Review Express (Semana 22-28/09/14) – Premiere Week!

Poneos cómodos en el agujero del sofá con la forma de vuestro culo. Ya ha llegado ese momento del año otra vez. El verano se acaba, los días se hacen más cortos y las series más largas. El panorama estival televisivo, otrora desolador y hoy en día algo más interesante, da paso al estreno de un centenar de series nuevas y al regreso de aquellas que sobrevivieron a la temporada anterior. La Premiere Week finaliza hoy (aunque quedan muchas series por empezar/volver), y ha sido intensa, como siempre. Sin embargo, este año he decidido no hacer especial de pilotos. En primer lugar, porque me consume muchísimo tiempo que prefiero dedicar a otras series y películas, y en segundo lugar, porque este año he adoptado otra filosofía: no ver (y por tanto no hablar de) todas las series cuyo destino está en la cuerda floja, y podrían durar 3 semanas. Creo que lo mejor es dar un poco de tiempo a la temporada para que la parrilla vaya tomando forma y sepamos cuáles son las series en las que merecerá la pena invertir nuestro tiempo. Claro que me he atrevido ya con unas cuantas (Gotham, Red Band Society, The Mysteries of Laura…), pero no les dedicaré entradas hasta que lleven al menos cuatro capítulos (al menos a Gotham, porque Red Band Society probablemente caiga antes y esa tortura que es The Mysteries of Laura la va a aguantar su madre, y Daniel Écija).

Lo que sí he hecho esta semana es disfrutar del regreso de todas las series de otoño que sigo, y de esas he venido a hablar hoy aquí. Aunque me consta que existen bestias seriéfilas que lo ven todo, todo y todo, yo no sigo todas las series de network, así que lo que os dejo a continuación es una tanda de mini-reviews de “mis” series. Por eso, os animo a que vosotros completéis este primer “Review Express” de la temporada 2014-2015 con vuestras propias mini-reseñas sobre las series que yo no cubra. Sin más dilación, os dejo con mi opinión sobre los regresos de mis series de otoño (cuidado, spoilers):

 

Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D. (2×01)

SHIELD Shadows

Está claro que con “Shadows”, Agents of S.H.I.E.L.D. parece estar (in)augurando una temporada más oscura y compleja. Lo dice Coulson explícitamente durante el episodio: “go dark” (declaración de intenciones donde las haya). A pesar de que la serie vuelve a incurrir en los errores de siempre y sigue sin cuidar esos agujeros de guión que le restan consistencia (la facilidad con la que tropecientos agentes se infiltran en una base de operaciones que oculta artefactos secretos muy peligrosos; el hecho de que el Hombre Absorbente sea encerrado en una jaula de cristal y nadie pensase en que se haría transparente para escapar), Agents of S.H.I.E.L.D. vuelve más segura de sí misma, más dispuesta a arriesgar y, con suerte, a convertirse en adulta sin renunciar a ese aire “infantil” de comic book clásico. Que no hacía falta cargarse a Lucy Lawless tan pronto (¡han matado a Xena! ¡hijos de p—!), vale, pero al menos sabemos que se han dado cuenta de que no hay tiempo que perder. [Esto es un fragmento de la review completa del 2×01 de S.H.I.E.L.D., que podéis leer aquí].

 

Awkward. (4×12)

La comedia teen de MTV dejó su cuarta temporada a medias para descansar este verano, y regresa (supuestamente) con las pilas cargadas, y (aparentemente) buscando una nueva dirección para este Senior Year que se inaugura. El primer episodio de la temporada, “Finals” retoma las cosas donde las dejó aquel ajetreado viaje escolar a la nieve de “Snow Job” (el único realmente bueno de la 4A), es decir, con Eva embarazada y Matty en las fauces de su mantis religiosa. Hasta el final del episodio, las cosas no han cambiado demasiado en Awkward.: los (cada vez más insoportables) monólogos de Jenna y su vaivén entre un rompecorazones y otro, las (cada vez más irritantes) intervenciones de Tamara (lo siento, te has pasado de moda), la (siempre infalible) mala hostia de Sadie, el patetismo de Jake… Por suerte, lo que sí cambia al final de “Finals” es la (simplemente implausible) ceguera de Matty con respecto a Eva. Al fin el jock adorable, que estaba perdiendo todo su encanto y convirtiéndose en un capullo redomado, se da cuenta de que está durmiendo con el enemigo, y echa a la psicópata rubia de su lado (“You’re a fucking horrible person, Amber” *aplausos*), y (que sea cierto, por favor) de la serie. Es todo muy precipitado y no entendemos por qué no ha pasado antes (supongo que porque algún cliffhanger había que poner), pero es lo que le hacía falta a la serie. Con Eva fuera de la ecuación, espero que este último año en el instituto de Awkward. se centre en lo que importa (el futuro de los personajes), y se deje de tramas de telenovela venezolana. Desafortunadamente, Ming sigue desaparecida en combate.

 

The Good Wife (6×01)

The Good Wife The Line

Ya sabéis que me he pasado todo el verano viendo The Good Wife, poniéndome al día para seguir la sexta temporada con vosotros. ¡Lo conseguí! La quinta fue tan intensa, cambiaron tantas cosas, y arriesgaron tanto, que uno se preguntaba cómo empezaría esta nueva temporada para seguir subiendo el ya de por sí altísimo listón. Pues lejos de optar por la calma tras la tempestad, “The Line” inaugura temporada con un gran Bang!: Cary arrestado enfrentándose a una posible condena de 12 años en prisión por tráfico de drogas. La temporada ha arrancado de forma inmejorable, todas las tramas siguen desarrollándose y entrelazándose sin síntomas de agotamiento. Es más, todo lo contrario. Diane incorporándose a Florrick/Agos, la (todavía lejana) posibilidad de que Alicia se presente a Fiscal General del Estado, los demonios David Lee y Louis Canning en pie de guerra. Todas estas tramas parecen augurar una primera recta de temporada cargadita de acontecimientos, como siempre. Me alegra comprobar que, tras cinco temporadas, The Good Wife sigue con su trayectoria ascendente y tiene cuerda de sobra para otro excelente año, pero lo que más me ha gustado de este “The Line” son dos cosas en concreto: primero, que Cary esté por una vez en el ojo del huracán -siempre me ha parecido el personaje más desdibujado y desaprovechado, y ha sido una muy buena idea centrar el episodio en él; y segundo, por fin los negocios de Bishop traen consecuencias para los abogados -hay pocos personajes secundarios de esta serie que me aburran, y Bishop es uno de ellos. Llevamos cinco temporadas viendo cómo Lockhart/Gardner arriesga representando al mayor capo de la droga de Chicago, y ya era hora de que (recordando el mejor capítulo de la serie hasta ahora) la mierda golpease el ventilador. Ya estáis acostumbrados de sobra, pero agarraos, que vienen curvas.

Una última cosa: ¿Cómo lleváis vosotros la era post-Will? Finn Polmar is no Will, pero es un buen personaje, y The Good Wife tiene armas de sobra para superar la pérdida, pero el vacío sigue siendo brutal.

 

Grey’s Anatomy (11×01)

Grey's 11x01

Once años no es nada. Urgencias tuvo 15. El primer gran éxito de Shonda RhimesGrey’s Anatomy, vuelve con su ¡¡undécima temporada!!, y lo hace con un reto bastante complicado: sobrevivir a la marcha de su mejor personaje, Cristina Yang. Y mal vamos cuando el espectador tiene la sensación de que le están intentando meter a la fuerza por la garganta una sustituta. La Dra. Pierce no es Cristina Yang, y sobra, directamente sobra. Y no solo porque haga que el vacío que deja Yang sea más grande, sino porque además supone la repetición del conflicto “Meredith de repente tiene una hermana de la que no sabía nada” que ya vivimos con Lexie. Hablar de síntomas de agotamiento a estas alturas de la serie es innecesario (¿recordáis cuando Grey’s era un fenómeno cultural?), pero Pierce es el indicio definitivo de que Grey’s debe morir. Ahora sí. No piensa así Rhimes, claro, sobre todo después de arrasar en los índices de audiencia este jueves con las tres series de su productora Shondaland. Ella siempre ha creído que Grey’s tiene cuerda para muchos años más, pero sus exhaustos personajes no nos dicen lo mismo. Es cierto que sigue habiendo muchos, que se las arreglan para que la relación MerDer (con la que empezó la serie) siga dando juego, y que Alex también es la “persona” de Meredith (como nos recuerdan en el capítulo “the only ones left”), pero casi todos estamos en esto por inercia, por terquedad, por acabar lo que hemos empezado. Y deberíamos hacer un pacto, Shonda, sus actores y su audiencia, para decidir que se ha acabado. “I Must Have Lost It in the Wind” no es un mal inicio de temporada, es más, es un episodio bastante sólido (menos esos vergonzosos cromas a lo OUAT en el helipuerto del Grey/Sloan), pero pensar en que nos esperan como mínimo 21 episodios más… Bueno, mejor no pensarlo y confiar en que Shonda tenga, como siempre, unos cuantos ases en la manga.

 

The Mindy Project (3×01-02)

The Mindy Project 3x01

La comedia de Mindy Kaling se adelantó una semana a sus competidoras, y por tanto este martes hemos visto el segundo capítulo de la temporada. Y lo hemos visto yo, un amigo, Mindy, y quizás su madre. Porque todo apunta a que este año se le va a acabar el chollo a la actriz, ya que Fox no levanta cabeza, y tanto esta como New Girl se han hundido en las audiencias, incluso más que el año pasado (que ya estaban rondando el “bajo 1.0”). En fin, disfrutemos de The Mindy Project mientras dure. De momento, la tercera temporada ha arrancado con dos buenos episodios. Como ya vimos el año pasado, Kaling por fin le cogió el tranquillo al tono de la serie y su personaje, haciendo que Mindy Lahiri fuera más likeable y apoyándose más en el componente romántico (os lo conté en este artículo, “Cuando Mindy encontró a Danny“). Así, los dos primeros episodios de la temporada se centran en su relación con Danny. Felizmente monógamos, Mindy y Danny ya han atravesado la primera etapa del emparejamiento, la del “ahora sí, ahora no”, y son definitivamente un item. Así que ahora toca la fase de conocerse a fondo en el entorno doméstico, de lidiar con sus respectivas familias, y descubrir los secretos más oscuros de cada uno. Y eso es justamente lo que vemos en “We’re a Couple Now, Haters” y “Annette Castellano Is My Nemesis“. Los dos episodios han estado repletos de buenos momentos, pero si algo nos han demostrado es que Danny Castellano es probablemente uno de los mejores personajes de la televisión actual, y probablemente el paradigma del hombre perfecto. Él es la verdadera estrella de The Mindy Projecty Chris Messina merece todo el reconocimiento del mundo por interpretar con tanta humanidad y cariño a este hombre tan imperfectamente perfecto. Y bueno, para terminar, dos palabras: Diamond Dan.

 

Modern Family (6×01)

Modern Family The Long Honeymoon

Después de llevarse por quinta vez el Emmy a Mejor Comedia, Modern Family vuelve con un reto (que yo le pongo): demostrar, aunque sea de forma retroactiva, que merece el desproporcionado reconocimiento de la Academia. Por eso, esta sexta temporada se tiene que poner las pilas, porque la anterior fue bastante irregular, y mostró muchos síntomas de agotamiento (todos sabemos que la quinta temporada es cuando una serie formulaica como esta empieza a cansar de verdad). Bueno, con “The Long Honeymoon” empezamos bastante bien, la verdad. El nivel de los gags es notable (todo lo que tiene que ver con la extraña e incómoda trama de los Happy Dunphys), el humor físico genial (el recortable de Cam y Mitch, las imágenes de la webcam de Haley), el ritmo impecable, la puesta en escena y “coreografía” brillante, y los personajes conservan su chispa intacta (cada día más enamorado de Sarah Hyland). Y además, Modern Family regresa con un sutil pero importante cambio: ¡la cámara casi no se mueve! Quizás solo sea cosa del estreno, pero parece que han abandonado ligeramente el formato mockumentary (tampoco hay apenas zooms, y los que hay son muy leves). No me preguntéis por qué, pero es algo que siempre he visto innecesario. Una fachada de modernez para lo que todos sabemos que es una sitcom clásica y tradicional. Así que por mí que siga así toda la temporada. Por último, y en relación a lo que acabo de decir, hay una trama en “The Long Honeymoon” que huele, como de costumbre, a ultra-conservadurismo: Gloria reconociendo que se viste explosiva para Jay, y dando a entender que esto es poco más que un “deber”, y Jay recriminándole que en realidad lo hace para ella. Es cierto que Gloria le pide lo mismo a Jay, que se vista elegante para satisfacerla, lo cual imprime una (cuestionable) sensación de igualdad. Pero al final, no es más que una manera de defender la idea de que una mujer como Gloria debe vestir así para su marido, no para ella, y desde luego no para otras personas. No sé cómo lo veréis vosotros, pero a mí estas cosas siempre me hacen que vea Modern Family con otros ojos, aunque sea momentáneamente.

También han vuelto Scandal, New Girl, Nashville, Revenge, The Big Bang Theory, Sleepy Hollow… Contadnos qué os han parecido los inicios de temporada de vuestras series.

Un último baile por las Twisted Sisters

Meredith Cristina

Son mucho más que mejores amigas. Son mucho más que hermanas. Y no las llaméis BFF que probablemente te morderán (o te mirarán como en la foto de arriba). Meredith Grey y Cristina Yang son sus personas. O sea, Mer es la persona de Cristina, y Cristina es la persona de Mer. Desde el primer “You’re My Person” de Anatomía de Grey, estos dos personajes se han afianzado como el principal pilar de la serie de Shonda Rhimes, y su fascinante amistad una de las constantes que la han sostenido todos estos años. Este concepto del “my person” se empezó a utilizar para definir una amistad que trascendía los límites de la normalidad, una relación de dependencia absoluta que sin embargo se basaba en el respeto mutuo del espacio personal y los particulares caracteres de cada una. Meredith y Cristina se convirtieron en las Twisted Sisters porque no eran las mejores amigas al uso. Podían ser bullies cuando se lo proponían, eran conscientes en todo momento de cuándo se estaban engañando para ayudarse, pero lo hacían porque formaba parte de su contrato. Se mantenían los pies en la tierra la una a la otra, y ofrecían apoyo incondicional, sin ningún tipo de juicio. No importaba lo equivocado de una decisión o el error cometido, Meredith y Cristina se apoyaban la una en la otra, y el mundo tenía más sentido.

Anatomía de Grey se convirtió en un fenómeno de masas en sus primeras temporadas gracias a su excitante combinación de drama médico, comedia de amigos y romance. Durante sus primeros años en antena, la serie era famosa por los líos amorosos de sus protagonistas, que en apenas tres temporadas ya habían agotado todas las posibilidades de emparejamiento. Mucho ha cambiado desde entonces. A día de hoy, Grey’s sigue apoyándose fuertemente en la “anatomía” de sus personajes, corazón y entrepierna a partes iguales. Pero después de una década en televisión, la serie de Shonda Rhimes ha sabido dejar atrás su hormonada adolescencia para centrarse en otras diatribas mucho más adultas: el matrimonio, la paternidad, el futuro, las encrucijadas profesionales, y la supervivencia del amor a mil y una catástrofes (literales en el caso de esta serie). Y la clave de la Anatomía de Grey madura está justo ahí, en la supervivencia. La de las parejas que siguen luchando por mantenerse a flote a pesar de los reveses del destino (Arizona y Callie), la del matrimonio más estable y compenetrado de la televisión (Meredith y Derek), la de los novatos que compiten encarnizadamente para permanecer en el hospital y salvaguardar su futuro profesional. Y la de la inquebrantable amistad entre dos mujeres que comenzaron el camino hombro a hombro y han seguido, inevitablemente, itinerarios distintos.

Mer Cris

Después de nueve temporadas de estabilidad (no exenta de baches, pero ninguno lo suficientemente alto), las Twisted Sisters han encontrado la horma de su zapato en esta décima temporada de la serie que acaba de tocar a su fin. Aunque sabían que era algo que tenía que ocurrir tarde o temprano. En realidad, su distanciamiento, por muy feos momentos que nos haya dejado este año, ha sido como el de dos amigas (o amigos) adolescentes que llevan toda la vida entonando el “siempre estaremos juntos”, y cuando termina el instituto se dan de bruces con la realidad: No podemos estar siempre juntos. Nuestros intereses, nuestras relaciones, nuestros sueños nos acaban separando y bifurcando nuestras trayectorias. En “Fear (of the Unknown)” (10×24) Meredith y Cristina se separan como las amigas que se marchan a universidades en costas opuestas, aceptando que tan importante como la supervivencia es el sacrificio. Queremos pensar que su dependencia mutua y la preciosa promesa “You’ll always be my person” servirán para que, una en Seattle y otra en Suiza, sigan siendo las Twisted Sisters, para siempre. Pero por experiencia propia sabemos que esta idea es sostenible solo durante un tiempo.

Dejando esta pesimista idea a un lado, “Fear (of the Unknown)” fue un sentido homenaje al que ha sido sin duda el personaje más consistente y laureado de Anatomía de Grey, y a la mejor actriz de la serie, Sandra Oh. A Meredith, protagonista odiada durante sus primeras temporadas, el público ha aprendido a entenderla, a quererla, y se ha convertido con el tiempo en una heroína alternativa (“dark & twisty”). Y por la misma razón que Meredith se ganó el rechazo de los espectadores, porque a nadie le gusta un personaje débil e indeciso, Cristina Yang ha sido, desde el principio de la serie en 2005, el personaje más admirado de Anatomía de Grey. Por su fortaleza, sus férreas convicciones, su condición de “tiburón” -no había nada como ver a la competitiva de Yang dando caña-, y también porque era la que aportaba las notas de humor más geniales. A Cristina la hemos entendido siempre, y por eso la hemos respetado, y hemos apoyado sus decisiones (aunque hayan conllevado renunciar a un amor genuino que en el fondo queríamos para ella).

Y por eso duele tanto decirle adiós, y nos afecta tanto ver a las dos amigas despedirse con lágrimas en los ojos. No solo porque con su marcha ya solo nos quedan dos miembros del m.a.g.i.c. (el grupo original de interns), sino porque ella era, junto a Meredith, lo que hacía que Anatomía de Grey siguiera funcionando después de tanto tiempo. En “Fear (of the Unknown)” obtenemos la clausura más perfecta para el personaje (se marcha a dirigir su propio hospital en Europa), en una trama que no obstante debería haber formado parte del final de la serie. Meredith se nos queda huérfana, y aunque Alex sigue ahí (y con él mantiene una amistad muy parecida a la que tiene con Cristina), ya no es lo mismo. Anatomía de Grey tendrá undécima temporada, y el reparto ha firmado para una posible duodécima entrega, pero la Era Grey-Yang ha llegado a su fin, y con ello, de alguna manera -y a pesar de que todavía somos muchos los valientes que seguimos adelante-, es como si terminara la serie. Así que aguantad el llanto y coged del brazo a vuestra persona. Bailemos por última vez con Meredith y Cristina y celebremos una de las amistades más ‘retorcidamente’ sólidas que nos ha dejado la televisión.

#FarewellCristina

Anatomía de Grey – “Puttin’ on the Ritz” (Episodio 200)

Puttin on the Ritz

“It’s time to put on makeup, it’s time to dress up right, it’s time to get things started on the Muppet Show to— crap!”

Incluso si le preguntamos al fan más acérrimo de Anatomía de Grey si cree que la serie debería acabar ya, probablemente responderá que sí. El drama médico de Shonda Rhimes alcanzó el jueves pasado uno de los hitos más imposibles de la televisión en prime-time: el episodio número 200. “Puttin’ on the Ritz” (10.04) fue una celebración (literalmente) de los nueve años en antena de una de las series clave del nacimiento de la nueva época de esplendor en la televisión norteamericana. Después de tantos episodios, con mil y una muertes y más catástrofes y calamidades de las que el espectador puede procesar, Anatomía de Grey sigue disfrutando de excelentes índices de audiencia (sobre todo teniendo en cuenta lo mal que andan últimamente para todas las cadenas) y el favor de uno de los públicos más fieles. Sin embargo, el éxito prolongado de la serie no es suficiente para acallar al sentido común. Y este nos dice que Anatomía de Grey debería concluir pronto.

“Puttin’ on the Ritz” no es el gran episodio que debería haber sido, pero sí representa a las mil maravillas lo que es, y sobre todo lo que fue, Anatomía de Grey. Los doctores del Seattle Grace, ahora Grey Sloan Memorial, visten sus mejores galas para asistir a una gala benéfica a favor de la reconstrucción del hospital después del enésimo Apocalipsis que tuvo lugar al final de la novena temporada. Giles dijo que había una Boca del Infierno en Cleveland, y a Shonda Rhimes se le ocurrió que Seattle no iba a ser menos. El episodio 200 es así un regreso a los orígenes, el recordatorio de lo que hace tiempo fue una serie que comenzaba con esta cabecera. Batas azules, vestidos y tacones altos. Bisturíes y copas de champán. Camillas para pacientes y para doctores cachondos. McDreamy de esmoquin. Una gran fiesta como las de antaño (concretamente como la prom de “Losing My Religion”, episodio mítico de la segunda temporada), en la que todo puede ocurrir. La diferencia es que, aunque Anatomía de Grey sigue apoyándose principalmente en las relaciones amorosas de sus protagonistas, hay otras fuerzas mayores en juego, y la sensación ya no es la misma, para bien o para mal.

A pesar de seguir recurriendo a un repertorio fijo de tramas y reciclajes varios, Anatomía de Grey ha sabido evolucionar y mantenerse a flote, y “Puttin’ on the Ritz” sirve para demostrarlo. Ya no es lo mismo, pero lo que es ahora no está mal tampoco. El episodio 200 es una bola de cristal en la que una aparición de Izzie o George no habría estado fuera de lugar (al margen de que una sea gilipollas y el otro esté muerto), y con la que parecen decirnos “mira cómo éramos, cuánto hemos cambiado”. Las referencias a las icónicas primeras temporadas se suceden una detrás de otra a lo largo del capítulo. Avery, ahora presidente de la junta de directores del Grey Sloan incentiva a sus compañeros para que compitan a ver quién recauda más donaciones. Regresamos así a los días en los que los interns luchaban encarnizadamente por cirugías y oportunidades para brillar. Cristina lo recuerda con nostalgia (no sé qué vamos a hacer sin ella): “Es como cuando éramos residentes. Robando operaciones. Jugando sucio. Ya no puedo hacer ese tipo de cosas”. Se acuerda así de sus días como “tiburón” (ella sigue siéndolo, pero ya no muerde como antes porque no le hace falta) y nosotros hacemos balance del largo viaje personal y profesional que tanto ella como Meredith, Alex y los demás han vivido.

Meredith Grey 10x04Los casos médicos de “Puttin’ on the Ritz” desprenden también un aroma inconfundible a Classic Grey’s (que es igual que decir “lo mismo de siempre”): la fractura de tibia en medio de un espectáculo de contorsionismo, el paciente racista que plantea los más complicados dilemas morales (nada como aquel asesino interpretado por Eric Stoltz), el propio miembro del equipo que se debate entre la vida y la muerte, el padre de uno de los doctores que llega enfermo al hospital. Pero sin duda, el homenaje más significativo que “Puttin’ on the Ritz” lleva a cabo es a Meredith Grey y Derek Shephard, discretos pero sólidos protagonistas que muy a menudo se retiran a un segundo plano para dejar que los demás tomen las riendas de la historia. “Estoy haciendo memoria. Yo, una sala de exámenes y tus bragas pinchadas en un corcho – El baile de fin de curso”. Mer-Der representan todo lo que define a una serie de televisión longeva como esta: lo que permanece estático e inquebrantable, y lo que evoluciona y cambia sin mirar atrás. Y Anatomía de Grey es un constante tira y afloja entre ambas tendencias. Es incansable, ama a sus personajes y no se olvida en ningún momento del espectador al que tanto ha hecho llorar, reír y sufrir. Pero desafortunadamente, no puede evitar que el paso del tiempo, los cambios en el reparto y la repetición le pasen factura. Al final, la conclusión siempre es la misma, y aunque falten chispas, después de nueve años no carece de fuerza. Meredith y Derek, con sus brillantes ojos a la vez tristes y felices, se ponen la bata quirúrgica por encima de sus atuendos de etiqueta, como antes. La pasión por su profesión es lo que los mueve, y esta pasión es lo que sigue dando pábulo a Anatomía de Grey después de tanto tiempo. Grey’s siempre ha tenido muy claro lo que es. On with the show, this is it. Pero no demasiado, por favor.

 

 

Anatomía de Grey 9×06 – “Second Opinion”

Qué alegría que por fin saquen a Arizona de la cama y le cambien un poco la cara (hasta hay amago de sonrisa, o algo parecido). No podía aguantar a Agriazona un solo capítulo más. Lo mejor es que el cambio se introduce de la manera más simpática, con Bailey manipulándola como a un niño pequeño (Chandra Wilson dirige el episodio, por cierto, y he comprobado que cuando lo hace parece que su personaje está más relajado y entrañable). Todo muy desenfadado, buenrollista y hasta semi-emocionante (como toda trama de “volver a andar” debe ser).

Pero lo mejor de “Second Opinion” es sin duda ver a Cristina Yang de nuevo en el Seattle Grace Mercy West. Es decir, verla con el uniforme azul marino. Y sobre todo verla junto a Meredith. Este episodio no ha contado con demasiados momentos entre las dos, pero la temporada acaba de comenzar, así que no nos faltarán. Como era de esperar, Medusa tiene competencia, y los interns caen rendidos ante los dictatoriales encantos de Yang, una figura de mando que despierta odio, admiración y pasión entre sus pupilos a lo largo del episodio. La escena en la que les pone nombres de enanitos es Classic Grey al 100% Hacen falta más momentos como ese en la serie.

Por fin la relación entre Jakson y April parece avanzar. Con la declaración de Avery espero que en los próximos episodios esta historia ingrese en una nueva fase, porque empezaba a cansar verlos en la cama y nada más. Está claro que ambos estarán siempre a la sombra de Mer, Cristina y Karev. Nunca se desharán del sambenito de ser los segundones, los que llegaron cuanto estaba ya repartido todo el pastel, pero eso no quiere decir que no se les pueda dar algo de evolución. Son ya tres temporadas en la serie, ya va siendo hora de hacerles sentir como en casa, y de hacer que a nosotros nos interesen algo estos personajes.

Hablando de secundarios. ¿Escenas exclusivamente dedicadas a los nuevos? No, por favor. Esta serie tiene muchos, demasiados personajes. Menos tiempo en pantalla para los novatos, que no son más que un instrumento para las tramas de los nuevos attending, y más presencia de Hunt, Bailey y los de siempre. Para spin-off de Grey’s ya tenemos (o teníamos) Private Practice.

El final de “Second Opinion” nos devuelve el caserón de Meredith, Villa Intern. Me parece un gran acierto volver a habitarlo con Karev (el nuevo propietario), y Cristina, su inquilina. Será interesante ver la dinámica entre estos dos. Karev siempre ha tenido especial afinidad con Meredith (adoro esa amistad), pero nunca ha conectado tan bien con Cristina. A ver qué sale de este experimento. Espero que muchas risas. Echo de menos esos momentos tan Friends de las primeras temporadas. Estos personajes tienen una química increíble y me apetece verlos desayunar en casa, porque esas escenas suelen ser siempre de lo más divertido de la serie. Merdina y Karev 4ever.

Lo peor de este episodio es que es uno de esos que se mueve por inercia, que es igual que otros cien episodios de la serie y que parece que se ha escrito solo, o un mono del señor Burns con una plantilla. Grey’s de manual, vaya. Los pacientes de la semana son el sopor y el agotamiento personificado, como casi siempre. Lección de humildad para los doctores, historia de superación y autoayuda, todo muy Born This Way, todo muy ZzzzZZZZZzzzzz. Entre eso y los novatos, al menos hay 20 minutos desechables en el capítulo.

Por último, me está resultando mucho más interesante de lo que yo esperaba toda la trama de la demanda por el accidente de avión. Creo que están exprimiendo bien las posibilidades y están aprovechando al máximo lo ocurrido para explorar amistades y relaciones entre estos personajes, algunas de ellas algo estancados desde hace tiempo. Ejemplos: Cristina y Owen, y sobre todo en este episodio Callie y Derek. Seguid así.

Un inciso: estoy desarrollando un girl crush muy serio por Avery. ¿Qué me pasa, doctor?

Anatomía de Grey 9×05 – “Beautiful Doom”

En el episodio de esta semana Shonda aparca temporalmente las tramas de casi todos los doctores del Seattle Grace para centrarse en las dos principales protagonistas de Anatomía de Grey: Meredith y Cristina. Apenas vemos a los demás personajes, que participan casi a modo de cameo. Si parpadeas puede que te pierdas a Jackson. El resultado, como de costumbre, un interesante experimento en el que nos adentramos con dudas y del que salimos con la sensación de haber visto algo ligeramente distinto. Sin embargo, no deja de resultar paradójico, porque todo en “Beautiful Doom” remite de nuevo a las primeras temporadas de Grey’s.

Dejamos los dramas familiares y románticos para volver al quirófano. En este visceral episodio (en todos los sentidos), los pacientes sirven para poner a prueba una vez más la madera de la que están hechas estas doctoras. Se suele relacionar la aburrida y altamente ficticia vida del paciente con el estado emocional del doctor, pero esta vez los pacientes están calladitos y abiertos en canal, como a mí me gustan. Más Urgencias que Grey’s en algunos momentos, “Beautiful Doom” (qué título más acertado) resulta contundente y los momentos azucarados, que los hay (faltaría más), son mucho más sutiles y están mucho mejor diluidos a lo largo del episodio.

Como hemos visto, el capítulo gira en torno a Meredith y Cristina, cada una en una ciudad, pero siempre juntas. Seguimos dando vueltas a su shock postraumático, pero como son ellas, no es tan obvio y melodramático como el de otros personajes (como el de Arizona, que por suerte no aparece en el episodio de esta semana). Es en el último segundo del episodio cuando confirmamos que Meredith ha estado todo este tiempo en fase de negación: “Lexie está muerta”. A lo que Cristina responde con un emotivo y extrañamente cómico: “Todo el mundo está muerto”. Ya sabemos cómo es Meredith. A lo largo del episodio la vemos intentando compaginar su vida laboral con la maternidad, lo que nos remite directamente al principal trauma en su vida: su madre. Pero hay algo más. Meredith echa de menos a Lexie. Apenas nos lo ha demostrado, pero su sobreprotección hacia Zola y, sobre todo, su estado nervioso ante una paciente grave de la misma edad y que muestra las mismas heridas que su hermana nos lo indicaban. Meredith obtiene una segunda oportunidad de salvar a su hermana, y la aprovecha. Por eso “Beautiful Doom” resulta tan efectivo, porque se apoya en los personajes más interesantes y complejos de la serie, y porque nos da a una Meredith nueva (Medusa) sin abandonar a la Meredith de siempre.

Lo he dicho en infinidad de ocasiones, pero lo volveré a decir, porque nunca está de más: la amistad entre Cristina y Meredith no solo es lo mejor de Anatomía de Grey, sino que es una de las mejores relaciones entre personajes que yo haya visto en cualquier serie de televisión. Son el corazón (y la mente) (y la bilis) de Grey’s, y cuantos más minutos tengamos de ellas a la semana, mejor será la serie. Está comprobado. Estamos bastante hastiados de las grandes tragedias y las posteriores temporadas de ‘recuperación’, así que se hacía necesario un catalizador para que Cristina dejase de tener miedo a volar y volviese a los brazos de su mejor amiga, de su “persona”. La muerte del doctor Thomas se veía venir. Y se agradece por lo que conlleva. La escena en la que se desploma durante la operación es Grey’s en estado puro. Cristina sigue operando y salva la vida de su paciente mientras su “Meredith de Minnesota” yace muerto en el suelo. Volvemos a dar vueltas alrededor del tema de siempre: Cristina está destinada a ser grande. Pero con una nueva perspectiva, la de la eminencia jurásica que hace ver las cosas de otra manera a la doctora: “Serás la cirujana de tu generación. Lo vi nada más conocerte. Me gustaría que se me conociera en la comunidad médica como la persona que te entrenó”. Craig hace que Cristina valore su trabajo en el presente, poniendo en su cabeza de nuevo la idea de que un día en el futuro será una leyenda, una de la que otros jóvenes brillantes como ella aprenderán. Cristina ha vuelto (otra vez). Podemos estar tranquilos, las hermanas retorcidas vuelven a caminar juntas.

“Beautiful Doom” es Anatomía de Grey al 100%, un episodio que sabe a nuevo, pero que se apoya completamente en el modelo de las primeras temporadas: rápidos diálogos, tensión en el quirófano con la “How to Save a Life” de turno al fondo, y esos momentos de humor estúpido con los que no sabes si reírte o taparte los ojos hasta que pasen (el baile de 30 segundos para celebrar el éxito de la operación). Este episodio es además la enésima muestra de que Shonda no se cansa de buscar nuevas vías creativas, aunque estas fracasen estrepitosamente: dividir el episodio en dos y mostrar con pantalla partida lo que ocurre en Seattle y Minnesota es buena idea. Crear un eco en las conversaciones por teléfono de Meredith y Cristina NO.

Anatomía de Grey: final de temporada

There’s a reason I said I’d be happy alone. It wasn’t ‘cause I thought I’d be happy alone. It was because I thought If I loved someone and then it fell apart I might not make it.

En lugar de Fuertecito no ve la tele, este blog quizás debería llamarse Fuertecito va a su ritmo. Ayer mismo terminé la séptima temporada de Anatomía de Grey, después de dejarla unos meses aparcada tras el infame episodio musical -mera circunstancia temporal, no motivo de abandono, aunque casi. La serie de médicos egocéntricos y cachondos ha clausurado su séptimo año sucumbiendo en gran medida a los evidentes síntomas de agotamiento que lleva arrastrando desde hace temporadas. Se hace urgentemente necesaria la conclusión de una historia que, sin haber perdido el norte como otras series igualmente longevas, ya no tiene mucho que ofrecer. Lo que queda en este séptimo año de Grey’s es un puñado de personajes sólidos -los supervivientes del Core-5-, y una marea de secundarios simpáticos y atractivos pero prescindibles.

La paulatina conquista del hospital por parte de los nuevos doctores se ha saldado con la pérdida de lo que antaño fueron grandes personajes. Miranda no es ni la sombra de lo que fue, el fuerte carácter de Callie ha sido sustituido por ñoñería insulsa e irritante vulnerabilidad. Solo Meredith, Cristina y Alex, los tres internos originales que permanecen en la plantilla del hospital, se mantienen fieles a su espíritu sin que esto lastre su evolución como personajes. Cuando Meredith lleva el peso del episodio -cosa que rara vez ocurre desde hace años-, la calidad de Anatomía de Grey aumenta. Y cuando comparte escenas con Cristina, se eleva hasta alcanzar sus máximas. Afortunadamente, “Unaccompanied Minor”, el último episodio de la temporada, se centra en las decisiones de ambos personajes con respecto a su futuro. Un futuro, profesional y sentimental, que una vez más pende de un hilo.

Si hay algo que destacar de las últimas temporadas de Anatomía de Grey es que a pesar de que en algunos episodios lo parezca, Shonda Rhimes no se ha dormido en los laureles. Que Derek y Meredith hayan sido una de las parejas más sólidas de la televisión hasta ahora indica que la productora no está siempre dispuesta a tomar el camino fácil, el de las crisis continuas, los habituales cambios de pareja, las infidelidades y las rupturas que para muchos definen la serie.

El piloto automático aparece de vez en cuando, pero la hegemonía de sus personajes sobre sí mismos es ejemplar. Lo que fueron tres años de idas y venidas entre la pareja ¿protagonista? dieron paso a cuatro años de estabilidad que dejaba espacio para otro tipo de conflictos más interesantes, los que profundizaban en la psique de los personajes. De esta manera, hemos visto a Meredith siendo puesta a prueba en multitud de ocasiones, y casi siempre por ella misma -“Stairway to Heaven”-, con el incondicional apoyo de su marido -recordemos su primera boda, la del post-it, una de las escenas más conmovedoras de la serie. Sin embargo, todo acaba. Y así vemos en “Unaccompanied Minor” cómo la paciencia de Derek llega a su límite tras descubrir la enorme irresponsabilidad de la doctora, que pone en peligro su carrera y la de su marido. La firmeza y frialdad de Meredith ante acusaciones e inquisitorios cuestionarios muestra la fuerza y la entereza del personaje, a la vez que convierten estas características en su mayor punto débil a la hora de relacionarse y comprometerse. Meredith Grey puede cambiar, puede dejar de ser dark & twisty, pero siempre será Meredith Grey. Y quizás por esto Owen Hunt la describe como “the one universally liked individual in this hospital” a la vez que la mitad de la audiencia la considera el personaje más insoportable de la serie.

Como mellizas a las que le duele la misma parte del cuerpo aunque no estén juntas, Cristina y Meredith atraviesan crisis paralelas impulsadas por las mismas fuerzas: el límite al que están dispuestas a llegar en su compromiso y lo mucho que deben sacrificar de ellas mismas para hacerlo. El embarazo de Cristina y su determinación a la hora de no seguir adelante con él indica a Owen que por mucho que Cristina Yang lo ame y esté dispuesto a cambiar por él, siempre será Cristina Yang. Y sin embargo, tanto Grey como Yang se derrumban ante la soledad que abrazan con tanta soberbia. Lo que parece autodeterminación e independencia no es sino un mecanismo de defensa. Obviamente. Abandonadas por sus maridos, ambas se refugian en lo más sólido que hay en sus vidas, su amistad.

Meredith: He took off, and the hospital gave me a baby. She’s upstairs sleeping in some dead kid’s porta-crib.
Cristina: Wow. I’m getting an abortion and Owen just kicked me out of my house.
Meredith: What? You’re…
Cristina: Pregnant.
Meredith: And you’re…
Cristina: Getting an abortion.
Meredith: Well… why didn’t you tell me?
Cristina: You had a busy, busy day.

La inquebrantable relación de Meredith y Cristina es quizás lo único realmente reseñable de este final de temporada. El resto de personajes alcanzan los convenientes puntos de inflexión de cara a una nueva etapa, pero los grandes momentos propios de una season finale de Anatomía de Grey brillan por su ausencia. En lugar de eso, las heridas se abren casi sin que nos demos cuenta, y el dolor se nos muestra en brevísimos momentos que pasan desapercibidos: Alex le dice a Lucy “Go to hell”; y Mark golpea duramente a Lexie con “I’m letting you go, Lexie. That means you gotta walk away”. El tumulto interior que provocan las decisiones de los doctores contrasta enormemente con el trágico y espectacular final de la temporada anterior. Y sin embargo posee el mismo poder devastador para todos ellos. “Unaccompanied Minor” trata de amortiguar la tragedia y el drama del episodio con la historia de Teddy y Noel Henry -también conocida como Izzie & Denny 2: más larga y peor-, Miranda y el enfermero -a nadie le importa- y sobre todo, con el accidente de avión convertido en la que es probablemente la trama de pacientes más empalagosa de lo siete años de Anatomía de Grey. Y eso es mucho decir. La serie de Shonda Rhimes prepara su octava temporada sin haber confirmado si esta será la última -Ellen Pompeo y Patrick Dempsey sí han declarado que se marcharán cuando finalice. Lo que podemos esperar del próximo curso en el Seattle Grace es con toda seguridad más de lo mismo. Pero no importa, siempre que siga existiendo ese interés por mantener viva la serie y ese admirable esfuerzo por hacer evolucionar a sus personajes sin sucumbir a las estrategias más complacientes.

Anatomía de Grey, "Suicide Is Painless" (6.18)

Pensamientos fuertecitos sobre “Suicide Is Painless” (ya solo me queda uno para estar al día):

Hay episodios de Anatomía de Grey que se parecen más a la parodia que realizó el programa de humor MadTV hace un par de años que a la serie que tanto admiro y defiendo. “Suicide Is Painless” (el suicidio será indoloro, pero llamar así a un episodio sobre la eutanasia hace bastante daño) hace uso de los tópicos formales y argumentales de la serie de la misma manera que lo hacía su parodia, sin esforzarse un poquito, como es habitual, en darnos algo más. Hasta en una de las escenas me pareció oír la canción que suena en la parodia (que a su vez también es una parodia de las canciones que suelen escucharse en la serie), y me pasé el resto del episodio cantando mentalmente “Why didn’t he text me? Text me? Text me?” Para entender mejor esto que digo, os animo a ver la parodia. Nadie lo podría haber expresado mejor.

Y hablando de las canciones, en este episodio da la sensación de que se les está agotando el repertorio de “Canciones que pegan en Anatomía de Grey, aunque sean una mierda” (esto seguro que lo ponen en Google y sacan las listas para cada temporada), y han tirado de las últimas canciones de la lista, de las que no quisieron poner en ninguno de los episodios anteriores. Las escenas de guerra con canciones Grey de fondo son una cosa rara rara rara. Un desastre, vamos.

Y en relación a esto, debo decir que estas escenas que muestran el pasado del doctor Owen Hunt (versión mejorada de Willie de Los Simpson) en la guerra, además de soporíferas y tremendamente manidas, demuestran que la “sensibilidad femenina” (espero que nadie me odie por esto) desde la que se narra toda la serie no funciona para nada en este tipo de relatos. Aunque quisiera, no podría justificar un pastel así, ni siquiera alegando que “así es Anatomía de Grey“. Por eso creo que no me atreveré nunca a ver Defying Gravity. Hasta yo tengo un límite.

Los casos médicos del episodio siguen la tónica habitual de la temporada: aburrimiento y repetición. Anatomía de Grey tiene capacidad absoluta para hacer cosas interesantes con temas polémicos y nada fáciles de abordar, como ya hicieron con la pena de muerte en la temporada anterior (recordemos una de las mejores escenas de la serie, con Meredith Grey asistiendo a la muerte por inyección letal del personaje interpretado por Eric Stoltz). Sin embargo, lo que han hecho con la eutanasia en “Suicide Is Painless” es algo facilón y superficial. Por otro lado, el caso de los montañistas recuerda inevitablemente a otro caso de una temporada anterior (no recuerdo cuál), en la que tres amigos montañistas vuelven de una escalada, y uno de ellos tiene un hachazo en la espalda. Chapuza. Espero que los guionistas se estén reservando para la recta final de la temporada… Y por eso mismo, ojalá las temporadas durasen 6 ó 7 episodios menos.

La trama de Callie y Arizona sigue por el camino más lógico. Todo apunta convenientemente a una unión Mark-Callie para cumplir ambos su sueño (o más bien la necesidad) de tener hijos. De momento, todo es transicional. Pero sigo teniendo fe en esta trama. Estoy deseando comprobar si Mark y la new-found-lesbian-a-lo-Willow-Rosenberg acabarán juntos. Y si eso me parecerá bien o me cabreará mucho.

La escena con todos los attendings en el comedor me ha hecho pensar en que no queda ningún attending original. Ninguno de los personajes en esa escena salió en la primera temporada. La serie ha ido renovando plantilla sin perder su identidad. Sigue siendo igual de Grey’s que siempre, y eso… está bien.

La paramédica “maciza” por la que todos beben los vientos es todo lo contrario a una tía buena por la que los personajes de esta serie se sentirían atraídos basándose solamente en su físico. Un progresismo que no se puede criticar, pero que me resulta algo patético, hipócrita y demagógico. Fíjate, sí se puede.

Dime que Meredith y Avery no se van a liar, por favor.

“Suicide Is Painless” es probablemente uno de los peores episodios de la temporada, si no el peor. Esperemos que los siguientes preparen el terreno para una recta final de temporada digna de Anatomía de Grey. Si no, no pasa nada, ya dijimos que esta temporada está funcionando muy bien a base de tramas cortas y episódicas (a pesar de episodios como este), aunque un gran conflicto no vendría nada mal ahora mismo.

Anatomía de Grey, "Push" (6.17)

Pensamientos fuertecitos sobre “Push”:

Miranda preparándose para su cita con Ben es probablemente una de las tramas más ridículas que hayamos visto esta temporada. Ver a la cirujana champiñón dando uno de sus speeches, en esta ocasión sobre su frondosa zona prohibida/quirúrjica es algo muy innecesario.

Miranda: Let me tell you a little something about my surgical field. I prep my surgical field with soap and water. I keep my surgical field the way God made it. I don’t need a member of the Ukranian KGB waxing it smooth so it can be mistaken for the surgical field of a 5-year-old girl (POR DIOS, MIRANDA, CÁLLATE, QUÉ INCÓMODO). I am a woman, and a woman was meant to have something on her surgical field. If man can’t deal with a little something on the surgical field, a little nature, a little God, that means he has no business near my surgical field.

Por suerte, la trama deviene en un gran momento. La cita resulta ser una escena muy inteligente en la que Ben interrumpe el inminente speech cansino de Miranda, y le enseña a mantener un diálogo. Muy bueno. Y por otra parte, ver a la antigua Nazi desenvolviéndose en el mundo de solteros que habitan sus internos es un cambio divertido para su personaje.

Mark Sloan es un niño grande. Ahora quiere encontrar a una mujer con la que sentar cabeza y formar una familia. Sloan es un niño que cambia de ideas y decide espontáneamente que va a dejar de ser de esta manera para ser de otra. Es como un adolescente que cambia de actividades, que deja de escuchar determinado tipo de música, porque quiere madurar, porque debe madurar. Pero necesita ayuda, una guía para ser el Mark Sloan adulto que no sabe (y quizás no quiera) ser.

Callie: Find a woman who wants what you want and date. Like a grown-up.

Mark: I don’t know what that means.

Lo que en un principio pensé que era una manera facilona de romper a Mark y Lexie ha resultado ir por los mejores derroteros en cuanto a ambos personajes. Como veis, en general, estoy muy contento con el desarrollo de los personajes esta temporada. No estamos asistiendo a grandes acontecimientos en sus vidas (muertes, enfermedades, bodas, etc), pero dese luego, no están en punto muerto.

Cristina y Meredith siguen brillando juntas y por separado. Ambas “escuchan” a Lexie hablar sobre su relación libre de sentimientos con Alex, para después Cristina continuar su simpático bullying (“You’re just that good, Little Grey, there’s no getting over you”) y Meredith ser tan Meredith como siempre, asistiendo desde la distancia al derrumbe emocional de su hermana en el aseo porque Mark ha pasado página. Ni hace amago de acercarse para consolarla. Esa es mi Meredith. Y por eso la amo.

Sorpresa. Arizona Robins, la pediatra que lleva deportivas con ruedas, no quiere tener hijos. Conflicto inminente con Callie, que en este episodio está tan adorable como siempre (tan feliz ella por dar buenos consejos sentimentales). ¿Seguirán adelante entonces con la idea de Mark y Callie criando un hijo juntos? Sería un camino interesante para seguir explorando la divertida amistad de estos dos.

Katherine Heigl sigue saliendo en los créditos por su contrato. Hace unos días declaró que las últimas frases de su personaje, que no estaban escritas originalmente para su despedida, son perfectas como final de Izzie Stevens en la serie. Izzie le decía a Meredith que sus compañeros en el Seattle Grace no eran su familia, según Heigl, porque de esa manera la despedida era menos dolorosa. Adiós Izzie. Que te den, Katherine.

Tanto “Perfect Little Accident” como “Push” muestran cómo esta temporada está transcurriendo a base de micro-tramas, y no hay apenas arcos argumentales que duren muchos episodios, aunque los cambios en el hospital aportan un marco general en el que situar a los personajes (la fusión Seattle Grace/Mercy West al principio de la temporada, y el cambio de Chief en estos últimos episodios). Los personajes se están desarrollando con naturalidad, y episodios como este y el anterior se limitan simplemente a divertir. Y lo consiguen, con creces.

Anatomía de Grey, "State of Love and Trust" (6.13)

Pensamientos sobre “State of Love and Trust” (6.12) de Anatomía de Grey (esta entrada puede contener spoilers):

– Por ahora, uno de los mejores episodios de la temporada. El recurso de acudir a otro personaje para los monólogos interiores del episodio ya se ha convertido en una constante de la serie. Los episodios centrados especialmente en un personaje dan un respiro a la voz resquebradiza de Ellen Pompeo. “State of Love and Trust” tiene a Derek como principal protagonista, y él se encarga de los voiceovers, para hacer básicamente lo mismo que Meredith: Soltar una frase a medias y acabarla después de tres o cuatro escenas, cuando ya no nos acordamos de lo que estaba diciendo…

– Nadie echa de menos a Izzie Stevens, ¿verdad? Katherine Heigl volvió en el episodio anterior para marcharse de nuevo. Al menos se encargaron de dar algo de cierre a su relación con Alex. Magnífico Karev en el episodio anterior dándose cuenta de que no se merece a Izzie. Después de ese momento y tras su nueva ausencia, nos damos cuenta de que nosotros tampoco nos merecemos a Izzie. No si va a ser de esta manera. Anatomía de Grey está llena de buenos personajes, no puede ponerse patas arriba cada vez que la caprichosa de Heigl quiera hacer una comedia romántica. Katherine, si no vuelves de verdad, estamos preparados para verte marchar… para siempre.

– Me llama la atención/irrita el sobre esfuerzo de los guionistas por hacernos querer a Arizona Robins. Cuando lo normal es que los personajes gusten sin apenas artificios, en el caso de Arizona, desde el principio, parece haber una tendencia a hacerla “especial” a base de manías o características bizarro-infantiles. Una cirujana de pediatría que lleva zapatillas de deporte con ruedas. Podría ser genial, pero me resulta un poco… desesperado.

– Nadie lleva las camisas azules como Patrick Dempsey. Cuando uno piensa que no puede ser más guapo, va y ve “State of Love and Trust” y ¡bang! La escena en la que Hunt y Sloan visitan a Shepherd en su nuevo despacho es mejor que cualquier porno. Vaya tres.

– Han conseguido que la aburrida trama de alcoholismo de Richard Webber desemboque en una de las tramas más interesantes de la temporada. Derek y Richard no suelen tener momentos estelares juntos, pero la tensión provocada entre el hombre perfecto más imperfecto de la tv y el pesado del Chief ha sido de lo mejor de lo que llevamos de sexta temporada, y da paso a un cambio que espero que los guionistas sepan aprovechar al máximo (sobre todo en cuanto a Meredith, que puede dar mucho de sí como la mujer del Jefe).

– Por mucha repetición de esquemas y tramas que presente, Anatomía de Grey es una de las pocas series que me provocan más de una carcajada en cada episodio. Bravo por los gags de esta serie. Little Grey curando a Cristina y esta diciéndole “Don’t cry on my ass” fue uno de esos momentos.

– Cristina Yang sigue siendo el mejor personaje de la serie, y en este episodio tiene un momento a la altura de sus mejores escenas en las anteriores temporadas. Después de comerse el episodio “Blink” en su escena final ante Teddy (en la que le ofrece a Hunt a cambio de que se quede), Cristina vuelve a poner la carne de gallina hablándole a Hunt sobre Burke. Bravo, Sandra Oh por tus dejarnos k.o. con tus escenas dramáticas (a pesar de esa voz de ogro ahogándose), y bravo señores guionistas por seguir arañando a los personajes hasta llegar a sus entrañas.

Anatomía de Grey lleva seis temporadas, y a pesar de moverse a menudo por inercia, se las arregla para mantenerse en plena forma. Ya no hay ni un solo caso médico que no resulte repetitivo y (a menudo) ridículo y patético, pero los problemas internos del hospital y los personajes siguen haciendo de Anatomía de Grey una de las mejores series de la televisión norteamericana en abierto.

Meredith Grey

A raíz del comentario de devilniced en la última entrada sobre Anatomía de Grey, reciclo un texto que escribí el 4 de febrero del año pasado sobre el por qué de mi amor hacia Meredith Grey y a la serie.

Me gusta, me encanta, Anatomía de Grey, porque no es una serie cualquiera. La televisión está abarrotada de series cualesquiera disfrazadas de series singulares y destacables por un motivo o por otro, cuando no son más que la enésima revisión de una idea que lleva dando vueltas por las pantallas muchos años, o meras explotaciones del formato episódico para enganchar al espectador con trucos baratos y “continuarás” tramposos. Me gusta Anatomía de Grey, porque es justo lo contrario (o es mucho más que eso, más bien), una serie que en apariencia es como las mil y una series médicas que ha habido, hay y habrá, y que además es un culebrón saturado de giros amorosos y situaciones que desafían la suspensión de la credulidad del más católico, cuando en realidad es una de las mejores “series de personajes” que jamás se hayan hecho.

Por el magistral desarrollo de sus personajes a lo largo de las temporadas, a menudo la comparo con Buffy, la serie-que-no hay-que-comerse-de-vista por excelencia. Como espectador de televisión, valoro el riesgo por encima de casi todo, y por eso suelo empatizar con los personajes más odiosos. Esa es la razón por la que Meredith Grey, a pesar de ser uno de los personajes más hostiables de la televisión, me parece una protagonista increíble. Si alguien me sabe explicar por qué solemos encontrar a nuestros personajes favoritos en el reparto de secundarios, y solemos odiar a los protagonistas, o simplemente los ignoramos, que lo haga. Eso es lo que suele pasar con Meredith (y con Buffy, o Carrie en Sexo en Nueva York).

La Grey es una perfecta metáfora de lo que somos, y por eso la odiamos tanto, porque sois, somos ella, porque a lo mejor no tenéis las mismas preocupaciones, o no os ahogáis en un vaso de agua porque alguien no os ha dicho lo que queríais oír o no habéis llorado follando con alguien. Es muy probable que vuestras, nuestras preocupaciones diarias sean mucho más estúpidas, insignificantes, vergonzosas y ridículas que las suyas, pero no nos paramos a pensar en ellas de la misma manera que lo hacemos cuando ella nos cuenta con su quebradiza voz las chorradas que se le pasan por la cabeza. Y por eso, entre muchas otras cosas, me gusta Anatomía de Grey, porque su protagonista no es como House, por ejemplo, otro personaje odioso, pero que cae bien, que resulta admirable, que fascina. ¿Por qué? Porque está mucho menos anclado en la realidad, porque es casi un súper héroe a nuestros ojos hambrientos de ficción escapista.

Meredith Grey es solo un ejemplo del puñado de grandes personajes que corretean en celo por Anatomía de Grey, sólidos a pesar de lo endeble de las tramas en las que muchas veces se ven sumidos, ejemplarmente caracterizados, e increíblemente queribles. Porque al final, lo que a uno más emociona no es el beso que ya se veía venir desde cinco episodios atrás, o asistir a una resurrección milagrosa en la mesa de operaciones, sino ver los ojos de Meredith Grey, los más tristes de la televisión, llenarse de lágrimas, o ver a la inconmensurable Cristina Yang agarrar los pies de su mejor amiga en la camilla, o a la adorable Callie Torres bailando en bragas, o a Derek Shepard perdiendo la compostura ante Ellis Grey, o a Addison Montgomery mordiéndose el labio mientras ve pasar a Alex Karev, o a Izzie y George (que es mi McDreamy) hablando sin palabras en un armario de instrumental médico…

Te quiero, Meredith. En serio.

Anatomía de Grey, “Blink”

Pensamientos sobre “Blink” (6.11) de Anatomía de Grey (esta entrada contiene spoilers):

– El triángulo Cristina-Owen-Altman nos está dando algunos de los mejores momentos de la temporada. Sandra Oh vuelve a estar brillante y se lleva para casa la satisfacción de haber protagonizado la mejor escena del episodio (el momento en el que Cristina, impulsivamente, le ofrece Hunt a Altman a cambio de que su “cardio god” se quede en el Seattle Grace), y de seguir siendo el mejor personaje de la serie (invicta desde el comienzo de la serie, a pesar de algún titubeo la temporada pasada).

– Los pacientes deportistas profesionales son los protagonistas de las tramas más irritantes de las series médicas. Torres operando al de este episodio, y diciendo súper apenada que está acabando con su carrera me ha hecho querer vomitar.

– Por mucho que los acontecimientos de este capítulo lleven a Lexie y Alex (seguro que habrá algún chiste sobre sus nombres) en un recorrido “lógico” hacia un encuentro sexual, no dejará de parecernos totalmente gratuito y azaroso. Pero estamos acostumbrados. Es una de las cláusulas que firmamos los espectadores en la primera temporada de la serie. Sabemos que van a seguir liando a todos con todos. Lo importante son las consecuencias. Espero que en el siguiente capítulo (ya emitido), no se le dé excesiva importancia.

– Sloan hija está metida con calzador en la serie, para crear conflicto. Otra de esas cláusulas del contrato. Sabes que las parejas que van bien, van a durar poco, y por lo general van a terminar abruptamente (para volver más adelante, y volver a romper, y así hasta llegar a Meredith y Derek, pareja sólida sin conflicto serio desde hace tiempo). Por otra parte, la trama de Sloan hija se resuelve en Private Practice, a través de otro crossover. Addison Montgomery es adorable, pero su presencia, por lo general… ZzzZZzzzZ.

– Hace falta alguna trama a lo grande que le dé algo de forma a la temporada. A excepción de algún episodio, casi toda la temporada está dando la sensación de ser una gran transición, con personajes nuevos que a nadie interesan (excepto Altman, que sin ser nada del otro mundo, está dando juego).

– Y que Katherine Heigl vuelva, o se vaya de una p**a vez. Si se ha dejado de mencionar a George, no habrá problema en olvidar a la pesada de Izzie.

– ¿No os parece que las escenas en el piso de Lexie y Sloan (espera, ¿era el piso de ellos o de Callie? ¿O de Cristina? Bah, da igual) convierten la serie un poco en Grey’s F·r·i·e·n·d·s (pero sin Grey)? A mí me parecen algo artificiales a veces, pero dan buenos momentos, a veces los más entretenidos…