la primera funcionó por su frescura (los susurros de Hana Mae Lee, las marcianadas de Wilson) aquí suena repetitivo y por tanto pierde gran parte de su gracia.

Rebel Wilson Pitch Perfect 2

La estructura de la secuela es prácticamente idéntica a la de la primera. Aún más alto comienza con una actuación que se convierte en un desastre (en lugar de vómito aquí tenemos un escándalo tipo nipplegate de Janet Jackson, pero mucho más bruto y con testigos presenciales de excepción, los Obama y Shonda Rhimes), continúa con la lucha de las Bellas por recuperar su voz (un reset que obliga al grupo a empezar de nuevo), tiene un intermedio en forma de batalla acapella (con David Cross como bizarro anfitrión) que palidece en comparación con la de la primera película, y termina con la gran competición. Afortunadamente, para compensar lo mecánico del argumento, los personajes evolucionan satisfactoriamente y sus conflictos internos, ambiciones, traumas y sueños se convierten en el corazón de la película.

Vemos cómo algunas Bellas se han graduado (Anna Camp, que ya tenía 30 años en la primera película no colaba ya como universitaria), cómo otras se niegan a salir al mundo real y se refugian en el grupo (Brittany Snow está estupenda), y cómo Beca (una Kendrick más cómoda desatando su lado más tontorrón) persigue su sueño de ser productora musical -divertida subtrama que cuenta con el genialísimo Keegan-Michael Key. Así que, aunque Dando la nota 2 sea un calco de la primera, tiene muchas armas para evitar el estancamiento y alicientes de sobra para mantener nuestro interés por saber qué les ocurre a estas chicas, más definidas y más unidas que la primera vez que las vimos. Además de las Bellas originales, tenemos nuevas incorporaciones que aumentan la diversidad y rejuvenecen al grupo, Flo (Chrissie Fit) y Emily, interpretada por la ubicua Hailee Steinfeld, “heredera” de las Bellas (Legacy en inglés) que sigue los pasos de Kendrick. De hecho, para intentar repetir la jugada de “Cups” (el nº1 discográfico que surgió de Pitch Perfect), Sia ha compuesto “Flashlight” para el personaje de Steinfeld, que acaba de fichar por una discográfica para grabar su primer álbum.

Kendrick Steinfeld

Y es que Dando la nota: Aún más alto se ha empezado a convertir en un musical tradicional. No solo hay más números (excelentemente dirigidos por Banks), sino que esta vez no se limitan al escenario, incorporando canciones narrativas, como la serenata en barca que dedica Rebel Wilson (con diferencia la peor cantante de la película) a Adam DeVine, y temas originales, como la mencionada “Flashlight”. Los momentos más estelares siguen teniendo lugar en las competiciones, pero no extrañaría que la progresión natural de la saga llevara la tercera parte por la senda del musical de Broadway (sería una buena forma de evitar o enmascarar el estancamiento en la misma fórmula).

En cuanto al humor, Aún más alto repite chistes y gags de la primera y explota las señas de identidad de sus personajes, en cierto modo haciendo que todo pierda un poco de magia. Hay muchas bromas que no llegan, especialmente las que protagoniza Flo, la latina (hondureña concretamente) que, como Sofía Vergara en Modern Family, perpetúa/se ríe de los estereotipos asociados con los inmigrantes hispanoamericanos en Estados Unidos (no es que sea ofensivo, es que no tiene mucha gracia). Este es uno de los recursos principales del guión, que a través del tronchante personaje del comentarista John Michael Higgins, se ríe de todas las razas y nacionalidades, y carga con especial inquina contra las mujeres. Pero sería absurdo acusar a Pitch Perfect de intolerante (lo saco a colación porque ya lo he leído en varios sitios), sobre todo porque el objeto de la burla es el propio personaje de Higgins (caricatura del republicano machista, misógino y racista), y por extensión, el ala conservadora de Norteamérica (“Todo el mundo nos odia”, reconoce el personaje de Elizabeth Banks, fantástica como siempre). El libreto vuelve a estar escrito por Kay Cannon, una de las guionistas de 30 Rock, serie conocida por no dejar títere con cabeza y satirizar la obsesión de Estados Unidos con la corrección política y la doble moral (Banks sabe mucho de esto porque interpretó a la ultra-conservadora y ultra-americana Avery Jessup en la comedia de Tina Fey). Además, Aún más alto es una película esencialmente feminista e inclusiva (y muy orgullosa de ello, “¡Somos un grupo de mujeres racialmente diverso!”), por lo que se puede permitir este tipo de humor corrosivo sin que se deba poner en duda su ideología.

Banks Higgins

Pero dejando a un lado estas cuestiones polémicas, Dando la nota: Aún más alto cumple con creces su cometido como película. Divierte, emociona, atrapa con sus espectáculos musicales y lo hace transmitiendo valores de compañerismo femenino en un contexto de competición sin caer en la moralina (en sus hilarantes encontronazos con la líder alemana del equipo rival de las Bellas, Beca no puede insultarla, solo elogiar su perfección como espécimen humano), y sin enfrentar al género opuesto en ningún momento (la representación masculina está en buenas manos con los encantadores DeVine y Skylar Astin). Aún más alto nos devuelve a los personajes de los que nos enamoramos hace tres años, estrecha los lazos que hay entre ellos (atención a la adorable escena en la tienda de campaña), y nos recuerda por qué queremos que triunfen en todo. Banks y Cannon han conseguido aumentar la dimensión humana de las Bellas, conservando la dulzura, el carisma y la locura que las caracteriza, en una película que ante todo es una celebración por todo lo alto de la hermandad femenina.

Valoración: ★★★½

Crítica: Begin Again

(L-R) KEIRA KNIGHTLEY and MARK RUFFALO star in BEGIN AGAIN

En 2006, una pequeña película rodada con dos duros provocó que cientos de miles de espectadores en todo el mundo desarrollaran una relación idílica y romántica con el cine y la música durante un tiempo. El musical indie Once, sueño húmedo de euro-dreamers, se convirtió en uno de los sleepers de 2006, gracias a su combinación de romanticismo “alternativo” y su melomanía de factura youtubera. Aquella película enamoró, literalmente, a muchos espectadores, que con ella descubrieron otro tipo de musical, uno íntimo y despojado de ornamentos, que en lugar de celebrar el espectáculo ensalzaba la importancia del proceso de composición musical, y lo utilizaba para contarnos cómo se enamoraban los protagonistas.

Su director, el dublinés John Carney, recupera esta idea para realizar Begin Again, una suerte de nueva versión de Once con presupuesto más elevado, reparto de estrellas y con la Gran Manzana como nuevo escenario. Begin Again es la historia de Gretta (Keira Knightley), una compositora británica que vive en Nueva York a la sombra de su prometido, Dave (Adam Levine), que está inmerso en pleno proceso de transformación en una gran estrella de la música gracias a su participación en una exitosa película (como la vida misma, que diría Carney). Una noche, durante una actuación en un bar del East Village, Gretta es descubierta -muy a su pesar- por el presidente de un sello discográfico, Dan (Mark Ruffalo), que le propone grabar un disco con él al margen de las majors, y de la ley, reclutando músicos amateur, familiares y amigos, y con distintas localizaciones de la ciudad de Nueva York como estudios de grabación improvisados para cada canción.

Cartel BEGIN AGAINBegin Again es una película tan común y predecible como reconfortante y universal, un dulce que no amarga a nadie, vaya. El filme despierta simpatía a base de buenas actuaciones, y echando mano de lugares comunes siempre complacientes -como el del padre ausente que conecta con su hija adolescente (Hailee Steinfeld, cómo no). Carney utiliza la misma fórmula que en Once, para presentarnos un romance en este caso mucho más soslayado que el de Guy y Girl, uno que lleva por derroteros inesperados, sobre todo en su desenlace. Lo queramos o no, Begin Again acaba calando a base de buenas intenciones, y sobre todo gracias a un notable casting y unas interpretaciones que rebosan química y naturalidad (los actores están tan cómodos, que a veces dejan de actuar y se limitan a disfrutar el momento). Keira Knightley rebaja sus cotas de histrionismo (sigue siendo la misma histérica de siempre, pero a menor escala), Mark Ruffalo está idóneo en el papel de rufián encantador (aunque necesite ir al logopeda urgentemente), y Adam Levine, líder del grupo Maroon 5, sorprende en su primer papel importante con una actuación que da con las notas adecuadas, fluctuando acertadamente entre la parodia y la humanidad a la hora de dar vida a su personaje.

Curiosamente, lo menos cuidado de la película son las canciones. Melódicamente funcionan, se quedan en la cabeza, y cumplen su propósito de acompañar emocionalmente a la historia y los personajes, pero fallan estrepitosamente las letras (subtituladas en su versión en castellano, claro está), que parecen haber sido escritas viendo la tele, tremendamente cursis y facilonas, incluso ridículas, tanto que en ocasiones uno se pregunta si estamos ante un elemento paródico. Se salva la inspirada pieza central de la banda sonora, la balada “Lost Stars“, interpretada por Levine. Aún con todo, la música está siempre en el corazón del relato, nos da las mejores escenas (la ruptura de Gretta y Dave, el paseo nocturno compartiendo iPod, la emocionante última grabación en la azotea) y marca el tempo de manera que Begin Again no tiene un solo bajón de ritmo, logrando la hazaña de componer el equivalente a un “disco” sin relleno innecesario. Carney no arriesga en ningún sentido, se limita a mantenerse en su elemento y repetir lo que se le dio bien una vez, incluyendo tímidamente varias reflexiones sobre el estado de la industria discográfica, pero nada más. Lo importante de Begin Again es tanto su relación como la de los personajes con la música, y cómo estos la utilizan para comunicarse y refugiarse, para curar heridas y mirar hacia el futuro. El resultado es una película tremendamente cálida y acogedora que despertará en más de uno la necesidad de perseguir un sueño.

Valoración: ★★★

Crítica: 3 días para matar

Kevin Costner 3 días para matar

Está claro que Kevin Costner está deseando encontrar el comeback perfecto para reubicarse en Hollywood como el héroe de acción entrado en años que estaba llamado a ser. Lo hemos visto recientemente como padre de Clark Kent en El hombre de acero y como supervisor de Chris Pine en la fallida Jack Ryan: Operación sombra. Pero lo que a él le hacía falta no era un personaje comparsa o de mentor, sino protagonizar su propio thriller. Para cumplir esa función llega 3 días para matar (3 Days to Kill), comedia de acción dirigida por McG (Los ángeles de Charlie) y basada en una historia original de Luc Besson, que además co-escribe el guión.

3 días para matar tiene el sello Besson en cada uno de sus planos (torpemente montados, por cierto). En ella se respira su peculiar sentido del humor, que se ajusta como anillo al dedo a ese subgénero del cine de acción protagonizado por hombres duros y letales haciendo Cartel 3 días para matarmonerías y/o rudos cowboys americanos chocando con toda persona y cultura con la que interactúen. Ese es a grandes rasgos Ethan Renner (no se me ocurre nombre más idóneo para un personaje así), agente de la CIA cincuentón que descubre que tiene un tumor cerebral y le queda poco tiempo de vida. Esta noticia le lleva a aceptar una misión suicida supervisada por una femme fatale –Amber Heard demostrando una vez más que no tiene talento-, a la vez que intenta reconectar con su hija adolescente, interpretada muy correctamente por Hailee Steinfeld, protegiéndola durante la ausencia de su madre, la noventera Connie Nielsen. Después de conocer el argumento, debemos plantearnos eso de “historia original”. 3 días para matar se columpia constantemente entre la comedia familiar, el espionaje y el melodrama sentimentaloide sin escatimar en clichés. Pero el pastiche, por muy tópico que sea, cumple su función a las mil maravillas.

3 días para matar es sorprendentemente divertida y emocionante, y está llena de chistes y gags eficaces y algún que otro momento de acción trepidante (que a ratos recuerda a Crank, salvando las locas distancias), contribuyendo a un ritmo más que agradecido. Aunque navegue constantemente en las peligrosas aguas de la inverosimilitud y se pase un poco con el almíbar, se mantiene a flote gracias a ese tono paródico con el que Besson impregna todo lo que toca -y, todo sea dicho, que no siempre le da buenos resultados, como hemos visto recientemente en Malavita. Costner está espléndido como héroe gruñón, y muy convincente como padre arrepentido y sobreprotector (la química con Steinfeld es indudable). El actor de Bailando con lobos no es ningún virtuoso, pero su talento suele infravalorarse. En 3 días para matar, Costner domina perfectamente su rango interpretativo, y explota con precisión su galantería, ternura o aspereza dependiendo de la situación o la compañía. El resultado es un personaje tan carismático como cercano con el que es fácil simpatizar, y al que seguimos con gusto a través de un filme con aroma inconfundible a cine de acción de los 90, donde Besson parece vivir eternamente.

Valoración: ★★★

 

Crítica: El juego de Ender (Ender’s Game)

ENDER'S GAME

Intentar adaptar al cine una novela muy querida es un acto temerario que, de salir adelante, se enfrentará sí o sí a la ira de una fracción del colectivo de fans de la obra en cuestión. Es el caso de El juego de Ender (Ender’s Game), el famoso libro de ciencia ficción escrito por Orson Scott Card hace ya casi tres décadas. El proyecto cinematográfico basado en la novela lleva muchos años intentando salir a la luz. La dificultad de trasladar a la pantalla la carga filosófica y los pensamientos de su protagonista, Ender Wiggin, hacían que el propio autor considerase que la novela era intraducible al lenguaje cinematográfico. Hasta ahora. Después del largo y tortuoso camino, El juego de Ender llega por fin a su destino: los cines de todo el mundo. Yo no he leído la popular novela de 1985 que adapta la cinta de Gavin Hood (realizador de X-Men Orígenes: Lobezno), por lo tanto mi perspectiva es la de espectador de cine que valora la película por sí misma, y no como adaptación.

Dicho esto, quizás el mayor problema de El juego de Ender sea precisamente que, aunque no se esté familiarizado con el material de referencia, salta a la vista en todo momento que la historia de Ender Wiggin ya ha sido contada anteriormente, y estamos asistiendo a una versión condensada de la misma. A pesar de que Hood realiza los pertinentes cortes para ajustarla al metraje de dos horas, o quizás por ello, su película adolece de un extraño sentido del ritmo, causado indudablemente por la dependencia de la novela. El comienzo del film transcurre de manera precipitada, sin aportar suficiente información (la exposición es confusa y falta contexto), sin dar tiempo para que los personajes (sobre todo el protagonista) se asienten en el relato antes de dar comienzo la acción. Por el contrario, una vez Ender llega a la Escuela de Batalla, asistimos a numerosos pasajes en los que el tiempo se dilata en exceso haciendo que la película parezca una eterna introducción.

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Con El juego de Ender, Hood intenta levantar un puente entre la ciencia ficción más sesuda y el entretenimiento puro, obteniendo un resultado irregular. La película es un lustroso y espectacular sci-fi militar protagonizado por niños del que subyace una estimulante y ocasionalmente provocadora reflexión sobre la guerra (precisamente por la edad de los cadetes). El apartado técnico y visual es sobresaliente, los efectos digitales consiguen que algunas escenas en la Sala de Batalla dejen sin aliento, y el niño protagonista, Asa Butterfield, hace un trabajo soberbio con su personaje, sacando máximo provecho de la logística en la que se desenvuelve (atención a la impactante escena en las duchas); no así el resto de personajes, bastante desdibujados, en especial los adultos (Harrison Ford y Viola Davis pasaban por ahí). Sin embargo, a El juego de Ender le cuesta mucho mantener el interés y se pierde en incontables escenas de entrenamientos y simulacros que, a pesar de cumplir su función de mostrarnos la superdotada psique de Ender, lastran inevitablemente la narración.

Se nos recuerda constantemente que “hay que estar preparado para cuando llegue la batalla real“, dejando claro en todo momento que El juego de Ender no es una cinta de acción al uso, y que lo importante no es la batalla en sí, sino la mente de Ender, y su apasionante proceso de aprendizaje. Pero no es suficiente. El polémico final de El juego de Ender justifica todo lo ocurrido hasta el momento, y mediante un genial golpe de gracia, aporta una nueva e interesante perspectiva que aumenta su valor de revisionado (quizá esta sea una de esas películas que mejoran cuanto más se ven). No obstante, un gran desenlace como el de esta película puede justificar su estructura en mayor o menor medida, pero no compensa la mala gestión narrativa con la que se ha acometido la historia. Por esta razón, aunque no hayamos leído la novela, al final no podemos evitar plantearnos si adaptar El juego de Ender fue una buena idea.

Valoración: ★★★